
“…...La intersexualidad es
un patología trágica, según la experiencia de muchos
activistas intersex, por el resultado del cuerpo intervenido, por la multiplicidad
de cuerpos en juego: por un lado, el cuerpo vivido cotidianamente, marcado,
cortado y cosido, insensibilizado; por otro lado, el cuerpo perdido, que
puede imaginarse o recordarse, fantasearse, el cuerpo que hay que reconstruir,
la experiencia de la historia personal robada, de la historia clínica
ocultada, falseada o destruida. Quedando un camino de autodescubrimiento,
siendo producto paradójico, cruelmente de los mismos procedimientos
médicos destinados a erradicarla…. [1]”
20.
Eres persistente
Sam abrió los ojos con pereza al sentir que unos dedos acariciaban
su vientre, jugueteando con su ombligo mientras empezaban a lamer su cuello.
Empezó a estirarse, buscando deshacerse un poco del agradable contacto.
Aun no sonaba el despertador. Luego su mente conectó la idea de
que eso no sucedería. Era sábado y no había dejado
programado la alarma.
-Quiero
do-dormir un po-poco más…-le dijo a su solícito agresor
de ojos azules, quien ya deslizaba su mano mas abajo de su vientre.
El
castaño rodó para poner su cara en el pecho del rubio, luego
de darle un beso, mientras escuchaba un “Buenos días, dormilón”.
Solo pudo medio gruñir algo y volvió a cerrar los ojos,
dejándose besar, pero sin inmutarse mas. Lo cual terminó
por surtir efecto, por que minutos después volvía a caer
en un agradable sueño, donde se sentía pleno y relajado,
además de que su cuerpo le pedía a gritos descansar después
de la continua sesión de reconciliación con la cual se habían
llenado ambos, de caricias el cuerpo hasta terminar agotados y sudados
sobre la cama.
Las
sesiones de sexo con Joshua cada vez le resultaban mas satisfactorias
y entre ellos no había roles establecidos, ya que intercambiaban
posiciones y se encontró un par de veces dentro de sus entrañas,
disfrutando la cálida presión de su miembro, siendo retenido
hasta oírle gritar su nombre. Mientras que Joshua había
jugueteado entre sus dos sexos, tomando posesión de uno, mientras
se deleitaba del otro al mismo tiempo, haciéndole notar que disfrutaba
su ambivalencia.
Le
llamó Ángel, como un sinónimo de su hermafroditismo,
que en definitiva no era ningún impedimento para sentirse ambos
complacidos en el acoplamiento y la aceptación.
Sam
no tenia dudas, Joshua era el compañero adecuado para su vida,
quien le aceptaba, le amaba y le permitía ser. Todo parecía
perfecto. Pero aun en el paraíso los ángeles recelan de
vez en vez de la fortuna.
Fue
el par de timbrazos en su celular, casi enterrado entre las ropas tiradas
cerca de la cama, que le hizo abrir por completo los ojos, enfocar el
origen del sonido, reptar desnudo entre las sábanas, donde descubrió
que se encontraba solo. Buscó con la vista a Joshua y escuchó
sonidos fuera de la recámara, posiblemente en la cocina. Sonrió
y luego volvió a la mullida cama para contestar, al identificar
la llamada.
-¡Hasta
que por fin contestas!
-Hola, también me da gusto escucharte, hermanita.
-¡Si, claro, por eso has dejado tu contestador apagado y mis llamadas
a tu celular terminan en el buzón de voz, que seguro no revisas...!-
gritaba Diana desde el otro extremo de la línea…-¿Dónde
has estado metido?
-No voy a contestar eso…- dijo Sam, mordiéndose los labios,
al pensar en la noche que ha tenido con su rubio…-¿Están
bien? ¿Por qué has estado buscándome...?- preguntó
luego poniéndose algo serio.
-Estamos bien, si. Peter te manda saludos. Y no creo que tengamos que
esperar hasta “Día De Gracias” [1], para saber de ti,
¿verdad? No te has reportado en toda la semana.
-No sabia que tenía que checar tarjeta contigo de mis idas y venidas…-
le dijo Sam en tono de guasa... -, he tenido una semana compleja y llena
de cosas…-terminó, algo serio.
-Si, leí algo en los periódicos y los noticieros no dejan
de dar la nota. ¿En verdad le culpan por eso también?
Diana
hablaba sobre el caso Morris, que a raíz de la muerte en un bar
de la testigo clave de la fiscalía y haberlo encontrado en sus
cercanías, huyendo del resguardo domiciliario, le hacia blanco
de todas las sospechas y lo que le hizo perder su fianza, para terminar
el juicio desde prisión.
-No
puedo hablar del caso, Diana.
-Lo sé. ¿Tú cómo estás?
-Ya te lo dije, con mucho trabajo. Las siguientes apelaciones serán
decisivas.
-¿Crees que se alargue el caso, hasta navidad?
-Nooo, espero que no. Cuento con que nos libraremos de eso antes.
-Espero que así sea. ¿Cómo está tu rubio,
enamorado?
-Bien, bastante bien…-respondió Sam arremolinándose
entre las sábanas
De
hecho Joshua se encontraba afuera de la recámara, donde la puerta
se había quedado abierta y pegaba su espalda a la pared, sin entrar,
no queriendo interrumpir y que escuchaba tramos de conversación.
Sonrió cuando descubrió que era la hermana de Sam.
-Se
ha quedado a dormir, supongo…- dijo Diana tanteando el terreno.
-Si, nos hemos reconciliado.
-¿Cómo que reconciliado?
-Ahhh, pues ayer fue un día raro y discutimos en la mañana,
por una tontería. Nos reconciliamos en la tarde y un par de horas
después teníamos otra discusión.
-S-a-m…- dijo algo seria Diana.
-Pero ya lo resolvimos.
-¿Resuelven sus diferencias, con sexo?
-Como las parejas normales, supongo.
-Sabes que eso no esta bien. Si tienen diferencias, tienen que hablarlas.
-Lo hacemos, pero es una gran novedad para ambos disfrutarnos.
-Siempre y cuando no signifique que pretendan resolver todo así.
¿Por qué… pelearon...?.- se atrevió ella a
preguntar.
-Joshua es celoso y algo posesivo.
-¿Con quién te cela?
-Con Daniel. Nos vio juntos y...
-¡Por todos los cielos, Sam! ¿Qué estás pensando?
¿Aún sigues viendo a Daniel?
-No hay nada entre Daniel y yo. Le estimo, en verdad, pero no abra nada
más. Daniel me busca y yo pretendo dejarles claro, a ambos, la
situación.
-¿Qué es cuál? Que yo, ya estoy confundida.
-Que amo a Joshua, pero puedo tener amigos. Relacionarme con otras personas,
fuera del trabajo. Debo tener una vida, aparte de Joshua, y poder sentirme
completo. Siento que no me tiene confianza.
-¿No exageras?
-Intenta celarme hasta con mi terapeuta.
-¿Es guapa?
-No, es hombre.
-Ahhhh. ¿Amas a Joshua, Sam...?.- preguntó luego de un rato.
-Si, amo locamente a Joshua. La vida con él es... intensa. Me siento
muy aceptado y amado igualmente.
-Dale tiempo entonces, solamente tiene miedo, de perderte.
-Eso dice.
-Bien, ya se lo han confesado, ahora solo queda respetar al otro.
-Lo haremos. Gracias por hablarme, siempre es bueno decírselo a
alguien más. Prometo llamar con más frecuencias.
-Si, eso espero también. ¡Antes de que se me olvide! ¿Has
ido al médico?, Recuerda que debes dejar de tomar los hormonales
antes de tu operación.
-Lo comentó y reduje la dosis, voy a dejarles por completo a partir
de mañana, hasta nuevo aviso.
-¿Todo bien, con eso? ¿Estás seguro?
-Completamente.
-Bien. Háblame en la semana, Sammy, por cualquier cosa.
Sam
colgó hasta después de escuchar varios besos cerca del audífono,
dedicados a su persona. Tampoco tenia dudas, que su hermana lo amaba,
igualmente.
Hubo
un golpecito en la puerta y vio entrar a Joshua con una bandeja, llevándole
el desayuno. El intenso aroma del café recién colado y el
plato con tocino y huevo, fue suficiente para terminar de desperezarle.
-Te
han despertado, dormilón…- Joshua le dio un beso, mientras
acomodaba la mesita en las piernas de Sam… -, buenos días.
-Buen día. Eso huele bien.
-¿Quién llamaba?
-Diana. Olvidé llamarle en la semana.
Joshua
se sentó a un lado suyo y ambos empezaron a desayunar. Sam levantó
la vista de su taza de café, luego de unos minutos en que los ojos
de azules, no dejaban de mirarle.
-¿Qué
pasa...?.- preguntó cuando Joshua dejó el tenedor.
-Te amo, Sam.
-Y-Yo…- los labios del castaño fueron cerrados por un par
de dedos, que los perfilaron lentamente.
-Te amo locamente y sí, hago locuras, pero es que has cambiado
mi vida. No puedo seguir ni mis propias reglas.
-¿Qué reglas eran esas?
-“No involucrarse, no preguntar, no interesarse. No amar”…-
recitaba como letanía... -, por que interesarse en la persona amada,
crea angustia y desasosiego. Pero a tu lado, eso forma parte de la existencia.
No podría vivir sin ti.
Sam
apartó la mesita y dejó a un lado los platos y tazas, para
luego subirse encima de Joshua.
-Estoy
locamente enamorado de Joshua Leibitz. No existe nadie mas con quien quiera
compartir mi vida y me alegra mucho que sus reglas sean ahora mas flexibles
y quiera vivir la angustiosa delicia de estar enamorado.
-Sam...mi Ángel.
Sus
mejillas rozaron y pegaron sus frentes tan cerca, al tiempo que se deleitaban
reflejarse uno en el otro.
-¿Qué
harás hoy...?.- le preguntó luego de un rato Sam, bajando
de su cuerpo, dirigiéndose al baño.
-Pasarla contigo. Todo el fin de semana…- dijo eso con picardía.
Sam
sonrió, invitándole a entrar a la regadera, tomándole
de una mano.
-Démonos
un baño, luego veremos...- no tuvo ningún problema por hacerse
obedecer, mientras el pálido cuerpo de Joshua se adhería
al suyo.
Tampoco tuvo problemas en compartir la cama Paul y Daniel. Ya que el primero
despertó en cuanto la luz entró por la ventana y terminó
de darse cuenta donde se encontraba y que no dormía además
solo. Daniel se encontraba en un extremo de la cama, enrollado en su propia
manta. No roncaba, pero hacia ruidos raros, que a Paul le parecieron graciosos,
luego de que empezó a jugar con la almohada, intentando hacérsela
comer.
El
adormilado Daniel, dio un manotazo y se volteó completamente, dándole
la espalda. Se había acostado con la ropa puesta y sin quitarse
lo zapatos. Seguramente se terminó la botella y por inercia se
arrojó sobre su cama.
Paul
se levantó, se dio un baño y al salir, encontró que
Daniel había reconocido rápidamente su territorio sobre
la cama y la abarcaba totalmente, técnicamente desparramado en
ella.
Le
dejó en la recamara, mientras miraba el resto del departamento,
que era casi típico en muchos hombres. El desorden iba en todos
los grados, pero como no tenía intereses de desentrenar su lógica,
prestó atención al único lugar que ocupaba en ese
momento.
El
aroma de la mantequilla derritiéndose sobre los waffles y la miel
de maple hizo abrir los ojos del adormilado reportero, que se sorprendió
de estar en la cama, cuando estaba seguro que se había arrojado
sobre el sillón después de usar el baño a media madrugada.
Ahora se encontraba en un enredijo de colchonetas, la ropa puesta y una
modorra que le jugaba competencias a una jaqueca pronta a estallarle.
-¡Maldita
sea...!.- injurió cuando trastabillo, quitándose los zapatos
para irse al baño. El agua salpicándole la cara, ayudó
bastante y se enjabonó la cara, mientras se rasuraba frente al
espejo que colgaba. Cuando dio por terminado su baño, se enredó
en la primera toalla para secarse.
Paul
dejo los cubiertos al verle aparecer, minutos después, vestido
informalmente con un pants y una camiseta deportiva.
-¿Hiciste
mas?...- preguntó al terapeuta, refiriéndose a los waffles.
-Buen día. Sírvete, hay varios.
-Buenos días…- dijo Daniel después de tomarse media
taza de café y que el alma volvió adherirse por completo
a su cuerpo.
-Cumpliste lo de beberte la botella completa, ¿eh?
-Se resistió un poco, pero lo logre.
-¿Realmente ahogaste las penas en licor?...- le preguntó
Paul.
-No, las penas flotan, ¿no lo sabias?
-Prefiero dos aspirinas y café. Así olvidó mis dolores.
Daniel
rió ante la ocurrencia, luego de seguir desayunando.
-¿Quieres
que te lleve...?.- preguntó Daniel, minutos después, cuando
después de mucho insistir Paul se encargó de la cocina y
el reportero le ayudaba a guardar los enseres.
-Llamaré
un taxi, no te preocupes.
-Cocinas bien…- dijo Daniel asintiendo.
-Si, se me da eso…- el terapeuta empezó a marcar en su celular
para solicitar un servicio, pero no terminó de hacerlo, por que
le fue arrebatado.
-Dije
que te puedo llevar.
-Deberías quedarte en casa y descansar.
-Quédate entonces…- le reclamó Daniel quedito…
-, si no tienes nada más que hacer. Darán varios partidos
en la TV o podemos ir a ver el juego de los Cachorros. Tengo boletos…-
le devolvió el celular.
Paul
arqueó una ceja, cuestionando ese proceder y se guardó el
celular, sin saber bien que hacer.
-¿Por
qué me invitarías?
-Tengo los boletos, no tengo nada que hacer hoy y tú…- se
le acabaron las palabras.
-Estoy disponible y casi parezco un “ofrecido” ¿no?
-NO dije eso- subió algo la voz... -. No quiero estar solo hoy.
Tú eres una buena compañía. No sé si, yo lo
sea.
-¿A que horas es el juego?
-A las cuatro.
-Bien, trabajaré un rato aquí y luego iremos. ¿Te
parece?
-Si, claro.
-Voy por mis cosas, se quedaron en tu auto…- informó Paul,
tomando las llaves y saliendo.
Daniel
se rascó la cabeza, no muy seguro de lo que estaba haciendo, pero
la verdad era que no quería estar solo. No mentía, quería
compañía, sentirse parte de algo. Empezó a recoger
la mesa, guardando en una caja revistas y libros para dar mas espacio.
Su
vista se detuvo en el pizarrón de corcho en donde estaban pegadas
varias fotos, que fue retirando lentamente, viendo cada una de ellas y
disfrutando el momento de añoranza. Pero el sonido de la puerta
abriéndose y Paul cruzando le hizo volver a la realidad y terminar
de limpiar ese orden de su vida.
-Tardaste…-
le dijo.
-Pase por algunas cosas a la farmacia…- contestó Paul, indicando
la bolsa que traía en la mano. Había comprado cepillo y
dentífrico. Dejó su maletín y se dirigió al
baño.
Daniel
no se mentía al decirse que Paul le causaba curiosidad. Tanta que
no pudo evitar ir detrás de él cuando fue al baño
y se quedo en la puerta escuchando que se lavaba los dientes y abrió
ligeramente la puerta para verle utilizar el sanitario, comprobando aquello
que ya había visto alguna vez, vagamente.
-¿Te
divierte ver otros hombres usar el baño...?.- le inquirió
Paul cuando bajo la tapa del inodoro, luego de sorprenderle.
-Disculpa, solo... quería ver.
-¿Qué no me mojo los zapatos?
-No, que bajas la tapa. Eso usualmente no lo hacen los hombres.
-Te refieres aquellos hombres descorteses y faltos de modales, supongo...-empezó
a recoger sus objetos personales, mientras salía.
-La mayoría, sí.
Paul
se sentó en la mesa, ignorándole por minutos, poniendo su
portátil, mientras revisaba sus correos y luego leía uno
de los archivos que traía entre sus pendientes.
Daniel
se entretuvo entonces en continuar poniendo orden a su departamento, incluyendo
la recámara, que eran un enredó de cobertores por todos
lados.
-“Y
eso que no hicimos nada…”.- se dijo, mientras se reía.
Encontró
más tarde a Paul enfrascado totalmente trabajando, por lo cual
decidió no molestarle y sirvió mas café en dos tazas,
una de las cuales la dejó a un lado, mientras se sentaba enfrente
de él poniendo de igual manera su portátil.
Escuchó
un “Gracias” y asintió el reportero, sintiendo aquel
gesto, de estar ambos trabajando en la misma casa, agradable. Levantó
la vista un par de veces, para mirar el rubio cenizo del cabello de Paul,
que le parecía peculiarmente agradable. Le vio terminar la taza
de café y levantarse.
-Tomare
más. ¿Quieres que te sirva...?.- le sonrió amablemente.
-Sí...- le respondió Daniel, quien en ese momento pensaba
en todo, menos en algo coherente. Y movió la cabeza para ver a
detalle la forma de caminar de Paul y lo que vio en ese momento le gustó.
-“Cielos,
ando falto de atención en serio…”.- se regañó
ante el súbito endurecimiento que le causó el bamboleo del
cuerpo de Paul en el ir y venir a la cocina.
Rozó
con deliberada insistencia los dedos de Paul, cuando le dejó a
un lado la taza y la mirada oscura del terapeuta le indicó que
el detalle tampoco le paso desapercibido.
-¿Me
preguntaba?…-empezó Daniel…-¿si te gustaría?…-
las palabras se le fueron, como colegial embelesado.
-¿Sí...?.
-Nada, un tontería…-Daniel se levantó como resorte
para ir a tomar algo de aire al balcón, mientras escuchaba el ruido
de la ciudad y se reclamaba por encontrar de pronto a Paul atractivo…
-, “pero lo es, bastante, diría yo”.
El
terapeuta captó la sorpresa y la mirada ansiosa que con que Daniel
le iniciara esa última pregunta. Algo le decía que el reportero,
por fin le había visto con interés y que ahora se lo reclamaba,
por ser quizás demasiado pronto para olvidar a Sam.
Paul
se reconvino asimismo, pero por razones diferentes. Sam no estaba en ese
departamento, ni lo estaría en próximas fechas. Quien estaba
ahora era él, y si recordaba bien, eran dos adultos necesitados
de compañía.
Se
levantó para ir a buscar al reportero y se pegó detrás
de él aspirando detrás de su nuca.
-¿Qué
miras...?.- le preguntó, mientras su mano tomó suavemente
la del reportero, introduciéndose entre sus dedos.
-Na-nada…- dijo Daniel como pudo, ante el estremecimiento que le
causara la cercanía.
-¿Qué ibas a preguntarme...?.- le susurró el terapeuta.
-¿Quieres… comer fuera...?.- intentó Daniel separarse,
pero en verdad no tenia deseos de hacerlo, el calorcito en su espalda,
era agradable.
-¿Antes o después?
-¿De qué…?.- le sonrió Daniel ante el jugueteo
del roce de los labios de Paul en su oreja.
-De tener un poco de compañía… juntos.
Daniel
se volteó completamente, mirando la cara sonriente y la dulce expresión
con la cual el terapeuta conciliaba sus ideas.
-No
quiero lastimarte…- le dijo tomando su barbilla.
-Soy adulto, déjame responsabilizarme por eso. No me amas, aun.
Pero no te soy indiferente, ¿verdad?
-No, no me eres indiferente...- acarició su mejilla.
-Tú me gustas mucho, ya te lo he dicho.
Daniel
miraba los ojos negros que brillaban felices y la sonrisa que tan nítidamente
enmarcaba su cara y no pudo resistirse a probar sus labios.
Paul
abrió la boca dejando entrar una lengua húmeda que le recorría
lentamente, saboreándole y con ello erizando cada poro de su piel,
mientras un cosquilleo bajaba raudo por su espalda, mientras unos dedos
tenuemente le acariciaban.
No
era la primera vez para ambos, pero si la primera en que ambos disfrutaron
intensamente ese intercambio.
Las
manos de Paul se introdujeron rápidamente entre la camiseta, haciéndola
subir un poco mientras rozaba esa piel que tanto deseaba y que muchas
noches le quitara el sueño. Acariciaban aquí y allá,
enfebrecido por la respuesta del reportero, quien de pronto le detuvo
súbitamente, tomando sus manos y deteniendo sus caricias.
-¡Calma,
calma...!.- le sujetó suavemente la manos, mientras le sonreía
y le acercaba los labios, retirándolos y jugando entre besarlos
o no. Paul le miraba sorprendido, confuso, pero jugando igualmente a alcanzar
esos labios que se ofrecían, pero no alcanzaba hasta que los capturó
de nuevo y lamió suavemente las comisuras y dejó un par
de besos menuditos, mientras reía coquetamente.
-¿Voy
muy deprisa, verdad?
-Eres muy efusivo.
-Suéltame las manos y te muestro que tanto…- le sonrió
de nuevo.
-¿Estás seguro...?.- preguntó Daniel, más
por cortesía que por duda. Era evidente el interés que le
profesaba el terapeuta.
-Necesito compañía igual que tú. Somos adultos, podemos
tener un poco de se…sexo, sin compromiso. Si tú quieres…-
le dijo casi con un hilo de voz.
No
escuchó respuesta, pero Daniel entró en acción, al
hacerle entrar al departamento, donde le empezó a besar su cuello
intercalando sus labios y dejando rastros húmedos de su lengua,
luego arrastrándole con su propio cuerpo hacia la cama, donde se
dejó caer tirándose encima de él.
Se
quedaron ahí por unos minutos ambos acariciando sus cabellos y
sus nucas, reconociendo sus aromas dispares, mientras con sus dedos se
delineaban las caras, como queriendo reconocerse, aun cuando estaban seguros
que podían reconocerse entre una multitud. Daniel perfilaba la
fina cara del terapeuta, quien aun cuando sus rasgos se hubieran masculinizados
un poco por las hormonas, no habían perdido en totalidad cierto
aire delicado que le daba su intima feminidad.
-No
sé como amarte…- dijo en cierto momento, quizás por
que la idea se le escapó de los labios, sin pensarlo mucho.
-Déjame mostrarte como...- Paul empezó besando encima de
la camiseta el pecho de Daniel, quien solo acariciaban los cabellos del
otro, dejándole ser, pero luego empezó a subirse la camiseta,
para buscar que esos labios hambrientos lo hicieran sobre su piel. Se
desnudó el pecho, dejando entre ver el suave vello y su amplio
tórax, mientras con sus manos, buscaba quitarle la camisa a Paul
sin muchos preámbulos.
Se
encontró con un pecho liso, trabajado por el ejercicio constante,
remarcado con unos pezones grandes y oscuros, los cuales acarició
lentamente. Las pequeñas marcas en sus costados le revelaban que
una operación quirúrgica debió haberle eliminado
la grasa de los senos, para darle una apariencia compacta y delineada.
Les pellizcó un poco y los encontró sensibles, estimulables,
tanto que no pudo dejar de poner su boca en uno de ellos, haciendo que
el cuerpo de Paul se arqueara, mientras se aferraba a su cuerpo buscando
mas contacto.
La
ropa se les hizo estorbo a ambos y en una subsiguiente maniobra para arrebatarse
el resto, sin dejar de perder contacto, las risitas se mezclaban con los
gemidos, que intercalaban uno y otro.
La
desnudez siempre causa un poco de aprehensión. Más cuando
la mostramos en la búsqueda de la aceptación del otro, en
un estado básico, donde no influye ni la ropa ni la moda. Paul
aceptó la curiosidad inicial con la cual Daniel le tocaba y le
miraba. Sus rasgos físicos se habían acoplado adecuadamente
a un varón promedio, sin ser exageradamente masculinos, pero lo
suficiente para mostrarse desnudo ante otro y ser reconocido como del
mismo género. Era lampiño en la mayoría de su cuerpo
y conservando el vello necesario en ciertas zonas estratégicas.
Quizás,
si no le hubiera confesado a Daniel que era un transexual, posiblemente
no hubiera detectado fácilmente los cambios. Pero la forma en la
cual delineó las pequeñas cicatrices que mostraban sus operaciones,
le mostró que reconocía todas y cada una ellas. Se dejó
delinear con sus dedos, que luego eran seguidos por sus labios.
Dejó
que Daniel sujetara su miembro, el cual hacia delicadamente, casi rozándole.
Capturó su mano y le hizo que le aprisionará con fuerza.
-No
se va quebrar...- lamía su pecho, mordisqueando su pezones, incitándole
a mas… -, es algo lento, pero funciona.
Quien
ya se encontraba plenamente excitado era Daniel, quien luego empezó
a rozaba su miembro con aquel otro que aun se encontraba semi flácido.
Paul lo notó y se giró mientras reptaba por la cama, dando
un buen espectáculo de su espalda y su trasero, mientras parecía
que buscaba algo entre la ropa del suelo.
Cuando
Daniel le alcanzó y besaba su espalda, acariciando sus nalgas,
la voz del terapeuta le distrajo un poco.
-Úsalo,
por favor...- entregándole un preservativo lubricado.
-¿Es necesario?
-Somos dos adultos responsables. No se pierde sensibilidad, además
es por seguridad.
Daniel
lo miró por unos segundos, llevándose el paquete, se levantó
de la cama, dejando a Paul en suspenso, mientras le miraba buscar en un
cajón de su mesita de noche tomando un tubo que reconoció
como lubricante, cuando puso una generosa porción en sus dedos
para llevarlos a su trasero, acariciando suavemente su entrada, pero sin
introducir mas. Rasgó con sus dientes la envoltura y le entregó
el preservativo a Paul para que lo estimulara poniéndoselo. Lo
cual el terapeuta aceptó gustoso, mientras acariciaba el grueso
y pulsante miembro de Daniel, mordiéndose los labios de pensar
en donde guardaría ese pedazo de piel en su cuerpo.
-¿Has
hecho esto antes...?.- preguntó Daniel a mirar la cara de sorpresa
del otro.
-Un par de veces, si.
-Seré cuidadoso, lo prometo.
El
reportero luego de que le enfundaran tan sensualmente, no aceptó
la posición de cuartos traseros que le ofrecía solícitamente
Paul, sino que le hizo girar para recostarlo en su espalda, elevando su
cadera y sus piernas.
-Quiero
verte la cara...- lamió sus mejillas el reportero, mientras se
acomodaba sus piernas en sus hombros e iba acercando lentamente su miembro…
-, vas indicarme como te sientes. Me detendré si te molesta.
La
intromisión fue lenta, seguida por los cambios palpables en la
cara del terapeuta que indicaba como el dolor era lentamente sustituido
por una apacible aceptación. Daniel aspiró lentamente, sintiéndose
extrañó en esa posición, que de común no asumía.
Por lo general era pasivo y sus compañeros de cama tomaban el control
de la situación. Ahora se encontraba en el otro lado, siendo que
llevaba la rienda, pero además, encontrándose que se tomaba
su tiempo, hasta podía decirse que buscaba ser tierno y que su
miembro no lastimara, era entraña que le recibía y le enfundaba
tibiamente.
Un
movimiento de la cadera de Paul, le indicó que podía moverse,
para empezar en un rítmico vaivén de entrada y salida, mientras
giraba de vez en vez buscando mayor contacto. Se agarró al miembro
del terapeuta, buscando estimularle y darle placer igualmente. Los gemidos
de Paul fueran marcando la pauta para la intromisión y la caricia
frenética con la cual buscaba afanosamente hacerle derramarse.
-Deja…-
le paró Paul luego de un rato, retirándole mano de su miembro,
haciendo llegar a sus pezones y que le estimularan...-, no eyaculo...-
le dijo bajito, mientras un nuevo coro de gemidos salían de su
boca, al seguir recibiendo los embistes por parte del reportero, quien
buscaba darle placer de alguna manera.
Daniel
se concentró entonces bajar las piernas del terapeuta y hacerlas
que se enredaran en sus caderas, mientras resbalaba su cuerpo para tomar
esos pezones, lamerlos y casi mordisquearlos, logrando que el cuerpo de
Paul se arqueara, sacudido intensamente, hasta que luego se desplomó
con la vista pérdida y un sonrisa intensa, siendo la señal
para que el reportero no se retuviera mas, derramándose copiosamente.
Dejó caer su cabeza sobre el pecho del otro, esperando relajarse
solo un poco, para retirarse.
Paul
le escuchó levantarse e ir al sanitario y volver unos segundos
después, para acomodarse de nuevo junto a su cuerpo, besándole
suavemente en los labios. Escuchó que se rasgaba un sobre, y cuando
abrió sus ojos, se encontró con que Daniel le empezaba a
poner, ahora a él, un preservativo.
-No
hemos terminado, ahora vas cabalgarme un poco...- luego de terminar de
enfundarle, tomando al terapeuta por sorpresa, pero quien no iba a dejar
de pasar la experiencia, mientras se reincorporaba.
Los
gemidos, continuos, pausados y melódicos, con los cuales Daniel
le indicaba cuanto disfrutaba la penetración, le dejó claro
a Paul que sin duda la acción pasiva era el rol principal del reportero.
Besó su espalda al mismo ritmo con el cual hacia sus intromisiones,
mientras que acariciaba su trasero y en un acto casi reflejo le propinó
una suave nalgada que incentivo más la búsqueda de placer.
Daniel giró a verle, sonriendo, disfrutando plenamente a su poseedor,
quien era solícito, considerado y que compensaba en mucho con el
sexo casi siempre violento que a últimas fechas había tenido
con Carson. Era todo lo contrario del fiscal, quien siempre terminaba
lastimándole y en ocasiones el placer solo parecía destinarse
a uno solo.
Sin
darse cuenta, empapó de nueva cuenta la mano de Paul, quien había
estado además excitándole al mismo tiempo que le embestía.
Ambos se dejaron caer, casi desplomándose uno encima del otro,
mientras se escuchaban temblorosos.
Daniel
tuvo que esperar unos segundos, al ver volver luego a Paul, quien traía
la cara salpicada de agua. Le atrajo a sus brazos, donde le acurrucó
por inercia.
No
hubo palabras melosas, ni juramentos, ni declaraciones venidas a más.
Lo habían disfrutado juntos, como adultos. Aceptando sus necesidades
físicas de afecto y aceptación. Se adormilaron, uno al lado
del otro. Con el único acuerdo tácito que mantendrían
esa relación sin promesas.
-¿Hambre?....-
le preguntó, luego de un rato Daniel al terapeuta, quien hasta
con los ojos cerrados, mantenía una sonrisa en sus labios, que
ahora en particular tenia otro contexto.
-Un poco, sí.
-Comamos en el camino y vamos al juego.
-Que sea pollo frito…- le respondió, mientras le daba un
beso y se levantaba vistiéndose.
-Me gustó…- le dijo el otro, mientras le miraba desde la
cama, sin levantarse.
-¿Qué cosa?...- le preguntó Paul curioso.
-Tu compañía.
-Lo mismo digo- le dio un beso más y continuó vistiéndose...
-. Anda levántate, para llegar a tiempo.
Paul
estaba feliz, la vida le había permitido ser lo que quería
ser. Amar a quien deseaba amar. No estaba seguro si Daniel le lograría
amar igual, pero en definitiva, eso no cambiaba ni su concepto del amor,
ni su aceptación como tal. Como adulto aceptaba ese encuentro carnal,
necesario, urgente, demandante, aunque su niño interno, deseara
escuchar palabras de amor, no iba engañarse.
Aceptaría
lo que Daniel quisiera darle, siempre y cuando fuera en buenos términos
y de forma responsable para ambos. Si no podía ser su amor, podía
ser su amante y su amigo, cosa que no todos pueden jactarse de tener en
la vida al mismo tiempo.
Salieron
minutos después del departamento, rumbo al juego. Paul descansó
su cabeza sobre el asiento, mientras escuchaba el clic del cinturón.
-¿Todo
bien?....- preguntó Daniel.
-Si, todo bien…- le sonrió el otro, mientras cruzaba una
pierna encima de otra… -, es un día genial, ¿no? El
mundo de ve con otra perspectiva, como dijiste.
Daniel
arrancó el auto, mientras miraba de soslayo a su acompañante,
disfrutando el hecho de que pasaría la tarde viendo el deporte
que le gustaba en compañía de un buen amigo. Algo, que hacia
tiempo no disfrutaba.
La tarde pasó rápida, sin detenerse mucho en los citadinos
quienes el sábado era un día peculiar.
Sam
y Joshua habían pasado la mañana entre arrumacos, seguido
por un reconfortante baño, luego de que el rubio se dedicara a
mimar su piel mientras le friccionaba.
Le
sorprendió luego con los paquetes que habían quedado pendientes
en algún lado del departamento, que contenían nada menos
que varios juegos de ropa interior, incluyendo unas camisetas de tirantes
delgados a juegos con minúsculos boxers. No olvidó las camisas,
de las cuales, ninguna era amarilla, pero todas de buen gusto y definitivamente
costosas.
Sam
aceptó los regalos con cierta inicial reserva, pero después
de varios mimos y que Joshua desempacó los bóxer para ponérselos,
no le quedo mas que terminar por aceptarlos.
Joshua
le acompañó a dejar un par de trajes en la tintorería.
Comieron en un restauran camino a la Isla Ellis, donde visitaron la estatua
de libertad y pasearon como dos turistas por el museo. De vez en vez,
se rozaban las manos en medio del gentío, pero mantenían
su contacto más visual. Era de día y no era conveniente
que se mostraran muy afectivos entre el público. Aun así,
Joshua no desaprovechaba para rozar su codo, o tomarle de los hombros
para indicarle algo. Ambos miraron con cierta envidia a un par de jóvenes,
quienes no tenían ninguna angustia por mostrar su homosexualidad
en público y le resultó claro que no todos les miraban igual,
por el cuchicheo con el cual varias personas comentabas cosas soeces sobre
los jovencitos.
Sam
miraba la bahía con cierta nostalgia, entre el gentío y
la proximidad de Joshua a su lado a quien podía tener cerca, pero
siempre limitando su trato y guardando las apariencias. En público,
no podían mostrarles, cuan dulcemente se amaban.
Pero
la mano de Joshua levantando su barbilla, le indicó que el rubio
siempre estaría ahí para darle soporte.
-Es
hermosa, ¿no es cierto?...-refiriéndose a la bahía.
-Lo es, si.
-Te amo, Sam…- le susurró en su oído, mientras continuaba
caminado, a un lado de otro abogado, quien después de un rato le
tomó de la mano, sin soltarle, ante la sorpresa del castaño
y sin importarle las miradas de algunos... -, no dejes que te amilanen.
Pasaron
la tarde y de vuelta, Sam compró lo necesario para llenar su nevera.
-¿Por
qué no te quedas en casa?...- preguntó Joshua mientras subía
las bolsas en su auto.
-Voy a poner mi departamento en orden. Yo no tengo quien haga mis quehaceres.
Como otros…- indicando el hecho que Joshua tenia un servicio de
limpieza periódico en su casa.
-Puedo facilitarte que vayan a tu departamento y lo pongan en orden.
-Gracias, pero no.
-Dormiré en tu casa, entonces…- se le plantó.
-Joshua, tienes una bonita casa donde dormir.
-¿Insinúas, que no te gusta que me quede en tu casa?
-No. No insinuó eso. Sino que debemos usar nuestras casas, cada
quien en la suya.
-Eso hago toda la semana. Quiero pasar el domingo contigo. O ¿tú
tienes planeado algo, sin mí?
-Levantarme tarde y ver televisión por un buen rato.
-¿Seguro?
Sam
no podía decirle que tenía planeado ir a buscar a cierto
reportero por el cual Joshua tenía tirria, para invitarle a desayunar
como había prometido. Pero eso era algo que era mejor no poner
en aviso a Joshua. Consideraba que tenia todo el derecho a tener algo
de vida privada, sin que su rubio amante le confiscara cada momento libre.
Así que era mejor no contestar.
Joshua
entró al auto y no encendía el motor, esperando una respuesta.
-¿Qué
esperamos?...- preguntó luego de un rato Sam.
-A que me expliques por que pasaremos el domingo separados.
-¡Joshua, pasamos toda la semana juntos!
-Trabajando, pero no como pareja. El fin de semana, es ideal para eso.
-No pienso salir de casa…- dijo el otro, sin dejarse convencer.
-Bien, llevaré un par de películas y cocinare en tu departamento.
Sam
abrió la boca y prefirió cerrarla antes de alguna mosca
entrara en ella.
-Cenemos,
después de las 5…- dijo después de unos segundos de
aceptar que terminaba haciendo lo que rubio demonio se le ocurría
siempre y miró la sonrisa de Joshua, confirmándole que había
ganado una partida. Aunque tuvo que compensarle con varios besos de despedida,
pues se encontraba renuente a irse.
Joshua
condujo un buen trecho, ante un tráfico pesado en cierta parte
antes de llegar al puente. Arrojó el resto de bolsas en la cocina,
cuando llegó mas tarde y casi por inercia, sacó su celular
para avisarle a Sam que había llegado, notando que se encontraba
descargado. Uso entonces el teléfono fijo de su casa y le aviso
a Sam de su llegada, bromeó un poco sobre el transito y se despidió
de nueva cuenta con un par de besos. Dejó su celular cargándose
la batería, mientras iba a bañarse y decidía que
video juego pondría para pasar la noche.
No le hacia gracia pasar la noche del sábado solo, pero si insistía
demasiado con Sam, sabia que aquel terminaría hostigado y tenia
que darle espacio, algo que le resultaba difícil de hacer, ya que
en esos momentos tenia una necesidad por tenerle a su lado, demostrándole
que podía darle todo lo que necesitara. Eso incluía dejarle
pasar horas sin verse. Se sentía locamente enamorado del castaño,
quien se convertía en una de las mejores razones para vivir.
Estaba
encendiendo el televisor, cuando timbres en su puerta le hicieron dirigirse
a la cocina y ver por la pantalla de video la cara de quien menos se imaginaba
que estuviera en la puerta de su casa. Le miró volver a tocar de
nueva cuenta el timbre y le escuchó hablar por el interfon.
-¡Estas
ahí, abre! No voy irme, sin hablar contigo. Abre Josh...-volvió
arremeter contra la puerta y el rubio decidió poner en su lugar
al impertinente visitante.
Salió
a abrir personalmente la puerta y se encontró con la cara de pocos
amigos de Jeremy quien estaba a punto de golpear la puerta a puntapiés.
-¡Vas
a decirme, que carajos de traes...!- le gritó el abogado, pero
por la cara sin rasurar y el olor indiscutible a licor, la preguntaba
estaba de mas.
-¡He estado llamando a tu celular, podías responderme!
-Cambie de número.
-Tengo el actual. Así que no vengas con que no recibías
mis llamadas.
-Pues la verdad es…- cruzó los brazos sin darle mayor importancia…
-, que se descargó la batería.
-¡Que coincidencia!
-¡Pues salvo que sea que la penitenciaria se este quemando, con
mi cliente dentro, no tenemos nada de que hablar!
-No seas descortés, invítame algo de beber.
-¡No puedes estar aquí, Jeremy!
-¿Quieres que grité en la puerta, lo que tengo que decirte,
como novia despechada?
-Eres un cretino...- le dijo cuando le dio paso y vio que el fiscal se
dirigía a la cocina.
Le
vio tomar un vaso y servirse licor. Mientras meneaba la bebida sobre el
frió hielo de un par de cubos, la paciencia de Joshua se terminaba.
-¿Qué
demonios haces aquí?
-Quería verte, ¿no es un buen motivo?
-No, no lo es. No debes estar aquí, no nos ayuda en nada.
-Se que la buena de Eli, fue a verte. Me llamó “largooo y
tendido” sobre su impropio proceder y que le sorprendía mucho
en realidad no la engañará contigo, sino con “quien
sabe quien”.
-No estoy para eso. Bébete tu trago y lárgate…- le
dijo fastidiado.
-¿Para que estás listo, entonces? Tu zorra se quedo en su
casita y tú, estás aquí.
Los
azules ojos de Joshua relampaguearon ante aquel comentario y si no saltó
encima del cuello de Jeremy fue por que el sentido común le llegó
de súbito.
-¡Si
que te molesta, eso!
-No tientes a tu suerte, Jeremy...- le indicó con apuntándole
con un par de dedos.
-Explícame Josh, ¿por qué ahora que estoy a punto
de ser libre, no estás a mi lado? ¿No era lo que querías,
que dejara a Eli, que me concentrará solo en ti? Me divorcio por
ti.
-¡YO nunca, te pedí eso! Jamás.
-Pero seré libre, estaré para ti, solo para ti...- le bramó
Jeremy, dejando el vaso e intentando acercarse, pero Josh se movió
un par de pasos hacia atrás, impidiéndole acercarse.
-No
sé, en que momento supusiste tal tontería. Lo “nuestro”
es asunto finiquitado, desde años atrás.
-¡Quiero recuperarte, hacerte ver…que te necesito! ¿Qué
tengo que hacer, para que lo entiendas... para que estemos juntos de nuevo...?.-
le chilló el fiscal, a quien en cada paso que daba uno mas, en
sentido contrario era dado por el abogado, para impedirle llegar a su
lado.
-Nada. No hay nada que pueda salvarse, ni mucho intentarse. Acéptalo,
Jeremy. Como yo lo hice en su momento.
-Puedo compensarte por eso.
-¡NO puedes! Se hizo añicos, hace tiempo, no hay ni trozos
que recoger.
Jeremy
se movió mas rápido hasta que alcanzó a Joshua reteniéndole
de los brazos y forcejeando con él, mientras el rubio buscaba quitárselo
de encima. En un momento el impulso del fiscal se sobre impuso, buscando
afanosamente los delgados labios del abogado a su lado. Intentó
besarle, pero solo consiguió ser empujado firmemente, mientras
escuchaba la voz furiosa y fría con la que Joshua le miraba.
-Lárgate
de mi vida, Jeremy.
-¡Así. ¿Cómo un trapo sucio, piensas arrojarme?!
Joshua
empezó a caminar, buscando el teléfono.
-Lárgate
o llamare a la policía.
-¿Qué les dirás? ¿Qué tu ex –novio,
no te deja en paz?
-¿Qué demonios, quieres probar con todo esto, Jeremy?
-Que aún conservo tu amor.
-No hay tal. Te lo llevaste, el día que te casaste. Tomaste tu
amor, el mío y te fugaste con ambos. No tengo, lo que ya me arrebataste…-
su voz fue lacónica y seria.
La
cara de sorpresa de Jeremy iba de la negación a la incertidumbre
a una mezcla de furia. Iba a empezar a gritar, cuando una voz en el interfon
les hizo girar.
-Buenas
noches, abogado. Soy el detective Félix, me informaron por radio,
que una persona sospechosa golpeaba su puerta hace unos minutos. ¿Puede
decirme, si todo esta bien?
Joshua
miró al video y se encontró con un hombre que tenía
todo el aspecto de ser policía y que anteriormente había
visto en alguna parte de la comisaría, pero no ubicaba del todo,
quien le mostraba su placa por la cámara.
-¿Todo
esta bien? ¿Puede permitirme entrar?- volvió a repetir el
policía.
-Todo esta bien, oficial. Ya se retira el visitante…- mirando la
cara de molestar de Jeremy.
-No voy a retirarme hasta que no vea a “su visita”. Puedo
esperar o solicitar refuerzos.
-¡¿Por qué no te largas, Félix?!....- le gritó
Jeremy por el interfon al policía.
-Buenas noches, fiscal. ¿Quiere que le acompañemos a su
casa? No parece estar en condiciones de conducir.
Jeremy
iba a empezar a vociferar, cuando la mano de Joshua cerró la comunicación.
-Has
el favor de largarte. O voy a levantar una demanda por acoso. Tengo testigos.
-Tienes tanto que perder, como yo.
-¡Lárgate!
Jeremy
escuchó el golpe seco de la puerta cerrándose detrás
de él, mientras en la calle solo se encontraba un auto aparte del
suyo, mientras una patrulla se alejaba.
-Déme
las llaves, no puedes conducir, fiscal.
-¿Por qué no te pudres en algún lado, Félix?
-Te daré la dirección en lo que tenga ese lugar, ahora deja
de discutir y dame la llaves o terminarás en la comisaría
pasando la borrachera.
Jeremy
encontró las llaves, arrojándoselas al detective, quien
le indicó a su compañero que se verían luego.
-Ve
enfrente, fiscal. No soy tu chofer...- le indicó a Jeremy que se
acomodaba en parte trasera, sin hacerle ningún caso.
-Pero bien que eres mi nana, ¿no? ¿De donde saliste, si
no es que me vigilas?
-Eres un cretino, fiscal.
Jeremy
le hizo una señal obscena que Félix vio claramente por el
espejo retrovisor.
El
resto del camino fue en silencio, Jeremy molestó y cabizbajo, mientras
que Félix no perdía detalle de cómo los ojos enrojecidos
del fiscal, terminaron de dar rienda suelta a varios hilos de lágrimas
que empapaban su camisa. Le permitió llorar en silencio, por que
las lágrimas son asuntos personales, al cual los mirones no entienden
totalmente y siempre están fuera de lugar.
Llegaron
en caravana al edificio donde ahora vivía el fiscal. El compañero
de Félix se fue con la patrulla, dejándole su auto, mientras
que éste les indicaba que solo dejaría al fiscal en su departamento
y se verían después.
Dean
Félix abrió la puerta trasera, de donde el fiscal no salía.
-¿Vas
a quedarte toda la noche?...- le gritó.
-Es mi propiedad, puedo hacer lo que quiera.
-Estás ebrio, ¿Por qué no duermes en tu cama o el
suelo de tu departamento?
-¿Qué te importa a ti, dónde duerma?
-¡No tengo tiempo para tus chiquilladas, fiscal! No he dormido en
horas, así que no tientes a tu suerte, de que no te parta la cara
y lo reporte como accidente al bajarte del auto…- le atrapó
del puño de la camisa, obligándole a salir.
Técnicamente
le empujó hasta llegar a su departamento y vio como batallaba para
encontrar las llaves.
-¿Cómo
llegaste hasta allá, en este estado...?.- le arrebató el
manojo de llaves, abrió la puerta, encendiendo la luz y dándose
cuenta que la mayoría de las cajas de mudanza, seguían igual,
sin abrir.
Vio
luego pasar a Jeremy al baño y las arcadas con las cuales ponía
su estomago en paz. Fue a buscarle, encontrándolo lavándose
la cara, luego de secarse con una toalla que arrojó al lavabo.
Le dio agua, que el fiscal bebió con avidez, deslizándose
luego por la pared, donde había puesto su espalda, hasta quedar
sentado en el suelo.
-Te
han partido el corazón, fiscal.
-Púdrete.
-Así, que el abogado de la defensa era tu asuntito. ¿Qué
paso? ¿Le molestó que te divorciaras, sin avisarle o no
le gustan esos papelones en plena calle, borracho, gritándole como
noviecita importunada?
-¡Vete al diablo y déjame en paz!...- pegó la cabeza,
cerrando los ojos, dándose de golpes contra la pared.
Félix
se acercó a su lado, poniendo la mano detrás de su cabeza,
impidiendo que los golpes fueran en serio.
-Déjate
de estas cosas…-le dijo….-terminarás lastimándote…-
y tiró de su brazo para levantarlo... -es hora de que te vayas
a tu cama.
-Suéltame, teniente de pacotilla...- le gritó Jeremy de
malos modos, zafándose de un manotazo, el cual, sin ser ese su
destino, cruzó la cara de Félix de un lado al otro.
Fue
suficiente para colmar la ya precaria paciencia de Dean.
-¡Solo
eres un mimado prepotente y ególatra que hace un berrinche cada
vez que no obtiene lo que quiere...- y sin más se fue sobre Carson
y lo levantó por los brazos.
Jeremy
se bamboleó con aquél inesperado impulso, mientras sus entrañas
se demoraban en seguir al resto de su cuerpo y su cerebro embotado se
la iba para todos los lados.
-Pedante.
Reprimido...- murmuró antes de sentir que volvía el estómago,
y procuró darle a Dean un nuevo golpe, el cual pasó sin
tino sobre su hombro, cuando el policía lo evadió con mucha
facilidad, y aprovechándose del movimiento y el desequilibrio del
fiscal, se le metió por debajo y lo levantó, sin mucha dificultad.
Ya que estaba acostumbrado a vérselas con tipos mucho más
grandes y corpulentos dominarlo no fue problema. Con Jeremy tratando de
bajarse, lo devolvió al baño y abrió la regadera
con el agua fría y de un empellón lo dejó caer dentro
del chorro, con ropa y todo lo demás.
Jeremy
gritó como gato bajo la lluvia, y trató de salirse, pero
Dean se lo impidió, manteniéndolo debajo del agua.
-Así
esta mejor...- le dijo…- obstinado déspota.
-Patán...- gritó Carson, antes de que el esfuerzo y sus
tripas revueltas le hicieran devolver todo lo que le quedaba por dentro.
Dean
seguía manteniéndolo debajo del chorro, para que el gélido
líquido le devolviera de alguna forma la lucidez. Jeremy seguía
forcejeando y vaciándose su estomago encima, hasta que ya no le
quedó nada más que pudiera expulsar y se derrumbó.
Al irse contra el suelo, se llevó con él a Félix,
que terminó igualmente empapado.
Las lágrimas de Carson se mezclaron con el agua, disimulando un
poco la congoja que el orgullo le impedía desatar.
Dean
lo contempló, dividido entre el enojo y la lástima, descubriendo
una cara completamente inesperada de aquel hombre que le había
llamado poderosamente la atención y que seguía seduciéndolo
a pesar de su rechazo.
Jeremy
continuaba boqueando, vislumbrando directa y por primera vez, desde que
entró a su departamento, el rostro del policía y las miles
de gotitas que recorrían aquella cara singular, la piel tostada
y el fuego con que lo devoraban esos ojos oscuros y brillantes.
Félix,
se movió hacía él, comenzando a quitarle la embarrada
chaqueta.
-Sácate esto...- le dijo -, estás hecho una porquería
y apestas.
Jeremy
no reaccionó hasta que sintió el agua corriendo libremente
por su pecho y las manos de Félix desembarazándolo de la
camisa y el saco, luego reanudó su lucha y sus manoteos.
-No comiences, que igual me da dejarte inconsciente y desnudarte sin ningún
problema...- le advirtió Dean poniendo ahora sus manos sobre la
pretina del pantalón del fiscal, el cual le sacó rebotándolo
por sus caderas, levantándolo con el tirón que le propinó
y las patadas que Carson trataba de descargarle.
Por
más que se opuso, todo le fue quitado a Jeremy y desnudo se enfrentó
a un burlón teniente que agravó su humillación, quien
tomando el frasco de shampoo lo descargó sobre su cabeza y el resto
de su cuerpo, cerrando la ducha principal.
-Basta.
Basta...- le gritaba cuando comenzó a frotarlo por todas partes
y a sacar espuma.
Las
manos se movían expertas y con una pericia que estaban logrando
en el cuerpo de Carson lo que el agua fría no pudo, sintiendo como
una oleada cálida se le iba por debajo de la piel y un cosquilleo
se le agolpaba en la entrepierna, pero antes de que pudiera dedicarse
a disfrutar plenamente de aquel masaje, Dean echó mano de la ducha
manual y terminó de enjuagar a un renuente Jeremy que continuaba
resistiéndose tercamente, cubriéndose púdicamente
con sus manos.
Cuando ya no le quedó nada de jabón encima, le tomó
por una de sus muñecas y lo sacó de la regadera, tirándole
una toalla encima.
-Sécate...-
le ordenó.
El
humillado fiscal tomó el paño y se cubrió, mirando
al otro con rencor.
-¡Sécate
igual!...-le reclamó, sin encontrar otra manera mejor para desahogar
su furia y frustración….- vas a salpicarme toda la casa.
Félix
se contempló un momento dándose cuenta que estaba tan empapado
como Carson, ni había reparado que se estaba mojando en igual manera
mientras lo limpiaba.
-No
hay problema...-le expuso y comenzó a deshacerse de sus prendas,
una por una, con parsimonioso estoicismo, sin retirar sus negros ojos
de los de avellana, que poco a poco comenzaban a brillar ante el cuero
que se descubría frente a ellos.
Hipnotizado,
Jeremy no obedeció el primer impulso que le indicó su soberbia
de salir de allí y dejar a Félix solo, boquiabierto seguía
los movimientos de esas manos poderosas y la seducción de sus maneras.
-Vete al diablo...- le increpó cuando los pantalones fueron a parar
al piso, seguido por los mocasines y las medias. Se dio media vuelta,
para escaparse de esa perturbadora visión pero Dean lo siguió,
atrapándolo en el pasillo, y la mano del teniente llegó
hasta la ingle del fiscal, acariciando la hombría que, ya indiscreta,
estaba desmintiendo la cólera del magistrado.
-No
te creía tan mojigato...- le siseó Félix.
-Eres un miserab...- arrancó Jeremy, levantando una mano para propinarle
un buen derechazo, pero el otro lo empujó contra la pared, sacándole
el resto del aire de los pulmones y le atrapó los labios antes
de que pudiera exhalar.
El
beso fue brutal, marcado y decidido, Jeremy se vió invadido por
una lengua que se profundizó hasta llegarle a las amígdalas,
y quitándole todo rastro de la borrachera que se había propinado.
Chilló dentro de aquella embocadura, y braceó, tratando
de apartar al aprovechado teniente, pero éste lo sujetaba por los
hombros, pegándole firmemente la espalda a la pared, sin dejarle
ningún apoyo al doblarlo e igualmente, anulándole el balance
que necesitaba para que sus piernas secundaran a sus brazos en su defensa.
Dean
no quiso entrar en razón de lo que hacía, prendado en aquella
boca que recordaba con añoranza el sabor que ahora se encontraba
adulterado por el alcohol y la rabia, lo rodeó mejor con sus brazos,
apretándolo contra su pecho y bajando sus manos hasta retenerle
las muñecas que le arañaban el rostro y la espalda, lo separó
de la pared tan solo para doblarle y tenerle mas cerca, arraigándole
un gemido adolorido. Jeremy cerró sus dientes sobre la lengua invasora
hasta roerla, y escuchó el lamento furibundo de Félix, cuando
la sangre se mezcló con la saliva y se apartó.
-¡Fuera
de mi casa!...-le gritó Carson encontrando suficiente aire para
hacerlo…-maldito pervertido.
-Miren quien lo dice...- le reniega el teniente, furioso ahora con el
mordisco y la reacia actitud de Jeremy, cuyo deseo se le afloraba por
cada poro y le contradecía descaradamente.
Carson
lo apartó de nuevo, al verle aquellos ojos tan lascivos y decididos,
intentando llegar hasta el teléfono de su habitación que
era el que tenía más cercano.
-Llamaré
a la policía...-le amenazó, levantando la bocina.
-La policía ya esta aquí…- le reprimió Dean,
quitándole el aparato de las manos y tirando a Jeremy sobre el
colchón…- No te hagas que estás tan excitado como
yo.
-Antes prefiero cortármelo...- le rugió Jeremy.
-Yo prefiero hacerle otra cosa...- le azuzó Félix, tomando
las piernas de Carson y sacándolo parcialmente por el borde de
la cama, cayendo sobre sus rodillas, se metió entre ellas y tomando
el miembro erizado de Jeremy, se lo metió de un golpe en su garganta.
El
fiscal dio un respingo tan fuerte que casi terminó en el suelo,
mientras la lengua de Félix, se iba en lamidas prolongadas sobre
el falo que tenía embutido, sosteniéndolo firmemente por
las culatas, sin permitirle al fiscal, retirarse. Pero sus golpes y reparos
no eran más que por inercia, aquella boca lo estaba estimulando
a todos los niveles, y el placer recorría cada nervio, incrementado
por el empuje de la cabeza que se movía de un lado al otro o subía
y bajaba en duras arremetidas. Jeremy buscaba la manera de que su boca
formulara un conciso “NO”, pero solo lograba gemir y rezongar,
arañando sus sábanas o tirando del cabello de Dean, pero
sus manos no le desechaban, en cambio, lo empujaban más hacia abajo
atragantando al policía.
Una
consistente marejada se fue agolpando en su vientre, ensanchando los tejidos
y preparándose para la expulsión, siendo anunciada por la
garganta de Carson que aumentaba su agudeza con el ritmo de Félix,
pero cuando le clavó los dedos en la nuca, afianzándolo
hacia abajo, Dean, cerró los dedos en la percha, y la apretó
sin clemencia, deteniendo la detonación.
-N-nooo.
Hijo de tu grandi...- aulló Jeremy, doblando las piernas y sintiendo
que el dolor le llegaba a los riñones.
Félix
esbozó una risa cruel, y sin soltarlo, se levantó y con
el brazo libre le rodeó la cintura al perturbado Jeremy y como
si se tratara de un trompo, lo hizo girar para tirarlo boca abajo por
el borde del lecho y se le pegó a su espalda. Escupió sobre
sus dedos y los llevó a los cuartos traseros del fiscal, y sin
darle tiempo de tomar aire, lo penetró con uno.
Jeremy
se arqueó, ante el paso de aquel largo índice, que luego
de llegar a estar por completo en su interior, le abrió camino
al medio y al anular. El fiscal se removió desde el cabello hasta
las uñas de sus pies. Dean agitó su mano en un par de golpes
y se le fue encima, cubriéndole su espalda con su torso.
-Estás
acostumbrado a hacerlo todo a tu manera...- le respinga en el oído…-
a decidir el como y el cuando- lamé la mejilla de Jeremy, arrancándole
un ansioso gemido….- pero hoy lo vas a hacer a mi modo….-
y lo invadió.
El
de ojos de avellana, rechinó sus dientes en un gemido agónico,
tratando de impulsarse hacia el frente, pero tanto el borde de la cama
como la mano que lo tenían prensado se lo impidieron, golpeó
el colchón y los costados de Dean, pero no logró más
que el otro acomodara su postura terminando de entrar completamente como
dueño y señor de su cuerpo.
El
grosor no es muy exagerado, tampoco en su largo y curvatura, no hay que
negar que en sus muchas correrías Jeremy hubiera disfrutado de
una gran variedad, pero el “Arma” del policía sobresalía
en esos momentos en tantos aspectos que no logra ponerlos en orden. Para
colmo no había preservativo que aliviara las cosas, no existía
nada más que sensaciones, saliva y piel.
Félix,
se quedó muy quieto, dándose tiempo para disfrutar de aquella
gruta estrecha, cimbreante y tibia, de un cuerpo firme y trabajado, no
musculoso en exceso, ni exageradamente fornido, tampoco endeble, o delicado.
Se regodeó con su piel que era muy tersa, elástica y dúctil,
por donde pasó la mano por la espalda hasta llegarle al cuello,
esperando a que Jeremy se tranquilizara e hiciera el siguiente movimiento.
Además quería disfrutar de tenerlo a su merced, ya no tan
altivo ni dominante, tan solo un ser humano que se negaba a disfrutar
de lo que le ofrecía, se volvió a inclinar y le tomó
por el cabello, levantándolo hacia su cara, retirando su miembro.
-Pídeme
que me detenga...- le solicita…-ordéname una vez más
que me vaya...- pero en vez de salirse, se volvió a imbuir con
una poderosa arremetida que hizo que Jeremy soltara un quejido….-¡Dime
lo que quieres!
Las
lágrimas en los ojos de Carson son de dolor, de humillación,
de rabia, de deseo, de placer.
-Quédate...-le
barbotea….-termina lo que comenzaste.
La
mano de Dean deja su cabello para acariciarle la mejilla, y lo vuelve
a besar, palpando mejor aquellos labios trémulos y vencidos, saboreándolos
de nuevo con un gusto distinto, el del vencido disfrutando del vencedor,
concediéndose y permitiéndose ser seducido por algo tan
nuevo como dejarse subyugar, derogando la oposición para entregarse
en aquella sensación novedosa que le ofrece las diestras manos
que había menospreciado.
Félix
comenzó entonces sus movimientos de ida y venida, con dureza, empujando
a Carson de nuevo sobre la cama, sin sutilezas o cuidado, no le deja al
fiscal ninguna oportunidad para asumir el control; sube una de sus piernas
a la cama para cambiar el ángulo y la penetración, mientras
el nuevo giro de sus caderas provocó que los gemidos de Jeremy
se hicieran más recios.
El
movimiento de la mano de Félix sobre el falo de Carson también
era un masaje severo, decidido a agotar todas sus fuerzas, enervándose
con la excitación de verlo agitarse con cada embestida, escuchando
sus apremiantes gimoteos, el copioso sudor que bañaba todo el cuerpo
de su cautivo y solo cuando dejó de rasgar las sábanas y
clavarle las garras en las caderas, se afincó por completo, dejando
que su eyaculación inundara todo el interior del fiscal, al tiempo
que éste se rebosaba en su mano, los dos cayeron en el lecho, gritando,
convulsionándose y apretándose el uno al otro como un solo
cuerpo.
No
se movieron por varios minutos, mientras Dean resollaba contra la nuca
de Jeremy y el derrotado fiscal, se enrollaba, dentro de los brazos del
teniente y se arremolinada contra él, sonriendo satisfecho.
Félix,
se fue reponiendo, y cuando volvió a sentirse, ya estaba abrazado
por completo al cuerpo de Jeremy y los brazos del fiscal se entrelazaban
a los suyos. Se incorporó un poco y le besó en el oído,
musitándole:
-Admítelo,
te gustó.
Jeremy
volvió a retomar su sonrisa altiva y desdeñosa, rodando
su cara hacía la del teniente.
-Primero
se congela el infierno….- le contestó y se giró, sin
soltarse de los brazos de Dean, se quedó dormido.
-Grandísimo hijo de perra…- murmuró el policía
y le besó en la mejilla, le tiró una sábana encima
y se levantó.
Se
fue hasta el sillón que Jeremy tenía a un lado de su cama
y se sentó en él para contemplarlo dormido, con aquella
sonrisa insolente y ufana, más parecía un vencedor que un
vencido. Pero no cabía duda que Dean había alcanzado lo
que ningún otro hombre había logrado antes.
-Ya
eres mío.- le sentenció.
Cuando
se sintió seguro de que sus piernas ya podrían sostenerlo,
se levantó del todo y se fue a recoger su ropa, la metió
en la secadora junto con los zapatos y regresó a la ducha por la
de Jeremy, como un soltero veterano, ya estaba versado en las maneras
de sobrevivir en casa. Las despensas del fiscal estaban bien surtidas,
era seguro que la secretaria se hubiera encargado de ello. No tardó
en encontrar el detergente y acondicionó la lavadora agregándole
también el suavizante.
Mientras
esperaba que la ropa se le secara, regresó con Jeremy, que seguía
profundamente dormido, ahora ya no por la borrachera sino por la agotadora
sesión de delectación que le había propinado el policía,
su expresión se le había acentuado en deleite y sin duda
estaba disfrutando de un maravilloso sueño, producto de un extenso
post-orgasmo.
Allí
estaba meditando en todo lo que había pasado y lo que había
logrado, más seguro que nunca que su vida ya no volvería
a ser la de antes.
La
ropa se seco, quitándole la excusa para permanecer en esa casa,
salió con cuidado, llevándose las llaves que le había
quitado a Jeremy; mascullando por la mala suerte, cuando revisó
su reloj y se dio cuenta de que su turno comenzaba en escasas dos horas,
bostezó largo y tendido, no valía la pena que se fuera a
dormir, se regresó a su casa solo para darse una buena ducha y
cambiarse de ropas e irse a trabajar.
Jeremy
se despertó con una resaca monumental, algo en ésta la hacía
superior a las otras que se había propinado pero no recordaba,
en particular, que la hacía tan especial. Se volteó en la
cama con cada músculo oponiéndose agónicamente y
al intentar sentarse, recordó lo que le había propinado
aquel soberano malestar.
El
rostro de Dean Félix se le estampó entre las cejas, produciéndole
un exquisito estremecimiento por cada vello de su cuerpo. Recordó
su boca contra la suya, las caricias de sus grandes manos y el cuerpo
que había terminado de avasallar al suyo.
Se
estiró con delicia, ronroneando y cruzando sus piernas cuando sintió
que su miembro volvía a endurecerse con el recuerdo tan vívido.
-Primera
y última vez, teniente...- se pronosticó a si mismo, sentenciando
a su propia debilidad.
Escuchó
un chasquido en el pasillo, y se volvió a incorporar al percibir
el aroma de café recién hecho. Dean abrió la puerta
del cuarto con el hombro y se le acercó, con una bolsa de papel
en una mano y un tarro de café expreso en la otra.
-Buenas
tardes...- le dijo alegremente Félix, poniendo la bolsa sobre la
mesita de noche.
-¿Tardes?...-
inquirió Jeremy, preguntándose porque Félix tenia
que hablar tan alto y se volteó a ver la hora en su reloj despertador,
no estaba muy seguro, no lograba verlo bien, pero parecía indicar
que pasaban ya las doce del mediodía…- ¿Qué
haces todavía aquí?...- le refunfuñó, y entonces
notó que no llevaba las mismas ropas que en la víspera y
no eran de las del fiscal, estas eran ropas comunes de un policía
de baja paga, aunque con un muy buen gusto…-¿No te quedaste
a dormir, aquí?....- formuló una mejor pregunta.
Félix
se rió, volviendo a salirse, para regresar poco después
con una bandeja cargada con mermelada y mantequilla, un plato, cubiertos
y dos tazas, colocó las cosas a un lado de Jeremy, abrió
la bolsa, sacando un par de Croasaintt poniéndolos en el plato.
-¿Mermelada
y mantequilla?...- sugirió, pero antes de dejarle que aspirara
el delicioso aroma que despedían los tibios panecillos, tomó
una de las tazas y se la puso en la mano…-Primero tómate
esto.
A
la sensibilizada nariz del fiscal le llegó un pertinaz olor.
-¿Qué
demonios es eso?....- protestó apartándolo, a lo que Dean
se lo volvió a acercar a la boca.
-Lo
mejor para la “Cruda”-… le dijo…-un remedio casero
muy efectivo, huevo, pimienta, un toque de salsa tabasco. Pero el toque
se lo pone el ajo.
-¿Quieres matarme?....- protestó Carson, apartándolo
de sí.
-Si no te lo bebes...- le amenazó Dean. Ya consabido de la forma
como Félix se hace obedecer, Jeremy toma el brebaje y haciendo
un mohín, se lo traga, formulando todo tipo de arcadas.
-Sabe a rayos...- rezonga, casi escupiendo lo que le quedó en el
paladar. Dean se sonríe y le acerca los panecillos, sirviéndole
el café en la otra taza. El logotipo en el envase le indicó
que estuvo al otro lado de la ciudad, él mismo había frecuentado
ese local en algunas ocasiones, servían un excelente café…
-. Saliste muy temprano a comprar café, ¿cómo entraste?
El
policía tan solo saca la llave del fiscal y la pone sobre la bandeja.
-Me
pasé toda la mañana bostezando en el trabajo…- le
dijo a Jeremy….-mi compañero me preguntó donde me
había ido de juerga…- y pone su mano en la de Carson….-Estuve
muy tentado a contarle lo que estuve haciendo anoche.
El
fiscal saltó como un resorte de la cama, y cuando se dio cuenta
de que continuaba desnudo, trató de cubrirse con sus manos y se
metió al closet, poniéndose los primeros pantalones que
encontró. Dean ya se había levantado y lo esperaba cuando
salió de nuevo, metiéndose una franela por encima de su
cabeza.
-Escúchame
muy atentamente, policía de segunda, lo que pasó anoche
nunca se va a repetir. ¿Te ha quedado claro? Jamás, de los
jamases me volverás a tocar, si lo vuelves a intentar, te levanto
un acta y te denuncio por acoso sexual y violación.
Dean
se le acercó y Jeremy retrocedió, pero quedó contra
la cama a lo que el otro lo alcanzó, volviendo a acariciarle la
entrepierna que no había relajado su nada sutil erección,
el fiscal se resistió al manoteo, pero no puedo evitar exhalar
con fruición.
-No
puedes negar que te gustó….- y le besó Dean el cuello
a lo que Jeremy se estremeció….-yo te folle, pero tú
respondiste, berreaste, te estremeciste como gelatina y te vertiste en
mi mano. ¿O esa parte, no vas a contarla?
Venciendo
su propia flaqueza, Jeremy se contuvo, dejando que el enojo lo envolviera,
haciéndose dueño de sus debilidades.
-¡Tú
lo llamas follada, yo le llamo violación!
-No puedes probarlo...- le arguye Dean, sacando todos los argumentos que
se conoce para enfrentarse a un abogado del calibre de Jeremy…-
estabas completamente ebrio, no pudiste ni abrir tu puerta, me invitaste
a pasar y aceptaste mi compañía, no hay testigos, es tu
palabra contra la mía…-su mano frota con determinación
a lo que Jeremy cierra los ojos sintiendo que se vuelve a derrumbar….-
eres demasiado arrogante como para ponerte en evidencia con un escándalo,
ya tienes bastante la publicidad adversa que generará lo de tu
divorcio, además que el caso Morris es el más importante
de tu carrera en este momento…..- y bajó la voz, mirándolo
directo a sus ojos…-sin olvidar ese intempestivo amorío con
el abogado defensor del caso.
Al
oír eso, Jeremy se agitó, levantando un brazo para intentar
golpearlo, pero Dean se lo detuvo sin dejarlo descargar y la obligó
a bajarlo….-Tú abres la boca y te hundo, junto conmigo...-
le dijo Dean, pegándose tanto al fiscal que aquel sintió
el olor de su loción, la cual le trajo sentimientos muy encontrados,
pero tuvo el suficiente coraje para empujarle y liberarse de su agarre.
-¡!!Lárgate
de mi casa!!!...- le ordenó con todo el coraje que pudo acumular.
Dean
se sesgó y se apartó, con ganas de agarrar a Jeremy y volverlo
a tirar sobre la cama para tomarlo de nuevo, pero era mejor dejarlo a
solas, ya le había dado una muestra de lo que podía proporcionarle,
tan solo le permitiría sopesar lo que había recibido y lo
comparara si quisiera, estaba seguro de haber logrado marcarle una sustancial
diferencia muy difícil de suplantar, se giró sobre sus talones
y se alejó, ya se volverían a encontrar, esta ciudad no
es tan grande.
-Tú
te lo pierdes, engreído…-le rió con sorna, pero no
alcanzó a decir más, cuando la puerta se cerró casi
en sus narices.
Definitivamente,
el domingo es un día bastante peculiar, en la vida de mucho.
Sam
se levantó temprano, tanto que decidió que ir a correr seria
adecuado para empezar el día. Hizo después una limpieza
general a su departamento y cuando volvía con la cesta de ropa
limpia, la dejo sobre su cama y mientras iba doblándola, tomó
su celular y marcó al número que correspondía a Daniel.
Le había prometido ir a desayunar juntos algún lugar. Serviría
para disculparse por lo sucedido con Joshua. Espero un par de timbres
y la voz detrás de la línea le sorprendió.
-El
propietario del celular esta dormido, si es urgente deje su recado…-un
sonrisita que reconoció de inmediato, le hizo pensar que se había
equivocado.
-Hola. Soy Sam. ¿Eres....Paul? Creo que me he equivocado de número.
El
terapeuta hizo una mueca de fastidio, seguro estaba que no debía
responder, pero a insistencia de Daniel había tomado su celular
y contestado.
-No,
no te haz equivocado. Espera, le pasare tu llamada.
Paul
miraba el cuerpo que tenia enredado entre el suyo, que levantó
con pereza la cara.
-¿Quién
habla?...-gruñó.
-Sam, quiere hablar contigo.
Con
ese solo nombre, a Daniel se le fue el sueño de súbito y
reclamó su celular, poniendo su cabeza sobre la almohada, mientras
pasaba una mano por su cara.
-Sam,
¿sucede algo?....-su voz mostraba la extrañeza de recibir
esa llamada.
-Por un momento pensé que me había equivocado de número
telefónico y llamaba a mi terapeuta.
-No te equivocaste….-volteó a ver al aludido, quien pretendía
levantarse, pero le retuvo por la muñeca….-esta conmigo.
-¿Eso es bueno o fue una crisis?....-medio intento bromear con
el hecho.
-Un poco de todo. ¿Qué sucede?
-Prometí que iríamos a desayunar.
-¿Tu novio te dio permiso?
-Puedo tener amigos y mi “novio” aceptara eso. Siento lo de
viernes.
-Me alegra que puedas encontrar tiempo para “escaparte de tu novio”
y sociabilizar. ¿Te parece, si en otra ocasión nos ponemos
de acuerdo? Hoy, no puedo acompañarte.
-Claro. Nos vemos en la semana….-cortó el castaño,
no muy seguro si aquello le disgustaba del todo.
Sonrió
cuando entendió el trasfondo de que Paul estuviera en el departamento
de Daniel. Era obvio que el terapeuta estaba interesado en su amigo. “Vaya,
que es persistente”, se dijo Sam, decidido entonces a que tendría
que pasar la mañana solo y disfrutar su departamento hasta la llegada
de Joshua en la tarde.
Su
rubio amante despertó tarde. Entre la molestia que le causara la
inoportuna llegada del fiscal y la sesión de video juego en la
cual buscó afanosamente descuartizar a cuando alienígena
se atravesara por su pantalla, por lo que terminó acostándose
bastante tarde y era pasado media día cuando bebía café
recién colado, cuando el sonido del interfon le sorprendió.
-¿Y
ahora?....-se dijo cuando la cara de su hermano mayor apareció
y abrió la reja de la casa, pero luego vio que detrás venia
otro auto mas. Del primero bajó con mal talante el hermano quien
entró con paso decidido a la casa, seguido luego por una mujer,
a quien reconoció como su hermana.
-¡Realmente
no tienes temor de Dios, Joshua!...-le gritó el varón a
todo pulmón.
-Es domingo, el señor descansa este día…-le dijo el
aludido son sorna.
-Eres un pervertido, por gente como tu, el Sr. hizo arder Sodoma y Gomorra.
-El mismo cuento…-dijo Joshua mientras bebía con cierta displicencia
su café.
-Jared, por favor. Deja de importunar a Joshua con eso.
-Tu, sigues defendiéndole, cuando sabes cuando dolor ha traído
a nuestra familia…-rezongó el otro casi sin aire.
-No somos quien para juzgarle….-recalcó la menudita mujer,
que se no dejo intimidar.
-¿Por qué no miden sus diferencia en la sinagoga y dejan
de darme estos circos?...-entró Joshua intentando dejarles en el
patio, pero el brazo de su hermano le tomó del hombro y le hizo
girar.
-Ya sabemos la depravado que eres con tus vicios de la carne, pero no
tienes por que pasearte por la ciudad ufanándote de ello.
-¡ ¿Cuándo te molesté por ello? ¡…-se
soltó el rubio hermano.
-Ayer, te vieron. Tomado de la mano con otro varón. ¿No
puedes esconder tus perversiones de la vista de los demás? ¿Qué
es lo que pretendes, que nuestro padre muera de vergüenza?
-No tengo padre, el mismo me lo dijo.
-¡Joshua, no digas eso!...-dijo la mujer, acercándose a ambos
y empujando a otro hermano…-Y tú, no eres quien, para reclamarle.
-¡Cállate mujer, nuestro padre sufre las vergüenzas
de éste, que sodomiza varones y ultraja además el nombre
de nuestra familia! Nuestro padre enfermo y éste exhibiendo sus
vicios…-gritó sin contenerse.
-¿Qué le sucede a nuestro Padre?...-intervino entonces Joshua.
-Tu no tienes Padre, ¿no lo dijiste?...-el aludido hermano se dio
la vuelta y salió del lugar.
Joshua
le miraba molestó y contrariado, por mas que intentaba lidiar con
aquello e ignorarlo siempre le hacia sentir un hueco enorme y esta vez
un amargo sabor subió por su garganta, mientras miraba a su hermana.
-No
le hagas caso, Joshua.
-¿Qué tiene nuestro Padre? Dímelo.
-Su corazón, le causa problemas de vez en vez.
-¿Por qué nadie me lo había dicho?...-le rezongó.
-Él prohibió que te avisáramos. Pero yo creo que
ustedes deben hacer las paces. No es bueno para ninguno de los estar así,
adoloridos y resentidos.
-Él no deja que me acerque.
-Sigue jugando ajedrez en Central Park por las mañanas…-le
dijo su hermana poniéndose de puntitas y dándole un beso
en la mejilla….-Me voy, nos veremos luego.
Joshua
les vio partir y la sensación de malestar no pasó fácilmente
en el resto del día.
Parecía
siempre tan fácil tener el control de su vida, hasta que la familia
interviene y continua decidida a hacerle sentir un degenerado y depravado,
solo por que no pueden confrontar el hecho de que tener un hijo y hermano
bisexual es demasiado humillante, va contra natura y con las leyes religiosas
que les han regido.
Buscó
intentarse explicar una y otra vez que estaba en su derecho de tener las
preferencia sexuales que mejor que le ajustaran y si había peleado
por esa posición antes, ahora que tenia a su lado a Sam, lo haría
con mayor ahínco.
Dios
le manifestó un ángel en su vida, no uno vengativo y dispuesto
a cumplir con la cólera de Señor sino más bien para
indicarle que todos son sus hijos, sin considerar sus menudencias. Era
en ese Dios, amoroso y protector de sus hijos, en el cual quería
creer.
Si
su familia, no podía conciliar eso, era su problema. Pero si era
problema suyo, acercarse a su padre, no para pedirle perdón, sino
para hacerle patente, que seguía considerándolo su progenitor,
aunque él pensara lo contrario.
Mientras
divagaba sobre ello, escuchó el timbre del celular y fue entonces
que se dio cuenta de lo tarde que era y que había casi olvidado
que iría a buscar a Sam.
-Hola,
¿te encuentras bien? ¿Dónde estas? Son cerca de la
seis.
-Hola, perdón, no me di cuenta de la hora. Voy para allá.
-¿Seguro te sientes bien? Tu voz se escucha….algo seria.
-Estoy bien, en verdad….-dijo intentando que su voz fuera normal,
pero aquello no convenció a Sam.
-Tomare un taxi e ire a verte. No te muevas.
-!Sam, espera!
Pero
la llamada se cortó y decidió que entonces le esperaría,
realmente no estaba de humor para cruzar por la ciudad y le consoló
increíblemente que su ángel fuese a buscarle.
¿Si
eso no era que Dios, le amaba? ¿Qué era entonces?
|