Clasificación:
NC-17 Avisos: Slash, relaciones h/h.
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14. Cacerías de licántropos II
La Toscana de pronto se vio invadida por una gran actividad matinal propia de la época de la cosecha, donde el verano había hecho madurar las vides y los olivos, así como la gran cantidad de fruta que atiborraba los árboles. Luciano despertó temprano, mucho antes de que su lobito se levantara, cuando apenas la luz del día entraba por las ventanas. Rasgaba el papel con el carboncillo con trazos rápidos y firmes, buscando capturar ese momento en que Dominic se apretujaba entre las almohadas y la sábana apenas le cubría la cadera, revelando un poco mas allá del pudor, mientras sus largas piernas se encontraban entrelazas y luego súbitamente giraron hasta poner el cuerpo completo de joven boca arriba y su brazo buscaba el otro cuerpo de quien debía estar junto a su lado. -¡¿Luca?!...-musitó
buscando a su Alfa. -Haciendo
eso, no sé como esperas que esté relajado...-levantó
un poco su cuerpo para atrapar el de Luciano y pegarlo a su cuerpo desnudo,
donde ya unas manos tibias acariciaban febriles, mientras el lobito lamía
el cuello de su Alfa sin prisa. Siempre parecía la primera vez, donde un estrecho Dominic ofrecía algo de resistencia, sus mejilla se ruborizaban y un olor intenso se impregnaba en su piel, lo que hacia que Luca perdiera toda noción del tiempo, solo interesado en ser cuidadoso, atento y lograr que su compañero cediera completamente cuando abría sus piernas para acomodarse entre ellas primero y luego subir sus caderas en cierto ángulo para lograr acoplarse. El primer gemido que Dominic expresaba en el embiste, a Luca le gustaba ahogarlo en su boca, disfrutando ir deslizándose sin prisa hasta que era completamente aceptado y luego salía para arremeter de nuevo con mas ahínco. Con ello lograba que el lobito gritara y que se sujetara de sus brazos, pegando su cara a su pecho, de donde luego atrapaba su boca para devorarle los besos entrecortados y hambrientos con los cuales ambos se entregaban sin reservan, abriendo sus mentes, entrelazándose y acicalándose el alma como el cuerpo. Dominic logró rodar sobre el cuerpo de Luca y ponerse encima suyo, aun con su miembro dentro y del cual disfrutaba en rápidos movimientos, arqueando su espalda, mientras su Alfa lo sostenía de las caderas y las elevaba en acompasados movimientos, mientras atrapaba el otro miembro, para darle un continuo y apretado agarre, que se volvieron urgentes, hasta que el cuerpo de Dominic se dejo caer exhausto cuando se descargó en su vientre, mientras sentía el torrente tibio en sus entrañas. Los besos fueron el postre dulce, que en pequeños bocaditos ambos terminaron de disfrutar esa entrega completa entre ambos. Andrea miraba parte de la escena de los amantes desde la puerta ligeramente entreabierta, sorprendido un poco de la hora, de que no estuviera cerrada y que en realidad aquellos dos fueran amantes en verdad. Había visto cuando Luciano llegó a la Villa y la forma en que trató a Dominic, los mimos y cariños con los cuales ambos se prodigaban en la mesa a la hora de la cena y que su relación no causara ningún aspaviento ni en Marcel ni el Jacob, como si fuera natural ver a dos hombres tomados de la mano, prodigarse caricias. No había burlas ni reproches, simplemente eran aceptados y eso era lo que mas sorprendía y emocionaba a Andrea. No sabia que Providencia le había hecho llegar a esa Villa ni entendía el por que de las atenciones que recibía de esos nobles señores, pero se sentía tranquilo, reconfortado y sobre todo feliz. De momento, todo parecía estar bien. La puerta súbitamente se cerró casi en su cara y la voz en el pasillo le hizo sobresaltar. -¿No
te han dejado dormir?...-preguntó Jacob quien se encontraba enfrente
suyo y a quien le llegaba un poco arriba de los hombros, pero por su imponente
físico, se sentía a su lado como una sardina flacucha y
desabrida. La sonrisa en la carita de Andrea era para inmortalizarse y puso sus manos dentro de su pantalón y le siguió detrás suyo, sin importunarle, admirando además, el resto del cuerpo y la forma tan sinuosa y decidida que tenia para moverse el Guardián. Eso le quitó el aliento. -Ya
están aquí...-les recibió Marcel, mientras dejaba
a un lado el periódico y tanto Jacob como el joven Andrea se sentaban
en la mesa...-¿Cómo te sientes?...-le preguntó al
joven invitado en la casa. Luciano puso cara de circunstancia y miraba como Dominic empezaba a servirse el desayuno luego de saludar. -Si,
la mantuve todo el tiempo posible. -Hagan
el favor de no instigar a Dominic en mi contra...-interpeló Luciano,
mientras también se servia de desayunar. Jacob se encontró entonces con dos jóvenes a quienes entrenar en los próximos días y con quienes no tuvo ningún reparo en hacer sudar hasta terminar ambos boca arriba tirados en la lona, esperando que eso ayudara un poco a sus músculos. Dominic fue quien se reponía más rápido y le daba un golpe en la espalda a su compañero Andrea para que le siguiera el paso. Pero la mejor parte la disfrutaba el joven invitado, cuando Jacob se encargaba personalmente de explicarle el armado y manejo de las armas. En particular se interesó en una escuadra, similar a la que Jacob usaba y siempre traía al cinto. La primera ocasión que le tocó disparar, Andrea se sintió desfallecer al tener a Jacob detrás de él sosteniendo su brazo y pegando su cuerpo levemente, lo suficiente para que percibiera el olor de su cuerpo y notase el recio de sus brazos. -¡Presta
atención, Andrea!...-le recriminó al ver que el joven tenia
una expresión boba y ensoñadora en su faz...-si no tienes
cuidado, el arma te hará un corte en la mano...-le instaba a mantener
el cuidado en lo que hacía...-Sí no te interesan las armas... Luciano miraba la escena, unos pasos atrás, sentado en las escalerillas y reparó en la presencia de Marcel, quien se sentaba a su lado. -¿Cuándo
vas a decírselo?...-le indagó el lobo de ojos violetas al
Alfa, refiriéndose a la próxima transformación de
Andrea. Marcel se levantó sin responder, preocupado en verdad de cómo el joven Andrea iba a responder al saber que estaba contagiado y que la próxima luna llena su cuerpo sufriría la primera y más dolorosa transformación. El Alfa conocía casos, donde las victimas, presas de sus miedos terminaban suicidándose para evitar convertirse en animales sin control que no reconocían ni a sus familiares que podían convertirse en peligro para cualquiera. Le emocionaba ver lo bien que Dominic y él jovencito se llevaban, los buenos amigos que podían llegar a ser, así como lo juguetón y desenfadado que era, disfrutando los paseos por la Villa, ayudando en la cosecha, deleitándose con la tierra en los pies y la cara. Era un jovencito hermoso, lleno de vida y que la transmitía sin prejuicios. Encontrar el momento para decirle que se convertiría en una bestia sin control, era algo para lo cual estaba postergando los días, pero las noches llegarían sin tregua. Tenía cerca de una semana de no ver a Krone y le extrañaba además. Salvo algunas cortas llamadas, donde le platicaba algunas de las cosas que hacia, poco sabía en verdad de las actividades del Vampiro de ojos carmesí. Y era verdad que aún conservaba el aroma de su cuerpo en sus almohadas y maldecía por esa habilidad lupina de tener el olfato tan bien desarrollado. Espero a que la noche llegara y que Krone se comunicara, pero al no hacerlo, casi a la media noche, se decidió a llamar al otro Tremere que conocía y que seguramente estaría en la península. -Soy Marcel Gucci, busco al Signore Carlomonti...-inició el lobo de ojos grises, esperando que la llamada no fuera inoportuna y que realmente pudieran comunicarse. Tardaron unos minutos y la voz modulada del romano, la reconoció rápidamente. -Habla
Sebastián Carlomonti, ¿En que puedo servirle Signore Gucci?...-su
voz era respetuosa, reconociendo al amigo del que ahora sabia era el nuevo
Sire de su Clan. Marcel negó el ofrecimiento, se ofreció a pagar por el servicio, pero Carlomonti no aceptó retribución monetaria. Obviamente comunicarse con otro Vampiro Hechicero era algo que le ponía nervioso, mas por que sabia que sus cachorros no eran partidarios de tales prácticas, que incluyera las pociones y otras artes. Pero el vampiro que se enteró a la brevedad fue Krone, quien le habló antes de despuntar el alba. -Toscano. -Te
extraño, Marcel. El
lobo de ojos grises respiró hondamente...-no estoy molestó,
solo ansioso. ¿Estás bien? Krone tampoco pudo dormir, caminaba de un lado a otro. No mentía cuando decía que había ido a Japón y lo había hecho para acompañar a Viktor Arkain quien tenia una proposición para el Jefe de la Casa Yamato, con la cual pretendía unir la Casa Arkain en matrimonio, logrando con eso evitar la unión de la mas importante Casa asiática Ventrue con la Casa bretona, Nightcastel. Yamato recibió a Viktor Arkain con bastante cautela, era un Tremere al cual conocía por haberse entrenado en su Casa por años, le reconocía sus habilidades y fueron además las credenciales de Regnalus Mediash, las que le terminaron de abrir las puertas, para permitirle hacer su petición personalmente y no dejarle solo un sobre laqueado y languidecer la respuesta. Víctor mantuvo el aire solemne y la paciencia de una pantera al acecho, mientras Yamato tomaba el sobre con gran lentitud y con una fina navaja de empuñadura de jade rasgaba el sobre. El contenido de la propuesta, hizo subirle los colores al vampiro oriental, quien estrujó el pliego de papel y miró a Víktor con aire de prepotencia y superioridad, con la cual siempre se había distinguido y que en esta ocasión se sentía con el derecho total de manifestarlo, arrojando el pliego de papel a la llama de una de las lámparas que adornaban su salón. -¿Crees que por haberte entrenado en mi Casa te has igualado a nosotros, Tremere?...- le destazó el Sensei con arrogancia. La mirada de Víctor también se inflamó, primero por el oprobio recibido por el gesto y luego por los improperios que Yamato empezó hacerle en japonés, en un perfecto Inglés y en el idioma natal de Viktor; y no sólo contra el vampiro, también se extendió sobre el linaje Tremere, hasta arremeter contra los Pretones mismos, pero lo que terminó de enfurecer a Víctor y recurrir hasta el más ínfimo gramo de autocontrol que poseía el sensato Vampiro, fue cuando el nombre del Sire Mediash salió a colación. -Sensei...-se
inclinó Viktor, que mentalmente se había preparado para
algunos insultos en caso de que su ofrecimiento no fuera aceptado, pero
no que su Sire fuera incluido, controlándose a duras penas, recordando
que la Casa Yamato ha sido parte de su formación y recurriendo
a lo aprendido en ella…-Me he ganado el derecho de la igualdad entre
los tuyos, y el respeto de tus guerreros, mi cuna y mi sangre son tan
válidas como cualquiera de los presentes en tu Dojo y... Un joven lobo se salió de la formación que estaba detrás de los señores Yamato, y se fue directamente en contra de Viktor, desenvainando su espada. De cabellos castaños y desgarbado porte, la agilidad del Licántropo apenas le dejó tiempo al Vampiro Preton, para sacar su ballesta y levantarla hacia el pecho lobuno. -No
te atrevas a insultar a mi señora, inmundo...- demandó el
osado lobezno. -Obedece
a tu ama, “Gris”..- le soltó Viktor, en son de burla. -Shitsurei shimasu, Sensei (Discúlpeme, mi maestro). El señor Yamato lo contempló por el rabillo de su ojo pasar a su lado, con algo de orgullo por el desplante y cuando su hija ocupó tranquilamente su silla, volvió a hablar, no había quitado completamente su mirada de Viktor. -Mi hija es demasiado valiosa para confinarla a un Tremere, no mereces ni mirarla y menos de ponerle una mano encima. Tus asuntos conmigo han terminado. Dile a tu Sire que los Yamato no están dispuestos a unirse a los Tremere, y que primero debe subir de categoría antes de tan solo pensar el algún trato que mezcle nuestras sangres. Quedas dispensado y retírate de nuestra presencia. Contaminas nuestro aire. Víktor
no espero más insultos y solo por el recuerdo de aquella Casa que
le enseñará parte de sus artes, se inclinó en señal
de respeto, pero no ante el jefe de la Casa Yamato. Ante él, nunca
mas. -¡Claro, “en lo que me viera, arrojaría al resto de los pretendientes al bote de la basura”!....-rezongaba de un lado a otro, mientras Krone le dejo desfogarse cuanto quiso, mientras pensaba en que los acontecimientos se precipitaban vertiginosamente y que aquello suscitaría un enfrentamiento. Sin duda Nigthcastel había sido mas rápido en contactar a Yamato y que éste aceptara el ofrecimiento del bretón. Con los comentarios airados del Preton tan solo se sonrió. -Buen trabajo Viktor...- te felicitó. El Preton le puso una cara que es mejor no describirla y luego se intrigó al ver a Krone, ni molesto, ni siquiera preocupado. -¿Son ideas mías o ya te esperabas esto?...- le preguntó. La sonrisa en la cara de Krone se expandió y se volvió hacia Vasenforf, quien escuchaba con atención lo sucedió y fue lo suficientemente inteligente para no hacer ningún tipo de comentarios, esperando que ambos, tanto Krone como Víktor se tranquilizaran. -Si no saliste de la presencia del Yamato comprometido, saliste con la afrenta que yo necesitaba para volver ante el Concejo y pedir que se lave la sanción que te han injuriado y resarcir el ultraje que han hecho los Ventrue a los Tremere. Para el vampiro de ojos carmesí, no había vuelta de hoja, o convencía al Concilio del gran error que representaba aprobar una Ley a favor de la cacería de Licántropos o detenía directamente al Nightcastel de sus intenciones. Si su voz era desoída en el Concejo con el asunto de los Hombre lobo, todavía podía tomar las armas con la excusa de lo ocurrido con Víktor y su propuesta matrimonial, ningún Arcano podía reprochárselo, está defendiendo su Clan y a uno de los suyos. Cuando corrió el cortinaje del dosel de su cama, el día estaba en pleno, extrañaba a Marcel y sentía un gran vació, por que la semana seria larga para irle a ver, pero era imprescindible su presencia enfrente de su Clan y de las propia agenda que se había marcado. Tendría que esperar para volver a ver al lobo de ojos grises y mechones de plata. Amaneció en la Toscana y Andrea pasó gran parte de la mañana con Dominic entrenando y cuando terminó, después de bañarse, corrió rumbo al cuarto de computadoras, donde Jacob tenia su vista pegada en la pantalla de la laptop, buscando cotejar unas pesquisas. -¿Puedo?...-tocó con los nudillos la puerta y el Guardián le indicó que entrara. Desde que el joven le había dicho que sabia utilizar varios sistemas operativos entre ellos Linux, Jacob le había encontrado una ocupación al jovencito, poniéndolo a revisar algunos archivos y actualizar cuentas. Nada del otro mundo, pero que consumían tiempo y que en ocasiones el Guardián no lo tenia, así que Andrea le quedaba bien, mientras le enseñaba algunas cosas y el joven compilaba el resto. Para el jovencito con ojos aguamarina, era más tiempo que podía pasar con su recién enamoramiento. Admiraba a Jacob, por mostrarse siempre fuerte, decidido, concentrado en su trabajo; ese temple era algo que le gustaba en verdad. Sus ojos naranja, los encontraba particularmente bellos y no podía dejar de verle arrobado por sus habilidades, pero lo que mas le encantaba era su nítido y viril olor, que últimamente sentía que se acrecentaba o que era posible distinguirlo con facilidad, aun en medio de otros en la Villa. -Anoche
escuché lobos...-dijo de pronto Andrea, para hacer plática...-parece
que andaban cerca de los muros. Jacob iba a responder, pero un sonido en su celular, le hizo levantarse y salir, dejando a Andrea terminar el trabajo. El Guardián era informado que una camioneta todo terreno con las credenciales de los Carlomonti entraba a la Villa y se dispuso a recibirles. Un lobo de ojos aceitunados, cabello castaño oscuro, y con la apariencia misma de un legionario se presentó en las escalinatas de la Casa. -Soy
Antón Salvatore, Guardián personal del Signore Carlomonti.
Me ha enviado a entregarle personalmente un encargo al Signore Gucci. A Jacob le costó trabajo entender por que Marcel había solicitado una poción, pero tuvo que tragarse las preguntas, dejando entrar al Guardián romano hasta el despacho del lobo Alfa y éste le pedía esperar a afuera. Rezongó algo por lo bajo, pero aun así, Marcel no se inmutó. Salvatore le explicó con detalles el uso de la poción y las medidas que aún debían tener para contener al lobo infectado. -Conozco
las precauciones para contener a un lobo...-le respondió Marcel
con calma ante las explicaciones. Ambos salieron al pasillo y ahí indicó a varios de la servidumbre que cargaran el vino en el auto del lobo romano. Los gritos en el pasillo por parte de Andrea hicieron voltear a los tres lobos mayores. -Disculpen...,
buenas tardes busco a Dominic, ¿le han visto?...-preguntó
a sus superiores y por cortesía se medio inclinó ante el
lobo desconocido, sin apartar los ojos del Guardián de la Villa. Salvatore siguió los movimientos de Andrea, fascinado por el ovalo perfecto de su cara y la gema que eran sus ojos, como el pliegue de su boca y el rosado de sus mejillas, que eran un vivo cuadro renacentista. Hasta los mechones de sus cabellos al desorden le parecieron hermosos. -¿Es...el
joven infectado?...-preguntó en voz alta Salvatore, sin poder evitar
ser escuchado. El Guardián romano asintió y se inclinó respetuosamente al Alfa de la Villa, quien se sorprendió un poco, pero agradeció el gesto. Le indicaron que la camioneta estaba cargada y se despidió de los lobos de la Villa, buscando con los ojos a Andrea, pero no le vio hasta antes de salir de los linderos de la propiedad, cuando el joven iba cabalgando y los mechones de sus cabellos jugaban al aire. El joven vio la camioneta irse y por inercia levantó una mano para despedirle y Salvatore no pudo menos que sonreír fascinado por ese jovencito que le había robado el aire. -“Un lobo, pronto será un lobo.”...-se dijo y se prometió que haría lo posible por volver de nuevo la Villa de los Gucci. Marcel miraba el contenido del estuche que le habían traído desde Roma y aunque ahora tenia una poción para mitigar la transformación, la angustia aún no le desaparecía de su cara, por que no se sentía con el coraje suficiente para decírselo a Andrea. Pero no podría esperar demasiado, al día siguiente seria luna llena. Empezó a llover y el ruido del agua golpeando las losetas le pareció gratificante, hasta que escuchó los truenos en la lejanía. Odiaba los truenos, desde que era un lobezno y se acurrucaba junto a Raphaelo, su hermano, para dormir. Deseó que Krone estuviera en la Villa y arroparse en su pecho y dormir, pero eso no era posible. Hablaría con Andrea a primera hora, no lo postergaría más, se dijo y se fue a la cama. Fue una noche de tormenta, ruidosa y que en momentos iluminaba los pasillos de la Villa. Al tercer trueno, Andrea dejó las sábanas, tomó su almohada y salió al pasillo, temeroso y casi con el sudor perlándole la frente. Tenía tanto temor a los truenos y las figuras que se formaban cuando iluminaban las paredes, que no sabía si la oscuridad era más abrigadora. Mordió la almohada y se movió con sigilo hasta la única puerta que deseaba cruzar. Para su buena suerte la puerta estaba abierta y entró lentamente, tiritando de frió, empapado en su propio sudor y con la almohada como defensa. La luz del pasillo colándose por la puerta, el olor de otro cuerpo en la habitación, el sonido entrecortado de la respiración de Andrea y la habilidad de ver en la oscuridad sin problemas, hicieron que Jacob perfilara la silueta del jovencito entrar a su cuarto, por lo que guardó el cuchillo que generalmente se encontraba debajo de su almohada y no le gritó por que escuchó el castañeo de sus dientes, así que espero a ver que pretendía hacer en su cuarto. El jovencito se sentó en la cama con mucho cuidado y apretaba la almohada, buscando ubicarse en la oscuridad. -¿Qué
haces ahí?...-le preguntó por fin el Guardián, cansado
un poco de oír el tintineo de los dientes y como se mecía
apretando la almohada. La respiración de Andrea, agitada y confusa, logró amainarse al entrar a esa gran cama. Su olfato, cada vez más sensible, detectó al Guardián y sus pensamientos se tranquilizan, sintiéndose protegido y a salvo. Junto a Jacob nada le sucederá. En unos minutos se calmó y abrió sus ojos en la oscuridad, para perfilar la distancia del cuerpo de Jacob, del cual sintió su calor y al sonido de un nuevo trueno se abrazó a ese tibio y oloroso cuerpo, que inicialmente se sorprendió, luego le rechazó lentamente. -¿Qué
te sucede? ¿Te sientes mal? Quizás debamos ir a buscar al
médico...-se intentó levantar el lobo de ojos ocres, pero
el cuerpo de Andrea se lo impidió. Los truenos han sido el detonante para que la mente de Andrea se libere y escenas cortadas, violentas, rápidas y sin sentido pasan por sus ojos, causándole pavor por creerse participe en ellas, mas que espectador. Jacob percibió todo el miedo y la forma en la cual algunas escenas pasan por los ojos del jovencito atormentándole. Como alguna vez lo hiciera con Luca, cuando eran lobeznos y que aquel corría a su lecho, para apretujarse temeroso de la oscuridad, recién murieran sus padres, Jacob no puede menos que dejarse abrazar por este singular jovencito y terminar consolándole. -Cálmate,
es solo un poco de lluvia, pasará pronto. Andrea hundió su cara en el pecho del Guardián, incapaz de huir, seducido por el aroma que emanaba, resignado a su destino y con todas las imágenes de su ataque pasando lentamente frente a sus ojos, como un vieja película sin color, donde la sangre que mana por su cuello, es el único tinte que mancha el celuloide. No puede rebelarse más, se sabe herido, contagiado y seguramente su destino será ruin y doloroso, convertido en un paria que buscara vengarse de quienes le han marcado y le han robado su humanidad. Pero aun así, se entregó sin reservas, ante ese lobo que lo sostenía en sus brazos, mientras su verdad ha sido revelada. Besó el pecho de Jacob, buscando expiar en esa entrega, el dolor del que ahora su alma le corroe, mientras una par de lágrimas mojaban sus mejillas. Fue entonces que Jacob terminó por separarse del cuerpo de Andrea. Los deseos del joven fueron entonces palpables y se recriminó por no haberse dado cuenta antes del interés que había suscitado. -NO.
No hagas eso...-le sostiene por los hombros, y miró la carita sorprendida
y confundida de joven. Jacob cubrió suavemente la boca de Andrea con sus dedos. -Te
has confundido conmigo, jovencito. Jacob le acomodó de nuevo en su lecho, cubriéndole con las sábanas y poniendo una almohada entre ellos. -Duerme...-acarició
su cabello. Andrea
sonrió por aquel halago, respiró hondamente y cuando los
truenos se fueron, él ya estaba dormido completamente, aunque eso
no impidió que rodará mas tarde y que sorteará la
almohada, cruzando sus piernas por encima de las de Jacob, y terminar
enredado entre sábanas, almohada, piernas y cobertores. -No
es lo que parece...-fue lo primero que alcanzó a balbucear. Marcel se paseaba como lobo enfurecido por el despacho. Preocupado por Andrea, había ido a buscarle a su cuarto temprano y lo que menos esperaba era verle enredado de piernas con Jacob. Mucho menos la víspera de la luna llena. -Antes
de que me grites algo...-empezó Jacob al entrar la puerta y cerrarla...-no
ha pasado nada...de lo que parece. Los ojos grises de Marcel se mantienen a la expectativa. -...y
seguro lo consolaste...-le dijo. Marcel
se sentó en el primer sillón que encontró...-¿Cómo
lo tomó? La mano de Marcel en su hombro indicó que entendía plenamente. -Vamos a desayunar. Es un día importante y la noche será larga. La puerta se abrió sin preámbulos y un atribulado Andrea apareció en la puerta, casi chocando con ellos. -¡No
sucedió nada, Signore Gucci...en verdad...! Jacob no... -Vaya
lluvia...-empezó Luca, mientras se sentaba en la mesa y se servia
de comer, contemplando la facha del Guardián, al mozuelo de Andrea
siendo llevado por Marcel y miró pícaramente a Dominic...-ves
amore, la fruta esta madurando.
Aunque el día estaba bien iluminado, los olores de la tierra y la fruta se percibían en el aire, la angustia y sin embargo, la desazón era lo único que estaba en la mente de Andrea. Veía a las personas de la Villa y ante sus ojos no había diferencias, eran las mismas personas que amablemente le habían cuidado en esos días y los mismos con quien había compartido, techo y comida. Pero le decían que eran licántropos, y muy en el fondo el pensaba que lo eran y temía convertirse en uno. Se abrazó a si mismo y se sentó en la escalinata. -Tienes
miedo, puedo olerlo...-fue una afirmación y Jacob se sentó
a su lado. Luca miraba la escena y le sorprendía el silencio en el cual Marcel se mantenía, mientras revisaba algo en su escritorio. -¿Es
prudente que sea Jacob, quien le instruya? Luca dejó el lapicero y se mantuvo en silencio. -No
sabe nada más lo que ya nos ha contado. Marcel levantó las manos, dándose por colmado. -Dejemos esto por la paz...-se concentró en sus papeles...-después de levantada la cosecha, tenemos trabajo que hacer. Debemos censar a las manadas libres en la región, ¿lo olvidaste? La familia quiere avances, tenemos que reportarnos y estamos menos cerca de atrapar a Duvon que antes. Luca
gruñó con la sola mención del nombre...-nos pediste
volver, estábamos detrás de su pista. Marcel se frotó la sien y continuó, esperando la comida, donde no encontró a Andrea en el comedor. -No se sentía con hambre y creí que era mejor que estuviera tranquilo, lo llevé a su cama...-le explicó el Guardián. El Alfa de la manada, fue a buscar al mozuelo mas tarde, le encontró cabizbajo, apático y recostado sobre la cama. Le ofreció una taza para que bebiera su contenido. -Aghhh,
está amarga...-escupió Andrea, retirándola de sus
labios, pero aun así Marcel insistió. -Bien, duerme un rato...-Marcel salió de la recámara y Jacob iba hacer lo mismo, pero la mano de Andrea se lo impidió, se le colgó del cuello y buscó los labios del Guardián, dejando el sabor amargo de la luperina en su boca. -Te dije que sabia mal...-le hizo un pucherito y se abrazó a su cuerpo donde se quedó, sin que Jacob pudiera quitárselo de encima. Fue él quien le llevó en brazos mas tarde hasta la bodega sur, cuando la tarde terminaba y le acomodó entre las mantas provistas en el escueto cuarto donde habían arreglado que pasaría la noche. -¿No
vas a irte, verdad? ¿No me dejaras solo?...-le murmuró Andrea,
mientras le ponía los grilletes acojinados en los brazos. No estaban solos, tanto Dominc, Luca y Marcel, se encontraban en la celda, mientras era preparado, retirándole la ropa y dejándole con lo mínimo. Dominic en particular le acariciaba el cabello, reconfortándole y dándole palabras de aliento, quizás recordando los dolores de su propia transformación, hacia años y lo mucho que sufrió en ella, así como las confusiones, los miedos y la gran incertidumbre de perder la humanidad. Luca fue el primero en sentir la luna y jaló el brazo de Dominic para aferrarlo al suyo, e impedir algún sobresaltó y que el joven se angustiara mas. -¿Estás
seguro, Jacob?...-Marcel cuestionaba al Guardián por la decisión
de permanecer en el cuarto, cuidando a Andrea en su transformación. Andrea sintió a su lobo interno al primer llamado de la luna, golpeándole el pecho y entumeciéndole los sentidos por unos segundos para luego reverberarle en cada poro de su piel. El cráneo y la quijada le empezaron golpetear sobre la carne, empujando y jalando sin piedad. Las rodillas le llegaron al suelo y empezó a ensalivar sin control. -Déjalo ser, no lo frenes. Te lastimará más, si niegas la naturaleza de lo que es. ¡Solo deja que suceda!...-oía que le gritaba Jacob en algún punto de la habitación que no ubicaba, por que su vista se había desenfocado y sus manos, no le obedecía. Luego, ni sus manos conservaba, mientras iban poco a poco cambiando a garras y su cuerpo envolviéndose en un pelaje que le cubría. ¿Cuánto duró el dolor? Eterno, le pareció, deseo gritar, pero ni su voz reconoció, aulló lastimeramente, replegado en el dolor más inmisericorde que recordara, peor que aquel con el que le infectaran. ¡Si tan solo le hubieran rebanado el cuello y evitarle ese dolor! -Ya estás aquí, cachorro...-una voz conocida y la imagen que reconoció por aquellos hermosos ojos ocre. Pero aun así, le gruñó y le ladró cuando aquella mano intentó tocarle y tuvo que forcejear con ella, cuando le apretó la mandíbula impidiéndole abrirla y movió su cuerpo compulsivamente, pero no podía acertarle con sus brazos por que eran sujetados por las cadenas...-¡Cálmate, Andrea!...-la otra mano, acariciaba su pelambre y luego de minutos de oponerse, terminó por ceder ante la fuerza y la ternura combinada de aquel lobo. -¿Me reconoces Andrea?...-otra voz y esta vez era una muy cálida y firme, sin embargo le gruñó, pero aquella cara, le mostró los dientes y sus ojos grises le miraban tan fijamente que sentía sus pensamientos en su propia mente, sin tener que hablarle. Era el Alfa, el jefe de su manada y solo tuvo que inclinar su cabeza para hacerse entender. -No pasarás tu primera noche, encadenado. Ven con nosotros, conoce la sensación de la tierra en tus patas y el olor de la noche en tu nariz. Los sentidos de Andrea se agudizaron, los sonidos de la noche eran una completa sinfonía donde los animales, insectos y la noche misma era participes. Se encontró corriendo a cuatro patas, siguiendo inicialmente al lobo de aperlado pelambre y ojos grises que era el Alfa, mientras los otros tres corrían flanqueándole los lados y la retaguardia. Enseñándole a correr en manada y comportarse como lobo dentro de ella, cuando el Alfa mordía sin rasgar su cuello y le golpeaba con su cabeza para incitarle a continuar. El lobo de ojos ocre y pelambre cobalto le seguía cercanamente, sin darle tiempo a revirar ni que se alejara unos pasos de ellos. Cuando se cansó, se tiró sobre la hierba y el resto de los lobos se sentaron a su alrededor. Aulló, no a la luna, y si a sus nuevos compañeros de manada, quienes aullaron en conjunto por tener a un nuevo integrante. No todos los lobos aullaron de gusto. Algunos escucharon los sonidos en la noche y miraban a través de los prismáticos especiales a la espesura de la noche. -Sangre
fresca...-se relamió los labios Seratu...-¿no la hueles
Duvon? Hoy los lobos han salido a pasear, hasta para los aristócratas
Gucci, ha sido mucha tentación la luna llena. Podríamos
aprovechar la ocasión. Duvon no era en lo mínimo paternal. Era un lobo descarriado hasta de su propia manada, hasta que terminó por formar la propia, con puros parias y apartados que le seguían sin chistar. Poco o casi ninguno de sus lobos podía decir que conocía la historia de Nathan Duvon, por que aquellos que sabían un poco de él, o estaban desterrados, muertos o engullidos. Su extraño placer por la sangre de los integrantes de su raza, se generó mucho tiempo atrás, reconociendo en ese preciado liquido una energía vital que le hacia mas fuerte, mas resistente y mas disipado. Consumir su carne era otra forma de devorar las esencias de sus victimas y con ello fortalecerse, era su credo. Sus gustos depravados también eran compartidos por otros seres de la noche, con los cuales se alió, hizo pactos y mantuvo contactos donde siempre se viera beneficiado. Seratu Carkum era uno de ellos, un Vampiro Ventrue con el cual hacia tratos de carácter netamente comercial, proporcionándole lobos que utilizaba como esclavos, como juguetes de sus gustos disolutos o para drenarlos. No siempre en ese orden. Pero generalmente pocos lobos que caían en sus manos no terminaban desaguados hasta ser fiambres. Aquellos seres de la noche no se complementaban, se toleraban por que dependían de alguna manera, uno del otro y Duvon era más útil como acarreador de piezas para Seratu, que comestible para su mesa. Además los gustos de Seratu, en últimas fechas se iban destilando por las piezas tiernas para su paladar más que para su deleite carnal las cuales era cada vez más difícil conseguirle. Cuando le llamó esa noche, Nathan Duvon se encontraba en la nueva fábrica que instaban en las cercanías de la Toscana, la cual empezaba a administrar y era la tapadera perfecta para sus movimientos, los cuales eran tan erráticos para sus subalternos, como impredecibles para el resto. Tenían décadas instaladas en América y súbitamente se habían tenido que mover, después de un ataque perpetrado a su peletería en las afueras de Nueva York. La cual coincidió con el reencuentro con su vástago, Dominic Duval, en el aeropuerto. Casi había perdido la idea de volverlo a encontrar. Después de años de buscar una pista de su paradero súbitamente le encontraba en medio de la gente en el aeropuerto. Pero junto a él, se tropezó con otro licántropo quien le reclamaba como suyo. “Mal nacido, Gucci”...-maldijo hasta el cansancio cuando reconoció la imagen del lobo de ojos violeta que le impidiera llevarse a Dominic ese día, en una revista de modas. Seguirle, se había convertido en un juego de paciencia, donde terminó por ubicar la Villa y darse cuenta que no era ningún lobo de caminos, ni un arrabalero cualquiera. Tenían plata, pertenecía a una manada bien organizada y tecnificada, que impedía que se hiciera una libre escaramuza para recobrar al cachorro. Fue entonces que se le ocurrió la idea de volver usar a VanHaussen, un vampiro con el cual ya había trabajando anteriormente y que tenía una inusual arma, una vara de plata. Desacostumbrado por que la mayoría de los vampiros que conocía que hacían magia no tenían una, confiaban plenamente en sus habilidades naturales, pero este Vampiro tenía otros secretos: negociaba sus servicios y en particular disfrutaba atormentar a sus victimas con sus hechizos hasta morir. Usaba magia negra sin ninguna restricción y el hecho de que fuera un “Convertido”, le daba otra aura de cinismo. Conocía la muerte misma, y le gustaba infligirla a la menor provocación. El trabajo era simple, les propuso VanHaussen abrirles una “puerta” para introducirse en la propia Villa, cuando podían disfrazar su olor, con el de tantos lobos presentes, por que tendrían una reunión. Localizar al cachorro fue fácil, esperar a que estuviera solo, era donde la paciencia se exigía, pero en eso mismo VanHaussen les ayudó, incitando al mocoso mentalmente a ir a sus aposentos, en donde le capturarían, se lo llevarían sin aspavientos y saldrían por la abertura que el Vampiro les había fabricado. Pero así de simple, se vino abajo la estrategia. En lugar de quedarse paralizado como las otras veces, el cachorro le dio pelea, hizo tanto ruido que alertó al resto de los lobos y en minutos tenían a toda la jauría Gucci encima de ellos y fue imposible recapturar a Dominc, quedándose con el sabor amargo de ser expulsados de la Villa, escaparse con la cola entre las patas y además de que VanHaussen fuera herido, perdiendo su vara. Aún tenía la cicatriz que Dominic le hizo cuando se transformó en sus brazos y se volvió imposible retenerle. Duvon tenía el orgullo herido y se sentía humillado por ese percance. Confió demasiado en ese Vampiro Hechicero que ni podía localizar, hasta que recibió la noticia de que VanHaussen había sido encarcelado y muerto, según sus contactos. Relacionarse
con otros hechiceros que le dieran los mismos resultados que VanHausen
seria una pérdida de tiempo. Tenia que encontrar otra forma de
atrapar a Dominic, en algún momento tendría que salir de
la Villa y esperaba poderle tender una trampa al bastardo de Gucci para
quitárselo de su propias garras. Además se estaba hartando
de que ese lobo estuviera buscando cazarle, hurgando en sus escondrijos
y desbaratando aquellas fabricas que instalaba. La última que acaba
de instalar en las afueras del río Arno, había sido allanada
por ese mozalbete. Tenia que darle una lección a ese guapito que
le hiciera respetarle y temerle. La propuesta le había caído del cielo, le proporcionaría una jauría de entrada, armas y vampiros para el ataque. Pagaría en oro y le dejaría quedarse con algunas piezas seleccionadas. Dominc estaba incluido entre ellas. -Dentro
de una semana, no más tiempo...-le rezongó el Carkum cerrando
una llamada que había entrado a su móvil...-Mi señor
se impacienta y ya tiene reunidas a sus tropas. Mientras algunos vampiros recorrían los caminos, otros se entretenían en sus negocios. Sebastián Carlomonti se alejó el mechón de su castaño y largo cabello que caía sobre su perfilada cara mientras revisaba los rollos de tela que recién habían desembarcado en sus bodegas. Sus ojos color miel miraban con detalle los cilindros, como si nada mas existiera en ese momento. Tenia el porte de un aristócrata, los gustos de un noble y las manías propias de todo vampiro que siente la magia en el ambiente y es capaz de percibir los pequeños cambios de humor entre su gente, y no dejó de escuchar el segundo suspiro entrecortado de la noche. -¿Te
aburró?...-le inquirió al jefe de su Jauría, quien
llevaba una bitácora en sus manos y anotaba algunos detalles que
le indicaba su señor. Salvatore dejó de anotar, dándose cuenta de que era pillado y que no era nada fácil ocultarle algo a su amo. Nació en su casa, se crió en su Aquelarre y siempre le había servido con devoción y orgullo. Pero en su mente andaba en otra parte los últimos días. -¿Qué
encontraste en la Toscana, que tanto pretendes ocultarme, Salvatore? -...¿y...Jacob,
cuando viene a verme?...-le terminaba siempre por preguntar al ver que
Dominic no le decía nada sobre el Guardián. Dominic tardó un poco más en tranquilizarle y dejarle dormido, pero una vez que lo hizo, bajo tan rápido como pudo y fue directamente a donde se encontraba Luca y Jacob, mientras ambos revisaban algo en el arsenal. Llegó y tomó uno de los chalecos que estaban colgados en la pared y se fue directamente contra Jacob, al cual alcanzó a golpear con el chaleco en un brazo, mientras era luego sostenido por Luca. -¡Dom,
¿Qué te pasa?! Una cosa había sido ser amable con Andrea cuando se sentía más desvalido y que requería el apoyo de la manada y otra muy distinta era cambiar de gustos de la noche a la mañana por un mozuelo. Era hermoso y seguramente encontraría quien le hiciera suspirar de nuevo, una vez que se diera la oportunidad. La tercera noche, Andrea se levantó de la cama a media noche y caminó por el pasillo hasta llegar a la puerta de Jacob, la cual en esta ocasión estaba cerrada. Giró la perilla varias veces y empezó por tocar con los nudillos, hasta que al final, arañó con sus dedos la madera. -...Jacob,
abre...-tardó largos minutos esperando a que la puerta se franqueara,
y cuando ésta se abrió, el joven sonrió hasta que
una mano le impidió entrar. Aún tenia Andrea, los ojos enrojecidos en la mañana, pero se levantó a desayunar, agradeciendo que ya el resto lo había hecho, fue ha ayudar en el campo, y solo hasta medio día, se fue al campo de tiro, donde no encontró a nadie, pero busco concentrarse en el blanco. La presencia de Salvatore en la Villa, llamó la atención de Marcel, quien no le esperaba y que dejó sus actividades para ir a recibirlo. -El
Signore Carlomonti ha enviado algo para su Casa, en agradecimiento por
sus vinos. La comida fue algo tirante, era obvio que Jacob y Luciano se sentían incómodos con la presencia del otro lobo, de innegable autoridad, salvo la cortesía enseñada por Marcel les obligó a ser amables con el romano, mientras que Andrea no levantaba la cara para nada de su plato, y por mas que Dominic buscaba que interviniera en alguna platica, el mozuelo se mostraba renuente. Salvatore sentía que las mejillas le ardían y el pulso se elevaba en su pecho al tener enfrente suyo a Andrea, levantaba sus cubiertos con lentitud, y miraba solapadamente al chico, descubriendo una velada tristeza que pretendía cubrir y se sentía frustrado por no poderle preguntar el motivo. -Iremos
a cabalgar un poco, ¿no le gustaría hacerlo, antes de partir?...-Dominic
invitó a Salvatore, ante la sorpresa de Luciano y del resto de
los lobos, mientras aquellos se servían licor y Marcel iba abrir
la boca para decir algo, cuando la negativa del romano fue enfática. Marcel sonrió y se enfrascó en sus asuntos. Sus lobeznos tenían que madurar, decepcionarse, crecer. Y mucho de eso tendrían que hacerlo solos, aunque entre ellos las acciones de manada fuera importantes, las acciones individuales seguirían respetándose.
La fría niebla que cubrían los valles de los Carpatos, se extendía casi de forma perenne, innatural y definitivamente mágica. Si los ojos indiscretos pudieran atravesarla, se darían cuenta de la gran fortaleza que protegían. Un gran castillo, de gruesas paredes que eran resguardas por una fosa, solamente se conectaban al camino por el puente levadizo que unía ambas franjas de tierra. Su propietaria, dejó la pequeña tacita en la mesa, al sentir que las puertas de su Casa eran atravesadas y que no había sido necesario que el puente bajara. La enorme mansión tenía un decorado recargado y los muebles una diversidad de estilos que sin chocar en gustos, armonizaban entre ellos. Los gruesos cortinajes casi desde el techo al suelo, eran de gruesos brocados y muchos de ellos denotaban antigüedad, buen gusto y excentricidad. Definir la época era como intentar darle un fechado a la inmortalidad. De todo un poco y todo era bello. -Hermano...-dijo volviendo a llevarse la taza a los labios y humedeciendo sus labios...-te has dignado a venir a verme. No he tenido la oportunidad, sino te iría visitar...-le sonrió. El aludido arrojó la capa sobre uno de los sillones y se dirigió a ella, dándole un beso en la mejilla. -Tu
ironía mejora día a día, hermanita. El noble hermano, hizo una ligera mueca en sus delgados labios, que en ese momento tenían un sonrosado que contrastaba con su piel pálida y nacarada, mientras que con un gesto desenfadado alejaba su cabello de su cara y mostraba el completo de sus facciones que eran finas y bien delineadas. Sus ojos, de un gris acerado, enmarcaban su cara. Parecía no exceder ni la veintena, pero irradiaba una legendaria y fría sabiduría. -¿Por
qué has dejado San Petersburgo? Creí que solo la nieve te
divertía y te aburrían los Carpatos. Sergei le sonrió de nuevo y acarició su mejilla, dándole un nuevo beso y se dirigió a sus habitaciones, fingiendo que dormiría, cuando en verdad tenía centurias de no hacerlo y había olvidado lo que era soñar. En el Aquelarre Nightcastel, Julius se movía inquieto, incapaz de mantener su propia excitación y el regodeo que le proporcionaba la idea de la cacería y la guerra. Sus largos cabellos, usualmente trenzados en largos mechones, le daban un aspecto vikingo, que enmarcaba mucho su temperamento combatiente e iracundo. Había recibido una entrega de vampiros y armas provenientes de Alexandrus y aunque le sorprendió no encontrar entre las filas a licántropos, no pudo negar que la dotación de guerreros era buena y que seguramente una buena explicación tendría su hermano para no enviarle lobos. La nota con la cual su hermano anexaba el embarco, le mencionaba que si iba a buscar lobos, llevar los propios podría darle una desventaja al ser detectados por el olor, mientras que los vampiros podrían franquear más fácilmente la seguridad impuesta en la Villa. El razonamiento no era equivocado y mientras su hermano mantuviera su lealtad y le proporcionara guerreros y armas para llevar a cabo su cometido, se daba por satisfecho. Seratu Carkum fue anunciado y el Sire Ventrue le recibió. -Mi
Señor...-hizo una larga inclinación y la mueca usual que
utilizaba para sonreír ante él. Julius ya le conocía
cada uno de los gestos. Ambos vampiros se carcajearon, ante la ocurrencia. -Todo
estará listo para partir en unas horas…-el Carkum le indicó. Nuevos nubarrones se cernían sobre la Toscana.
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