Clasificación: PG-17
Pareja (s): Simples desconocidos.
Avisos: Relaciones intersexuales.

 

“…….El movimiento de liberación de los/as homosexuales y transexuales ha demostrado que por más que se los o las eduque con todas las normas del sexo atribuido, se rebelarán y no se comportarán de acuerdo a éste. La homosexualidad ha existido en todo tiempo y lugar, a pesar de que se ha tratado de reprimirla, jamás se la pudo eliminar puesto que es una variable natural de sexualidad….[1]”


19. Eres inusitado.


La tarde iba cediendo paso rápidamente al conglomerado de personas que dejaban su trabajo para dirigirse a sus casas. Algunas se quedaban entre los escaparates en la avenidas, viendo las novedades de temporada, otras paseaban con desenfado por la calle y aun cuando el gentío podría ser considerado una novedad en si misma. Otros buscaban frenéticos algún medio de transporte y maldecían por algún taxi desocupado, aunque la mayoría utilizaba el metro, por lo cual fueron engullidos por las escaleras que los conducirían a sus entrañas. Algunos otros se dirigían a alguna cita, ya fuera de negocios, sentimental u ocasional.

En esa última categoría se encontraba el par de abogados que caminaban uno al lado del otro y que había separado sus manos hasta que entraron al recinto del edificio de CNIA, donde esa tarde Sam tendría su primera cita grupal.

-¿Nervioso?...-preguntó Joshua al abrir la puerta, mientras ambos cruzan por recepción y en la espera Sam tamborilea sobre el mostrador.
-Aghhh…. no.
-Tus manos te delatan…-Joshua puso encima la suya para evitar que siguiera con ese tic.
-No es necesario que me acompañes hasta allá.
-¿No quieres presentarme a tu nuevo terapeuta?...-le dijo en un murmullo casi al oído.

Sam puso cara de circunstancia y rodó los ojos hacia cualquier punto imaginario. No bien hacia unos minutos atrás le reclamaba a Joshua por sus ataques de celos y ahora le salía con que quería conocer al terapeuta.

-Tengo entendido que será una sesión cerrada…-dijo Sam aparentando poco interés.
-Dijiste que era grupal.
-El grupo estará en sesión cerrada….-repitió para puntualizar.

Joshua iba a rebatir cuando alguien les interrumpió.
-¿Sam?

Ambos abogados voltearon y la sonrisa del dr. St.Clair les pareció a ambos relajada y tranquilizadora. Joshua asimiló rápidamente los detalles que saltaban a la vista del terapeuta: era joven y bien parecido., vestía informal, con un suéter de punto color guinda que hacia sobresalir el rubio cenizo de su cabello. Llevaba un par de expedientes y tendió la mano para estrechar la del joven abogado.

-Dr. St.Clair.
-Llegas a tiempo. ¿Me presentaras?....-se atrevió a preguntar St.Clair, unos segundos después, ante la mira de curiosidad y visible inspección de que era objeto por el ojiazul.
-Si, claro. Joshua Leibitz, un…mi novio….-rectificó inmediatamente….-El dr. Paul St.Clair.

Joshua estrechó entonces la mano del recién presentado, notando que era de dedos largos, bien cuidados. Para Paul no paso desapercibida la inspección.

-Doctor…-dijo enfatizando el titulo…-precisamente Sam me comentaba que sus sesiones son cerradas.
-Lo son. Salvo que usted sea transexual, que no lo parece, y quisiera compartir alguna experiencia con el grupo. De otra forma tendremos que pedirle que espere…-le sonrió dando por terminado el asunto cuando la cara de ser pillado asomó en Joshua y tuvo que sonreír.
-Esperare entonces.

Sam sonrió al rubio mientras le daba un beso apresurado en la mejilla y seguía de cerca a St.Clair. Por lo cual Joshua no tuvo mas remedio que sentarse a esperar, mientras lo miraba caminar hasta tomar el ascensor y desaparecer. Con la intención de aprovechar el tiempo, sacó su agenda electrónica y empezó a digitalizar en ella actividades aplazadas o en revisión.

Pero su mayor pendiente era el caso Morris, del cual no podía dejar de pensar. Empezó con una llamada por su celular para localizar a Smith.

-¿Leibitz?...-respondió aquel no muy sorprendido de que su jefe le llamara después de horas de oficina…-No. No han soltado el expediente oficialmente. El dictamen sigue “in concluyente”.
-Traduce.
-El forense dictaminó muerte por rompimiento de cervicales, algo de drogas encima, no hay huellas útiles…..hasta el momento. El lunes a primera hora tendremos acceso al expediente.
-Lo necesitamos a la brevedad….-le dio un par de indicaciones mas, de las cuales Smith tomó nota y cortó después la comunicación.

Como aquello parecía que iba para largo, decidió aprovechar los minutos faltantes e ir al centro comercial que estaba frente al edificio.


Mientras el tic de Sam se hizo evidente una vez mas, mientras se cerraba la puerta del elevador.

-¿Nervioso?..-preguntó amable St.Clair.
-Algo, he tardado en confesarme algunas cosas a mi mismo y ahora…estoy a punto de hacerlo con media docena de personas.
-Es difícil.
-No tiene idea…-dijo Sam dejándose de recargar su espalda en la pared y empezando a caminar junto a StClair.
-He pensado en eso. Por eso esperaba encontrarte antes. Creo que deberías escuchar antes a los del grupo e ir contando poco a poco tu historia, eso te dará más confianza. ¿Te parece?

El joven abogado asintió y siguió al terapeuta hasta la sala donde le indicó entrar. Dentro otras personas ya había llegado y se encontraban algunas sirviéndose café, mientras que otras platicaban entre ellas.

-Bien, parecen que estamos todos. Voy a presentarles a un nuevo integrante, Sam Dickens. Estará con nosotros, por un tiempo.

Todos asintieron y se sentaron en círculo, unos frente a otros. Fue ahí cuando empezó a hacer, sin desearlo observaciones sobre sus compañeros de terapia y se encontró que en algunos casos les resultaba decidirse hacia que cambio de sexo había decidido. Inmediatamente recordó a Dolores y aquellas cosas que “ella” le había contado sobre su cambio de sexo. Lo difícil y dolorosas que resultaron sus operaciones y parte del proceso que tuvo que llevar a acabo para transformarse de un varón a una escultural mujer, que ahora posiblemente estaba ya casada y viajaba con su marido a su nueva residencia.

Encontró entre sus compañero 4 casos similares de hombres que se sentían atrapados en esos cuerpos y que había optado por la cirugía y que en varias grados se iba apreciado los cambios.

-…las hormonas me están desquiciando, ¿no seria factible eliminarlas?...-dijo “una de ellas”.
-No, ya hablamos de eso…-dijo StClair firmemente….-debes terminar la terapia hormonal, junto con los otros medicamentos, para que puedas tener “humedad vaginal” y sea funcional.
-Es…bochornoso, de pronto tengo ataques de ansiedad o unas ganas intensas de llorar…-decía “la implicada”.
-Solo tres meses más, luego podrán reducirte la dosis e iras mejorando. Debes tener paciencia. No dejar tus ejercicios, además.

Los demás asintieron, luego se hizo un silencio y casi sin darse cuenta todos volteaban a ver al nuevo integrante del grupo, por que era su turno de hablar.

-¿Quieres compartir algo con nosotros, Sam?...-le indicó St.Clair, con esa sonrisa que parecía que nunca desaparecía de su cara.

El joven abogado tenia la garganta reseca y no recordaba haberse sentido así frente al jurado un día atrás.

-Ahhh, yo….recién he hablado con mi pareja sobre…lo que soy. Lo que era. Lo que quiero ser. Yo…sigo indeciso sobre algunas cosas.
-¿Qué dijo tu pareja, cuando le dijiste que eras mujer?...-preguntó alguien del grupo.

Sam miró a StClair, quien le sonrió, dándole ánimos, luego volvió su vista a quien le preguntaba.

-Se sorprendió un poco…-sonrió ahora Sam al recordar como Joshua había tenido que tragar agua para aceptar el hecho de que su pareja era “mujer” en cierta forma….-ha ido acoplándose poco a poco a eso, pero le he dicho que…voy a terminarme por definirme y…..-la voz se le fue de la garganta a Sam.

-Quizás ella sienta miedo, por que crea que no podrás ser “funcional”…-dijo uno de ellos, creyendo que la pareja de Sam era mujer.
-Mi pareja es un varón….-dijo Sam viéndoles a la cara, sorprendido así mismo de decirlo y más cuando algunos asintieron y otros sonrieron.
-Pues mas sorprendido aun, entonces…-continuó “el chico”, quien había hecho la observación…..-si tu pareja es pasiva, debe sorprenderle.
-Aun…estamos definiendo roles…-acotó algo avergonzado Sam, quien dio un largo trago al vaso que sostenía.
-¿Quieres preguntar algo, en particular, Sam?...-intervino St.Clair?
-¿hasta donde esta bien, intentar cumplir nuestros sueños y no….lastimar a nuestra pareja?


Todos se miraban por eso, aunque era seguro que más de una vez ellos mismos se hicieran esa pregunta.

-No es siempre por la pareja, al principio es la familia. Ellos esperan “algo”, que seas “normal” o que al final te ajustes a lo “convenido”. Tardan en aceptarlo, pero si realmente te quieren, deben apoyarte….-dijo uno de ellos….-lo importante es que tu, estés seguro que lo que quieres y de las consecuencias.

St.Clair apoyó el comentario, alegando además que una vez bien definido eso, se tenía más del 50% de la batalla ganada.

-Eres tu, quien debe aceptarse, con tu apariencia actual o con la quien piensas adquirir. No hay vuelta atrás Sam.

El joven abogado asintió y luego el terapeuta dio por concluida la reunión, recordándoles que la sesión seria la próxima semana y que quería ver sus expedientes médicos ese día. Algunos de los compañeros de la sesión, se despidieron de Sam y éste les ofreció la mano, en igual gesto.

-¿No estuvo tan mal, verdad?...-le dijo St.Clair a Sam, mientras levantaba los expedientes de una de la sillas y ambos se habían quedado hasta el final.
-No. Aunque tampoco lo dije todo.
-Iras ganando confianza para aceptar en público tu condición. La cuestión aquí es si quieres que lo sepan o estas cómodo con la idea que han elaborado de ti.
-Piensan que fui mujer y me convertido en hombre.
-Técnicamente es verdad. No toda la verdad. Por eso no te desmentí. Serás tu quien decida quien debe saberlo.
-Gracias…-le dijo e iba continuar cuando la puerta se abrió y apareció Daniel saludando a ambos.

Las reacciones tanto de abogado, como del terapeuta fueron de sorpresa. Simplemente no esperaban su llegada.

-Pasé a saludarte, te vi pasar cuando llegaste…-Daniel enfocó toda su atención hacia Sam, alargando su mano para buscar la suya y retenerla por unos segundos, luego de que el abogado le respondiera y guardara sus manos dentro del sobretodo como manera de mantenerlas alejadas.
-Llegué unos minutos antes de empezar la sesión.
-¿Qué te ha parecido?
-hummm, bien. Paul, tiene mucha paciencia.
-Si, la tiene…-volteó hacia el aludido quien se mantenía en silencio, observando las reacciones de Daniel y no quedándole ninguna duda sobre el interés que tenia en Sam. Todo su físico indicaba a gritos su interés, mientras le retenía de un codo, ligeramente, pero con los ojos sin quitarle la vista y en total fascinación.

Solo miró por unos instantes a StClair y volvió su atención al abogado.

-Me alegra verte entonces…me preguntaba si te gustaría ir al juego de mañana, estarán los “Cachorros”, en el estadio. Tengo boletos para el juego de mediodía.

Sam sonrió por unos segundos pensando en lo mucho que le gustaría ver el partido y siendo sábado, era posible ir. Pero hacerlo con Daniel no era lo que tenía pensando.

-Eres muy amable, Danny, pero…-se soltó suavemente del reportero…-no creo que sea posible, yo…
-¿Estas demasiado ocupado, hasta los sábados?
-No, precisamente, eso.
-Ahhh, ya veo. “Tu novio”, no te permite salir sin él.

Sam iba a reclamar algo, pero entonces cayó en cuenta que St.Clair aun estaba ahí y que tomaba sus expedientes para retirarse, por lo cual guardó silencio e igualmente Daniel, quien casi lo ignoró

-Los veré después…-dijo StClair sin intención de intervenir y le dejó ahí.

Solo hasta que la puerta se cerró fue Sam quien reclamó.

-¡¿Qué fue eso, Daniel?!
-Te he invitado a salir y me haz dicho que no…-le incriminó aquel.
-¿A que viene eso, de que “si mi novio no me deja salir”?
-¿Es la verdad, no? Dices ser mi amigo, pero no puedes salir conmigo. ¿Qué clase de amigos somos, entonces?
-No tienes por que estarme sacando a colación que hago o que dejo de hacer.
-Solo te recordaba que tipos de amigos, parece que somos. Fuiste tú, quien me pidió que siguiéramos siéndolo, creo recordar.
-¡Eso es un golpe bajo, Daniel!...-y se terminó de poner el sobretodo encima de su saco, dándose la vuelta para dirigirse hacia la salida.
-Solo te pedí ir al juego, pero no puedes por que tienes que estar atendiendo al “noviecito” que tienes….-continuó Daniel con su retalia a media voz, caminando a un lado del abogado.
-Estas exagerando.
-¿lo estoy?...-le detuvo antes de entrar al elevador y sacó los boletos de su cartera…-¿Qué somos, amigos o solo conocidos para intercambiar información? Desde que estas con él, ¿Cuándo hemos podido tomar, un café, por lo menos?
-Bien, te invitare café y un gran desayuno el domingo…-marcó el piso de la recepción, pegándose en la pared de ascensor, sin sostenerle la mirada al reportero.
-¿Por qué no mañana?
-Por que tengo un departamento que limpiar de vez en cuando y desafortunadamente tendré que hacerlo mañana….-le dijo mirándole de nuevo para hacerle evidente su malestar.
-¿Es un pretexto?
-No, no lo es. Debiste avistarme antes. Me hubiese gustado ir al juego….-le recalcó antes de salir del elevador.
-Bien, ¿Cuándo piensas que tendrías tiempo para ir con “tu amigo”, sin llevar a tu novio?....-Daniel le retuvo de una muñeca, una vez que ambos estaban en el pasillo.
-Yo te llamare.
-¡Claro, cuando te deje un rato libre y estés aburrido!

Sam se terminó de fastidiar y sacudió su brazo para recuperarlo.

-¡Creo que te excedes y no te he dado lugar!
-Sam….entiende.
-¡No! Escúchame tú. No debes intentar chantajearme así. Soy tu amigo y me gustaría pasar tiempo contigo. Solo debes respetar mis “tiempos”. Debiste llamar antes para planear esa salida.
-¿y habrías dicho que si?....-le dijo burlón.
-¿No crees mucho en mi, verdad?
-Cada vez que intento acercarme a ti, tienes un pretexto para mantenerme alejado.

Sam iba a reclamar eso, cuando otra voz se unió a ellos.

-¿Algún problema?....-Ambos giraron hacia la autoritaria voz de Joshua, quien se encontraba a unos pasos de ambos y miraba con verdadera desconfianza al reportero, mientras cuestionaba doblemente con la mirada a Sam, buscando respuesta.

-No, ya me despedía….-se dio la vuelta, tomando de la mano a Joshua, quien se movía lentamente sosteniendo la mirada de pocos amigos de Daniel le dedicaba. Ambos estaban a punto de cruzar la puerta de cristal de la recepción.

Fue ahí, donde Joshua se detuvo.

-Espera un minuto, no me tardo…-se soltó de su mano, le dejó unas bolsas de papel con compras y volvió sobre sus pasos, sin darle tiempo al joven abogado de repelar. Caminó con pasos rápidos hasta la puerta del ascensor, donde Daniel aun se mantenía sin moverse, viéndole irse al principio y sin ninguna sorpresa cuando el rubio volvía.

Joshua se puso en frente suyo, en total despliegue de quien tiene voz de mando y esta acostumbrado a tratar con iguales sin ningún problema.

-Voy a decírtelo una vez más, por si te ha quedado duda. ¡Aléjate de Sam!
-¿O que…. vas a romperme la cara?
-No haz terminado de entender que nunca lo tendrás, que jamás….y escúchalo bien, jamás volverá contigo.

Daniel hizo una mueca e intentó girarse, pero fue empujado desde el pecho hasta inmovilizarle contra la pared.

-¡Suéltame!
-Dices que lo estimas, pues entonces no le pongas en entredichos. Lo lastimas y te rebajas…-le soltó.
-Somos amigos….-le increpó Daniel, retirándole las manos.
-Esa es la fachada con la cual pretendes acercarte a él. Acéptalo, esta conmigo ahora.

Daniel miró hacia el ventanal, donde podía ver la cara de sorpresa que tenia Sam y que no se atrevía a entrar de nuevo. El reportero se sacudió la ropa en un intento de poner algo de orden a su persona y sus ideas, mientras el abogado se alejaba hacia la puerta de nuevo, dejándole ahí.

El reportero se quedó unos minutos, con la espalda pegada a la pared, la mirada en el suelo y la terrible idea de que se había precipitado, expuesto y sobre todo que permitía una vez más que Sam se refugiara en brazos ajenos.

Cuando llegó a su despacho, dio un portazo, maldiciéndose por que nunca podía llegar a tiempo a la vida de Sam. Simplemente la vida le reclamaría una y otra vez por los desatinos de su juventud.


Quien estaba dispuesto a reclamar fue Sam, una vez que Joshua llegó a su lado, le arrojó las bolsas y empezó a caminar sin esperarle, hasta que el rubio le alcanzó.

-¡Sam, espera!
-¿A que? ¿A ver a quien le vas a romper la cara ahora?
-Sam…-le tomó de la mano y le jaló hacia su lado…-escúchame.
-¡No puedo creer lo que acabas de hacer!
-Solo lo puse en su lugar.
-Es mi amigo.
-Por lo mismo no le rompí la cara. Solo le pedí que dejara de fastidiarte.
-¿Cómo sabes que me fastidia?
-Eres bastante elocuente cuando lo estas. No sé que te dijo, pero te molesto y no voy a permitírselo.
-No quiero hablar al respecto. En este momento estoy molesto contigo…-empezó a caminar, buscando un taxi en la calle, hasta que Joshua le detuvo.
-¿A dónde vas?
-A mi departamento…déjame.
-Vamos, voy a llevarte…-le tomó del hombro y le hizo caminar a un lado suyo, aun cuando era evidente que Sam se encontraba fastidiado, pero ahora con él.

Arrojó los paquetes al asiento trasero, una vez que el castaño cerró su puerta. Joshua dio una gran bocanada de aire y buscó entre sus bolsillos la cajetilla de cigarros, de donde encendió uno antes de subir.

“Si serás estupido, Joshua. Haz caído redondito donde ese pelagatos te ha dejado ser. Ahora ver como sales de esta”...pensaba el rubio, quien entendía que enfrentar a Daniel de esa forma, solo lo había dejado mal parado con Sam y ahora tenia el gordo problema de justificar su proceder. No hacia mas de unas horas que Sam le reclamara sus celos y arrebatos y que el mismo le pidiera no hacerle “berrinches” y ahora le daba una muestra de su falta de tacto al técnicamente atacar a su amigo en pleno pasillo de un edificio público.

Dio un par de bocanadas más y arrojó el resto del cigarro, que ni podía fumarse de la impaciencia. Entró al auto, donde Sam se encontraba mirando por la ventana visiblemente molesto. Intentó tomar su mano y le fue retirada.

-Déjame en mi departamento, por favor…-le dijo Sam sin verle.
-Sam.
-No quiero hablar sobre eso, Joshua. Por favor.

El ojiazul encendió el auto y se concentró en el tráfico, buscando de nueva cuenta sus cigarros, como intentando evadirse de la incomoda situación en la que se encontraba.

-¿No haz fumado, demasiado?..-le murmuró Sam quien no le perdía pista desde el reflejo de la ventana.
-¿Te molesta?
-Me haré fumador pasivo, a este paso.
-Ocupas un poco mas exposición para eso…-aun así, arrojó el resto de cigarro e intentó tomar de nueva cuenta la mano de Sam, que esta vez no la retiró. Intercaló sus dedos y luego la puso sobre sus rodillas, donde generalmente la dejaba descansar cuando viajaba a su lado.

Por minutos continuaron así, en silencio. Mientras ambos sopesaban sus palabras.

-¿Puedo preguntarte, como te fue en la terapia?...-se atrevió a preguntar Joshua luego de que el silencio le fastidiara.
-Bien, es un grupo interesante….-dijo un rato después, intentando parecer sereno….-es bueno saber, que no soy el único con angustias por cambios de sexo.

En el próximo alto, Joshua acercó su mano al hombro de su acompañante, hasta llegar a su mejilla, donde la acarició con el dorso, mirando como Sam entrecerraba los ojos por la caricia.

-Sabes que te quiero…-le dijo el castaño reclinando su cara sobre esa mano, reteniéndola…-aunque seas tan impulsivo.
-Tienes toda la culpa por eso.

Sam dio un bufido por eso e hizo una media mueca, resultándole gracioso tal afirmación.

-¿Ahora resulta que soy el culpable de tus arrebatos?
-No, acepto que estuve fuera de lugar.
-Menos mal….-sonó aun algo sarcástico.

Los siguientes minutos fueron tensos, entre Joshua concentrándose en el tráfico y Sam intentando mantenerse en silencio. Lo peor llegó cuando llegaron a su destino y se estacionaban frente al edificio del joven abogado.

-Sam…-iniciaba Joshua, una vez que apagó el encendido del auto, pero aquel ya se quitaba el cinturón de seguridad y tomaba su portafolio.
-Gracias por traerme, nos vemos después.
-¡Sam, espera!....-gritó y empezó a maldecir al ver que su ángel cruzaba la calle sin voltear a verle, mientras el peleaba por quitarse el cinturón. Cuando bajó por fin, Sam entraba al edificio cerrando la puerta.

-¡Maldición!...-gritaba Joshua arrojando su saco al asiento trasero. Lo dicho, Sam podría ser un ángel la mayoría de las veces, pero le arrojaría al precipicio si no lo consideraba digno.

La verdad era que el castaño casi corrió hacia su departamento, con la ilusoria idea de que detrás de su puerta tendría algo de protección, por arraigo o solo por que era su dominio y gritar su frustración. Arrojó llaves, el maletín, el celular y por último el saco.

Se quedó detrás de la puerta, preguntándose como era posible que en tan poco tiempo, todo se hubiera venido al suelo. Dos discusiones en una misma tarde, un record para muchas parejas. Apenas a media tarde le había arrojado la corbata encima de su escritorio, cuando le había hecho un comentario fuera de lugar. Indiscutiblemente Joshua era demasiado posesivo y celoso. Y él no podía tolerar que se fuera a las manos contra cualquiera que se le acercara, con el pretextó de ponerlos en su lugar.

Respiró hondamente, pretendiendo tranquilizarse, pero se sentía demasiado confuso e inquieto. Intentar amar a Joshua significaba estar siempre en una montaña rusa de emociones, donde se despertaban bien y no sabía como terminarían el día.

No era eso, precisamente su concepto de pareja.

Un par de golpes en la puerta le sobresaltaron. Más por que reconoció al propietario.


-¡Abre, sé que estas ahí!.....-el murmullo apenas audible detrás de la puerta le hizo llevarse los nudillos a la boca para no gritar. La duda se presentó de pronto ante la idea de no abrirle, dejarle ir y que ambos tuvieran tiempo de pensar fríamente que sucedía.

Nuevos golpes y el corazón en un vilo. Podría fingir que no escuchó el llamado.

-¡No me dejes fuera de tu vida!....-escuchó que tocaba la puerta con los nudillos, acompasadamente. Luego silencio. Pero no se escuchaban pasos. El sonido del celular le hizo dar un brinco.

Sam inclinó la barbilla sobre su pecho y volvió a respirar. Cuando decidió abrir fue después de los tres timbres del celular y su propietario tenia el móvil en la mano, mirándole cuando apareció detrás delante de la puerta. El rubio guardó su celular y puso delante de él las bolsas, en un ademán de entregárselas.

-Son para ti.

Sam se hizo a un lado para dejarle pasar, mientras miraba hacia el pasillo vacío, luego cerró la puerta, mientras Joshua continuaba sosteniendo las bolsas. “Lo siento”, le escuchó decir. El castaño tomó las bolsas, sin verlas, dejándolas a un lado y se abalanzó sobre Joshua, haciéndole dar unos pasos hacia atrás, pegando su espalda contra la puerta, reteniéndole de las muñecas y subiéndolas por encima de sus hombros.

-No tiene remedio, Joshua.
Los ojos azules de éste, brillaron intensamente, sorprendido, impresionado de la reacción. Cerró los ojos cuando sintió los labios de Sam llegar a su cuello, mordisqueando delicadamente, saboreando como fruta prohibida.

Joshua ronroneó y luego abrió los ojos de súbito cuando dejo de sentir el contacto. Sam se separaba, avergonzado de su repentino acto. Pero Joshua no le dio tiempo de arrepentirse del todo.

-Te amo.
-Me vuelves loco, Joshua. Tus celos…
-Serán mi perdición, lo sé…-se aferro a su cintura, y dejo caer en su pecho su cara, avergonzado de sus actos. Sus celos, el miedo de perder ese ángel que se manifestaba día a día en su vida, la idea de que otros le deseara, o la idea de que lo expulsara de su vida, le dolía demasiado de solo pensarlo. No podía imaginar la vida, sin tenerle.

-Debes dejar de pretender convertirte en mi defensor. Confía en mí. Seré capaz de defenderme.
-Solo pretendía ponerlo en su lugar.
-Eso mismo hice yo. Sé lo que pretende Daniel, no soy tan incauto….-le levantó la barbilla para verse en sus ojos…-busca pretextos para tenerme cerca, no acepta del todo mis decisiones. Por eso discutíamos.
-Solo oculto mi miedo a perderte…-sus ojos brillaban y Sam le atrapó la cara entre sus manos, acercándola a la suya.

-Joshua….Joshua….-susurraba su nombre pegando sus labios a los suyos….-te amó, diablo de ojos azules. Me tienes prendido a tu vida, a tus manos, a tus labios, a los latidos de tu pecho.
-Sam…-le besó trémulo, sin prisa, mientras el castaño respondía la caricia.
-desde que estoy contigo, cada día es un salto al precipicio. Nada es estático, ni…continuo.
-Mi amor es continuo y solo tuyo. Soy tan feliz de estar a tu lado, que no quiero que nadie más te desee, ni mucho menos te aleje de mí.
-Daniel no es competencia, ni nadie más.
-Lo sé, lo sé.
-No te expongas. Al hacerlo, me arrastras.
-Me disculpare con tu amigo, ¿es lo que quieres?
-Eso lo decidirás tú. Lo que no necesitamos son sobresaltos. Te admiro, como abogado y jurista. Respeto tus opiniones, no solo por que eres mi superior, sino por tus habilidades. Pero debes confiar en las mías.
- ¡Confió en su habilidades!
-Entonces no pretendas defenderme como casta doncella, cada vez que alguien me levanta la voz. Golpeaste al fiscal y aun paso estuviste de hacerlo con Daniel. ¿Quién sigue? Olvidas nuestra situación, trabajamos en la misma firma, eres una figura pública, es un edificio federal…
-fui un soquete, lo siento.
-Eres eso y más.
-¿No me mandaras a dormir a sillón por eso?...-le dijo juguetón, buscando romper la tensión.
-Te mereces que te mande a tu casa…-buscó separarse e ir a la cocina, pero los dedos de Joshua se enredaron entre los suyos para impedírselo.
-No lo harás, Sammy.

Joshua le atrapó de nuevo, le llevó a tropezones hasta la recámara del castaño, donde le mostró como algunos demonios extienden sus hermosas alas, en batida furiosa, contra aquellos seres de la luz, que tanto envidian y desean. Algunos hasta están locamente enamorados de ellos y harán cualquier cosa por tenerles.

Los gemidos que escaparon de la boca de Sam fueron la única “protesta” ante ese hecho. Joshua gritó de placer cuando se sintió invadido, se entregó sin reservas en la búsqueda hacerse uno hasta consumarse. Sam se durmió después en sus brazos, mientras Joshua le acariciaba el cabello y ronroneaba su nombre.
“Sam, Sam”.

Definitivamente nada satisfecho, se encontraba Daniel en su despacho. Revolvía papeles de un lado a otro, en un afán de prolongar su permanencia en la oficina, ya que volver a su departamento no le era nada emocionante.

Escuchó el timbre de su celular y tardó unos segundos en decidirse en responder. Cuando se hartó de la impaciencia, le dio entrada a la llamada.

-¿Dónde estas?
-Camino algún lugar. ¿Que buscas, JC?
-Ubicarte, para pasar la noche.
-No me apetece.
-Jajajajajajajaja. Bramaste la última ocasión.
-Estimúlate con eso y que la noche te sea leve….-Daniel cortó la llamada, no sabiendo si maldecirse por ello o por lo que seguro vendría después. El fiscal de distrito no se quedaría con las manos en los bolsillos recordando viejas hazañas, menos cuando tenía intención de perseguir a Leibitz. No por que el rubio le importara, sino por que Sam estaba entremedio de ellos dos.

Pero Sam no era una doncella que rescatar, así que también tendría que apañárselas solo, por que simplemente esa noche, Daniel había decidido mandar todo al diablo.

Paul salía de su oficina, donde había pasado la última hora revisando pendientes para llevárselos a casa. Por el pasillo notó la luz encendida en uno de los despachos y se preguntó como le habría ido a Daniel.

“Seguro que bien, que mas”, se dijo. Sin embargo la imagen que tenia el reportero en ese momento no era precisamente la de alguien que se encuentra feliz por haber logrado una cita. Tenia el aspecto de total fastidio, en algo parecido a la limpieza de verano de algún desván.

Era el mejor momento para dejarle solo y no recibir alguna justificada grosería de su parte. Quería estar solo, se le notaba a leguas, pero era en esos momentos cuando mas se necesita alguien con quien hablar. Algo similar a un suicida en la cornisa a quien no se le deja para lo medite solo, sino hay que darle la mano para hacerlo bajar.

“Si te manda al diablo, te lo tienes ganado y además, así te lo quitas de la cabeza, de una buena vez”. Se dijo así mismo Paul, para darse valor y abrir la puerta.

-Hola. ¿Trabajando tarde?..-le dijo en el tono mas amigable que tenia y lo acompañó con una sonrisa, para enmarcarse.

Daniel le miró, como quien mira las nubes en el cielo y se pregunta si lloverá, pero sigue caminando para que no le alcance.

-¿Se te ofrece algo?...-le dijo minutos después de que le dejara hablar sobre que ya se iba y vio luz en su despacho, que era demasiado tarde….y un “, bla, bla, bla”, que en ese momento le pareció fuera de lugar.
-Una copa de escoses con hielo…-dijo el terapeuta.

La cara de sorpresa del reportero ante esa respuesta, puso en alerta a Paul.

“Grandioso, que gran dialogo, Paul. Ahora es cuando te manda al diablo. No olvides sonreír”…-se decía, mientras giraba sobre sus pasos, en evidente comprensión de su torpeza. Una cosa era intentar resolverla la vida a los demás y otra, mucha mas complicada era intentar hacerla con la suya.

-Bien, hay un bar abierto, unas cuadras, calle abajo…-casi rezongó Daniel tomando su abrigo y pasando a un lado del terapeuta.

Paul sonrió de nuevo, no por diplomacia, sino totalmente encantado. La sonrisa le duró minutos mas tarde, mientras el camarero le servia un “escoceses en las rocas” y Daniel pedía un whiskey doble, el cual bebió de un golpe, sin dar mucho tiempo a que Paul le diera un par de sorbos al suyo, mientras pedía el próximo.

-¿Piensas emborracharte?
-¿algún problema?
-No…creo que no.

Cuando llegó el siguiente trago, Daniel volteó por fin a ver a Paul, a quien simplemente no prestaba atención. Demasiado ocupado en sus pensamientos, como para dedicar atención a alguien más.

Respiró hondo, tanto que pareció un quejido. El cual no pasó desapercibido para Paul.
-¿Quieres hablar de eso?
-¿Podrías intentar no hacer sicoanalsis por unos minutos conmigo?
-Solo hago una pregunta obvia.
-¿Qué es cual, exactamente?...-le miró directo a los ojos.
-¿Cuánto tiempo piensas seguir engañándote con Sam?

No había furia en los ojos de Daniel, sino más bien la tacita aceptación de que había acertado a su dolor.

-¿Tan evidente era?
-Que te interesa, a leguas.
-No….que me engañó….-dio un largo trago….-esta interesado en otro y ambos están juntos. Parece egoísta de mi parte, solo interesarme en tenerle a mi lado.
-Todos los amores son egoístas.
-Si, eso dicen….-Daniel concentró en su bebida y pidió una más.

Paul intentó no tratarle como un terapeuta, ni buscar sicoanalizar la frustración de no tener a quien se decía amar. No era ni ético, ni mucho menos estaba libre de pecado. Pero a diferencia suya, Daniel si había intentado alcanzar el objeto de su deseo. El terapeuta dio un largo trago a su bebida, diciéndose que también él lo intentaba.

¿No estaba ahí, bebiendo al lado del hombre que le gustaba, desde hacia tiempo? Aunque consolarlo por el desengaño de otro amor, era una forma rara de empezar algo, se dijo que tenía que seguir intentándolo.

Cuando Daniel se tomó la cuarta copa de un trago de nuevo, Paul le quitó el vaso y lo puso a un lado para que el camarero se lo llevara.

-No es la solución.

El reportero elevó los hombros y se levantó.

-No, pero esta noche me emborrachare.
-No puedes conducir. Dame las llaves…-le exigió.
-¿Quién te crees?
-Alguien que se interesa por ti.
-¡Si, claro!...-se rió, buscándose las llaves de su auto, pero sus ojos se abrieron de par en par, cuando Paul lo retuvo la cara y en plena puerta del bar le besó, casi en forma furiosa y trémula.
-¡Dame las llaves!...-le exigió luego el terapeuta y no tuvo tiempo de reaccionar mientras se las daba y le indicaba donde estaba el auto.

Ambos entraron al vehiculo, mientras Paul se había puesto al lado del conductor y ponía las llaves en el encendido, mientras que el otro le miraba por primera vez a detalle. Pocas veces había prestado atención a Paul, de hecho no le definía completamente si era gay, transexual o un hombre demasiado extraño.

-¿Dónde están los cambios?...-preguntó el terapeuta, mientras se acomodaba en el auto. La mano de Daniel se puso encima de la suya y le indicó la entrada de embrague de la caja de cambios. Paul miró la cara de Daniel, quien ahora le observaba con súbita curiosidad…-¿Qué sucede?
-Me sorprendes.
-No pensaras que te dejaría emborracharte en cualquier bar. Hazlo en tu casa.
-Me refería a lo que hiciste en la puerta.
-¿No me dirás, que es la primera vez?
-Contigo, si.
-Si eso te molesta.

Daniel no respondió, pegando su cabeza en el asiento, dejándose llevar por el estupor del recién ingerido licor.

-¿Sabes llegar a mi departamento?
-No confiaba en que me indicarías como hacerlo.

Una risita apagada de Daniel y otra de Paul fue lo que se escuchó junto con el encendido del auto, que se unió al tráfico.

Jeremy Carson se quedo unos minutos con el celular en la mano, intentando encontrar una razón por la cual ese reportero de pacotilla se había atrevido a cortarle la llamada y además técnicamente mandarlo de paseo.

Cuando le dijo que quería pasar la noche juntos, era precisamente lo que buscaba. Además de hacerle bramar, pidiendo mas.

Guardó el móvil en su saco, después de intentar un par de veces mas hacer conexión. Seguro, lo había desconectado o bloqueado. Pero si suponía que con eso podría mantenerlo alejado, se equivocaba. Ya le haría recordar que ambos tenían un pacto y él tenia que avenirse para cumplirlo.

Puso sus ojos en la secretaria, que estaba por retirarse, quien le indicaba que el inspector Felix acababa de llegar y se encontraba en la antesala.

-¿Le entregó el informe del forense?
-No. Quiere hablar con usted.
-Hazle pasar.

Dean Felix se sentó en el amplio sillón de piel frente al escritorio del fiscal de distrito, acarició la textura del material y casi ronroneó ante la sensación. Se desabrocho el saco y cruzó las piernas, mientras escuchaba las ultimas indicaciones que el fiscal daba a la secretaria antes de irse y cerrar la puerta.

-Debes tener una buena explicación, para que hallas venido a verme…sin el informe del forense.
-¿Quién dijo que no traigo el informe? No se lo entregue a tu secretaria, que es diferente.

La sonrisa de Jeremy hizo particularmente feliz a Dean, aunque sabia que seria fugaz, pero le dejó leerlo en silencio hasta que empezó a gritar.

-¡Que demonios significa, Felix!....-arrojó el expediente sobre el escritorio cuando lo revisó rápidamente y no encontró lo que buscaba.
-Exactamente lo que lees. No hay pruebas fiables.
-Pero el mal nacido estuvo en el bar con ella…hay testigos. ¿O también son poco confiables?
-No hay huellas digitales que lo ubiquen con la occisa. No traía guantes cuando lo detuvieron. Y los testigos…lo ubican en el bar, hablando con ella. Pero ninguno esta seguro de si ella estaba viva, cuando Morris dejo el bar. Solo circunstancial.
-¡No me vengan con eso!...-le gritó levantándose y buscando un vaso donde puso licor que tenia en una licorera.

Dean se levantó, no por que le fuera ofrecida una copa, sino por que también la necesitaba y empezó a servirse, mientras miraba los hermosos ojos avellana que tenia Jeremy, que en ese momento estaban furiosos y tenían un brillo particularmente intenso y fascinante.

-Aun es pronto, pero las primeras averiguaciones no lo incriminan del todo. De cualquier manera, Morris se puso la soga al cuello solo. Pasara el resto del juicio en prisión.
-¡No quiero que pase solo el juicio! Ese tipo mató a una testigo. ¿No te parece suficiente para mandarlo encerrar?
-Bueno, la testigo no era precisamente una blanca paloma. Ambos sabemos que clase de mujer era. ¿Quién no te dice que la asesinó cualquier otro de enredos?
-Me importa un comino si fuera la bruja del “Este”. Era testigo en el juicio.
-Ahhh, pensé que diría, “pobre mujer que ha perdido la vida en forma sorpresiva y violenta”

Jeremy se sentó en el sillón, mirando al investigador de homicidio de arriba abajo. Era evidente que tenía un buen cuerpo y las mezclillas ajustaban más sus largas piernas. Para ser latino, tenía rasgos interesantes, como esos ojos grandes y los labios bien definidos. El fiscal sonrió, mientras se remojaba los labios en el licor.

-Bien, ¿Qué esta pendiente?
-Pues bastante, me temo. Vaciaron el departamento de tu ex -“testigo”. Parece que tenia deudas que alguien buscó cubrir inmediatamente, creemos que su alcahuete.
-¿Confirmaron las llamadas telefónicas con Morris?
-Si. Ella se comunicó con él. ¿Tienes idea de por que lo haría? Por que soy de la particular idea de que pretendía chantajearlo.
-¿En que basas esa opinión?
-¿Por qué le llamaría, entonces? Además, no fue demasiado convincente en el juicio. No lo inculpó realmente. Fue algo ambiguo, creo.
-Nunca te pareció confiable, ¿eh?
-Era una ficha, ya antes había hecho tratos para evitar ir a la cárcel. Ahora, creo que se pasó de lista. Y alguien le paso la cuenta.

Jeremy sonrió, ante la poca falta de pena por la pérdida de la testigo. Para Felix, los culpables lo son, aun con tratos de abogados o de fiscales.

-Averigüen que conexiones tenia con el resto de los jugadores, quizás su distribuidor de drogas la extrañará.
-Seguramente si, los jugadores siempre son compradores potenciales.
-Localicen las cosas de su casa.
-Estamos en eso….-Dean terminó su copa y la dejó sobre la mesita.

-¿Algo mas?...-preguntó Jeremy, intentando parece ocupado.
-Del caso nada, es todo. Me preguntaba…-dijo mientras se ponía el sobre todo…-¿Si sabes de algún buen lugar para cenar? Podríamos ir y platicar.
-Sobre el caso no estoy interesado.
-Ni yo. Pero habrá algo más de lo que podamos hablar, supongo…-se mordió los labios y Jeremy pudo ver el brillo en sus ojos negros que revelaban un inusitado interés en su persona. Lo cual no supo si le halagaba o le fastidiaba en ese momento.

El investigador miró entonces de arriba abajo al fiscal, respondiendo a la anterior revisión que sabia le había hecho y cuando se encontró con los ojos de Jeremy no encontró rechazo, sino más bien curiosidad, aun decidiendo si lo mandaba de paseo.

Aunque creía que no se había equivocado, tenía la plena convicción de que le gustaban los hombres. Además la historia que se separaba de su mujer por incompatibilidad de caracteres, era más que creíble. Tenia la idea, de las pocas ocasiones que lo tenía cerca, que Jeremy debía ser ardiente en la cama y simplemente no lo imaginaba con la mustia que parecía la esposa.

-En realidad, tengo cosas que hacer….-le dijo Jeremy.
-¿Desempacar en tu nuevo departamento? ¡No me veas así! Lo sabe media Comisaría.
-Pues bien, ya tengo un pretexto.
-Soy bueno desempacando.
-¡No me lo digas, algún familiar se dedicaba a las mudanzas!
-No, trabaje en los astilleros unos años, para pagarme los estudios. Así, que puedo cargarte….algunas cajas.

Jeremy cerró su maletín y tomaba su abrigo.

-Si no te conociera bien, pensaría que….no me darás las condolencia por mi separación.
-Sinceramente, no. Pienso disfrutar el hecho de saberte divorciado.
-Estoy en trámites aun.
-Mientras no vivas con ella, me da igual.

El fiscal se volvió hacia el investigador encarándole.

-¿Estas insinuándome algo?
-Mi interés, supongo. Se te dan los tipos, ¿no es así?
-¿Qué, con ello?
-Solo di que si.
-Yo decidiré lo que digo y a quien….se lo digo.

El fiscal pasó de largo, ante la mirada socarrona de Dean, quien había buscado la forma de acercarse al fiscal anteriormente para insinuarle por lo menos su interés. Ahora que sabia que se divorciaba, no pretendía dejar escapar la oportunidad de por lo menos intentarlo. Aunque tanteaba la idea de que posiblemente se separara de su mujer por que había algún “otro” haciendo mal tercio.

-¿Cenamos entonces?...-preguntó una vez que entraron al elevador.
-¿En serio te estas pensando…”algo” conmigo?

Dean eran poco más alto y fornido que Jeremy, contando el hecho de que además era policía de carrera y como le confesara, también había trabajado para mantenerse. Lo cual no solo le había dado carácter, sino un buen tono muscular, sino que tenía una indiscutible presencia. La cual puso en acción, poniéndose frente al fiscal y poniendo las manos a los lados de su cuerpo, sin tocarle.

-He pensado muchas cosas…contigo. Algunas no podría platicártelas aquí, pero seguro no te ruborizas, fácilmente.

Jeremy le empujó con fuerza

-¡Te estas propasando…teniente!
-¿Lo crees? Yo te diré lo que es propasarse…-le sujetó de nueva cuenta la muñeca y le retuvo mientras acercaba sus labios al sorprendido fiscal. Respiró encima de ellos y luego le soltó.

El teniente le sacudió el saco a fiscal, acomodando su corbata y luego se separó lentamente, dándole espacio mientras guardaba silencio. Jeremy respiraba rápidamente y miraba de soslayo al investigador que había tenido tan osada acción.

-¡Eres un idiota!
-Si me lo han dicho. ¿Me propase?

Jeremy no respondió, salio del elevador y caminó rápidamente hacia la salida lateral del edificio, donde tendría vía mas rápida para llegar a su auto.

Felix lo seguía sin decir nada, ni tampoco dejándole. Ahora que conocía tan de cerca el aroma del fiscal no podía dejarle ir tan fácilmente. De mas estaba decir que desde que lo conoció en los juzgados le dejó impactado, su presencia, fiereza con la trataba sus casos y la sutil ligereza para acomodar las leyes cuando algún maleante pretendía pasarlas por alto. Le gustaba su estilo firme y decidido. Compartía la filosofía de que la ley institucional era el mejor instrumento para detener el crimen a falta de poderla tomar en propia mano.

Lo alcanzó mientras Jeremy arrojaba su abrigo y su maletín por la puerta trasera.

-¿Entonces…que?...-le preguntó mientras ponía su mano en la capota a un lado de la puerta impidiéndole entrar.
-Vete a dormir, teniente o a comer donas en algún lado.

Felix le empujó contra el auto, poniendo sus manos en los hombros del fiscal y reteniéndole con su cuerpo.

-¡Solo dime que no te interesa y no me ando con rodeos! Eres un engreído, ¿lo sabias?
-jajajajaja. Te acobardas fácilmente, teniente.
-Deja lo de “teniente” por la paz. Hice una pregunta simple.
-Haz hecho tantas en esta noche, que ya no se cual exactamente…-le medio sonrió intentando quitárselo de encima.
-¿Te van los tíos…si o no?

Jeremy volvió a reírse, mientras era de nuevo retenido. Era obvio que Felix no se daba por enterado de las sutilezas. Y para dejárselo claro, puso su mano en el abrigo, acariciando lentamente sobre el jersey que se veía debajo. La caricia fue deliberada y dirigida hacia el pecho, lo que hizo estremecer al teniente y acercó de nueva cuenta los labios que había dejada pendiente minutos atrás.

Le besó furioso, apasionado, empujando la lengua para entrar y reteniendo la cara del fiscal para ganar empuje. Jeremy disfrutó la intensa caricia que pretendía devorarle en un solo beso.

Pero intimidarse no era la forma de actuar del fiscal, que al tiempo que se separó Felix para verle, extasiado por probar ese manjar, solo sintió el rodillazo en su entrepierna que le sofocó y le hizo soltar unos segundos al fiscal que lo empujaba.

-Eres ingenuo, teniente, pero besas bien…-Jeremy se acomodaba en el asiento, mientras Felix se sostenía en la ventanilla.
-Quédate y te mostrare lo demás….-boqueaba el aludido.
-Yo decidiré cuando y donde.
-Te gusta tener el control, ¿no es cierto?
-Tenlo por seguro.
-Voy a ser la “orna de tus zapatos”, fiscal.

La risa de Jeremy se escuchó mientras encendía el auto e iniciaba la marcha, dejando a Felix más ardido y excitado. Conocía ahora el aroma y el sabor de la boca de Jeremy Carson, solo era cuestión de tiempo, de que le mostrara lo que sentía y deseaba por él.

El resto del camino Jeremy iba en silencio, sorprendido en demasía de la declaración de Felix. Había notado antes las miradas que le dirigía y la atención que ponía en su persona, pero de eso a que le interesara en otro plano, era algo que seguía pensando si le era del todo conveniente o bien no valía la pena arriesgarse por una revolcada con un subalterno. Aunque no dejaba de sorprenderle esa húmeda y hambrienta caricia, por lo cual rozó sus labios.

Aun después de verle por el ventanal, donde observó que le había seguido y que estacionaba su auto cerciorándose, seguramente de que era su departamento. Le vio encender fuego en la oscuridad y por unos segundos pensó en llamarle para hacerle subir. Pero luego se lo pensó mejor. Si tenia que llamar a alguien ese seria a Joshua.

Marcó los números que había conseguido de la compañía telefónica. No precisamente de forma legal, pero los privilegios de ser fiscal de distrito no eran para dejarse escapar.

Viernes, en la noche, seguramente estaría retozando con la “zorrita” de Dickens, pensó. Volvió a llamar un par de veces, pero solo accesaba al buzón de voz, lo que confirmaba que era el número adecuado. Por lo cual decidió dejarle un mensaje, el que inicio lentamente, casi extasiado con la idea de que le escucharías mas tarde.

El tráfico aminoró después del puente, por lo cual Paul rápidamente pudo tomar la salida para entrar al suburbio donde dejaría a su adormilado compañero. En esos minutos había reflexionado sobre la incoherencia que realizaba a irle a dejar a ese extremo de la ciudad y como haría para volverse luego.

-¡Despierta! Casi llegamos
-¿Quien dijo que duermo?..-se dijo el reportero, mientras se restregaba la cara quitándose el sopor de la cara.
-Tus ronquidos.
-No ronco, imaginas.
-Lo que digas.

Estacionó el auto enfrente del departamento y Paul se bajó tomando su abrigo y arrojándole a Daniel las llaves, luego buscando su celular.

-¿A quien llamas?
-Tengo que encontrar un taxi, debo regresar.
-¿Por qué no te quedas? Bebemos juntos, continúas sicoanalizándome y no te expones a que te roben. O mejor llévate mi auto….-ofreciéndole las llaves de vuelta.
-¿Hablas en serio?
-¿Qué te lleves el auto? Claro.
-No, que me invites a pasar.
-Ahhh, eso. Si. Claro, la botella esta más de la mitad, no podría solo.

Era un departamento pequeño, tenia de todo, aunque el desorden de libros, periódicos y revistas llegaba hasta el sillón, de donde Paul quitó algunas cosas para sentarse.

-Tienes suerte, tengo hielo…-le dijo Daniel mientras le pasaba un vaso y luego le servia licor en el.
-Afortunado…-vio que el reportero se sentaba a un lado suyo, sin acercarse, dejando la espalda en el recargo del sillón mirando con detenimiento a Paul, quien curioseaba su vista por el departamento.
-¿Por qué lo hiciste?...-preguntó después de un rato el reportero.
-No te iba a dejar tirado en un bar.
-¿Por que me besaste? Dijiste que te interesaba. ¿Es cierto?

Paul continuó dando un par de sorbos más, necesitaba valor para confesar sus sentimientos. Pero el silencio fue interpretado por Daniel como una forma de arrepentimiento, así que decidió no fastidiarle con eso. Igual pensaba emborracharse.

-Me agradas, desde hace tiempo, desde que llegaste al SNIA, un día que tropecé contigo en el ascensor, ¿recuerdas? No, seguro que no. Hablamos poco, y no somos muy amigos que digamos…..-empezó Paul sosteniéndole la mirada.
-Soy poco sociable, en general.
-Lo sé. Casi no sales con nadie.
-Tengo una agenda apretada.
-Si….-bajo la vista concentrándose en el vaso y cuando miró al reportero, se dio cuenta que no dejaba de observarle.
-¿Exactamente, que eres?
-¿Cómo que, que soy?
-¿Niño-niña, o niña quiero ser niño o que?

La risita de Paul fue contagiosa y Daniel se unió a ella.
-¿Eres lo que predicas en tu terapia?…. “La diversidad de los géneros”
-No predicó, habló de lo que sé.
-Dime entonces que eres y así no divagare.
- Soy un Fem-M (*). Me llamaban Pauline antes de salir del colegio. Ingrese a la universidad con este genero, soy varón desde entonces.
-Ahora me explico por que nunca llegas con la barba de media semana.

Paul le arrojó el primer cojín que encontró, ante una risa por el comentario que le pareció de lo mas graciosa.

-Explícamelo entonces, si te hiciste varón, ¿Por qué me besaste? ¿No deberían gustarte las mujeres?
-Descubrí que no me gustaban las mujeres. No soy lesbiana, digo….no me excitó con ellas.
-Pues sigo confundido. ¿Cuándo lo descubriste? ¿Cuándo te trepaste a una?
-¡Que prosaico!
-Lo siento. No quiero ser grosero, solo soy curioso…-retuvo su mano, cuando intentó Paul levantarse, indicándole seguir.
-Mira, no quiero molestarte, pediré un taxi y te dejare emborracharte en paz.
-Vamos, quédate. Ya me disculpe. Es curiosidad, anteriormente no conocía a ninguna que hubiera hecho un cambio tan…drástico. Estoy seguro que te he visto en los sanitarios sin ningún problema.
-Te he dicho que soy varón desde hace años y puedo utilizar los orinales bastante bien, sin mojarme los zapatos. Quizás lo único que no hago, sea escupir o eructar después de las comidas, el resto se me da bastante bien.

Ambos ser rieron, Daniel acarició el cenizo cabello de Paul, que en ese momento le pareció bastante suave y que no podía resistir tocar. Paul sintió los dedos enredarse en sus cabellos y eso le erizó los vellos de la nuca por lo cual se hizo a un lado para evitar ceder en la tentación.

-¿Cuándo descubriste que te gustaban los varones?..-Daniel le sirvió más licor, llenando ambos vasos.
-Cuando mi novia se cansó del amor platónico que teníamos y me largó en un bar….-empezó a reír por los efectos del licor en su cuerpo….-ahí me encontré a un tipo, empezamos a platicar y una cosa llevo a la otra. Fue…una sorpresa para mí.
-¿Te arrepientes del cambio de sexo?
-No. Nunca dije eso. Me gusta ser hombre, siempre lo desee y cuando lo logre, todo valió la pena.
-Fue un camino muy largo.
-Y no me arrepiento. Solo me gustaría, compartir mi sexualidad, sin problemas.
-Todos deseamos eso, creo.

Bebieron un poco más y cuando Paul bostezó, poco acostumbrado a la bebida y trasnochar, por lo que Daniel le indicó donde se encontraba la cama.

-¿Vas a dormir en el sillón?...-le preguntó el terapeuta, cuando vio que tomaba una almohada y una colchoneta para irse a la sala.
-Dormirás más cómodo solo. Ronco, ¿recuerdas?
-Daniel…-le tomó de la mano…-cuando dije que me interesabas, era cierto. Me gustas, me gustas mucho.

El reportero acarició la fina barbilla de Paul y la rozó con sus labios. No quería lastimarlo ni mucho menos. Ahora que le había mostrado parte de lo que era, reconocía que era un hombre con gran valor, dedicado a ayudar a otras personas en el difícil camino de la aceptación personal. Pero era demasiado pronto para aceptarle, demasiado pronto, por que el amor que sentía por Sam no desaparecía con media botella de licor consumida.

-Duerme, mañana veras las cosas con otra perspectiva.
-¿Lo crees?
-Seguro, ambos lo veremos diferente.

Daniel le dio un beso fugaz en la mejilla y lo dejó en la habitación, mientras se iba a dormir a la sala. Le escuchó desde allá, cuando se quitaba la ropa y entraba a la cama, hasta cuando apagó la luz del cuarto. Continuó bebiendo, intentando ahogar en licor el amor que sentía por Sam. Era una forma de purificarse, de exorcizarse por esos ojos castaños que le habían quitado el sueño más de una vez. Delineaba con una mano, la foto donde ambos estaban en el equipo de béisbol, abrazados, sonrientes. Un pasado que no volvería, por mucho que lo anhelara, aun así, soñó con él, antes dejar el vaso y acomodarse debajo de la colchoneta.

“Sam, Sam, te amo”

Joshua delineaba el cabello de su angelito, oliendo su nuca y mirándole dormir. Escuchó la vibración de su celular una y otra vez. Pero no pensaba contestar, así que lo dejo ser. Si alguien buscaba comunicarse que lo hiciera en horas normales o que dejara un recado.

En ese momento, solo tenía ojos para el ángel que se manifestaba en su vida y que lograba atarle a esa cama a su lado. Solo con él se sentía completo.

 

Cap 20