Clasificación: PG-17
Pareja (s): Simples desconocidos.
Avisos: Relaciones intersexuales.

 

 

 

“…...Mc Neill concluye que los únicos actos homosexuales claramente condenados en la Biblia son los que implican idolatría, libertinaje, odio o menosprecio del hombre. En cambio, nunca se condenan los actos que expresan verdadero amor mutuo... [1]”


22. Eres incitador.

La habitación se llenó de sonidos entrecortados, gemidos que se intercalaban unos a otros o en ocasiones se traslapaban, siendo medio acallados por besos largos y húmedos. La ropa se le hizo un estorbo y rápidamente fue retirada sin concesiones, solo dejando al descubierto piel, un fino vello humedecido y un temblor que era propiciado por las caricias de aquellos fuertes dedos que bajaban por la espalda, que luego le hicieron desfallecer al dilatarle lentamente.

Paul se entregó, concediendo su cuerpo y su alma en aquella nueva sesión de caricias, donde las manos de Daniel sujetaba sus caderas para mantener una rítmica arremetida hasta que sintió que era inundado en su interior, mientras los labios que besaba su cuello se detenían, luego reposaban en su hombro, tomando aliento y musitando su nombre.

Ya lo había escuchado, una y otra vez mientras Daniel le embestía, pero ahora, siendo susurrado lentamente, mientras besaba de vez en vez su piel, fue el más dulce de los licores, en el cual se dejo envolver, deseando tenerle no solo esa noche, si no siempre.

Para Paul tomar decisiones difíciles y vivir con ellas, se había convertido en una forma de ser. El tomar la decisión de convertirse en hombre, adaptarse a una nueva forma de ser y buscar ser amado con esa nueva apariencia, le había costado años, ni que decir de dolor y angustia, al cual a muy pocas personas le había permitido estar a su lado para compartir esa nueva vida. Arriesgarse con Daniel tenia muchas implicaciones, entre ellas buscar erradicarle ese fantasma llamado Sam, aun cuando ahora tuviera el apelativo de “amigo” y además que ese nuevo “demonio”, con el cual había hecho un trato Daniel aceptara de buena gana desaparecer de sus vidas como si nada.

En definitiva, si quería conservar a Daniel tenía que seguir luchando. Se preguntó si valía la pena, mientras tenia su cabeza recargada en sus piernas, minutos atrás. Se preguntó si valdría la pena invertir tiempo, esfuerzo y sobre todo poner al descubierto su corazón, por un cabeza dura como Daniel. Ver sus lagrimas verterse y confesarle sus errores, fue quizás la mejor prueba de que no estaba enamorado de un ensueño, sino de un hombre normal, susceptible a cometer errores y que por ende podría aceptar los ajenos.

Tampoco hubo palabras, ni promesas melosas en esa ocasión, pero las caricias suaves y los besos entrecortados por parte de ambos, con los cuales continuaron incontables minutos después de la entrega, fueron un remanso para sus almas.

-Puedes quedarte, sí quieres…-alcanzó a decir Paul, mientras introducía sus largos dedos entre la cabellera oscura de Daniel y aquel respondió devorando sus labios, mientras sostenía su cara con sus manos.
-Aún estás excitado…-le murmuró en su oído, al sentir el miembro del terapeuta clavándose en sus piernas.
-Espero que no pensaras dormir temprano…-Paul le hizo rodar, mientras se encaramaba en su vientre…-por que te equivocaste de lugar.
-No. Estoy completamente seguro que llegue al lugar adecuado…-el reportero sintió que Paul bajaba de su vientre, restregando de esa forma su hombría, excitándole en sinuosos vaivenes, hasta que le hizo rodar a media espalda, besándola, saboreando su piel, mientras se afianzaba en subirle una pierna, buscando un ángulo de entrada.

Daniel no se midió en gemidos, mientras aquel compacto miembro le penetraba y era sostenido por el resto de ese cuerpo ambivalente que no terminaba de definir, pero que se había convertido en una sutil droga que le saturaba los sentidos. Le arremetía con fuerza, pero con una delicadeza que lo apabullaba, mientras le sostenía de nueva cuenta su erección.

¿En que momento, Paul se sintió satisfecho? Hasta que su mano quedo empapada con el semen de Daniel y sus gemidos subieron varias escalas, indicándole que había tocado su próstata, haciéndole vibrar hasta que terminó por acurrucarlo en sus brazos, embriagado por el sutil aroma entre ellos.

Por esos momentos había válido la pena el dolor pasado en los quirófanos, la larga terapia hormonal y las cicatrices que siempre serian el recuerdo de cada una de sus intervenciones (2).

Era un hombre, por fin, que amaba a otro hombre y que lo había deslechado en su mano, mientras lo penetraba hasta extenuarse en sus brazos.

-…te quiero…-le susurró el terapeuta y pegó su cara a la espalda de Daniel sin esperar respuesta antes de dormirse.

Daniel cerró los ojos dejándose llevar también por el sueño, mientras escuchaba a lo lejos esa declaración, que no alcanzó a responder, por que el cansancio lo sumió rápidamente en un vortice de imágenes y solo alcanzó aferrar las manos de Paul en su pecho, sintiéndose relajado y tranquilo después de muchos días.

Jeremy Carson se movía como demonio aprisionado en su abismo personal, fastidiado por que aquel reportero de pocas tintas, no solo le había mantenido en vilo en línea, sino que además se atreviera a gritarle, olvidándose de su trato. En definitiva ese reportero no tenia idea de con quien se había metido.

Por otra parte, entendió, que si quería a su lado de nuevo a Joshua, tenia que hacer algo más que dejarle llamadas en su buzón de voz, las que seguramente borraba sin oír.

No podía dormir y aún no era ni media noche. Buscó entre los documentos que usualmente llevaba en su portafolio, alguno en que entretenerse. El expediente de Morris atrajo su atención y volvió a leerle mientras destapaba una lata de cerveza y minutos después marcaba a un número telefónico.

-Cuéntame sobre Morris. ¿Cómo la está pasando en prisión?

Félix apagó el televisor en cuanto escuchó su celular vibrar y cuando reconoció la llamada entrante, después de la una de la madrugada. La inusual pregunta no era para quitar el sueño y mucho menos al Fiscal de Distrito.

-¿En serio te interesa o buscas un pretexto para conversar…Fiscal?
-Responde… ¿Cómo pasó el fin de semana?
-Ni idea. Pero averiguare a primera hora, si te interesa.
-Déjale la información a mi secretaria.
-Entonces pídele a tu secretaria que me llame, burócrata…-le soltó lo último lentamente para molestarle.
-¿Tengo que recordarte tu trabajo, Félix?
-Mándame un memo…en horas de oficina…-cerró la llamada y arrojó el celular a la mesita de noche, pero unos segundos después volvía a repiquetear y el policía sonrió con sorna al reconocer el timbre.

-¡NO vuelvas a colgarme, Félix! ¿Se te olvida quien soy?
-Imposible. No puedo olvidar aún tu cuerpo caliente y a tu boca pidiendo más, ni las dulces maneras para pedir las cosas…-le rió por el auricular.
-Déjate de hacerme pelota. ¡Cumple con tu trabajo!

Félix se quedo temblando de coraje, cuando la llamada se colgó después de eso. No sabía que quería más, si apretarle el cuello a ese “estrecho” o lamérselo hasta que pidiera algo más. Pero de algo estaba seguro, iba a domar a ese Fiscal, o se cambiaba el nombre. Decidió dormir, tenía turno temprano y además hacerlo en su propia cama era un lujo que las últimas semanas le habían impedido.

Muchos newyorkinos se levantaban al alba y a esas horas la ciudad era un calidoscopio de actividades en diferentes rumbos.

La primer tasa de café de la mañana para Joshua no fue en la oficina, sino que lo compró en un pequeño establecimiento en Central Park y solicitó un extra, llevándose ambas tazas, mientras caminaba envuelto en su largo sobre-todo azul marino, que hacia que sus ojos tomaron un color más intenso de lo usual.

Caminó entre las personas, adentrándose un poco entre los pasajes del parque, hasta llegar a una de las zonas de esparcimiento, donde varias mesas estaban siendo ocupadas por diversas personas, ya sea para leer, desayunar, mientras que otras mesas, que tienen un tablero de ajedrez pintado o en relieve sobre su superficie son utilizadas para esos fines.

Un hombre mayor, delgado, cubierto por una gruesa levita negra y un sombrero oscuro, se encontraba acomodando las piezas, en una habitual costumbre de invitación a jugar una partida.

El rubio abogado aprovechó aquello y se sentó a un lado suyo.

-Buenos días… ¿café?...-acercó la tasa y la azulada mirada del hombre mayor le miró entonces y las facciones de aquella adusta cara revelaban no solo que le reconocía, sino la sorpresa que le causaba encontrarle ahí. No hubo respuesta verbal, pero la pretensión de levantarse, tomando su periódico, para irse, le indica a Joshua cuanta rabia y molestia su padre aun siente con solo verlo…-Por Yahvé (3). ¿Podrías trátame como cualquier extraño con el que jugarías ajedrez, si como hijo te causó demasiada vergüenza?
-Algunos extraños son más corteses.
-…y algunos padres son más amables con sus hijos.
-¡Mis hijos son respetuosos del Tora y la familia! Y no sodomitas que expresan su atracción hacia otros varones.
-Padre…-le tomó del brazo cuando iba a levantarse, pero le soltó en cuanto el mayor puso su mirada en él, retirándolo de inmediato…-¿por unos minutos podríamos dejar atrás esta diferencia absurda sobre mis tendencias?
-El Tora no se escribió para ignorarse, ni mucho menos para hacer lo que se nos antoja. Eres una abominación ante los ojos de Yahvé, que atenta contra la naturaleza…-le gritó.
-Soy tu hijo y me causa pena causarte tal vergüenza, pero no voy cambiar mis sentimientos, solo porque nuestra religión es arcaica y obsoleta.
-Ahí es donde estriba tu deficiencia Joshua. El judaísmo ortodoxo, acepta tus tendencias, te considera un miembro de su pueblo. Eres tú, el que no sabe integrarse. Por tener tendencias homosexuales, no necesariamente debes considerarlo una alternativa de vida. Olvidas tu fin primario. Procrear. Solo te centras en el placer personal…-tomó su periódico y se levantó para empezar a caminar, pero Joshua no le dejo ir.
-Mis sentimientos, no son un pecado ni una enfermedad. Tengo derecho a expresar mi sexualidad y mi naturaleza (4).
-Ya me lo has dejado claro varias, veces…-intentó hacerse a un lado, pero el abogado seguía sin dejarle ir.
-…no soy promiscuo ni mantengo relaciones pasajeras con hombres. Tengo una relación especial, solo con uno. No puedes condenarme por mantener una relación basada en amor y responsabilidad.
-Puedes hacer con tu vida, lo que quieras. ¡No eres mi hijo!

Joshua no le detuvo cuando su padre volvió apartarle, no quería contrariarlo más de lo que su sola presencia había logrado en pocos minutos. Se sentó y empezó a beber el café de una de las tasas, mirando el paisaje de la rivera que en ese momento le pareció desolador. Pero no se había hecho abogado litigista para dejarse apabullar y se levantó para irse rumbo a su oficina.

Era martes y la ciudad que era un hervidero, rápidamente se lleno de actividad a las horas de oficina, lo cual apenas le dio tiempo a Sam de acomodarse la corbata en el ascensor, antes de llegar al piso. Sus compañeros se encontraban ya trabajando.

-Llegas a tiempo…-le saludó Smith levantando la vista de la pantalla y notó la pequeña mochila extra que llevaba Sam…-¿Fuiste al gimnasio?
-Lo haré por la tarde. ¿Novedades?
-Estoy buscando corroborar las coartadas de Grant, saldré más tarde a buscar al entrenador y ubicar a sus compañeros. Por cierto que el “tortolo” ha solicitado ver a Morris en la próxima visita.
-Mientras no sea conyugal…-dijo Rolan quien apareció detrás del periódico, un escritorio más atrás…-resultara difícil tramitar eso…-la nota del día sobre el caso, no se ve nada bien.
-Especulan demasiado y en realidad no dicen nada nuevo…-Sam dejo su portafolio sobre su escritorio…-solo predisponer a la opinión publica.

Smith puso cara de fastidio aceptando ese hecho y se concentró de nuevo en la pantalla, mientras Sam miraba por el ventanal hacia el despacho de Joshua y espero por varios minutos la usual llamada del rubio para saludarle. Pero extrañamente no llamó a la primera hora y Sam tuvo que esperar hasta que Smith se fuera a corroborar las pistas, mientras que Rolan sacaba copias para un caso que debían tramitar en los juzgados a media tarde.

Una vez que su compañero atravesó la puerta, Sam levantó el teléfono y marcó la extensión de Joshua.

-Hola, tengo unos documentos que necesito que veas…-empezó la conversación en forma formal.
-Tráelos contigo…-le indicó antes de cerrar la llamada y Sam tomó el formulario que estaban realizando para otro caso y paso a un lado de la secretaria que le dio pase casi sin verlo. Cuando entró al despacho, notó que Joshua tenía una gran pila de documentos sobre su escritorio, junto a varias cajas de archivos. El contador tomaba una de esas cajas antes de retirarse y cerró la puerta detrás de él.

Joshua se levantó, fue al servibar, mientras destapó una botella de agua y empezaba a beber, luego se sentó cruzando las piernas, indicándole a Sam que se sentara enfrente de él, sonriéndole.

-Menuda mañana…-inició el joven abogado.
-Ni lo digas. El departamento contable hace auditorias y Otto está fuera de la ciudad, así que han terminado estas cajas aquí. ¿Tus compañeros?
-Smith corroborando unas pistas sobre el caso Morris y Rolan en documentación antes de irnos a los juzgados. Es posible que en la tarde tengamos fecha tentativa para audiencia.
-Espero que el juez no lo posponga.
-…lo mismo digo….-dijo con ánimo.
-¿Dormiste bien?...-Joshua se atrevió a tocar su rodilla, dándole una fugaz caricia, mientras miraba el sutil rubor que Sam tuvo, mientras miraba el ventanal preocupado.
-¡Joshua!...-le dio un golpecillo con el manojo de hojas y el abogado volvió apoyar la espalda en el sillón, continuando con su botella de liquido.
-Me encanta cuando te pones así...-le sonrió….-Espero que hallas recordado que hoy te quedarías en casa, después de tu consulta.
-Lo hice. Traigo una muda de ropa y prometo no discutir por ningún lado de la cama…-le guiñó un ojo.

El teléfono sonó, pero Joshua lo ignoró por unos segundos, mientras miraba a ese hombre enfrente de él. Ése al que había llamado ángel y que era la prueba de su Dios personal distaba mucho del dios colectivo con el cual pretendían regir su vida.

-¿Te he dicho hoy, que te amo?..-la voz de Joshua tenia un raro embeleso.
-No, has estado ocupado revisando papelería…-le sonrió el castaño, haciendo un intento por levantarse para continuar sus labores antes de que se abalanzara encima del rubio para besarle e hiciera un papelón en la oficina, pero Joshua le alcanzó y puso su mano en su pecho, mientras jugueteaba con la corbata.
-Te amo, Sam. No me importa por cuantas leyes tenga que desconocer. No puedo ignorar lo básico.

Aquella era una hermosa declaración, aunque su voz tenía un tono de aflicción que no paso desapercibido para el joven abogado, pero no preguntó más, cuando de nueva cuenta el teléfono sonó.

-Te veré más tarde…-Sam empezó a caminar rumbo a la puerta y Joshua tuvo que dejarle ir para volver a concentrarse en sus actividades. Sin embargo Sam se mantuvo distraído por minutos y sin pensarlo más, se dirigió a la cocina de la oficina, donde después de conseguir una botella de agua, uso su celular para comunicarse al de Joshua, mientras se pegaba a la pared y se cercioraba que nadie estuviera en el área.

El rubio sintió su teléfono vibrar y le sorprendió mucho al reconocer el número telefónico.

-¿Qué sucede?...-le preguntó curioso Joshua, dejando los documentos que tenia entre sus manos.
-Es lo que quisiera saber. ¿Qué pasa? Tenías un tono de voz.

Joshua se recargó la cabeza en el asiento de su sillón, mientras lo giraba. Le emocionaba que su ángel se diera cuenta de sus estados de animó y más que pudiera detectar cuando su alma se sostenía por alfileres para no caerse. Se levantó buscando a Sam por el ventanal hacia su despacho y se dio cuenta de que no se encontraba ahí.

-Digamos que tuve una platica con mi padre y los términos no fueron cordiales…pero si como lo esperaba.
-Siento escuchar eso…-la voz de Sam se hizo un nudo.
-¿Dónde estás?...-cuestionó el rubio abogado, que salía de su despacho.
-En la cocina.

Mas tardó en decirlo, cuando unos par de minutos después Joshua se encontraba caminando hacia él, jalándole la corbata para hacer que ese cuerpo se acercara al suyo, para conseguir sus labios e introducir su lengua sin prisas en esa boca que le respondió el gesto igualmente ansiosa. Se separaron justo a tiempo para respirar y que Sam volviera ajustarse la corbata, mientras miraba a Joshua con una mezcla de preocupación y de asombro por aquel súbito gesto que estaba fuera de la norma que se habían impuesto de no tener roces en la oficina.

Sin embargo Sam no pudo evitar que sus labios expresaran aquello que su alma no encontraba como explicar.

-Yo también te amo, Joshua…-tomó la mano de Joshua y le entrelazó los dedos por unos segundos y luego la soltó completamente ruborizado.
-Todo esta bien ahora…-el rubio abogado le acarició la mejilla y caminó rumbo a la puerta. ..-te veo luego, ángel mío.

Sam sonrió, con ese apodo que era tan ocurrente, pero que le encantaba escucharlo en los labios de Joshua.

Cuando Sam volvió al despacho, Rolan le esperaba impaciente para salir rumbo a los tribunales y solo subió algunos documentos pendientes, en su cartera y salieron

No les sorprendió en los más mínimo lo atestado que estaban los pasillos en esas horas. Rolan y él se repartieron las actividades y quedaron de verse una hora después en la escalera principal. Sam caminó de un pasillo a otro tramitando los documentos, así como la solicitud de audiencia para el caso Morris. Era urgente que el secretario del juez les diera una fecha para presentarse y continuar el juicio.

Entregó los restantes documentos casi en el ultimó piso y se encontró con la novedad que el elevador que hubiera utilizado anteriormente estuviera ahora fuera de servicio. Dio un ligero golpe en las puertas y utilizó las escaleras de servicio tan rápido como pudo hasta que llegó un par de pisos abajo y entró de nuevo a los pasillos, buscando ubicarse.

Caminaba para alcanzar el otro elevador que se cerró sin esperarlo, dejando el pasillo casi vacío. Miró su reloj y se quedó a esperar el siguiente. Estaba demasiado distraído para notar que alguien le miraba y que al reconocerlo apresuró el paso para llegar a su lado.

-¿extraviado, abogado?...-la mueca de Carson era más que evidente y la cara de Sam pasó de la sorpresa al fastidio.
-Fiscal…-le dijo sin mucho interés y Carson consideró aquello un saludo, se pegó a la pared cruzándose de brazos mirando la carita de tedio del joven abogado.
-Supongo que en los próximos días nos veremos de nuevo en la corte. ¿Volverá Josh a dejarte el timón en el juicio?
-Leibitz, para usted…-casi sonó a rezongo por parte de Sam, al escuchar aquel nombre en los labios del fiscal, pero se arrepintió al ver la sonrisa en la cara de otro abogado.
-¿Te ha contado Josh….sobre nosotros? ¿Lo mucho que disfrutaba “hacerlo, conmigo?
-¡NO hay un “ustedes”, desde hace tiempo, Fiscal!
-Por que estás tú metido entre medio, fastidiando…-caminó unos pasos para dejarle solo.
-Y como te duele que yo está metido en medio, fastidiando...¿no Fiscal?

Carson crispó los dedos al escuchar eso, volvió sobre sus pasos. Sam miró a ambos lados y notó que estaban técnicamente solos y por eso se atrevió a continuar con un volumen de voz que solo el fiscal escuchaba.

-Para su información somos una pareja y vamos a vivir juntos. ¿Supongo que te lo ha contado, ya que según tú están tan en contacto? ¿No?.....-le preguntó Sam con sorna, al ver la cara de pocos amigos que le dirigió el fiscal….- Ahhh, claro, ahora recuerdo, Joshua te ha bloqueado sus números telefónicos, por que no le interesa saber nada de ti.

Los ojos de Carson brillaron con peculiar brillo que pasó del enojo a la cólera y más cuando vio que el abogado le daba la espalda para empezar a caminar con rumbo al sanitario más cercano. Empezó a seguirlo unos segundos después y se encontró con que joven se había quitado el saco, mojado la cara y se secaba con una toalla de papel. El baño estaba vacío y el sonido de la puerta abriéndose alertó a Sam.

-¡Repíteme eso, zorra!…-la furia había cegado completamente a Jeremy quien le tomó por un brazo y lo arrojó contra la puerta de uno de los privados.
-¡Suéltame!....- exclamó Sam, tratando de quitárselo de encima.
-¿De dónde sacas que vas a vivir con Josh?...-Carson volvió a empujarle y el cuerpo de Sam quedo aprisionado entre el sanitario y las manos del Fiscal que le manoteaban, e intentaba apartarlo y salirse del rincón en donde lo tenia embutido.
-¡Quítame las manos de encima!
-¿O qué harás, acusarme con Josh? Siempre sales corriendo a contarle todo, ¿no? ¡Hazlo, que tengo ganas de verle!

La furia de Sam no se desvaneció, aun cuando el miedo también hacia presa de él, al sentir como Jeremy utilizaba todo su cuerpo para mantenerlo dentro de ese cubículo reducido y le impedía salir, pero además como afianzaba su antebrazo en su cuello sin presionarle, pero impidiéndole respirar con normalidad, mientras que con el otro brazo retenía su mano reduciendo sus movimientos.

-¡Dime que NO es cierto! Es una bravata tuya ¿verdad? ¡Josh no puede vivir contigo! Nunca lo haría. NUNCA, ¿entiendes?
-Mal-mal nacido.
-¿Crees que voy a permitirlo?...-Jeremy le soltó el agarre en el cuello, no tanto por que el súbito cambio de color en la cara de Sam le preocupara, sino por que la adrenalina le saturaba los sentidos y tener el cuerpo del joven abogado le causaba un extraño placer.

Lamió su cara y el asco que Sam le mostró mientras seguía forcejeando, lejos de molestarle, aquello incitó más a Jeremy y ahora uso una de sus rodillas para empotrarle contra fría pared de metal.

-Hueles bien, cuando estás acorralado. Seguro eso es lo que le gusta a Josh de ti…
-¡Te demandare a la barra de abogados!…-Sam empezó a gritarle y seguía bregando hasta que un nuevo golpe de su cuerpo contra la pared le quitó el aire y las rodilla se le flexionaron un poco, pero Jeremy lo levantó y lo encajó de nuevo en el cubículo, mientras sujetaba su cara.
-Inténtalo bonito y todo Manhattan se entera de que eres gay. Veremos si conservas tu trabajo y el bueno de Otto no decide prescindir de ti.
-¡Bastardo!....-Sam le empujó de nuevo, haciéndole trastabillar y logrando apartarlo de su camino y logrando apartarlo de su camino y permitirle salir del cubículo.

La risa de Jeremy se escuchó detrás suyo, pero el fiscal lejos de ir a perseguirlo como temía, caminaba sin prisas y su reflejo en el espejo le pareció a Sam más que tortuoso, tomó su maletín y su saco para salir caminando a paso veloz hasta el pasillo, donde escuchó el ruido del elevador llegando al piso y casi corrió para subirse a el. No reparó en la gente que allí se encontraba y pegó su cara a la fría pared del ascensor mientras su respiración se normalizaba. Solo unos segundos antes de bajar, miró su desordenado reflejo en el metal e intentó acomodarse la corbata y se puso el saco para intentar recobrar un poco de confianza en si mismo.

Rolan se sorprendió un poco la verle tan pálido, pero no logró sacarle ninguna palabra y supuso que debió haber corrido para alcanzar el elevador o que demasiadas escaleras le habían quitado el aire.

Sam casi agradeció que Joshua no se encontrara en la oficina y que avisara que tenían junta hasta la tarde. Después de refugiarse unos minutos en el baño de su oficina, revisó su cuello, donde sentía un escozor y aunque no era una contusión de cuidado, seria visible seguramente más tarde. Afortunadamente la cubría el cuello de la camisa.

Se recriminó por haberse confiado en los juzgados y sinceramente le angustiaba la actitud que tenia el fiscal. La mezcla de obsesión que tenia por el rubio abogado y la fría determinación de querer quitarlo de en medio los obstáculos. Lo lógico seria contárselo a Joshua y ponerlo sobre aviso. Pero conociendo el temperamento del rubio, eso era darle un motivo para que corriera hacia el barril de pólvora con una antorcha en la mano.

Comió con sus compañeros casi en silencio y contestó con monosílabos. Seguro, pensaron ellos, tenia otro de esos días, donde era mejor dejarle en paz ni indagar en que pensaba sobre las chicas de les coqueteaban en un par de mesas adelante en la restaurante o sobre si los Padres (*) continuarían con su racha de imparables. Cuando volvieron a la oficina, la secretaria de recepción les indicó que Leibitz los buscaba.

Joshua caminaba como león enjaulado por su oficina, mientras tenía conectado el teléfono a manos libres y en lo que vio al trío de abogados en su puerta, les indicó entrar con un gesto de su mano.

-…avísenme en cuando salga de la enfermería, gracias…-escucharon los abogados a Joshua, quien luego se sentó enfrente de su equipo de trabajo, que le miraba sorprendido.
-¿Qué sucede?...-se atrevió a preguntar Smith.
-Atacaron a Morris en la cárcel. Una aparente bienvenida por parte de los internos, lo acorralaron cerca de los baños…-las exclamaciones de Rolan fueron bastante audibles.
-¿Cómo se encuentra?...-preguntó Sam sorprendido.
-Estable, pero recluido en la enfermería. Aparentemente no ha pasado de ser una advertencia. Tiene solo hematomas y pequeños golpes. Van a trasladarle a otra sección, mañana.
-¿Algún responsable?...-Smith preguntaba solo por no dejar, aunque sabia que en prisión encontrar al responsable de una fechoría, era más difícil que hacerlo en la calle. Entre los internos, se regia códigos de silencio más que rígidos.
-No, nadie…-Joshua arrojaba al escritorio el audífono y miró de reojo a Sam, quien le evadía la mirada y lo encontraba muy callado...-¿se tramitó la fecha para la audiencia?

Después de unos segundos, donde Sam sentía que lo miraban, terminó por responder….-Si. El viernes, al medio día.
-Tenemos mucho trabajo y poco tiempo. ¿Se logró algo con Grant?...-el abogado giró la vista hacia Smith
-Sus compañeros corroboran que el día del asesinato de “Roxie”, se encontraba entrenando. Son inconsistentes en cuanto a recordar con exactitud a que hora se fue. Hay un margen de casi media hora entre un testigo y otro. La verdad es que se cubren también ellos. Donde la cosa se pone interesante es en lo del viaje desde Miami. Utilizaron vuelos separados….un sobre cupo en la línea. ¿Adivinen quien llegó primero a Nueva York?
-Grant…-respondió secamente Joshua.
-Exacto…-sonrió Smith….-casi una hora antes que la mitad del equipo. La cuestión aquí es conectar eso con la muerte de Jazmín.
-Tenia motivos…-empezó Rolan…-la tipa quería chantajearles, cambiar su declaración…
-Todo sigue siendo especulación…-le detuvo Joshua…-no tenemos pruebas de halla estado extorsionándolos.
-Lo hizo con la ex esposa de Morris…-la voz de Sam se escuchó de pronto…-de eso si tenemos pruebas, los estados bancarios y también fotográficas de ellas en el banco.
-…pero ignoramos de que eran esas transacciones…-alegó Smith.
-Pues entonces tenemos que enfrentar a la ex de Morris de nuevo…-Joshua se masajeaba la sien de señal de que una jaqueca le estaba por emerger.
-¿Quieres que la citemos?...-se ofreció Smith.
-No, antes tengo que hablarlo con Morris. Nos permitirán visitarle mañana. Hoy será imposible, hasta que le trasladen a otra sección.
-Vaya suerte que tiene Morris…un acusación de asesinato, su libertad condicional suspendida, un infarto, un intento de violación, ¿Qué más le falta?...-Rolan casi contaba con los dedos, mientras miraba a sus compañeros.
-Que lo declaren culpable y le den pena de muerte. ¿Te parece poco?...Joshua le interrumpió...-Voy a recordarles que la vida de ese hombre pende de un hilo y es nuestra obligación reducir esa condena, si es inevitable. Necesitamos plantear en el jurado una duda razonable, para evitar eso.
-La muerte de Jazmín, ha reducido eso…-recordó Smith…-el jurado es susceptible a la información externa.
-Apelaremos al juez para que se los recuerde y hagan caso omiso. Mientras la fiscalía ….-Joshua observo como Sam seguía en silencio…..-no planee acusarlo de la muerte de Jazmín, sigue siendo una lamentable y circunstancial incidente del cual Morris no debe ser implicado. Así que debemos tener más control sobre este caso ¿Les ha quedado claro?...-Joshua terminó por subir un timbre la voz, casi por inercia.

Los tres abogados asintieron y les pidió que tuvieran al día su información antes de salir de la oficina, cuando se levantaron.

-Espera Dickens…-Sam se detuvo cuando Joshua se lo indicó, mientras su compañeros salían del despacho, no muy interesados en ver como el jefe fastidiaba al joven abogado, según ellos…-¿te comieron la lengua los ratones?....-el rubio abogado le miró insistentemente, hasta que el castaño no tuvo más remedio que verle a la cara.
-No. Me sorprendió lo que le pasó a Morris.
-La cárcel es un mal lugar para estar, más con el historial y la personalidad de Morris.
-Si, es posible…-Sam seguía evadiendo la mirada de Joshua.
-¿Hay algo que quieras decirme?...-el cielo presagiaba tormenta y Sam no sabia realmente que hacer, pero mantener silencio e ignorar lo sucedido no era tampoco realmente conveniente.
-No en esté lugar…-terminó por aceptar que aquello debía platicarlo antes de forma privada, fuera de la oficina.
-Bien, tendré que esperar entonces, por lo visto. ..-Joshua le dejo ir, no muy convencido del extraño comportamiento de Sam, pero ya el teléfono le reclamaba de nuevo.

Sam asintió, tragando saliva para encontrar la forma de seguir evitando que Joshua no hiciera precisamente lo que tanto deseaba el fiscal de distrito y que fuera de inmediato a reclamarle por su acción.

De una u otra manera Jeremy Carson se las ingeniaba para fastidiarle el día.

Aunque en esta ocasión, E. Morris se las ingenió también para meterse en problemas en el poco tiempo de estar en prisión y eso que aún no le habían condenado. Pero era innegable que desde que pisó el reclusorio todo se volvía en su contra y la enfermería se había convertido en unos de los primeros lugares para visitar, luego de un aparente ataque de ansiedad que casi le causa un infarto y ahora tenia golpes en el cuerpo bastantes visibles.

Dean Felix casi agradeció cuando la enfermera en jefe le informó que todo parecía indicar un reyerta, típicas de las que acostumbraban algunos dentro del reclusorio para amedrentar a los nuevos reclusos y que los golpes, aunque visibles, no pasaba de heridas menores y en definitiva había peores lesiones que los internos podían inflingirse unos a otros cuando se lo proponían.

Podría ser que la enfermera del reclusorio ya no se impresionara por que algún interno fuera golpeado y tampoco que a Dean se le fuera el apetito por ello.

-¿Teníamos que venir hasta acá para esto…no podrían habernos enviarnos el informe por fax?...-el compañero de Felix arrojó su chaqueta por la puerta trasera del auto.
-La fiscalia quería un informe completo…-el encendido del auto le amortiguó un poco la voz al teniente.
-…el fiscal, mejor dicho. Y claro no hay que hacerlo enfadar…-le sonrió con sorna a su compañero, pues bien sabia que Dean intentaba a toda costa hacerse imprescindible de ese hombre.
-Ni esperar tampoco...-continuó Dean
-Ese informe puede esperar. Vayamos a comer antes…-le insistió su compañero.

Dean ofreció un poco de resistencia, por que pretendía ir a los juzgados y entregarle en las manos el informe, hacerle enojar por algo y que pusiera esa cara de autosuficiencia que le prendía y quizás poderle arrinconar en algún lugar. Aunque eso último era más bien un pensamiento alocado que traía atravesado el teniente.

La comida y que más tarde tuvieron que dar asistencia a otros compañeros involucrados en una rencilla en un centro comercial, impidió que lo hicieran temprano. Por que cuando Dean logro desocuparse y tomó rumbo a los juzgados eran después de las 5. El tráfico no ayudo mucho para contrarrestar su mal humor y cuando entró a la puerta de la fiscalia, la cara de pocas pulgas que le brindó la secretaria le hicieron casi gruñirle cuando le pidió que dejara el informe en su mesa, por que ella se lo haría llegar.

-Dígale que necesito verle y solo a él le entregaré el informe…-se sentó enfrente de ella y la vio tragarse la grosería mientras levantaba el interfon para comunicarse al despacho del fiscal. Estaba más que segura que su jefe mandaría de paseo a ese engreído latino, con el carácter que se cargaba ese día.

Jeremy tamborileaba su pluma fuente encima de varios documentos que tenia marcado en el fólder de urgentes, pero que para él en ese momento eran un fastidio.

Volvió a revisar su celular para comprobar que no tenía llamadas. Estaba seguro de que Joshua llamaría furioso en cuanto supiera lo que había pasado con su “noviecito” y prefería contenerle los gritos a que lo ignorara. Además, por muy molesto que estuviera no eran tan estúpido para no entender que el ataque a Dickens podía revertirse en su contra. Afortunadamente la misma falla técnica que dejó el elevador fuera de servicio, había apagado también todas las cámaras del piso, incluyendo las de los baños. No había testigos del incidente ni videos, así que era la palabra del abogado de la defensa contra la del fiscal de distrito.

Pero que Joshua no llamara reclamándole por lo menos, era algo que no podía concebir. Le resultaba increíble las palabras de Dickens, sobre que pensaban vivir juntos, como pareja. Eso era algo que le había hecho enfurecer y no se había medido en acorralar al joven abogado para fastidiarlo un poco.

El sonido del teléfono le hizo levantarlo y cuando descubrió el motivo, volvió a negarse. Le había solicitado un informe sobre Morris y recién se enteraba que había sido atacado en prisión. Pero Jeremy no estaba de humor para recibir a Felix y soportar la tensión sexual que entre ellos se generaba, por que no podía negar que ése policía además de insistente, siempre era directo con sus intenciones.

-Dígale que lo deje con usted…-cortó la llamada y se levantó a servirse un whiskey, pero no se lo llevó a los labios cuando fue interrumpido por la secretaria hacia un jaleo para impedir que Dean entrara sin lograrlo….-Déjelo, hablare con él….-Jeremy dejó su vaso en su escritorio y escuchó el bufido de malestar de la mujer al salir azotando la puerta.

-Me pediste un informe…-empezó Felix, con el sobre en la mano.
-Que se lo entregaras a mi secretaria, fue la orden.
-…y privarme el gusto de verte.
-Ya me viste, lárgate.

Pero Dean no era de los que suelen salir corriendo cuando les truenan los dedos y mucho menos cuando había ansiado todo el día tener enfrente suyo a ese engreído de ojos avellana, aunque solo fuera para que lo mirara como lo hacia en ese momento, con cierto fastidio y molestia.

-Voy hacerte una síntesis, ya que estoy aquí….-el policía se sentó cruzando las piernas como si fuera el propio sillón de su departamento, manteniendo el sobre en su regazo y miró de arriba abajo al fiscal, deteniéndose en cierto punto al finalizar sus piernas y recordando el sabor que tenia aquel hombre cuando se encontraba en clímax, se lamió los labios con insolencia.

El gesto lejos de parecerle impropio a Jeremy le pareció incitante y se mantuvo de pie mientras le daba un largo trago a su bebida, luego de recargar parte de su cuerpo al escritorio que tenia detrás suyo, mientras lamía la comisura del vaso.

-Si es con eso logro que salgas de aquí…-dejó por fin la bebida y recargó los brazos también sobre el mueble.

-Morris sigue vivo. Contusiones menores, sigue resguardado en la enfermería hasta que lo trasladen a una zona de bajo riesgo en el reclusorio.
-Supongo que no hay testigos ni tampoco ningún sospechoso.
-Totalmente en lo cierto. Fue una simple bienvenida. Para que se vaya acostumbrando a tener que cuidarse el trasero. Literalmente hablando, claro.

Jeremy no pudo evitarlo, una ligera sonrisa se dibujó en su cara y Dean estuvo seguro que por eso había válido la pena gritarle a la secretaria e introducirse en el despacho sin permiso.

-¿Entonces podrá presentarse a juicio sin ningún problema?...-cuestionó el fiscal.
-Salvo que sus defensores aleguen “tensión emocional” o alguna palabreja que conmocione al juez.
-Lo dudo. Pensaran sacarlo por lo menos al juicio para que tome aire. ¿Algo más?
-Los detalles en el expediente…-El teniente se levantó y caminó lentamente hacia el fiscal hasta ponerse a escasos centímetros de él, dejando el sobre en el escritorio detrás de aquel cuerpo que le quitaba el aliento y que aquella acción le permitía tener el pretexto para oler su caro perfume casi a ras de su camisa, que se mezclaba con su propio olor.
-Podías haberte ahorrado el viaje y enviarlo por la mensajeria…-le acotó Jeremy pinchándolo un poco más
-…y privarme el olor cuando te excitas.

Jeremy le empujó cuando vio la intención de Dean de acercar su boca a la cara.

-¡Te dije que no me pondrías las manos encima, una vez más!
-¿Por qué eres tan mojigato?...-Dean alcanzó a bajar una de sus manos hasta la entrepierna del fiscal y la subía lentamente, rozando solamente la tela, sin presionar sobre la piel. Esperaba que Jeremy le gritara que se detuviera y se largara una vez más. Pero en cambio el sonido de aquella garganta tragando saliva y con un brillo peculiar en sus ojos, le dio la señal de que podía tocar con mayor libertad y no le hizo esperar.

Sus dedos aprisionaron la entrepierna, mientras el dorso de su mano rozaba la base de aquel bulto que entre las piernas se empezaba a agrandar. Giró entonces la mano para redondearle, presionando levemente. Un gemido de la boca de Jeremy y el teniente mandó la cordura de paseo. Buscó primero aquella boca, para acallar ahí cualquier sonido indiscreto mientras devoraba su boca y se encontró con la novedad que la lengua del fiscal estaba más que dispuesta a jugar y entrometerse en el camino de la propia. Incitándole a saborearle con mayor placer.

Las manos de Dean no se estuvieron quietas, sino que acariciaban sobre la tela del pantalón no solo aquel bulto, sino que buscaban abrirle el cinto y de seguro bajarle el cierre, pero fue ese sonido, el que trajo la lucidez a Jeremy del lugar donde estaba y haciendo gala de todo su concentración, fue soltando lentamente aquel agarre entre su lengua y la del policía, mientras sus propias manos impedían el avance de Dean dentro de sus ropa.

-Deja, deja…-logró sacarle la mano y subirse el cierre, ante la mirada casi ofendida de Dean quien no encontraba palabras para tranquilizarse luego de haber logrado besarle.
-Vamos, estás igual que yo…-buscaba aferrarle de la cintura.
-Pero a mi no sé me olvida donde estoy…-logró terminar de quitarse de encima el cuerpo de Dean, mientras tomaba aire, se arreglaba la camisa que ya estaba saliéndose de su pantalón.
-¡Deja de jugar conmigo Jeremy! …-le tomó la muñeca al fiscal.
-¿No pretenderás que nos follemos en plena oficina, verdad?
-¿Por qué no? ¿No me digas que no te da morbo, el hacerlo encima de tu escritorio, mientras gimes pidiendo más? ¿Eh? ….-le lamió el cuello hasta que Jeremy le apartó con un nuevo empuje y rescató el vaso de tenia algo de licor para beberlo de un trago. Su garganta le agradeció aquello, después de la resequedad que siguió una vez que se separo de la boca de Dean.

-Lo que sea, muy mi problema…-se escudo el fiscal detrás del escritorio.
-¡Si, serás un cabrón! Primero te excitas, luego respondes y más tarde te haces el frió y mojigato. Pues simplemente no te va. Sí no es aquí, dime donde…-se fue detrás de él y le giró el sillón para tenerle enfrente de él.
-Eres muy persistente, teniente.
-No tienes idea de cuanto…-intentó volver a redondear aquel bulto, pero Jeremy le retuvo, sacudiéndose aquella intrusa mano.
-Pongamos reglas a esto. Yo digo cuando y digo donde…-le medio rezongó con lentitud.
-¿Cuándo?..-era la mayor premura que tenia Dean, el donde no le importaba.
-Te llamare…-intentaba controlar de nuevo aquel fogoso policía
-No. Eso es muy ambiguo…-le reviró…-¿Qué tal hoy, en tu departamento, antes del cambio de la primer guardia?

Jeremy se mordió el labio y giró su sillón para ponerse de nuevo junto su escritorio. Aquel insistente policía realmente no entendía la palabra “no” y menos parecía darse por vencido.

-Sí logras colarte al edificio sin que te vean…-le intentaba pinchar el orgullo.

Dean se ajustó chaqueta con cierto aire triunfal….-dalo por hecho….- y sin decir nada más, salio del despacho del fiscal, cerrando la puerta, mientras miraba que la secretaria ya recogía sus cosas para irse.

Hacer malabares para terminar el día de trabajo, fue el sinónimo que Sam utilizó para describir las actividades que se fueron presentando. Joshua le dejo indicado que se verían abajo para que lo acompañará a su consulta. Bajó por el elevador y se encontró más tarde con la azulada mirada, cuyo propietario fumaba a un lado del auto, mientras mantenía la puerta abierta.

-¿No piensas dejar ese hábito tuyo?
-Dime que te molesta que fume y dejare de hacerlo…-el rubio alcanzó por la cintura a Sam y atrapó su boca, saboreándola y dejando en ella el sabor a tabaco. Alcanzó luego la pequeña mochila que había dejado Sam en el piso y la puso en la cajuela del auto.

Estaba muy emocionado su ángel se quedaría en su casa esa noche después de la consulta y ya tenia planeado una velada especial a su lado. No solo por que Sam había logrado incitarle a tal grado que presentarse a su padre después de años de no verse, para insistirle que no era un pecador por el hecho de amar a otro hombre, sino también por que le incitaba a tal grado de buscar no solo compartir la cama ocasionalmente con él, sino también despertar, compartir, proteger y amarle hasta la saciedad.

Cuando Sam puso la mano en su rodilla antes del encendido del auto, fue la señal para que salir del estacionamiento y sonrió una vez más por aquella manía, la cual interpretaba como confianza. En esta ocasión también Sam buscaba afianzarse en la idea de que nadie les separaría, por mucho que otros lo intentaran.

 


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Cap 23