Avisos: Relaciones h/h. Clasificación: PG-17

Resumen: Uno de los Trixs se encuentra en la luna de Titán, donde ha sido enviado como comando para el resguardo de los colonos y mineros. Ahí conoce al capitán Ken Satumi, con quien comparte un sentimiento mutuo: la soledad.

 

2 Espacio reducido.

 

Charles Leonard, arrojó su bitácora digital sobre la traslucida mesa de su laboratorio, se notaba molesto y fastidiado, acababa de autorizar el envió de una remesa de “replicados” a las lunas de Júpiter. En esa lista se agregaba el nombre de Trixs E. Había postergado el envió al máximo, pero era inevitable, formaba parte del protocolo diseñado para ese modelo y las pruebas debían continuar. Se acomodó los espejuelos redondos sobre el puente de su nariz y tomó su bitácora para anotar los pormenores.

Era cierto que el trío de replicados, catalogados CLEO’s le había significado bonos extras además el reconocimiento del Laboratorio y la Compañía por sus logros. Sí las expectativas del modelo era como se planeaba, tenían en puertas un nuevo prototipo de replicado que ofrecer, que seguramente competiría con los otros laboratorios. Aun estaba en pruebas y tenia que reforzar los protocolo de respuestas del producto.

Todo iba tan bien hasta aquel incidente donde el trío de replicados se puso a curiosear con su sexualidad y fue estrictamente necesario separarles. En definitiva no previó tal situación, aunque aquel evento había desencadenado entre los replicados sus facultades y se había expuesto a mostrarlas con la finalidad de permanecer juntos. El momento mas critico fue cuando “técnicamente” dos de ellos casi se teletransportan fuera de sus celdas, habilidad que no estaba contemplada y que en definitiva emocionó al grupo de trabajo, pero al ver que el trío se estaba colapsando por el desgaste energético mal empleado, no quedo mas opción que separarlos y continuar las pruebas.

Separarse de los replicados Trixs, le sumió en una frustración que no podía ni explicarse el mismo. Con toda su formación científica y los miles de replicados que había visto desfilar en esa nave nodriza, se encontraba molestó por que tenían que separarlos y enviarles lejos de la nave a cumplir con la parte de los protocolos diseñados para ellos.

Leonard se quitó los espejuelos. Respiró hondamente y tomó su bitácora para anotar en ella con su propios encriptados grafos, el destino y ubicación de cada uno del trío de replicados. Era increíble que pensara que extrañaría a esos tres, pero solo a unas horas, ya rememoraba la última disputa con Trixs.

Escuchó que su asistente le llamaba, indicándole el pronto arribo de la nave que partiría con destino a Marte, donde los laboratorios Bio-Omix tenían su sede. Asintió, mientras empezaba a revisar la información y los datos que se llevaría, mientras iba borrando el resto. Cinco horas después, la nave de embarco, dejaba a la nave nodriza Urquhart, donde por mas de 10 años hubiera trabajado incansablemente para lograr un nuevo modelo de replicado. Su tiempo se acababa y aun no sabia sí el experimento había sido un éxito.


Tres años después.

Estación Domo Polar
Titán, Saturno
2400 dGS

La temperatura se mantenía dentro de los límites soportables. Podía decirse que el gélido aire había reducido la lluvia de metano del día, por lo cual la visibilidad era óptima. El piloto confirmó que se encontraban a 5 minutos de la estación del crió-volcán por lo cual, el comando de soldados gritaron al unísono. Habían pasado dos meses completos en Xanadu y cualquier humano con algo de escaso juicio terminaba odiando ese desierto congelado y no encontrarían nada divertidas sus playas cercanas al mar interior. Que Saturno tuviera mares y lagos líquidos, fue uno de los primeros motivos por los cuales los humanos se interesaron en enviar sondas de exploración a la superficie al sexto planeta del sistema solar. Pasaron décadas asombrados con sus canales, dunas, lagos interiores, islas y formaciones volcánicas. Que fueran de metano y que las reservas de hidrocarburos fácilmente extraíbles fue más tentador. Cuando se confirmó el grosor y la calidad de la capa de minerales, las compañías mineras terminaron los contratos para establecerse en forma definitiva en Titán. Era la segunda luna mas importante dentro del sistema solar, con casi dos veces el tamaño de la luna terrestre y un hermoso color naranja, propio de su atmósfera.

Se instalaron cuatro estaciones principales, dos en los cascos y dos en el ecuador. La principal zona minera se encontraba en Xanadu, en la región ecuatorial, mientras que la extracción de hidrocarburos era de los cascos, de donde proveía energía para todos los sistemas que permitían la vida en Titán. Aunque la hermosa luna era rehacía a darse fácilmente, los humanos se las ingeniaban para contrarrestar su fría atmósfera cercana a los 179 oC bajo cero, generalmente de nitrógeno, así como las lluvias de metano que frecuentemente se formaba y luego fluía por los cañones.

Después de que los humanos lograron los viajes estelares como rutina y sus sistemas de retroalimentación fueron eficientes, poco a poco fueron dejando la devastada Tierra que les dio cobijo. Muchos humanos habían nacido en el espacio, en naves o nuevos asentamientos mineros y colonos. Un gran porcentaje de esos humanos eran genéticamente diseñados, de alguna y otra forma, los nacimientos se controlaban y solo se permitía los partos de aquellos productos sin taras, ni problemas genéticos incurables. Desde el primer análisis, los tecnomed podían determinar la calidad de humano y si seria viable su desarrollo. De nada servia tener seres con taras que causarían gastos y problemas futuros al sistema social.

Cuando no abundaban las parejas funcionales que gestaran hijos, “los replicados” era la otra opción viable y segura. Generados a partir de bancos genéticos que continuamente se controlaban y vigilaban, los laboratorios que proporcionaban remesas de humanos eran invaluables. Principalmente se suministraba para trabajo en minas, mantenimiento, militares y diversión.

Ningún “replicado” estaba en puestos de poder. Aunque su verdadero poder estaba presente.

La nave aterrizó sin problemas en el hangar correspondiente, desde donde se vislumbró la ciudad central del domo cercano al crió-volcán.

Ken Satumi, gritó al contingente que no olvidará pasar por inspección y que no se metieran en problemas. Pero su grupo estaba tan eufórico de tener una semana libre en el Domo que rápidamente dejaron sus implementos militares y se cambiaron para la inspección. A sus 29 años, con sus ojos negros y rasgados, aunada a una fina mandíbula al principio daban la impresión de ser mas joven, pero su cuerpo hablaba de horas de trabajo excesivo en la preparación de los comandos y podía marcarse en su camiseta sin dificultad.

Ser el capitán de los grupos a Xanadu con mas experiencia en el campo, le había ganado el prestigio de la compañía y Satumi se consideraba también afortunado por estar en el Domo ese día.

Había quedado de verse en Roger, un piloto con quien se había estado relacionando las ultimas veces que iba al Domo y a quien particularmente encontraba interesante, sin decir que era increíble en la cama y que le hacia gritar sin control cada vez que lograban ponerse las manos encima.

Así que una vez que llenó todas los reportes que tenia por obligación hacer, cerró el archivo de la pantalla digital tropezó con Tom, uno de los analistas de control, su amigo desde hacia tiempo.

-Satumi, ¿Cómo estuvo tu viaje? Los esperábamos hace cuatro días.
-Algo movido, una tormenta septentrional nos aisló por más de 30 horas, pero se redujo al final. ¿Cómo esta todo por aquí?
-Bien, lo de siempre. Por cierto…-antes que el capitán pretendiera irse, le arrojó un expediente...-tus nuevos reclutas.
-No he solicitado reclutas.
-Pues ya tienes varios.
-Lo veré mañana….-poniendo el fólder dentro de su gabinete….- Ahora lo único que me interesa es tomarme una trago.
-y follarte a un piloto, supongo.

Ambos se rieron, mientras Ken le hacia un gesto ofensivo con el dedo cordial mientras se iba.

-¡Oye…uno de los reclutas estará instalado en tu sección!
-No me jodas.
-Lo siento. Así que busca otro lugar para acaramelarte con tu piloto. Dicen que el asiento trasero de los hommer (1) es cómodo.
-Seguro, cuando no hay otro lugar…-le rezongó Ken, pero en verdad que le daba igual cualquier lugar donde pudiera encontrarse con Roger, a quien no veía desde hacia mas de dos meses.

Satumi no se consideraba lujurioso precisamente, pero sus relaciones siempre empezaban en un bar y terminaban en algún rincón, donde una vez que ambos se satisfacían, ni preguntaba nombre ni puesto, eran simples aventuras. Comprometerse con alguien era impensable siendo él militar, por lo cual se satisfacía con relaciones esporádicas sin consecuencias.

Pero al conocer a Roger, se había propuesto que con él las cosas serian diferentes, no sabía bien ni por que pensó eso. Seria por que Roger fue más allá de un simple revolcón de media noche en un bar y se presentó otro día en su dormitorio, donde continuaron dando rienda suelta a una mutua pasión que entre ambos había crecido. Era ardiente y hasta algo romántico, por lo cual tener que regresar a Xanadu le resulto difícil, pero a la siguiente vuelta, Roger le esperaba ansioso. Casi podría decir que esas semanas en el Domo fueron las mejores vacaciones de su vida. Estuvo con Roger casi toda la semana, aunque luego el piloto tuvo que partir al otro extremo de la luna en un plan de reconocimiento. Sin embargo habían quedado de verse en su programada vuelta al polo, la cual se retrasó más tiempo de lo previsto hasta que logró un nuevo permiso.

Satumi utilizó los elevadores centrales y fue directo a los dormitorios de los militares, donde se encontraba el suyo. Pasó su carné de identificación y se encontró con la luz encendida y un bolso de viaje arrojado sobre la segunda cama. Su propietario sentado en posición de loto encima de ella, se levantó de un rápido brinco y se puso en saludo militar.

-Trixs, Brigadier de comando.
-En descanso, brigadier. ¿Qué hace aquí?
-Se me asignó este lugar, Capitán.

Con las prisas Satumi olvidó lo que Tom le había dicho sobre los nuevos reclutas. Ahora que lo tenía enfrente observó a detalle al brigadier y tuvo que admitir que era un “replicado” de primera. Sus marcados músculos se ajustaban en sus brazos, aun cuando era magro y casi de su misma altura. Le llamó poderosamente la atención el color de sus ojos verdes que parecía que veían a la nada, aun cuando se encontraba en posición de descanso.

-Bien, pues ya que le han asignado aquí y usted mismo se ha instalado, sigo en lo suyo. Hasta mañana haré la revisión de los reclutas y hasta entonces veré su expediente y generales.

Satumi pasó a un lado del brigadier, rumbo al baño donde se puso presentable lo más rápido posible para irse, así que optó por una camisa sin mangas y un pantalón estrecho que se ajustaba a la cadera. Cuando salió, calzándose, encontró aun al brigadier en la misma posición militar que le dejara.

-¿Piensa seguir ahí, toda la noche?
-Estoy frente a un oficial superior.
-¿Qué es lo que no entendió, Trixs? ¡Tómese la noche libre o váyase a dormir!

El brigadier dio un paso atrás y volvió a su cama, arrojando el saco de viaje al suelo y ocupando su lugar, apagando la luz que daba a su área.

Satumi se quedo sorprendió; la mayoría de los reclutas, suelen irse corriendo al primer bar que encuentran y se embriagan hasta que los grupos de vigilancia los llevan a las zonas militares. Pero el nuevo recluta, había decidió quedarse a dormir. Ver para creer se dijo.

Pero no tenia tiempo que perder en ponerse a divagar en las programaciones que tenían los nuevos “replicados”. Seguramente en unas semanas, adquiría los mismos hábitos, una vez expuestos a la influencia de los compañeros de barraca.

Satumi volvió a los pasillos y se trepó al primer elevador a la parte superior del complejo.

El Domo, era técnicamente una ciudad subterránea protegida de los elementos, que contaba con todos los servicios que eran posibles proporcionar tanto a mineros, pilotos, colonos, militares y demás habitantes, que usaban el lugar ya fuera de estancia permanente o de puerto para salir de la Luna al exterior. Se regia por una estricta regulación militar y se ajustaba por horarios de trabajo circadianos de 24 horas que ajustaban los horarios de luz y día, regulando los usos de energía, por lo cual a las zonas restringidas y de descanso tenían cese de luz automático. Pero la sección de esparcimiento era más tolerante y proporcionaba sus servicios de entretenimiento hasta horas avanzadas.

Uno de los centros de esparcimiento “Cronos”, tenía la mejor diversión de la zona. La música era estruendosa y un sinnúmero de cuerpos se movían al ritmo en una densa atmósfera, que generaba tensión y calor entre ellos. La tolerancia del lugar era legendaria, siempre y cuando no iniciaran ninguna pelea, por que serian inmediatamente detenidos y conferidos a las celdas que se encontraban en los sótanos del Domo, las cuales podían compararse con un congelador de primera, donde pasar la noche no era una opción confortable.

Cuando Satumi llegó al “Cronos”, se encontraba impaciente y buscaba con la vista entre la cantidad de hombres y mujeres que bailaban, bebían, miraban las grandes pantallas de videojuegos o los cuerpos desnudos meciéndose sobre las mesas.

-Satumi…-la voz de Tom le llegó detrás del ruido y ambos se movieron escaleras arriba a la barra donde el ruido era reducido por el grueso y traslucido panel de tecnoglass.
-Tom, ¿Qué haces?
-Un trago nunca esta de más.
-Claro, por eso no quitabas la vista de los bailarines…..ambos se rieron y pidieron algo de beber….-ya conocí al nuevo recluta. No me dijiste que era un brigadier.
-Si hubieras leído su expediente antes. Es un “replicado” de Bio-Omnix.
-Bien, pues me entero del resto de detalles mañana. …-dijo mientras seguía buscando entre el gentío.
-Satumi…-la voz de Tom se calló de pronto…- ¿Por qué no vamos al “Cotton Club?”. Hay peleas de sumo.
-Otro día, Tom.
-La pasaríamos bien…-insistió.
-Seguro, otro día…-le dio un golpecito en el hombro y seguía con la vista en ventanal, hasta que una silueta conocida salio de la pista de baile y entonces Satumi bebió de un trago el contenido y lo dejó en la mesa…..-Nos vemos.

“-Vas a llevarte una sorpresa”…-se dijo Tom y siguió con su vaso.

Satumi se movió rápidamente evitando a las personas para dar alcance a Roger, a quien por unos minutos creía que lo había perdido, pero pensó luego que quizás iba a los sanitarios. Se encontró con varias parejas que aprovechando un rincón de pared se cobijaban ahí para dar rienda suelta a la pasión que se generaba en la pista de baile. Pasó de largo, hasta que unos quejidos conocidos le llamaron la atención.

Sí los anillos de Saturno es un espectáculo digno de verse una y otra vez, ver a tu pareja en los brazos de otro, resulta todo lo contrario.

Pero Ken Satumi, no podía creerlo por lo cual caminó hacia la pareja, donde Roger estaba recargado en la pared, con una pierna rodeando la cadera de quien le embestía, mientras tenia los brazos en su cuello y se devoraban a besos. Tan sorprendido estaba Satumi por el espectáculo que continuó caminando hacia ellos hasta estar a un paso, donde escuchaba los roncos gemidos del piloto en total éxtasis.

Roger abrió los ojos, gritando cuando una nueva arremetida contra su cuerpo le hizo derramarse y entonces vio que a unos pasos suyos se encontraba Satumi. La vista del piloto estaba nublada, y tenía una apariencia hasta cómica, pero volvió a dejarse llevar cuando su amante le reclamaba a besos enfurecidos, mientras aquel también llegaba al clímax.

Aquellos fue el colmo y Satumi dio media vuelta, corriendo entre la gente, haciéndola a un lado casi a golpes, queriendo salir de ahí, alejarse lo mas rápidamente posible y de ser posible olvidar lo que sus propios ojos le había evidenciado.

Tom le vio salir, terminando su bebida, pero no le siguió. Sabia que su amigo tenia que superar eso solo. Ya estaba enterado de los idas y venidas de Roger, quien en las ultimas fechas se había hecho adicto a cuando droga sintética estuviera disponible y que pasaba sus horas libres con quien quisiera compartir horas de diversión.

Satumi continúo corriendo, hasta encontrar de nuevo los elevadores, entrando a trompicones y decidiendo que para embriagarse cualquier lugar del Domo estaría bien.

Fueron los ruidos de voces en la puerta del dormitorio que ahora ocupaba Trixs que le hicieron abrir sus ojos verdes y prestar atención.

-¡Vamos, solo quiero un trago mas!....-vociferaba el capitán Satumi mientras era técnicamente empujado dentro.
-Está ebrio, capitán…-le rezongó uno de los militares…-absténgase de salir y hacer camorra o le haré dormir la borrachera en un “congelador”…-le gritó el militar que le acompañó.
-¡Vete a que te….! -La frase se quedo estampada en la puerta que se cerró en su cara y a la cual terminó dándole un puñetazo, lo que le causó un mareo haciéndole perder el control, girar y caer luego sobre sus cuartos traseros. Fueron solo las nauseas que le hizo levantarse haciendo graciosos semicírculos y fue una fortuna que la puerta del sanitario estuviera despejada y lograra llegar para vaciar literalmente de sus intestinos los casi litro y medio de algún licor que ahora le parecía que estuviera mezclado con turbodiesel. Se quitó la ropa, que tenia manchada de sangre de la ultima pelea en la cual se vio envuelto cuando en el bar de mala muerte donde terminó, se organizó sin mucho pretexto una trifulca y que tuvo que participar para salvar el tarro de licor que pretendía completar.

El agua fría le pareció adecuada para bajarle tanto la súbita embriaguez, como el malestar generalizado y mantuvo su cuerpo bajo del chorro de agua, hasta que ésta desapareció, por exceder su límite de uso.

“-Maldición, ni ahogarme puedo”…-dio un golpe en la puerta corrediza que separaba la regadera del resto del baño e intentó secarse como pudo.

Satumi arrojó el resto de la ropa al contenedor de desperdicios y al salir casi tropezó con la puerta, a la cual le dio un nuevo golpe.

-¿Todo bien? …-preguntó el brigadier sin levantarse de su cama, más por cortesía que por interés. Quien al escuchar los ruidos provenientes del baño no ha tenido otro remedio que preguntar.

-No, no todo está bien, pero que mas da…-le responde Satumi mientras se arrojaba a la cama y pretendía que el sueño lograra hacerle olvidar, lo que el licor de nada había servido.

Eugene Trixs no volvió hacer ninguna observación extra, cerró sus ojos y decidió continuar descansando. No era su papel ponerse a lidiar con ebrios, por muy capitanes que fueran y si pretendía ahogarse en licor, en la regadera, o un cañón gélido, estaba en todo su derecho.

Sus ojos verdes se abrieron unos minutos después, cuando en la oscuridad total de la habitación, los nítidos pensamientos del Capital Satumi le invadieron y le sorprendieron al descubrir la soledad que tanto le apabullaba. Ese era un sentimiento con el cual el “replicado” podía identificarse plenamente.

Cuando el despertador de las 0500 sonó continua y fastidiosamente, una jaqueca reverberó en la sien de Satumi, que se trepó la almohada en la cara para buscar cubrirse y alejar con eso el sonido. Simplemente no estaba en condiciones de levantarse, pero su disciplina militar le obligó hacerlo, unos minutos después, sentándose en la cama y dándose cuenta que el brigadier había ya salido de la habitación.

Logró darse un nuevo baño, ponerse presentable y el simple hecho de usar el uniforme le hizo elevar el pecho y respirar hondamente para empezar el día.

Tom hizo girar sus silla para ver la cara de pocos amigos que tenia Satumi, a quien el negro de sus cabello, estaban ese día en particular desorden y que agradeció la taza de humeante que le pusiera en frente.

-Café, de la primera cosecha de los invernaderos del Domo…-le dijo su amigo.
-Bebería el extracto de mis calcetines hervidos, en este momento.
-No lo dudo, si has bebido hasta el turbodiesel que venden en el “Donkey” ¿De ahí te sacaron, no?

Satumi apenas pudo balbucear algo, mientras buscaba la lista de los nuevos reclutas que tendría a su cargo y evadir completamente la pregunta.

-¿Para que demonios se supone que ocupo reclutas nuevos?...-dijo luego de ordenar en algo sus ideas.
-Los sensores han detectado actividad ilegal en las “Dunas”. Parece que algunos “buscadores” andan inspeccionando el área, para ver que pueden llevarse de mineral.
-Las “Dunas” es un amplio territorio.
-Si, por eso no les han puesto el guante. Se mueven de un perímetro a otro, para evadir los sensores.
-¿Crees que sean los mineros jupiterianos?
-Puede ser. Entran a la atmósfera ocultándose en las tormentas y cuando ya los detectamos han llenado sus contenedores. Sin regalías, ni tener que vérselas con el sindicato del Domo.
-Bien, veamos….-se concentró en el expediente que tenia enfrente suyo…-todos son nuevos reclutas, salvo el brigadier quien tiene una amplia experiencia. Ha estado en Marte, en varias de las lunas de Júpiter. ¿Qué demonios hace aquí?
-Oficialmente ni idea….-se rió Tom mientras llevaba la taza de café a sus labios.
-¿Y extraoficialmente?...-le miró Satumi, quien ya conocía esa manía de su amigo que no querer soltar prenda fácilmente.
-Ahhh, dicen que mató a su amante. El capitán de una nave de abastos en Júpiter.
-¿Qué…y cómo es que?....-las palabras se iban a Satumi.
-Bueno, no se lo pudieron probar. Le dio un infarto al tipo cuando estaban en….ya sabes….-le sonrió Tom picaramente.
-Ja, ja. Que gracioso…-volvió Satumi la vista al expediente.
-Quizás por eso lo rebajaron a brigadier, cuando era ya teniente de comando.
-Puede ser.
-Ya sabes que no faltan los trepadores…-Tom le miró interrogativamente
-Entendí la indirecta, Tom, gracias.
-Siento lo de que te paso anoche…-le dijo en tono consolador.
-¿También tú te enteraste?
-Paso más tiempo en el Domo. Uno se entera de cosas.
-Pues si…-se levanto Satumi, intentando no darle mas vuelta al asunto ni querer ventilar sus penurias amorosas con Tom.

Se dirigió directamente a la zona de entrenamiento, donde los reclutas ya se encontraban entrenando y era la voz de Trixs quien se escuchaba dirigiendo las acciones. Al verle entrar, el brigadier indicó la presencia del capitán en la zona y todos detuvieron sus acciones para saludarle en tono marcial.

-¡Descansen!....-les indicó Satumi, mientras iba mencionando el nombre de cada uno de los 6 nuevos reclutas y estos se identificaban.

Aunque ya había visto a Trixs, el conocer la extraoficial información sobre sus preferencias sexuales, no pudo menos que causarle cierto interés aparte. Ya anteriormente había notado el verde de sus ojos, pero ahora los encontró perturbadores y aunque su corte de cabello era el obligatorio a ras de navaja, era un poco usual el color gris, casi plateado, que le recordó los anillos del planeta donde orbitaban.

-¡Voy a decirlo una sola vez! En misión, las órdenes se cumplen sin preguntar. Se debe confiar en el compañero y nunca…he dicho nunca se deja a un compañero tirado en el campo. Para la mayoría es su primera misión, para otros, quien ya conocen lo inhóspita de la vida militar en las Lunas, les recalcare igual, que en Titán se ocupa algo mas que buena voluntad para sobrevivir.

Un grito de asentimiento por parte de los reclutas, hizo que la jaqueca volviera a insinuársele en la sien al Capitán.

Satumi pasó a un lado de ellos, inspeccionando tanto su aspecto como el uso correcto de sus implementos.

-¡Brigadier, termine el entrenamiento!...-indicó luego de unos minutos, en que consideró su inspección finalizada y dejó que Trixs tomara el control del grupo.

Por unos instantes Satumi miró de reojo al pequeño contingente, mientras se reunía con los otros oficiales y ponía en antecedentes que el brigadier seria el responsable de los entrenamientos esa semana, ya que técnicamente él se encontraba de vacaciones en el Domo, aunque claro, si pensaba llevarse a esos “replicados” a las Dunas, tendría que revisar personalmente que estuvieran bien entrenados.

Sin embargo a media mañana el hambre le hizo dirigirse al comedor, donde volvió a encontrarse con el brigadier Trixs y se sentó enfrente de él unas mesas adelante, de donde podía tener un mejor ángulo de observación. Era innegablemente un magnifico ejemplar en muchos sentidos, y su presencia indudablemente llamaba la atención de otros militares a su lado, quienes mal disimulaba llamar su atención, pero cuando el tercer oficial en turno pretendió sentarse a un lado suyo para buscar una conversación, el brigadier se disculpó y se levantó rápidamente. Aparentemente no pretendía hacer contactos sociales y muchos menos preferenciales, fue la segunda impresión que obtuvo del “replicado”.

Satumi volvió a su habitación horas mas tarde, simplemente exhausto y con el único pensamiento de dormir lo que quedaba del día y toda la noche.

Logró sacarse las botas y se arrojó encima de la cama. Ni bien había dormido un par de minutos cuando escuchó que la puerta se abría. Suponiendo que era Trixs ni intentó abrir los ojos, pero hasta que sintió el peso de otro cuerpo encima de su propia cama, unos zapatos caer al suelo y que lentamente un cuerpo tibio reptaba encima del suyo, se le hizo imperioso ver a su compañero de habitación.

-¡Roger!...-gritó, cuando la cara del piloto se pegaba a su cuello y sentía la profunda lamida de que era objeto, mientras una de sus manos subía por sus muslos.
-Ken…-le susurraba ansioso, mientras buscaba los labios del otro.

Maldita la hora en que se le ocurrió darle a Roger una copia de su tarjeta de acceso, pensó Satumi. Luego, por unos segundos el capitán se dejó hacer por la angustiosa necesidad que tenia de contacto y afecto. Dos largos meses, había pasado deseando esa boca y ese cuerpo encima suyo. Ofreció los labios y dejó entrar a una lengua atrevida que le hurgaba deliciosamente; sólo fueron los primeros jadeos de Roger y el restregón que hizo contra su virilidad, que las imágenes de la noche anterior, donde el piloto era sacudido rítmicamente por otro, le hicieron abrir los ojos y detener el contacto.

-Deja…suéltame te digo…-le separó completamente de su cuerpo, para enfrentarle.
-¿Qué pasa? Te he extrañado…-intentó abrazarle, pero ya Satumi se había levantado de un brinco, dejándole solo en la cama.

-Seguramente. Igual que anoche, mientras de dejabas follar en el pasillo.
-Me dijeron que había llegado ayer…-el piloto se sentó en la cama, mientras le miraba serio y taciturno…-te esperé casi 2 meses. Dijiste que volverías a la brevedad…-le recriminó.
-Te llamé desde la base. No me concedieron el permiso. ¿Qué se suponía que tenia que hacer?...-el capitán se defendía de la recriminación, que consideraba injusta y que no era el pretexto para lo que viera anteriormente.
-Lo de anoche fue…una tontería. Ni siquiera supe quien era y tampoco me interesa saberlo.
-¡Claro, vas a decir que estabas drogado y ni te enteraste!
-Tanto como eso, no…-Roger se levantó para ir en busca de Satumi que se movía como león enjaulado…-pero nadie se compara contigo…-le sonrió descarado.

El comentario, lejos de alentar a Satumi, le enfureció

-¡Vaya, por lo menos estabas lúcido para lograr diferenciarlo!
-¿Por qué estas molesto? Nunca hicimos votos de fidelidad, ni exclusividad. Somos libres de desahogarnos, como se nos antoje.
-¡¿Es lo que soy, un desahogó?!...-Satumi le tomó del brazo, soltándole luego.
-No he pretendido decir eso, yo…-volvió a intentar Roger acercarse, pero los manotazos de Satumi daba para impedirlo, lo dejaron estático.
-No, no lo pretendías, como tampoco que fuéramos algo mas que calentura de vez en cuando.
-¿Qué es lo quieres, un contrato de exclusiva?...-le hizo una mueca y se detuvo en seco.
-Que no te revolcarás con cuanto se te acomoda, seria un buen inicio. Pero no pienso esperar a que eso mejore.
-¿Vas a decirme en que en estos meses, no te has follado a nadie?...-su voz sonaba irónica y hasta chocante.
-¡Así es, a nadie! Por que pensaba que contigo tenia algo especial, que tú me esperabas ansiosamente, como yo te deseaba. Por que cada vez que sentía que se me endurecía, era por recordar un beso tuyo o una caricia. ¡Se me endurecía por ti y esperaba que fueras tú, quien me saciara!…-las palabras salían a borbotones de la garganta de Satumi, mientras miraba la cara seria que Roger tenia y como bajaba la vista para no sostenerle la mirada.

-Yo…-empezó, el piloto, pero no sabia como empezar.
-tú, te largas de mi vida….-le tomó Satumi del brazo y le empujó hacia la entrada…-dame la tarjeta…-le hurgaba entre los bolsillos y el piloto se soltó para impedir aquello, mientras buscaba en su bolsillo y la arrojaba al suelo.
-¡Congélate en la próxima expedición que hagas!…-le bramó el piloto, dejando la estancia.

La puerta se cerró y Satumi sintió que era arrojado por la ventanilla de un blindado que recorría las frías estepas de Titán, mientras que su cuerpo y su alma se congelaban sin remedio.

Cayó al suelo, de rodillas, golpeando el suelo en frustración. A nadie le agrada la idea de ser humillado y encontrarse repentinamente solo. La sensación le invadió sin reservas, al grado que se abrazó así mismo, mientras se balanceaba, arrullándose, buscando reconfortarse y que el dolor que le oprimía el pecho cediera.

Maldita fuera la vida militar que por más que le mostraba que lo mejor era estar solo, no se resignaba a tal situación, pensó.

Se recostó en su cama sin encender la luz, manteniéndose en la oscuridad y dejó que los minutos pasaran lentamente, acumulándose con dolor entre recuerdos, frustraciones y la amarga sensación de tener nuevamente que lidiar con esa soledad que le carcomía.

No supo exactamente ni a que hora se durmió, pero se despertó cuando escuchó entrar al brigadier, quien luego de unos minutos, entró a darse un baño y volvió sobre sus pasos para acomodarse en su cama, sacando un mazo de naipes y desplegándolos sobre la superficie.

-¿A qué juegas?...-le preguntó Satumi, luego de largos minutos, en que el sonido continuó de las cartas, le hizo terminar de abrir los ojos y encender la pequeña luz lateral de su pared.

-Solitario….-dijo el brigadier y se levantó rápidamente para ponerse en posición de firmes ante la pregunta del capitán.

Satumi sonrió, por lo idiota que era la pregunta y lo obvia que era la respuesta. Mas por la costumbre tan arraigada que tenia el brigadier de respetar las jerarquías. Indiscutiblemente era parte de su programación.

-Descanse, brigadier. Y por lo menos en esta barraca, podría dejar de ser tan….disciplinado.

Trixs dejó la posición de saludo y se mantuvo a la expectativa.

-Estoy programado para obedecer a mis superiores.
-Es una orden entonces, relájese en poco. Ken Satumi…-le extendió el brazo para saludarle.
-Trixs, Eugene.

El brigadier extendió el brazo para aceptar el saludo, luego de pensarlo por unos largos segundos. Fue entonces que Satumi reparó en algo que anteriormente no había visto y era el peculiar tatuaje que tenia en su brazo derecho que asemejaba pequeñas escamas de dragón tornasoladas.

-¿Puedo?....-dijo el capitán, señalando hacia la peculiar marca, que tocó sin esperar respuesta, luego de soltarle la mano. Con las yemas de sus dedos recorrió el grabado que asomaba desde medio brazo y se perdía en la manga de la camiseta. Un inusitado cosquilleo le hormigueaba la mano, tanto por la tersura de la piel como la sensación del grabado.

La inspección fue por parte de ambos, sin darse cuenta Satumi también se revelaba al tiempo que curioseaba el diseño, mostraba sus ojos negros que reflejaban un ligero enrojecimiento, pero además, mostraban una tristeza disfrazada entre curiosidad y anhelo.

-Nunca había visto algo como esto…-dijo Satumi, al soltarle y darse cuenta de que aquellos ojos verdes le miraba con curiosidad.
-Es la marca de Bio-Omnix…-el brigadier no se retiró.
-Conozco a bastantes “replicados” de ese lugar y ninguno de ellos ha tenido algo similar.

Por unos segundos la esperanza de que el capitán hubiera visto anteriormente ese diseñó de Bio-Omnix, se fugó de nuevo. No hizo ningún comentario, pero algo debió revelar sus desesperanza, que el brillo de los ojos de Satumi no le paso desapercibido.

-Parece que eres un diseño limitado. Hay muy pocos como tú.
-Eso parece…-el brigadier se mantuvo a la expectativa y no pudo dejar de percibir los sentimientos de confusión y autocontrol con el cual el capitán le hablaba.
-¿Quieres jugar naipes?...-le dijo de pronto Satumi, para romper el silencio.

Usualmente Trixs solía negarse hacerlo, los naipes eran la única posesión, después de su ropa y los artículos básicos, que siempre estaba en su bolsa de viaje. Pero por unos segundos, la inmensa soledad que percibió del capitán volvió a revelársele y el negro de sus ojos, le recordó el vació del espacio en donde los últimos 3 años se había refugiado para clamar al Creador por una respuesta.

El espacio era infinito y no había logrado en esos años, la ubicación de sus hermanos y hasta el mismo Charles Leonard había desaparecido, dejándole a su suerte y la inmensa soledad de no poder ubicar a Hess y a Kyle. En cada nueva estación a la que llegaba, albergaba la idea de percibirles, localizarles y volver a estar a su lado. Complementarse por fin y dejar de deambular en el vació y la soledad.

Los ojos de Satumi, le parecieron tranquilizadores, relajantes como el vació sideral y sin mas le ofreció el mazo de cartas para empezar una partida.

En ese espacio reducido, dos soledades se encontraron.

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1) hommer. Unidades de transporte, todo terreno.