
“…...Mc
Neill concluye que los únicos actos homosexuales claramente condenados
en la Biblia son los que implican idolatría, libertinaje, odio
o menosprecio del hombre. En cambio, nunca se condenan los actos que expresan
verdadero amor mutuo... [1]”
22. Eres incitador.
La
habitación se llenó de sonidos entrecortados, gemidos que
se intercalaban unos a otros o en ocasiones se traslapaban, siendo medio
acallados por besos largos y húmedos. La ropa se le hizo un estorbo
y rápidamente fue retirada sin concesiones, solo dejando al descubierto
piel, un fino vello humedecido y un temblor que era propiciado por las
caricias de aquellos fuertes dedos que bajaban por la espalda, que luego
le hicieron desfallecer al dilatarle lentamente.
Paul
se entregó, concediendo su cuerpo y su alma en aquella nueva sesión
de caricias, donde las manos de Daniel sujetaba sus caderas para mantener
una rítmica arremetida hasta que sintió que era inundado
en su interior, mientras los labios que besaba su cuello se detenían,
luego reposaban en su hombro, tomando aliento y musitando su nombre.
Ya
lo había escuchado, una y otra vez mientras Daniel le embestía,
pero ahora, siendo susurrado lentamente, mientras besaba de vez en vez
su piel, fue el más dulce de los licores, en el cual se dejo envolver,
deseando tenerle no solo esa noche, si no siempre.
Para
Paul tomar decisiones difíciles y vivir con ellas, se había
convertido en una forma de ser. El tomar la decisión de convertirse
en hombre, adaptarse a una nueva forma de ser y buscar ser amado con esa
nueva apariencia, le había costado años, ni que decir de
dolor y angustia, al cual a muy pocas personas le había permitido
estar a su lado para compartir esa nueva vida. Arriesgarse con Daniel
tenia muchas implicaciones, entre ellas buscar erradicarle ese fantasma
llamado Sam, aun cuando ahora tuviera el apelativo de “amigo”
y además que ese nuevo “demonio”, con el cual había
hecho un trato Daniel aceptara de buena gana desaparecer de sus vidas
como si nada.
En
definitiva, si quería conservar a Daniel tenía que seguir
luchando. Se preguntó si valía la pena, mientras tenia su
cabeza recargada en sus piernas, minutos atrás. Se preguntó
si valdría la pena invertir tiempo, esfuerzo y sobre todo poner
al descubierto su corazón, por un cabeza dura como Daniel. Ver
sus lagrimas verterse y confesarle sus errores, fue quizás la mejor
prueba de que no estaba enamorado de un ensueño, sino de un hombre
normal, susceptible a cometer errores y que por ende podría aceptar
los ajenos.
Tampoco
hubo palabras, ni promesas melosas en esa ocasión, pero las caricias
suaves y los besos entrecortados por parte de ambos, con los cuales continuaron
incontables minutos después de la entrega, fueron un remanso para
sus almas.
-Puedes
quedarte, sí quieres…-alcanzó a decir Paul, mientras
introducía sus largos dedos entre la cabellera oscura de Daniel
y aquel respondió devorando sus labios, mientras sostenía
su cara con sus manos.
-Aún estás excitado…-le murmuró en su oído,
al sentir el miembro del terapeuta clavándose en sus piernas.
-Espero que no pensaras dormir temprano…-Paul le hizo rodar, mientras
se encaramaba en su vientre…-por que te equivocaste de lugar.
-No. Estoy completamente seguro que llegue al lugar adecuado…-el
reportero sintió que Paul bajaba de su vientre, restregando de
esa forma su hombría, excitándole en sinuosos vaivenes,
hasta que le hizo rodar a media espalda, besándola, saboreando
su piel, mientras se afianzaba en subirle una pierna, buscando un ángulo
de entrada.
Daniel
no se midió en gemidos, mientras aquel compacto miembro le penetraba
y era sostenido por el resto de ese cuerpo ambivalente que no terminaba
de definir, pero que se había convertido en una sutil droga que
le saturaba los sentidos. Le arremetía con fuerza, pero con una
delicadeza que lo apabullaba, mientras le sostenía de nueva cuenta
su erección.
¿En
que momento, Paul se sintió satisfecho? Hasta que su mano quedo
empapada con el semen de Daniel y sus gemidos subieron varias escalas,
indicándole que había tocado su próstata, haciéndole
vibrar hasta que terminó por acurrucarlo en sus brazos, embriagado
por el sutil aroma entre ellos.
Por
esos momentos había válido la pena el dolor pasado en los
quirófanos, la larga terapia hormonal y las cicatrices que siempre
serian el recuerdo de cada una de sus intervenciones (2).
Era
un hombre, por fin, que amaba a otro hombre y que lo había deslechado
en su mano, mientras lo penetraba hasta extenuarse en sus brazos.
-…te
quiero…-le susurró el terapeuta y pegó su cara a la
espalda de Daniel sin esperar respuesta antes de dormirse.
Daniel
cerró los ojos dejándose llevar también por el sueño,
mientras escuchaba a lo lejos esa declaración, que no alcanzó
a responder, por que el cansancio lo sumió rápidamente en
un vortice de imágenes y solo alcanzó aferrar las manos
de Paul en su pecho, sintiéndose relajado y tranquilo después
de muchos días.
Jeremy
Carson se movía como demonio aprisionado en su abismo personal,
fastidiado por que aquel reportero de pocas tintas, no solo le había
mantenido en vilo en línea, sino que además se atreviera
a gritarle, olvidándose de su trato. En definitiva ese reportero
no tenia idea de con quien se había metido.
Por
otra parte, entendió, que si quería a su lado de nuevo a
Joshua, tenia que hacer algo más que dejarle llamadas en su buzón
de voz, las que seguramente borraba sin oír.
No
podía dormir y aún no era ni media noche. Buscó entre
los documentos que usualmente llevaba en su portafolio, alguno en que
entretenerse. El expediente de Morris atrajo su atención y volvió
a leerle mientras destapaba una lata de cerveza y minutos después
marcaba a un número telefónico.
-Cuéntame
sobre Morris. ¿Cómo la está pasando en prisión?
Félix
apagó el televisor en cuanto escuchó su celular vibrar y
cuando reconoció la llamada entrante, después de la una
de la madrugada. La inusual pregunta no era para quitar el sueño
y mucho menos al Fiscal de Distrito.
-¿En
serio te interesa o buscas un pretexto para conversar…Fiscal?
-Responde… ¿Cómo pasó el fin de semana?
-Ni idea. Pero averiguare a primera hora, si te interesa.
-Déjale la información a mi secretaria.
-Entonces pídele a tu secretaria que me llame, burócrata…-le
soltó lo último lentamente para molestarle.
-¿Tengo que recordarte tu trabajo, Félix?
-Mándame un memo…en horas de oficina…-cerró
la llamada y arrojó el celular a la mesita de noche, pero unos
segundos después volvía a repiquetear y el policía
sonrió con sorna al reconocer el timbre.
-¡NO
vuelvas a colgarme, Félix! ¿Se te olvida quien soy?
-Imposible. No puedo olvidar aún tu cuerpo caliente y a tu boca
pidiendo más, ni las dulces maneras para pedir las cosas…-le
rió por el auricular.
-Déjate de hacerme pelota. ¡Cumple con tu trabajo!
Félix
se quedo temblando de coraje, cuando la llamada se colgó después
de eso. No sabía que quería más, si apretarle el
cuello a ese “estrecho” o lamérselo hasta que pidiera
algo más. Pero de algo estaba seguro, iba a domar a ese Fiscal,
o se cambiaba el nombre. Decidió dormir, tenía turno temprano
y además hacerlo en su propia cama era un lujo que las últimas
semanas le habían impedido.
Muchos
newyorkinos se levantaban al alba y a esas horas la ciudad era un calidoscopio
de actividades en diferentes rumbos.
La primer tasa de café de la mañana para Joshua no fue en
la oficina, sino que lo compró en un pequeño establecimiento
en Central Park y solicitó un extra, llevándose ambas tazas,
mientras caminaba envuelto en su largo sobre-todo azul marino, que hacia
que sus ojos tomaron un color más intenso de lo usual.
Caminó
entre las personas, adentrándose un poco entre los pasajes del
parque, hasta llegar a una de las zonas de esparcimiento, donde varias
mesas estaban siendo ocupadas por diversas personas, ya sea para leer,
desayunar, mientras que otras mesas, que tienen un tablero de ajedrez
pintado o en relieve sobre su superficie son utilizadas para esos fines.
Un
hombre mayor, delgado, cubierto por una gruesa levita negra y un sombrero
oscuro, se encontraba acomodando las piezas, en una habitual costumbre
de invitación a jugar una partida.
El
rubio abogado aprovechó aquello y se sentó a un lado suyo.
-Buenos
días… ¿café?...-acercó la tasa y la
azulada mirada del hombre mayor le miró entonces y las facciones
de aquella adusta cara revelaban no solo que le reconocía, sino
la sorpresa que le causaba encontrarle ahí. No hubo respuesta verbal,
pero la pretensión de levantarse, tomando su periódico,
para irse, le indica a Joshua cuanta rabia y molestia su padre aun siente
con solo verlo…-Por Yahvé (3). ¿Podrías trátame
como cualquier extraño con el que jugarías ajedrez, si como
hijo te causó demasiada vergüenza?
-Algunos extraños son más corteses.
-…y algunos padres son más amables con sus hijos.
-¡Mis hijos son respetuosos del Tora y la familia! Y no sodomitas
que expresan su atracción hacia otros varones.
-Padre…-le tomó del brazo cuando iba a levantarse, pero le
soltó en cuanto el mayor puso su mirada en él, retirándolo
de inmediato…-¿por unos minutos podríamos dejar atrás
esta diferencia absurda sobre mis tendencias?
-El Tora no se escribió para ignorarse, ni mucho menos para hacer
lo que se nos antoja. Eres una abominación ante los ojos de Yahvé,
que atenta contra la naturaleza…-le gritó.
-Soy tu hijo y me causa pena causarte tal vergüenza, pero no voy
cambiar mis sentimientos, solo porque nuestra religión es arcaica
y obsoleta.
-Ahí es donde estriba tu deficiencia Joshua. El judaísmo
ortodoxo, acepta tus tendencias, te considera un miembro de su pueblo.
Eres tú, el que no sabe integrarse. Por tener tendencias homosexuales,
no necesariamente debes considerarlo una alternativa de vida. Olvidas
tu fin primario. Procrear. Solo te centras en el placer personal…-tomó
su periódico y se levantó para empezar a caminar, pero Joshua
no le dejo ir.
-Mis sentimientos, no son un pecado ni una enfermedad. Tengo derecho a
expresar mi sexualidad y mi naturaleza (4).
-Ya me lo has dejado claro varias, veces…-intentó hacerse
a un lado, pero el abogado seguía sin dejarle ir.
-…no soy promiscuo ni mantengo relaciones pasajeras con hombres.
Tengo una relación especial, solo con uno. No puedes condenarme
por mantener una relación basada en amor y responsabilidad.
-Puedes hacer con tu vida, lo que quieras. ¡No eres mi hijo!
Joshua
no le detuvo cuando su padre volvió apartarle, no quería
contrariarlo más de lo que su sola presencia había logrado
en pocos minutos. Se sentó y empezó a beber el café
de una de las tasas, mirando el paisaje de la rivera que en ese momento
le pareció desolador. Pero no se había hecho abogado litigista
para dejarse apabullar y se levantó para irse rumbo a su oficina.
Era
martes y la ciudad que era un hervidero, rápidamente se lleno de
actividad a las horas de oficina, lo cual apenas le dio tiempo a Sam de
acomodarse la corbata en el ascensor, antes de llegar al piso. Sus compañeros
se encontraban ya trabajando.
-Llegas
a tiempo…-le saludó Smith levantando la vista de la pantalla
y notó la pequeña mochila extra que llevaba Sam…-¿Fuiste
al gimnasio?
-Lo haré por la tarde. ¿Novedades?
-Estoy buscando corroborar las coartadas de Grant, saldré más
tarde a buscar al entrenador y ubicar a sus compañeros. Por cierto
que el “tortolo” ha solicitado ver a Morris en la próxima
visita.
-Mientras no sea conyugal…-dijo Rolan quien apareció detrás
del periódico, un escritorio más atrás…-resultara
difícil tramitar eso…-la nota del día sobre el caso,
no se ve nada bien.
-Especulan demasiado y en realidad no dicen nada nuevo…-Sam dejo
su portafolio sobre su escritorio…-solo predisponer a la opinión
publica.
Smith
puso cara de fastidio aceptando ese hecho y se concentró de nuevo
en la pantalla, mientras Sam miraba por el ventanal hacia el despacho
de Joshua y espero por varios minutos la usual llamada del rubio para
saludarle. Pero extrañamente no llamó a la primera hora
y Sam tuvo que esperar hasta que Smith se fuera a corroborar las pistas,
mientras que Rolan sacaba copias para un caso que debían tramitar
en los juzgados a media tarde.
Una
vez que su compañero atravesó la puerta, Sam levantó
el teléfono y marcó la extensión de Joshua.
-Hola,
tengo unos documentos que necesito que veas…-empezó la conversación
en forma formal.
-Tráelos contigo…-le indicó antes de cerrar la llamada
y Sam tomó el formulario que estaban realizando para otro caso
y paso a un lado de la secretaria que le dio pase casi sin verlo. Cuando
entró al despacho, notó que Joshua tenía una gran
pila de documentos sobre su escritorio, junto a varias cajas de archivos.
El contador tomaba una de esas cajas antes de retirarse y cerró
la puerta detrás de él.
Joshua
se levantó, fue al servibar, mientras destapó una botella
de agua y empezaba a beber, luego se sentó cruzando las piernas,
indicándole a Sam que se sentara enfrente de él, sonriéndole.
-Menuda
mañana…-inició el joven abogado.
-Ni lo digas. El departamento contable hace auditorias y Otto está
fuera de la ciudad, así que han terminado estas cajas aquí.
¿Tus compañeros?
-Smith corroborando unas pistas sobre el caso Morris y Rolan en documentación
antes de irnos a los juzgados. Es posible que en la tarde tengamos fecha
tentativa para audiencia.
-Espero que el juez no lo posponga.
-…lo mismo digo….-dijo con ánimo.
-¿Dormiste bien?...-Joshua se atrevió a tocar su rodilla,
dándole una fugaz caricia, mientras miraba el sutil rubor que Sam
tuvo, mientras miraba el ventanal preocupado.
-¡Joshua!...-le dio un golpecillo con el manojo de hojas y el abogado
volvió apoyar la espalda en el sillón, continuando con su
botella de liquido.
-Me encanta cuando te pones así...-le sonrió….-Espero
que hallas recordado que hoy te quedarías en casa, después
de tu consulta.
-Lo hice. Traigo una muda de ropa y prometo no discutir por ningún
lado de la cama…-le guiñó un ojo.
El
teléfono sonó, pero Joshua lo ignoró por unos segundos,
mientras miraba a ese hombre enfrente de él. Ése al que
había llamado ángel y que era la prueba de su Dios personal
distaba mucho del dios colectivo con el cual pretendían regir su
vida.
-¿Te
he dicho hoy, que te amo?..-la voz de Joshua tenia un raro embeleso.
-No, has estado ocupado revisando papelería…-le sonrió
el castaño, haciendo un intento por levantarse para continuar sus
labores antes de que se abalanzara encima del rubio para besarle e hiciera
un papelón en la oficina, pero Joshua le alcanzó y puso
su mano en su pecho, mientras jugueteaba con la corbata.
-Te amo, Sam. No me importa por cuantas leyes tenga que desconocer. No
puedo ignorar lo básico.
Aquella
era una hermosa declaración, aunque su voz tenía un tono
de aflicción que no paso desapercibido para el joven abogado, pero
no preguntó más, cuando de nueva cuenta el teléfono
sonó.
-Te
veré más tarde…-Sam empezó a caminar rumbo
a la puerta y Joshua tuvo que dejarle ir para volver a concentrarse en
sus actividades. Sin embargo Sam se mantuvo distraído por minutos
y sin pensarlo más, se dirigió a la cocina de la oficina,
donde después de conseguir una botella de agua, uso su celular
para comunicarse al de Joshua, mientras se pegaba a la pared y se cercioraba
que nadie estuviera en el área.
El
rubio sintió su teléfono vibrar y le sorprendió mucho
al reconocer el número telefónico.
-¿Qué
sucede?...-le preguntó curioso Joshua, dejando los documentos que
tenia entre sus manos.
-Es lo que quisiera saber. ¿Qué pasa? Tenías un tono
de voz.
Joshua
se recargó la cabeza en el asiento de su sillón, mientras
lo giraba. Le emocionaba que su ángel se diera cuenta de sus estados
de animó y más que pudiera detectar cuando su alma se sostenía
por alfileres para no caerse. Se levantó buscando a Sam por el
ventanal hacia su despacho y se dio cuenta de que no se encontraba ahí.
-Digamos
que tuve una platica con mi padre y los términos no fueron cordiales…pero
si como lo esperaba.
-Siento escuchar eso…-la voz de Sam se hizo un nudo.
-¿Dónde estás?...-cuestionó el rubio abogado,
que salía de su despacho.
-En la cocina.
Mas
tardó en decirlo, cuando unos par de minutos después Joshua
se encontraba caminando hacia él, jalándole la corbata para
hacer que ese cuerpo se acercara al suyo, para conseguir sus labios e
introducir su lengua sin prisas en esa boca que le respondió el
gesto igualmente ansiosa. Se separaron justo a tiempo para respirar y
que Sam volviera ajustarse la corbata, mientras miraba a Joshua con una
mezcla de preocupación y de asombro por aquel súbito gesto
que estaba fuera de la norma que se habían impuesto de no tener
roces en la oficina.
Sin
embargo Sam no pudo evitar que sus labios expresaran aquello que su alma
no encontraba como explicar.
-Yo
también te amo, Joshua…-tomó la mano de Joshua y le
entrelazó los dedos por unos segundos y luego la soltó completamente
ruborizado.
-Todo esta bien ahora…-el rubio abogado le acarició la mejilla
y caminó rumbo a la puerta. ..-te veo luego, ángel mío.
Sam
sonrió, con ese apodo que era tan ocurrente, pero que le encantaba
escucharlo en los labios de Joshua.
Cuando
Sam volvió al despacho, Rolan le esperaba impaciente para salir
rumbo a los tribunales y solo subió algunos documentos pendientes,
en su cartera y salieron
No
les sorprendió en los más mínimo lo atestado que
estaban los pasillos en esas horas. Rolan y él se repartieron las
actividades y quedaron de verse una hora después en la escalera
principal. Sam caminó de un pasillo a otro tramitando los documentos,
así como la solicitud de audiencia para el caso Morris. Era urgente
que el secretario del juez les diera una fecha para presentarse y continuar
el juicio.
Entregó
los restantes documentos casi en el ultimó piso y se encontró
con la novedad que el elevador que hubiera utilizado anteriormente estuviera
ahora fuera de servicio. Dio un ligero golpe en las puertas y utilizó
las escaleras de servicio tan rápido como pudo hasta que llegó
un par de pisos abajo y entró de nuevo a los pasillos, buscando
ubicarse.
Caminaba
para alcanzar el otro elevador que se cerró sin esperarlo, dejando
el pasillo casi vacío. Miró su reloj y se quedó a
esperar el siguiente. Estaba demasiado distraído para notar que
alguien le miraba y que al reconocerlo apresuró el paso para llegar
a su lado.
-¿extraviado,
abogado?...-la mueca de Carson era más que evidente y la cara de
Sam pasó de la sorpresa al fastidio.
-Fiscal…-le dijo sin mucho interés y Carson consideró
aquello un saludo, se pegó a la pared cruzándose de brazos
mirando la carita de tedio del joven abogado.
-Supongo que en los próximos días nos veremos de nuevo en
la corte. ¿Volverá Josh a dejarte el timón en el
juicio?
-Leibitz, para usted…-casi sonó a rezongo por parte de Sam,
al escuchar aquel nombre en los labios del fiscal, pero se arrepintió
al ver la sonrisa en la cara de otro abogado.
-¿Te ha contado Josh….sobre nosotros? ¿Lo mucho que
disfrutaba “hacerlo, conmigo?
-¡NO hay un “ustedes”, desde hace tiempo, Fiscal!
-Por que estás tú metido entre medio, fastidiando…-caminó
unos pasos para dejarle solo.
-Y como te duele que yo está metido en medio, fastidiando...¿no
Fiscal?
Carson
crispó los dedos al escuchar eso, volvió sobre sus pasos.
Sam miró a ambos lados y notó que estaban técnicamente
solos y por eso se atrevió a continuar con un volumen de voz que
solo el fiscal escuchaba.
-Para
su información somos una pareja y vamos a vivir juntos. ¿Supongo
que te lo ha contado, ya que según tú están tan en
contacto? ¿No?.....-le preguntó Sam con sorna, al ver la
cara de pocos amigos que le dirigió el fiscal….- Ahhh, claro,
ahora recuerdo, Joshua te ha bloqueado sus números telefónicos,
por que no le interesa saber nada de ti.
Los
ojos de Carson brillaron con peculiar brillo que pasó del enojo
a la cólera y más cuando vio que el abogado le daba la espalda
para empezar a caminar con rumbo al sanitario más cercano. Empezó
a seguirlo unos segundos después y se encontró con que joven
se había quitado el saco, mojado la cara y se secaba con una toalla
de papel. El baño estaba vacío y el sonido de la puerta
abriéndose alertó a Sam.
-¡Repíteme
eso, zorra!…-la furia había cegado completamente a Jeremy
quien le tomó por un brazo y lo arrojó contra la puerta
de uno de los privados.
-¡Suéltame!....- exclamó Sam, tratando de quitárselo
de encima.
-¿De dónde sacas que vas a vivir con Josh?...-Carson volvió
a empujarle y el cuerpo de Sam quedo aprisionado entre el sanitario y
las manos del Fiscal que le manoteaban, e intentaba apartarlo y salirse
del rincón en donde lo tenia embutido.
-¡Quítame las manos de encima!
-¿O qué harás, acusarme con Josh? Siempre sales corriendo
a contarle todo, ¿no? ¡Hazlo, que tengo ganas de verle!
La
furia de Sam no se desvaneció, aun cuando el miedo también
hacia presa de él, al sentir como Jeremy utilizaba todo su cuerpo
para mantenerlo dentro de ese cubículo reducido y le impedía
salir, pero además como afianzaba su antebrazo en su cuello sin
presionarle, pero impidiéndole respirar con normalidad, mientras
que con el otro brazo retenía su mano reduciendo sus movimientos.
-¡Dime
que NO es cierto! Es una bravata tuya ¿verdad? ¡Josh no puede
vivir contigo! Nunca lo haría. NUNCA, ¿entiendes?
-Mal-mal nacido.
-¿Crees que voy a permitirlo?...-Jeremy le soltó el agarre
en el cuello, no tanto por que el súbito cambio de color en la
cara de Sam le preocupara, sino por que la adrenalina le saturaba los
sentidos y tener el cuerpo del joven abogado le causaba un extraño
placer.
Lamió
su cara y el asco que Sam le mostró mientras seguía forcejeando,
lejos de molestarle, aquello incitó más a Jeremy y ahora
uso una de sus rodillas para empotrarle contra fría pared de metal.
-Hueles
bien, cuando estás acorralado. Seguro eso es lo que le gusta a
Josh de ti…
-¡Te demandare a la barra de abogados!…-Sam empezó
a gritarle y seguía bregando hasta que un nuevo golpe de su cuerpo
contra la pared le quitó el aire y las rodilla se le flexionaron
un poco, pero Jeremy lo levantó y lo encajó de nuevo en
el cubículo, mientras sujetaba su cara.
-Inténtalo bonito y todo Manhattan se entera de que eres gay. Veremos
si conservas tu trabajo y el bueno de Otto no decide prescindir de ti.
-¡Bastardo!....-Sam le empujó de nuevo, haciéndole
trastabillar y logrando apartarlo de su camino y logrando apartarlo de
su camino y permitirle salir del cubículo.
La
risa de Jeremy se escuchó detrás suyo, pero el fiscal lejos
de ir a perseguirlo como temía, caminaba sin prisas y su reflejo
en el espejo le pareció a Sam más que tortuoso, tomó
su maletín y su saco para salir caminando a paso veloz hasta el
pasillo, donde escuchó el ruido del elevador llegando al piso y
casi corrió para subirse a el. No reparó en la gente que
allí se encontraba y pegó su cara a la fría pared
del ascensor mientras su respiración se normalizaba. Solo unos
segundos antes de bajar, miró su desordenado reflejo en el metal
e intentó acomodarse la corbata y se puso el saco para intentar
recobrar un poco de confianza en si mismo.
Rolan
se sorprendió un poco la verle tan pálido, pero no logró
sacarle ninguna palabra y supuso que debió haber corrido para alcanzar
el elevador o que demasiadas escaleras le habían quitado el aire.
Sam
casi agradeció que Joshua no se encontrara en la oficina y que
avisara que tenían junta hasta la tarde. Después de refugiarse
unos minutos en el baño de su oficina, revisó su cuello,
donde sentía un escozor y aunque no era una contusión de
cuidado, seria visible seguramente más tarde. Afortunadamente la
cubría el cuello de la camisa.
Se
recriminó por haberse confiado en los juzgados y sinceramente le
angustiaba la actitud que tenia el fiscal. La mezcla de obsesión
que tenia por el rubio abogado y la fría determinación de
querer quitarlo de en medio los obstáculos. Lo lógico seria
contárselo a Joshua y ponerlo sobre aviso. Pero conociendo el temperamento
del rubio, eso era darle un motivo para que corriera hacia el barril de
pólvora con una antorcha en la mano.
Comió
con sus compañeros casi en silencio y contestó con monosílabos.
Seguro, pensaron ellos, tenia otro de esos días, donde era mejor
dejarle en paz ni indagar en que pensaba sobre las chicas de les coqueteaban
en un par de mesas adelante en la restaurante o sobre si los Padres (*)
continuarían con su racha de imparables. Cuando volvieron a la
oficina, la secretaria de recepción les indicó que Leibitz
los buscaba.
Joshua
caminaba como león enjaulado por su oficina, mientras tenía
conectado el teléfono a manos libres y en lo que vio al trío
de abogados en su puerta, les indicó entrar con un gesto de su
mano.
-…avísenme
en cuando salga de la enfermería, gracias…-escucharon los
abogados a Joshua, quien luego se sentó enfrente de su equipo de
trabajo, que le miraba sorprendido.
-¿Qué sucede?...-se atrevió a preguntar Smith.
-Atacaron a Morris en la cárcel. Una aparente bienvenida por parte
de los internos, lo acorralaron cerca de los baños…-las exclamaciones
de Rolan fueron bastante audibles.
-¿Cómo se encuentra?...-preguntó Sam sorprendido.
-Estable, pero recluido en la enfermería. Aparentemente no ha pasado
de ser una advertencia. Tiene solo hematomas y pequeños golpes.
Van a trasladarle a otra sección, mañana.
-¿Algún responsable?...-Smith preguntaba solo por no dejar,
aunque sabia que en prisión encontrar al responsable de una fechoría,
era más difícil que hacerlo en la calle. Entre los internos,
se regia códigos de silencio más que rígidos.
-No, nadie…-Joshua arrojaba al escritorio el audífono y miró
de reojo a Sam, quien le evadía la mirada y lo encontraba muy callado...-¿se
tramitó la fecha para la audiencia?
Después
de unos segundos, donde Sam sentía que lo miraban, terminó
por responder….-Si. El viernes, al medio día.
-Tenemos mucho trabajo y poco tiempo. ¿Se logró algo con
Grant?...-el abogado giró la vista hacia Smith
-Sus compañeros corroboran que el día del asesinato de “Roxie”,
se encontraba entrenando. Son inconsistentes en cuanto a recordar con
exactitud a que hora se fue. Hay un margen de casi media hora entre un
testigo y otro. La verdad es que se cubren también ellos. Donde
la cosa se pone interesante es en lo del viaje desde Miami. Utilizaron
vuelos separados….un sobre cupo en la línea. ¿Adivinen
quien llegó primero a Nueva York?
-Grant…-respondió secamente Joshua.
-Exacto…-sonrió Smith….-casi una hora antes que la
mitad del equipo. La cuestión aquí es conectar eso con la
muerte de Jazmín.
-Tenia motivos…-empezó Rolan…-la tipa quería
chantajearles, cambiar su declaración…
-Todo sigue siendo especulación…-le detuvo Joshua…-no
tenemos pruebas de halla estado extorsionándolos.
-Lo hizo con la ex esposa de Morris…-la voz de Sam se escuchó
de pronto…-de eso si tenemos pruebas, los estados bancarios y también
fotográficas de ellas en el banco.
-…pero ignoramos de que eran esas transacciones…-alegó
Smith.
-Pues entonces tenemos que enfrentar a la ex de Morris de nuevo…-Joshua
se masajeaba la sien de señal de que una jaqueca le estaba por
emerger.
-¿Quieres que la citemos?...-se ofreció Smith.
-No, antes tengo que hablarlo con Morris. Nos permitirán visitarle
mañana. Hoy será imposible, hasta que le trasladen a otra
sección.
-Vaya suerte que tiene Morris…un acusación de asesinato,
su libertad condicional suspendida, un infarto, un intento de violación,
¿Qué más le falta?...-Rolan casi contaba con los
dedos, mientras miraba a sus compañeros.
-Que lo declaren culpable y le den pena de muerte. ¿Te parece poco?...Joshua
le interrumpió...-Voy a recordarles que la vida de ese hombre pende
de un hilo y es nuestra obligación reducir esa condena, si es inevitable.
Necesitamos plantear en el jurado una duda razonable, para evitar eso.
-La muerte de Jazmín, ha reducido eso…-recordó Smith…-el
jurado es susceptible a la información externa.
-Apelaremos al juez para que se los recuerde y hagan caso omiso. Mientras
la fiscalía ….-Joshua observo como Sam seguía en silencio…..-no
planee acusarlo de la muerte de Jazmín, sigue siendo una lamentable
y circunstancial incidente del cual Morris no debe ser implicado. Así
que debemos tener más control sobre este caso ¿Les ha quedado
claro?...-Joshua terminó por subir un timbre la voz, casi por inercia.
Los
tres abogados asintieron y les pidió que tuvieran al día
su información antes de salir de la oficina, cuando se levantaron.
-Espera
Dickens…-Sam se detuvo cuando Joshua se lo indicó, mientras
su compañeros salían del despacho, no muy interesados en
ver como el jefe fastidiaba al joven abogado, según ellos…-¿te
comieron la lengua los ratones?....-el rubio abogado le miró insistentemente,
hasta que el castaño no tuvo más remedio que verle a la
cara.
-No. Me sorprendió lo que le pasó a Morris.
-La cárcel es un mal lugar para estar, más con el historial
y la personalidad de Morris.
-Si, es posible…-Sam seguía evadiendo la mirada de Joshua.
-¿Hay algo que quieras decirme?...-el cielo presagiaba tormenta
y Sam no sabia realmente que hacer, pero mantener silencio e ignorar lo
sucedido no era tampoco realmente conveniente.
-No en esté lugar…-terminó por aceptar que aquello
debía platicarlo antes de forma privada, fuera de la oficina.
-Bien, tendré que esperar entonces, por lo visto. ..-Joshua le
dejo ir, no muy convencido del extraño comportamiento de Sam, pero
ya el teléfono le reclamaba de nuevo.
Sam
asintió, tragando saliva para encontrar la forma de seguir evitando
que Joshua no hiciera precisamente lo que tanto deseaba el fiscal de distrito
y que fuera de inmediato a reclamarle por su acción.
De
una u otra manera Jeremy Carson se las ingeniaba para fastidiarle el día.
Aunque
en esta ocasión, E. Morris se las ingenió también
para meterse en problemas en el poco tiempo de estar en prisión
y eso que aún no le habían condenado. Pero era innegable
que desde que pisó el reclusorio todo se volvía en su contra
y la enfermería se había convertido en unos de los primeros
lugares para visitar, luego de un aparente ataque de ansiedad que casi
le causa un infarto y ahora tenia golpes en el cuerpo bastantes visibles.
Dean
Felix casi agradeció cuando la enfermera en jefe le informó
que todo parecía indicar un reyerta, típicas de las que
acostumbraban algunos dentro del reclusorio para amedrentar a los nuevos
reclusos y que los golpes, aunque visibles, no pasaba de heridas menores
y en definitiva había peores lesiones que los internos podían
inflingirse unos a otros cuando se lo proponían.
Podría
ser que la enfermera del reclusorio ya no se impresionara por que algún
interno fuera golpeado y tampoco que a Dean se le fuera el apetito por
ello.
-¿Teníamos
que venir hasta acá para esto…no podrían habernos
enviarnos el informe por fax?...-el compañero de Felix arrojó
su chaqueta por la puerta trasera del auto.
-La fiscalia quería un informe completo…-el encendido del
auto le amortiguó un poco la voz al teniente.
-…el fiscal, mejor dicho. Y claro no hay que hacerlo enfadar…-le
sonrió con sorna a su compañero, pues bien sabia que Dean
intentaba a toda costa hacerse imprescindible de ese hombre.
-Ni esperar tampoco...-continuó Dean
-Ese informe puede esperar. Vayamos a comer antes…-le insistió
su compañero.
Dean
ofreció un poco de resistencia, por que pretendía ir a los
juzgados y entregarle en las manos el informe, hacerle enojar por algo
y que pusiera esa cara de autosuficiencia que le prendía y quizás
poderle arrinconar en algún lugar. Aunque eso último era
más bien un pensamiento alocado que traía atravesado el
teniente.
La
comida y que más tarde tuvieron que dar asistencia a otros compañeros
involucrados en una rencilla en un centro comercial, impidió que
lo hicieran temprano. Por que cuando Dean logro desocuparse y tomó
rumbo a los juzgados eran después de las 5. El tráfico no
ayudo mucho para contrarrestar su mal humor y cuando entró a la
puerta de la fiscalia, la cara de pocas pulgas que le brindó la
secretaria le hicieron casi gruñirle cuando le pidió que
dejara el informe en su mesa, por que ella se lo haría llegar.
-Dígale
que necesito verle y solo a él le entregaré el informe…-se
sentó enfrente de ella y la vio tragarse la grosería mientras
levantaba el interfon para comunicarse al despacho del fiscal. Estaba
más que segura que su jefe mandaría de paseo a ese engreído
latino, con el carácter que se cargaba ese día.
Jeremy
tamborileaba su pluma fuente encima de varios documentos que tenia marcado
en el fólder de urgentes, pero que para él en ese momento
eran un fastidio.
Volvió
a revisar su celular para comprobar que no tenía llamadas. Estaba
seguro de que Joshua llamaría furioso en cuanto supiera lo que
había pasado con su “noviecito” y prefería contenerle
los gritos a que lo ignorara. Además, por muy molesto que estuviera
no eran tan estúpido para no entender que el ataque a Dickens podía
revertirse en su contra. Afortunadamente la misma falla técnica
que dejó el elevador fuera de servicio, había apagado también
todas las cámaras del piso, incluyendo las de los baños.
No había testigos del incidente ni videos, así que era la
palabra del abogado de la defensa contra la del fiscal de distrito.
Pero
que Joshua no llamara reclamándole por lo menos, era algo que no
podía concebir. Le resultaba increíble las palabras de Dickens,
sobre que pensaban vivir juntos, como pareja. Eso era algo que le había
hecho enfurecer y no se había medido en acorralar al joven abogado
para fastidiarlo un poco.
El
sonido del teléfono le hizo levantarlo y cuando descubrió
el motivo, volvió a negarse. Le había solicitado un informe
sobre Morris y recién se enteraba que había sido atacado
en prisión. Pero Jeremy no estaba de humor para recibir a Felix
y soportar la tensión sexual que entre ellos se generaba, por que
no podía negar que ése policía además de insistente,
siempre era directo con sus intenciones.
-Dígale
que lo deje con usted…-cortó la llamada y se levantó
a servirse un whiskey, pero no se lo llevó a los labios cuando
fue interrumpido por la secretaria hacia un jaleo para impedir que Dean
entrara sin lograrlo….-Déjelo, hablare con él….-Jeremy
dejó su vaso en su escritorio y escuchó el bufido de malestar
de la mujer al salir azotando la puerta.
-Me
pediste un informe…-empezó Felix, con el sobre en la mano.
-Que se lo entregaras a mi secretaria, fue la orden.
-…y privarme el gusto de verte.
-Ya me viste, lárgate.
Pero
Dean no era de los que suelen salir corriendo cuando les truenan los dedos
y mucho menos cuando había ansiado todo el día tener enfrente
suyo a ese engreído de ojos avellana, aunque solo fuera para que
lo mirara como lo hacia en ese momento, con cierto fastidio y molestia.
-Voy
hacerte una síntesis, ya que estoy aquí….-el policía
se sentó cruzando las piernas como si fuera el propio sillón
de su departamento, manteniendo el sobre en su regazo y miró de
arriba abajo al fiscal, deteniéndose en cierto punto al finalizar
sus piernas y recordando el sabor que tenia aquel hombre cuando se encontraba
en clímax, se lamió los labios con insolencia.
El
gesto lejos de parecerle impropio a Jeremy le pareció incitante
y se mantuvo de pie mientras le daba un largo trago a su bebida, luego
de recargar parte de su cuerpo al escritorio que tenia detrás suyo,
mientras lamía la comisura del vaso.
-Si
es con eso logro que salgas de aquí…-dejó por fin
la bebida y recargó los brazos también sobre el mueble.
-Morris
sigue vivo. Contusiones menores, sigue resguardado en la enfermería
hasta que lo trasladen a una zona de bajo riesgo en el reclusorio.
-Supongo que no hay testigos ni tampoco ningún sospechoso.
-Totalmente en lo cierto. Fue una simple bienvenida. Para que se vaya
acostumbrando a tener que cuidarse el trasero. Literalmente hablando,
claro.
Jeremy
no pudo evitarlo, una ligera sonrisa se dibujó en su cara y Dean
estuvo seguro que por eso había válido la pena gritarle
a la secretaria e introducirse en el despacho sin permiso.
-¿Entonces
podrá presentarse a juicio sin ningún problema?...-cuestionó
el fiscal.
-Salvo que sus defensores aleguen “tensión emocional”
o alguna palabreja que conmocione al juez.
-Lo dudo. Pensaran sacarlo por lo menos al juicio para que tome aire.
¿Algo más?
-Los detalles en el expediente…-El teniente se levantó y
caminó lentamente hacia el fiscal hasta ponerse a escasos centímetros
de él, dejando el sobre en el escritorio detrás de aquel
cuerpo que le quitaba el aliento y que aquella acción le permitía
tener el pretexto para oler su caro perfume casi a ras de su camisa, que
se mezclaba con su propio olor.
-Podías haberte ahorrado el viaje y enviarlo por la mensajeria…-le
acotó Jeremy pinchándolo un poco más
-…y privarme el olor cuando te excitas.
Jeremy
le empujó cuando vio la intención de Dean de acercar su
boca a la cara.
-¡Te
dije que no me pondrías las manos encima, una vez más!
-¿Por qué eres tan mojigato?...-Dean alcanzó a bajar
una de sus manos hasta la entrepierna del fiscal y la subía lentamente,
rozando solamente la tela, sin presionar sobre la piel. Esperaba que Jeremy
le gritara que se detuviera y se largara una vez más. Pero en cambio
el sonido de aquella garganta tragando saliva y con un brillo peculiar
en sus ojos, le dio la señal de que podía tocar con mayor
libertad y no le hizo esperar.
Sus
dedos aprisionaron la entrepierna, mientras el dorso de su mano rozaba
la base de aquel bulto que entre las piernas se empezaba a agrandar. Giró
entonces la mano para redondearle, presionando levemente. Un gemido de
la boca de Jeremy y el teniente mandó la cordura de paseo. Buscó
primero aquella boca, para acallar ahí cualquier sonido indiscreto
mientras devoraba su boca y se encontró con la novedad que la lengua
del fiscal estaba más que dispuesta a jugar y entrometerse en el
camino de la propia. Incitándole a saborearle con mayor placer.
Las
manos de Dean no se estuvieron quietas, sino que acariciaban sobre la
tela del pantalón no solo aquel bulto, sino que buscaban abrirle
el cinto y de seguro bajarle el cierre, pero fue ese sonido, el que trajo
la lucidez a Jeremy del lugar donde estaba y haciendo gala de todo su
concentración, fue soltando lentamente aquel agarre entre su lengua
y la del policía, mientras sus propias manos impedían el
avance de Dean dentro de sus ropa.
-Deja,
deja…-logró sacarle la mano y subirse el cierre, ante la
mirada casi ofendida de Dean quien no encontraba palabras para tranquilizarse
luego de haber logrado besarle.
-Vamos, estás igual que yo…-buscaba aferrarle de la cintura.
-Pero a mi no sé me olvida donde estoy…-logró terminar
de quitarse de encima el cuerpo de Dean, mientras tomaba aire, se arreglaba
la camisa que ya estaba saliéndose de su pantalón.
-¡Deja de jugar conmigo Jeremy! …-le tomó la muñeca
al fiscal.
-¿No pretenderás que nos follemos en plena oficina, verdad?
-¿Por qué no? ¿No me digas que no te da morbo, el
hacerlo encima de tu escritorio, mientras gimes pidiendo más? ¿Eh?
….-le lamió el cuello hasta que Jeremy le apartó con
un nuevo empuje y rescató el vaso de tenia algo de licor para beberlo
de un trago. Su garganta le agradeció aquello, después de
la resequedad que siguió una vez que se separo de la boca de Dean.
-Lo
que sea, muy mi problema…-se escudo el fiscal detrás del
escritorio.
-¡Si, serás un cabrón! Primero te excitas, luego respondes
y más tarde te haces el frió y mojigato. Pues simplemente
no te va. Sí no es aquí, dime donde…-se fue detrás
de él y le giró el sillón para tenerle enfrente de
él.
-Eres muy persistente, teniente.
-No tienes idea de cuanto…-intentó volver a redondear aquel
bulto, pero Jeremy le retuvo, sacudiéndose aquella intrusa mano.
-Pongamos reglas a esto. Yo digo cuando y digo donde…-le medio rezongó
con lentitud.
-¿Cuándo?..-era la mayor premura que tenia Dean, el donde
no le importaba.
-Te llamare…-intentaba controlar de nuevo aquel fogoso policía
-No. Eso es muy ambiguo…-le reviró…-¿Qué
tal hoy, en tu departamento, antes del cambio de la primer guardia?
Jeremy
se mordió el labio y giró su sillón para ponerse
de nuevo junto su escritorio. Aquel insistente policía realmente
no entendía la palabra “no” y menos parecía
darse por vencido.
-Sí
logras colarte al edificio sin que te vean…-le intentaba pinchar
el orgullo.
Dean
se ajustó chaqueta con cierto aire triunfal….-dalo por hecho….-
y sin decir nada más, salio del despacho del fiscal, cerrando la
puerta, mientras miraba que la secretaria ya recogía sus cosas
para irse.
Hacer
malabares para terminar el día de trabajo, fue el sinónimo
que Sam utilizó para describir las actividades que se fueron presentando.
Joshua le dejo indicado que se verían abajo para que lo acompañará
a su consulta. Bajó por el elevador y se encontró más
tarde con la azulada mirada, cuyo propietario fumaba a un lado del auto,
mientras mantenía la puerta abierta.
-¿No
piensas dejar ese hábito tuyo?
-Dime que te molesta que fume y dejare de hacerlo…-el rubio alcanzó
por la cintura a Sam y atrapó su boca, saboreándola y dejando
en ella el sabor a tabaco. Alcanzó luego la pequeña mochila
que había dejado Sam en el piso y la puso en la cajuela del auto.
Estaba
muy emocionado su ángel se quedaría en su casa esa noche
después de la consulta y ya tenia planeado una velada especial
a su lado. No solo por que Sam había logrado incitarle a tal grado
que presentarse a su padre después de años de no verse,
para insistirle que no era un pecador por el hecho de amar a otro hombre,
sino también por que le incitaba a tal grado de buscar no solo
compartir la cama ocasionalmente con él, sino también despertar,
compartir, proteger y amarle hasta la saciedad.
Cuando
Sam puso la mano en su rodilla antes del encendido del auto, fue la señal
para que salir del estacionamiento y sonrió una vez más
por aquella manía, la cual interpretaba como confianza. En esta
ocasión también Sam buscaba afianzarse en la idea de que
nadie les separaría, por mucho que otros lo intentaran.
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