Clasificación:
NC-17
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13. Cacerías de licántropos I
Dentro del salón principal, y lejos de las meditaciones de su Sire, Viktor Arkain buscaba entre los Vampiros que se retiraban, a la joven que salió en su defensa, tan solo quería agradecerle el detalle de ser apoyado tan airada y apasionadamente, por aquella joven que no demostraba ningún temor ante su alta investidura, cuando siempre se encontraba con Vampiras ansiosas y nerviosas que terminaban aburriéndolo a los pocos minutos. Atisbó la larga y roja melena cerca de los pilViktor principales, esperando que su Sire se desocupara, así que con cuidado se le acercó, abordándola con lo que creyó seria el cumplido de cumplidos. -No esperé ver tan arrojo en una Gangrel...- le dijo, esperando escuchar de ella un suspiro admirado… -Gracias por tu ayuda. Los ojos grises se volvieron hacía él, mirándolo con arrogancia y Viktor se dio cuenta que solo el borde de la pupila de aquellos ojos de ave era gris, el centro era de un azul celeste muy hechizante. -Supongo que para un arrogante y noble Brujo, una tonta Extranjera no amerita a más... - le respondió la chica, con aire ofendido y batiendo su larga cabellera, le dio la espalda, alejándose de él. Viktor se quedó de piedra, viendo que su porte no había logrado impresionarla y la siguió, predispuesto a presentarle cara. -Espera
un momento niña...Yo solo vine hasta aquí para agradecerte
que intervinieras a favor de mi Sire. Viktor se sintió encantado con aquella franca actitud...-Por favor...-exclamó, levantando sus manos en son de paz...-no quise ofenderte ni mucho menos...siendo que hablas de igualdades entre las razas y los Clanes tienes una manera muy agresiva de contestarle a uno que no pretende más que ser gentil contigo. Ella lo miró con suspicacia, entornando sus bellos ojos. -¿Gentil?...-rezongó, auscultándolo más íntimamente...-Vampiros arrogantes y acostumbrados a salirse siempre con la suya solo andan buscando una cosa... -y vuelve a sacudir su cabello muy seductoramente...-pensando que solo están en el mundo para impresionar con sus fachas a las pobres ilusas que caen en sus redes de conquistador...-y efectuó un chasquido con sus dedos, terminando de analizarlo de los pies a la cabeza con graciosa insolencia y el Pretón apenas pudo tragarse su carcajada al sentirse tan expuesto, y bajó su cara hacia la de la joven, desplegando todo su poder de Presencia (*) en ella. Con lo cual la joven Gangrel quedo momentáneamente turbada, encendiendo en ella una extraña chispa de atracción por aquel Vampiro y comenzó a auscultarlo con ojos diferentes, los cabellos muy negro, perdiéndose sin contraste con su armadura, su altura del metro ochenta y cinco, los ojos profundos y muy grises, con facciones exóticas y curtidas por el oficio de las armas, por las cuales tiene un innegable encanto, aunado a una personalidad altanera, picara y serena, que le dan ese aire que la llevan a pensar en un felino, misterioso y en ese caso en especial, atrayentemente peligroso.
Con su voz, ella logró escapar de su embrujo y se rió de buena gana delante de Ares, haciéndolo retroceder algo chamuscado y sin saber como reaccionar. Acostumbrado a que su sola presencia bastara para ganar sus batallas, desarmado de sus artes, se sintió desnudo y disminuido.
-Soy un Pretón, a los cuales recientemente igualaste en ideas con tu Clan. La Vampiro no puede menos que levantar una ceja al encontrarse igualmente pillada. Los Pretones han hecho honor a cada uno de los estatutos de su propia Casta, pero lo que la hace destacar por encima de las otras, es que conservan tratos igualitarios entre Hombres lobo y Vampiros. -Sabes que nunca hemos tenido esclavos, ni los tendremos. Es un estatuto de nuestro Clan y no nos avergonzamos del mismo, y pobre de aquel que intente hacer alguna burla al respecto. -No
me he burlado de los Pretones, sino de tu arrogancia para congraciarte
conmigo. ¿Que te pasa Tremere, estás dispuesto a olvidar
el detalle que ni somos del mismo clan? Además de que no das la
talla para mí, y soy muy joven para estar pensando en esas cosas.
Tengo apenas noventa y ocho años y un gran mundo por recorrer para
pensar tan solo en atarme...- dice ella. La joven comienza a sonreírse de manera distinta, ya no con burla, sino halagada, lo que da confianza a Ares. -Tenemos además otro punto en común y que detestamos por igual...- le tantea Ares. Ella arruga graciosamente sus cejas. -Odiamos
a Julius... -Linda...-comenta
Viktor al verla con sus cuatro patitas blancas dejando el resto de color
pardo y muy brillante, manifestando la Gangrel el magnifico arte del Protean
(**). La chica vuelve a su forma humana, cuando su padre viene hacia ella. -Me
tengo que ir...- le dice a Ares, alejándose. La joven se retira en compañía de los otros dos Extranjeros, comprendiendo Viktor que se trata de la hija del Sire de los Gangrel, Vincenzo Leoni. -“Aisha”...- suspira y la joven vuelve a girarse en su dirección, y besando la punta de sus dedos, le arroja el beso y desaparece en compañía de los suyos. Shadow lo sorprende todavía suspirando y tiene que tirar de la manga de su uniforme para devolverle los pies a la tierra. -Mi señor...- le dice el Pretón trigueño... -el Arcano Vosenforf requiere la presencia de nuestro Sire...- y el vampiro se ve de pronto azorado y baja mucho la voz...- al cual no puedo encontrar, señor. Viktor volvió a recuperar todos sus sentidos, mientras un escalofrío le volvió a bajar por toda la espina dorsal. -Ay...NO...- se queja... -se volvió a ir. Vosenforf me va a matar...-y comenzó a caminar, haciéndole una enérgica señal a Dragonfy...-Busquen al Sire Tremere, encuéntrenlo ahora mismo. Del otro lado del pasillo, un joven Vampiro, aburrido de tanta inactividad, se ha escabullido de sus Guardianes y buscaba entre las puertas que accesaban al atrio principal, alguna ranura que le permitiera atisbar lo que pasaba en el interior; solo cuando vió que los representantes de los clanes se estaba retirando, Ibrahim Nightcastel entendió que todo había terminado ya. Así que caminó por allí, esperando ver aparecer a su padre y a su tío. Sintió la presencia de su progenitor detrás de una de las gruesas puertas, y envolviéndose con Ofuscación para ahorrase un soberano regaño por no estar con sus Guardianes y andar espiando por allí, se acercó al lugar en donde lo sentía más nítidamente. Con disimulo se acercó a la puerta y se recostó en ella, como al descuido, haciéndose pasar por alguien que tan solo esta esperando por otra persona, y abriendo de par en par sus orejas, comienza a captar lo que dicen del otro lado de la pared, los miembros de su Clan. Dentro del salón, Julius ha llamado aparte a Alexandrus y a Seratu, ocultándose con ellos detrás de unos largos pendones, sin darse cuenta del joven que se encuentra escuchando detrás de ellos, separados tan solo por la gruesa tabla de roble, comienza a hablar airadamente. -Esta
reunión solo me ha dejado claro que estos tontos Ancianos no toman
en cuenta los requerimientos de los Ventrues...- les comenta Julius. -Nunca se tiene suficiente...-le contesta Seratu, quien se le acerca, retadoramente... -y viniendo de ti...tienes tantos esclavos como nuestro Sire, me atrevería afirmar que más que él, así que podría llegar a comprender el que no te importe si no tienes más, pero eso no te da el derecho de apoyar al imbécil del Tremere cuando tan abierta y vergonzosamente ha declarado que es partidario de la igualdad entre Vampiros y Licántropos...- el joven vampiro pega más su oído a la madera, atento a la contestación de su padre, pero es la voz de Seratu la que se vuelve a escuchar...-a menos que seas partidario de esa absurda idea, lo que te declara como traidor y proscrito entre los Ventrue...-el joven casi estuvo a punto de abrir la puerta y contestarle personalmente al Carkun, pero la voz de su tío lo obligó a permanecer en su lugar. -Estás hablando con mi hermano, Seratu...- dice Julius con parsimonia...-es un ejemplo viviente de cómo debe comportarse un miembro del Clan Ventrue, Alexandrus Nightcastel nunca iría en contra de nuestros estatutos, ¿no es cierto?...- Julius se para delante de su hermano, mirándolo directamente a los ojos. El señor de la Casa Nightcastel le sostuvo la mirada hasta que Julius bajo la suya y se apartó un paso. -Me conoces bien, Julius, y nunca iría en contra de tus órdenes...-le responde pausadamente Alexandrus... -pero me siento en la obligación de no quedarme callado cuando estás empeñado en un capricho que en nada beneficia a los Ventrues...- y antes de que Seratu abra de nuevo su boca agrega... -y no estoy hablando solo de la cacería...- le corta, volviendo su mirada hacia su hermano...-sino buscarle pelea al nuevo Sire de los Tremere, socavando su autoridad, haciéndolo menos por ser medio Tremere y medio Ventrue, cuando es parte de nosotros y la mitad de su sangre es la que nos une, darle nuestro apoyo como parte de nuestro clan y una bienvenida mucho más calurosa es nuestro deber para con Krone Mediash. -Si hasta pareces un Tremere. ¡Vete a vivir con ellos!...- le despotrica Seratu con rabia, haciéndole un chasquido con sus dedos delante de la cara de Alexandrus...-No mereces ser el líder de la Casa Nightcastel... -y se acerca a Julius, pareciendo un gran gato, marrullero y sagaz... -hasta yo podría gobernar mejor que tú esa Casa, ¿No mi señor? El joven vampiro puso su mano en el picaporte, queriendo con toda su alma poder tener un arma cargada y vaciarla sobre el infame del Carkun. Pero logró controlarse justo a tiempo, solo era un jovenzuelo, interrumpir a sus mayores en ese momento tan delicado, solo se ganaría afianzar la opinión de Seratu de que Alexandrus no podía ni gobernar a su propio hijo. Se quedó respirando fuerte, esperando la respuesta que daría su padre. -No sabes lo que dices, Seratu...- le contestó el señor de los Nightcastel...-mi Casa no necesita ser gobernada por un pelele como tú...-y le hace un ademán de disgusto... -y es tu afición a la sangre de tus Licántropos lo que te tiene desesperado por tener más y más esclavos los cuales puedas secar. Seratu se ríe de manera ofensiva, desmeritando las palabras de Alexandrus y saca un trozo de papel de su bolsillo y lo pone ante la mirada de Julius. -Si es por sangre nueva el reclamo de nuestro Sire, le tengo exactamente la manada idónea para que pueda tener esclavos de la mejor calidad...- y su lengua recorre sus labios de manera licenciosa -y yo, un nuevo bouquet que saborear...-se gira en redondo hacia el Nightcastel mayor...-Me he enterado, mi señor, que él cacareado Sire Tremere, luego de ofenderos por la tenencia de nuestros esclavos, tiene su propio coto de caza, privado. El muy hipócrita se larga allí, de vez en cuando, a solas y sin su escolta, a hartarse de sus lobos para luego regresar ante el Concejo a lavarse la cara e injuriar a todos los demás. Julius toma el papel que le muestra Seratu y su rostro se le pone casi violeta. -¡Infame farsante!...-reniega del Mediash...-ahora más que antes he de asentarle un precedente a ese arrogante, le demostraré a ese Tremere que los Ventrues también podemos tener nuestras caserías de Licántropos. Alexandrus se aproxima a Julius y lee por encima de su hombro el contenido de la nota. -Es
una manada...de lobos libres, en Italia, ni siquiera es una manada Rumana
o una Vienesa...- bosqueja Alexandrus mirando muy duramente a su arbitrario
hermano...-El concejo lo prohibió, no puedes atacar a una manada
así...- y vuelve a leer el papelito...-Los Gucci...- entorna sus
ojos, meditando en su interior -les he oído mencionar. Regnalus
me habló de ellos. Son un protectorado de la Casa Mediash. Son
sus protegidos no sus esclavos. Menos aún puedes atacarlos, a ellos
en especial. Ibrahim casi se cae del otro lado de la puerta, pero su reacción apenas fue una fracción a la de su padre, el cual se quedó libido ante su Sire. Alexandrus de inmediato pensó en el capitán de su Jauría. Canmaster es un Hombre lobo sin par, el cual le había demostrado su lealtad bajo las pruebas más duras, no podía entregarlo a Julius, y menos acercarlo a las fauces de Seratu. También Damien estaba en el sequito, y si le dolía perder al capitán, tanto dolor le causaba perder en conjunto a su lugarteniente y dejar a su hijo sin su Guardián personal. Alexandrus se encontraba entre la espada y la pared. Julius le había dado una orden directa e ir en contra del Sire, por muy arbitrario que le parezca el mandato, era poner en riesgo su cabeza por un par de esclavos. Los cuales valían todo lo que hiciera por liberarlos. -Mi señor...-se inclina humildemente Alexandrus ante Julius...-la chusma que me acompaña es indigna de servirte...-le dice, disminuyendo la importancia de su Jauría para que su hermano no se encaprichara más...-déjame volver a mi Aquelarre, allí podré prepararte una comitiva digna de tu alto rango y posición...- ve como Seratu va a intervenir y derrama sobre el Carkun todo un cúmulo de Dominación (***), para confundirlo y que cerrara su boca y se gira hacia Julius cubriéndose completamente en Presencia (***) para dominar al Sire Ventrue y lograr su aceptación. Julius rumia alguna cosa mientras cae en el embrujo de su hermano, y seducido por sus palabras declina el pedido. -Esta
bien...- le dice a Alexandrus...-Puedes irte a tu casa, prepárame
lo mejor de tus tropas, iré por ellos en cuanto yo me haya preparado. Ibrahim se retiró de la entrada velozmente, antes de que su padre pudiera verlo y se ocultó. El señor de los Nightcastel salió al pasillo, resoplando y enjugándose el sudor de su frente. Sabe que ha hecho un movimiento mas que atrevido, no solo buscando ganar tiempo para evitar que su hermano se encapriche con la Jauría que tiene en ese momento, sino para que buscar la forma de frenarle. Le entregará una cuadrilla de vampiros de primera, para que con eso se sienta más que representado. Alexandrus camina aceleradamente por el pasillo, buscando además la forma de tranquilizarse, sí por él fuera le hubiera cercenado la cabeza a ese entrometido de Seratu, quien a últimas fechas a pasado de pelele a un peligro inminente, abriendo su bocota a la menor provocación en contra suya. De seguir así, un día de estos Julius le tomara la palabra y hará que Seratu se levante en armas en contra suya. Situación que al Carkum en nada le molestaría, al contrario, es evidente el interés que tiene por gobernar la Casa Nightcastel. Mientras camina y evita a cualquier otro invitado a la recepción, se da cuenta que es el momento de hacer uniones ventajosas y a su mente viene una sola Casa que podrá darle tal ventaja: Los Yamato en Japón. Es tiempo de fortalecer lazos y que mejor con el casamiento de su hijo con la señorita Yamato de la cual esta comprometido desde que nació para fortalecer la Casa Nightcastel. Se encuentra ahora en una carrera contra el tiempo, donde debe aparentar con su hermano, el Sire Ventrue, una posición, y fortalecer otras antes que por un voluble capricho todos sean borrados de la faz. Sus elucubraciones no tienen nada de paranoicas, conoce los métodos del Carkum y que tan voluble puede ser su hermano a la lisonja. Dentro del salón, tan solo unos minutos han pasado y Seratu vuelve a insistir. -Extraño
es que tu hermano viaje con una chusma de licántropos a tan importante
evento...-pretende no darle demasiada importancia y juguetea con su copa,
mientras se deleita el liquido sanguinolento en sus labios...-juraría
que traía a Canmaster, por lo menos. -Yo no he escuchado nada, pero muy buena idea... -Julius comenta sonriéndose ante la magnifica estratagema para unir las casas y engrosar los ejércitos. Sí el Carkum logra derrocar a Alexandrus y hacerse de la Casa Nightcastel, destronarle luego a él y quedarse con todo el botín sin ensuciarse las manos le parece demasiado prometedor...-Dime Seratu, ¿Cómo vamos a conseguir aliados de buena fe que nos den información más detalladas sobre estos Licántropos de Mediash?...-vuelve el Ventrue a centrarse en el objetivo inmediato. -Tengo
al tipo indicado para el trabajo, mi señor...- le contesta Seratu
y activa su celular...-Conozco a un Licántropo renegado llamado
Nathan Duvon, el cual me ha proporcionado a muchos de mis esclavos y también
una buena remesa de sangre fresca de deliciosos lobeznos. Tengo entendido
que él conoce especialmente a los Gucci. -Duvon..., soy Seratu, ¿recuerdas a los Gucci? Unos licántropos que atacamos en los Carpatos, hace tiempo. Si, los mismos. Ocupo tu ayuda. Te pondré al corriente en cuanto nos veamos, dime donde..., si..., conozco el lugar, nos vemos allí, perfecto...-cerró la llamada e igualmente se retiró del recinto. Ibrahim había corrido por los pasillos evitando que su padre le sorprendiera fisgoneando detrás de las puertas, cuando le ha dado la orden de permanecer con los integrantes del Aquelarre. Se ha encontrado con varios invitados a quienes simplemente elude, hasta que termina tropezando con quien menos espera hacerlo esa noche. -Sire
Tremere...-se inclina ante Krone Mediash, quien ha permanecido detrás
del cúmulo de invitados a la recepción y en aparente tedio
a las actividades del recinto. El joven Nightcastel mira de malos modos al Sire Tremere por ese acto, pero antes de que puedan hablar se oyen unos apresurados pasos detrás de él. -¡Allí estás!..-dice una jadeante voz...-Tú padre esta a punto de remover los cimientos del Concilio buscándonos ¿quieres que me corte la cabeza? El capitán de la Jauría Nightcastel se detiene frente al joven, mirándolo con una especie entre alivio y susto mezclado. Cuando va a tirar de su manga, ve que el joven esta en compañía de Mediash, y detiene sus palabras, mirando al Sire con estupor y luego se medio inclina…-Señor...- le dice. -Vámonos Canmaster…-le dice el joven vampiro, arrogantemente girando sobre sus talones y se aleja con su Guardián. Por curiosidad, Krone comienza a seguirlos, a corta distancia, tan solo por ver el regaño que el joven va a recibir, y lo ve llegando junto a su padre, quien esta colocándose su gabardina. Alexandrus tan solo mira al joven y pone una mano en su hombro. -Ha llegado la hora, hijo mío, de formalizar tu matrimonio con la señorita Ran. Es necesario fortalecer la Casa Nightcastel con la unión de la Casa Yamato. El joven se tambaleó, abrió su boca y se puso más pálido que la nieve, pero Alexandrus tan solo le dio la espalda y mientras Damien colocaba el abrigo en los hombros del muchacho, tuvo que empujarlo para que comenzara a caminar y salieron del edificio rumbo a los vehículos y limusinas que ya los esperaban. Krone ve alejarse a los Nightcastel con el ceño fruncido, lo último que escuchó lo ha dejado preocupado, si los Nightcastel unen filas con los Yamato, solo reforzaran las ya bastante peligrosas huestes de Julius Nightcastel. Lo cual no puede permitir.
Preocupado por la idea de que volviese a escaparse de sus responsabilidades, le sorprendió encontrar a su ex-pupilo muy ensimismado mirando alejarse a la comitiva Ventrue, recordando además que no le ha felicitado por su nombramiento. -Mi
señor- le dice con algo de sarcasmo, inclinándose ante Krone...
-ahora que has sido nombrado por fin oficialmente Sire, tendré
que cambiar el modo en que me refiero a ti. Krone le aceptó el gesto, sintiéndose feliz de que en esos momentos todavía puede contar con el humor refrescante y la aparente ligereza que Viktor le pone a las cosas. -Por supuesto que sí, mi amigo, mi maestro.- le dijo y aceptó su abrazo. Fue un cálido apretón de dos compañeros de armas, mas que de un Sire a su maestro, haciéndole recordar a Viktor el hecho de que anteriormente el mismo había sido el discípulo favorito de Vasenforf hasta que el Arcano Vasenforf tomó bajo su tutela a un pequeño y arrogante Vampiro venido desde Rumania, que no era del todo un Tremere. Nunca comprendió plenamente el porque Vasenforf aceptó entrenarlo y concederle su protección, así que cuando se le pidió que fuera su maestro y que le enseñara todo aquello que el Anciano no podía. “Entrénale en el arte de la defensa, en ese fino oficio en que mis larga edad ya no me permite”. La curiosidad lo motivó más que otra cosa. Pero encontró en ese joven una mente brillante, abierta y dispuesta, pasando largas jornadas en mutua compañía convirtiéndose en poco tiempo en más que alumno y profesor, sino en hermanos de armas y de afecto, dispuestos a dar la vida el uno por el otro. Mientras él se encargaba de entrenar a su cuerpo y Vasenforf lo hacia con su mente. Y entre los dos crearon al ser que ahora se desplegaba ante ellos, con toda la majestuosidad de un soberano y la investidura de un Sire. No podía estar menos orgulloso. Particularmente siempre sintió que Krone era muy especial, conocía de él hasta los más pequeños detalles, pero había una parte de ese Vampiro rumano que no lograba descifrar del todo, una búsqueda que le había detectado y que le hacia estudiar más y más y exigirse hasta el agotamiento total, por eso sabía que algo le preocupaba cuando lo estrechó en sus brazos y atisbó sobre su hombro la partida de los Ventrues. -Lo que dijo el Sire Ventrue te dejó pensando... ¿No? Krone se separó. No era posible ocultarle nada a Ares, aunque no era innecesario cerrar su mente, por que éste nunca lo invadiría, no era propio de él, así que podía relajarse y confiarle sus temores. Además había sido testigo de la agria discusión suscitada momentos atrás en la sala de audiencias. Ver su arrojo y determinación para defender las causas de su propia Casa, le terminó por decidir. Había formulado un plan y solo Viktor podría llevarlo a cabo. -Quiero que vayas a la Casa Yamato en Japón y pidas la mano de la hija de Sumotai Yamato como esposa...- le ordena Mediash a Arkain, sin dejarlo pestañear. La noticia fue recibida como si su señor le hubiera tirado una tonelada de ladrillos encima. Viktor parpadeó finalmente, aspiró profundo por lo que el diafragma se le había detenido y canalizó las palabras de su mejor amigo hasta entenderlas todas. El disgusto se le subió por todo el cuerpo, sin poder contener una recriminación. -¡Por
muy Sire que seas ahora no puedes estarme ordenando estas cosas!...-rezongó...-además,
yo soy apenas un crió para estar pensando en casarme, apenas me
faltan dos años para llegar a mis doscientos...- agregó
comprendiendo que solo podría tratarse de que Krone estaba tratando
de jugarle una broma, aquello no podía ser verdad, ¿o sí...?
Miró con preocupación a su señor, pero éste
no modificó para nada su ceño fruncido. Era una preocupación más que válida, pero de eso a que lo obligue a casarse. Era mejor que le de una muy buena razón. -Podría pasar una centuria. Pero te has preocupado en serio por el asunto, así que dame una buena razón para tener que casarme...- le pide Ares... -sabes más de lo que me dices. Krone ahora no le omitió ningún detalle, contándole todo lo que vio y oyó, de la conversación de Alexandrus con su vástago. -Necesito que mi hombre de más confianza realice una misión para mi, quiero que detengas la unión de la casa Yamato con la Nightcastel evitándonos la molestia de verlos hacerse más fuertes...- le explicó con calma, pero luego relajó su faz y agregó con sencillez... -Sé de buena tinta que la Yamato es muy hermosa, lo fue su tía Noor y su hermana se le parecía, así que la chica te va a gustar. Una explicación como esa aunada a un detalle ligero, le alteró los nervios a Ares, entendiendo ahora por donde le nació a Krone aquella extraña orden. Buscando ser lógico dentro de aquella propuesta, Viktor sopesa toda la situación y en parte comprendió el porque le había hecho precisamente a él la propuesta, los Yamato eran los guerreros más aventajados del clan Ventrue, aunque pertenecían a la rama asiática, su entrenamiento y disciplina en nada tenían que envidiarle a las artes de los Tremeres, pero al ser poseedores de una técnica tan impecable, los Tremere mas selectos habían pasado por su filas, entre ellos Ares. Pero de haber entrenado con ellos a ser parte de un trato, por más que estuviera adoctrinado a seguir ordenes sin chistar, Viktor se resistió a ser reducido a tan solo un “peón”. -Sé que la obediencia a mi Sire debe ser ciega, pero en nombre de nuestra amistad, no puedes ponerme en esta situación...-le dijo, y mucho menos cuando hacia menos de una hora había visto y conversado con una Vampiro que le ha quitado el aliento. -No te lo propondría si la propuesta no te brindara placer...- le alecciona Krone, lanzándole una mirada picara. Viktor se sonríe, algo marrullero con sus pensamientos. -Esa
clase de placer me sale gratis...y a cada rato...- le contesta, pero sigue
meditando en la situación, que la Casa Yamato se una a la Pretón-Savage,
tanto con las armas, como con los guerreros y el prestigio que ello conlleva...-
¿en realidad encuentras tan peligrosa una alianza entre los Nigthcastel
y los Yamatos? Viktor volvió a su aire taciturno y comenzó a caminar lentamente frente a Krone, sopesando el pedido, analizándolo y comparándolo con todas sus opciones, y la idea comenzó a parecerle atractiva ante el regocijo de Krone, que no necesitó sondearlo para saber que su propuesta había sido aceptada. -¿Dices
que la chica es muy bella?...- preguntó Viktor por no dejar. Cualquier vampiro que se aprecia ha soñado con que su sangre subsista por encima de todas las demás, con una descendencia larga y prospera. Además y no solo que las añadiduras a su casa sean el producto de los advenedizos y candidatos que ocasionalmente son escogidos para engrosar sus filas, y pasan a ser vampiros mediante las esporádicas mordidas cuando no salen a buscar con que alimentarse. La idea comienza a seducir a Ares, aunque no quiere dar su brazo a torcer tan rápido. -Así
que bella y fértil...- comenta... -mientras estuve en el Aquelarre
Yamato, nunca logré verla. Su padre la tiene muy bien resguardada...-
y volvió a fruncir en señor...-¿No mencionaste que
ya está comprometida? -Esta
bien...- le dijo -...solo por ti hago estas cosas...- rezongó al
tiempo que Krone le rodeaba los hombros con su brazo y lo llevaba de vuelta
al salón principal. Krone le puso cara de circunstancia, pero no le contestó de inmediato, mientras abría su mente para que su mentor supiera que se encontraba en el recinto y no se había fugado como sospechaba. -Lo
veré luego. Por cierto...-se detiene Krone...-quiero que adquieras
al jefe de la Jauría Nightcastel. Viktor se quedo por unos segundos en el pasillo, intentando encontrar una lógica en las palabras de Krone, que no solo le pedía que se casara, sino que además adquiriera un licántropo, y no cualquiera, sino el jefe de la Jauría. -¿Por
qué ése en particular?...-le resopló mientras le
daba alcance.
Sí algo amaba de la Toscana Luciano, era los grandes contrastes que se encontraba rápidamente entre las colinas, llanuras y sus largas playas en el Mar Tirreno que era próximas a la Toscana, las cuales empezaron a perfilarse en un recodo del camino. Sus playas en particular eran hermosas, extensas y arenosas. Anteriormente ya había estado ahí más de una vez, y era la ruta inicial a donde pensaba traer a Dominic para que conociera su terruño. -¿Iremos
a Elba?...-escuchó que Jacob le preguntaba. Jacob se acomodó los espejuelos y buscó un cigarrillo, tenia demasiada hambre para tan viscerales comentarios y era mejor no discutir con un Gucci cuando se ponían en ese plan. Tenían mas de 36 horas fuera de la Villa y habían encontrado una de los escondrijos de Duvon en un poblado cercano al rió Arno, donde la fabrica trabajaba horas extras curtiendo pieles exóticas, muchas de las cuales eran de lobo. Esperaron que los humanos que trabajaban en la fabrica se retiraran y esperaron el turno donde los compinches de Duvon, terminaban el trabajo sucio. Creía Jacob que había erradicado ese olor a salmuera y piel de su recuerdo, pero era imposible cuando la escena que anteriormente viera en América se repetía también en su propia tierra. Lobos y licántropos por igual habían sido sacrificados, ya fuera para peletería o para consumo. Parecía que Duvon había establecido una sucursal en Italia y por los informes que lograron recabar tenia recién operando. Duvon era un animal de costumbres y una de ellas era no estar mucho tiempo en un lugar. Instalaba sus equipos, al personal mínimo para movilizar las entregas y el resto lo movían sus secuaces, mientras que él no dejaba rastros o casi nada que olisquear. Borraba sus huellas y eran otros los que continuaban el trabajo sucio, mientras él engrosaba su cartera. Entrar a la fabrica y someter a los trabajadores fue sencillo, simplemente no esperaban un intromisión y las protecciones era mínimas. Desmantelaron cuanto era posible, mientras Jacob se enfrascaba en buscar alguna información que le sirviera para continuar las pesquisas. Fue así que ahora se encontraba en ese nuevo poblado, casi sin dormir ni comer. Luciano no había aceptado la sugerencia de volver a la Villa y reorganizarse. Antes de llegar al poblado, una de las unidades todo terreno se detuvo y bajaron de ahí dos hombres, quienes usando motocicletas harían la entrada y revisarían si había actividad sospechosa, mientras el resto de los autos reducían la velocidad y esperaban en las afueras. -No
creo que se dirija a Elba...-pisó el resto del cigarro el Guardián,
mientras vigilaba el poblado con unos binoculares...-seria meterse en
una ratonera. Entraron a una taberna, que uno de los hombres había revisado anteriormente. Para los lugareños no paso desaperciba la presencia de aquellos hombres que visiblemente iban armados y que pretendían mantenerse en silencio después de solicitar comida y posada. Pero no eran los únicos lobos en la región. Desde que bajaron, ojos lobunos les han estado vigilando, y siguiendo sus movimientos con atención. En particular quien ha despertado su curiosidad ha sido el Guardián, quien es el que se ha mostrado más atento aun en la aparente calma del poblado. Mantiene sus oídos y sentidos alertas, mientras comen y degustan las viandas que han solicitado. En cierto momento los ojos del Guardián se encuentran con su otro vigilante y ambos se reconocen como animales de la noche. -Hay lobos en el taberna...no voltees...-le indica a Luciano, quien asiente y continua con su cena, mientras roza su escuadra en su cinto. Un hombre lobo de mediana estatura, de cabello color cobre, al igual que sus llamativos ojos, se levanta y camina sin prisa hacia los recién llegados del lugar. Los vigilantes que acompañan a Luciano y Jacob se mantienen en suspenso y son aplacados por una señal del Guardián quien intuye que están cubiertos y es mejor esperar el siguiente movimiento. El lobo de ocres cabellos abre lentamente la chaqueta, mostrando que no lleva armas, visibles, y levanta levemente las manos en señal de buena voluntad. -¿Puedo
sentarme?...-señala a una de las sillas vacías con un tono
de su voz deja hincapié que es un irlandés. Observa con
detalle la inclinación de Jacob y que éste si le muestra
que va armado...-si buscara robarles o herirlos podría esperar
a que salieran, para hacerlo en algún callejón oscuro, donde
nadie notaria nada y no en plena taberna...-dice prontamente el lobo. El visitante entorna los ojos, crispándosele los vellos de la nuca y se nota que es pronto a la acción y no dado a las explicaciones. -¿Qué
hacen dos...turistas como ustedes, fuera de la ruta? ¿Se perdieron? Los ojos de Luciano brillan con enojo ante el comentario e intenta levantarse, pero es la mano de Jacob quien se lo impide y éste le gruñe que se siente. -Hasta
cuando te enojas te ves bien...-le sigue incitando el otro...-estoy seguro
que he visto tu cara en algún lado, lobo. Jacob jala con su pie la pata de la silla que sostiene al licántropo, quien tiene que hacer una maniobra en el aire para no caer y engancha su garra en la mesa, mirando con desden a Luciano, mientras centra su atención en Jacob. -¿Qué hace un licántropo como tú, al servicio de una afelpado como éste? ¿Te gusta ser su guardaespaldas? Claro, no puede defenderse solo. Es ahora Luciano quien se levanta, sacando su escuadra, la cual con un rápido movimiento del extraño le es arrebatada de la mano, pero que igualmente tampoco conserva por mucho, cuando Jacob se la ha retirado de la mano, levantándose al mismo tiempo que empuja de un puntapié al otro lobo y se pone en medio de ellos. -Lo
sabia, eres bueno, lobo...-se sacude el polvo de la bota en su ropa y
luego le ofrece la mano...-Me conocen por Ekain...-se presenta, y sus
colmillos se estiran un poco, delatando su parte animal. El lobo Ekain, les pide a sus hombres bajar las armas, quienes lo hacen lentamente. -Lo
dicho, no eres cualquier Guardián. Sí sabes lo que somos,
entenderás por que luchamos. -¿Estas
de broma?...-le responde Luciano, a quien aquella insolente forma de captar
la atención de su Guardián le resulta un fastidio. Los ojos de Ekain toman un carisma único y busca su silla para sentarse mientras pide una botella de vino, haciendo que con ello, su grupo se tranquilice y los hombres de Luciano, aunque están al pendiente, siguen manteniendo las manos en sus armas. -Soy
todo oídos. Jacob se mantiene distante y eso lo nota Ekain. -¿No
me crees confiable, aún? Luciano le sigue, dejando Ekain con una mueca en la cara, mientras termina de ver como el resto de hombre del toscano salen de la taberna. -¿Los
seguimos?...-pregunta uno de los hombres de Ekain. El resto del camino, rumbo a la Villa, Jacob se mantuvo en silencio junto a Luciano, que fue quien decidió conducir en esa ocasión. -¿Por
qué no confiaste en ellos?...-preguntó de pronto Luciano. Luca
sonrió...-Cuando quieras “hermano”.
-Han
tardado en encontrarte, Sire…-le respinga a uno, mientras lleva
implícito la reprimenda para el otro. Las cejas de Vasenforf se unen casi en una, mientras mira a uno y otro vampiro. -¡Explíquenme
eso!...-le insistió al rubio vampiro, quien se sentaba en total
desplante, mientras disfrutaba una bebida. Vasenforf mira a Arkain entonces con detenimiento. -¿Solicitando
la mano de la hija de Yamato? Es muy arriesgado. Es un Vampiro Ventrue,
demasiado tradicional. No aceptara un pretendiente de la nada. El anciano respira lentamente, mientras mueve la cabeza varias veces, en desaprobación. Sabe que el viejo Yamato, es demasiado conservador y cauteloso como para ceder a su hija a casi un desconocido, pero además, es su joven Sire quien poco a poco inicia a mover sus hilos en la maraña de juegos de poder que se suscitan en la Camarilla. -Bien,
ya han hecho ese movimiento, veremos que sucede…-voltea hacia el
Pretón…-déjanos ahora solos, Ares. Tengo cosas que
hablar con nuestro Sire. Con un movimiento de sus manos, el anciano sella las puertas, para impedir oídos ajenos a la conversación. -Me han contado y yo mismo sentí algo…-inició el Anciano…-que tuviste un encuentro peculiar con el vástago Nightcastel. Krone
entrecerró los ojos y fueron una pequeña ranura cuando los
abrió de nuevo y el engarzado de sus ojos, eran indiscutiblemente
de un rubí intenso. -Todos somos parte de algo, Krone y tú y el otro Mal’ak son parte de algo mas grande. Sí en realidad el Nightcastel es el otro Mal’ak debe tener las mismas alas que tú. Tienen una misión que cumplir. La escritura de los textos arcaicos dice muy poco: “…Su advenimiento será en un noche sin día, en un día sin noche, donde los mensajeros cumplirán su destino….”” -No
dice mucho, en verdad…-dijo el rubio vampiro. Krone no lograba vislumbrar tan allá en el futuro, pero sabia que tiempos difíciles tendría que vivir para responder al juramento que había hecho en su nombramiento de Sire, para consolidar, guiar y unificar a los vampiros. Dio un largo resoplido, pensado que para cumplir tal encargo, tendría que pasar largas temporadas alejado del terruño que mas paz le proporcionaba. Aquel gesto lo consideró Vansenforf como cansancio y era evidente que muchas cosas habían sucedido en una sola noche. -Necesitas descansar, mi señor. Hablaremos después con detalle, sobre lo que necesites saber. Krone no reclamó y se dejo guiar por su guardia personal hasta que llegó a su recámara. Se desvistió sin prisas y al entrar en la enorme cama, cerró los doseles buscando mas intimidad, deseando que fuera la misma cama donde una noche atrás había dormido y que en ella estuviera el tibio y tostado cuerpo de Marcel. El mismo sentimiento hizo despertar al lobo de ojos grises antes del alba. Se movió inquieto y se arremolinó entre las almohadas para buscar aferrarse a algo que le diera un poco de calidez. Musitó el nombre del vampiro y el vibrar de su móvil le hizo maldecir, sin abrir los ojos. -Presto…-respondió
la llamada. Marcel abrió los ojos rápidamente y se puso boca arriba. -Burgués.
¿Dónde estas? El solo mencionarlo hizo gruñir a Marcel, mientras en la distancia, Krone deslizaba sus dedos por su pecho, anhelando. -Eres
un lobo ansioso. Mandar besos por un frió aparato, podía ser una extraña forma de mantenerse en contacto, pero Marcel percibía el cálido contacto que el Vampiro buscaba salvaguardar aun en la distancia. El detalle le sirvió para levantarse con bríos e iniciar sus actividades en la Villa. Recibió noticias de que Luciano y Jacob se encontraban en la rivera de Elba y que no había percances que lamentar. Pero no le indicaron cuando volvían. Encontró a los nuevos cachorros de su manada, entretenidos en la zona de tiro. Dominc se había tomado en serio el cuidado del joven Andrea, quien ya se había levantado y sus heridas curaban rápidamente, así como su estado de ánimo, el cual paso de la sorpresa de encontrarse en ese lugar a una tranquilidad inusitada, por el hecho de verse libre de averiguaciones sobre el percance. Recordaba poco de lo sucedido, pero era evidente que su mente buscaba protegerlo de lo más doloroso: su propio ataque. Como fuera, el joven buscaba acoplarse y la presencia de Dominic resultó invaluable, por que ambos rebasaron el problema del idioma y empezaron a hablarse en una entreverado de italiano e ingles, que les ayudaba a ambos a comunicarse y mantenerse juntos. Los encontró haciendo ejercicio, y luego de correr un buen trecho, el lobezno de ojos verdes se dejó caer a un lado de Andrea, quien solo se encontraba estirando los músculos. -Dominic…-le gritó Marcel y el lobezno se levantó de nueva cuenta, seguido por Andrea, donde ambos le saludaran…-Veo que se entretienen, ¿han desayunado? Ambos negaron. -Acompáñenme
entonces...-se dirigieron los tres a la recibidor de la casa y la servidumbre
empezó a poner las viandas. Pero mas extrañó le resultó cuando supo de quien hablaban. Vio llegar por la tarde, las tres unidades todo terreno y se mantuvo a la expectativa a un lado de Marcel, mientras Dominic bajaba las escaleras en tropel. Cuando lo vio bajar de la unidad, los ojos de Andrea brillaron de gusto por encontrar a un hombre tan fascinante. Prestó poca atención al hecho de que Dominic le reclamaba en ingles a un joven de ojos violeta y que éste le abrazo luego, capturando su boca y besándose en plena explanada. Sonrió al descubrir que Dominic era homosexual y que el joven que le correspondía no era aquel que él encontrara atractivo. -¿Quién
es el otro? El de los ojos naranja…-le preguntó en un susurró
a Marcel. Bajaron
las escaleras y los gritos de Jacob era con los integrantes de su unidad,
a quienes les daba las últimas indicaciones. El joven miró con ansias a Jacob, quien solo le miró por unos segundos, mientras guardaba sus espejuelos y se retiraba el chaleco, pasando luego de largo. -Es hetero…-le dijo en un susurró Dominic a quien no le paso desapercibido la positiva impresión que el Guardián había dejado en el joven Andrea y quien ahora se encontraba con los colores subidos en la cara al verse sorprendido, pero caminó detrás de ellos, sin hacer ningún ruido, mientras seguía fascinado por aquel hombre de espectacular presencia y porte. Marcel fue quien no se dejó impresionar. -Son
un par de imprudentes…-les recriminó tanto al Guardián
como su sobrino, minutos mas tarde…-los Bersekers son peligrosos. Tanto Luca como el Guardián dejaron el despacho de Marcel minutos mas tarde, cada uno tomó hacia su respectiva habitación y en el pasillo el joven Andrea se quedo mirando como la puerta de Jacob se cerraba, mientras suspiraba y se iba a su habitación. Un nuevo amor había nacido en la Toscana. --------------------------oooOOOooo--------------------------
Presencia: Los Vampiros son, a menudo, extremadamente encantadores, hasta límites sobrenaturales. Esta es la disciplina que les permite conseguirlo. Protean: Es la habilidad Vampírica de la transformación. Lobo, murciélago, niebla, el Vampiro puede adoptar muchas formas. Dominación:
La tan típica habilidad de los Vampiros de mirar a los ojos...
y conseguir que la victima haga lo que éste desee.
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