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Avisos: Relaciones h/h. Clasificación: PG-17 Sinopsis: Continuación de la historia de los replicados, que fueron separados en diversas lunas del sistema solar. Historia que participo anteriormente en la Primera Edición del Concurso de relatos originales Cafe du Caveau. |
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3 Espacio continuo.
Estación
Domo Polar La partida de cartas fue breve y sin darse cuentas Trixs se dejó ganar un par de veces, sorprendido como ese gesto hizo que el capitán Satumi sonriera un poco. Tenia años que no jugaba cartas con alguien, por lo cual que se encontraba sorprendido de tener ese simple gesto con ese extraño. Pero la presencia de Satumi le parecía tan relajante, que no podía resistirse. Ni intentó leer sus pensamientos, sus ojos hablaban por si mismos. Ambos escucharon la indicación de que el corte de energía por horario llegaba y el brigadier tomó el manojo de cartas y las guardó dentro de su bolsa de dormir. Dio un “buenas noches, capitán” y estiró el resto de su cuerpo sobre la cama. Lo mismo hizo Satumi, antes de quedar completamente dormido unos segundos después. Eugene tardó un poco mas en dormir, pero sin darse cuenta sonrió en la oscuridad, casi efectuó una ligera mueca al percibir el rítmico sueño en el cual se sumió el capitán. Buscó en la oscuridad su brazo, donde se encontraba el grabado en su piel de la compañía Bio-Omnix, que no solo le marcaba como un “replicado”, sino que era el mayor vinculo que tenia con sus hermanos. En algún lugar del sistema solar, sus hermanos debían estarle extrañando, igual que lo hacia él cada noche. Se aferraba al recuerdos de sus hermanos, como la única boya que le impedía hundirse en la rutina y la sumisión. Los “replicados”, por programación básica, actúan de acuerdo a las directrices preestablecidas en su diseño. La obediencia lo es todo. Sin preguntar, ni considerar la individualidad, sino el bienestar de la colectividad. No se ambiciona, lo que no esta dentro de la programación. Simplemente no se anhela, nada mas allá de lo estrictamente reglamentado. El
objetivo básico de los replicados militares, era la disciplina
marcial, la defensa de los bienes de la compañía en servicio
y el soporte a los compañeros de brigada, para unificar un todo.
Los grupos de milicia, debían trabajar como una maquinaria bien
engrasada, en las cual cada individuo es un engranaje clave, que trabaja
para el bien común olvidándose de la personalidad individual.
Lo peor de todo, es que seguía donde mismo. En una brusquedad, que no parecía tener ningún avance y creía que estaba en retroceso. -“Klye”…-la voz de Eugene casi escapó de su garganta, mientras se medio levantaba de su lecho en la oscuridad de la habitación. Una luz se encendió y Satumi vio la frente perlada de sudor de su compañero de habitación y su entrecortada respiración, producto de una pesadilla. -¿Estás
bien?...-preguntó el ojinegro. Eugene no respondió, estaba demasiado consternado buscando la forma de mantener un poco mas el recuerdo de su hermano en su mente, como la lejana voz, escabulléndose en la gélida bruma. Satumi mantuvo los ojos abiertos un poco mas hasta que de nuevo la respiración del brigadier se hizo uniforme. Encontraba a su compañero de dormitorio mas que peculiar y no dejaba de asombrarle, desde el verde de sus ojos hasta ese tatuaje inusual con el que le habían marcado de fabrica y que le causara tal cosquilleo en las yemas de los dedos al tocarle. Sin saber por que Satumi llevó a sus labios la punta de sus dedos, donde buscaba percibir con su lengua la textura de ese grabado. Aunque tal cosa era ilógica, solo su mente guardaba el registro de aquella sensación que le causara horas atrás y parecía que era lo único que tendría. Respiró lentamente buscando poner su mente en blanco para buscar dormir de nuevo. El reloj de las 0500 marcó puntual y ambos militares por inercia marcial se levantaron al unísono para dar inicio a las actividades del día. -Necesito
que el comando este listo para salir en 5 días a Xanadu, ¿Es
eso posible?...-Satumi buscaba romper el silencio entre ellos en el elevador
antes de llegar a la zona de entrenamientos. Satumi sonrió al ver la fugaz mueca en la cara de Trixs...-eso mismo decía mi primer entrenador en Marte….-la puerta del ascensor se abrió y ambos militares continuaron hasta encontrar al resto de los reclutas. Cinco días, equivalía para los reclutas esforzarse al máximo para adquirir toda la información necesaria sobre el nuevo entorno en donde serian enviados. Por lo cual Satumi decidió que pondría a los reclutas junto a uno de los grupos experimentados en técnicas de asalto y maniobras. Los dos primeros días fueron un desastre y el único que salía avante en los simulacros era Trixs. -¡NO,
NO!...-gritaba Satumi cuando uno de los simuladores de vuelo se estrelló
estrepitosamente, y el recluta tenia la vista fija en el tablero…-¿Qué
fallo ahora, recluta? Ninguno de los reclutas rechistó, y por lo menos eso calmó un poco la ansiedad de Satumi, quien sabia que forzarlos al máximo en las mejores condiciones, les significaría tener una posibilidad en el campo. -Veo
que has mandado tus días libres al cesto de la basura…-escuchó
la voz de Tom, cuando entró a la torre de control. Por el tono de voz, Satumi sabia que Tom hablaba en doble sentido. -¿Encontraste lo que te pedí?...-le solicitó al analista, para que dejara de divagar. Tom era un ingeniero en sistemas, de no mas 30 años, larguirucho y desgarbado, cuya mayor obsesión era incursionar clandestinamente en los sistemas de la compañía y en cuando dejo la taza de café, sus dedos empezaron a teclear rápidamente sobre la plana superficie de la mesa, mientras se desplegaban varias imágenes en el monitor. -He
revisado todos los diseños que Bio-Omnix tiene registrados y no
hay ningún como el que mencionas. Satumi se quedo con la boca abierta, ante el comentario de Tom y solo alcanzó a golpetear el expediente que tenia en la mano, un par de veces sobre la mesa, antes de dejarlo y salir de ahí. Caminó por los pasillos con rumbo a la zona de entrenamiento y uso uno de los elevadores, donde otros oficiales le saludaron en cuanto le vieron. Iba tan absortó pensando en lo que Tom le dijese, que no reparó que uno de aquellos oficiales era Roger, quien estaba casi al fondo del pequeño grupo, con la espalda pegada al frío metal y sin casi levantar los ojos del piso. La puerta se abrió y Satumi salió de ahí sin darse cuenta que Roger hizo lo mismo y le seguía unos pasos detrás hasta que le dio alcance. -Satumi..-le murmuró el piloto…-Ken. El joven capitán se detuvo en seco al escuchar de nuevo su nombre en boca de Roger. Giró en redondo y se encontró con el piloto a unos pasos. -Teniente. El piloto aceptó de mala gana la forma implícita en la cual Satumi ponía su rango por encima de la situación y se apartó para dejarle pasar. -No te iras del Domo, sin hablar conmigo…-le sentenció el piloto a solo unos pasos, pero Satumi se negó a detenerse para reclamarle. Ya no encontró a los reclutas, quienes habían sido despachados a cenar y en el comedor no encontró entre ellos a Trixs y eso sin saber exactamente el porque le terminó de fastidiar el día. -El brigadier Trixs debe estar en los invernaderos…-le dijo uno de los reclutas, cuando le cuestionó. Hubiese ido a buscarlo, si aquello no le pareciera demasiado evidente y además de que técnicamente Trixs estaba en receso a esa hora. Lo que hiciera con su tiempo libre era en definitiva asunto suyo. Los invernaderos, era un área imprescindible del Domo, aparte de que generaba una cantidad importante de vegetales comestibles, tenia también la función de ser un centro generador de oxigeno que se conectaba con el sistema de depuración de aire del complejo. Instalado en la parte superior del Domo, recibía la luz ultravioleta filtrada por los gruesos cristales que conformaba el cielo protegido de aquel invernadero artificial. Era uno de los pocos lugares en el Domo desde donde podía verse la bóveda celeste, la espesa y fría bruma anaranjada de los gases de la atmósfera así como las lluvias gélidas de metano que se precipitaban invariablemente a la superficie. Trixs había localizado ese lugar desde su llegada al Domo, y se escabullía ahí con la finalidad de no perderse los “anocheceres” y ver el increíble espectáculo de los anillos de Saturno aparecer en el firmamento, para luego desvanecerse en la densa bruma de gases. Era el refugio perfecto, alejado de todos y donde podía fugarse de la cotidianidad, para elevar su mente en la búsqueda de aquellos que le complementarían. Pero por mas que lo retrasará, debía volver antes de que los horarios de cierres automáticos de las puertas y accesos fueran implementados. Activó la puerta de acceso con su tarjeta y se encontró con la mirada interrogante de su compañero de dormitorio, aunque de su boca no salio ningún comentario, sus ojos eran tan expresivos, que lo delataban. El brigadier lo ignoró todo lo posible, podría decirse que entre ellos había nacido un patrón de conducta que consistía en básicamente en descifrar los silencios y delimitar los espacios de forma precisa. Trixs tomó un baño rápidamente, secándose el cabello al salir, aunque con algo de ropa encima, que era un pantaloncillo y una camiseta de manga corta. La insistente mirada de Satumi terminó por hacerle levantar la vista para enfrentarle, en cuanto se sentó en la cama. Sabia lo que pensaba, por que sus pensamientos eran tan nítidos que parecía que gritaba. Aun así, no podía responderle a preguntas que no habían sido formuladas. -¿Va
a preguntármelo de una vez o debo adivinar?...-le interpeló
directamente. Trixs apagó la luz del área de su cama, dando por terminada la conversación, pero Satumi se negó a eso y se levantó volviendo a encenderla. -¿No
te resulta extraño? Satumi supo que había dado al clavo, cuando los ojos esmeraldas se abrieron para enfocarle y tuvo la certeza de que si las miradas mataran, aquellas le atravesarían como agujas de hielo por todo el cuerpo. -Y su fastidio, capitán, es por que su amante “vivo” no lo deja en paz y el resto tenemos que tolerar su frustración…-le rezongó Trixs volviendo a poner la vista en el techo. Satumi se quedo de una pieza, congelado ahora por aquella contundente verdad, dicha tan a bocajarro que volvió a su lugar en la cama y no sabia si gritarle algo a ese “replicado” liberaría su dolor. No solo le echaba en cara lo de Roger, si no que ahora de nuevo salían a relucir los jerarquías. -No mezclo mi vida privada con el trabajo. Si tienes una quejas de mi desempeño, repórtalo a mis superiores. Las luces automáticas del sector se apagaron puntualmente y con la oscuridad se hizo un silencio aparente. Satumi acomodó su cuerpo en su litera. Sus pensamientos eran tan erráticos y evidentemente molestos que se unían a su mano en un golpeteo continuo en la pared, hasta que no pudo mas y se sentó de nuevo. -Creí
que sentirías curiosidad por tu origen…-alcanzó luego
Satumi a decir. “Eres un idiota, Ken…no acabas de entender. No hay nadie para ti. Nadie. Solo, solo necesito, dormir”…-rezongaba Satumi, cuando puso la cabeza en la almohada. La oscuridad no permitía verle la cara a Satumi, pero sus pensamientos le llegan nítidos y claros a Trixs, quien terminó por bloquearse completamente del exterior. No quería seguir escuchando los reproches que el capital se hacia así mismo. No tenia tiempo para pensar en nadie mas y verse comprometido en ningún tipo de relación. Cualquiera que se acercaba demasiado a él, terminaba en problemas. Era como si la mano de Charles Leonard, aun dirigiera sus pasos y vigilara sus noches. Satumi ordenó al despertador que guardara silencio a las 0500, cuando se incorporó. Se frotó la cara y se levantó de la cama sorprendido al darse cuenta que estaba solo. La cama perfectamente tendida y ningún rastro del brigadier Trixs. Se vistió rápidamente, se colgó su medallas de identificación y cerró su chaqueta mientras salía del sector de dormitorios para dirigirse a desayunar. Sus ojos miraban de un lado a otro, buscando a Trixs entre los reclutas. Respiró aliviado cuando lo vio empezando las faenas del día y gritándoles a los jóvenes reclutas. El brigadier le dirigió una vaga mirada a Satumi, pero volvió a su atención a los replicados bajos sus ordenes, corriendo detrás de ellos en la pista de entrenamiento. -¿Dormiste
mal?...-le preguntó Tom a Satumi, en cuanto se sentó a un
lado suyo….-tienes pinta de no haber tenido sexo en meses. El resto del día, el capitán y el brigadier pretendieron ignorarse. Satumi le solicitó en cuanto llegó al área de entrenamiento el progreso de los reclutas y el brigadier le indicó los pormenores y avances. Nunca se vieron a los ojos, ni mucho menos Satumi reclamó nada sobre el cambio del brigadier de los dormitorios. Sólo fue su subconsciente, que rozó deliberadamente los dedos de Trixs cuando éste le paso la bitácora digital al terminar el día. El leve cosquilleo en sus dedos, dejo a ambos expectantes. Trixs se tensó y Satumi lo notó. -“Te gusto…lo sé…-sonrió el capitán mientras tomaba la bitácora y veía alejarse al brigadier. No fue una huida propiamente dicho, pero para Trixs, poner distancia de por medio era lo mejor en esos casos. Cenó casi mecánicamente y se levantó sin decir nada para ir de nuevo a los invernaderos, su único refugio. -“¿Dónde
están? ¿Dónde?”…-ponía Trixs su
mano en pulida superficie del domo interno del invernadero, mirando al
vació estelar. La lluvia mas tarde, humedeció los cristales,
sin que el “atardecer” perdiera nada de su majestuosidad. El cosquilleo fue sentido por ambos, bajando por la nuca y desvaneciéndose en la espalda. Eugene rompió el contacto rápidamente, dejando al capitán Satumi consternado. Su primer impulso era ir detrás del brigadier, pero sus pies parecía pegados al piso y se negaban a moverse, sin responder a su orden. Respiró para tranquilizarse y terminó por dejarle ir.
-Han
presentado a los luchadores…-le dijo el analista en cuanto el capitán
se acercó a la pequeña mesita reservada. Satumi se bebió
el trago de un golpe y solicitó una ronda nueva…-Calma, la
noche es larga…-dijo Tom. Tom
prefirió no seguir con el tema, tenia a Satumi para él esa
noche, aunque solo fuera para beber y ver la lucha de sumo, que tenia
altas apuestas entre los asistentes habituales. Satumi fingió interés
por un buen rato, pero luego se disculpo para irse a los dormitorio. No
espero respuesta de su compañero, ni espera que Tom se levantara.
Estaba apostando y había ganado en la ultima ronda, no se movería
por ningún motivo de la mesa. Se desvistió y entró a la cama, antes de que el corte de luz, oscureciera la estancia. Su mente divagaba de una cosa a otra, respiró y pensó en poner su mente en blanco, pero súbitamente su mente se alejó de de la habitación, caminó por los pasillos que tan bien conocía, pasó a un lado de los guardias de turno, se deslizó por el tubo del elevador y se encontró caminando por las zonas de reclutas. Su mente era libre de vagar por esos rincones. Conocía el lugar, fue su residencia inicial al llegar por primera vez al Domo. Contaba literas, buscaba la que usara él anteriormente. Veía cuerpos descansando, cubiertos por cobertores. Luego lo vio, o mejor dicho él, lo vio. Los verdes ojos de Trixs se abrieron al vació en la oscuridad de la zona de reclutas. “Veía” nítidamente los pensamientos de Satumi, casi corporizados, vagar de un lado a otro. Satumi se sintió pillado y abrió los ojos sorprendido ante esa desacostumbrado experiencia extracorpórea. Su abuelo le había enseñado como elevar sus pensamientos y mantenerlos fuera de sus cuerpo; para Ken, era solo una forma de relajar su mente y su cuerpo. Nunca antes había tenido la experiencia de llegar tan lejos, ni muchos menos, tener la idea de que alguien había podido “verle” astralmente. Trixs, no era cualquiera, eso lo sabia. El siguiente día, fue casi similar, los entrenamientos, le evasión del brigadier y aunque eso le causara cierta incomodidad, decidió que era mejor dejarle pasar. Trixs no quería ser su amigo, no podía insistirle y tampoco estaba en plan de malbaratar su persona. Ese día en particular no estaba de humor para nada, ni para hablar con Tom, ni mucho menos para permitir los toscos acercamientos de Roger. Lo evadió un par de veces, no podía dejar de encontrarle en la zona de entrenamiento, que los pilotos también usaban. Satumi se enjuagó la cara, cuando fue los servicios y en el cristal apareció la imagen del piloto a un lado suyo sonriéndole. -Parece
que quieres ignorarme, Ken. -¡Te
ha dicho que lo sueltes!....-un pulsador vibraba en la mano de Trixs y
por el sonido tenia el nivel mas alto para aturdir. Trixs guardó el arma e iba a salir también. -Brigadier…-gritó
Satumi. Bien, no eran amigos. No aun, pero por lo menos estaba claro lo de Roger. Terminaron los entrenamientos y el resto de los reclutas se fue a cenar. Lo mismo hizo Satumi, pero no perdía detalle y miraba de vez en vez hacia la mesa donde se encontraba el brigadier ojos verdes, quien mantenía su acostumbrada actitud de ignorarle, luego le vio salir e imaginó que iría a los invernaderos como siempre. Lo hubiera seguido, seguramente, si no fue por que Tom se sentó a un lado suyo. -Te
fuiste antes de terminar las luchas. Cuando llegó al invernadero, no encontró a Eugene. Decepción. Exactamente decepcionado fue como se sentía al volver sobre sus pasos. Le hubiera gustado hablar con él antes de enfrascarse con destino a Xanadu. Hizo pasar la tarjeta de su identificación por la rendija de su puerta y casi da un brincó al ver a Trixs dentro. Rígido, en posición de saludo, solo hasta que Satumi le indicó que relajara la posición fue cuando el replicado extendió el brazo para entregarle algo. -Olvidé
dejar la tarjeta del código de entrada. Eugene permaneció impasible y solo sus ojos brillaban al ver a Satumi. -Gracias
por lo de hoy…-decidió empezar por ahí, Satumi. La palabras pueden ser una cubetada de agua fría, o por lo menos así lo sintió el capitán. -No me conoces, no sabes quien soy, ni lo de que soy capaz. No tienes la menor idea de lo que necesito o de lo puedo ofrecer. Y no lo sabes por que no me permites mostrarte nada de mi. Como no lo sabes, no me digas que puedes o no ser en mi vida, Eugene Trixs….-le sentencio el capitán, dándole la espalda. El brigadier no espero más. No importaba que Ken Satumi, le odiara después de eso, lo prefería a que mas tarde, alguno de los tentáculos de Charle Leonard le estrangulara y le desapareciera.
-No
tenemos visibilidad, los posicionadores magnéticos tienen un grado
alto de imprecisión…-gritaba el piloto al capitán
Satumi, cuando esté llego a la cabina….-la temperatura esta
bajando drásticamente. El capitán miró hacia donde se encontraba Trixs, quien permanecía imperturbable, esas naves se movían igual en cualquier luna o planeta. Satumi, luego dirigió su mirada hacia el final de la hilera de asientos donde uno de los reclutas empezó a dar arqueadas, pero eso no fue lo que fastidio, sino que empezó a quitarse el cinturón y el arnés, para levantarse. -Grant, regresa a tu posición…-gritaba Satumi, pero el recluta camino hasta la sección se carga, buscando donde aligerar los ácidos que subían por su garganta. Detrás de él se fue el capitán, para irle a traerlo y sentarle, pero la nave dio una sacudida, tanto el replicado como el capitán derraparon hasta la parte trasera de la nave, enredándose entre mallas de contención y arneses. Una sacudida más y la escotilla primaria de emergencia se abrió. -Capitán, salga de ahí, la puerta se abrirá por completo. Esta trabada. ¡Salgan de la zona de carga!....-les gritaba el piloto desde el altoparlante. Pero era fácil decirlo y no hacerlo, por que el recluta entre mas se movía, mas se enredaba. La puerta se abrió un cuarto, pero fue suficiente para mostrar el rigor del frió fuera y la arena que colaba como escarcha sucia y pegajosa. Satumi se bajó el casco a la cara para cubrirse, mientras hacia lo mismo el recluta; el traje les protegería un poco, pero ahora se concentraba en cortar con su cuchillo el arnés que enredaba la pierna. Una sacudida mas de la nave y el cuerpo de Satumi se alejó del recluta, para ser succionado por el vació. La mente del Capitán se puso en blanco, mientras era atrapado por la ventisca congelante de la tormenta y se sentía atrapado por una cortina de arena que friccionaba contra su traje. Cerró los ojos, era mejor no pensar en morir. Pero no tuvo tiempo para pensar en ello, cuando fue jalado de la cintura en plena caída, atraído hacia otro cuerpo que se pegó al suyo como lapa, mientras apretaba el botón para accionar la esfera de rescate. Fueron entonces tragados por una resistente esfera acolchada, dentro de la cual ambos cuerpos quedaban resguardados de los elementos como un igloo salvavidas. Una ligera oscuridad, un silencio propiciado por el encerramiento de los cuerpos dentro de aquella estructura. Satumi abrió sus ojos, para intentar identificar a su salvador, quien en un acto desesperado se había arrojado por la escotilla para detener su caída y abrigarle dentro de la esfera. -¡Eugene! Los ojos verdes relampagueaban en la semioscuridad y aceptó sin chistar el abrazo que Satumi le prodigaba. -¿Qué
haz hecho?...-preguntó a gritos el capitán, dándose
cuenta de situación. Ahora no era un hombre perdido en las Dunas,
eran dos. Satumi cerró los ojos, creyendo escuchar la voz del replicado en su mente. Era cierto que había ambicionado estar en los brazos de Trixs, pero ahora se encontraba en medio de la nada, cuando la esfera dejara de rodar, y de ser mecida por el viento, se encontrarían en cualquier parte de los cañones congelados. Con una escasa posibilidad de ser encontrados antes de que la reserva de aire se terminara o el frió los congelara. -Si
guarda silencio y no se mueve Capitán, tendremos reserva para tres
horas de aire…-respondió Trixs a su pregunta sobre cuanto
podrían estar ahí…-y no me agradezca, aun no le he
salvado. Satumi intentó reír, pero estaba demasiado exhausto para gastar energías en eso, así que lo único que hizo fue recargar su cabeza en el pecho de Trixs e intentar que pensar que estaba en otra parte de esa fría luna, abrigado en los brazos de quien menos pensará.
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