Clasificación:
NC-17 Avisos: Slash, relaciones h/h. |
16. Redención de Licántropos I El amanecer que pronto llegaría a la Toscana, nunca le pareció tan desconsolador a un Vampiro, como aquel que miraba por el ventanal y cerraba sus gruesos cortinajes, enfocando entonces su atención a la figura que yacía en la gran cama con doseles en medio de la habitación. Marcel yacía sobre el lecho, sin emitir ninguna señal mas allá de un ocasional quejido mientras era examinado de nueva cuenta por el médico de la Villa, quien estaba introduciendo la jeringuilla en una de las venas del exánime brazo para conectar una nueva unidad de sangre. El
pecho del Licántropo solo se elevó un poco, al dar una nueva
bocanada de aire y el Vampiro no pudo dejar de admirar su tostada piel
y el delicado vello que cubría su pectorales, haciendo un camino
por el vientre hasta llegar a su ombligo, que mas de una vez había
besado con devoción ese redondo hueco, hasta hacerle gemir. Se
recriminó por mirarlo de esa manera en ese momento en particular,
cuando su amado se debatía contra el dolor de sus heridas. -Es la segunda unidad de sangre que le aplicó y realmente no está sirviendo de nada. Esta herida parece…infectada, no coagula adecuadamente…-le informó el galeno con el pesimismo cargado en la voz. Krone se acercó a revisar por si mismo el cuerpo de Marcel y mirar con detalle la extremidad que estaba vendada a la altura del hombro y que nuevamente estaba empapada en sangre, por lo cual debían retirársele las vendas para cambiarla. El corte había sido profundo y bien aplicado a la arteria subclavial, lo que ocasionó que el Licántropo perdiera una gran cantidad del líquido vital en poco tiempo. Con el cambio de vendajes, Krone apreció que la herida en verdad no cerraba y que tenía todo el aspecto de una severa infección que se propagaba lentamente por el hombro de Marcel, bajándole por el pecho. La frente perlada del lobo y la mueca en sus labios, mientras apretaba los párpados con fuerza, le indicaban a Krone que se encontraba sumergido en un dolor que parecía carcomerle el organismo, y por el cual no podía ni conectarse con su mente. -Jamás
había visto algo como esto...-dijo el médico, quien intentaba
curar la herida, además de las ulceraciones cercanas…-tiene
un olor pútrido. Es muy extrañó, la herida está
bien ventilada y se le aplica el antiséptico adecuado. Krone iba a responderle que no serviría de nada trasladarlo a un hospital de humanos, que poco conocían de la naturaleza lupina que poseía Marcel y mucho menos tendrían tiempo para encontrarle una cura. Iba a empezar a decírselo al doctor, cuando el sonido de su móvil se lo impidió. Se lo pensó unos segundos, pero luego el Vampiro salió de la estancia para revisar la llamada que con vehemencia insistía en repiquetear. Solo por que había identificado al propietario, se digno en contestar, mientras observaba que el doctor empezaba a cambiarle las vendas al herido Licántropo otra vez. -Carlomonti…-casi
gruñó Krone al móvil. La frente de Krone bajo a su pecho, mientras apoyaba la mano en la pared. -Tu presencia es providencial, Carlomonti. Avisaré para que sean recibidos. De preferencia deja a los Vampiros que traigas en el perímetro, solo entra con los Licántropos que te acompañen, será más seguro…-Krone cerró la llamada y volvió a la habitación de Marcel para cerciorarse que seguía descansando y unos segundos después volvió a salir, mientras uno de los guardias le siguió, caminando a unos pasos detrás de él. Los pasos de Krone se dirigieron hacia la sala de computadoras, donde Jacob ponía de nueva cuenta el sistema en funcionamiento y empezaba a comunicarse con otros empleados de la Villa. Al verlo entrar, el Guardián ni siquiera se levantó, pero los ojos ocres del Licántropo no dejaron de verle con curiosidad. -Avisa
que dejen entrar a Carlomonti y a su gente…-fue la orden directa
que Krone le lanzó al Licántropo en cuanto cruzó
la puerta. Krone ni se inmutó y volvió de nuevo sobre sus pasos. -Mi Sire, esta por amanecer, debemos salir. No es seguro continuar aquí…- se presentó el piloto del helicóptero con el que había llegado, al tiempo que se inclinaba en señal de respeto. Krone
iba a decirles que nadie se movería de ahí hasta que Marcel
no estuviera fuera de peligro. Pero la seguridad de su grupo también
era importante y entre menos Vampiros estuvieran en la Villa, mas tranquilos
estarían sus moradores. Jacob encontró a Luciano despierto, solo se había dado un baño y llamaba por teléfono. Por las voces airadas, el Guardián sabía con quien se comunicaba y le dejó terminar. El lobo de ojos violeta, depositó el auricular sobre el teléfono con brusquedad y fijó su vista en Jacob. -He
informado a la Familia y nos enviarán refuerzos a la brevedad. -Bien,
como eres quien da las ordenes aquí, te informó que el Hechicero
romano se encuentra en las puertas de la Villa. Mediash ha hablado con
él y dice que solo pasará con Licántropos. Y nos
servirían de ayuda, nuestra gente necesita descansar…-le
indicó el Guardia ante la indecisión de Luciano…-también
han llegado con la caravana de gitanos que conocemos, junto con Leoni. Luciano dejó al Guardián en el pasillo mientras tomaba aire y caminaba rápidamente hasta la habitación de Marcel, que seguía custodiada con un guerrero Tremere que le miró de arriba abajo franqueándole el paso. -No
tengo instrucciones de dar acceso a nadie…-le sostuvo la fría
mirada que el joven Licántropo le dedicó. El Vampiro le miraba con fastidio mal disimulado. Razonaba que el cuidado de Marcel era su prioridad y la consideraba por encima de la autoridad del mismo Luciano. -No
necesitas gritar. Y no…no puedes verlo aún. Sigue inconsciente.
Las unidades de sangre no le sirven. El martilleo de un par de armas en el pasillo por parte de Jacob, no inmutó ni a Krone ni a Luciano, solamente sirvió para que la ballesta cambiara de objetivo. -No
es un espectáculo muy digno estarse peleando junto a la puerta
de Marcel…-inquirió el Guardián de los Gucci, mirando
a Luciano molestó…-Te envié a preguntarle a Mediash
sobre los rehenes, no a armar pelea…volteó ahora a ver a
los Vampiros, donde Krone tenia la mano en el hombro de su Guardián
y le indicaba con ello que bajara el arma, lo cual hizo hasta que Jacob
guardó las suyas. Jacob asintió y se retiró junto con el Guardián Tremere. El silencio se hizo incomodó por unos minutos entre Krone y Luciano. El Vampiro podía sentir el dolor y la frustración que el joven lobo sentía. Una impotencia que le carcomía. -Para
rescatar a Dominic necesitas estar despejado. Piensa con lucidez. Intenta
hacer contacto con él...-le incitó el Vampiro, ante la mirada
huraña que le dedicó el lobo. Las palabras de Krone, fueron en ese momento una extraña tabla a la cual aferrarse en un mar tormentoso...-él te indicará el camino. Solo permítele contactarse con tu mente, pero debes estar lucido y tranquilo.-insistió Krone, hablándole con paciencia. La voz de uno de los Licántropos de la Villa, indicando que se encontraban en las puertas una caravana de gitanos, hizo reaccionar a Luciano, quien de pronto se había abstraído, buscando tranquilizarse. Krone pasó a un lado del joven Gucci, para ir a recibir personalmente a la nueva comitiva que llegaba y que rápidamente bajaron del auto de oscuras ventanas. Sebastián Carlomonti, tomó la mano de la joven vampira Aisha quien era hija de Vincenzo Leoni, el Sire los Gangrel, para ayudarla a bajar. Los tres Vampiros, se inclinaron ante el Tremere, quien devolvió el saludo y les indicó seguirles hasta el resguardo de la Casa, ante la proximidad del amanecer. -Sire…-el Vampiro romano se adelantó, inclinándose rápidamente ante la envestidura del Tremere, quien le indicó levantarse, mientras iba al encuentro de los Gangrel y se detenían enfrente del Vampiro. Vincenzo Leoni tenía toda la imagen de un trotamundos elegante, larga gabardina, ropas abrigadas y botas altas de piel. Se denotaba que era un Vampiro de ascendencia pura, ya que no sobrepasaba una apariencia de cincuenta años, y tratándose de un señor de la noche, eso indicaba que estaba rayando los ochocientos años o más. Tiene el cabello rojo, corto y bien peinado, no usa barba o bigote, lo que lo hace lucir todavía más joven, a pesar de las hebras plateadas que le adornan el flequillo y los costados de sus sienes, su expresión es serenamente apacible, sus modales son suaves y parejos, y sus ojos son de un color pardo...como las hojas en el otoño, tiene el cuerpo algo rollizo aunque es casi tan alto como Krone. Los Sires se dieron la mano y con ello se probaban el mutuo respeto que tenían uno por el otro. -Sire,
Leoni. Es una gran sorpresa su presencia en estas tierras. La mirada rubí rápidamente se concentró en aquella joven de cabellos rojizos y ojos grises, a quien recordara por su arrojo enfrente del Concilio, en defensa de los Licántropos. Aquella simple actitud, seria más que suficiente para recordarla. Pero ahora la veía con otros ojos, ante el despliegue del aura de la chica que se irradiaba en forma tenue y cálida. Como una ligera corriente eléctrica, por tenerla directamente al frente, todos los sentidos se le alertaron a Krone, como una recóndita señal de sus entrañas, más profundo que sus recuerdos o pensamientos, como algo grabado en su carne y sintió que sus alas se revolvían bajo la piel de su espalda. Sus ojos se encontraron con los platinos de ella, y a Krone le pareció estar contemplando a una delicada y majestuosa ave, alguna aparición de esos cuentos fantásticos. Un fénix soberbio que si llegaba a tocar se fundiría en una llamarada. -¿Sire
Tremere...?.- la vio separando sus delgados labios al preguntarle, pero
no fueron sus oídos los que captaron el sonido de su voz, la escuchó
claramente repercutiendo en su alma. La vió tambalearse y a su padre acudir a sostenerla. -Aisha,
¿te encuentras bien?...-indagó solícitamente su progenitor. A Luciano no le quedo otra que verlos irse, mientras hacia una media mueca a Leoni. -¿Vino?...-indicó el Licántropo al Sire Gangrel, sin algo mejor que decir. Mientras los tres Vampiros iban rumbo a las escaleras, les alcanzó el Guardián Tremere, quien de nuevo volvía, con la intención de no despegarse del Sire y solo se adelantó para abrirles la puerta. El doctor se sorprendió un poco al ver llegar a más Vampiros, pero se dirigió con premura hacia Krone. -No
hay mejoría, esta casi en shock linfático…-le indicó
sin demora. Aisha se asomó también sobre el pecho de Marcel, observando gravemente la escena. -Debes
darte prisa…-le dijo, alzando una pequeña mochila que traía
con ella y la abrió prontamente, esparciendo algunas hierbas sobre
la frazada que cubría al lobo y sacó aparte una de tallo
alargado, hojas menudas y cerradas, las cuales estrujó entre sus
palmas, produciendo una aglutinada pasta. Si algo tiene claro un Guardián, es cuando su Señor se encuentra cerca y le necesita. Antón Salvatore abrió los ojos en lo que percibió la presencia de Carlomonti en la Villa. Buscó su camisa y rápidamente se levantó con rumbo al nivel superior para averiguar por que sentía a su Señor allí. Otra persona tampoco dormía ya. Andrea se levantó, incapaz de seguir en su tibia cama insomne, mientras no tuviera noticias del estado de salud de Marcel o del paradero de Dominic. Así que su primera idea fue ir a la cocina a buscar algo para desayunar y luego iría a ayudar a Jacob o a Luciano en lo que fuera necesario. Pero se detuvo al ver de reojo pasar a Salvatore con rumbo a las escalares principales. El Guardián romano reconoció el negro maletín de piel de los Carlomonti, en cuanto vio que el guardia Tremere lo llevaba, se fue detrás de él y se detuvo a unos pasos, en cuanto tocó la puerta y vio por la rendija de la entrada el largo cabello de su Señor. El Tremere le miro con suspicacia, pero sin decir nada, se mantuvo en su posición, viendo al Licántropo caminar de un lado a otro. -¿Qué
sucede? ¿Marcel está bien?...-preguntó el mozuelo
de ojos turquesa, al dar alcance al lobo romano a unos pasos de la puerta
del Alfa de la Villa. Dentro de la habitación, Krone miraba como Aisha mantenía sus manos en la frente y el pecho del Licántropo, mientras con los ojos cerrados, la Vampiro buscaba afanosamente que la mente debilitada de Marcel se mantuviera activa y no se derrumbara. -Acércate…-le indicó ella en un momento dado…-su mente esta vagando…errática. Tú le conoces bien, conecta tu mente a la suya, indícale como mantenerse a tu lado…-ella tomó la mano de Krone e hizo que la pusiera suavemente sobre la frente de Marcel y oprimió suavemente su pecho, mientras sentía el calor emerger de aquellas pequeñas y finas manos. Solo por unos segundos le prestó atención, pero luego la dedicó por completo a buscar fusionarse con la mente de su amado y mantenerlo a su lado. Mientras Carlomonti se afanaba en mezclar varios líquidos de diversas botellas que tenia dentro de su maletín, una vez que la prueba le diera positiva, al utilizar parte de la sangre contaminada de Marcel y un vire en el color, le demostrara que estaba en lo correcto. Uso una jeringuilla para introducir en antídoto en la bolsa de sangre que aun colgaba. Prestó luego atención al pequeño caldero que borboteaba e introdujo dentro una larga cuchara para terminar de revolver y luego con un movimiento de sus manos apagar el fuego. -Esta lista…-dijo cuando hundió la cuchara y con el liquido dentro de ella la llevó a la altura de la herida…-sosténgalo, debo aplicarla en caliente…-, la Yerba del Platero fue apartada y el liquido espeso comenzó a destilar por la herida infectada y el subconsciente de Marcel se quejó ante el ardor, pero el Hechicero ignoró los quejidos y continuó con las cataplasmas en la viva piel. Aisha masajeaba las sienes de Marcel, entonando una letanía que se unió a los ruegos de Krone, quien unos minutos después sonrió, al sentir la nítida presencia del Licántropo una vez más emerger de su subconsciente. -“Marcel”…-le
musitó con su mente. La Vampiro retiró sus manos y su presencia de la del Licántropo, al sentir que se sostenía solo, y sus pensamientos volvían a ser lucidos y claros. Carlomonti miró a Aisha, indicándole que era mejor dejar descansar al herido, y la ayudó a levantarse, mientras la joven estaba tan débil como el mismo convaleciente. La llevó hacia afuera del cuarto, en tanto, la unidad con sangre se terminaba. -Pronto se hará de día, Sire…-le recordó el romano a su Sire, antes de salir de la habitación. Krone apenas podía despegar los ojos de su amado, mientras le sostenía la mano en total arrebato. Y tardo unos segundos más en ordenar sus ideas. -“No tardare, Marcel”…-no le soltó hasta que el Licántropo le indicó con una leve sonrisa que lo esperaría. El Guardián Tremere sostuvo entonces la puerta, dirigiéndose a su Sire, mientras cerraba la comunicación que tenia con sus otros compañeros. -Estamos
listos para irnos, Sire. En el pasillo, Carlomonti se ha encontrado con su Guardián y aunque tiene una venda en el torso, en general tiene buen aspecto. -¿Todo bien?...-alcanzó a preguntar Carlomonti a su Guardián, quien asintió para responderle, pero por la premura del día por llegar sabia que dejaría para mas tarde los detalles. El Vampiro romano se dio cuenta de la presencia del joven Licántropo al lado de su Guardián, por la cara de angustia que puso en cuanto el mozuelo vio salir a Aisha. Olió en el joven el miedo usual cuando los humanos están en presencia de un ser de la noche y se han dado cuenta que pueden ser depredados. Pero el terror terminó por manifestarse en su cara, ante la presencia de Krone, cuando salió de nuevo al pasillo. Andrea enmudeció ante las negras alas que ve surgir de Krone, las cuales contempla desplegadas en la sombra que se proyectaban en la pared. La presencia del guerrero Tremere, a quien ve por primera vez, le dejo sin aliento. Sus rubios cabellos y el rojos de sus ojos, contrastan con su pálida piel y sus finas facciones, que en ese momento están marcadas por la tensión y las emociones de las últimas horas. Aunado a la imagen de la Vampiro que esta con él en el pasillo, terriblemente perturbadora. El joven por instinto se pone detrás de Salvatore, quien se quedó perplejo ante esa reacción, al sentir como le apretó el brazo y pega su cabeza a su espalda, cuando el jovencito es atenazado por un agudo dolor de cabeza que le perturba en un solo golpe todos sus sentimientos y emociones, aumentando el pavor que le ha causado esas imágenes. No solo siente la presencia de la Vampiro Aisha, sino además de aquel otro, quien ahora le mira con sorpresa. -¿Quién eres?...-preguntó Krone a viva voz al joven de ojos turquesa, sintiendo como propia su perturbación. Pero Andrea fue incapaz de responder, tenia los sentidos impregnados por aquellas imponentes presencias, se llevó la mano al pecho, sintiendo una exagerada angustia que repentinamente cesó en un glorificante alivio, una bondad abrumadora lo subyuga para luego decaer en una profunda interrogante, su nariz le comienza a sangrar y pierde la noción de todo, Salvatore solo alcanzó a tomarle en brazos antes de que se desplomara al suelo cuando se desmayó. Sorprendido y confuso por esa reacción del cachorro, el Guardián de ojos verdes sostuvo su cuerpo y lo levantó en vilo. -Está
aterrado…-le dice Aisha al Guardián romano, acercándose
para auscultar de cerca al joven que sostiene en sus brazos -Nuestra presencia
lo horrorizó hasta desmayarlo…-le comentó a Krone,
girándose hacia él. Luciano no se hizo del rogar, entró en la habitación y fue directo a la cama, donde el aspecto de su tío aún era lastimero, pero tenía ya los ojos ligeramente abiertos y reconoció a Luciano al instante, estirando su brazo para que el joven alcance su mano. Luciano se acuclilló junto al lecho, mientras su cabeza era acariciada, desordenándole el cabello, pero no se quejo en ningún momento, sino que agradeció que su tío tuviera fuerzas para hacerlo. -¿To-todos
están bien? Marcel
asintió, mientras se sumía en un nuevo sueño, ahora
inducido por el narcótico que el médico le aplicaba, suplicándole
al joven que lo dejara descansar. Luciano aceptó un poco contra
su voluntad, pero sabía que era necesario para que Marcel terminara
de recuperarse. Salió despacio de la recámara, después
del doctor, quien se retiró a descansar. Luciano se encontró
de nuevo a Krone, quien subía las escaleras después de haber
dejado a los otros Vampiros protegidos en la cava. La rabia podía destilarse de esa última frase, sin ninguna reserva, pero el Vampiro intentó contener su furia con lo único que le importaba en ese momento. -¿Cómo
está Marcel?..-preguntó Krone. Extrañamente ese juramente le dio a Luciano algo de calor ante el vacío de su propia pérdida. -No tengo tiempo para ponerlo en duda. Ya no mas...-Luciano le ofreció la mano, para estrecharla como amigos…-Creo que debo agradecerte que hayas protegido a los lobos de esta Villa y que sigas al cuidado de Marcel. El Vampiro sonrió, aceptándole el saludo e inclinó la cabeza para despedirse de momento, cerrando detrás de él las puertas. Solo los gruesos cortinajes impedían la entrada de la luz, del nuevo día. Había sido una noche muy larga. El rubio Vampiro empezó a desvestirse de los ropajes de combate con los cuales se había mantenido toda la noche y solo se quedo con lo más ligero para entrar a la cama, a un lado del Licántropo que dormía tranquilamente. -“Marcel,
he vuelto”…-rozó esa piel tostada que tanto le fascinaba.
Lo hizo lentamente, con casi miedo de molestarle. Krone cerró su mente al exterior, impidiendo que su mentor Vasenforf se contactara con él; de nada le serviría saber al Anciano los motivos de su retraso. Seguramente estaría enterado por sus guardias de los detalles. Ya habría tiempo para escucharle. De momento lo único importante en ese momento era el restablecimiento del licántropo a su lado. Detrás de esa puerta, las actividades por poner la Villa de nuevo en orden continuaban. Los Licántropos de la hacienda rápidamente empezaron a hacerse cargo de los destrozos causados por la batalla, que por doquier se veía. La cocina, mientras tanto se había vuelto el centro de la casa, donde el joven Gucci daba órdenes a los subalternos y solo dejo de hacerlo cuando vio llegar a su Guardián. -Se
han ido…-Luciano escuchó la voz de Jacob, quien se acercaba
con una tasa de algo que parecía mas que café en una mano
y con un auricular en un oído…-acaban de salir de la Villa.
Varios Licántropos acompañan a los Tremere que se han llevado
a todos los otros Vampiros. Iban amordazados y bien resguardados. Ambos callaron en cuanto vieron entrar al Guardián romano, quien se había encargado de acondicionar la cava para que los Vampiros que seguían en la casa descansaran. Se veía cansado, seguramente había dormido pocas horas, pero aun así, insistía en seguir de pie. -Les
he instalado ya…-anunció el Guardián, sirviéndose
del mismo una taza del oscuro brebaje. Luciano miró a Jacob y se levantó para ir rumbo al cuarto del joven de ojos turquesa, seguido de cerca por Salvatore. Las coincidencias no existían, en las últimas horas Luciano había aceptado ese axioma, con la misma facilidad con la cual la luz atravesaba por el ventanal. La misma luz del día que entró por el cristal y dio directo en la cara del joven que iba en el asiento de atrás, fuertemente asegurado. El bamboleo le indicó que se estaban moviendo. Su mente se encontraba atosigada e intentaba que sus sentidos se mantuvieran lucidos. Tenia la vaga idea de que escuchaba muy queda una suave voz femenina que lo alentaba y le hacía compañía. “No te dejare solo, mi Heraldo, estaré contigo en todo momento”. -“Es casi…casi de día”…-Dominic alcanzó a entender que había pasado horas en el camino. Los efectos del narcótico van cediendo rápidamente, aunque aun Dominc no lograba despertar del todo. Intentó ubicarse, subiendo un poco la cabeza para ver por el cristal. El camino le es desconocido. Volteó un poco hacia el conductor y el terror le acongojó al darse cuenta que estaba en manos de Duvon. Soltó un ligero grito, pateó la puerta y el asiento, mientras comenzó a moverse, para buscar aflojar las ligaduras que lo sujetaban. El lobo que iba conduciendo la camioneta, miró por el espejo retrovisor al joven que va detrás en cuando escuchó el leve quejido. -¡Bastardo! Mal nacido…-le aulló Dominic en cuando la voz llegó a su garganta. -Grita lo que quieras, dentro del auto nadie podrá escucharte…-y el viejo lobo encendió la música a todo volumen. Se sentía pletórico, por fin sus planes había resultado en un total acierto y trae consigo al cachorro que tanto trabajo que le había costado capturar. Como suponía que el ataque a la Villa ha sido un éxito, no cambió la camioneta con la cual salió, confiado de que no quedaría nadie en libertad que le pudiera obstaculizar más, aunque si tomó varios caminos para despistar como suele ser su costumbre, recordando que todavía no había neutralizado completamente al arrogante majadero del joven Gucci, así que usó caminos poco conocidos para dirigirse a Siena, una provincia de la Toscana central, donde posee una pequeña fortaleza medieval, propia de la región, que le ha servido de refugio desde que llegara a Italia y que por su estratégica posición le permite privacidad y fácil acceso para movilizarse por la península. -¡Tranquilizante, solo vas a lastimarte!...-le gritó Duvon de nuevo al joven, al escucharle que forcejeaba. Usualmente le importaría un bledo que un lobo capturado se lastimara. Pero en esta ocasión no era una simple mercancía que trasladaba. Tenia que entregarlo vivo y de preferencia sin que perdiera un brazo o una pierna...-¡Si sigues fastidiando, te amordazaré todo el camino. Dominic no se dejó intimidar por aquel bramido, levantó ambos pies y descargó todo el peso de sus piernas contra la ventanilla hasta que el cristal se hizo añicos. Duvon aplicó los dos pies en el freno, derrapando el vehículo, provocando que Dominic se rodara del asiento y cayera al piso. El artero Lobo comprendió que ya no lograba ningún efecto con sus gritos y amenazas en un Licántropo que le había perdido todo el miedo. Se bajó de la camioneta, y caminó hacia el asiento trasero abriendo la portezuela. El lobezno lo sintió apearse y tan rápido como pudo doblarse, enfiló sus piernas hacia donde lo sintió venir y el cuanto la puerta se abrió, le dio una potente patada, empujándola con todas las fuerzas que tenía y el viejo lobo dio con sus huesos sobre la gravilla y vió pasar ágilmente sobre él a su cachorro, que veloz como gacela, ponía tierra de por medio. Los efectos del narcótico, sin embargo, todavía estaban presentes y las piernas estaban débiles y Dominic no logró llegar muy lejos, cuando sintió la fétida respiración de su padre sobre su nuca, cuando le tacleo, derribándolo, mientras se raspaba la quijada y las rodillas. -Maldito
escurridizo...- le gruñó Duvon, golpeándole varias
veces en el estomago hasta sacarle completamente el aire, aturdiéndolo
lo suficiente para que no se opusiera más. Dominic apenas sintió
que era alzado sobre el hombro de aquel bestial cazador, contendiendo
erráticamente al ser devuelto al interior del vehículo. Con brutalidad, Duvon lo echó sobre el asiento y el joven entendió que era el delantero, cuando su pecho y sus brazos fueron sujetados con sogas, impidiéndole que pudiera volver a echarse a correr, y sus tobillos también fueron inmovilizados contra los hierros inferiores, pugnando por deshacerlos en golpes contra el odiado rostro que le sonrío infame e intentó morderlo cada vez que se le acercaba demasiado, pero con una mordaza volvió a hacerlo callar al apretarle las encías sin piedad. -Así no me causarás mas molestias y podré vigilarte mejor...- le dice Duvon, verificando una vez más los nudos, apretándolos un poco más hasta que oyó al cachorro resollar y dándose por satisfecho regresó al asiento de piloto y volvió a colocar el vehículo en marcha. Dominic le veía con rabia y coraje. Se sintió indefenso y expuesto. Había prometido no volver a caer en las manos de ese infame y ahora se encontraba a su merced. Una solitaria lágrima bajo por su mejilla, pero no le daría el gusto a ese pervertido de verle sufrir más. Pegó su nuca al asiento, girando un poco la cabeza hacia el cristal. Buscando algo que le sirviera de guía y le ubique en el camino. La música y la mordaza quizás pudieran sofocar los gritos que pudieran salir de su boca, pero su mente busca afanosa otro contacto. Cierra los ojos, buscando respirar con normalidad, dejándose llevar por esa extraña presencia que de continuo se hace presente y que parece negarse a dejarle, insistiéndole a tranquilizarse. -“Lo haces bien, solo relaja tu cuerpo y mantén despejada tu mente, no te dejaré, siempre estaré a tu lado, mi Heraldo...” El joven Licántropo relajó su mente y la expandió lentamente, atravesando la distancia y buscando afanosamente al propietario de unos ojos violeta. En el primer intento, el contacto con Luciano fue fallido, por que el Licántropo se encontraba tan furioso, abatido y abrumado poniéndose al corriente en las actividades de la Villa que fue incapaz de percibirle. Busca entonces a Marcel, pero el contacto es casi nulo y un escalofrió le recorre la espalda al joven cachorro al seguir intentando la conexión con el Alfa. Eso le preocupa y empieza a temer por él. Un volantazo súbito que Duvon hizo en la camioneta le obligó a desistir. En el camino, Duvon casi chocó con una enorme lechuza negra, que le obligó a estacionarse, bajando en terraplén. -Al fin, ya era hora...-le escuchó mascullando. El ave se acercó al Licántropo, estirando la pata para que tomara de ahí un mensaje, el cual leyó con avidez y luego se quemó en sus manos, sin inmutarse. Dominic se asombró un poco al ver eso y como el ave seguía posada en la capota del auto, como si esperara algo. Mientras miraba como Duvon escribía una nota y la amarra en la pata del animal, empezó a concentrarse con más ahínco para lograr distender su mente, alejando el narcótico de su torrente y logrando mayor control de sus sentidos. Pero no logró contactar al que necesitaba con ansias su alma. -“Usa al otro Heraldo”...-aconsejó su fantasmal compañía…-“ahora que fue activado puedes alcanzarlo. Su mente no esta educada, pero sus habilidades son tan grandes como las tuyas. Úsalo...” Dominic se confundió con aquella salida, pero necesitaba otro contacto si no podía llegar hasta Luciano, ¿pero a quién se refería su irreal acompañante? -“Andrea”...-fue la suave insinuación, mientras escuchaba que de nuevo Duvon subía al auto, le miraba con cierto recelo, dio marcha al encendido cuando corroboró el estado del amarre, para luego continuar por la carretera. -“Andrea”…-musitó de nuevo Dominic, obligándose a abarcar con su mente la distancia que lo alejaba cada vez más de la Villa. El joven de ojos turquesa estaba en su cuarto, sujetando la almohada, hundiendo la cara en ella por el dolor de cabeza que lo marea. Tiene la mente nublada y no puede precisar ni lo que siente ni lo cree haber visto. Una voz masculina comenzaba a hacerse patente en su inconsciente, no era Dominic, no era Marcel…pero no sentía temor o recelo, solo alguien que le necesitaba y en el que podía confiar. Se encontró de nuevo abrumado por una avalancha sin sentido de emociones, sintiendo repentinamente mucho frío. Pegó un brinco en cuanto escuchó el ruido de la puerta y que Luciano entró sin esperar respuesta. Se enteró que le preguntaba como se sentía, pero la mente del joven seguía siendo un caos y apenas logró quitarse la almohada de la cara. -¿Qué te sucede, cachorro?...-le cuestionó Jacob y el mozuelo intentó fijar su vista en el portador de esa voz. Estiró la mano para alcanzarle, pero es Luca quien le tomó del brazo. Fue en ese momento, cuando la mente de Luca se obnubiló y la sensación de tener a Dominic fue tan fuerte que casi pudo oler su aroma y eso le hizo dar un brinco de excitación, que se transformó en angustia al sentir el estupor del joven y la forma en la cual estaba intentando salir de ese narcótico estado. -“¡¿Amore?!”....-le susurró Luciano, a esa imagen que en su mente se formaba, mientras sujetaba el brazo del mozuelo. Ambos Guardianes veían aquello con aprensión, pero ninguno intentó dar un paso para separarles. Luciano sintió de pronto la presencia de algo más, allí con ellos, violenta, forzuda, arbitraria y repulsiva que sacudió físicamente la presencia de Dominic. -“¡¿Qué haces?!”…-demandó a lo lejos la voz de Duvon, y aquella abrumadora presencia que Luciano sentía de Dominic, súbitamente se rompió y el Licántropo de ojos violeta se sintió mareado, como si le hubieran propinado un golpe en el estomago que le hiciera expeler el aire, porque boqueó y comenzó a sudar, mientras Andrea le miraba atónito y se levantaba de la cama para pegar su espalda a la primer pared que se le atravesó, estrujado por un terror contundente, un asco enorme y una rabia atroz. -¿Cómo
hiciste eso?...-le suplicó Luciano, elevando la voz, dándose
cuenta que Dominic ha sido golpeado y acaba de sentirlo en su propio cuerpo. La carita de angustia que Andrea formuló ante aquel movimiento rápido del Licántropo, hizo reaccionar a Salvatore, quien se movió para ir a su encuentro. Luciano sostiene frenético de los hombros al joven, y giró con fastidio cuando sintió que era empujado, mientras el Guardián romano se le ha acercado para quitarle a Andrea de las manos, mientras lo cubre con su cuerpo. -¡Le
lastimas, déjale!...-interpuso sus brazos, mientras Luciano era
detenido por Jacob. -¿Saben
lo que es un médium, verdad?...-preguntó el Guardián
romano. Luciano volvió a gritar de frustración, dando un puñetazo en la pared, pero luego se calmó para intentar razonar con Andrea. -Esta bien, esta bien...-se volteó hacia el joven, quien seguía custodiado por Salvatore…-Cuéntame lo que vistes hace rato. Cuando conociste a los Vampiros que llegaron hace poco. Algo vistes en ellos, algo que te asustó. Cuéntame de eso. La cara de sorpresa de Andrea por eso, le indicó a Luciano que si entendía de qué hablaba. -A-alas.
Negras. Unas negras alas. El de los ojos rojos, ese tiene una alas. La
mujer también…son diferentes. Las de ellas son de diferente
color.- barbotó Andrea, tan pálido que Salvatore lo volvió
a sostener, temiendo que se volviera a desmayar. El joven asintió, mas tranquilo, dejándose llevar por Luciano, quien lo sentó en la cama con cuidado. -Ayúdame a encontrar a Dominic…-le sostuvo Luciano de las manos…-solo relájate. Él encontrara el camino. El chico asintió, sin saber muy bien que sucedía, pero confiaba en Luciano así que atendió a todas sus indicaciones, dejando su mente en blanco, solo concentrándose en la presencia que podía sentir de Dominic, y otra, que le guiaba también. Dominic mantuvo la cabeza ladeada sobre el asiento, exhausto y adolorido. Sigue embotado por el golpe que le fue propinado, el cual le arde en la boca del estómago, e intentaba salir de su estupor, al tiempo que buscaba localizar algo en la carretera que le permitiera ubicarse. -¡Solo así, te mantienes quieto! …-le bramó Duvon al joven Licántropo, quien no apartaba los ojos del camino, viendo el reflejo del cazador por el cristal… -Podrás ir mas cómodo, si no gritas y dejaras de berrear. El joven mantuvo el mutismo hasta que Duvon le hizo girar la cara con una de sus grandes manos…-¡Dime cuando naciste!- interrogó. Le jaloneo la mordaza para quitársela, sacándole el asqueroso pañuelo con el que lo mantiene silencioso de entre los dientes. El joven resolló al intentar respirar con libertad. Los ojos verdes de Dominic miraron con torpeza a su agresor, pero logró liberarse de su mano, aventando el cuerpo hacia atrás. El terror se reflejó en su cara cuando el brillo de un cuchillo de caza se presentó ante su cara. -Yo te haré unas preguntas y si no me las respondes, te clavare este puñal entre cada una de tus costillas hasta que lo hagas. ¿Entendiste?- le amenazó…-Así que no me mientas. Sabré si lo haces...- el puñal tocó la piel del pecho del joven y la respiración agitada de Dominic, hizo que la punta se clavara en la fina piel. El joven movió la cabeza afirmando, mientras Duvon sonreía al ver ese miedo en su cara y que por fin ese jovencito entendía el significado de la autoridad a la que él estaba acostumbrado. -¿Cuál
es tu fecha exacta de nacimiento?- comenzó el viejo lobo el interrogatorio. La mano de Duvon se estrelló justo en el labio superior de Dominic, reventándole algunos vasos sanguíneos en su nariz, lo que provocó que una línea carmesí se deslizara del orificio nasal hasta bajarle por la barbilla. El joven apretó los labios, para que el golpe no le aturdiera y conservarse conciente, despejado, no podía dejar que ese desgraciado lo dominara todavía más. -Tienes el mismo carácter rebelde y combativo de ella…-gruñó Duvon…-pero igual que a ti, yo logré someterla. No fue fácil, ya que era toda una fiera, pero no hay animal salvaje que no se domine con una buena golpiza. Dominic estranguló un sollozo de solo imaginar la brutalidad de aquella bestia, contra el frágil cuerpo de su madre. Volvió sus ojos al camino, siguiendo con su afanosa inspección de puntos de referencia y mantenerse ecuánime, tratando de alcanzar de nuevo a Luciano, pero la conversación de Duvon se lo hacía cada vez más difícil, rompiéndole su concentración. -La
escogí cuidadosamente…-continuó Duvon -la seguí,
la estudie, la vigilé, me percaté de que era la adecuada,
la hembra con la que podría engendrar a un cachorro que valiera
la pena, que tuviera sus mismos dones y mis habilidades...-el alienado
júbilo del viejo lobo, se fundía como ponzoña por
los oídos de Dominic, que trataba de mantenerse aislado de él,
pero no lograba bloquearse…-y cuando creí que era el tiempo
justo, que ya estaba madura, la atrapé y me la llevé...-Dominic
inclinó su rostro y las lágrimas brotaron más furibundas,
más frustradas y más impotentes que antes. Duvon seguía contemplándolo por el rabillo del ojo, satisfaciéndole plenamente la perturbación que producía en el joven, en el cual el odio que le afloraba segundo a segundo y sentía crecer las ganas de arrancarle la cabeza en ese instante al autor de aquella pesadilla. -Tu madre no me aceptó de buenas a primeras, pero disfruté mucho amansándola, tenía un propósito para ella y justo cuando la fecha fue propicia y estaba más fértil, la hice mía. Dominic aulló, comenzó a forcejear con las ataduras y a lastimarse con las sogas. -¡¡¡Chacal inmundo, monstruo, disoluto, maldito animal...!!! La carcajada que Duvon le dedicó le revolvió las entrañas aun más a Dominic. -¿Quieres ver como fue?...-le dijo el cruel padre cuando freno el auto y se viró para estirar su mano y aferrar la nuca de Dominic, clavándole las uñas, despejó su mente, como si corriera una cortina y Dominic gritó, hasta que la voz se le extinguió en su garganta. Andrea sintió que algo se le subía por el cuerpo, una sensación desagradable y alienada, corrupta y desnatural. Contempló un segundo a Luciano y luego a Salvatore, sus ojos se le pusieron en blanco y perdió el conocimiento. -¡¡Andrea!!...-gritó, el Guardián romano, al tiempo que corría a sostenerlo de nuevo antes de que cayera de la cama al suelo, mientras Luciano comenzaba a vomitar, por la intensa carga de emociones que fluyen a través de Andrea hacia él, la carga duplicada que en ese momento brotaba de Dominic. Dominic trató de sustraerse, de cerrarse, pero estaba demasiado expuesto, se había abierto completamente a Luciano, y ahora era la mente de su infeliz padre la que lo invadía, llevándolo a una habitación oscura e inmunda, en donde escuchaba los gritos de una mujer y los golpes de una atroz mano, los lamentos cesaron un poco y auscultó ropas que eran desgarradas, atisbó entre las sombras que se comenzaron a despejar, sobre un montón de trapos un gran cuerpo que se abatía sobre otro más pequeño, sujetándole las piernas a un lado, aprisionándolas con su enorme mole y comenzó a embestir, entre tanto escuchaba chillidos y gorgoreos de una garganta aplastada por una contundente mano, que mantenía el cuello doblado contra el piso, para evitar que los dientes se le clavaran en la recia anatomía, que las pequeñas e infructuosas manos trataban de apartar, descargando febriles golpes, que rebotaban si hacerle el menor daño. Subieron a sus tímpanos, suplicas y lamentos, se concibió desvalido, destruído, saqueado, humillado. Batió su cabeza, sintiendo las agudas garras lastimándole el cuello cuando deshizo el contacto, y dejó de ver el estupro de su madre, mientras Duvon seguía riéndose impunemente. -Y hasta virgen era la condenada, eso te agregó un valor extra…-exclamó Duvon, riéndose y vanagloriándose despóticamente…-Tuve que repetirlo un par de veces más ya que a la primera no quedó encinta...-anexó con jactancia a lo que Dominic comenzó a sentir nauseas…-pero lo logré y la desgraciada estaba preñada cuando se me logró escapar usando sus artes...-el joven logró sentir un punto de satisfacción en medio de toda aquella dantesca historia. -Logró
burlarte, desgraciado...se te escapó. -¿La
escogiste para que yo naciera? ¿Me creaste como se crea a un animal
de raza? Dominic contempló la aguja en aquella horripilante mano, dándose cuenta de que sería narcotizado de nuevo, su mente seria nublada y dejaría a Luciano sin su contacto. Volvió a apartarse tanto como las ligaduras se lo permitían. -Me
portaré bien, haré lo que me pidas…-suplicó,
no encontraba otra manera de detener a Duvon tenia que seguir conciente
a toda costa…-pero no me drogues, por favor, no escaparé,
prometo que no huiré más de ti, pero no más drogas.
Me portaré bien... Una
pequeña tacita es dejada de lado y la Noble Ágatha se levanta
impaciente para ver por el amplio ventanal, escudriñando la espesura
es cierto? -“Ve con mi Heraldo, protégelo. Sálvalo, devuélvelo al lugar que le corresponde estar. Manifiéstate si es necesario”...-se giró hacia la etérea presencia que estaba al otro lado de la habitación en completo silencio, quien asintió en un leve movimiento, al tiempo que como una niebla se desvaneció en la nada. -“El
tiempo se acerca y no lo podemos detener”…-la voz de Sergei
se escuchó entrando a la habitación, mientras su hermana
le sonrió con cierto gesto displicente. Sergei sonrió y miró hacia su propio Guardián quien relampagueo sus ojos azules en medio de la bruma que cubría su traslucido cuerpo, en espera de cualquier orden. -“Quédate
aquí con ella, hasta que vuelva su Guardián…-le indicó. El joven Gucci se encontraba de rodillas, sollozando ante la impotencia de encontrarse alejado de Dominic, mientras escuchaba en su mente, como el lobezno le reclama auxilio. Jacob ayudó a levantarse al joven lobo, quien parece destilar en si mismo toda una gama de emociones. Luciano le empujó, separando sus brazos, alejándole de él, retrayéndose en ese pozo negro de emociones sin control. -¡Aghhhhh,
maldito, voy a matar a ese bastardo...-gritaba…-lo ha drogado de
nuevo! Luciano salió del cuarto, casi bamboleándose, seguido de cerca por Jacob. -¿Qué
buscas?...-le dijo el Guardián, mientras los dedos torpes de Luciano,
tecleaban sobre la primer laptop que encontró en el salón. Luciano
relajó su mente una vez mas, sustrayendo el terror que sabe debe
estar sintiendo Dominic, su desesperación, su incertidumbre. El
joven licántropo de ojos violeta esta decidido a que en el próximo
contacto, Dominic le captara su esperanza, su sosiego y la seguridad de
que lo va a rescatar contra el mundo entero si hace falta. Los minutos pasaron y Dominic no sabia de si, hasta que su mente se despejó un poco para luchar contra la droga y cuando volvió a despertar ya Duvon ha llegado a su refugio. Es una pequeña fortaleza sobre la cima de una suave pendiente, cercana a un bosquecillo, que conectaba a la carretera por varias salidas. El joven, en su letargo no sabe en donde está a ciencia cierta o cuantas horas han pasado, por que la luz le ciega y mantiene los ojos entrecerrados, sin terminar de ubicarse. Solo vio a Duvon bajándose del carro y que comenzó a darle de gritos a sus secuaces, mientras a tirones le obligaba a bajar del auto, soltándole solo un poco las sogas, lo suficiente para permitirle caminar. El
lugar es tétrico y rápidamente un nauseabundo olor se apoderó
de los sentidos de Dominic. Era una mezcla de salmuera y sangre que atiborra
su olfato. Aquello asustó al joven cachorro quien aun amodorrado hace intentos por regresar al vehículo, en cuanto ve a los lobos de raro aspecto que rodean a Duvon y que comienzan a manosearle. -Este lobo no es para comer. ¡Es mío, no se come! Zape...zape...-Duvon los golpea gritándoles, quien sumisamente se hacen a un lado pero sin retirar sus ojos de la delicada presa que tienen frente a ellos. Dominic casi pegado al brazo de su padre, caminó a su lado, sabiendo que es lo único que lo mantiene con vida, mirando con terror a todo alrededor. Duvon entonces se detuvo de súbito y lo arrojó como un costal a otro Licántropo que apareció de pronto y que debía ser su ayudante de más confianza. -Llévatelo, enciérralo bien. ¡Que no se le acerque nadie!....-gruñó hacia el resto de los licántropos que sumisamente bajaron sus cabezas y metían sus colas entre sus patas, temerosos del feroz Alfa…-en unos minutos vuelve a inyectarle. Que no este mucho tiempo despierto…-ordenó de nuevo. La celda fría, que solo tenia una mugrienta colcha en el suelo, le resultó un paraíso al cachorro de ojos verdes, en cuanto la puerta se cerró y pudo por fin alejarse de ese nauseabundo olor. Miró que la celda tenía una pequeña ventana que estaba protegida por gruesos barrotes y que de donde no veía nada más que las copas de los árboles. Giró de pronto al sentir un poco mas de frío y se arremolinó en el suelo, pegando sus piernas, sujetas, a su pecho para darse calor. Sus sentidos que lentamente van tomando consciencia del lugar donde se encuentra y que luchan ferozmente contra la droga para impedir que esta lo someta, perciben “algo” dentro de la media oscuridad de la celda. Sabe que no está solo, pero realmente sus ojos no logran enfocar a nadie ni su olfato detectarlo. Solo sus sentidos, súbitamente relajados perciben aquella entidad, como una parte de quien le mantuvo lucido en el auto, siendo una compañía e indicándole usar a Andrea como contacto. -¿Osa-osakura-san?...-murmuró el joven licántropo al intentar investigar en la identidad de la entidad, mientras buscaba detallar aquella etérea presencia y por unos segundos pensó que le guiñó un ojo, mientras le sonría, mientras escuchó más nítidamente la afable voz fémina que le infundía un calido aliento y un remanso de paz. -“Es mi Guardián, él te ayudara a volver, mi Heraldo”. En la penumbra, agazapado en medio del dolor de su cuerpo y el miedo que debía paralizarle, el joven licántropo siente que aquella entidad de una y otra forma le reconforta. No esta del todo solo en medio de la nada. Krone Mediash abrió los ojos, percibiendo en la oscuridad de la recámara la acompasada respiración de Marcel. No era eso lo que le despertó antes de tiempo, aun a pleno día, sino la convicción de que “las otras partes de su trinidad”, estaban reunidas. -“Dominic…-pensó
de pronto, al darse cuenta que todo el cúmulo de eventos, le había
impedido concentrarse en el chico de Luciano que estaba secuestrado. Se aproximaban tiempos difíciles, pero de momento disfrutaría esas horas al lado de ese licántropo de ojos grises que lo tenia del todo prendado. El solo pensar que lo hubiera perdido, hacia que un dolor en el pecho le aguijoneara como un estilete de plata. Había hecho una promesa, la de matar a los hermanos Nightcastel por el atrevimiento de haber tocado a ese inigualable ser que tenia a su lado. No descansaría hasta ver cumplida esa promesa.
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