Clasificación: PG-17
Pareja (s): Simples desconocidos.
Avisos: Relaciones intersexuales.

 

“…...La intersexualidad es un patología trágica, según la experiencia de muchos activistas intersex, por el resultado del cuerpo intervenido, por la multiplicidad de cuerpos en juego: por un lado, el cuerpo vivido cotidianamente, marcado, cortado y cosido, insensibilizado; por otro lado, el cuerpo perdido, que puede imaginarse o recordarse, fantasearse, el cuerpo que hay que reconstruir, la experiencia de la historia personal robada, de la historia clínica ocultada, falseada o destruida. Quedando un camino de autodescubrimiento, siendo producto paradójico, cruelmente de los mismos procedimientos médicos destinados a erradicarla…. [1]”

20. Eres persistente


Sam abrió los ojos con pereza al sentir que unos dedos acariciaban su vientre, jugueteando con su ombligo mientras empezaban a lamer su cuello. Empezó a estirarse, buscando deshacerse un poco del agradable contacto. Aun no sonaba el despertador. Luego su mente conectó la idea de que eso no sucedería. Era sábado y no había dejado programado la alarma.

-Quiero do-dormir un po-poco más…-le dijo a su solícito agresor de ojos azules, quien ya deslizaba su mano mas abajo de su vientre.

El castaño rodó para poner su cara en el pecho del rubio, luego de darle un beso, mientras escuchaba un “Buenos días, dormilón”. Solo pudo medio gruñir algo y volvió a cerrar los ojos, dejándose besar, pero sin inmutarse mas. Lo cual terminó por surtir efecto, por que minutos después volvía a caer en un agradable sueño, donde se sentía pleno y relajado, además de que su cuerpo le pedía a gritos descansar después de la continua sesión de reconciliación con la cual se habían llenado ambos, de caricias el cuerpo hasta terminar agotados y sudados sobre la cama.

Las sesiones de sexo con Joshua cada vez le resultaban mas satisfactorias y entre ellos no había roles establecidos, ya que intercambiaban posiciones y se encontró un par de veces dentro de sus entrañas, disfrutando la cálida presión de su miembro, siendo retenido hasta oírle gritar su nombre. Mientras que Joshua había jugueteado entre sus dos sexos, tomando posesión de uno, mientras se deleitaba del otro al mismo tiempo, haciéndole notar que disfrutaba su ambivalencia.

Le llamó Ángel, como un sinónimo de su hermafroditismo, que en definitiva no era ningún impedimento para sentirse ambos complacidos en el acoplamiento y la aceptación.

Sam no tenia dudas, Joshua era el compañero adecuado para su vida, quien le aceptaba, le amaba y le permitía ser. Todo parecía perfecto. Pero aun en el paraíso los ángeles recelan de vez en vez de la fortuna.

Fue el par de timbrazos en su celular, casi enterrado entre las ropas tiradas cerca de la cama, que le hizo abrir por completo los ojos, enfocar el origen del sonido, reptar desnudo entre las sábanas, donde descubrió que se encontraba solo. Buscó con la vista a Joshua y escuchó sonidos fuera de la recámara, posiblemente en la cocina. Sonrió y luego volvió a la mullida cama para contestar, al identificar la llamada.

-¡Hasta que por fin contestas!
-Hola, también me da gusto escucharte, hermanita.
-¡Si, claro, por eso has dejado tu contestador apagado y mis llamadas a tu celular terminan en el buzón de voz, que seguro no revisas...!- gritaba Diana desde el otro extremo de la línea…-¿Dónde has estado metido?
-No voy a contestar eso…- dijo Sam, mordiéndose los labios, al pensar en la noche que ha tenido con su rubio…-¿Están bien? ¿Por qué has estado buscándome...?- preguntó luego poniéndose algo serio.
-Estamos bien, si. Peter te manda saludos. Y no creo que tengamos que esperar hasta “Día De Gracias” [1], para saber de ti, ¿verdad? No te has reportado en toda la semana.
-No sabia que tenía que checar tarjeta contigo de mis idas y venidas…- le dijo Sam en tono de guasa... -, he tenido una semana compleja y llena de cosas…-terminó, algo serio.
-Si, leí algo en los periódicos y los noticieros no dejan de dar la nota. ¿En verdad le culpan por eso también?

Diana hablaba sobre el caso Morris, que a raíz de la muerte en un bar de la testigo clave de la fiscalía y haberlo encontrado en sus cercanías, huyendo del resguardo domiciliario, le hacia blanco de todas las sospechas y lo que le hizo perder su fianza, para terminar el juicio desde prisión.

-No puedo hablar del caso, Diana.
-Lo sé. ¿Tú cómo estás?
-Ya te lo dije, con mucho trabajo. Las siguientes apelaciones serán decisivas.
-¿Crees que se alargue el caso, hasta navidad?
-Nooo, espero que no. Cuento con que nos libraremos de eso antes.
-Espero que así sea. ¿Cómo está tu rubio, enamorado?
-Bien, bastante bien…-respondió Sam arremolinándose entre las sábanas

De hecho Joshua se encontraba afuera de la recámara, donde la puerta se había quedado abierta y pegaba su espalda a la pared, sin entrar, no queriendo interrumpir y que escuchaba tramos de conversación. Sonrió cuando descubrió que era la hermana de Sam.

-Se ha quedado a dormir, supongo…- dijo Diana tanteando el terreno.
-Si, nos hemos reconciliado.
-¿Cómo que reconciliado?
-Ahhh, pues ayer fue un día raro y discutimos en la mañana, por una tontería. Nos reconciliamos en la tarde y un par de horas después teníamos otra discusión.
-S-a-m…- dijo algo seria Diana.
-Pero ya lo resolvimos.
-¿Resuelven sus diferencias, con sexo?
-Como las parejas normales, supongo.
-Sabes que eso no esta bien. Si tienen diferencias, tienen que hablarlas.
-Lo hacemos, pero es una gran novedad para ambos disfrutarnos.
-Siempre y cuando no signifique que pretendan resolver todo así. ¿Por qué… pelearon...?.- se atrevió ella a preguntar.
-Joshua es celoso y algo posesivo.
-¿Con quién te cela?
-Con Daniel. Nos vio juntos y...
-¡Por todos los cielos, Sam! ¿Qué estás pensando? ¿Aún sigues viendo a Daniel?
-No hay nada entre Daniel y yo. Le estimo, en verdad, pero no abra nada más. Daniel me busca y yo pretendo dejarles claro, a ambos, la situación.
-¿Qué es cuál? Que yo, ya estoy confundida.
-Que amo a Joshua, pero puedo tener amigos. Relacionarme con otras personas, fuera del trabajo. Debo tener una vida, aparte de Joshua, y poder sentirme completo. Siento que no me tiene confianza.
-¿No exageras?
-Intenta celarme hasta con mi terapeuta.
-¿Es guapa?
-No, es hombre.
-Ahhhh. ¿Amas a Joshua, Sam...?.- preguntó luego de un rato.
-Si, amo locamente a Joshua. La vida con él es... intensa. Me siento muy aceptado y amado igualmente.
-Dale tiempo entonces, solamente tiene miedo, de perderte.
-Eso dice.
-Bien, ya se lo han confesado, ahora solo queda respetar al otro.
-Lo haremos. Gracias por hablarme, siempre es bueno decírselo a alguien más. Prometo llamar con más frecuencias.
-Si, eso espero también. ¡Antes de que se me olvide! ¿Has ido al médico?, Recuerda que debes dejar de tomar los hormonales antes de tu operación.
-Lo comentó y reduje la dosis, voy a dejarles por completo a partir de mañana, hasta nuevo aviso.
-¿Todo bien, con eso? ¿Estás seguro?
-Completamente.
-Bien. Háblame en la semana, Sammy, por cualquier cosa.

Sam colgó hasta después de escuchar varios besos cerca del audífono, dedicados a su persona. Tampoco tenia dudas, que su hermana lo amaba, igualmente.

Hubo un golpecito en la puerta y vio entrar a Joshua con una bandeja, llevándole el desayuno. El intenso aroma del café recién colado y el plato con tocino y huevo, fue suficiente para terminar de desperezarle.

-Te han despertado, dormilón…- Joshua le dio un beso, mientras acomodaba la mesita en las piernas de Sam… -, buenos días.
-Buen día. Eso huele bien.
-¿Quién llamaba?
-Diana. Olvidé llamarle en la semana.

Joshua se sentó a un lado suyo y ambos empezaron a desayunar. Sam levantó la vista de su taza de café, luego de unos minutos en que los ojos de azules, no dejaban de mirarle.

-¿Qué pasa...?.- preguntó cuando Joshua dejó el tenedor.
-Te amo, Sam.
-Y-Yo…- los labios del castaño fueron cerrados por un par de dedos, que los perfilaron lentamente.
-Te amo locamente y sí, hago locuras, pero es que has cambiado mi vida. No puedo seguir ni mis propias reglas.
-¿Qué reglas eran esas?
-“No involucrarse, no preguntar, no interesarse. No amar”…- recitaba como letanía... -, por que interesarse en la persona amada, crea angustia y desasosiego. Pero a tu lado, eso forma parte de la existencia. No podría vivir sin ti.

Sam apartó la mesita y dejó a un lado los platos y tazas, para luego subirse encima de Joshua.

-Estoy locamente enamorado de Joshua Leibitz. No existe nadie mas con quien quiera compartir mi vida y me alegra mucho que sus reglas sean ahora mas flexibles y quiera vivir la angustiosa delicia de estar enamorado.
-Sam...mi Ángel.

Sus mejillas rozaron y pegaron sus frentes tan cerca, al tiempo que se deleitaban reflejarse uno en el otro.

-¿Qué harás hoy...?.- le preguntó luego de un rato Sam, bajando de su cuerpo, dirigiéndose al baño.
-Pasarla contigo. Todo el fin de semana…- dijo eso con picardía.

Sam sonrió, invitándole a entrar a la regadera, tomándole de una mano.

-Démonos un baño, luego veremos...- no tuvo ningún problema por hacerse obedecer, mientras el pálido cuerpo de Joshua se adhería al suyo.


Tampoco tuvo problemas en compartir la cama Paul y Daniel. Ya que el primero despertó en cuanto la luz entró por la ventana y terminó de darse cuenta donde se encontraba y que no dormía además solo. Daniel se encontraba en un extremo de la cama, enrollado en su propia manta. No roncaba, pero hacia ruidos raros, que a Paul le parecieron graciosos, luego de que empezó a jugar con la almohada, intentando hacérsela comer.

El adormilado Daniel, dio un manotazo y se volteó completamente, dándole la espalda. Se había acostado con la ropa puesta y sin quitarse lo zapatos. Seguramente se terminó la botella y por inercia se arrojó sobre su cama.

Paul se levantó, se dio un baño y al salir, encontró que Daniel había reconocido rápidamente su territorio sobre la cama y la abarcaba totalmente, técnicamente desparramado en ella.

Le dejó en la recamara, mientras miraba el resto del departamento, que era casi típico en muchos hombres. El desorden iba en todos los grados, pero como no tenía intereses de desentrenar su lógica, prestó atención al único lugar que ocupaba en ese momento.

El aroma de la mantequilla derritiéndose sobre los waffles y la miel de maple hizo abrir los ojos del adormilado reportero, que se sorprendió de estar en la cama, cuando estaba seguro que se había arrojado sobre el sillón después de usar el baño a media madrugada. Ahora se encontraba en un enredijo de colchonetas, la ropa puesta y una modorra que le jugaba competencias a una jaqueca pronta a estallarle.

-¡Maldita sea...!.- injurió cuando trastabillo, quitándose los zapatos para irse al baño. El agua salpicándole la cara, ayudó bastante y se enjabonó la cara, mientras se rasuraba frente al espejo que colgaba. Cuando dio por terminado su baño, se enredó en la primera toalla para secarse.

Paul dejo los cubiertos al verle aparecer, minutos después, vestido informalmente con un pants y una camiseta deportiva.

-¿Hiciste mas?...- preguntó al terapeuta, refiriéndose a los waffles.
-Buen día. Sírvete, hay varios.
-Buenos días…- dijo Daniel después de tomarse media taza de café y que el alma volvió adherirse por completo a su cuerpo.
-Cumpliste lo de beberte la botella completa, ¿eh?
-Se resistió un poco, pero lo logre.
-¿Realmente ahogaste las penas en licor?...- le preguntó Paul.
-No, las penas flotan, ¿no lo sabias?
-Prefiero dos aspirinas y café. Así olvidó mis dolores.

Daniel rió ante la ocurrencia, luego de seguir desayunando.

-¿Quieres que te lleve...?.- preguntó Daniel, minutos después, cuando después de mucho insistir Paul se encargó de la cocina y el reportero le ayudaba a guardar los enseres.

-Llamaré un taxi, no te preocupes.
-Cocinas bien…- dijo Daniel asintiendo.
-Si, se me da eso…- el terapeuta empezó a marcar en su celular para solicitar un servicio, pero no terminó de hacerlo, por que le fue arrebatado.

-Dije que te puedo llevar.
-Deberías quedarte en casa y descansar.
-Quédate entonces…- le reclamó Daniel quedito… -, si no tienes nada más que hacer. Darán varios partidos en la TV o podemos ir a ver el juego de los Cachorros. Tengo boletos…- le devolvió el celular.

Paul arqueó una ceja, cuestionando ese proceder y se guardó el celular, sin saber bien que hacer.

-¿Por qué me invitarías?
-Tengo los boletos, no tengo nada que hacer hoy y tú…- se le acabaron las palabras.
-Estoy disponible y casi parezco un “ofrecido” ¿no?
-NO dije eso- subió algo la voz... -. No quiero estar solo hoy. Tú eres una buena compañía. No sé si, yo lo sea.
-¿A que horas es el juego?
-A las cuatro.
-Bien, trabajaré un rato aquí y luego iremos. ¿Te parece?
-Si, claro.
-Voy por mis cosas, se quedaron en tu auto…- informó Paul, tomando las llaves y saliendo.

Daniel se rascó la cabeza, no muy seguro de lo que estaba haciendo, pero la verdad era que no quería estar solo. No mentía, quería compañía, sentirse parte de algo. Empezó a recoger la mesa, guardando en una caja revistas y libros para dar mas espacio.

Su vista se detuvo en el pizarrón de corcho en donde estaban pegadas varias fotos, que fue retirando lentamente, viendo cada una de ellas y disfrutando el momento de añoranza. Pero el sonido de la puerta abriéndose y Paul cruzando le hizo volver a la realidad y terminar de limpiar ese orden de su vida.

-Tardaste…- le dijo.
-Pase por algunas cosas a la farmacia…- contestó Paul, indicando la bolsa que traía en la mano. Había comprado cepillo y dentífrico. Dejó su maletín y se dirigió al baño.

Daniel no se mentía al decirse que Paul le causaba curiosidad. Tanta que no pudo evitar ir detrás de él cuando fue al baño y se quedo en la puerta escuchando que se lavaba los dientes y abrió ligeramente la puerta para verle utilizar el sanitario, comprobando aquello que ya había visto alguna vez, vagamente.

-¿Te divierte ver otros hombres usar el baño...?.- le inquirió Paul cuando bajo la tapa del inodoro, luego de sorprenderle.
-Disculpa, solo... quería ver.
-¿Qué no me mojo los zapatos?
-No, que bajas la tapa. Eso usualmente no lo hacen los hombres.
-Te refieres aquellos hombres descorteses y faltos de modales, supongo...-empezó a recoger sus objetos personales, mientras salía.
-La mayoría, sí.

Paul se sentó en la mesa, ignorándole por minutos, poniendo su portátil, mientras revisaba sus correos y luego leía uno de los archivos que traía entre sus pendientes.

Daniel se entretuvo entonces en continuar poniendo orden a su departamento, incluyendo la recámara, que eran un enredó de cobertores por todos lados.

-“Y eso que no hicimos nada…”.- se dijo, mientras se reía.

Encontró más tarde a Paul enfrascado totalmente trabajando, por lo cual decidió no molestarle y sirvió mas café en dos tazas, una de las cuales la dejó a un lado, mientras se sentaba enfrente de él poniendo de igual manera su portátil.

Escuchó un “Gracias” y asintió el reportero, sintiendo aquel gesto, de estar ambos trabajando en la misma casa, agradable. Levantó la vista un par de veces, para mirar el rubio cenizo del cabello de Paul, que le parecía peculiarmente agradable. Le vio terminar la taza de café y levantarse.

-Tomare más. ¿Quieres que te sirva...?.- le sonrió amablemente.
-Sí...- le respondió Daniel, quien en ese momento pensaba en todo, menos en algo coherente. Y movió la cabeza para ver a detalle la forma de caminar de Paul y lo que vio en ese momento le gustó.

-“Cielos, ando falto de atención en serio…”.- se regañó ante el súbito endurecimiento que le causó el bamboleo del cuerpo de Paul en el ir y venir a la cocina.

Rozó con deliberada insistencia los dedos de Paul, cuando le dejó a un lado la taza y la mirada oscura del terapeuta le indicó que el detalle tampoco le paso desapercibido.

-¿Me preguntaba?…-empezó Daniel…-¿si te gustaría?…- las palabras se le fueron, como colegial embelesado.
-¿Sí...?.
-Nada, un tontería…-Daniel se levantó como resorte para ir a tomar algo de aire al balcón, mientras escuchaba el ruido de la ciudad y se reclamaba por encontrar de pronto a Paul atractivo… -, “pero lo es, bastante, diría yo”.

El terapeuta captó la sorpresa y la mirada ansiosa que con que Daniel le iniciara esa última pregunta. Algo le decía que el reportero, por fin le había visto con interés y que ahora se lo reclamaba, por ser quizás demasiado pronto para olvidar a Sam.

Paul se reconvino asimismo, pero por razones diferentes. Sam no estaba en ese departamento, ni lo estaría en próximas fechas. Quien estaba ahora era él, y si recordaba bien, eran dos adultos necesitados de compañía.

Se levantó para ir a buscar al reportero y se pegó detrás de él aspirando detrás de su nuca.

-¿Qué miras...?.- le preguntó, mientras su mano tomó suavemente la del reportero, introduciéndose entre sus dedos.
-Na-nada…- dijo Daniel como pudo, ante el estremecimiento que le causara la cercanía.
-¿Qué ibas a preguntarme...?.- le susurró el terapeuta.
-¿Quieres… comer fuera...?.- intentó Daniel separarse, pero en verdad no tenia deseos de hacerlo, el calorcito en su espalda, era agradable.
-¿Antes o después?
-¿De qué…?.- le sonrió Daniel ante el jugueteo del roce de los labios de Paul en su oreja.
-De tener un poco de compañía… juntos.

Daniel se volteó completamente, mirando la cara sonriente y la dulce expresión con la cual el terapeuta conciliaba sus ideas.

-No quiero lastimarte…- le dijo tomando su barbilla.
-Soy adulto, déjame responsabilizarme por eso. No me amas, aun. Pero no te soy indiferente, ¿verdad?
-No, no me eres indiferente...- acarició su mejilla.
-Tú me gustas mucho, ya te lo he dicho.

Daniel miraba los ojos negros que brillaban felices y la sonrisa que tan nítidamente enmarcaba su cara y no pudo resistirse a probar sus labios.

Paul abrió la boca dejando entrar una lengua húmeda que le recorría lentamente, saboreándole y con ello erizando cada poro de su piel, mientras un cosquilleo bajaba raudo por su espalda, mientras unos dedos tenuemente le acariciaban.

No era la primera vez para ambos, pero si la primera en que ambos disfrutaron intensamente ese intercambio.

Las manos de Paul se introdujeron rápidamente entre la camiseta, haciéndola subir un poco mientras rozaba esa piel que tanto deseaba y que muchas noches le quitara el sueño. Acariciaban aquí y allá, enfebrecido por la respuesta del reportero, quien de pronto le detuvo súbitamente, tomando sus manos y deteniendo sus caricias.

-¡Calma, calma...!.- le sujetó suavemente la manos, mientras le sonreía y le acercaba los labios, retirándolos y jugando entre besarlos o no. Paul le miraba sorprendido, confuso, pero jugando igualmente a alcanzar esos labios que se ofrecían, pero no alcanzaba hasta que los capturó de nuevo y lamió suavemente las comisuras y dejó un par de besos menuditos, mientras reía coquetamente.

-¿Voy muy deprisa, verdad?
-Eres muy efusivo.
-Suéltame las manos y te muestro que tanto…- le sonrió de nuevo.
-¿Estás seguro...?.- preguntó Daniel, más por cortesía que por duda. Era evidente el interés que le profesaba el terapeuta.
-Necesito compañía igual que tú. Somos adultos, podemos tener un poco de se…sexo, sin compromiso. Si tú quieres…- le dijo casi con un hilo de voz.

No escuchó respuesta, pero Daniel entró en acción, al hacerle entrar al departamento, donde le empezó a besar su cuello intercalando sus labios y dejando rastros húmedos de su lengua, luego arrastrándole con su propio cuerpo hacia la cama, donde se dejó caer tirándose encima de él.

Se quedaron ahí por unos minutos ambos acariciando sus cabellos y sus nucas, reconociendo sus aromas dispares, mientras con sus dedos se delineaban las caras, como queriendo reconocerse, aun cuando estaban seguros que podían reconocerse entre una multitud. Daniel perfilaba la fina cara del terapeuta, quien aun cuando sus rasgos se hubieran masculinizados un poco por las hormonas, no habían perdido en totalidad cierto aire delicado que le daba su intima feminidad.

-No sé como amarte…- dijo en cierto momento, quizás por que la idea se le escapó de los labios, sin pensarlo mucho.
-Déjame mostrarte como...- Paul empezó besando encima de la camiseta el pecho de Daniel, quien solo acariciaban los cabellos del otro, dejándole ser, pero luego empezó a subirse la camiseta, para buscar que esos labios hambrientos lo hicieran sobre su piel. Se desnudó el pecho, dejando entre ver el suave vello y su amplio tórax, mientras con sus manos, buscaba quitarle la camisa a Paul sin muchos preámbulos.

Se encontró con un pecho liso, trabajado por el ejercicio constante, remarcado con unos pezones grandes y oscuros, los cuales acarició lentamente. Las pequeñas marcas en sus costados le revelaban que una operación quirúrgica debió haberle eliminado la grasa de los senos, para darle una apariencia compacta y delineada. Les pellizcó un poco y los encontró sensibles, estimulables, tanto que no pudo dejar de poner su boca en uno de ellos, haciendo que el cuerpo de Paul se arqueara, mientras se aferraba a su cuerpo buscando mas contacto.

La ropa se les hizo estorbo a ambos y en una subsiguiente maniobra para arrebatarse el resto, sin dejar de perder contacto, las risitas se mezclaban con los gemidos, que intercalaban uno y otro.

La desnudez siempre causa un poco de aprehensión. Más cuando la mostramos en la búsqueda de la aceptación del otro, en un estado básico, donde no influye ni la ropa ni la moda. Paul aceptó la curiosidad inicial con la cual Daniel le tocaba y le miraba. Sus rasgos físicos se habían acoplado adecuadamente a un varón promedio, sin ser exageradamente masculinos, pero lo suficiente para mostrarse desnudo ante otro y ser reconocido como del mismo género. Era lampiño en la mayoría de su cuerpo y conservando el vello necesario en ciertas zonas estratégicas.

Quizás, si no le hubiera confesado a Daniel que era un transexual, posiblemente no hubiera detectado fácilmente los cambios. Pero la forma en la cual delineó las pequeñas cicatrices que mostraban sus operaciones, le mostró que reconocía todas y cada una ellas. Se dejó delinear con sus dedos, que luego eran seguidos por sus labios.

Dejó que Daniel sujetara su miembro, el cual hacia delicadamente, casi rozándole. Capturó su mano y le hizo que le aprisionará con fuerza.

-No se va quebrar...- lamía su pecho, mordisqueando su pezones, incitándole a mas… -, es algo lento, pero funciona.

Quien ya se encontraba plenamente excitado era Daniel, quien luego empezó a rozaba su miembro con aquel otro que aun se encontraba semi flácido. Paul lo notó y se giró mientras reptaba por la cama, dando un buen espectáculo de su espalda y su trasero, mientras parecía que buscaba algo entre la ropa del suelo.

Cuando Daniel le alcanzó y besaba su espalda, acariciando sus nalgas, la voz del terapeuta le distrajo un poco.

-Úsalo, por favor...- entregándole un preservativo lubricado.
-¿Es necesario?
-Somos dos adultos responsables. No se pierde sensibilidad, además es por seguridad.

Daniel lo miró por unos segundos, llevándose el paquete, se levantó de la cama, dejando a Paul en suspenso, mientras le miraba buscar en un cajón de su mesita de noche tomando un tubo que reconoció como lubricante, cuando puso una generosa porción en sus dedos para llevarlos a su trasero, acariciando suavemente su entrada, pero sin introducir mas. Rasgó con sus dientes la envoltura y le entregó el preservativo a Paul para que lo estimulara poniéndoselo. Lo cual el terapeuta aceptó gustoso, mientras acariciaba el grueso y pulsante miembro de Daniel, mordiéndose los labios de pensar en donde guardaría ese pedazo de piel en su cuerpo.

-¿Has hecho esto antes...?.- preguntó Daniel a mirar la cara de sorpresa del otro.
-Un par de veces, si.
-Seré cuidadoso, lo prometo.

El reportero luego de que le enfundaran tan sensualmente, no aceptó la posición de cuartos traseros que le ofrecía solícitamente Paul, sino que le hizo girar para recostarlo en su espalda, elevando su cadera y sus piernas.

-Quiero verte la cara...- lamió sus mejillas el reportero, mientras se acomodaba sus piernas en sus hombros e iba acercando lentamente su miembro… -, vas indicarme como te sientes. Me detendré si te molesta.

La intromisión fue lenta, seguida por los cambios palpables en la cara del terapeuta que indicaba como el dolor era lentamente sustituido por una apacible aceptación. Daniel aspiró lentamente, sintiéndose extrañó en esa posición, que de común no asumía. Por lo general era pasivo y sus compañeros de cama tomaban el control de la situación. Ahora se encontraba en el otro lado, siendo que llevaba la rienda, pero además, encontrándose que se tomaba su tiempo, hasta podía decirse que buscaba ser tierno y que su miembro no lastimara, era entraña que le recibía y le enfundaba tibiamente.

Un movimiento de la cadera de Paul, le indicó que podía moverse, para empezar en un rítmico vaivén de entrada y salida, mientras giraba de vez en vez buscando mayor contacto. Se agarró al miembro del terapeuta, buscando estimularle y darle placer igualmente. Los gemidos de Paul fueran marcando la pauta para la intromisión y la caricia frenética con la cual buscaba afanosamente hacerle derramarse.

-Deja…- le paró Paul luego de un rato, retirándole mano de su miembro, haciendo llegar a sus pezones y que le estimularan...-, no eyaculo...- le dijo bajito, mientras un nuevo coro de gemidos salían de su boca, al seguir recibiendo los embistes por parte del reportero, quien buscaba darle placer de alguna manera.

Daniel se concentró entonces bajar las piernas del terapeuta y hacerlas que se enredaran en sus caderas, mientras resbalaba su cuerpo para tomar esos pezones, lamerlos y casi mordisquearlos, logrando que el cuerpo de Paul se arqueara, sacudido intensamente, hasta que luego se desplomó con la vista pérdida y un sonrisa intensa, siendo la señal para que el reportero no se retuviera mas, derramándose copiosamente. Dejó caer su cabeza sobre el pecho del otro, esperando relajarse solo un poco, para retirarse.

Paul le escuchó levantarse e ir al sanitario y volver unos segundos después, para acomodarse de nuevo junto a su cuerpo, besándole suavemente en los labios. Escuchó que se rasgaba un sobre, y cuando abrió sus ojos, se encontró con que Daniel le empezaba a poner, ahora a él, un preservativo.

-No hemos terminado, ahora vas cabalgarme un poco...- luego de terminar de enfundarle, tomando al terapeuta por sorpresa, pero quien no iba a dejar de pasar la experiencia, mientras se reincorporaba.

Los gemidos, continuos, pausados y melódicos, con los cuales Daniel le indicaba cuanto disfrutaba la penetración, le dejó claro a Paul que sin duda la acción pasiva era el rol principal del reportero. Besó su espalda al mismo ritmo con el cual hacia sus intromisiones, mientras que acariciaba su trasero y en un acto casi reflejo le propinó una suave nalgada que incentivo más la búsqueda de placer. Daniel giró a verle, sonriendo, disfrutando plenamente a su poseedor, quien era solícito, considerado y que compensaba en mucho con el sexo casi siempre violento que a últimas fechas había tenido con Carson. Era todo lo contrario del fiscal, quien siempre terminaba lastimándole y en ocasiones el placer solo parecía destinarse a uno solo.

Sin darse cuenta, empapó de nueva cuenta la mano de Paul, quien había estado además excitándole al mismo tiempo que le embestía. Ambos se dejaron caer, casi desplomándose uno encima del otro, mientras se escuchaban temblorosos.

Daniel tuvo que esperar unos segundos, al ver volver luego a Paul, quien traía la cara salpicada de agua. Le atrajo a sus brazos, donde le acurrucó por inercia.

No hubo palabras melosas, ni juramentos, ni declaraciones venidas a más. Lo habían disfrutado juntos, como adultos. Aceptando sus necesidades físicas de afecto y aceptación. Se adormilaron, uno al lado del otro. Con el único acuerdo tácito que mantendrían esa relación sin promesas.

-¿Hambre?....- le preguntó, luego de un rato Daniel al terapeuta, quien hasta con los ojos cerrados, mantenía una sonrisa en sus labios, que ahora en particular tenia otro contexto.
-Un poco, sí.
-Comamos en el camino y vamos al juego.
-Que sea pollo frito…- le respondió, mientras le daba un beso y se levantaba vistiéndose.
-Me gustó…- le dijo el otro, mientras le miraba desde la cama, sin levantarse.
-¿Qué cosa?...- le preguntó Paul curioso.
-Tu compañía.
-Lo mismo digo- le dio un beso más y continuó vistiéndose... -. Anda levántate, para llegar a tiempo.

Paul estaba feliz, la vida le había permitido ser lo que quería ser. Amar a quien deseaba amar. No estaba seguro si Daniel le lograría amar igual, pero en definitiva, eso no cambiaba ni su concepto del amor, ni su aceptación como tal. Como adulto aceptaba ese encuentro carnal, necesario, urgente, demandante, aunque su niño interno, deseara escuchar palabras de amor, no iba engañarse.

Aceptaría lo que Daniel quisiera darle, siempre y cuando fuera en buenos términos y de forma responsable para ambos. Si no podía ser su amor, podía ser su amante y su amigo, cosa que no todos pueden jactarse de tener en la vida al mismo tiempo.

Salieron minutos después del departamento, rumbo al juego. Paul descansó su cabeza sobre el asiento, mientras escuchaba el clic del cinturón.

-¿Todo bien?....- preguntó Daniel.
-Si, todo bien…- le sonrió el otro, mientras cruzaba una pierna encima de otra… -, es un día genial, ¿no? El mundo de ve con otra perspectiva, como dijiste.

Daniel arrancó el auto, mientras miraba de soslayo a su acompañante, disfrutando el hecho de que pasaría la tarde viendo el deporte que le gustaba en compañía de un buen amigo. Algo, que hacia tiempo no disfrutaba.


La tarde pasó rápida, sin detenerse mucho en los citadinos quienes el sábado era un día peculiar.

Sam y Joshua habían pasado la mañana entre arrumacos, seguido por un reconfortante baño, luego de que el rubio se dedicara a mimar su piel mientras le friccionaba.

Le sorprendió luego con los paquetes que habían quedado pendientes en algún lado del departamento, que contenían nada menos que varios juegos de ropa interior, incluyendo unas camisetas de tirantes delgados a juegos con minúsculos boxers. No olvidó las camisas, de las cuales, ninguna era amarilla, pero todas de buen gusto y definitivamente costosas.

Sam aceptó los regalos con cierta inicial reserva, pero después de varios mimos y que Joshua desempacó los bóxer para ponérselos, no le quedo mas que terminar por aceptarlos.

Joshua le acompañó a dejar un par de trajes en la tintorería. Comieron en un restauran camino a la Isla Ellis, donde visitaron la estatua de libertad y pasearon como dos turistas por el museo. De vez en vez, se rozaban las manos en medio del gentío, pero mantenían su contacto más visual. Era de día y no era conveniente que se mostraran muy afectivos entre el público. Aun así, Joshua no desaprovechaba para rozar su codo, o tomarle de los hombros para indicarle algo. Ambos miraron con cierta envidia a un par de jóvenes, quienes no tenían ninguna angustia por mostrar su homosexualidad en público y le resultó claro que no todos les miraban igual, por el cuchicheo con el cual varias personas comentabas cosas soeces sobre los jovencitos.

Sam miraba la bahía con cierta nostalgia, entre el gentío y la proximidad de Joshua a su lado a quien podía tener cerca, pero siempre limitando su trato y guardando las apariencias. En público, no podían mostrarles, cuan dulcemente se amaban.

Pero la mano de Joshua levantando su barbilla, le indicó que el rubio siempre estaría ahí para darle soporte.

-Es hermosa, ¿no es cierto?...-refiriéndose a la bahía.
-Lo es, si.
-Te amo, Sam…- le susurró en su oído, mientras continuaba caminado, a un lado de otro abogado, quien después de un rato le tomó de la mano, sin soltarle, ante la sorpresa del castaño y sin importarle las miradas de algunos... -, no dejes que te amilanen.

Pasaron la tarde y de vuelta, Sam compró lo necesario para llenar su nevera.

-¿Por qué no te quedas en casa?...- preguntó Joshua mientras subía las bolsas en su auto.
-Voy a poner mi departamento en orden. Yo no tengo quien haga mis quehaceres. Como otros…- indicando el hecho que Joshua tenia un servicio de limpieza periódico en su casa.
-Puedo facilitarte que vayan a tu departamento y lo pongan en orden.
-Gracias, pero no.
-Dormiré en tu casa, entonces…- se le plantó.
-Joshua, tienes una bonita casa donde dormir.
-¿Insinúas, que no te gusta que me quede en tu casa?
-No. No insinuó eso. Sino que debemos usar nuestras casas, cada quien en la suya.
-Eso hago toda la semana. Quiero pasar el domingo contigo. O ¿tú tienes planeado algo, sin mí?
-Levantarme tarde y ver televisión por un buen rato.
-¿Seguro?

Sam no podía decirle que tenía planeado ir a buscar a cierto reportero por el cual Joshua tenía tirria, para invitarle a desayunar como había prometido. Pero eso era algo que era mejor no poner en aviso a Joshua. Consideraba que tenia todo el derecho a tener algo de vida privada, sin que su rubio amante le confiscara cada momento libre. Así que era mejor no contestar.

Joshua entró al auto y no encendía el motor, esperando una respuesta.

-¿Qué esperamos?...- preguntó luego de un rato Sam.
-A que me expliques por que pasaremos el domingo separados.
-¡Joshua, pasamos toda la semana juntos!
-Trabajando, pero no como pareja. El fin de semana, es ideal para eso.
-No pienso salir de casa…- dijo el otro, sin dejarse convencer.
-Bien, llevaré un par de películas y cocinare en tu departamento.

Sam abrió la boca y prefirió cerrarla antes de alguna mosca entrara en ella.

-Cenemos, después de las 5…- dijo después de unos segundos de aceptar que terminaba haciendo lo que rubio demonio se le ocurría siempre y miró la sonrisa de Joshua, confirmándole que había ganado una partida. Aunque tuvo que compensarle con varios besos de despedida, pues se encontraba renuente a irse.

Joshua condujo un buen trecho, ante un tráfico pesado en cierta parte antes de llegar al puente. Arrojó el resto de bolsas en la cocina, cuando llegó mas tarde y casi por inercia, sacó su celular para avisarle a Sam que había llegado, notando que se encontraba descargado. Uso entonces el teléfono fijo de su casa y le aviso a Sam de su llegada, bromeó un poco sobre el transito y se despidió de nueva cuenta con un par de besos. Dejó su celular cargándose la batería, mientras iba a bañarse y decidía que video juego pondría para pasar la noche.


No le hacia gracia pasar la noche del sábado solo, pero si insistía demasiado con Sam, sabia que aquel terminaría hostigado y tenia que darle espacio, algo que le resultaba difícil de hacer, ya que en esos momentos tenia una necesidad por tenerle a su lado, demostrándole que podía darle todo lo que necesitara. Eso incluía dejarle pasar horas sin verse. Se sentía locamente enamorado del castaño, quien se convertía en una de las mejores razones para vivir.

Estaba encendiendo el televisor, cuando timbres en su puerta le hicieron dirigirse a la cocina y ver por la pantalla de video la cara de quien menos se imaginaba que estuviera en la puerta de su casa. Le miró volver a tocar de nueva cuenta el timbre y le escuchó hablar por el interfon.

-¡Estas ahí, abre! No voy irme, sin hablar contigo. Abre Josh...-volvió arremeter contra la puerta y el rubio decidió poner en su lugar al impertinente visitante.

Salió a abrir personalmente la puerta y se encontró con la cara de pocos amigos de Jeremy quien estaba a punto de golpear la puerta a puntapiés.

-¡Vas a decirme, que carajos de traes...!- le gritó el abogado, pero por la cara sin rasurar y el olor indiscutible a licor, la preguntaba estaba de mas.
-¡He estado llamando a tu celular, podías responderme!
-Cambie de número.
-Tengo el actual. Así que no vengas con que no recibías mis llamadas.
-Pues la verdad es…- cruzó los brazos sin darle mayor importancia… -, que se descargó la batería.
-¡Que coincidencia!
-¡Pues salvo que sea que la penitenciaria se este quemando, con mi cliente dentro, no tenemos nada de que hablar!
-No seas descortés, invítame algo de beber.
-¡No puedes estar aquí, Jeremy!
-¿Quieres que grité en la puerta, lo que tengo que decirte, como novia despechada?
-Eres un cretino...- le dijo cuando le dio paso y vio que el fiscal se dirigía a la cocina.

Le vio tomar un vaso y servirse licor. Mientras meneaba la bebida sobre el frió hielo de un par de cubos, la paciencia de Joshua se terminaba.

-¿Qué demonios haces aquí?
-Quería verte, ¿no es un buen motivo?
-No, no lo es. No debes estar aquí, no nos ayuda en nada.
-Se que la buena de Eli, fue a verte. Me llamó “largooo y tendido” sobre su impropio proceder y que le sorprendía mucho en realidad no la engañará contigo, sino con “quien sabe quien”.
-No estoy para eso. Bébete tu trago y lárgate…- le dijo fastidiado.
-¿Para que estás listo, entonces? Tu zorra se quedo en su casita y tú, estás aquí.

Los azules ojos de Joshua relampaguearon ante aquel comentario y si no saltó encima del cuello de Jeremy fue por que el sentido común le llegó de súbito.

-¡Si que te molesta, eso!
-No tientes a tu suerte, Jeremy...- le indicó con apuntándole con un par de dedos.
-Explícame Josh, ¿por qué ahora que estoy a punto de ser libre, no estás a mi lado? ¿No era lo que querías, que dejara a Eli, que me concentrará solo en ti? Me divorcio por ti.
-¡YO nunca, te pedí eso! Jamás.
-Pero seré libre, estaré para ti, solo para ti...- le bramó Jeremy, dejando el vaso e intentando acercarse, pero Josh se movió un par de pasos hacia atrás, impidiéndole acercarse.

-No sé, en que momento supusiste tal tontería. Lo “nuestro” es asunto finiquitado, desde años atrás.
-¡Quiero recuperarte, hacerte ver…que te necesito! ¿Qué tengo que hacer, para que lo entiendas... para que estemos juntos de nuevo...?.- le chilló el fiscal, a quien en cada paso que daba uno mas, en sentido contrario era dado por el abogado, para impedirle llegar a su lado.
-Nada. No hay nada que pueda salvarse, ni mucho intentarse. Acéptalo, Jeremy. Como yo lo hice en su momento.
-Puedo compensarte por eso.
-¡NO puedes! Se hizo añicos, hace tiempo, no hay ni trozos que recoger.

Jeremy se movió mas rápido hasta que alcanzó a Joshua reteniéndole de los brazos y forcejeando con él, mientras el rubio buscaba quitárselo de encima. En un momento el impulso del fiscal se sobre impuso, buscando afanosamente los delgados labios del abogado a su lado. Intentó besarle, pero solo consiguió ser empujado firmemente, mientras escuchaba la voz furiosa y fría con la que Joshua le miraba.

-Lárgate de mi vida, Jeremy.
-¡Así. ¿Cómo un trapo sucio, piensas arrojarme?!

Joshua empezó a caminar, buscando el teléfono.

-Lárgate o llamare a la policía.
-¿Qué les dirás? ¿Qué tu ex –novio, no te deja en paz?
-¿Qué demonios, quieres probar con todo esto, Jeremy?
-Que aún conservo tu amor.
-No hay tal. Te lo llevaste, el día que te casaste. Tomaste tu amor, el mío y te fugaste con ambos. No tengo, lo que ya me arrebataste…- su voz fue lacónica y seria.

La cara de sorpresa de Jeremy iba de la negación a la incertidumbre a una mezcla de furia. Iba a empezar a gritar, cuando una voz en el interfon les hizo girar.

-Buenas noches, abogado. Soy el detective Félix, me informaron por radio, que una persona sospechosa golpeaba su puerta hace unos minutos. ¿Puede decirme, si todo esta bien?

Joshua miró al video y se encontró con un hombre que tenía todo el aspecto de ser policía y que anteriormente había visto en alguna parte de la comisaría, pero no ubicaba del todo, quien le mostraba su placa por la cámara.

-¿Todo esta bien? ¿Puede permitirme entrar?- volvió a repetir el policía.
-Todo esta bien, oficial. Ya se retira el visitante…- mirando la cara de molestar de Jeremy.
-No voy a retirarme hasta que no vea a “su visita”. Puedo esperar o solicitar refuerzos.
-¡¿Por qué no te largas, Félix?!....- le gritó Jeremy por el interfon al policía.
-Buenas noches, fiscal. ¿Quiere que le acompañemos a su casa? No parece estar en condiciones de conducir.

Jeremy iba a empezar a vociferar, cuando la mano de Joshua cerró la comunicación.

-Has el favor de largarte. O voy a levantar una demanda por acoso. Tengo testigos.
-Tienes tanto que perder, como yo.
-¡Lárgate!

Jeremy escuchó el golpe seco de la puerta cerrándose detrás de él, mientras en la calle solo se encontraba un auto aparte del suyo, mientras una patrulla se alejaba.

-Déme las llaves, no puedes conducir, fiscal.
-¿Por qué no te pudres en algún lado, Félix?
-Te daré la dirección en lo que tenga ese lugar, ahora deja de discutir y dame la llaves o terminarás en la comisaría pasando la borrachera.

Jeremy encontró las llaves, arrojándoselas al detective, quien le indicó a su compañero que se verían luego.

-Ve enfrente, fiscal. No soy tu chofer...- le indicó a Jeremy que se acomodaba en parte trasera, sin hacerle ningún caso.
-Pero bien que eres mi nana, ¿no? ¿De donde saliste, si no es que me vigilas?
-Eres un cretino, fiscal.

Jeremy le hizo una señal obscena que Félix vio claramente por el espejo retrovisor.

El resto del camino fue en silencio, Jeremy molestó y cabizbajo, mientras que Félix no perdía detalle de cómo los ojos enrojecidos del fiscal, terminaron de dar rienda suelta a varios hilos de lágrimas que empapaban su camisa. Le permitió llorar en silencio, por que las lágrimas son asuntos personales, al cual los mirones no entienden totalmente y siempre están fuera de lugar.

Llegaron en caravana al edificio donde ahora vivía el fiscal. El compañero de Félix se fue con la patrulla, dejándole su auto, mientras que éste les indicaba que solo dejaría al fiscal en su departamento y se verían después.

Dean Félix abrió la puerta trasera, de donde el fiscal no salía.

-¿Vas a quedarte toda la noche?...- le gritó.
-Es mi propiedad, puedo hacer lo que quiera.
-Estás ebrio, ¿Por qué no duermes en tu cama o el suelo de tu departamento?
-¿Qué te importa a ti, dónde duerma?
-¡No tengo tiempo para tus chiquilladas, fiscal! No he dormido en horas, así que no tientes a tu suerte, de que no te parta la cara y lo reporte como accidente al bajarte del auto…- le atrapó del puño de la camisa, obligándole a salir.

Técnicamente le empujó hasta llegar a su departamento y vio como batallaba para encontrar las llaves.

-¿Cómo llegaste hasta allá, en este estado...?.- le arrebató el manojo de llaves, abrió la puerta, encendiendo la luz y dándose cuenta que la mayoría de las cajas de mudanza, seguían igual, sin abrir.

Vio luego pasar a Jeremy al baño y las arcadas con las cuales ponía su estomago en paz. Fue a buscarle, encontrándolo lavándose la cara, luego de secarse con una toalla que arrojó al lavabo. Le dio agua, que el fiscal bebió con avidez, deslizándose luego por la pared, donde había puesto su espalda, hasta quedar sentado en el suelo.

-Te han partido el corazón, fiscal.
-Púdrete.
-Así, que el abogado de la defensa era tu asuntito. ¿Qué paso? ¿Le molestó que te divorciaras, sin avisarle o no le gustan esos papelones en plena calle, borracho, gritándole como noviecita importunada?
-¡Vete al diablo y déjame en paz!...- pegó la cabeza, cerrando los ojos, dándose de golpes contra la pared.

Félix se acercó a su lado, poniendo la mano detrás de su cabeza, impidiendo que los golpes fueran en serio.

-Déjate de estas cosas…-le dijo….-terminarás lastimándote…- y tiró de su brazo para levantarlo... -es hora de que te vayas a tu cama.
-Suéltame, teniente de pacotilla...- le gritó Jeremy de malos modos, zafándose de un manotazo, el cual, sin ser ese su destino, cruzó la cara de Félix de un lado al otro.

Fue suficiente para colmar la ya precaria paciencia de Dean.

-¡Solo eres un mimado prepotente y ególatra que hace un berrinche cada vez que no obtiene lo que quiere...- y sin más se fue sobre Carson y lo levantó por los brazos.

Jeremy se bamboleó con aquél inesperado impulso, mientras sus entrañas se demoraban en seguir al resto de su cuerpo y su cerebro embotado se la iba para todos los lados.

-Pedante. Reprimido...- murmuró antes de sentir que volvía el estómago, y procuró darle a Dean un nuevo golpe, el cual pasó sin tino sobre su hombro, cuando el policía lo evadió con mucha facilidad, y aprovechándose del movimiento y el desequilibrio del fiscal, se le metió por debajo y lo levantó, sin mucha dificultad. Ya que estaba acostumbrado a vérselas con tipos mucho más grandes y corpulentos dominarlo no fue problema. Con Jeremy tratando de bajarse, lo devolvió al baño y abrió la regadera con el agua fría y de un empellón lo dejó caer dentro del chorro, con ropa y todo lo demás.

Jeremy gritó como gato bajo la lluvia, y trató de salirse, pero Dean se lo impidió, manteniéndolo debajo del agua.

-Así esta mejor...- le dijo…- obstinado déspota.
-Patán...- gritó Carson, antes de que el esfuerzo y sus tripas revueltas le hicieran devolver todo lo que le quedaba por dentro.

Dean seguía manteniéndolo debajo del chorro, para que el gélido líquido le devolviera de alguna forma la lucidez. Jeremy seguía forcejeando y vaciándose su estomago encima, hasta que ya no le quedó nada más que pudiera expulsar y se derrumbó. Al irse contra el suelo, se llevó con él a Félix, que terminó igualmente empapado.
Las lágrimas de Carson se mezclaron con el agua, disimulando un poco la congoja que el orgullo le impedía desatar.

Dean lo contempló, dividido entre el enojo y la lástima, descubriendo una cara completamente inesperada de aquel hombre que le había llamado poderosamente la atención y que seguía seduciéndolo a pesar de su rechazo.

Jeremy continuaba boqueando, vislumbrando directa y por primera vez, desde que entró a su departamento, el rostro del policía y las miles de gotitas que recorrían aquella cara singular, la piel tostada y el fuego con que lo devoraban esos ojos oscuros y brillantes.

Félix, se movió hacía él, comenzando a quitarle la embarrada chaqueta.
-Sácate esto...- le dijo -, estás hecho una porquería y apestas.

Jeremy no reaccionó hasta que sintió el agua corriendo libremente por su pecho y las manos de Félix desembarazándolo de la camisa y el saco, luego reanudó su lucha y sus manoteos.
-No comiences, que igual me da dejarte inconsciente y desnudarte sin ningún problema...- le advirtió Dean poniendo ahora sus manos sobre la pretina del pantalón del fiscal, el cual le sacó rebotándolo por sus caderas, levantándolo con el tirón que le propinó y las patadas que Carson trataba de descargarle.

Por más que se opuso, todo le fue quitado a Jeremy y desnudo se enfrentó a un burlón teniente que agravó su humillación, quien tomando el frasco de shampoo lo descargó sobre su cabeza y el resto de su cuerpo, cerrando la ducha principal.

-Basta. Basta...- le gritaba cuando comenzó a frotarlo por todas partes y a sacar espuma.

Las manos se movían expertas y con una pericia que estaban logrando en el cuerpo de Carson lo que el agua fría no pudo, sintiendo como una oleada cálida se le iba por debajo de la piel y un cosquilleo se le agolpaba en la entrepierna, pero antes de que pudiera dedicarse a disfrutar plenamente de aquel masaje, Dean echó mano de la ducha manual y terminó de enjuagar a un renuente Jeremy que continuaba resistiéndose tercamente, cubriéndose púdicamente con sus manos.
Cuando ya no le quedó nada de jabón encima, le tomó por una de sus muñecas y lo sacó de la regadera, tirándole una toalla encima.

-Sécate...- le ordenó.

El humillado fiscal tomó el paño y se cubrió, mirando al otro con rencor.

-¡Sécate igual!...-le reclamó, sin encontrar otra manera mejor para desahogar su furia y frustración….- vas a salpicarme toda la casa.

Félix se contempló un momento dándose cuenta que estaba tan empapado como Carson, ni había reparado que se estaba mojando en igual manera mientras lo limpiaba.

-No hay problema...-le expuso y comenzó a deshacerse de sus prendas, una por una, con parsimonioso estoicismo, sin retirar sus negros ojos de los de avellana, que poco a poco comenzaban a brillar ante el cuero que se descubría frente a ellos.

Hipnotizado, Jeremy no obedeció el primer impulso que le indicó su soberbia de salir de allí y dejar a Félix solo, boquiabierto seguía los movimientos de esas manos poderosas y la seducción de sus maneras.

-Vete al diablo...- le increpó cuando los pantalones fueron a parar al piso, seguido por los mocasines y las medias. Se dio media vuelta, para escaparse de esa perturbadora visión pero Dean lo siguió, atrapándolo en el pasillo, y la mano del teniente llegó hasta la ingle del fiscal, acariciando la hombría que, ya indiscreta, estaba desmintiendo la cólera del magistrado.

-No te creía tan mojigato...- le siseó Félix.
-Eres un miserab...- arrancó Jeremy, levantando una mano para propinarle un buen derechazo, pero el otro lo empujó contra la pared, sacándole el resto del aire de los pulmones y le atrapó los labios antes de que pudiera exhalar.

El beso fue brutal, marcado y decidido, Jeremy se vió invadido por una lengua que se profundizó hasta llegarle a las amígdalas, y quitándole todo rastro de la borrachera que se había propinado. Chilló dentro de aquella embocadura, y braceó, tratando de apartar al aprovechado teniente, pero éste lo sujetaba por los hombros, pegándole firmemente la espalda a la pared, sin dejarle ningún apoyo al doblarlo e igualmente, anulándole el balance que necesitaba para que sus piernas secundaran a sus brazos en su defensa.

Dean no quiso entrar en razón de lo que hacía, prendado en aquella boca que recordaba con añoranza el sabor que ahora se encontraba adulterado por el alcohol y la rabia, lo rodeó mejor con sus brazos, apretándolo contra su pecho y bajando sus manos hasta retenerle las muñecas que le arañaban el rostro y la espalda, lo separó de la pared tan solo para doblarle y tenerle mas cerca, arraigándole un gemido adolorido. Jeremy cerró sus dientes sobre la lengua invasora hasta roerla, y escuchó el lamento furibundo de Félix, cuando la sangre se mezcló con la saliva y se apartó.

-¡Fuera de mi casa!...-le gritó Carson encontrando suficiente aire para hacerlo…-maldito pervertido.
-Miren quien lo dice...- le reniega el teniente, furioso ahora con el mordisco y la reacia actitud de Jeremy, cuyo deseo se le afloraba por cada poro y le contradecía descaradamente.

Carson lo apartó de nuevo, al verle aquellos ojos tan lascivos y decididos, intentando llegar hasta el teléfono de su habitación que era el que tenía más cercano.

-Llamaré a la policía...-le amenazó, levantando la bocina.
-La policía ya esta aquí…- le reprimió Dean, quitándole el aparato de las manos y tirando a Jeremy sobre el colchón…- No te hagas que estás tan excitado como yo.
-Antes prefiero cortármelo...- le rugió Jeremy.
-Yo prefiero hacerle otra cosa...- le azuzó Félix, tomando las piernas de Carson y sacándolo parcialmente por el borde de la cama, cayendo sobre sus rodillas, se metió entre ellas y tomando el miembro erizado de Jeremy, se lo metió de un golpe en su garganta.

El fiscal dio un respingo tan fuerte que casi terminó en el suelo, mientras la lengua de Félix, se iba en lamidas prolongadas sobre el falo que tenía embutido, sosteniéndolo firmemente por las culatas, sin permitirle al fiscal, retirarse. Pero sus golpes y reparos no eran más que por inercia, aquella boca lo estaba estimulando a todos los niveles, y el placer recorría cada nervio, incrementado por el empuje de la cabeza que se movía de un lado al otro o subía y bajaba en duras arremetidas. Jeremy buscaba la manera de que su boca formulara un conciso “NO”, pero solo lograba gemir y rezongar, arañando sus sábanas o tirando del cabello de Dean, pero sus manos no le desechaban, en cambio, lo empujaban más hacia abajo atragantando al policía.

Una consistente marejada se fue agolpando en su vientre, ensanchando los tejidos y preparándose para la expulsión, siendo anunciada por la garganta de Carson que aumentaba su agudeza con el ritmo de Félix, pero cuando le clavó los dedos en la nuca, afianzándolo hacia abajo, Dean, cerró los dedos en la percha, y la apretó sin clemencia, deteniendo la detonación.

-N-nooo. Hijo de tu grandi...- aulló Jeremy, doblando las piernas y sintiendo que el dolor le llegaba a los riñones.

Félix esbozó una risa cruel, y sin soltarlo, se levantó y con el brazo libre le rodeó la cintura al perturbado Jeremy y como si se tratara de un trompo, lo hizo girar para tirarlo boca abajo por el borde del lecho y se le pegó a su espalda. Escupió sobre sus dedos y los llevó a los cuartos traseros del fiscal, y sin darle tiempo de tomar aire, lo penetró con uno.

Jeremy se arqueó, ante el paso de aquel largo índice, que luego de llegar a estar por completo en su interior, le abrió camino al medio y al anular. El fiscal se removió desde el cabello hasta las uñas de sus pies. Dean agitó su mano en un par de golpes y se le fue encima, cubriéndole su espalda con su torso.

-Estás acostumbrado a hacerlo todo a tu manera...- le respinga en el oído…- a decidir el como y el cuando- lamé la mejilla de Jeremy, arrancándole un ansioso gemido….- pero hoy lo vas a hacer a mi modo….- y lo invadió.

El de ojos de avellana, rechinó sus dientes en un gemido agónico, tratando de impulsarse hacia el frente, pero tanto el borde de la cama como la mano que lo tenían prensado se lo impidieron, golpeó el colchón y los costados de Dean, pero no logró más que el otro acomodara su postura terminando de entrar completamente como dueño y señor de su cuerpo.

El grosor no es muy exagerado, tampoco en su largo y curvatura, no hay que negar que en sus muchas correrías Jeremy hubiera disfrutado de una gran variedad, pero el “Arma” del policía sobresalía en esos momentos en tantos aspectos que no logra ponerlos en orden. Para colmo no había preservativo que aliviara las cosas, no existía nada más que sensaciones, saliva y piel.

Félix, se quedó muy quieto, dándose tiempo para disfrutar de aquella gruta estrecha, cimbreante y tibia, de un cuerpo firme y trabajado, no musculoso en exceso, ni exageradamente fornido, tampoco endeble, o delicado. Se regodeó con su piel que era muy tersa, elástica y dúctil, por donde pasó la mano por la espalda hasta llegarle al cuello, esperando a que Jeremy se tranquilizara e hiciera el siguiente movimiento. Además quería disfrutar de tenerlo a su merced, ya no tan altivo ni dominante, tan solo un ser humano que se negaba a disfrutar de lo que le ofrecía, se volvió a inclinar y le tomó por el cabello, levantándolo hacia su cara, retirando su miembro.

-Pídeme que me detenga...- le solicita…-ordéname una vez más que me vaya...- pero en vez de salirse, se volvió a imbuir con una poderosa arremetida que hizo que Jeremy soltara un quejido….-¡Dime lo que quieres!

Las lágrimas en los ojos de Carson son de dolor, de humillación, de rabia, de deseo, de placer.

-Quédate...-le barbotea….-termina lo que comenzaste.

La mano de Dean deja su cabello para acariciarle la mejilla, y lo vuelve a besar, palpando mejor aquellos labios trémulos y vencidos, saboreándolos de nuevo con un gusto distinto, el del vencido disfrutando del vencedor, concediéndose y permitiéndose ser seducido por algo tan nuevo como dejarse subyugar, derogando la oposición para entregarse en aquella sensación novedosa que le ofrece las diestras manos que había menospreciado.

Félix comenzó entonces sus movimientos de ida y venida, con dureza, empujando a Carson de nuevo sobre la cama, sin sutilezas o cuidado, no le deja al fiscal ninguna oportunidad para asumir el control; sube una de sus piernas a la cama para cambiar el ángulo y la penetración, mientras el nuevo giro de sus caderas provocó que los gemidos de Jeremy se hicieran más recios.

El movimiento de la mano de Félix sobre el falo de Carson también era un masaje severo, decidido a agotar todas sus fuerzas, enervándose con la excitación de verlo agitarse con cada embestida, escuchando sus apremiantes gimoteos, el copioso sudor que bañaba todo el cuerpo de su cautivo y solo cuando dejó de rasgar las sábanas y clavarle las garras en las caderas, se afincó por completo, dejando que su eyaculación inundara todo el interior del fiscal, al tiempo que éste se rebosaba en su mano, los dos cayeron en el lecho, gritando, convulsionándose y apretándose el uno al otro como un solo cuerpo.

No se movieron por varios minutos, mientras Dean resollaba contra la nuca de Jeremy y el derrotado fiscal, se enrollaba, dentro de los brazos del teniente y se arremolinada contra él, sonriendo satisfecho.

Félix, se fue reponiendo, y cuando volvió a sentirse, ya estaba abrazado por completo al cuerpo de Jeremy y los brazos del fiscal se entrelazaban a los suyos. Se incorporó un poco y le besó en el oído, musitándole:

-Admítelo, te gustó.

Jeremy volvió a retomar su sonrisa altiva y desdeñosa, rodando su cara hacía la del teniente.

-Primero se congela el infierno….- le contestó y se giró, sin soltarse de los brazos de Dean, se quedó dormido.
-Grandísimo hijo de perra…- murmuró el policía y le besó en la mejilla, le tiró una sábana encima y se levantó.

Se fue hasta el sillón que Jeremy tenía a un lado de su cama y se sentó en él para contemplarlo dormido, con aquella sonrisa insolente y ufana, más parecía un vencedor que un vencido. Pero no cabía duda que Dean había alcanzado lo que ningún otro hombre había logrado antes.

-Ya eres mío.- le sentenció.

Cuando se sintió seguro de que sus piernas ya podrían sostenerlo, se levantó del todo y se fue a recoger su ropa, la metió en la secadora junto con los zapatos y regresó a la ducha por la de Jeremy, como un soltero veterano, ya estaba versado en las maneras de sobrevivir en casa. Las despensas del fiscal estaban bien surtidas, era seguro que la secretaria se hubiera encargado de ello. No tardó en encontrar el detergente y acondicionó la lavadora agregándole también el suavizante.

Mientras esperaba que la ropa se le secara, regresó con Jeremy, que seguía profundamente dormido, ahora ya no por la borrachera sino por la agotadora sesión de delectación que le había propinado el policía, su expresión se le había acentuado en deleite y sin duda estaba disfrutando de un maravilloso sueño, producto de un extenso post-orgasmo.

Allí estaba meditando en todo lo que había pasado y lo que había logrado, más seguro que nunca que su vida ya no volvería a ser la de antes.

La ropa se seco, quitándole la excusa para permanecer en esa casa, salió con cuidado, llevándose las llaves que le había quitado a Jeremy; mascullando por la mala suerte, cuando revisó su reloj y se dio cuenta de que su turno comenzaba en escasas dos horas, bostezó largo y tendido, no valía la pena que se fuera a dormir, se regresó a su casa solo para darse una buena ducha y cambiarse de ropas e irse a trabajar.

Jeremy se despertó con una resaca monumental, algo en ésta la hacía superior a las otras que se había propinado pero no recordaba, en particular, que la hacía tan especial. Se volteó en la cama con cada músculo oponiéndose agónicamente y al intentar sentarse, recordó lo que le había propinado aquel soberano malestar.

El rostro de Dean Félix se le estampó entre las cejas, produciéndole un exquisito estremecimiento por cada vello de su cuerpo. Recordó su boca contra la suya, las caricias de sus grandes manos y el cuerpo que había terminado de avasallar al suyo.

Se estiró con delicia, ronroneando y cruzando sus piernas cuando sintió que su miembro volvía a endurecerse con el recuerdo tan vívido.

-Primera y última vez, teniente...- se pronosticó a si mismo, sentenciando a su propia debilidad.

Escuchó un chasquido en el pasillo, y se volvió a incorporar al percibir el aroma de café recién hecho. Dean abrió la puerta del cuarto con el hombro y se le acercó, con una bolsa de papel en una mano y un tarro de café expreso en la otra.

-Buenas tardes...- le dijo alegremente Félix, poniendo la bolsa sobre la mesita de noche.

-¿Tardes?...- inquirió Jeremy, preguntándose porque Félix tenia que hablar tan alto y se volteó a ver la hora en su reloj despertador, no estaba muy seguro, no lograba verlo bien, pero parecía indicar que pasaban ya las doce del mediodía…- ¿Qué haces todavía aquí?...- le refunfuñó, y entonces notó que no llevaba las mismas ropas que en la víspera y no eran de las del fiscal, estas eran ropas comunes de un policía de baja paga, aunque con un muy buen gusto…-¿No te quedaste a dormir, aquí?....- formuló una mejor pregunta.

Félix se rió, volviendo a salirse, para regresar poco después con una bandeja cargada con mermelada y mantequilla, un plato, cubiertos y dos tazas, colocó las cosas a un lado de Jeremy, abrió la bolsa, sacando un par de Croasaintt poniéndolos en el plato.

-¿Mermelada y mantequilla?...- sugirió, pero antes de dejarle que aspirara el delicioso aroma que despedían los tibios panecillos, tomó una de las tazas y se la puso en la mano…-Primero tómate esto.

A la sensibilizada nariz del fiscal le llegó un pertinaz olor.

-¿Qué demonios es eso?....- protestó apartándolo, a lo que Dean se lo volvió a acercar a la boca.

-Lo mejor para la “Cruda”-… le dijo…-un remedio casero muy efectivo, huevo, pimienta, un toque de salsa tabasco. Pero el toque se lo pone el ajo.
-¿Quieres matarme?....- protestó Carson, apartándolo de sí.
-Si no te lo bebes...- le amenazó Dean. Ya consabido de la forma como Félix se hace obedecer, Jeremy toma el brebaje y haciendo un mohín, se lo traga, formulando todo tipo de arcadas.
-Sabe a rayos...- rezonga, casi escupiendo lo que le quedó en el paladar. Dean se sonríe y le acerca los panecillos, sirviéndole el café en la otra taza. El logotipo en el envase le indicó que estuvo al otro lado de la ciudad, él mismo había frecuentado ese local en algunas ocasiones, servían un excelente café… -. Saliste muy temprano a comprar café, ¿cómo entraste?

El policía tan solo saca la llave del fiscal y la pone sobre la bandeja.

-Me pasé toda la mañana bostezando en el trabajo…- le dijo a Jeremy….-mi compañero me preguntó donde me había ido de juerga…- y pone su mano en la de Carson….-Estuve muy tentado a contarle lo que estuve haciendo anoche.

El fiscal saltó como un resorte de la cama, y cuando se dio cuenta de que continuaba desnudo, trató de cubrirse con sus manos y se metió al closet, poniéndose los primeros pantalones que encontró. Dean ya se había levantado y lo esperaba cuando salió de nuevo, metiéndose una franela por encima de su cabeza.

-Escúchame muy atentamente, policía de segunda, lo que pasó anoche nunca se va a repetir. ¿Te ha quedado claro? Jamás, de los jamases me volverás a tocar, si lo vuelves a intentar, te levanto un acta y te denuncio por acoso sexual y violación.

Dean se le acercó y Jeremy retrocedió, pero quedó contra la cama a lo que el otro lo alcanzó, volviendo a acariciarle la entrepierna que no había relajado su nada sutil erección, el fiscal se resistió al manoteo, pero no puedo evitar exhalar con fruición.

-No puedes negar que te gustó….- y le besó Dean el cuello a lo que Jeremy se estremeció….-yo te folle, pero tú respondiste, berreaste, te estremeciste como gelatina y te vertiste en mi mano. ¿O esa parte, no vas a contarla?

Venciendo su propia flaqueza, Jeremy se contuvo, dejando que el enojo lo envolviera, haciéndose dueño de sus debilidades.

-¡Tú lo llamas follada, yo le llamo violación!
-No puedes probarlo...- le arguye Dean, sacando todos los argumentos que se conoce para enfrentarse a un abogado del calibre de Jeremy…- estabas completamente ebrio, no pudiste ni abrir tu puerta, me invitaste a pasar y aceptaste mi compañía, no hay testigos, es tu palabra contra la mía…-su mano frota con determinación a lo que Jeremy cierra los ojos sintiendo que se vuelve a derrumbar….- eres demasiado arrogante como para ponerte en evidencia con un escándalo, ya tienes bastante la publicidad adversa que generará lo de tu divorcio, además que el caso Morris es el más importante de tu carrera en este momento…..- y bajó la voz, mirándolo directo a sus ojos…-sin olvidar ese intempestivo amorío con el abogado defensor del caso.

Al oír eso, Jeremy se agitó, levantando un brazo para intentar golpearlo, pero Dean se lo detuvo sin dejarlo descargar y la obligó a bajarlo….-Tú abres la boca y te hundo, junto conmigo...- le dijo Dean, pegándose tanto al fiscal que aquel sintió el olor de su loción, la cual le trajo sentimientos muy encontrados, pero tuvo el suficiente coraje para empujarle y liberarse de su agarre.

-¡!!Lárgate de mi casa!!!...- le ordenó con todo el coraje que pudo acumular.

Dean se sesgó y se apartó, con ganas de agarrar a Jeremy y volverlo a tirar sobre la cama para tomarlo de nuevo, pero era mejor dejarlo a solas, ya le había dado una muestra de lo que podía proporcionarle, tan solo le permitiría sopesar lo que había recibido y lo comparara si quisiera, estaba seguro de haber logrado marcarle una sustancial diferencia muy difícil de suplantar, se giró sobre sus talones y se alejó, ya se volverían a encontrar, esta ciudad no es tan grande.

-Tú te lo pierdes, engreído…-le rió con sorna, pero no alcanzó a decir más, cuando la puerta se cerró casi en sus narices.

Definitivamente, el domingo es un día bastante peculiar, en la vida de mucho.

Sam se levantó temprano, tanto que decidió que ir a correr seria adecuado para empezar el día. Hizo después una limpieza general a su departamento y cuando volvía con la cesta de ropa limpia, la dejo sobre su cama y mientras iba doblándola, tomó su celular y marcó al número que correspondía a Daniel. Le había prometido ir a desayunar juntos algún lugar. Serviría para disculparse por lo sucedido con Joshua. Espero un par de timbres y la voz detrás de la línea le sorprendió.

-El propietario del celular esta dormido, si es urgente deje su recado…-un sonrisita que reconoció de inmediato, le hizo pensar que se había equivocado.
-Hola. Soy Sam. ¿Eres....Paul? Creo que me he equivocado de número.

El terapeuta hizo una mueca de fastidio, seguro estaba que no debía responder, pero a insistencia de Daniel había tomado su celular y contestado.

-No, no te haz equivocado. Espera, le pasare tu llamada.

Paul miraba el cuerpo que tenia enredado entre el suyo, que levantó con pereza la cara.

-¿Quién habla?...-gruñó.
-Sam, quiere hablar contigo.

Con ese solo nombre, a Daniel se le fue el sueño de súbito y reclamó su celular, poniendo su cabeza sobre la almohada, mientras pasaba una mano por su cara.

-Sam, ¿sucede algo?....-su voz mostraba la extrañeza de recibir esa llamada.
-Por un momento pensé que me había equivocado de número telefónico y llamaba a mi terapeuta.
-No te equivocaste….-volteó a ver al aludido, quien pretendía levantarse, pero le retuvo por la muñeca….-esta conmigo.
-¿Eso es bueno o fue una crisis?....-medio intento bromear con el hecho.
-Un poco de todo. ¿Qué sucede?
-Prometí que iríamos a desayunar.
-¿Tu novio te dio permiso?
-Puedo tener amigos y mi “novio” aceptara eso. Siento lo de viernes.
-Me alegra que puedas encontrar tiempo para “escaparte de tu novio” y sociabilizar. ¿Te parece, si en otra ocasión nos ponemos de acuerdo? Hoy, no puedo acompañarte.
-Claro. Nos vemos en la semana….-cortó el castaño, no muy seguro si aquello le disgustaba del todo.

Sonrió cuando entendió el trasfondo de que Paul estuviera en el departamento de Daniel. Era obvio que el terapeuta estaba interesado en su amigo. “Vaya, que es persistente”, se dijo Sam, decidido entonces a que tendría que pasar la mañana solo y disfrutar su departamento hasta la llegada de Joshua en la tarde.

Su rubio amante despertó tarde. Entre la molestia que le causara la inoportuna llegada del fiscal y la sesión de video juego en la cual buscó afanosamente descuartizar a cuando alienígena se atravesara por su pantalla, por lo que terminó acostándose bastante tarde y era pasado media día cuando bebía café recién colado, cuando el sonido del interfon le sorprendió.

-¿Y ahora?....-se dijo cuando la cara de su hermano mayor apareció y abrió la reja de la casa, pero luego vio que detrás venia otro auto mas. Del primero bajó con mal talante el hermano quien entró con paso decidido a la casa, seguido luego por una mujer, a quien reconoció como su hermana.

-¡Realmente no tienes temor de Dios, Joshua!...-le gritó el varón a todo pulmón.
-Es domingo, el señor descansa este día…-le dijo el aludido son sorna.
-Eres un pervertido, por gente como tu, el Sr. hizo arder Sodoma y Gomorra.
-El mismo cuento…-dijo Joshua mientras bebía con cierta displicencia su café.
-Jared, por favor. Deja de importunar a Joshua con eso.
-Tu, sigues defendiéndole, cuando sabes cuando dolor ha traído a nuestra familia…-rezongó el otro casi sin aire.
-No somos quien para juzgarle….-recalcó la menudita mujer, que se no dejo intimidar.
-¿Por qué no miden sus diferencia en la sinagoga y dejan de darme estos circos?...-entró Joshua intentando dejarles en el patio, pero el brazo de su hermano le tomó del hombro y le hizo girar.
-Ya sabemos la depravado que eres con tus vicios de la carne, pero no tienes por que pasearte por la ciudad ufanándote de ello.
-¡ ¿Cuándo te molesté por ello? ¡…-se soltó el rubio hermano.
-Ayer, te vieron. Tomado de la mano con otro varón. ¿No puedes esconder tus perversiones de la vista de los demás? ¿Qué es lo que pretendes, que nuestro padre muera de vergüenza?
-No tengo padre, el mismo me lo dijo.
-¡Joshua, no digas eso!...-dijo la mujer, acercándose a ambos y empujando a otro hermano…-Y tú, no eres quien, para reclamarle.
-¡Cállate mujer, nuestro padre sufre las vergüenzas de éste, que sodomiza varones y ultraja además el nombre de nuestra familia! Nuestro padre enfermo y éste exhibiendo sus vicios…-gritó sin contenerse.
-¿Qué le sucede a nuestro Padre?...-intervino entonces Joshua.
-Tu no tienes Padre, ¿no lo dijiste?...-el aludido hermano se dio la vuelta y salió del lugar.

Joshua le miraba molestó y contrariado, por mas que intentaba lidiar con aquello e ignorarlo siempre le hacia sentir un hueco enorme y esta vez un amargo sabor subió por su garganta, mientras miraba a su hermana.

-No le hagas caso, Joshua.
-¿Qué tiene nuestro Padre? Dímelo.
-Su corazón, le causa problemas de vez en vez.
-¿Por qué nadie me lo había dicho?...-le rezongó.
-Él prohibió que te avisáramos. Pero yo creo que ustedes deben hacer las paces. No es bueno para ninguno de los estar así, adoloridos y resentidos.
-Él no deja que me acerque.
-Sigue jugando ajedrez en Central Park por las mañanas…-le dijo su hermana poniéndose de puntitas y dándole un beso en la mejilla….-Me voy, nos veremos luego.

Joshua les vio partir y la sensación de malestar no pasó fácilmente en el resto del día.

Parecía siempre tan fácil tener el control de su vida, hasta que la familia interviene y continua decidida a hacerle sentir un degenerado y depravado, solo por que no pueden confrontar el hecho de que tener un hijo y hermano bisexual es demasiado humillante, va contra natura y con las leyes religiosas que les han regido.

Buscó intentarse explicar una y otra vez que estaba en su derecho de tener las preferencia sexuales que mejor que le ajustaran y si había peleado por esa posición antes, ahora que tenia a su lado a Sam, lo haría con mayor ahínco.

Dios le manifestó un ángel en su vida, no uno vengativo y dispuesto a cumplir con la cólera de Señor sino más bien para indicarle que todos son sus hijos, sin considerar sus menudencias. Era en ese Dios, amoroso y protector de sus hijos, en el cual quería creer.

Si su familia, no podía conciliar eso, era su problema. Pero si era problema suyo, acercarse a su padre, no para pedirle perdón, sino para hacerle patente, que seguía considerándolo su progenitor, aunque él pensara lo contrario.

Mientras divagaba sobre ello, escuchó el timbre del celular y fue entonces que se dio cuenta de lo tarde que era y que había casi olvidado que iría a buscar a Sam.

-Hola, ¿te encuentras bien? ¿Dónde estas? Son cerca de la seis.
-Hola, perdón, no me di cuenta de la hora. Voy para allá.
-¿Seguro te sientes bien? Tu voz se escucha….algo seria.
-Estoy bien, en verdad….-dijo intentando que su voz fuera normal, pero aquello no convenció a Sam.
-Tomare un taxi e ire a verte. No te muevas.
-!Sam, espera!

Pero la llamada se cortó y decidió que entonces le esperaría, realmente no estaba de humor para cruzar por la ciudad y le consoló increíblemente que su ángel fuese a buscarle.

¿Si eso no era que Dios, le amaba? ¿Qué era entonces?

 

Cap 21