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Avisos: Relaciones h/h. Clasificación: PG-17 |
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1 Espacio infinito.
Mi nombre es Eugene Trixs. Fui diseñado, genéticamente modificado e incubado en un replicador uterino dentro de los laboratorios Bio-Omix instalados en la nave nodriza Urquhart. Tuve consciencia de mi existencia antes del alumbramiento, cuando percibí tanto el interior como el exterior de la placenta nutritiva donde permanecí el equivalente a 9 meses terrestres. Cuando abrí los ojos, aun dentro del líquido amniótico, fue cuando dejé de sentirme solo, al percibir aquellos con quienes compartía material genético y que se encontraban en la misma sección de los laboratorios. Los “Replicados”, no tenemos padres biológicos, somos el resultado del diseñó de ingeniería biológica y la selección de material genético especifico para llevar acabo la fertilización e implementación en los replicadores. Cuestión de rutina, desde hace décadas, cuando las poblaciones naturales de seres humanos fueron menguados por enfermedades y desastres después de las Guerras Santas que casi aniquilaron las poblaciones. La compañía Bio-Omix, se dedicó a la replicación, y producción de seres humanos, con la finalidad de la colonización de las lunas habitables en el sistema solar. Dije, que dejé de sentirme solo, cuando percibí la presencia, en medio del centenar de otros “replicados”, en el mismo laboratorio, de dos entidades que aun permanecían dentro de las mismas bolsas uterinas. Eran por decirlo de alguna manera, “mis hermanos”. Cuando los tres aceptamos la conexión que teníamos, dejamos de estar solos. Nuestro nacimiento se llevó a cabo casi simultáneamente, atendido por los asistentes tecnomeds y el Creador, quienes rápidamente hicieron los cortes al saco vitelino, drenaron, nos sacaron dentro de ella y procedieron a retirar membranas y hacer el corte del cordón umbilical. Viejo simbolismo que representaba la identidad con los seres humanos nacidos naturalmente. Después de la limpieza de rigor, la revisión de funciones vitales y motoras, se procedió al marcaje del producto. Con un dispositivo láser nos hicieron un grabado sobre la piel de los “replicados”, codificando de esa manera el nacimiento. Cada compañía tiene sus grabados, donde se digitaliza información sobre el individuo y sus características de uso. El diseñó genético, permite la selección y condicionamiento del producto, de tal forma que se producen humanos con fines específicos. Bio-Omix se dedica a abastecer a la milicia y a las fuerzas de seguridad. Con mi nacimiento y el de “mis hermanos”, se estaba probando un nuevo diseñó y el jefe de los laboratorios, un renombrado Replicador Genético, llamó al nuevo diseñó, C-LEO. Vanidad y egolatría, de Charles Leonard, nuestro Creador. No tuvimos padre, pero nuestro Creador fungió como tal por mucho tiempo. El “trío de replicados”, como se nos conocía, crecimos rápidamente y en 6 meses, teníamos la apariencia de niños de 6 años humanos. Para contrarrestar los efectos del rápido crecimiento, se nos implantó nannotecnogia, la cual estaba programada para ir reparando rápidamente los desgastes energéticos ocasionados por el alto metabolismo. Esto significaba un acelerado crecimiento del producto, reducción de costos y organismos que tendrían auto reparaciones para algunos desgastes físicos y adaptaciones para medios ambientes hostiles. Éramos el experimento para una nueva generación de “replicados” y por que no decirlo de seres humanos. Pero lo que nuestro Creador no tuvo en cuenta fue que su “experimento” tomaría el control de su existencia. Tarde o temprano, nos rebelaríamos contra el Creador. Aun no les he hablado sobre mis compatibles genéticos: Klye y Hess. Éramos tan genéticamente compatibles que podríamos ser llamados “hermanos”, aunque en realidad, no era tal. Los motivos por cuales nuestros fabricador había decidido fertilizar un mismo ovulo con material genético compatible y generar trillizos, era algo que solo estaba en su bitácora de laboratorio y en su mente. Tarde mucho en cuestionármelo. Tarde mucho más en saber la verdad. Al ser trillizos, lo que nos diferenciaba cuando éramos infantes era el color de nuestros ojos, Klye, tiene los ojos color azul-violáceo, los de Hess eran dorados, mientras que los míos son verdes. Esa era la forma rápida de reconocernos, por que los tres tenemos el cabello gris. Y de forma caprichosa lo era el diseñó del grabado que sobre nuestras pieles Bio-Omix grabo: Klye, tenia el diseñó desde medio pecho a la pelvis, mientras que a Hess le cubría toda la pierna derecha y yo lo tenia grabado desde media espalda hasta el brazo derecho. Percibimos que tan diferentes éramos del resto de los “replicados” de ese lote, cuando los tres fuimos trasladados a una sección especial de los laboratorios, donde comíamos, dormíamos y los tres teníamos cierta independencia del resto. Independencia es una palabra relativa. Nuestro crecimiento acelerado se detuvo casi a los cinco años, cuando ya representábamos el equivalente a un adolescente humano que tendría cerca de los 17. Nuestra infancia fue demasiado breve. Fue la disciplina militar que nos obligó a madurar mentalmente. Dada nuestra programación genética, estábamos condicionados a la rápida respuesta y al control de nuestros superiores. Se nos educó para las tácticas militares, de combate y analistas de operaciones; obligaciones que cumplíamos con el resto, pero una vez terminado nuestro turno de entrenamiento, podíamos retirarnos a la sección especial. Teníamos una habitación para los tres, cercana al complejo del laboratorio, lugar que era nuestro refugio y que una vez que las puertas se cerraban, podíamos dar rienda suelta a la poca humanidad que nos permitían, viviendo nuestra acelerada infancia entre juegos, que de alguna parte de nuestro cerebro iban formándose. Fue en ese tiempo que descubrimos un par de cosas, la primera era que podíamos comunicarnos sin hablar. Teníamos plena consciencia de ello y de común era la forma en la cual nos comunicábamos dentro de nuestra habitación, porque lo segundo que descubrimos fue aun en ese espacio, éramos vigilados. Nunca dejamos de ser un experimento. Nuestros juegos, interacciones y la forma de responder a los diferentes estímulos eran grabados de forma continua. Fue entonces que esa forma de comunicación mental se volvió un poderoso medio para estar en contacto, aun cuando no estuviéramos en el mismo lugar. Nos ubicamos en cualquier lugar de la nave y éramos capaces de transferirnos información sobre nuestras emociones y estar al pendiente de nosotros. Cualquiera de los tres podía iniciar el contacto y era posible sostenerlo al mismo tiempo entre los tres. Cuando nos los proponíamos éramos capaces de sondear en mentes ajenas y conocer los pensamientos que fluían en sus mentes, como si fueran parte de la información de cualquier procesador. Ante tal habilidad decidimos, no usarla en forma continua, para evitar que el Creador estuviera al tanto, y manipulara también esta forma de comunicación. Desde hacia un año atrás, los tres empezamos a recibir especializaciones dentro de nuestra formación: Hess se capacitaba en analista en sistemas, Klye tácticas militar, mientras que yo era un combatiente de primer línea. Marcando de esa forma mas diferencias físicas entre los tres, mientras que a mi se me obligaba a practicar mas actividades físicas y de defensa, que marcaron mis músculos y físico rápidamente, mis “hermanos” eran mas del tipo analista e intelectual, pero igualmente preparados en técnicas de defensa. Aun con esas diferencias, en todo ese tiempo, la relación mental estrecha que teníamos se afianzaba cada vez más. Por nuestra rígida educación militar, nuestro trato en medio de los otros “replicados” o con los superiores era sobria y parca, por no decir nula. Las escasas ocasiones en que nuestro Creador nos visitaba, era mas como un registro de actividades y bitácora de control, que una relación entre sus “replicados” y él. Evitamos comunicarnos mentalmente en su presencia, por la idea de que quizás él poseía también esa habilidad e intentaría manipularnos. Nuestra relación con exterior era escasa, ya que una vez terminados nuestros turnos, inmediatamente debíamos trasladarnos a la sección especial que teníamos asignadas, sin ningún tipo de prorroga o concesión. La única intimidad que realmente teníamos era en nuestra mente. De los juegos de escondidas o correr por toda la habitación, pasamos a los juegos de estrategia, preferentemente el ajedrez o las cartas. Actividades con las cuales nos relajamos y que nada tenían que ver con la alta tecnología con la cual vivíamos día a día. La idea principal era intentar hacer una estrategia, sin que las otras dos mentes anexas a mi, pudieran dilucidar mis intenciones. Pero intentar ocultarle algo a mis hermanos, era todo un reto, lo cual incrementaba el gusto por el juego. La otra actividad que alguna forma ponía en contacto nuestra naturaleza humana, era la intimidad que teníamos entre nosotros. Klye, de alguna manera lo consideramos nuestro “hermano menor”, ya que tanto Hess como yo, siempre le cuidamos y estamos a pendiente de él. Tiene una personalidad tranquila y las cosquillas con que Hess le atacaba cuando jugaban siempre le hacían hipar hasta llorar. Aun cuando teníamos la misma estatura, su complexión es más delgada que la de Hess. Frecuentemente Klye, se levantaba en las horas de oscuridad, asignadas al sueño y terminaba en alguna de otras camas. Al principio esa costumbre me resultaba molesta y fue motivos de peleas, pero después fue indispensable. Descubrimos que el único contacto físico que teníamos era a través de Klye, quien se arremolinaba en nuestro pecho, buscando ahí la protección y el cariño que no recibía de nadie más. Hess y yo éramos más reacios a mostrar sentimientos, aun entre nosotros, pero a través de Klye, podíamos vincularnos afectivamente. No había noche, en que Klye no durmiera en una y otra cama. Y cuando Hess y yo le esperamos ansiosos, nos dimos cuenta del vinculo afectuoso que esas espontáneas demostraciones de Klye tenia en nuestra existencia. No importaba en que cama durmiera, una vez que se abrazaba alguno de nosotros, el tercero podía dormir igualmente bien, por que nuestras mentes se conectaban y las sensaciones se transmitían fluyendo entre nosotros. Algo que no previó nuestro Creador fue la naturaleza humana, que se revelaba en esas demostraciones de afecto, que expresadas en cuerpos en pleno crecimiento, desencadenaron una serie de eventos adversos. Aun para nosotros tres, fue una sorpresa. La hora de apagar las luces llegó puntual y después de arrojar las cartas del último juego en que estábamos enfrascados, los tres nos arrojamos sobre nuestras camas. Los minutos pasaban y el silencio se instaló en la habitación, pero ninguno de los tres dormía, pero Klye no se levantaba para ir a ninguna de las otras camas y por alguna razón nos evadía, lo cual había estado haciendo toda la tarde, desde que llegó de sus entrenamientos. Fue Hess quien se levantó en esta ocasión y fue hasta la cama de Klye. Desde ahí escuché los susurros, donde Klye le indicaba que estaba cansado y tenía una lista de pendientes para el próximo entrenamiento. Hess insistió y entró en su cama, buscando que Klye se diera vuelta y se acurrucara en su pecho. La negativa de Klye de hacerlo, me alertó y no pude evitar levantarme e ir a la cama, donde estaban. Aun recuerdo la cara de evasión que Klye tenia, en total concentración, evitando a toda costa, que cualquiera de los dos pudiéramos entrar a sus pensamientos. Una acción normal cuando estábamos en algún juego de estrategia, pero que lo hiciera en esos momentos en los cuales compartíamos libremente nuestros pensamientos era inusitado para nosotros. Hess pasó sus dedos por los cabellos de Klye buscando tranquilizarle, por que evidentemente algo le preocupaba. Cuando logré sondear entre sus pensamientos buscando encontrar el motivo de su preocupación, terminé por reírme y luego se lo susurre a Hess, quien le habló entonces al oído a Klye. “-Es normal, Klye. Sentirse excitado es parte del funcionamiento de nuestros cuerpos. Reaccionan antes estímulos físicos. Aprenderás a controlarlos.” Klye, empezaba a manifestar erecciones y tensión sexual, propia de nuestra condición hormonal de varones, lo cual le tenia preocupado y no había encontrado a quien comentarle algo como eso. Hess salió de la cama y le mando darse un regaderazo frió, que sirvió de momento, y nos permitió a los tres dormir, aunque extrañamos el tibio cuerpo de Klye. Pero a partir de ahí, las demostraciones afectivas de Klye cambiaron de matiz, como jovencito curioso de su propio naturaleza física, empezó a experimentar la forma de descargar su propia tensión y la siguiente noche, entró al lecho de Hess, desnudo, quien al sentir su piel quemándose, se desnudó igual y se acurrucaron juntos. Lo que para Klye era una evidente aceptación de las necesidades de su cuerpo y el querer compartirlas con nosotros era obvio, no lo fue tanto para mí. Tarde en procesar esa información. Pasee el día divagando entre las imágenes y sensaciones que ambos me habían prodigado con ese simple hecho de exponerse sus cuerpos desnudos. Sentía en mi propia piel, la carga eléctrica y de tensión que ambos habían disfrutado con el roce de sus dedos. Había luchado toda la noche para evitar conectarme mentalmente con ellos, dejándoles un poco de intimidad. Pero el resto del día, ambos se dedicaban a bombardearme con sus pensamientos. Me encontraron en una sección alejada de los laboratorios. Había encontrado una claraboya donde con frecuencia me aislaba, deteniéndome a mirar el infinito del espacio, mientras navegamos hacia algún lugar del sistema. -“!
Nos haz evitado todo el día! ¿Por qué estas molesto?”….-cuestionaron
ambos cuando me localizaron y el cuerpo de Klye se abrazó al mió,
mirando y buscando sondear en mis pensamientos. En ese momento compartimos una tremenda descarga eléctrica, técnicamente los nanobits de nuestros cuerpos generaron un arco voltaico tan alto que la sensación nos dejó un cosquilleo en toda la piel. La sonrisa picara de Klye fue tan fascinante, que solo se comparó a la belleza del vació estelar. Salió luego corriendo, dejándonos a Hess y a mi mudos, pero hipnotizados de la presencia de ese llamado nuestro “hermano menor” El resto de la tarde, lo pasamos entre juegos de cartas y Hess que le mostraba un nuevo prototipo de programa emulador de secuencias de combates. Yo estaba distraído, mirando de vez en vez los ojos violáceos de Klye y la forma en que delineaba las palabras. Su mirada divertida me indicaba que no perdía detalle de mis atenciones. Solo quería que llegará la hora de apagar las luces, entrar a mi lecho y esperarle. Me desnudé en ansiedad anticipada. Klye fue puntual. Se deslizó dentro de mis sabanas y se encaramó sobre mi cuerpo, mientras restregaba sus caderas desnudas a las mías, disfrutando ambos el roce de las erecciones y el estimulo de la piel encendida. Como si dos cuerpos no fueran suficientes para generar calor, un tercero, el de Hess se unió, poniéndose detrás de Klye, subiéndose también sobre mis piernas. ¿En que momento perdimos la lucidez, al olvidar la vigilancia que teníamos y que no éramos libres de nuestro destino? En el momento en que los tres empezamos a gemir excitados y bramando ante el estrecho contacto de nuestras caderas, las manos recorriendo las piel expuestas y los besos con los cuales nos devoramos unos a los otros. Hasta ahí, llegó nuestra aventura erótica, cuando la puerta se abrió súbitamente y un pequeño contingente de seguridad, tomaron de los brazos a mis “hermanos”, separándolos sin ninguna contemplación de mi cuerpo excitado y hambriento. Entre ellos, el Creador quien repartía ordenes y no escuchaba nuestros gritos ni suplicas, cuando nos separaron. Patee, mordí, arañe a quien se puso enfrente y terminé siendo sedado para evitar que siguiera ofreciendo resistencia. Antes de caer en la inconsciente, alcancé a escuchar la voz de mis “hermanos” exigiendo su libertad. Desperté en un frió y minúsculo camarote en otra sección del laboratorio, sin mas pertenencia que la ropa puesta. Hice conexión rápida con Hess, pero no con Klye, quien parecía le habían sedado también. Solo hasta que despertó, pudimos estar en contacto de nuevo los tres. Nos encontramos aislados, en secciones opuestas de la nave nodriza y nuevas actividades se nos había asignados, para hacer todo lo posible para evitar un nuevo contacto entre nosotros. La desesperación se instaló por minutos, abatidos por la idea de que siempre habíamos sido un experimento, que nunca fuimos libres de decidir nada y lo primero que habíamos intentado experimentar de nuestra sexualidad, se nos negó. ¿De que servia entonces desear, si aquello te era arrebatado, sin contemplaciones? Klye pasó por algo parecido a la depresión, sumido en un sueño artificial por los tranquilizantes que frecuentemente le aplicaban, por sus intentos en buscar escapar de sus captores. Fue Hess que burló el sistema médico, para evitar que siguieran dosificándole y lograr que pudiéramos hacer conexión con su mente. “-Vamos a sacarte de ahí, mantente despierto”….-fue la orden que ambos le dimos. Hablar con el Creador y que éste te preste atención de sus agitadas actividades, requirió que le rompiera la cara a un par de guardias y me presentara en la antigua sección del laboratorio donde anteriormente estábamos instalados. Me recibió con toda la displicencia que un ególatra tiene de su poder. “-Te
estas excediendo Trixs. ¿Debo recordarte tus faltas? Me tragué por orgullo el par de bofetadas con las cuales me brindó su primer contacto físico de su persona a la mía. En todos estos años ningún tipo de atención, había tenia, salvo monitorear y restriguir nuestra existencia. “-¿No
pretenderás engañarme, suponiendo que NO previste, nuestra
reacción?...-osé preguntarle. Los ojos del Creador me miraron con sorpresa, y me di cuenta entonces que él si podía bloquear los accesos a mis pensamientos, aunque no intentaba llegar a los míos. -“En lo que se tranquilice, volverá a sus actividades”. Tranquilizar a Klye requirió un poco de tiempo, pero esa tarde se encontraba mas lúcido y gracias a la continua presencia de Hess logró pasar la noche mas tranquilo. Yo me sentía demasiado enfurecido por no haberles podido defender, como presuponía era mi deber, pero la “presencia” ya apacible de Klye, se “acurrucó” a mi lado y por segundos hasta creí que podía oler su cabello, lo cual fue reconfortante y un aliciente para mantenerme cuerdo ante la falta del contacto físico al que tanto estábamos acostumbrados los tres. Decidimos que encontraríamos la forma para volver a reencontrarnos. Lo prometí y otra vez, mientras seguimos en contacto por lo menos con nuestros pensamientos. Fui el único que continuó con acceso al laboratorio y que miraba al Creador con cierta frecuencia, tanta que me sorprendió que de pronto apareciera en mi reducida celda, intentando jugar cartas, como si fuéramos viejos amigos. “-Vamos,
dime que cartas tengo”….-dijo después de un rato de
jugar en solitario, sin que le prestara mucha atención. Levantó una carta y la miró para ponerla de nuevo sobre el mazo. “-Sabes que carta he visto, dímelo” Estuve a punto de hacerlo, pero el eco de la voz de Hess me lo impidió, diciéndome que era un test del Creador y que no buscará en su mente, por que seria una trampa. Sonreí y mire al Creador que esperaba mi respuesta. “-Si
supiera hacer eso, lo aplicaría en algo mas útil” ¿Cuáles eran las pautas reales del Creador? Solo en su mente y quizás alguna anotación en su bitácora de laboratorio, encontraría la respuesta. Mis “hermanos” y yo logramos vernos días después, separados por un gran cristal en una de las secciones de entrenamiento de la nave. La sonrisa de Klye iluminó mi día, así como la dulce mirada de Hess. A través de ese frió cristal, pusimos nuestras manos, delineando nuestras facciones. El contacto visual reafirmó nuestro contacto mental y nuestros sentidos se conectaron inmediatamente y por unas fracciones de segundos fue tan evidente nuestra unión, que podíamos oler la piel del otro y sentir su calor. Fuimos una sola mente, completa, sin fragmentos y supimos que teníamos un propósito más allá de los laboratorios Bio-Omix y el Creador. “-Los extraño”….-las palabras salían casi ahogadas de los labios de Klye quien nos miraban a ambos con la expresión mas triste, que nunca recordara haberle visto. Golpee el cristal de impotencia cuando un par de lágrimas bajaron por las mejillas de mis “hermanos”, mientras yo me negaba a derrumbarme. Los escasos minutos que duró nuestro encuentro, aunque nos sirvió para saber que nos encontrábamos relativamente bien, no dejaba de ser casi nada, comparada con la estrecha relación que nos vinculaba. Eso sin contar la angustia del descubrimiento que hiciéramos de sentirnos eróticamente excitados y que ahora se nos mantenía alejados físicamente para evitar cualquier contacto, solo incrementaba el desasosiego. Me mantuve inactivo en el aislado y reducido camarote donde me tenían instalado, sin el menor interés por nada. Esperando las horas destinadas al descanso y que las luces automáticas se apagaran. “-Los necesito”….-el eco de la voz de Kyle resonó en mi mente y luego las imágenes de mis hermanos en sus propias y separadas celdas fueron acoplándose rápidamente. Era tan poderosa la sensación, que logré “sentir” el cuerpo desnudo de Klye sobre mis piernas, mientras rozaba con sus labios mi cuello y sostenía en mis brazos su etéreo cuerpo, al que luego le acompañó el traslucido de Hess. Ambos semejaban hologramas que se enroscaban en mi piel. Sin darse cuenta, estaban logrando algo cercano a la tele transportación de sus cuerpos, con un nivel primario, pero que para nosotros significaba la prueba fehaciente de que no podrían separarnos y que no había muros de acero ni tecnoglass que nos mantuviera alejados. Audibles gemidos escaparon de mi boca, cuando las caderas de Kyle se restregaban sobre las mías, mientras las manos de Hess acariciaban los hombros y la espalda desnuda de nuestro hermano. Eran tan vividas las sensaciones que mi cuerpo reaccionó, luego entre gemidos y el estremecimiento por un placer que disfrutaba sin remordimientos, la descarga de mi propia simiente se derramó en mis piernas, mientras era preso de una convulsión tal que invadió mi cuerpo sorpresivamente, mientras miraba difuminarse las imágenes de mis hermanos que también se encontraba en sus propios orgasmos. Grité, quedando boca arriba, mientras mi cuerpo empezaba a levitar centímetros del suelo, quedándome suspendido ahí unos segundos. Cuando caí al suelo, un equipo de tecnomeds me atendía, teniendo que llevarme al laboratorio donde me revisaban exhaustivamente. Mi condición se estabilizó mas tarde y dormí por horas. Supe después, que mis hermanos fueron encontrados en las mismas condiciones y puestos en vigilancia medica igualmente. “-¡Es
imprudente que sigan conectándose de esa manera! Hacen un elevado
desgaste energético……-escuché al Creador que
gritaba cuando fue a revisar mi condición….-¡No deben
seguir con eso!”. Hice una mueca, mientras me evadía de sus gritos, buscando hacer contacto con mis hermanos, quienes estaban en otras secciones médicas de la nave. Exhaustos, pero completamente compenetrados, seguros que cuando nuestro contacto físico fuera posible, la experiencia seria gratificante en grado sumo. “-¡Presta
atención! NO volverán a intentar un contacto de ese tipo,
pueden colapsarse”. Una sonora bofetada fue su respuesta, pero atrapé su mano luego y le arrojé, sin medir mi propia fuerza, hasta que azotó contra la pared. La furia de sus ojos, cuando se recuperó de la impresión, es algo que aun recuerdo con detalle. Apuntándome con el dedo y tragándose el orgullo. Pero nuestro Creador era demasiado vil, aun dentro de su genialidad. Cuando desperté horas después de que me aplicaran un somnífero, percibí un lejano eco de la voz de Klye y Hess, que iba desapareciendo en el vació de espacio sideral. Me levanté de un brinco y salí a los pasillos del laboratorio, corriendo descalzo hasta llegar a la presencia del Creador que se encontraba enfrascado en alguna de sus muchas notas. “-¡¿Mis hermanos…..donde les ha enviado?!”…-grité exasperando y estuve a punto de alcanzar al Creador para levantarle de las solapas, cuando dos guardias me mantenían en vilo impidiéndome llegar a él. “-Aprenderás a ser obediente y actuaras de acuerdo a tu programación o….probaremos cual es la distancia en que su contacto mental puede mantenerse”. Mi programación genética y mi educación militar, me indicaban que tenía frente a mí un ser que debía erradicar con mis propias manos, antes de que continuara siendo un blanco de hostilidades. Mi sentido común me hizo bajar la cabeza y no sostenerle el reto visual. “-¿Me
dirás a donde les envías?”…-casi supliqué. Caí de rodillas al suelo y tarde días en lograrme acoplar al nuevo ritmo de actividades en las cuales me sumergieron. Sin contar que la soledad se hizo mas grande, pavorosa y terriblemente dolorosa. El vació del espacio se equiparaba al que sentía en mi interior. Mis complementos, quienes terminaban de definir mi identidad, fueron enviados a lugares desconocidos del sistema solar. Separándome de ellos y negándome a darme cuenta de su ubicación. Mi contacto mental con ellos era tal débil que solo sabia que seguían vivos en algún parte del espacio. Ambos separados. Los laboratorios Bio-Omix habían surtido nuevas remesas de “replicados”, entre los cuales estaban incluidos mis hermanos. Sus destinos, fueron clasificados, codificados y encriptados. El único que podía darme tal información era el Creador, que yo no entendía por que me conservaba aun dentro de la nave y no me había puesto en alguna de las remesas. Quizás fuera por que tenía la pretensión de quebrar o templar mi furiosa personalidad. O por que yo era aun parte de su experimento del cual no podía deshacerse tan fácilmente. Cuando el mutismo en el que auto encerré, le pareció nulo y poco productivo, se atrevió a tentarme con lo único que sabia que podía generar en mi alguna respuesta positiva. “-¿No
preguntaras hoy, por tus hermanos?”…-arrojaba cartas sobre
la mesa, en mal disimulada actitud, mientras nuestras miradas se encontraron,
pero luego aparté mis ojos con desgana sabiendo que era otro de
sus juegos….-son un prototipo diseñado con altas expectativas.
Muchas de las cuales hemos podido evaluar como satisfactorias.”
Volví mi vista al Creador, que jamás me llamaba por mi nombre, mientras levantaba mi cara con su mano. De la bofetada que generalmente esperaba, recibí en cambio algo parecido a una caricia en la mejilla. “-Para mi también fue doloroso la partida de tus hermanos, en particular de Klye que era tan dulce” Aparté su mano furioso, ante la sola mención del nombre de mi hermano en su boca. “-Esto es solo una prueba, pronto estarán de nueva cuenta juntos”…-susurró. En verdad, necesitaba creer en el Creador. Poner mi confianza en sus palabras. Algo que mitigara mi dolor y mi soledad. Sin embargo, a menos de un mes después fui despachado en una nueva remesa de contingentes a la estación orbital de las lunas de Júpiter. La poca confianza que tenia en el Creador se desplomó totalmente. No tuve oportunidad ni de discutir de nueva cuenta con él; mi asignación fue rápidamente procesada y cuando vislumbramos el planeta titán me encontraba en la nave de desembarcó con rumbo a la estación orbital. Dejar la nave nodriza Urquhar fue otro duro golpe para mí. Había sido mi hogar, conocía cada palmo de la nave independientemente de los laboratorios. Solo el vació del espacio se comparaba con mi soledad.
Estación
Domo Polar La temperatura se mantenía dentro de los límites soportables. Podía decirse que el gélido aire había reducido la lluvia de metano del día, por lo cual la visibilidad era óptima. El piloto confirmó que se encontraban a 5 minutos de la estación del crió-volcán por lo cual, el comando de soldados gritaron al unísono. Habían pasado dos meses completos en Xanadu y cualquier humano con algo de escaso juicio terminaba odiando ese desierto congelado y no encontrarían nada divertidas sus playas cercanas al mar interior. Que Saturno tuviera mares y lagos líquidos, fue uno de los primeros motivos por los cuales los humanos se interesaron en enviar sondas de exploración a la superficie al sexto planeta del sistema solar. Pasaron décadas asombrados con sus canales, dunas, lagos interiores, islas y formaciones volcánicas. Que fueran de metano y que las reservas de hidrocarburos fácilmente extraíbles fue más tentador. Cuando se confirmó el grosor y la calidad de la capa de minerales, las compañías mineras terminaron los contratos para establecerse en forma definitiva en Titán. Era la segunda luna mas importante dentro del sistema solar, con casi dos veces el tamaño de la luna terrestre y un hermoso color naranja, propio de su atmósfera. Se instalaron cuatro estaciones principales, dos en los cascos y dos en el ecuador. La principal zona minera se encontraba en Xanadu, en la región ecuatorial, mientras que la extracción de hidrocarburos era de los cascos, de donde proveía energía para todos los sistemas que permitían la vida en Titán. Aunque la hermosa luna era rehacía a darse fácilmente, los humanos se las ingeniaban para contrarrestar su fría atmósfera cercana a los 179 oC bajo cero, generalmente de nitrógeno, así como las lluvias de metano que frecuentemente se formaba y luego fluía por los cañones. Después de que los humanos lograron los viajes estelares como rutina y sus sistemas de retroalimentación fueron eficientes, poco a poco fueron dejando la devastada Tierra que les dio cobijo. Muchos humanos habían nacido en el espacio, en naves o nuevos asentamientos mineros y colonos. Un gran porcentaje de esos humanos eran genéticamente diseñados, de alguna y otra forma, los nacimientos se controlaban y solo se permitía los partos de aquellos productos sin taras, ni problemas genéticos incurables. Desde el primer análisis, los tecnomed podían determinar la calidad de humano y si seria viable su desarrollo. De nada servia tener seres con taras que causarían gastos y problemas futuros al sistema social. Cuando
no abundaban las parejas funcionales que gestaran hijos, “los replicados”
era la otra opción viable y segura. Generados a partir de bancos
genéticos que continuamente se controlaban y vigilaban, los laboratorios
que proporcionaban remesas de humanos eran invaluables. Principalmente
se suministraba para trabajo en minas, mantenimiento, militares y diversión. La nave aterrizó sin problemas en el hangar correspondiente, desde donde se vislumbró la ciudad central del domo cercano al crió-volcán. Ken Satumi, gritó al contingente que no olvidará pasar por inspección y que no se metieran en problemas. Pero su grupo estaba tan eufórico de tener una semana libre en el Domo que rápidamente dejaron sus implementos militares y se cambiaron para la inspección. A sus 29 años, con sus ojos negros y rasgados, aunada a una fina mandíbula al principio daban la impresión de ser mas joven, pero su cuerpo hablaba de horas de trabajo excesivo en la preparación de los comandos y podía marcarse en su camiseta sin dificultad. Ser el capitán de los grupos a Xanadu con mas experiencia en el campo, le había ganado el prestigio de la compañía y Satumi se consideraba también afortunado por estar en el Domo ese día. Había quedado de verse en Roger, un piloto con quien se había estado relacionando las ultimas veces que iba al Domo y a quien particularmente encontraba interesante, sin decir que era increíble en la cama y que le hacia gritar sin control cada vez que lograban ponerse las manos encima. Así que una vez que llenó todas los reportes que tenia por obligación hacer, cerró el archivo de la pantalla digital tropezó con Tom, uno de los analistas de control, su amigo desde hacia tiempo. -Satumi,
¿Cómo estuvo tu viaje? Los esperábamos hace cuatro
días. Ambos se rieron, mientras Ken le hacia un gesto ofensivo con el dedo cordial mientras se iba. -¡Oye…uno
de los reclutas estará instalado en tu sección! Satumi no se consideraba lujurioso precisamente, pero sus relaciones siempre empezaban en un bar y terminaban en algún rincón, donde una vez que ambos se satisfacían, ni preguntaba nombre ni puesto, eran simples aventuras. Comprometerse con alguien era impensable siendo él militar, por lo cual se satisfacía con relaciones esporádicas sin consecuencias. Pero al conocer a Roger, se había propuesto que con él las cosas serian diferentes, no sabía bien ni por que pensó eso. Seria por que Roger fue más allá de un simple revolcón de media noche en un bar y se presentó otro día en su dormitorio, donde continuaron dando rienda suelta a una mutua pasión que entre ambos había crecido. Era ardiente y hasta algo romántico, por lo cual tener que regresar a Xanadu le resulto difícil, pero a la siguiente vuelta, Roger le esperaba ansioso. Casi podría decir que esas semanas en el Domo fueron las mejores vacaciones de su vida. Estuvo con Roger casi toda la semana, aunque luego el piloto tuvo que partir al otro extremo de la luna en un plan de reconocimiento. Sin embargo habían quedado de verse en su programada vuelta al polo, la cual se retrasó más tiempo de lo previsto hasta que logró un nuevo permiso. Satumi utilizó los elevadores centrales y fue directo a los dormitorios de los militares, donde se encontraba el suyo. Pasó su carné de identificación y se encontró con la luz encendida y un bolso de viaje arrojado sobre la segunda cama. Su propietario sentado en posición de loto encima de ella, se levantó de un rápido brinco y se puso en saludo militar. -Trixs,
Brigadier de comando. Con las prisas Satumi olvidó lo que Tom le había dicho sobre los nuevos reclutas. Ahora que lo tenía enfrente observó a detalle al brigadier y tuvo que admitir que era un “replicado” de primera. Sus marcados músculos se ajustaban en sus brazos, aun cuando era magro y casi de su misma altura. Le llamó poderosamente la atención el color de sus ojos verdes que parecía que veían a la nada, aun cuando se encontraba en posición de descanso. -Bien, pues ya que le han asignado aquí y usted mismo se ha instalado, sigo en lo suyo. Hasta mañana haré la revisión de los reclutas y hasta entonces veré su expediente y generales. Satumi pasó a un lado del brigadier, rumbo al baño donde se puso presentable lo más rápido posible para irse, así que optó por una camisa sin mangas y un pantalón estrecho que se ajustaba a la cadera. Cuando salió, calzándose, encontró aun al brigadier en la misma posición militar que le dejara. -¿Piensa
seguir ahí, toda la noche? El brigadier dio un paso atrás y volvió a su cama, arrojando el saco de viaje al suelo y ocupando su lugar, apagando la luz que daba a su área. Satumi se quedo sorprendió; la mayoría de los reclutas, suelen irse corriendo al primer bar que encuentran y se embriagan hasta que los grupos de vigilancia los llevan a las zonas militares. Pero el nuevo recluta, había decidió quedarse a dormir. Ver para creer se dijo. Pero no tenia tiempo que perder en ponerse a divagar en las programaciones que tenían los nuevos “replicados”. Seguramente en unas semanas, adquiría los mismos hábitos, una vez expuestos a la influencia de los compañeros de barraca. Satumi volvió a los pasillos y se trepó al primer elevador a la parte superior del complejo. El Domo, era técnicamente una ciudad subterránea protegida de los elementos, que contaba con todos los servicios que eran posibles proporcionar tanto a mineros, pilotos, colonos, militares y demás habitantes, que usaban el lugar ya fuera de estancia permanente o de puerto para salir de la Luna al exterior. Se regia por una estricta regulación militar y se ajustaba por horarios de trabajo circadianos de 24 horas que ajustaban los horarios de luz y día, regulando los usos de energía, por lo cual a las zonas restringidas y de descanso tenían cese de luz automático. Pero la sección de esparcimiento era más tolerante y proporcionaba sus servicios de entretenimiento hasta horas avanzadas. Uno de los centros de esparcimiento “Cronos”, tenía la mejor diversión de la zona. La música era estruendosa y un sinnúmero de cuerpos se movían al ritmo en una densa atmósfera, que generaba tensión y calor entre ellos. La tolerancia del lugar era legendaria, siempre y cuando no iniciaran ninguna pelea, por que serian inmediatamente detenidos y conferidos a las celdas que se encontraban en los sótanos del Domo, las cuales podían compararse con un congelador de primera, donde pasar la noche no era una opción confortable. Cuando Satumi llegó al “Cronos”, se encontraba impaciente y buscaba con la vista entre la cantidad de hombres y mujeres que bailaban, bebían, miraban las grandes pantallas de videojuegos o los cuerpos desnudos meciéndose sobre las mesas. -Satumi…-la
voz de Tom le llegó detrás del ruido y ambos se movieron
escaleras arriba a la barra donde el ruido era reducido por el grueso
y traslucido panel de tecnoglass. “-Vas a llevarte una sorpresa”…-se dijo Tom y siguió con su vaso. Satumi se movió rápidamente evitando a las personas para dar alcance a Roger, a quien por unos minutos creía que lo había perdido, pero pensó luego que quizás iba a los sanitarios. Se encontró con varias parejas que aprovechando un rincón de pared se cobijaban ahí para dar rienda suelta a la pasión que se generaba en la pista de baile. Pasó de largo, hasta que unos quejidos conocidos le llamaron la atención. Sí los anillos de Saturno es un espectáculo digno de verse una y otra vez, ver a tu pareja en los brazos de otro, resulta todo lo contrario. Pero Ken Satumi, no podía creerlo por lo cual caminó hacia la pareja, donde Roger estaba recargado en la pared, con una pierna rodeando la cadera de quien le embestía, mientras tenia los brazos en su cuello y se devoraban a besos. Tan sorprendido estaba Satumi por el espectáculo que continuó caminando hacia ellos hasta estar a un paso, donde escuchaba los roncos gemidos del piloto en total éxtasis. Roger abrió los ojos, gritando cuando una nueva arremetida contra su cuerpo le hizo derramarse y entonces vio que a unos pasos suyos se encontraba Satumi. La vista del piloto estaba nublada, y tenía una apariencia hasta cómica, pero volvió a dejarse llevar cuando su amante le reclamaba a besos enfurecidos, mientras aquel también llegaba al clímax. Aquellos fue el colmo y Satumi dio media vuelta, corriendo entre la gente, haciéndola a un lado casi a golpes, queriendo salir de ahí, alejarse lo mas rápidamente posible y de ser posible olvidar lo que sus propios ojos le había evidenciado. Tom le vio salir, terminando su bebida, pero no le siguió. Sabia que su amigo tenia que superar eso solo. Ya estaba enterado de los idas y venidas de Roger, quien en las ultimas fechas se había hecho adicto a cuando droga sintética estuviera disponible y que pasaba sus horas libres con quien quisiera compartir horas de diversión. Satumi continúo corriendo, hasta encontrar de nuevo los elevadores, entrando a trompicones y decidiendo que para embriagarse cualquier lugar del Domo estaría bien. Fueron los ruidos de voces en la puerta del dormitorio que ahora ocupaba Trixs que le hicieron abrir sus ojos verdes y prestar atención. -¡Vamos,
solo quiero un trago mas!....-vociferaba el capitán Satumi mientras
era técnicamente empujado dentro. El agua fría le pareció adecuada para bajarle tanto la súbita embriaguez, como el malestar generalizado y mantuvo su cuerpo bajo del chorro de agua, hasta que ésta desapareció, por exceder su límite de uso. “-Maldición, ni ahogarme puedo”…-dio un golpe en la puerta corrediza que separaba la regadera del resto del baño e intentó secarse como pudo. Satumi
arrojó el resto de la ropa al contenedor de desperdicios y al salir
casi tropezó con la puerta, a la cual le dio un nuevo golpe. -No, no todo está bien, pero que mas da…-le responde Satumi mientras se arrojaba a la cama y pretendía que el sueño lograra hacerle olvidar, lo que el licor de nada había servido. Eugene Trixs no volvió hacer ninguna observación extra, cerró sus ojos y decidió continuar descansando. No era su papel ponerse a lidiar con ebrios, por muy capitanes que fueran y si pretendía ahogarse en licor, en la regadera, o un cañón gélido, estaba en todo su derecho. Sus ojos verdes se abrieron unos minutos después, cuando en la oscuridad total de la habitación, los nítidos pensamientos del Capital Satumi le invadieron y le sorprendieron al descubrir la soledad que tanto le apabullaba. Ese era un sentimiento con el cual el “replicado” podía identificarse plenamente. Cuando el despertador de las 0500 sonó continua y fastidiosamente, una jaqueca reverberó en la sien de Satumi, que se trepó la almohada en la cara para buscar cubrirse y alejar con eso el sonido. Simplemente no estaba en condiciones de levantarse, pero su disciplina militar le obligó hacerlo, unos minutos después, sentándose en la cama y dándose cuenta que el brigadier había ya salido de la habitación. Logró darse un nuevo baño, ponerse presentable y el simple hecho de usar el uniforme le hizo elevar el pecho y respirar hondamente para empezar el día. Tom hizo girar sus silla para ver la cara de pocos amigos que tenia Satumi, a quien el negro de sus cabello, estaban ese día en particular desorden y que agradeció la taza de humeante que le pusiera en frente. -Café,
de la primera cosecha de los invernaderos del Domo…-le dijo su amigo. Satumi apenas pudo balbucear algo, mientras buscaba la lista de los nuevos reclutas que tendría a su cargo y evadir completamente la pregunta. -¿Para
que demonios se supone que ocupo reclutas nuevos?...-dijo luego de ordenar
en algo sus ideas. Se dirigió directamente a la zona de entrenamiento, donde los reclutas ya se encontraban entrenando y era la voz de Trixs quien se escuchaba dirigiendo las acciones. Al verle entrar, el brigadier indicó la presencia del capitán en la zona y todos detuvieron sus acciones para saludarle en tono marcial. -¡Descansen!....-les indicó Satumi, mientras iba mencionando el nombre de cada uno de los 6 nuevos reclutas y estos se identificaban. Aunque ya había visto a Trixs, el conocer la extraoficial información sobre sus preferencias sexuales, no pudo menos que causarle cierto interés aparte. Ya anteriormente había notado el verde de sus ojos, pero ahora los encontró perturbadores y aunque su corte de cabello era el obligatorio a ras de navaja, era un poco usual color gris, casi plateado, que le recordó los anillos del planeta donde orbitaban. -¡Voy a decirlo una sola vez! En misión, las órdenes se cumplen sin preguntar. Se debe confiar en el compañero y nunca…he dicho nunca se deja a un compañero tirado en el campo. Para la mayoría es su primera misión, para otros, quien ya conocen lo inhóspita de la vida militar en las lunas, les recalcare igual, que en Titán se ocupa algo mas que buena voluntad para sobrevivir. Un grito de asentimiento por parte de los reclutas, hizo que la jaqueca volviera a insinuársele en la sien al Capitán. Satumi pasó a un lado de ellos, inspeccionando tanto su aspecto como el uso correcto de sus implementos. -¡Brigadier, termine el entrenamiento!...-indicó luego de unos minutos, en que consideró su inspección finalizada y dejó que Trixs tomara el control del grupo. Por unos instantes Satumi miró de reojo al pequeño contingente, mientras se reunía con los otros oficiales y ponía en antecedentes que el brigadier seria el responsable de los entrenamientos esa semana, ya que técnicamente él se encontraba de vacaciones en el Domo, aunque claro, si pensaba llevarse a esos “replicados” a las Dunas, tendría que revisar personalmente que estuvieran bien entrenados. Sin embargo a media mañana el hambre le hizo dirigirse al comedor, donde volvió a encontrarse con el brigadier Trixs y se sentó enfrente de él unas mesas adelante, de donde podía tener un mejor ángulo de observación. Era innegablemente un magnifico ejemplar en muchos sentidos, y su presencia indudablemente llamaba la atención de otros militares a su lado, quienes mal disimulaba llamar su atención, pero cuando el tercer oficial en turno pretendió sentarse a un lado suyo para buscar una conversación, el brigadier se disculpó y se levantó rápidamente. Aparentemente no pretendía hacer contactos sociales y muchos menos preferenciales, fue la segunda impresión que obtuvo del “replicado”. Satumi volvió a su habitación horas mas tarde, simplemente exhausto y con el único pensamiento de dormir lo que quedaba del día y toda la noche. Logró sacarse las botas y se arrojó encima de la cama. Ni bien había dormido un par de minutos cuando escuchó que la puerta se abría. Suponiendo que era Trixs ni intentó abrir los ojos, pero hasta que sintió el peso de otro cuerpo encima de su propia cama, unos zapatos caer al suelo y que lentamente un cuerpo tibio reptaba encima del suyo, se le hizo imperioso ver a su compañero de habitación. -¡Roger!...-gritó,
cuando la cara del piloto se pegaba a su cuello y sentía la profunda
lamida de que era objeto, mientras una de sus manos subía por sus
muslos. Maldita la hora en que se le ocurrió darle a Roger una copia de su tarjeta de acceso, pensó Satumi. Luego, por unos segundos el capitán se dejó hacer por la angustiosa necesidad que tenia de contacto y afecto. Dos largos meses, había pasado deseando esa boca y ese cuerpo encima suyo. Ofreció los labios y dejó entrar a una lengua atrevida que le hurgaba deliciosamente; sólo fueron los primeros jadeos de Roger y el restregón que hizo contra su virilidad, que las imágenes de la noche anterior, donde el piloto era sacudido rítmicamente por otro, le hicieron abrir los ojos y detener el contacto. -Deja…suéltame
te digo…-le separó completamente de su cuerpo, para enfrentarle. -Seguramente.
Igual que anoche, mientras de dejabas follar en el pasillo. El comentario, lejos de alentar a Satumi, le enfureció -¡Vaya,
por lo menos estabas lúcido para lograr diferenciarlo! -Yo…-empezó,
el piloto, pero no sabia como empezar. La puerta se cerró y Satumi sintió que era arrojado por la ventanilla de un blindado que recorría las frías estepas de Titán, mientras que su cuerpo y su alma se congelaban sin remedio. Cayó al suelo, de rodillas, golpeando el suelo en frustración. A nadie le agrada la idea de ser humillado y encontrarse repentinamente solo. La sensación le invadió sin reservas, al grado que se abrazó así mismo, mientras se balanceaba, arrullándose, buscando reconfortarse y que el dolor que le oprimía el pecho cediera. Maldita fuera la vida militar que por más que le mostraba que lo mejor era estar solo, no se resignaba a tal situación, pensó. Se recostó en su cama sin encender la luz, manteniéndose en la oscuridad y dejó que los minutos pasaran lentamente, acumulándose con dolor entre recuerdos, frustraciones y la amarga sensación de tener nuevamente que lidiar con esa soledad que le carcomía. No
supo exactamente ni a que hora se durmió, pero se despertó
cuando escuchó entrar al brigadier, quien luego de unos minutos,
entró a darse un baño y volvió sobre sus pasos para
acomodarse en su cama, sacando un mazo de naipes y desplegándolos
sobre la superficie. -Solitario….-dijo el brigadier y se levantó rápidamente para ponerse en posición de firmes ante la pregunta del capitán. Satumi sonrió, por lo idiota que era la pregunta y lo obvia que era la respuesta. Mas por la costumbre tan arraigada que tenia el brigadier de respetar las jerarquías. Indiscutiblemente era parte de su programación. -Descanse, brigadier. Y por lo menos en esta barraca, podría dejar de ser tan….disciplinado. Trixs dejó la posición de saludo y se mantuvo a la expectativa. -Estoy
programado para obedecer a mis superiores. El brigadier extendió el brazo para aceptar el saludo, luego de pensarlo por unos largos segundos. Fue entonces que Satumi reparó en algo que anteriormente no había visto y era el peculiar tatuaje que tenia en su brazo derecho que asemejaba pequeñas escamas de dragón tornasoladas. -¿Puedo?....-dijo el capitán, señalando hacia la peculiar marca, que tocó sin esperar respuesta, luego de soltarle la mano. Con las yemas de sus dedos recorrió el grabado que asomaba desde medio brazo y se perdía en la manga de la camiseta. Un inusitado cosquilleo le hormigueaba la mano, tanto por la tersura de la piel como la sensación del grabado. La inspección fue por parte de ambos, sin darse cuenta Satumi también se revelaba al tiempo que curioseaba el diseño, mostraba sus ojos negros que reflejaban un ligero enrojecimiento, pero además, mostraban una tristeza disfrazada entre curiosidad y anhelo. -Nunca
había visto algo como esto…-dijo Satumi, al soltarle y darse
cuenta de que aquellos ojos verdes le miraba con curiosidad. Por unos segundos la esperanza de que el capitán hubiera visto anteriormente ese diseñó de Bio-Omix, se fugó de nuevo. No hizo ningún comentario, pero algo debió revelar sus desesperanza, que el brillo de los ojos de Satumi no le paso desapercibido. -Parece
que eres un diseño limitado. Hay muy pocos como tú. Usualmente Trixs solía negarse hacerlo, los naipes eran la única posesión, después de su ropa y los artículos básicos, que siempre estaba en su bolsa de viaje. Pero por unos segundos, la inmensa soledad que percibió del capitán volvió a revelársele y el negro de sus ojos, le recordó el vació del espacio en donde los últimos 3 años se había refugiado para clamar al Creador por una respuesta. El espacio era infinito y no había logrado en esos años, la ubicación de sus hermanos y hasta el mismo Charles Leonard había desaparecido, dejándole a su suerte y la inmensa soledad de no poder ubicar a Hess y a Kyle. En cada nueva estación a la que llegaba, albergaba la idea de percibirles, localizarles y volver a estar a su lado. Complementarse por fin y dejar de deambular en el vació y la soledad. Los ojos de Satumi, le parecieron tranquilizadores, relajantes como el vació sideral y sin mas le ofreció el mazo de cartas para empezar una partida. En ese espacio reducido, dos soledades se encontraron.
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