Clasificación: NC-17
Pareja(s): Dominic y Luciano..... Marcel/Krone
Disclaimer: Los integrantes de la familia Nightcastel y los Preton-Savage son propiedad de Axon Corvus, que escribe sobre ellos en La Casta Nocturna, quien amablemente me los ha conferido en un acto de confianza, buena voluntar y gran afecto a esta Hiladora de historias. El resto de los personajes son de mi propiedad. Ocasionalmente algunas situaciones y personajes rozan con el mundo de HP de JK Rowling, lo cual no me reporta ningún beneficio por ser puro entretenimiento.

Avisos: Slash, relaciones h/h.

14. Cacerías de licántropos II

 

La Toscana de pronto se vio invadida por una gran actividad matinal propia de la época de la cosecha, donde el verano había hecho madurar las vides y los olivos, así como la gran cantidad de fruta que atiborraba los árboles.

Luciano despertó temprano, mucho antes de que su lobito se levantara, cuando apenas la luz del día entraba por las ventanas. Rasgaba el papel con el carboncillo con trazos rápidos y firmes, buscando capturar ese momento en que Dominic se apretujaba entre las almohadas y la sábana apenas le cubría la cadera, revelando un poco mas allá del pudor, mientras sus largas piernas se encontraban entrelazas y luego súbitamente giraron hasta poner el cuerpo completo de joven boca arriba y su brazo buscaba el otro cuerpo de quien debía estar junto a su lado.

-¡¿Luca?!...-musitó buscando a su Alfa.
-Aquí, amore...-le respondió Luciano, arrojando el cuadernillo, donde había bosquejado un par de dibujos de su lobito y del cual disfrutaba capturar casi siempre en su lecho, satisfecho, repleto y feliz.
-Otra vez con eso...-rezongó Dominic, refiriéndose a los dibujos...-Ya tienes varios.
-No me canso te dibujarte así, con esa paz en la cara, con tu cuerpo relajado y tranquilo...-sus dedos llegan a sus rodillas y de ahí subieron lentamente a su entrepierna, mientras el joven lobo arqueó levemente las caderas al sentir el contacto directo sobre su piel.

-Haciendo eso, no sé como esperas que esté relajado...-levantó un poco su cuerpo para atrapar el de Luciano y pegarlo a su cuerpo desnudo, donde ya unas manos tibias acariciaban febriles, mientras el lobito lamía el cuello de su Alfa sin prisa.
-Te voy a relajar...-le pronosticó Luciano, y sus manos circunvalaron su cadera para posesionarse de sus cuartos traseros, jalándolos hacia él y haciendo el contacto más cercano, acariciando y estimulándole, mientras sus dedos jugaban entre la tersura de su piel y los pliegues de sus testes, al tiempo que un dedo se introdujo sin tardanza, haciendo gemir a Dominic, por la intromisión y por el descaro con el cual su tetillas eran lamidas. El lobito curvó por completo el cuerpo y con ello Luca logró asirlo para evitar que rodara mientras se iba abriendo camino con otro par de dedos.

Siempre parecía la primera vez, donde un estrecho Dominic ofrecía algo de resistencia, sus mejilla se ruborizaban y un olor intenso se impregnaba en su piel, lo que hacia que Luca perdiera toda noción del tiempo, solo interesado en ser cuidadoso, atento y lograr que su compañero cediera completamente cuando abría sus piernas para acomodarse entre ellas primero y luego subir sus caderas en cierto ángulo para lograr acoplarse. El primer gemido que Dominic expresaba en el embiste, a Luca le gustaba ahogarlo en su boca, disfrutando ir deslizándose sin prisa hasta que era completamente aceptado y luego salía para arremeter de nuevo con mas ahínco. Con ello lograba que el lobito gritara y que se sujetara de sus brazos, pegando su cara a su pecho, de donde luego atrapaba su boca para devorarle los besos entrecortados y hambrientos con los cuales ambos se entregaban sin reservan, abriendo sus mentes, entrelazándose y acicalándose el alma como el cuerpo.

Dominic logró rodar sobre el cuerpo de Luca y ponerse encima suyo, aun con su miembro dentro y del cual disfrutaba en rápidos movimientos, arqueando su espalda, mientras su Alfa lo sostenía de las caderas y las elevaba en acompasados movimientos, mientras atrapaba el otro miembro, para darle un continuo y apretado agarre, que se volvieron urgentes, hasta que el cuerpo de Dominic se dejo caer exhausto cuando se descargó en su vientre, mientras sentía el torrente tibio en sus entrañas. Los besos fueron el postre dulce, que en pequeños bocaditos ambos terminaron de disfrutar esa entrega completa entre ambos.

Andrea miraba parte de la escena de los amantes desde la puerta ligeramente entreabierta, sorprendido un poco de la hora, de que no estuviera cerrada y que en realidad aquellos dos fueran amantes en verdad. Había visto cuando Luciano llegó a la Villa y la forma en que trató a Dominic, los mimos y cariños con los cuales ambos se prodigaban en la mesa a la hora de la cena y que su relación no causara ningún aspaviento ni en Marcel ni el Jacob, como si fuera natural ver a dos hombres tomados de la mano, prodigarse caricias. No había burlas ni reproches, simplemente eran aceptados y eso era lo que mas sorprendía y emocionaba a Andrea. No sabia que Providencia le había hecho llegar a esa Villa ni entendía el por que de las atenciones que recibía de esos nobles señores, pero se sentía tranquilo, reconfortado y sobre todo feliz. De momento, todo parecía estar bien.

La puerta súbitamente se cerró casi en su cara y la voz en el pasillo le hizo sobresaltar.

-¿No te han dejado dormir?...-preguntó Jacob quien se encontraba enfrente suyo y a quien le llegaba un poco arriba de los hombros, pero por su imponente físico, se sentía a su lado como una sardina flacucha y desabrida.
-Noo, si...yo...-balbuceó al ser pillado en ese lugar.
-Ese par con frecuencia deja la puerta abierta. No les haga caso...-el Guardián pasó a un lado suyo y empezó a caminar...-¿no vienes? Baja a desayunar.

La sonrisa en la carita de Andrea era para inmortalizarse y puso sus manos dentro de su pantalón y le siguió detrás suyo, sin importunarle, admirando además, el resto del cuerpo y la forma tan sinuosa y decidida que tenia para moverse el Guardián. Eso le quitó el aliento.

-Ya están aquí...-les recibió Marcel, mientras dejaba a un lado el periódico y tanto Jacob como el joven Andrea se sentaban en la mesa...-¿Cómo te sientes?...-le preguntó al joven invitado en la casa.
-Mejor. Aún no sé, cuanto tiempo voy a estar aquí...-tanteó el chico, mientras sus ojos azulados miraban a Jacob, pero éste estaba entretenido con su plato.
-El tiempo que sea necesario para que te recuperes. Ya te he dicho que no hay ningún problema. Habías salido de vacaciones, ¿no es así?...-preguntó el Alfa.
-Si, mi tio politico era mi único pariente. Veníamos del colegio Montiori en Pissa...-dijo el joven.
-Veo que ya vas recordando un poco mas...- dijo Marcel...-nos alegrará tenerte aquí, hasta que te sientas mejor. Luego se verá lo demás.
-No quiero ser un estorbo.
-No lo serás, siempre hay cosas que hacer en la Villa, seguro encuentras algo, en que entretenerte. ¿Luca y Dominic?...-preguntó el Alfa al Guardián, quien hizo una mueca para no responder con la boca llena y lo hizo hasta que tomó café.
-En su cuarto. Sí Dominic no baja en media hora, lo sacare de ahí a rastras...quedo de entrenarse.
-Lo ha hecho todos estos días, que estuvieron fuera. ¡Por cierto, ahí bajan! ...-le indicó Marcel al Guardián hacia las escalera, donde ambos lobos bajan tomados de la mano...-¿No ibas mantenerle la ley del hielo a Luciano?...-preguntó el Alfa, a Dominic a verlos tan unidos como siempre.

Luciano puso cara de circunstancia y miraba como Dominic empezaba a servirse el desayuno luego de saludar.

-Si, la mantuve todo el tiempo posible.
-Quince segundos después de que lo viste bajar de la camioneta...-le interpeló Jacob.
-El suficiente, para que entendiera que estaba molesto...-rezongó Dominic y le sacó la lengua al Guardián, que rodó los ojos y se encontró con la mirada serena de Andrea que le veía fascinado, pero al notarse pillado la bajó al plato.

-Hagan el favor de no instigar a Dominic en mi contra...-interpeló Luciano, mientras también se servia de desayunar.
-Son el uno para el otro...-Jacob continuó con su café...-Cuando termines Dominic, te espero en el salón de tiro...-se inclinó ante Marcel solicitando levantarse y luego se retiró.
-¿Puedo...entrenarme junto con Dominic?...-preguntó de pronto Andrea, haciendo que el resto de los ojos volvieran a verle.
-Si, supongo que te servirá...-dijo el Alfa, al no encontrar ningún reproche por parte de Luciano.

Jacob se encontró entonces con dos jóvenes a quienes entrenar en los próximos días y con quienes no tuvo ningún reparo en hacer sudar hasta terminar ambos boca arriba tirados en la lona, esperando que eso ayudara un poco a sus músculos. Dominic fue quien se reponía más rápido y le daba un golpe en la espalda a su compañero Andrea para que le siguiera el paso. Pero la mejor parte la disfrutaba el joven invitado, cuando Jacob se encargaba personalmente de explicarle el armado y manejo de las armas. En particular se interesó en una escuadra, similar a la que Jacob usaba y siempre traía al cinto.

La primera ocasión que le tocó disparar, Andrea se sintió desfallecer al tener a Jacob detrás de él sosteniendo su brazo y pegando su cuerpo levemente, lo suficiente para que percibiera el olor de su cuerpo y notase el recio de sus brazos.

-¡Presta atención, Andrea!...-le recriminó al ver que el joven tenia una expresión boba y ensoñadora en su faz...-si no tienes cuidado, el arma te hará un corte en la mano...-le instaba a mantener el cuidado en lo que hacía...-Sí no te interesan las armas...
-Si. Si me interesas, disculpa...-volvió a poner su vista en el blanco, en tanto cortaba cartucho y buscaba tranquilizarse, mientras sentía la mano de Jacob en la suya, y su brazo rodeándole...-mira al blanco, tómate tu tiempo, y descarga...-el joven Andrea se concentró en sus palabras y sintió el pequeño tirón del arma sobre su cuerpo, que golpeó trastabillo un poco contra el del Jacob, quien le sostuvo...-de nuevo, ahora mantén tu centro de gravedad, no debe moverte...-seguía con las indicaciones el Guardián.

Luciano miraba la escena, unos pasos atrás, sentado en las escalerillas y reparó en la presencia de Marcel, quien se sentaba a su lado.

-¿Cuándo vas a decírselo?...-le indagó el lobo de ojos violetas al Alfa, refiriéndose a la próxima transformación de Andrea.
-Pronto.
-Mientras más tarde en saberlo...
-Lo sé.
-Te has encariñado con él.
-Soy muy paternal, lo sabes...-le replicó Marcel...-me angustia como lo tomará y lo mucho que sufrirá en su primera transformación.
-Faltan pocos días. Es mejor que lo sepa pronto.

Marcel se levantó sin responder, preocupado en verdad de cómo el joven Andrea iba a responder al saber que estaba contagiado y que la próxima luna llena su cuerpo sufriría la primera y más dolorosa transformación. El Alfa conocía casos, donde las victimas, presas de sus miedos terminaban suicidándose para evitar convertirse en animales sin control que no reconocían ni a sus familiares que podían convertirse en peligro para cualquiera. Le emocionaba ver lo bien que Dominic y él jovencito se llevaban, los buenos amigos que podían llegar a ser, así como lo juguetón y desenfadado que era, disfrutando los paseos por la Villa, ayudando en la cosecha, deleitándose con la tierra en los pies y la cara. Era un jovencito hermoso, lleno de vida y que la transmitía sin prejuicios.

Encontrar el momento para decirle que se convertiría en una bestia sin control, era algo para lo cual estaba postergando los días, pero las noches llegarían sin tregua.

Tenía cerca de una semana de no ver a Krone y le extrañaba además. Salvo algunas cortas llamadas, donde le platicaba algunas de las cosas que hacia, poco sabía en verdad de las actividades del Vampiro de ojos carmesí. Y era verdad que aún conservaba el aroma de su cuerpo en sus almohadas y maldecía por esa habilidad lupina de tener el olfato tan bien desarrollado. Espero a que la noche llegara y que Krone se comunicara, pero al no hacerlo, casi a la media noche, se decidió a llamar al otro Tremere que conocía y que seguramente estaría en la península.

-Soy Marcel Gucci, busco al Signore Carlomonti...-inició el lobo de ojos grises, esperando que la llamada no fuera inoportuna y que realmente pudieran comunicarse. Tardaron unos minutos y la voz modulada del romano, la reconoció rápidamente.

-Habla Sebastián Carlomonti, ¿En que puedo servirle Signore Gucci?...-su voz era respetuosa, reconociendo al amigo del que ahora sabia era el nuevo Sire de su Clan.
-Busco información, he escuchado que existe una poción para lobos.
-Si, la “Wolfsbane”, “La Matalobos”, así la conocemos, ayuda en la transformación de lobos infectados.
-¿Cómo actúa?...-preguntó el Alfa, esperanzado.
-Mitiga los efectos de la transformación, no la evita. El humano mantiene más control del lobo, reduciendo sus ataques agresivos.
-¿Qué tan difícil es conseguirla?
-Cualquier mago, que tenga habilidad en preparar pociones y tenga los ingredientes puede prepararla. ¿Requiere que le envié un poco?...-preguntó el vampiro romano al notar la incertidumbre del licántropo.
-Si. Tengo un infectado, es un jovencito.
-Lo entiendo. La enviaré con mi Guardián, así como las indicaciones de uso. ¿Requiere de algo más, Signore?

Marcel negó el ofrecimiento, se ofreció a pagar por el servicio, pero Carlomonti no aceptó retribución monetaria.

Obviamente comunicarse con otro Vampiro Hechicero era algo que le ponía nervioso, mas por que sabia que sus cachorros no eran partidarios de tales prácticas, que incluyera las pociones y otras artes. Pero el vampiro que se enteró a la brevedad fue Krone, quien le habló antes de despuntar el alba.

-Toscano.
-Burgués...-le respondió con el sueño atravesado entre la pecho y la espalda, pues la temporada de cosecha estaba encima y las horas de sueño eran pocas, pero aun así, abrió los ojos y su mente completamente, buscando mantener el mayor contacto.

-Te extraño, Marcel.
-No debe ser tanto, tengo una semana sin verte...-no era recriminación, pero si una forma de decirle que contaba los días.
-He tenido trabajo. Recién vuelvo de Japón.
-Vaya, espero que me hallas traído postales.
-Sé que dije que iría a la brevedad...-entendió el reproche pero igualmente estaba ansioso por tenerle en sus brazos.
-Si, recuerdo que algo así me dijiste.
-¡No pretendas hacerme enojar, Marcel!
-¡No me tengas esperándote, como casta doncella!...-le reviró el toscano.
-En realidad...he estado ocupado y busco el tiempo para ir a verte. No te molestes conmigo y tampoco...-casi susurraba por el aparato electrónico...-tampoco creas que te olvido o no te necesito, Marcel.

El lobo de ojos grises respiró hondamente...-no estoy molestó, solo ansioso. ¿Estás bien?
-Ahora que te escuchó, menos molesto, si.
-Tengo mucho trabajo en la Villa, lo siento.
-Supe que llamaste a Carlomonti...-le soltó de pronto.
-Si, ocupaba asesoría...“mágica” y era el único Tremere disponible, en la península...-recalcó...-Ya veo que no es de los que se guarda la información.
-Le pedí a Carlomonti que estuviera al pendiente de cualquier asunto en la Villa y que se pusiera en contacto conmigo por cualquier incidente. Por eso me llamó.
-Bien, es bueno saber que me tienes vigilado y con eso te basta.
-Dame unos días, estaré contigo muy pronto...-insistió Krone.
-Que esos días no se hagan semanas...-rezongó Marcel, cerrando la llamada, luego de enviarle un beso breve y puso la cabeza en la almohada para seguir durmiendo lo que restaba de la madrugada, pero obviamente le fue imposible.

Krone tampoco pudo dormir, caminaba de un lado a otro. No mentía cuando decía que había ido a Japón y lo había hecho para acompañar a Viktor Arkain quien tenia una proposición para el Jefe de la Casa Yamato, con la cual pretendía unir la Casa Arkain en matrimonio, logrando con eso evitar la unión de la mas importante Casa asiática Ventrue con la Casa bretona, Nightcastel.

Yamato recibió a Viktor Arkain con bastante cautela, era un Tremere al cual conocía por haberse entrenado en su Casa por años, le reconocía sus habilidades y fueron además las credenciales de Regnalus Mediash, las que le terminaron de abrir las puertas, para permitirle hacer su petición personalmente y no dejarle solo un sobre laqueado y languidecer la respuesta. Víctor mantuvo el aire solemne y la paciencia de una pantera al acecho, mientras Yamato tomaba el sobre con gran lentitud y con una fina navaja de empuñadura de jade rasgaba el sobre. El contenido de la propuesta, hizo subirle los colores al vampiro oriental, quien estrujó el pliego de papel y miró a Víktor con aire de prepotencia y superioridad, con la cual siempre se había distinguido y que en esta ocasión se sentía con el derecho total de manifestarlo, arrojando el pliego de papel a la llama de una de las lámparas que adornaban su salón.

-¿Crees que por haberte entrenado en mi Casa te has igualado a nosotros, Tremere?...- le destazó el Sensei con arrogancia.

La mirada de Víctor también se inflamó, primero por el oprobio recibido por el gesto y luego por los improperios que Yamato empezó hacerle en japonés, en un perfecto Inglés y en el idioma natal de Viktor; y no sólo contra el vampiro, también se extendió sobre el linaje Tremere, hasta arremeter contra los Pretones mismos, pero lo que terminó de enfurecer a Víctor y recurrir hasta el más ínfimo gramo de autocontrol que poseía el sensato Vampiro, fue cuando el nombre del Sire Mediash salió a colación.

-Sensei...-se inclinó Viktor, que mentalmente se había preparado para algunos insultos en caso de que su ofrecimiento no fuera aceptado, pero no que su Sire fuera incluido, controlándose a duras penas, recordando que la Casa Yamato ha sido parte de su formación y recurriendo a lo aprendido en ella…-Me he ganado el derecho de la igualdad entre los tuyos, y el respeto de tus guerreros, mi cuna y mi sangre son tan válidas como cualquiera de los presentes en tu Dojo y...
-...creíste que eso era suficiente para aspirar a más...- le detuvo el japonés…-No te confundas Tremene, lo que has logrado es denigrar mi Casa con tu sola insinuación.
-...soy tan digno...
-No eres más que un Tremere trepador, que con tus malas artes te quedaste con el titulo de los Pretones.
-¡Obtuve en buena lid la Casa Preton-Savage!
-Díselo a los Savages. Como sea. Tu proposición es indecorosa y no es aceptada…-el orgulloso Vampiro hace un ademán hacia la joven que tiene a unos pasos, sentada solo un poco más atrás de su silla…-Mi hija es una Ventrue y ya se encuentra prometida con otro Ventrue cuya cuna se equipara a la nuestra, casarla contigo solo la deshonraría...
-Soy tan digno como cualquiera de solicitar la mano de tu hija...-aun en ese momento, Víctor guardaba la mesura en sus palabras, contemplando a la joven, que de igual manera lo observaba a él…-Tú hija puede apreciar con sus propios ojos la calidad del pretendiente que se presenta ante ella, y compararlo con el mequetrefe al que piensas encadenarla, puedo satisfacerla mucho más que cualquier otro Ventrue que tengas en mente.

Un joven lobo se salió de la formación que estaba detrás de los señores Yamato, y se fue directamente en contra de Viktor, desenvainando su espada. De cabellos castaños y desgarbado porte, la agilidad del Licántropo apenas le dejó tiempo al Vampiro Preton, para sacar su ballesta y levantarla hacia el pecho lobuno.

-No te atrevas a insultar a mi señora, inmundo...- demandó el osado lobezno.
-¡¡¡Brandon...!!!...-se escuchó detrás de ellos el llamado femenino. La joven se había levantado y avanzado unos pasos, aunque la voz era de total potestad y dominio, Viktor no dejó de captarle cierto temor muy solapado en ella, mientras levantaba un dedo y le mostraba al lobo el lugar que había abandonado…-Regresa a tu puesto...- y por una rendija el vampiro Tremere capturó una zozobra al ver que el hombre lobo no se movía. “Obedéceme, Gris” demandó el subconsciente de ella, directo a la mente del joven, pero tan abierto que siguió de largo hasta alcanzar la mente de Viktor.

-Obedece a tu ama, “Gris”..- le soltó Viktor, en son de burla.

El lobezno se plegó, no sin dejar de mirar al Vampiro, solo se volteó un momento ante su Amo y le hizo una reverencia.

-Shitsurei shimasu, Sensei (Discúlpeme, mi maestro).

El señor Yamato lo contempló por el rabillo de su ojo pasar a su lado, con algo de orgullo por el desplante y cuando su hija ocupó tranquilamente su silla, volvió a hablar, no había quitado completamente su mirada de Viktor.

-Mi hija es demasiado valiosa para confinarla a un Tremere, no mereces ni mirarla y menos de ponerle una mano encima. Tus asuntos conmigo han terminado. Dile a tu Sire que los Yamato no están dispuestos a unirse a los Tremere, y que primero debe subir de categoría antes de tan solo pensar el algún trato que mezcle nuestras sangres. Quedas dispensado y retírate de nuestra presencia. Contaminas nuestro aire.

Víktor no espero más insultos y solo por el recuerdo de aquella Casa que le enseñará parte de sus artes, se inclinó en señal de respeto, pero no ante el jefe de la Casa Yamato. Ante él, nunca mas.

Obviamente, que cuando llegó frente a Krone, todo el coraje, frustración y malestar salió de su boca como un tapón de sidra, maldiciendo a Yamato, a los Nightcastel y si no fuera por la mirada seria que Krone le dirigió, hubiera arrasado en improperios contra su mismo Sire por haberlo arrastrado a esa posición.

-¡Claro, “en lo que me viera, arrojaría al resto de los pretendientes al bote de la basura”!....-rezongaba de un lado a otro, mientras Krone le dejo desfogarse cuanto quiso, mientras pensaba en que los acontecimientos se precipitaban vertiginosamente y que aquello suscitaría un enfrentamiento. Sin duda Nigthcastel había sido mas rápido en contactar a Yamato y que éste aceptara el ofrecimiento del bretón. Con los comentarios airados del Preton tan solo se sonrió.

-Buen trabajo Viktor...- te felicitó.

El Preton le puso una cara que es mejor no describirla y luego se intrigó al ver a Krone, ni molesto, ni siquiera preocupado.

-¿Son ideas mías o ya te esperabas esto?...- le preguntó.

La sonrisa en la cara de Krone se expandió y se volvió hacia Vasenforf, quien escuchaba con atención lo sucedió y fue lo suficientemente inteligente para no hacer ningún tipo de comentarios, esperando que ambos, tanto Krone como Víktor se tranquilizaran.

-Si no saliste de la presencia del Yamato comprometido, saliste con la afrenta que yo necesitaba para volver ante el Concejo y pedir que se lave la sanción que te han injuriado y resarcir el ultraje que han hecho los Ventrue a los Tremere.

Para el vampiro de ojos carmesí, no había vuelta de hoja, o convencía al Concilio del gran error que representaba aprobar una Ley a favor de la cacería de Licántropos o detenía directamente al Nightcastel de sus intenciones. Si su voz era desoída en el Concejo con el asunto de los Hombre lobo, todavía podía tomar las armas con la excusa de lo ocurrido con Víktor y su propuesta matrimonial, ningún Arcano podía reprochárselo, está defendiendo su Clan y a uno de los suyos.

Cuando corrió el cortinaje del dosel de su cama, el día estaba en pleno, extrañaba a Marcel y sentía un gran vació, por que la semana seria larga para irle a ver, pero era imprescindible su presencia enfrente de su Clan y de las propia agenda que se había marcado. Tendría que esperar para volver a ver al lobo de ojos grises y mechones de plata.

Amaneció en la Toscana y Andrea pasó gran parte de la mañana con Dominic entrenando y cuando terminó, después de bañarse, corrió rumbo al cuarto de computadoras, donde Jacob tenia su vista pegada en la pantalla de la laptop, buscando cotejar unas pesquisas.

-¿Puedo?...-tocó con los nudillos la puerta y el Guardián le indicó que entrara. Desde que el joven le había dicho que sabia utilizar varios sistemas operativos entre ellos Linux, Jacob le había encontrado una ocupación al jovencito, poniéndolo a revisar algunos archivos y actualizar cuentas. Nada del otro mundo, pero que consumían tiempo y que en ocasiones el Guardián no lo tenia, así que Andrea le quedaba bien, mientras le enseñaba algunas cosas y el joven compilaba el resto.

Para el jovencito con ojos aguamarina, era más tiempo que podía pasar con su recién enamoramiento. Admiraba a Jacob, por mostrarse siempre fuerte, decidido, concentrado en su trabajo; ese temple era algo que le gustaba en verdad. Sus ojos naranja, los encontraba particularmente bellos y no podía dejar de verle arrobado por sus habilidades, pero lo que mas le encantaba era su nítido y viril olor, que últimamente sentía que se acrecentaba o que era posible distinguirlo con facilidad, aun en medio de otros en la Villa.

-Anoche escuché lobos...-dijo de pronto Andrea, para hacer plática...-parece que andaban cerca de los muros.
-Es posible...-el Guardián mantuvo su vista en el monitor, sin inmutarse.
-¿Los has visto...a los lobos?
-¿Les temes?...-el Guardián levantó los ojos para ver al jovencito, pero éste no le sostuvo la mirada.
-Como todos, creo que si...-dijo de pronto.

Jacob iba a responder, pero un sonido en su celular, le hizo levantarse y salir, dejando a Andrea terminar el trabajo. El Guardián era informado que una camioneta todo terreno con las credenciales de los Carlomonti entraba a la Villa y se dispuso a recibirles.

Un lobo de ojos aceitunados, cabello castaño oscuro, y con la apariencia misma de un legionario se presentó en las escalinatas de la Casa.

-Soy Antón Salvatore, Guardián personal del Signore Carlomonti. Me ha enviado a entregarle personalmente un encargo al Signore Gucci.
-Requiero revisarlo antes, de entrar a la Casa...-le gruñó el lobo Guardián de la Villa, quien anteriormente no le había visto.
-Claro.
-¿Exactamente que es esto? ...-dijo el Guardián al ver que era solo una botella y algunos sacos con hierbas.
-Lo que solicitó el Signore Gucci.

A Jacob le costó trabajo entender por que Marcel había solicitado una poción, pero tuvo que tragarse las preguntas, dejando entrar al Guardián romano hasta el despacho del lobo Alfa y éste le pedía esperar a afuera. Rezongó algo por lo bajo, pero aun así, Marcel no se inmutó. Salvatore le explicó con detalles el uso de la poción y las medidas que aún debían tener para contener al lobo infectado.

-Conozco las precauciones para contener a un lobo...-le respondió Marcel con calma ante las explicaciones.
-Lo supongo, solo estoy repitiendo las indicaciones...-dijo pausadamente bajando la vista ante aquel que reconocía como el Alfa de la Villa y de quien la autoridad emanaba sin casi exigirla.
-Vas a darle a tu señor, un vino de mi reserva, que anhelo sea de su agrado y que espero retribuya el favor que me ha prestado. Y no oses negarte. Sí no es para él, será para sus invitados...-le sonrió el Alfa y Salvatore inclinó la cabeza aceptado.

Ambos salieron al pasillo y ahí indicó a varios de la servidumbre que cargaran el vino en el auto del lobo romano. Los gritos en el pasillo por parte de Andrea hicieron voltear a los tres lobos mayores.

-Disculpen..., buenas tardes busco a Dominic, ¿le han visto?...-preguntó a sus superiores y por cortesía se medio inclinó ante el lobo desconocido, sin apartar los ojos del Guardián de la Villa.
-En el salón principal, con Luca...-le indicó Jacob, azuzándolo para que se moviera y no se quedará a escuchar conversaciones de mayores, mientras él mismo se encargaría de ver como iba el embarque para el lobo romano. Simplemente detestaba el olor de otro lobo macho ajeno en la Villa y quería que saliera lo más rápido posible del perímetro.

Salvatore siguió los movimientos de Andrea, fascinado por el ovalo perfecto de su cara y la gema que eran sus ojos, como el pliegue de su boca y el rosado de sus mejillas, que eran un vivo cuadro renacentista. Hasta los mechones de sus cabellos al desorden le parecieron hermosos.

-¿Es...el joven infectado?...-preguntó en voz alta Salvatore, sin poder evitar ser escuchado.
-Si, se llama Andrea Guisseppe. Es un estudiante de Pissa.
-¿Le dará asilo en su manada?...-se atrevió de nuevo a preguntar, interesado en el destino del joven.
-Claro que si. Todo el tiempo que sea necesario...-comentó Marcel, sin prisa, intrigado un poco en el interés del Guardián...-Es un gran joven y no tiene por que sufrir más allá de lo que ya ha pasado.
-De necesitar cualquier cosa, estoy a su servicio Signore.
-Mis respetos a tu Señor...-le ofreció la mano Marcel...-e igualmente eres bienvenido tú también, cuando lo desees, Salvatore.

El Guardián romano asintió y se inclinó respetuosamente al Alfa de la Villa, quien se sorprendió un poco, pero agradeció el gesto. Le indicaron que la camioneta estaba cargada y se despidió de los lobos de la Villa, buscando con los ojos a Andrea, pero no le vio hasta antes de salir de los linderos de la propiedad, cuando el joven iba cabalgando y los mechones de sus cabellos jugaban al aire. El joven vio la camioneta irse y por inercia levantó una mano para despedirle y Salvatore no pudo menos que sonreír fascinado por ese jovencito que le había robado el aire.

-“Un lobo, pronto será un lobo.”...-se dijo y se prometió que haría lo posible por volver de nuevo la Villa de los Gucci.

Marcel miraba el contenido del estuche que le habían traído desde Roma y aunque ahora tenia una poción para mitigar la transformación, la angustia aún no le desaparecía de su cara, por que no se sentía con el coraje suficiente para decírselo a Andrea. Pero no podría esperar demasiado, al día siguiente seria luna llena. Empezó a llover y el ruido del agua golpeando las losetas le pareció gratificante, hasta que escuchó los truenos en la lejanía. Odiaba los truenos, desde que era un lobezno y se acurrucaba junto a Raphaelo, su hermano, para dormir. Deseó que Krone estuviera en la Villa y arroparse en su pecho y dormir, pero eso no era posible. Hablaría con Andrea a primera hora, no lo postergaría más, se dijo y se fue a la cama.

Fue una noche de tormenta, ruidosa y que en momentos iluminaba los pasillos de la Villa. Al tercer trueno, Andrea dejó las sábanas, tomó su almohada y salió al pasillo, temeroso y casi con el sudor perlándole la frente. Tenía tanto temor a los truenos y las figuras que se formaban cuando iluminaban las paredes, que no sabía si la oscuridad era más abrigadora. Mordió la almohada y se movió con sigilo hasta la única puerta que deseaba cruzar. Para su buena suerte la puerta estaba abierta y entró lentamente, tiritando de frió, empapado en su propio sudor y con la almohada como defensa.

La luz del pasillo colándose por la puerta, el olor de otro cuerpo en la habitación, el sonido entrecortado de la respiración de Andrea y la habilidad de ver en la oscuridad sin problemas, hicieron que Jacob perfilara la silueta del jovencito entrar a su cuarto, por lo que guardó el cuchillo que generalmente se encontraba debajo de su almohada y no le gritó por que escuchó el castañeo de sus dientes, así que espero a ver que pretendía hacer en su cuarto.

El jovencito se sentó en la cama con mucho cuidado y apretaba la almohada, buscando ubicarse en la oscuridad.

-¿Qué haces ahí?...-le preguntó por fin el Guardián, cansado un poco de oír el tintineo de los dientes y como se mecía apretando la almohada.
-Ahhhh, nada...-respondió el joven casi dando un brinco.
-¡Como que nada! Estás a tres habitaciones de la tuya, con la almohada en los brazos y descalzo.
-¿Puedo dormir en tu cama?
-¿Queeeeé?...-fue lo único que Jacob logró articular, medio levantando su cuerpo.
-¡No te molestare, le tengo miedo a los truenos! Dominic está con Luciano y...ahhhhhh...-nuevos truenos y el joven se sujeta las sienes. Su mente se aferra a los buenos momentos, para no derrumbarse.
-Ven aquí...-Jacob le tomó de un brazo, tocó su frente, no tiene fiebre, pero estaba sudando, por lo que es mejor que duerma un poco, ante de que se colapse.

La respiración de Andrea, agitada y confusa, logró amainarse al entrar a esa gran cama. Su olfato, cada vez más sensible, detectó al Guardián y sus pensamientos se tranquilizan, sintiéndose protegido y a salvo. Junto a Jacob nada le sucederá.

En unos minutos se calmó y abrió sus ojos en la oscuridad, para perfilar la distancia del cuerpo de Jacob, del cual sintió su calor y al sonido de un nuevo trueno se abrazó a ese tibio y oloroso cuerpo, que inicialmente se sorprendió, luego le rechazó lentamente.

-¿Qué te sucede? ¿Te sientes mal? Quizás debamos ir a buscar al médico...-se intentó levantar el lobo de ojos ocres, pero el cuerpo de Andrea se lo impidió.
-Estoy bien, en verdad. Solo asustado...déjame estar a tu lado...-le sollozó.

Los truenos han sido el detonante para que la mente de Andrea se libere y escenas cortadas, violentas, rápidas y sin sentido pasan por sus ojos, causándole pavor por creerse participe en ellas, mas que espectador. Jacob percibió todo el miedo y la forma en la cual algunas escenas pasan por los ojos del jovencito atormentándole. Como alguna vez lo hiciera con Luca, cuando eran lobeznos y que aquel corría a su lecho, para apretujarse temeroso de la oscuridad, recién murieran sus padres, Jacob no puede menos que dejarse abrazar por este singular jovencito y terminar consolándole.

-Cálmate, es solo un poco de lluvia, pasará pronto.
-¡Hay lobos afuera!, ¿no los escuchas?...-le gimió el jovencito, pegado a su cuerpo, pegando su cara a su pecho desnudo.
-No. No hay lobos afuera, están adentro...-tomó su carita entre sus manos y cuando fue iluminada, Andrea vio el intenso brillo naranja de los ojos de Jacob y se asustó, pero no puede dejar de apretarse a su cuerpo, sin dejarle de verle, ni temblar.
-¿Qué eres?...-le suplicó el jovencito.
-Soy un lobo, todos aquí somos lobos, vestidos en pieles humanas, para confundirnos entre ustedes.
-¿Eres...como los otros? ¿Los que nos atacaron?...-gimió, incapaz de rebelarse, ni de huir, menos cuando él mismo ha entrado a su lecho, casi ofreciéndose a ser consumido.
-No. Quienes te han infectado...-susurró Jacob, tocando la casi imperceptible herida en su cuello...-lo hicieron por crueldad, para sumirte en la desesperación, por que te envidiaba, seguramente.

Andrea hundió su cara en el pecho del Guardián, incapaz de huir, seducido por el aroma que emanaba, resignado a su destino y con todas las imágenes de su ataque pasando lentamente frente a sus ojos, como un vieja película sin color, donde la sangre que mana por su cuello, es el único tinte que mancha el celuloide. No puede rebelarse más, se sabe herido, contagiado y seguramente su destino será ruin y doloroso, convertido en un paria que buscara vengarse de quienes le han marcado y le han robado su humanidad.

Pero aun así, se entregó sin reservas, ante ese lobo que lo sostenía en sus brazos, mientras su verdad ha sido revelada. Besó el pecho de Jacob, buscando expiar en esa entrega, el dolor del que ahora su alma le corroe, mientras una par de lágrimas mojaban sus mejillas.

Fue entonces que Jacob terminó por separarse del cuerpo de Andrea. Los deseos del joven fueron entonces palpables y se recriminó por no haberse dado cuenta antes del interés que había suscitado.

-NO. No hagas eso...-le sostiene por los hombros, y miró la carita sorprendida y confundida de joven.
-¿No te gustó? ¿Tan patético soy, que no te gustó nada? Tú eres hermoso, eres...

Jacob cubrió suavemente la boca de Andrea con sus dedos.

-Te has confundido conmigo, jovencito.
-¿No te gusto?...-le repitió de nuevo.
-Eres hermoso, Andrea. Pero lo que quieres darme no lo merezco, no soy digno de tenerlo, no lo apreciaría. Mis gustos son...otros. Habrá alguien más, que aprecie y valore tu entrega.
-Déjame...déjame quedarme a tu lado. Dormir contigo. No te molestaré...-le lloró sin poderse contener, incapaz de pelear, ni de huir, vencido por ese lobo que quien se sentido seducido, pero que no puede consumarle.

Jacob le acomodó de nuevo en su lecho, cubriéndole con las sábanas y poniendo una almohada entre ellos.

-Duerme...-acarició su cabello.
-¿Temes que te moleste?...-le dice el joven al ver la almohada en medio de ellos.
-Temo no comportarme como debo. Yo soy heterosexual, pero no soy de palo y eres mucha tentación en la cama. Así que duérmete, ya.

Andrea sonrió por aquel halago, respiró hondamente y cuando los truenos se fueron, él ya estaba dormido completamente, aunque eso no impidió que rodará mas tarde y que sorteará la almohada, cruzando sus piernas por encima de las de Jacob, y terminar enredado entre sábanas, almohada, piernas y cobertores.

La primera luz de la mañana, hizo que el Guardián abriera los ojos de súbito y la mirada severa de Marcel fue lo primero que enfocó, luego de notar el cuerpo de Andrea completamente encima de él.

-No es lo que parece...-fue lo primero que alcanzó a balbucear.
-¡Sal de ahí, inmediatamente! En mi despacho...a la brevedad...-el Alfa le gruñó, luego salió dando un tremendo portazo, con lo cual el joven Andrea se despertó.
-Levántate, vea tu cuarto...-le rezongó Jacob, terminando de ponerse el pantalón y una camiseta, sin calzarse los zapatos.

Marcel se paseaba como lobo enfurecido por el despacho. Preocupado por Andrea, había ido a buscarle a su cuarto temprano y lo que menos esperaba era verle enredado de piernas con Jacob. Mucho menos la víspera de la luna llena.

-Antes de que me grites algo...-empezó Jacob al entrar la puerta y cerrarla...-no ha pasado nada...de lo que parece.
-Explícame entonces, ¿Qué hace ese jovencito en tu cama y encima tuyo?
-Creí que me conocías, Marcel. ¡NO me gustan los machos para llevármelos a la cama y muchos menos a un cachorro! Ha sido él quien anoche corrió a mi cuarto por los truenos...

Los ojos grises de Marcel se mantienen a la expectativa.

-...y seguro lo consolaste...-le dijo.
-No, al principio. Más bien le termine de asustar. Ya sabe que está infectado. Sí pensabas decírselo amablemente, ya no te di tiempo.

Marcel se sentó en el primer sillón que encontró...-¿Cómo lo tomó?
-Se aterrorizó, parece que su mente se liberó y terminó de recordar lo sucedido. Fui todo...lo amable que pude ser. Se terminó quedando a dormir en mi cama y...se mueve demasiado. No le falté al respeto. Nunca le...-se calló cuando vio que Marcel le indicaba guardar silencio.
-Discúlpame por haber dudado, Jacob.
-Es un hermoso joven, pero para mi...solo es un cachorrito indefenso.

La mano de Marcel en su hombro indicó que entendía plenamente.

-Vamos a desayunar. Es un día importante y la noche será larga.

La puerta se abrió sin preámbulos y un atribulado Andrea apareció en la puerta, casi chocando con ellos.

-¡No sucedió nada, Signore Gucci...en verdad...! Jacob no...
-Tranquilo, Andrea. Deja de preocuparte por eso...-Marcel le tomó del codo y le llevó por el pasillo hasta el comedor, mientras el jovencito miraba de vez en vez a Jacob.

-Vaya lluvia...-empezó Luca, mientras se sentaba en la mesa y se servia de comer, contemplando la facha del Guardián, al mozuelo de Andrea siendo llevado por Marcel y miró pícaramente a Dominic...-ves amore, la fruta esta madurando.
-¿Estás bien?...-preguntó el lobito al joven Andrea quien se sentó a un lado, con los colores encendidos en las mejillas...-¿Dormiste bien?
-Seguramente la lluvia lo despertó...-Luca miraba a Jacob...-pero seguro encontró un cama tibia donde dormir...-le guiñó el ojo a su Guardián, quien levantó los cubiertos al mismo tiempo que le hizo una señal obscena y volvió a enfocarse en su comida.
-¿Es ci-cierto que ustedes son lobos?...-le preguntó el mozuelo a Dominic, quien volteó a ver a Marcel y a Luca, antes de responder.
-Eso somos y tú serás uno en nuestra manada. No estarás solo...-le sonrió, Andrea devolvió el gesto y buscó llevarse algo de comida a la boca.

 

Aunque el día estaba bien iluminado, los olores de la tierra y la fruta se percibían en el aire, la angustia y sin embargo, la desazón era lo único que estaba en la mente de Andrea. Veía a las personas de la Villa y ante sus ojos no había diferencias, eran las mismas personas que amablemente le habían cuidado en esos días y los mismos con quien había compartido, techo y comida. Pero le decían que eran licántropos, y muy en el fondo el pensaba que lo eran y temía convertirse en uno. Se abrazó a si mismo y se sentó en la escalinata.

-Tienes miedo, puedo olerlo...-fue una afirmación y Jacob se sentó a su lado.
-Sie-siento si te causé problemas con Marcel...-le dijo mientras ponía su cara en sus rodillas.
-No te preocupes por eso.
-¿Cuándo sucederá? ¿Cuándo...?
-...¿te transformarás?...-tocó su cabeza...-en las lunas llenas, solo en esas noches.
-¿Ustedes también?
-No necesariamente. Nosotros somos lupinos, es nuestra naturaleza. Para nosotros la dualidad es una forma de protección, que asegura nuestra existencia. Tenemos consciencia de quien somos, aun cuando tomamos la forma humana. Para ustedes es diferente, se confunden, y la parte del lobo se desquicia, por sentirse atrapado.
-¿Dolerá?
-Si...-contestó llanamente, incapaz de mentirle...-las primeras ocasiones serán dolorosas y deberemos resguardarte y protegerte de ti mismo.
-¡Seré un peligro para los demás!
-Lo evitaremos...-le calmó el Guardián y atrajo su cuerpo al suyo, y el joven Andrea se abrazó a su pecho y lloró ahí.

Luca miraba la escena y le sorprendía el silencio en el cual Marcel se mantenía, mientras revisaba algo en su escritorio.

-¿Es prudente que sea Jacob, quien le instruya?
-Le tiene gran confianza, es él o Dominic.
-Me dijo Jacob que solicitaste algún brebaje a los magos romanos...-incurrió Luciano y esperó a que Marcel le respondiera, pero aquél seguía en los suyo...-tenerles tanta confianza a los hechiceros, no es bueno, lo sabes.
-No todos son iguales...-contestó Marcel, sin levantar la vista y seguía escribiendo.
-Carlomonti es un vampiro Tremere y romano, para variar.
-¿Por qué no buscas algo que hacer? Cuando estas ocioso, me pones de malas.
-Estoy cotejando unos informes sobre los Bersekers, ¿sabias que financian su causa, disfrazando sus entradas con casinos y manejos en la bolsa?
-No me sorprende. Lo que me intriga es que hacían en Italia; reclutar lobos pareciera no ser su estilo, no es común que se alejen tanto de su cede principal y reclutar lobos. Más con la presencia del líder, no me explico que andará haciendo por esta parte el mandamás en persona...
-De cacería quizás...-cotejaba Luciano, meneando un lapicero en la mesa, buscando que el Alfa le prestara atención.
-¿Por qué no vas a revisar que la bodega sur esté terminada de acondicionar?...-sugirió Marcel, era el lugar donde Andrea seria instalado esa noche.
-Ya lo hice. Revisé grilletes, puertas y el médico estará a primera hora para atenderle.
-Bien. ¿Qué has averiguado de Dominic?

Luca dejó el lapicero y se mantuvo en silencio.

-No sabe nada más lo que ya nos ha contado.
-¿Permitirás que hable con Krone?
-¡Insistes en eso!
-No tienes que dejarle solo con él, puedes acompáñalo.
-Con las artes que usa Mediash podría volverle a lastimar.
-¡Eso no lo sabes!
-¡Todo esto empezó, desde que le conoció! Desde que husmeó en su mente, sin autorización.

Marcel levantó las manos, dándose por colmado.

-Dejemos esto por la paz...-se concentró en sus papeles...-después de levantada la cosecha, tenemos trabajo que hacer. Debemos censar a las manadas libres en la región, ¿lo olvidaste? La familia quiere avances, tenemos que reportarnos y estamos menos cerca de atrapar a Duvon que antes.

Luca gruñó con la sola mención del nombre...-nos pediste volver, estábamos detrás de su pista.
-Las cosas deben planearse y no dividir a la manada con ataques sin sentido.
-Díselo a quienes estaban colgando de los pinchos en los congeladores de Duvon...-se levantó Luciano, azotando luego la puerta.

Marcel se frotó la sien y continuó, esperando la comida, donde no encontró a Andrea en el comedor.

-No se sentía con hambre y creí que era mejor que estuviera tranquilo, lo llevé a su cama...-le explicó el Guardián.

El Alfa de la manada, fue a buscar al mozuelo mas tarde, le encontró cabizbajo, apático y recostado sobre la cama. Le ofreció una taza para que bebiera su contenido.

-Aghhh, está amarga...-escupió Andrea, retirándola de sus labios, pero aun así Marcel insistió.
-Debes tomarla, te ayudará a tener consciencia, a no perder tu humanidad dentro del lobo que va emerger...-el chico se negó y el Alfa llamó a Jacob...-Has que se la tome- le pidió.
-Ven Andrea, bébelo...-Jacob rozó con sus dedos el liquido y los llevó a los labios del joven, quien se cimbró por el contacto...-quizás sabe amargo, pero todas la medicinas saben igual de mal, anda...-no se dejo amilanar por la carita que le hizo, ni los pucheros y hasta que no terminó todo el contenido de la taza, no dejo Jacob de insistirle.

-Bien, duerme un rato...-Marcel salió de la recámara y Jacob iba hacer lo mismo, pero la mano de Andrea se lo impidió, se le colgó del cuello y buscó los labios del Guardián, dejando el sabor amargo de la luperina en su boca.

-Te dije que sabia mal...-le hizo un pucherito y se abrazó a su cuerpo donde se quedó, sin que Jacob pudiera quitárselo de encima.

Fue él quien le llevó en brazos mas tarde hasta la bodega sur, cuando la tarde terminaba y le acomodó entre las mantas provistas en el escueto cuarto donde habían arreglado que pasaría la noche.

-¿No vas a irte, verdad? ¿No me dejaras solo?...-le murmuró Andrea, mientras le ponía los grilletes acojinados en los brazos.
-No. Voy a quedarme contigo...-le respondió Jacob, mientras una mueca parecida a una sonrisa, se esbozó por primera vez en la tarde, en la cara del mozuelo, que evidente ya empezaba a sufrir internamente.

No estaban solos, tanto Dominc, Luca y Marcel, se encontraban en la celda, mientras era preparado, retirándole la ropa y dejándole con lo mínimo. Dominic en particular le acariciaba el cabello, reconfortándole y dándole palabras de aliento, quizás recordando los dolores de su propia transformación, hacia años y lo mucho que sufrió en ella, así como las confusiones, los miedos y la gran incertidumbre de perder la humanidad.

Luca fue el primero en sentir la luna y jaló el brazo de Dominic para aferrarlo al suyo, e impedir algún sobresaltó y que el joven se angustiara mas.

-¿Estás seguro, Jacob?...-Marcel cuestionaba al Guardián por la decisión de permanecer en el cuarto, cuidando a Andrea en su transformación.
-Si. Revisé yo mismo las cadenas, no me alcanzará. Tengo somníferos, por si algo pasara...-afirmó con el mismo convencimiento que estaba siempre acostumbrado, impidiendo que los sentimientos le afloraran.

Andrea sintió a su lobo interno al primer llamado de la luna, golpeándole el pecho y entumeciéndole los sentidos por unos segundos para luego reverberarle en cada poro de su piel. El cráneo y la quijada le empezaron golpetear sobre la carne, empujando y jalando sin piedad. Las rodillas le llegaron al suelo y empezó a ensalivar sin control.

-Déjalo ser, no lo frenes. Te lastimará más, si niegas la naturaleza de lo que es. ¡Solo deja que suceda!...-oía que le gritaba Jacob en algún punto de la habitación que no ubicaba, por que su vista se había desenfocado y sus manos, no le obedecía. Luego, ni sus manos conservaba, mientras iban poco a poco cambiando a garras y su cuerpo envolviéndose en un pelaje que le cubría.

¿Cuánto duró el dolor? Eterno, le pareció, deseo gritar, pero ni su voz reconoció, aulló lastimeramente, replegado en el dolor más inmisericorde que recordara, peor que aquel con el que le infectaran. ¡Si tan solo le hubieran rebanado el cuello y evitarle ese dolor!

-Ya estás aquí, cachorro...-una voz conocida y la imagen que reconoció por aquellos hermosos ojos ocre. Pero aun así, le gruñó y le ladró cuando aquella mano intentó tocarle y tuvo que forcejear con ella, cuando le apretó la mandíbula impidiéndole abrirla y movió su cuerpo compulsivamente, pero no podía acertarle con sus brazos por que eran sujetados por las cadenas...-¡Cálmate, Andrea!...-la otra mano, acariciaba su pelambre y luego de minutos de oponerse, terminó por ceder ante la fuerza y la ternura combinada de aquel lobo.

-¿Me reconoces Andrea?...-otra voz y esta vez era una muy cálida y firme, sin embargo le gruñó, pero aquella cara, le mostró los dientes y sus ojos grises le miraban tan fijamente que sentía sus pensamientos en su propia mente, sin tener que hablarle. Era el Alfa, el jefe de su manada y solo tuvo que inclinar su cabeza para hacerse entender.

-No pasarás tu primera noche, encadenado. Ven con nosotros, conoce la sensación de la tierra en tus patas y el olor de la noche en tu nariz.

Los sentidos de Andrea se agudizaron, los sonidos de la noche eran una completa sinfonía donde los animales, insectos y la noche misma era participes. Se encontró corriendo a cuatro patas, siguiendo inicialmente al lobo de aperlado pelambre y ojos grises que era el Alfa, mientras los otros tres corrían flanqueándole los lados y la retaguardia. Enseñándole a correr en manada y comportarse como lobo dentro de ella, cuando el Alfa mordía sin rasgar su cuello y le golpeaba con su cabeza para incitarle a continuar. El lobo de ojos ocre y pelambre cobalto le seguía cercanamente, sin darle tiempo a revirar ni que se alejara unos pasos de ellos. Cuando se cansó, se tiró sobre la hierba y el resto de los lobos se sentaron a su alrededor.

Aulló, no a la luna, y si a sus nuevos compañeros de manada, quienes aullaron en conjunto por tener a un nuevo integrante.

No todos los lobos aullaron de gusto. Algunos escucharon los sonidos en la noche y miraban a través de los prismáticos especiales a la espesura de la noche.

-Sangre fresca...-se relamió los labios Seratu...-¿no la hueles Duvon? Hoy los lobos han salido a pasear, hasta para los aristócratas Gucci, ha sido mucha tentación la luna llena. Podríamos aprovechar la ocasión.
-No son lobos de arrabales. Quizás unos corren a la luna, pero el resto va en sus camionetas, cubriéndoles. No son tan tontos para arriesgarse.
-¿Me preguntó cuando atacaremos la Villa?
-Cuando tengamos cubierto todo el perímetro.
-¿No estás dándole demasiada importancia a estos lobos?...-le bramó el Vampiro, mientras Duvon deja los binoculares.
-Son una manada libre, con sus propios sistemas de seguridad y están armados hasta los dientes. Si te aseguró que están protegidos, lo están. No quiero cometer errores esta vez y que se me vuelva a escapar.
-Te has dejado influenciar por tu anterior derrota contra ellos...-suena marrullero y despreciativo el Carkum...-intentar un ataque con un solo vampiro y un par de compinches a una Villa fortificada, no era muy inteligente.
-No, el vampiro que lo planeo ahora está muerto, mientras que mis lobos y yo, seguimos vivos...-le arremete...-atacaremos la Villa cuando lo crea seguro, confiable y les haya cortado todas las vías de escape.
-Bien, pero seguro será después de mi boda...-el vampiro se ciñe la chaqueta...-¿no te lo conté? Me casó con la heredera de los Adler.
-Enhorabuena...-dijo sin mayor interés Duvon, mientras volvía a tomar los prismáticos y enfocar a uno de los lobos en particular, sonriendo por que el suave pelambre de Dominic se destacaba en la noche. “Volverás a mi manada, cachorro”.

Duvon no era en lo mínimo paternal. Era un lobo descarriado hasta de su propia manada, hasta que terminó por formar la propia, con puros parias y apartados que le seguían sin chistar.

Poco o casi ninguno de sus lobos podía decir que conocía la historia de Nathan Duvon, por que aquellos que sabían un poco de él, o estaban desterrados, muertos o engullidos. Su extraño placer por la sangre de los integrantes de su raza, se generó mucho tiempo atrás, reconociendo en ese preciado liquido una energía vital que le hacia mas fuerte, mas resistente y mas disipado. Consumir su carne era otra forma de devorar las esencias de sus victimas y con ello fortalecerse, era su credo.

Sus gustos depravados también eran compartidos por otros seres de la noche, con los cuales se alió, hizo pactos y mantuvo contactos donde siempre se viera beneficiado. Seratu Carkum era uno de ellos, un Vampiro Ventrue con el cual hacia tratos de carácter netamente comercial, proporcionándole lobos que utilizaba como esclavos, como juguetes de sus gustos disolutos o para drenarlos. No siempre en ese orden. Pero generalmente pocos lobos que caían en sus manos no terminaban desaguados hasta ser fiambres.

Aquellos seres de la noche no se complementaban, se toleraban por que dependían de alguna manera, uno del otro y Duvon era más útil como acarreador de piezas para Seratu, que comestible para su mesa. Además los gustos de Seratu, en últimas fechas se iban destilando por las piezas tiernas para su paladar más que para su deleite carnal las cuales era cada vez más difícil conseguirle.

Cuando le llamó esa noche, Nathan Duvon se encontraba en la nueva fábrica que instaban en las cercanías de la Toscana, la cual empezaba a administrar y era la tapadera perfecta para sus movimientos, los cuales eran tan erráticos para sus subalternos, como impredecibles para el resto. Tenían décadas instaladas en América y súbitamente se habían tenido que mover, después de un ataque perpetrado a su peletería en las afueras de Nueva York.

La cual coincidió con el reencuentro con su vástago, Dominic Duval, en el aeropuerto. Casi había perdido la idea de volverlo a encontrar. Después de años de buscar una pista de su paradero súbitamente le encontraba en medio de la gente en el aeropuerto. Pero junto a él, se tropezó con otro licántropo quien le reclamaba como suyo.

“Mal nacido, Gucci”...-maldijo hasta el cansancio cuando reconoció la imagen del lobo de ojos violeta que le impidiera llevarse a Dominic ese día, en una revista de modas. Seguirle, se había convertido en un juego de paciencia, donde terminó por ubicar la Villa y darse cuenta que no era ningún lobo de caminos, ni un arrabalero cualquiera. Tenían plata, pertenecía a una manada bien organizada y tecnificada, que impedía que se hiciera una libre escaramuza para recobrar al cachorro.

Fue entonces que se le ocurrió la idea de volver usar a VanHaussen, un vampiro con el cual ya había trabajando anteriormente y que tenía una inusual arma, una vara de plata. Desacostumbrado por que la mayoría de los vampiros que conocía que hacían magia no tenían una, confiaban plenamente en sus habilidades naturales, pero este Vampiro tenía otros secretos: negociaba sus servicios y en particular disfrutaba atormentar a sus victimas con sus hechizos hasta morir. Usaba magia negra sin ninguna restricción y el hecho de que fuera un “Convertido”, le daba otra aura de cinismo. Conocía la muerte misma, y le gustaba infligirla a la menor provocación.

El trabajo era simple, les propuso VanHaussen abrirles una “puerta” para introducirse en la propia Villa, cuando podían disfrazar su olor, con el de tantos lobos presentes, por que tendrían una reunión. Localizar al cachorro fue fácil, esperar a que estuviera solo, era donde la paciencia se exigía, pero en eso mismo VanHaussen les ayudó, incitando al mocoso mentalmente a ir a sus aposentos, en donde le capturarían, se lo llevarían sin aspavientos y saldrían por la abertura que el Vampiro les había fabricado.

Pero así de simple, se vino abajo la estrategia. En lugar de quedarse paralizado como las otras veces, el cachorro le dio pelea, hizo tanto ruido que alertó al resto de los lobos y en minutos tenían a toda la jauría Gucci encima de ellos y fue imposible recapturar a Dominc, quedándose con el sabor amargo de ser expulsados de la Villa, escaparse con la cola entre las patas y además de que VanHaussen fuera herido, perdiendo su vara.

Aún tenía la cicatriz que Dominic le hizo cuando se transformó en sus brazos y se volvió imposible retenerle. Duvon tenía el orgullo herido y se sentía humillado por ese percance. Confió demasiado en ese Vampiro Hechicero que ni podía localizar, hasta que recibió la noticia de que VanHaussen había sido encarcelado y muerto, según sus contactos.

Relacionarse con otros hechiceros que le dieran los mismos resultados que VanHausen seria una pérdida de tiempo. Tenia que encontrar otra forma de atrapar a Dominic, en algún momento tendría que salir de la Villa y esperaba poderle tender una trampa al bastardo de Gucci para quitárselo de su propias garras. Además se estaba hartando de que ese lobo estuviera buscando cazarle, hurgando en sus escondrijos y desbaratando aquellas fabricas que instalaba. La última que acaba de instalar en las afueras del río Arno, había sido allanada por ese mozalbete. Tenia que darle una lección a ese guapito que le hiciera respetarle y temerle.

Pero no tuvo que esperar tanto, Seratu Carkum estaba interesado en los lobos de la Villa Gucci, en todos ellos, por razones que a él ni le venia al cuento ni le interesaban. La idea era desbaratar a la manada completamente, quedarse con sus posesiones y tomar presos a los Hombres lobo para llevarlos al Aquelarre del Sire Nightcastel.

La propuesta le había caído del cielo, le proporcionaría una jauría de entrada, armas y vampiros para el ataque. Pagaría en oro y le dejaría quedarse con algunas piezas seleccionadas. Dominc estaba incluido entre ellas.

-Dentro de una semana, no más tiempo...-le rezongó el Carkum cerrando una llamada que había entrado a su móvil...-Mi señor se impacienta y ya tiene reunidas a sus tropas.
-Hecho...-Duvon arrojó los prismáticos y se subió a la camioneta, mientras el Carkum se iba en otra unidad, seguramente a intentar quitarse el olor a tierra húmeda, antes ir a ver a su prometida.

Mientras algunos vampiros recorrían los caminos, otros se entretenían en sus negocios.

Sebastián Carlomonti se alejó el mechón de su castaño y largo cabello que caía sobre su perfilada cara mientras revisaba los rollos de tela que recién habían desembarcado en sus bodegas. Sus ojos color miel miraban con detalle los cilindros, como si nada mas existiera en ese momento. Tenia el porte de un aristócrata, los gustos de un noble y las manías propias de todo vampiro que siente la magia en el ambiente y es capaz de percibir los pequeños cambios de humor entre su gente, y no dejó de escuchar el segundo suspiro entrecortado de la noche.

-¿Te aburró?...-le inquirió al jefe de su Jauría, quien llevaba una bitácora en sus manos y anotaba algunos detalles que le indicaba su señor.
-...me decía sobre el brocado, Signore.
-...decía que es demasiado ligero y podía ser usado en cortinajes. ¿Cómo es la casa de los Gucci?...-preguntó un rato después, notando el brillo en aquellos ojos de olivo.
-Elegante, sobria y con un refinado gusto por las artes.
-Ya veo. Envíale entonces los brocados azules y los naranja.
-Tienen gusto por colores cálidos.
-Terracotas serán entonces...-movió las manos con un elegante gesto condescendiente y luego sacudió sus cabellos...-envíaselos a la brevedad. Y avísale que me han gustado sus vinos y la cara de felicidad que tiene mi Guardián, cuando le digo que irá de nuevo a la Toscana.

Salvatore dejó de anotar, dándose cuenta de que era pillado y que no era nada fácil ocultarle algo a su amo. Nació en su casa, se crió en su Aquelarre y siempre le había servido con devoción y orgullo. Pero en su mente andaba en otra parte los últimos días.

-¿Qué encontraste en la Toscana, que tanto pretendes ocultarme, Salvatore?
-La imagen renacentista más hermosa que he visto.
-¿Al óleo, en granito o en piel?
-No podría definirlo...-dijo escuetamente y volvió a resguardar su mente, aunque sabia que si su señor quisiera podría tener esa información sin ningún esfuerzo; pero no era usual en Carlomonti ser cruel ni con sus lobos. Antón no era un esclavo, tenía ciertas comodidades y privilegios, y la confianza de su amo era una de ellas.
-Bien, cuando quieras decírmelo, entonces. Estoy seguro que te gustaría ir personalmente a llevarle los brocados.
-Salvo que mi presencia sea imprescindible y se requiera que esté en Roma, Signore.
-Dale mis saludos al Signore Gucci...-continuó con su inventario el Signore Carlomonti, sin volver a tocar el tema, por esa noche.

Amaneció sin mayores percances para la mayoría de los integrantes de la manada en la Villa. Como era de esperarse, la noche posterior a la transformación, las victimas se encuentran totalmente exhaustas y agotadas, pero para fortuna de Andrea, no tenia contusiones mayores, ni tampoco grandes heridas que sanarle. El médico le revisó a detalle y le mantuvo en cama por espacio de varios días, mientras se recuperaba y ganando energía nuevamente. Era Dominic quien básicamente le visitaba todos esos días, platicaba con él, lo entretenía y le daba los pormenores de las actividades en la Villa.

-...¿y...Jacob, cuando viene a verme?...-le terminaba siempre por preguntar al ver que Dominic no le decía nada sobre el Guardián.
-¿Por qué sigues con eso?...-le acarició el cabello el lobito de ojos verdes, al ver que su amigo seguía insistiendo con Simonne, mientras que el otro, no estaba ni medianamente interesado en seguir dándole falsas esperanzas.
-¿Está ocupado? ¿Qué hace? ¿Cuándo viene?...-Andrea no pensaba darse por vencido, en cuanto pudiera levantarse de la cama, lo primero que haría seria ir a buscar a Jacob, recordarle lo mucho que estaba interesado en él.
-Andrea, entiende. Jacob es hetero, no está interesado en los chicos. A él le gustan...las mujeres.
-...él dijo...que yo era hermoso...-le repitió Andrea con la voz entrecortada y el llanto a punto de invadirle.

Dominic tardó un poco más en tranquilizarle y dejarle dormido, pero una vez que lo hizo, bajo tan rápido como pudo y fue directamente a donde se encontraba Luca y Jacob, mientras ambos revisaban algo en el arsenal. Llegó y tomó uno de los chalecos que estaban colgados en la pared y se fue directamente contra Jacob, al cual alcanzó a golpear con el chaleco en un brazo, mientras era luego sostenido por Luca.

-¡Dom, ¿Qué te pasa?!
-¿Por qué no has ido a visitarlo? Todos los días pregunta por ti. ¡Ten la cara de decirle que no te interesas en él!...-le gritó, mientras Luciano le abrazaba.
-Ya se lo dije, varias veces...-le respondió el Guardián, sin necesidad de que le explicara de qué estaba hablando y a qué se debía el abrupto, retuvo el chaleco, se lo retiró de la manos a Dominic, lo arrojó a un lado y se alejó de los dos jovenes...-es él quien no se quiere enterar.

Una cosa había sido ser amable con Andrea cuando se sentía más desvalido y que requería el apoyo de la manada y otra muy distinta era cambiar de gustos de la noche a la mañana por un mozuelo. Era hermoso y seguramente encontraría quien le hiciera suspirar de nuevo, una vez que se diera la oportunidad.

La tercera noche, Andrea se levantó de la cama a media noche y caminó por el pasillo hasta llegar a la puerta de Jacob, la cual en esta ocasión estaba cerrada. Giró la perilla varias veces y empezó por tocar con los nudillos, hasta que al final, arañó con sus dedos la madera.

-...Jacob, abre...-tardó largos minutos esperando a que la puerta se franqueara, y cuando ésta se abrió, el joven sonrió hasta que una mano le impidió entrar.
-Vuelve a tu cama...-le indicó el Guardián.
-Déjame pasar la noche.
-Lo harás en tu cama...-le empujó y luego le tomó del brazo, casi jalonándole hasta hacerle llegar al suyo, abrió el cuarto y le empujó dentro.
-...Jacob...-le musitó el mozuelo.
-Que descanses, Andrea...-le acarició la mejilla y dio media vuelta el Guardián, sin inmutarse más.

Aún tenia Andrea, los ojos enrojecidos en la mañana, pero se levantó a desayunar, agradeciendo que ya el resto lo había hecho, fue ha ayudar en el campo, y solo hasta medio día, se fue al campo de tiro, donde no encontró a nadie, pero busco concentrarse en el blanco.

La presencia de Salvatore en la Villa, llamó la atención de Marcel, quien no le esperaba y que dejó sus actividades para ir a recibirlo.

-El Signore Carlomonti ha enviado algo para su Casa, en agradecimiento por sus vinos.
-¿Telas?...-giró sorprendido Marcel, al ver el contenido de pequeño camión.
-Ha pensando que los brocados serian ideales para cortinas y otros enseres para su Casa.
-Muy amable de su parte, no debería molestarse...
-No aceptará que se las devuelva.
-Bien, sí le envió algo en retribución, enviará luego algo más y será el cuento de nunca acabar. ¿Te gustaría quedarte a comer, mientras descargan?
-Será un honor...-sonrió el Guardián romano, ignorando la cara de pocos amigos que le dedicaba Simonne, quien volvió a pedir que revisaran a detalle el contenido y lo enviara a una de las bodegas, sin llevarlo a la casa directamente.
-Dominic busca a Andrea, para que venga a comer...-le solicitó Marcel, y el lobito captó la mirada y la sonrisa que se dibujo por unos segundos en la cara del romano antes de volver a su estoica actitud. Anunció que lo buscaría y se fue corriendo a buscarle, por el olor lo ubicó en el campo de tiro y se encontró con el jovencito batallando con el cambio del cargador.
-Deja, yo te ayudo...-le sostuvo el arma, mientras el chico hacia un puchero.
-No voy aprender nunca.
-Claro que si, hasta yo lo hice y no me gustaban...-destrabó la escuadra y la dejo de lado...-Es hora de comer, vamos.
-Lo haré en la cocina.
-No. Eres un invitado de Marcel, seria una grosería que no aparecieras en la mesa. Además, tenemos un invitado. El guapo romano que vino la ocasión anterior, ¿te acuerdas?
-No...-le dijo el mozuelo, mientras caminaba sin ganas, casi empujado por Dominic.
-Claro que si, lo saludaste cuando íbamos montando. Vino de Roma a traerle a Marcel un embarque y ha puesto una cara de felicidad por que sabe que andas por aquí.
-No inventes, Dom.
-Es muy guapo y gallardo.
-¿Viste a Jacob?...-preguntó Andrea, quien no escuchaba nada.
-Si, anda por ahí, gruñendo de amargado como siempre. Deja de pensar en él. Concéntrate.
-¿En qué?...-se detiene súbitamente el jovencito.
-En darte cuenta que hay mas lobos en este mundo de lo que crees, muévete.

La comida fue algo tirante, era obvio que Jacob y Luciano se sentían incómodos con la presencia del otro lobo, de innegable autoridad, salvo la cortesía enseñada por Marcel les obligó a ser amables con el romano, mientras que Andrea no levantaba la cara para nada de su plato, y por mas que Dominic buscaba que interviniera en alguna platica, el mozuelo se mostraba renuente.

Salvatore sentía que las mejillas le ardían y el pulso se elevaba en su pecho al tener enfrente suyo a Andrea, levantaba sus cubiertos con lentitud, y miraba solapadamente al chico, descubriendo una velada tristeza que pretendía cubrir y se sentía frustrado por no poderle preguntar el motivo.

-Iremos a cabalgar un poco, ¿no le gustaría hacerlo, antes de partir?...-Dominic invitó a Salvatore, ante la sorpresa de Luciano y del resto de los lobos, mientras aquellos se servían licor y Marcel iba abrir la boca para decir algo, cuando la negativa del romano fue enfática.
-Agradezco la atención, debo volver a Roma. He abusado de su amabilidad...-se inclinó hacia Marcel.
-A Andrea le gustan los caballos y no le quitará mucho tiempo...-el jovencito de hecho, ya no se encontraba en el salón, por que había ido directamente a la caballeriza.
-Debe volver a Roma, Dominic...-intervino Luca, mirando a su pareja, sorprendido por esa actitud con el extrañó, pero el joven le dejó con el habla en el estribo y caminó hacia el romano.
-Por lo menos véalo cabalgar, eso le emocionará y no le quitara tiempo...-le sonrió el lobito, con persuasión.
-Indícale el camino a Salvatore, Dominic...-el lobo Alfa, dio un trago a su copa y sostuvo la mirada de recriminación de Jacob e ignoró la de Luciano, hasta que tanto el lobito como el invitado salieron del salón.
-¿Qué se supone que fue eso?...-gruñó Luca.
-Que tu novio está de celestino...-le sonrió Jacob, mientras miraba por la ventana, sin perderles de vista.
-¿Y no te angustia que te babeen a tu cachorrito?...-le replicó Luciano, mientras dejaba la copa y se dirigía a la puerta.
-¡No es mi cachorrito ni mucho menos!
-...Lo que tú digas...-dio un portazo y dejo a Jacob y a Marcel, quienes se miraron, pero no se dijeron nada por varios minutos, hasta que el Guardián terminó su copa y se levantó.
-Es lo mejor.

Marcel sonrió y se enfrascó en sus asuntos. Sus lobeznos tenían que madurar, decepcionarse, crecer. Y mucho de eso tendrían que hacerlo solos, aunque entre ellos las acciones de manada fuera importantes, las acciones individuales seguirían respetándose.


Aunado a esos eventos, otros se daban lugar.

La fría niebla que cubrían los valles de los Carpatos, se extendía casi de forma perenne, innatural y definitivamente mágica. Si los ojos indiscretos pudieran atravesarla, se darían cuenta de la gran fortaleza que protegían. Un gran castillo, de gruesas paredes que eran resguardas por una fosa, solamente se conectaban al camino por el puente levadizo que unía ambas franjas de tierra. Su propietaria, dejó la pequeña tacita en la mesa, al sentir que las puertas de su Casa eran atravesadas y que no había sido necesario que el puente bajara. La enorme mansión tenía un decorado recargado y los muebles una diversidad de estilos que sin chocar en gustos, armonizaban entre ellos. Los gruesos cortinajes casi desde el techo al suelo, eran de gruesos brocados y muchos de ellos denotaban antigüedad, buen gusto y excentricidad. Definir la época era como intentar darle un fechado a la inmortalidad. De todo un poco y todo era bello.

-Hermano...-dijo volviendo a llevarse la taza a los labios y humedeciendo sus labios...-te has dignado a venir a verme. No he tenido la oportunidad, sino te iría visitar...-le sonrió.

El aludido arrojó la capa sobre uno de los sillones y se dirigió a ella, dándole un beso en la mejilla.

-Tu ironía mejora día a día, hermanita.
-Y tu sobriedad sigue siendo la misma, Sergei.

El noble hermano, hizo una ligera mueca en sus delgados labios, que en ese momento tenían un sonrosado que contrastaba con su piel pálida y nacarada, mientras que con un gesto desenfadado alejaba su cabello de su cara y mostraba el completo de sus facciones que eran finas y bien delineadas. Sus ojos, de un gris acerado, enmarcaban su cara. Parecía no exceder ni la veintena, pero irradiaba una legendaria y fría sabiduría.

-¿Por qué has dejado San Petersburgo? Creí que solo la nieve te divertía y te aburrían los Carpatos.
-Voy camino a Bretaña.
-jajajajajaja, el viejo taimado te ha convencido.
-Me aburro, cambiar un poco de aires, no esta de más.
-Por que no dices llanamente, lo que ambos sabemos.
-El tiempo ha llegado. Ni yo puedo evitarlo, hermana.
-Lo dices como si fuera una enorme carga, debería ser liberador.
-Participar en una contienda nunca es liberador.
-No puedes huir de tu destino, nadie puede hacerlo...-la noble Ágatha, saboreo su té.
-Ya que estás de tan buen humor, puedes decirme ¿Dónde esta tu Mal’ak?
-No le he llamado a mi servicio. Tampoco tú has llamado al tuyo. Pensé que después de que se conocieron llamarías al que escogiste.
-Tengo asuntos que arreglar con Dumbledore primero, luego me encargaré de eso.
-Debemos reunirlos y prepararlos, antes de que los otros Mal’ak los encuentren...- comentó la Noble, sombriamente.
-Mientras no estén juntos, ni esa Mal’ak ni al “otro” les resultara difícil localizarlos. Una vez que empiecen a entrenarse, ella podría ubicarlos, sí no los cubrimos. La energía que en conjunto emanen, los atraerá hacia ellos irremediablemente, separados estarán más seguros, no considero propio reunirlos todavía, no cuando ni siquiera nos hemos presentado ante ellos.
-Bien, tú eres el encargado de eso...-ella le ofreció pastas y té.
-Me sorprende lo bien que te acomodas con las practicas mundanas.
-“A donde fueres, has lo que vieres”...-le sonrió ella.
-Lo intentaré recordar...-le contestó él, sonriéndose también y negándose comer aquello, mientras se levantaba y miraba por la gran ventana…-días inciertos se tornan sobre la faz de la tierra.
-Mientras salga el sol, siempre hay una esperanza, hermano.
-Me lo dices a mí, quien ve el sol tan pocos días al año.
-Te lo dice quien estuvo en la oscuridad y salió de ella.

Sergei le sonrió de nuevo y acarició su mejilla, dándole un nuevo beso y se dirigió a sus habitaciones, fingiendo que dormiría, cuando en verdad tenía centurias de no hacerlo y había olvidado lo que era soñar.

En el Aquelarre Nightcastel, Julius se movía inquieto, incapaz de mantener su propia excitación y el regodeo que le proporcionaba la idea de la cacería y la guerra. Sus largos cabellos, usualmente trenzados en largos mechones, le daban un aspecto vikingo, que enmarcaba mucho su temperamento combatiente e iracundo.

Había recibido una entrega de vampiros y armas provenientes de Alexandrus y aunque le sorprendió no encontrar entre las filas a licántropos, no pudo negar que la dotación de guerreros era buena y que seguramente una buena explicación tendría su hermano para no enviarle lobos. La nota con la cual su hermano anexaba el embarco, le mencionaba que si iba a buscar lobos, llevar los propios podría darle una desventaja al ser detectados por el olor, mientras que los vampiros podrían franquear más fácilmente la seguridad impuesta en la Villa.

El razonamiento no era equivocado y mientras su hermano mantuviera su lealtad y le proporcionara guerreros y armas para llevar a cabo su cometido, se daba por satisfecho.

Seratu Carkum fue anunciado y el Sire Ventrue le recibió.

-Mi Señor...-hizo una larga inclinación y la mueca usual que utilizaba para sonreír ante él. Julius ya le conocía cada uno de los gestos.
-¿Ahora qué?
-Estoy revisando el contingente enviado, buenas piezas.
-Si, las revisé yo mismo.
-Tu hermano...¿No viene, Señor?...-preguntó al tanteo aunque sabia la respuesta.
-Alexandrus se queda a cubrir la retaguardia ante el Consejo.
-Ah...-dijo con cierta desilusión el Carkum...-pensaba que le gustaría escoger alguna pieza en particular de la Villa.
-Tú lo dijiste, tiene bastantes lobos, no necesita ningún otro. No pensaba darle, ninguno, además.

Ambos vampiros se carcajearon, ante la ocurrencia.

-Todo estará listo para partir en unas horas…-el Carkum le indicó.
-Bien, ardo de ansias de ver la cara de Krone Mediash, cuando se entere de que los licántropos de su lindo coto de caza, están en mi Aquelarre. Veremos si con eso, no adquiere un poco de humildad, ese Tremere venido a más.

Nuevos nubarrones se cernían sobre la Toscana.

 

-------------------oooOOOooo-------------------

 

Al inicio capitulo Capitulo 13

Cap 15