Clasificación: NC-17
Pareja(s): Dominic y Luciano..... Marcel/Krone
Disclaimer: Los integrantes de la familia Nightcastel y los Preton-Savage son propiedad de Axon Corvus, que escribe sobre ellos en La Casta Nocturna, quien amablemente me los ha conferido en un acto de confianza, buena voluntar y gran afecto a esta Hiladora de historias. El resto de los personajes son de mi propiedad. Ocasionalmente algunas situaciones y personajes rozan con el mundo de HP de JK Rowling, lo cual no me reporta ningún beneficio por ser puro entretenimiento.

Avisos: Slash, relaciones h/h.

 

 

17. Redención de Licántropos II.


-“Hace frío”...-fue ese pensamiento que despertó a Dominic del letargo que le invadió luego de tumbarse en el suelo, encima de una mugrosa colchoneta donde intentó descansar. Su cuerpo lo pedía a gritos, para lograr ayudarle a curarse las heridas que los golpes de Duvon le habían propinado. Tenía sed, sus labios estaban resecos y las entrañas le gruñían de hambre. Pero la frustración y el miedo era más fuerte que sus otras primarias necesidades.

Con los huesos calados, la humedad de la celda no ayudaba en nada y la escasa luz, empeoraba el estado de ánimo del cachorro.

Hubo un tintineo en la oscuridad y la dispersa forma que se acercó lentamente a su lado.

-“Bebe, es agua limpia, proviene del manantial”...-la voz se escuchaba en su mente, mientras un cristalino liquido se bamboleaba en el aire, a escasos centímetros de su cara, como si fuera sostenida por una par de manos invisibles. Dominic extendió temblorosa las suyas, que aún estaban sujetas con una soga, para recibir el agua y llevarla a sus labios, donde refrescó su garganta luego. Tanta era su sed, que no se preguntaba como era posible tal incongruencia, ni que era exactamente quien le prodigaba agua de esa manera. Quizás fuera solo una alucinación para mitigar su desamparo. Se terminó de sentar en la colchoneta, pegando su espalda a la pared, mientras respiraba inquieto y preocupado. Estaba encerrado, a merced de su padre y sus funestas intenciones. Estaba solo.

-“Te equivocas...Yo estoy contigo.”- Esta era otra voz; la de una mujer, suave, melodiosa, firme. E igualmente la escuchaba claramente en su mente, como si estuviera en la misma celda y a su lado… -“Y mi Guardián también está contigo. No es una alucinación de tus sentidos. Él te ayudará a regresar con los tuyos”

-¿Quién eres?...-se atrevió a preguntar en voz alta, mientras golpeaba su cabeza contra la pared, como queriendo sacar de ahí las voces...-¿me estoy volviendo loco?
-“Tengo tantos nombres...- musitó la voz -Emergida de la luz, la Noble Hermana, la Luz del amanecer...tantos y tan ocurrentes. Darte detalles de mi naturaleza, no viene al caso y menos aquí. Pero no, no estás loco. A quien tienes a tu lado es a mi Guardián, una de las partes de tu trinidad. Mi mensajero ha cerrado su mente y ha bloqueado sus accesos a mi y al exterior. Tiene sus propios dilemas”.
-No entiendo de qué me hablas...-se impacientaba el cachorro y titiritaba.
-“No te preocupes en entenderme ahora. Concéntrate en terminar de curar tus heridas. Mi Guardián te sacara de ahí. Puedes confiarle tu vida”.

Dominic giro hacia una de las esquinas donde percibía una caoba mirada.

-¿Eres un fantasma?...-se atrevió el chico a preguntar a la traslucida figura que tenuemente se delineaba por el polvo que flotaba sobre la escasa luz.
-No. Soy sólo un espíritu que ha decidido seguir en este plano.
-¿Puedes atravesar las puertas? ¿Puedes ayudarme a salir de aquí?
-Si, a ambas cosas, pero antes tienes que recuperarte. Te necesito lúcido y en tus cinco sentidos. Yo puedo atravesar las paredes, tú no...-una larga cuchilla se fue materializando entre la bruma y los ojos de Dominic se abrieron desmesuradamente...-tranquilo, cortaré tus sogas.

Dominic notó el filo de aquella cuchilla que de un solo tajo desmadejo las cuerdas para liberar sus muñecas, las cuales ya tenía marcadas y amoratadas por el constante roce. La navaja desapareció, ante sus ojos. El cachorro estiró sus dedos y logró alcanzar a rozar el brazo del Guardián, encontrando una residencia en el aire y la bruma.

-Eres sólido…- se asombró, tanteando sus dedos, tratando de conservar en ellos la sensación… -¿cómo es posible que seas sólido si puedo ver a través de ti. ¿Cómo puedes atravesar las paredes entonces...?
-Mi naturaleza es compleja y hay cosas más importantes que debes atender antes de perder el tiempo que no tienes en comprenderme…- el Guardián levantó su cuerpo, volteando hacia la puerta, examinándola por un momento.
-Me trajiste agua...- reclamó Dominic... -flotaba en el aire y era sostenida por ti. Si pudiste atravesar la puerta con ella, puedes traspasarla conmigo... materializaste una navaja...igual puedes “desvanecerme” fuera de aquí...
-Eres de carne y sangre, el agua no; estás vivo y la navaja no...- puntualizó el Guardián…-no tengo el poder para concederte las mismas propiedades que puedo brindarle al agua o al metal o a la ropa.

Dominic comprendió lo que el ente trataba de que entendiera y volvió a reclinarse, más abatido que antes.

-No tengo esperanzas...
-Las tienes…- le animó el Guardián… -ten paciencia, reponte, y no debes dejarte aplicar ninguna droga. Ni una más...- y exhortó con determinación...-Niégate a ello.
-No creo que se dejen intimidar por mi voz...-dijo con cierto desgano el lobo...-seria más fácil si tuviera un arma.
-Tú eres un arma, solo que no sabes como serlo. Niégate, míralos a los ojos directamente e imponles tu voluntad...- instó el Guardián.
-Suena fácil...-murmuró Dominic recostándose en la colchoneta para descansar un poco...-pero dudo que logre hacer lo que dices...
-Concéntrate en ello. Tú debes imponer tu voluntad. Fue así como tu madre escapó.

Dominic contrajo el entrecejo y se incorporó en el jergón, enfrentando a la efímera figura.

-¿Cómo sabes eso...?- inquirió.

El Guardián se retrajo un poco, y miró hacia los lados, como si temiera que pudiera ser escuchado.

-Sé de ti todo lo que es necesario saber. Mi señora ha seguido todos los movimientos de tu existencia desde el momento que concebiste la vida. Ella tiene la habilidad de percibir a su Heraldo desde su concepción. Desde entonces ha estado atenta a tus pasos.
-Y tú.. ¿Cómo es que eres parte de esto?
-Es mi destino servir a mi señora, así como es también el tuyo. Es un gran legado el que tienes a cuestas. Te ayudaré en lo que sea necesario y estaré a tu lado, pero tú tienes otras condiciones que no te permiten compartir las mías, así que recupera fuerzas, pronto necesitarás de tus habilidades para escapar de aquí y por lo pronto, no debes permitir que te droguen más.
-Lo intentaré...-respondió Dominic con renovado brío, al escuchar eso. Su madre había escapado de Duvon, quizás de una celda como esa. Si ella lo había hecho, violentada, herida y embarazada, él debía hacerlo y vengar su ultraje.

El sonido de pasos, hizo que Dominic se sentará completamente, tomó el manojo de sogas y las medio enredó en sus muñecas para fingir que seguía atado. La puerta se abrió de un empellón y el asistente de Duvon apareció amartillando un arma, y le miró con desprecio.

-Estas despierto ¿eh?...-extrajo una jeringuilla y la cara de sorpresa del chico era lo que esperaba...-no por mucho.
-No. No lo harás...-dijo tímidamente el chico, pegando su cara a su pecho, mientras escuchaba la voz del Guardián que le azuzaba en su mente.

-“Impón tu voluntad. No puede tocarte.”

-¿Qué dijiste, pequeña sanguijuela?...-el Licántropo se abalanzó hacia el chico.
-¡Que no lo harás!...-Dominic levantó su cara y sus ojos tenían un rojo encendido, la timidez de su voz desapareció y se levantó de la colchoneta, mirando directamente al impávido Licántropo que se quedo rígido y con la vista pérdida.

El color de sus iris se le fue remarcando, volviéndolos más oscuros.

-“Dile que ya te aplicó esa inyección”...-le indicó el espíritu a Dominic, quien repitió la orden, observando como el carcelero derramaba el liquido ceroso sobre el suelo y lo esparcía con la punta de su pie...-“Que se vaya ahora e informe que todo está bien. Haz que te entregue su arma y que se olvide que lo hizo”...- finalizó la orden el etéreo Guardián.

Las palabras en la boca de Dominic se hicieron órdenes directas en la mente del repugnante lobo, quien le dio su revolver sin preguntar y salió.

Dominic se desplomó, como si la energía hubiera sido jaloneada de su cuerpo y se aferró la pared para no caerse, en tanto se sentaba de nuevo, respirando entrecortadamente, contemplando el arma en su mano.

-Descansa, tienes unas horas...-le dijo el espíritu guardián.
-Me siento mareado...-musitó Dominic entrecerrando los ojos, de nuevo verdes.
-Estás débil, no estás preparado, ni educado, para usar todo tu poder aun.
-¿Po-podría hacer lo mismo con los otros?
-No, no es tan simple. Te ha sido fácil con ése, pero Duvon ya conoce tus habilidades, su mente es muy fuerte, y disciplinada, no le has detenido antes, en tu condición actual menos, además de que ésta rodeado por su Jauría, que tiene una mente retrograda, y te atacaran, despedazándote ante la menor provocación.
-No tengo muchas opciones...-rezongó Dominic.
-Si, las tienes, llama al Mal’ak y a tu clan.
-¿A quien?...-se sorprendía el joven lobo ante esa palabra.
-Le conoces como el Vampiro Mediash.
-¿Mediash? ¿Qué tiene que ver ese Vampiro conmigo?
-Él es el Mensajero de mi señora, y fue quien activó tu condición de Heraldo.
-¿Estás hablándome de lo que me pasó cuando conocí a ese Vampiro Tremere?
-Exactamente, es un ciclo ya establecido que el Emergido escoge al Mal’ak y es entonces que el Mensajero puede activar al Heraldo.
-Es demasiado complicado...-renegó Dominic sintiendo que la cabeza le giraba...-además, él está muy lejos y mi clan...-sintió la punzada de la preocupación al pensar que no había podido comunicarse abiertamente con Luciano, ni con el Alfa. Era muy probable que estuvieran heridos o apresados por los otros Vampiros que habían atacado su lobera.

-Está en la Villa, junto con tu gente...- le tranquilizó el angustiado pensamiento el Guardián...-Por el que temes, evitó la captura de esa manada y ahora se encuentra junto a su Alfa, velando su descanso.
-¿Cómo lo sabes?
-De la misma forma, como sé donde estabas tú. Somos una trinidad, un Mal’ak, un Guardián y un Heraldo, los tres para un Emergido.
-¿De qué hablas?
-De lo qué un día, te revelarán al detalle. No soy quien para develarte tus misterios. Estoy aquí para guiarte a los tuyo. Ahora concentra tu mente en Mediash. Desvanece ese miedo que sientes hacia él.
-Solo he tenido pesadillas, desde que le conozco...-masculló el joven, pero cerró sus ojos, aligerando su mente y atravesando la distancia.
-Mantén tu mente abierta, mientras tu cuerpo termina de curarse. Yo vigilare...-el Guardián etéreo se levantó y su diáfana silueta se apostó en la puerta, mientras el tintineo de una cadena se dejaba escuchar.


Krone abrió los ojos. Apenas era media tarde y tenia escasas horas de intentar dormir. Voces lejanas insistían en romper la muralla donde se había ocultado, lejos de su mentor, negándose al llamado de voces errantes y sin embargo, quien lo intentaba ahora, tenia una voz dulce y autoritaria, que solo pretendía sacarle de su sopor.

-“Krone Mediash, despierta. El Heraldo sigue perdido, ayúdale a volver con los suyos”

El Vampiro giró su cabeza hacia un lado para ver a Marcel. Estaba despierto, acariciando unas hebras de su cabello.

-Te ves pálido, burgués...-susurró Marcel, tocando su mejilla con la punta de sus dedos.
-Mira quien habla...- le sonrió Krone, al sentir como esos dedos, luego bajaron a su pecho, donde les atrapó, para luego besarlos con delicada devoción...-temí perderte...- le confesó sin más.
-No esta vez...-dijo Marcel en un susurro.
-¿Cómo te sientes?
-Hambriento, me comería una res entera, si la pusieran enfrente.
-Ese es un buen síntoma. Tu cuerpo se esta recuperando rápidamente. No te quedara ni una cicatriz...-los dedos de Krone pasaron levemente por la pequeña herida en el hombro.
-¿Y mis cachorros?...-preguntó el lobo en voz alta, mientras su mente vagaba ya por el resto de la casa, buscándoles.
-Aun no encuentran a Dominic...-le adelantó Krone, quien ya estaba alzado, junto a su lado...-Voy a buscarte algo de comer.
-No puedes salir, aun hay demasiado luz. Mandaré polarizar las ventanas, en lo que tenga oportunidad...-se sentó Marcel en la orilla de la cama, rezongando.
-No te esfuerces...-le impidió Krone levantarse...-la herida fue de gravedad, aunque ahora no lo parezca tanto.
-No me malcríes, que luego no me aguantarás...-le dio un beso Marcel en la mejilla y le guiñó el ojo, mientras buscaba en su mesita...-¿Dónde esta mi celular? Llamaré a Luca o Jacob
-Yo lo haré...-el Vampiro tomó el móvil de sus manos y marcó a uno de los dígitos personales. De la otra línea, respondió un sorprendido Jacob...-Marcel ha despertado y tiene hambre...- le indicó, en una orden Mediash. El Vampiro cerró la llamada, ante la atenta mirada del Alfa.

-¿Hace cuanto que no saben de Dominic?...-le preguntó Marcel.
-Le raptaron antes de mi llegada...-le dijo Krone, sentándose al un lado suyo.
-¿Duvon?
-Eso creen tus cachorros. Simonne interrogó a los Vampiros que retuvimos.
-¿Quiénes nos atacaron? ¿Lo sabes?
-Los Nightcastel, son de la Casa Ventrue.
-¿Por qué fuimos su blanco? Nunca antes habíamos tenido problemas con los Vampiros. ¿Por qué ahora?...-cuestionaba el Alfa, miraba como el rubio Vampiro mantenía la vista fija en el vacío, hasta que escucharon el sonido de pasos en el corredor.

Krone se levantó al sonar los golpecitos en la puerta y se refugió en la penumbra desde donde vio la figura de Luciano, quien acompañaba a varias de las mujeres de servicio, las que llevaban varias bandejas con alimentos. El joven lobo se sentó a un lado de su tío, quien le abrazó y se dejó mimar un poco con sus atenciones. Las mujeres, igualmente se miraban contentas de atenderle y prepararle la mesa, mientras otra se encarga de las mudas de la cama y hacia un arreglo rápido a la habitación.

Solo hasta que se fueron y tras cerrar las puertas, la presencia de Mediash se hizo de nuevo perceptible y no le sorprendió nada a Luciano verle. Salvo su mutismo, tan poco usual en él. Miró sus ojos rojos y tuvo la vaga idea de que pensaban en lo mismo, aunque la mente del Vampiro le negaba cualquier intromisión.

Los minutos en silencio, habían servido para algo más que aguardar.

El Vampiro de ojos carmesí escuchó en su mente nítidamente la voz de Dominic llamándole en la lejanía. Entrecerró los ojos y tuvo fugaces imágenes del camino por donde había cruzado el joven lobezno, vio a lo lejos el fortín resguardado, la empedrégada calzada, una poza en la plazoleta, la sangre goteando en alguna mesa junto a los despojos agónicos de unos lobos, entre vísceras y partes desmembradas, los pasillos oscuros y al final una celda donde ahora se encontraba el chico. Notaba su nerviosismo, su entereza por comunicarse y en una de esas imágenes percibió a su otra trinidad. El espíritu que montaba guardia a un lado de la puerta, siendo a la vez compañía del joven.

-Krone. ¿Krone?...-escuchó su nombre de la boca de Marcel y entonces el Vampiro abrió sus ojos, alejándose de aquellas visiones y miró hacia los dos lobos que reclamaban su presencia...-No me has respondido, Krone. ¿Por qué fuimos blanco de los Nightcastel?...-volvió arremeter el Alfa, mientras dejaba los cubiertos en la mesa.

-Julius Nightcastel es el Sire de los Ventrue y el Vampiro que te atacó. Tuvimos un intercambio de palabras en el Concilio...-intentaba Krone ordenar su ideas...-Pretende implementar una Ley de Restricción de Licántropos libres y abrir la cacería a favor de las Casas Vampíricas que lo deseen.
-¡Imposible, jamás sucederá!...-gritó Luciano que seguía la conversación...-jamás hemos sido esclavos, ni de humanos, ni de Hechiceros ni mucho menos de Vampiros. Jamás. ¿Y quienes son ustedes para imponernos ser libres o no y mezclarnos en su leyes?
-Tranquilízate, Luciano...-solicitaba Marcel.
-¡¿Oyes lo que dice?!
-Entonces, el Sire Ventrue propuso su ley, se hicieron de palabras y él decidió atacarnos... ¿Eso nos dices que pasó?...-continuó Marcel sin hacer caso de las palabras de Luciano.
-Así es...-respondió Krone.
-¿Qué ganaría con eso? Señalas que era una propuesta. Si la ley no estaba implementada, ¿que obtenía, aparte de una manada de nuevos esclavos? Que supongo no le hacían falta, si es un Sire.
-Mostrar su poder por encima de los Tremere y los Gangrel, que se han negado a tal ley.

-¿Por qué escogió a nuestra manada? No somos los únicos Licántropos libres en el continente. Hay varias manadas más accesibles en la Bretaña, para empezar, ¿por que hacer un viaje hasta acá, solo para atacarnos?...-volvió arremeter Luciano...-¿Por qué nosotros? ¿Qué nos hace tan interesantes?
-Que son un Protectorado de la casa Mediash, que a su vez es Ventrue, y que no tiene lobos esclavos, y que uno de sus hijos ahora es Sire de los Tremere por línea de madre. Los han atacado por que...
-...por que somos tus protegidos y un golpe contra el Sire de los Tremere, será una gesta de la que pueda enorgullecerse el Sire de los Ventrues... ¿no es así?...-terminó las palabras Marcel al ver que Krone se había quedado en silencio.
-Si, creo que fue por eso...-miró el Vampiro de frente a Marcel, deseando no tener testigos y poder abalanzarse en sus brazos y rogarle que nada tenia que ver en eso. Nada más allá de ser un Mediash, y nada además de haberse convertido en el Sire de los Tremere...-Julius Nightcastel buscaba humillarme.

-Déjanos solos Luciano...-solicitó Marcel, dejando la servilleta en la mesa.
-No...- se rebeló el joven ante la orden de su Alfa...-esto me atañe. Han atacado a nuestra manada y a nuestras propiedades. Quiero saber qué se va hacer.
-Bien...-se volvió Marcel hacía Krone...-¿Qué es lo que va a suceder ahora? Canjeaste mi libertad de manos de ese Vampiro...
-...para irlo a buscar a los confines del infierno y atravesarle el corazón. Voy a matarlo...-le dijo sin flaquearle la voz, ni dudas...-reduciré la Casa Nightcastel a cenizas y la esparciré al viento para que desaparezca...-sus ojos brillaron en un rojo mas encendido y una estela perceptible de furia, rodeó su cuerpo dándole un aspecto mas terrible.

Ninguno de los dos lobos presentes, dudaba que aquello fuera meras palabras dichas al aire. El joven las aceptaba con deleite vengativo, pero el Alfa las rechazaba con temor...la sangre derramada, solo atrae mas sangre.

-Déjanos solos, Luciano...-volvió a pedirle el Alfa al joven...-por favor.

Luciano se negaba a salir, hasta que un nuevo mandato por parte de Marcel volvió a tronar y no le quedo más que obedecer.

-Busca a Dominic, no lo han sacado de la región, revisa en un fortín amurallado, debe acceder a un camino adoquinado, cercano a un manantial...-se dirigió Krone a Luciano antes de que abriera la puerta.
-¡¿Cómo lo sabes?!...-se volvió sobre sus pasos el joven para enfrentar al Vampiro de ojos carmesí.
-Ha intentado comunicarse conmigo. Pero su mente se fuga rápidamente, no se queda estática. Parece más lucida ahora, pero sigue temerosa y le cuesta concentrarse.
-Averigua bien, antes de que hagas cualquier cosa...-le dijo Marcel a su sobrino, en cuanto la mirada del joven busco su aprobación.

La puerta se cerró, a las espaldas del joven Gucci, dejando de Marcel y Krone de nuevo solos.

-¿Sabes lo que significa que ataques directamente al Sire de los Ventrue?...-las palabras de Marcel eran duras...-Lo pregunto, por si no lo has pensado. Empezarás una guerra.
-De ser así, fue él quien la empezó. No tengo que recordarte como hace horas atacaba sin piedad a tu gente.
-¡No te atrevas a usar el ataque a los Gucci, como un pretexto para ir en busca de venganza contra el Sire Ventrue! Una guerra entre Vampiros, no solo es una locura entre tu raza, también arrasará a los Licántropos que sirven en sus clanes. Libres o no. Mi raza también sufrirá las consecuencias de esos actos...-intentaba mantener la calma el Alfa.
-¡¿Pretendes que olvide lo que te hizo ese desgraciado?! Atacó a tu manada, tus propiedades, raptaron al cachorro de Luciano y te dejo a ti herido.
-Sé todo eso.
-¡No, no lo sabes! ¡Te desangrabas, mientras tu herida estaba emponzoñada! Todo porque ese desgraciado, quería cerciorarse de que con tu muerte me haría más daño. ¡Sabia cuan importante eras para mí y su mayor placer iba ser verte muerto en mis brazos! No me digas, que sabes lo que siento. ¡Casi te perdí, hace unas horas!
-Pero no fue así, Krone. Estoy aquí, vivo, por ti. Por todo lo que hallas hecho por mí.
-Los Nightcastel no tienen idea del demonio que han despertado. ¡Quieren guerra, la tendrán! Arrasaré sus Aquelarres, vaciaré sus arcas y traeré sus cuerpos para que se desintegren en el suelo de la Toscana...-le sentenció el Vampiro con toda el odio cargado en la voz.
-¿Eso incluye a tu padre?...-replicó Marcel...-También es un Ventrue, ¿tu furia te ciega a tal grado que no logras pensar en el daño que también le causarás a él...a tus hermanos?
-Mi querella es con los Nightcastel, pero si mi familia interviene, puedo darles toda la indulgencia que se merezcan, sin embargo, no me haré responsable por ellos...- determino irreflexivamente Krone.
-¡No lo permitiré. No seré tu pretexto!...- rugió Marcel, comenzando empezó a caminar por la habitación creyendo que ese odio de Krone carcomería las mismas puertas del infierno, llevándose a todos ellos por delante.
-¿Cómo puedes ser impasible ante lo sucedido, Marcel?...-replicó Krone molesto por aquella actitud conciliadora que buscaba tranquilizarle.
-No, no estoy impasible, pero deber haber maneras más civilizadas de retribuir los daños. Llévalos ante la justicia de tu raza. Somételos al Concilio, que ellos determinen la condena, por sus acciones...-volvió sobre sus pasos para mirar al Vampiro que seguía gélido en su posición.

Al escuchar las palabras del lobo, Mediash hizo una mueca en su pálida cara.

-Las acciones de los Nightcastel ya son por si solos una declaración de guerra contra la Casa Mediash. Mi padre tomaría justicia en su mano, por atacar a uno de sus protectorados. ¿No pensaras que voy a quedarme cruzado de brazos, viendo como mi padre toma justicia, del agravio hecho contra mi amante, como si yo fuera un crió de decenas de años, que no puede defender lo suyo?
-¿Es eso lo que te molesta? ¿Qué te consideren demasiado joven tus iguales? Si no hago mal las cuentas, creo que tienes un par de centurias.
-Eso no viene al caso, Marcel.
-¡Te comportas como un crió al no darte cuenta de la gravedad del asunto! Correrá sangre inocente.
-La que sea necesaria...-bramó el Vampiro completamente fuera de si.
-No sé como pude haberme fijado en ti...-dijo lentamente Marcel, girando su cara con pesadumbre.

En un parpadeo, dos alas negras emergieron del cuerpo del Vampiro, al igual que un gritó desgarrado rompió un momentáneo silencio y luego la mano de Krone se encontraba en el cuello de Marcel, apretando ligeramente. Los grises ojos brillan de sorpresa, pero solo por unos segundos, cuando utilizó Marcel su propia fuerza de lobo para librarse del agarre y advirtió la cara de confusión que tenia el Vampiro al darse cuenta de su acción. Sus alas se replegaron en un doloroso acto.

-...perdón...-era un hilo de voz lo que escapó de la garganta de Krone, mientras miraba como Marcel se alejaba de él. No podía permitir eso. Todo era culpa del Nightcastel, solo él tenia la culpa de que su amado le mirara con miedo y dolor.

-¡Vete Krone! Sal de mi casa...-le exigió el toscano, tomando aplomo en su voz...-Cuando tengas el corazón sereno, vuelve a mí. No puedo amarte con ese veneno corriéndote por las venas...-le susurraba Marcel, mientras se cubre la cara, incapaz de ver aquellos ojos que siempre le han parecido tan hermosos, ahora en total cólera. Tal es su odio que puede arrasar todo a su alrededor.

-Voy a demostrarte que lo que es capaz un Tremere...-empezó Krone al tomar el protector de su pecho, comenzando a vestirse...-Ningún Nightcastel quedará para recordar la ofensa con la que ha cubierto esta Casa.
-¿No me has escuchado, verdad? ¡¡¡NO SEREMOS EL PRETEXTO PARA TU GUERRA PERSONAL CONTRA NINGUNA DE LAS CASAS VAMPIRICAS!!! ¿Quieres una guerra? Ten el coraje de decir que tienes ganas de empaparte las manos con la sangre de tu raza, por que eres un Tremere y como tal, necesitas derramarla para que tu magia sirva. No importa cual sangre derrames...la de tu padre, la de tus hermanos, o la de tus amigos. La mía, en último caso. Solo quieres lavarte las manos con ella....-reviró el Licántropo molesto.
-Pensé que me conocías un poco más...-se puso Krone la gabardina sobre los hombros, con la voz amarga y dolida.
-Ahora sabemos, que no nos conocemos de nada. Después de todo eres un Vampiro y un hechicero, ¿que se puede esperar de alguien así?

Krone frunció los labios y cerró los ojos. Aquello viniendo de Marcel era un corte largo con plata misma sobre su piel.

-Te amo, Marcel...-dijo unos segundos después el Vampiro.
-Eso creía yo...-el Licántropo le dio la espalda...-Pero veo que valoras más una guerra que a mí. Vete de mi Casa y olvídate de los Gucci.

Solo la constante educación Tremere le hizo mantenerse erguido, mientras su porte Ventrue le impidió quebrarse en miles de pedazos antes aquellas palabras.

Salió al pasillo, la tarde llegaba a termino, pero aun había demasiada luz...
-“Carlomonti”...-exigió Krone con su pensamiento a su lacayo mas cercano...- “Nos vamos. ¡¡¡AHORA!!!”.

El Vampiro romano de largos cabellos oscuros, no fue el único el abrir los ojos ante ese llamado. Aisha Leoni también lo hizo y miró en la penumbra como el romano se levantaba, seguido de cerca del Guardián personal del Sire que ya estaba tomando su ballesta y el resto de su equipo para salir. El deber del señor Carlomonti para su Sire se anteponía a cualquier cosa. No espero a nadie para ir en la búsqueda de quien debía proteger.

-¿Qué sucede?...-se intrigó la bermeja Vampiro ante lo inusitado de la hora.
-Mi señor, nos busca...-le respondió el romano, poniéndose encima de sus hombros la capa, mientras su mente también buscaba a los suyos.

Antón Salvatore miraba por el ventanal, veía como poco a poco, los lobos de esa Villa se esforzaban por desaparecer los estragos ocasionados y poner en orden la estancia principal, donde manos diligentes cambiaban ventanas y las aseguraban con fuertes refuerzos. El mismo supervisaba a su cuadrilla, que había llegado con el Vampiro romano, siendo invaluable su ayuda, permitiendo que los heridos de la Villa se recuperaran, mientras ellos se encargaban de asegurar la casa principal. Se les había informado que las hostilidades habían terminado, pero aun así, se mantendrían alertas. No había dormido mas que un par de horas, pero no podía descansar, mientras estuvieran de guardia y mucho menos, teniendo en la propia Villa a su señor, quien dormía en la bodega, junto con el resto de Vampiros. No era el mejor lugar, pero si estaban protegidos del inclemente sol.

El Guardián romano, también contemplaba de vez en vez al joven Andrea, quien después de haber bajado a tomar algo para alimentarse, ya se encontraba de mejor animo; de una u otra forma la plática que habían tenido con el vástago de los Gucci, había servido para tranquilizarle un poco. El joven ayudaba aquí y allá a las mujeres de la villa, para restablecer el orden; era diligente y no paraba de moverse, por lo cual no había tenido tiempo el Guardián romano de acercarse y conversar con el chico. Aunque más de una vez, lo pilló mirándole de reojo y cuando lo hacia, el chico enrojecía y volteaba a otro lado, fingiendo hacer otra cosa.

Le vio dirigirse a la cocina e iba a seguirlo, pero una voz en su mente lo detuvo. La voz clara y firme del Vampiro Carlomonti le daba instrucciones que debía seguir sin tardanza. Retrocedió y subió las escaleras rápidamente hacia el pasillo principal de las habitaciones superiores. Le sorprendió encontrar al noble Vampiro de ojos rojos, ligeramente agazapado en la semioscuridad del pasadizo y llevó la rodilla al suelo al verlo, al mismo tiempo que se percataba de que el Guardián Tremere que vigilaba armado, cerraba una comunicación por su celular. Centró su mirada en la del rubio Vampiro.

-Mi señor, me ha enviado. ¿En que puedo serle de utilidad?
-Prepara nuestra salida, Nos vamos a Roma. AHORA MISMO...-tronó la voz de Krone y el Guardián asintió sin preguntar.
-Le traeré ropa adecuada para salir...-se inclinó Salvatore, sin darle la espalda y bajo las escaleras casi de tres en tres hasta llegar al primer piso e ir corriendo mientras gritaba a varios de los hombres lobos de su cuadrilla, para que tuvieran listos los autos.

Aquellos lobos acataron sin preguntar igualmente, mientras el Guardián de ojos olivo se dirigía a la Cava a buscar a su señor, a quien no le sorprendió encontrar de pie esperándole.

-Me ha solicitado el Sire que salgamos a Roma, de inmediato...-le informó sin esperar palabra...-Un par de unidades estarán en la puerta en unos minutos.
-Bien. Deja al resto. Saldremos entonces...-abrió un maletín de viaje, donde guardaba varios trajes oscuros herméticos y le indicaba a Salvatore que le llevara al Sire lo necesario.
-¿Por qué deben irse? ¿Qué sucede?...-se encontraba intrigada Aisha, viendo salir al Guardián, mientras que Carlomonti se recogía el cabello, mientras tomaba un casco con visor.
-Lo ignoro, pero tampoco parece buen momento para preguntárselo...-el Vampiro terminó de vestirse y salir, mientras la Vampiro, caminó detrás de él y se cubrió con la capucha de su capa gran parte de su cara y su rojizo cabello, hasta llegar a donde el Sire Tremere, ya se encontraba subiendo la cremallera de la gruesa chaqueta oscura y le era entregado un casco polarizado.

-¿Qué sucede Sire?...-preguntó Aisha, aunque aquellos ojos rubí le revelaron mucho de la pena, el dolor y la furia que tenia contenida dentro la etiqueta de frío Vampiro.
-Ya he pasado demasiado tiempo aquí. Debo volver.
-Aún es de día...-dijo ella, como si no lo hubieran notado.
-A sido un placer conocerla, Aisha Leoni...-el Sire Tremere le extendió la mano y ella la retuvo, sintiendo el gran vacío que se estaba apoderando del Vampiro. Ella se estremeció y su voz se entrecortó, pero se negó a soltarle la mano.
-El Alfa le ama, más de lo que él mismo puede imaginar. Solo pretendió...-comenzó a decirle ella y Krone jaló su mano, para recobrarla y no arrojó aquella entrometida Vampiro por los aires, solo por que parte de la cortesía Ventrue se impuso.
-Sé lo que pretendía y lo logró. Ahora, no abuses de mi amabilidad, Gangrel. Quítate de mi camino.

Sebastián Carlomonti y Aisha se miraron, sorprendidos por el tono frío y descortés con el cual había respondido el Sire. Simplemente no le reconocían. No era el mismo Vampiro que horas atrás mostraba agradecimientos por la atención recibida.

-Ese malentendido, puede abrir una abismo entre ustedes...-seguía insistiendo la Gangrel, al darse cuenta de los sentimientos confusos que mostraba Mediash.

-Díselo a él, Gitana...-gaznó Krone, dando pasos largos, alejándose de ella.

La Gangrel utilizó su Celeridad, para encontrarse enfrente del Tremere, que ni se inmutó por su osadía.

-No puede irse así...la rabia le consumirá...- intentó ella serenarlo, pero Krone le hizo una última mueca, y el guardia Tremere se puso entremedio de ellos, impidiendo que la Vampiro volviera a tocarle. La cara de Mediash desapareció dentro del casco y continuó su camino, mientras la Gangrel era apartada con un fuerte empellón. Carlomonti la sostuvo de caer y le pidió disculpas, antes de despedirse.

-Despídame de su padre, bella Signorina...-besó su mano y le susurró que se tranquilizara...-Cuide al Signore Gucci, mientras estamos fuera.

La Vampiro les vio salir de la casa y subir rápidamente en uno de los autos en los cuales había el Vampiro romano llegado a la Villa. Todo sucedía en cuestión de minutos, donde apenas Andrea veía como aquellos Vampiros salían a plena luz del día, cubiertos completamente por aquellos oscuros trajes y subir sin decirle nada a nadie. Solo alcanzó a mirar a lo lejos, como Salvatore se despedía con un rápido gesto, antes de subir al frente del auto y ponerlo en marcha.

Por unos segundos Andrea pensó en ir detrás suyo, para despedirse adecuadamente del romano, que le había salvado la vida y que no podía negar que le resultaba mas que agradable. Cuando el auto se enfilaba a la salida, fue cuando reaccionó y entonces el chico corrió dentro de la casa, buscando a Jacob y a Luciano, a los cuales encontró en la sala de computadoras, donde ambos tenían las caras enfrente de los monitores.

-¡Se van...los Vampiros...el de los ojos rojos, se va...!-entró gritando el chico a la habitación y Jacob tomó su celular para llamar al centinela de la puerta, mientras miraba por una de las pantallas planas, donde se veía el auto de Carlomonti salir de la rotonda de la casa principal.

-Hechiceros...-hizo una mueca el Guardián de ojos ocre, mientras encendía un cigarrillo...-¿Quieres que vaya a ver a tu tío?...-atisbó de reojo Jacob a Luciano.
-No...-el joven sentía como la mente de Marcel se refugiaba en su recamara, impidiéndole entrar. Lo que fuera que hubiera pasado entre el Vampiro y su tío, no era de su incumbencia. Tampoco estaba interesado en ese momento en ello...-No. Déjale en paz. Tenemos trabajo que hacer...-concentrándose Luciano en la pantalla...-¿dime cuando va a terminar ese programa de búsqueda?
-Encontraremos ese fortín que dices. Mientras eso sucede, iré a ver como sigue todo en la casa...-el Guardián se levantó y denegó la propuesta del mozuelo a acompañarlo al verlo saltar casi del sillón, donde se había arremolinado sin nada que hacer...-No, quédate aquí con Luciano. Puede necesitarte.

El chico de ojos turquesa asintió, no muy animado, pero tomó una silla que le ofrecía el Guardián frente a la mesa. Le intimidaba estar solo junto a Luciano, quien siempre era cortes, pero tenia ese aire de joven estirado y gruñón que solo se dulcificaba cuando estaba Dominic a su lado. Solo el lobezno de ojos verdes podía hacerlo sonreír y que sus ojos brillaran. Aún no tenia ni el día de desaparecido su amigo y ya se notaba las ojeras en la cara del Luciano y el cambio de talante en su aspecto, más serio y reservado.

Sintiéndose observado, el lobo de ojos violeta giró hacia el mozuelo, quien bajo la vista siendo pillado.

-¿También tú lo extrañas?...-inesperadamente la voz de Luciano era dulce al darse cuenta de que tan solo debía sentirse el jovencito. Conocía ese sentimiento, en ese mismo momento, su alma se desgarraba y no sabía como estaba unida para no hacerse pedazos.
-Estimó mucho a Dominic, él…es como un hermano para mí. Uno que nunca tuve…-musitó Andrea, alcanzando a encontrar las palabras adecuadas, antes de sentir que se le humedecían los ojos y su voz cambió súbitamente…-<i> “Luca... ¿Dónde estas? Te necesito”.</i>

La mente de Luciano se oscureció súbitamente, empañada en imágenes que se sobreponían una encima de otra entre manchones de sangre, un piso desnudo y una celda oscura. Aún en medio de todo eso, el aroma de Dominic le saturó el olfato.

-Dom...amore, estoy aquí...-tomó las manos del chico, sabiendo que era Andrea, pero que en ese exacto momento Dominc trasmutaba su mente para estar ahí...-¿Estás bien? ¿Dónde estás? ¿Lo sabes?...-preguntaba sin control y se angustiaba ante el retardo de las respuestas...-¿Te ha lastimado? ¡Dímelo!
<i>-“Me tiene en una celda. Me cree dormido. Dime que me harás volver...</i>-suplicaba el joven Dominic en otros labios.
-¡Lo haré, estoy buscando la forma de encontrarte, amore!
<i>-“¿Es una promesa?”</i>
-Si. No descansaré hasta tenerse en mis brazos, sano y salvo.
<i>-“Estoy cansado”...</i>-el esfuerzo continuo para comunicarse a tan larga distancia, agotaba rápidamente al lobezno.
-¡Mantente despierto! Yo te encontraré...-pidió Luciano, rozando levemente la cara de Andrea, imaginando que aquella caricia se extendería hasta Dominic y se atrevió a rozar con sus dedos aquellos labios...-Estaremos juntos. Pronto. Ya lo verás. No te duermas...-suplicó cuando sintió como el cuerpo laxo de Andrea se deslizaba por la silla, adormilado completamente y apenas alcanzó a evitar que se golpeara en el suelo.


-Lo logré...-musitó un cansado lobezno en la lejanía. Dominic sonrió antes de caer en un profundo sueño, su cuerpo ocupaba dormir un poco más. Ahora podía hacerlo, pues tenía la plena seguridad de que Luciano, había rozado sus labios y le decía que estarían juntos. Se acurrucó en el mugriento colchón y se dejó llevar.

-“Duerme, yo cuidaré tu sueño”...-la voz del etéreo espíritu lo acunó.

El mensaje había sido enviado. Ahora solo faltaba esperar.


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El joven Andrea abrió los ojos, preocupado por tener los brazos de Luciano sosteniéndole y sintiéndose extremadamente mareado. Se apartó angustiado, arreglándose el desordenado cabello, tomó el vaso con agua que el joven Gucci le pusiera en frente.

-Todo está bien. No te preocupes...-buscaba tranquilizarle el lobo de ojos violeta y el chico tomaba el vaso para llevarlo a su boca que sin saber como estaba reseca. Miró hacia la pantalla de la laptop que tenia varias imágenes en ella, luego de terminada la búsqueda de fortines de la región, con las características que le sugiera el Vampiro Tremere, pasando las fotografías una detrás de la otra. Andrea se levantó a mirar la pantalla y su dedo apuntó sobre el frió cristal.

-He visto este lugar, en un sueño, hace poco...-le dijo a Luciano, quien tomaba ahora la laptop para observar la descripción del fortín.

-¿Estás seguro? Éste otro se le parece mucho...-le indicó uno más en la pantalla, ambos fortines, compartían muchas características arquitectónicas, casi de la misma época y en la misma región.
-Corre agua por debajo de el, lo escuchó en el sueño.

Para Luciano esas palabras eran suficientes para salir en la búsqueda del lobezno. No podía esperar más. Pero tenia que encontrar la forma de decírselo a Marcel, y de inmediato se dirigió a su recamara.

En el refugio de Duvon, éste se encontraba desgarrando con sus dientes un grueso filete, y se limpió la cara con el dorso de la camisa, mientras miraba a su asistente con aire distraído.

-¿Lo inyectaste?...-preguntó, luego de arrojar los restos de lo que comía al suelo, donde algunos de aquellos lobos salvajes que se abalanzaron sobre las sobras.
-Si. Ahora duerme.
-¿Seguro? Es un ladino, ¿lo revisaste?...-insistió el lobo.
-Todo estaba bien...-respondió mecánicamente el sirviente, Duvon iba a replicar algo, cuando una pelea por las sobras le hizo voltear y reírse. Luego volvió a entretenerse con una jarra de vino que bebía sin remilgos. Dejo luego la jarra y volvió su atención sobre su ayudante.
-Vigílalo continuamente. No quiero sorpresas. Pasarán más tarde por él. Ya debe estar despierto para entonces. No le apliques nada más. No quiero que parezca un idiota, si lo interrogan.

El sirviente asintió y se levantó a cumplir el encargo.

Duvon le vio alejarse, volvió tomar vino para celebrar. Estaba tan confiado. Todo estaba saliendo según lo previsto, solo tenia que esperar para que su comprador se llevara la mercancía y deshacerse por fin de esa molestia, era lo único que representaba para él ese lobezno. Ya se encargaría también de ajustarle cuentas al presuntuoso de Gucci y estaba seguro que ese remilgado lobo le exacerbaría el gusto al Carkum. Con solo pensar en lo bien que la estaría pasando el Vampiro a esas horas, empezó a carcajearse el lobo.

Sus risotadas hicieron eco en las paredes, reverberaban por los viejos pasillos del fortín, hasta llegar a la celda que ocupaba el lobezno.

Al principio Dominic descansaba, agotado y por que su cuerpo le reclamaba hacerlo, pero luego las pesadillas llegaron. Él mismo era el protagonista y se encontraba en medio de muchos hombres encapuchados que le miraban con lasciva. Uno de ellos en particular, de cara deformada, asemejando a una serpiente, le sonreía sórdidamente, mientras tocaba su cara con sus largos y nudosos dedos.

<i>
“-Dime “Descifrador” ¿Qué dice mi profecía? ¿Qué hay en mi futuro? Dímelo. O tendré que pedir que te envuelvan para llevar y sacarte las palabras a crucios” (*)
</i>

Dominic se miraba a si mismo medio desnudo, temeroso de aquella vara que era sostenida por esos nudosos dedos, en el aire y de las palabras que sabia, que saliendo de aquella boca, le causarían dolor y muerte. No podía transformarse y lo único que lograba encontrar para defenderse eran un montón de rocas sueltas que le rodeaban, las cuales, lentamente levitan y busca con su mente arrojarlas, pero ni ellas parece obedecerle, cayendo de nuevo al suelo. Las risas que aquel hombre le dedicaba y que su subconsciente reconocía desde la mente retorcida de su padre como “Voldemort”, hacen que sienta un infame frío bajándole por toda la espalda.

Aquel repugnante, maligno y tenebroso ser, era un velo de muerte que se cernía lentamente sobre su persona y todo lo que tocaba.

Dominic despertó sudando, en la celda, arrinconado, mientras la voz del etéreo Guardián intentaba sacarlo de su estupor.

-Shhhhh, despierta. Es una pesadilla...-le susurró -No te asustes...No es más que un sueño...
-E-era tan real...-se intentó levantar el joven...
-Tienes el don de ver a lo lejos…- refirió el Guardián, ayudándole a sentarse...
-...había un hombre, trasfigurado...-empezó el lobezno a contarle...-Antes ya había escuchado ese nombre...Duvon pensaba mucho en él. Me llamó “Des-descifrador”. ¿Qué significa?

La figura traslucida, se posó a su lado, y por un momento a Dominic le pareció que meditaba.

-¿Escuchaste eso también en tu sueño...“Él” te llamó así?
-Sí.- le contestó el cachorro.
-Los “Descifradores de Profecías” pueden leer vaticinios e interpretarlos...-comenzó a contarle el Guardián…-Por tus poderes, eres como un libro abierto para las profecías que han sido escritas...- y se hundió en una profunda reflexión...-De esos seres ya no quedan vestigios... desaparecieron hace tanto que ni el tiempo los recuerda.
-Es absurdo…- protestó Dominic…-Si supiera hacer eso, no estaría aquí. Podría haber soñado mi propia profecía.
-Lo hiciste hace tiempo, solo que no pensabas que era para ti. Desechaste la idea. La racionalizaste y te olvidaste de ella.
-¿Cuando hice eso?...- se inquietó aún más Dominic…-no me acuerdo de haber soñado nada de esto.

La figura pareció sonreírse ante su reacción.
-Aún te falta mucho por aprender, y si en verdad eres un Descifrador...eres invaluable.
-Duvon dijo que me vendería, que por eso me buscaba. ¿Va a entregarme a ese hombre? ¿Al tal Voldemort? ¿Por qué? ¿Por qué soy esa cosa?
-Por oro. Vales tu peso en oro. Y tu don te equipara a un caudal. Ese hombre conocido como Voldemort esta obsesionado con una profecía que fue hecha sobre su persona. No puede obtenerla físicamente, pero a través de ti, podrá acceder a ella.
-No entiendo...-murmuró Dominic, más confundido con aquellas palabras.
-La profecía se guardó en un lugar en donde sólo su propietario puede acceder a ella y escucharla. Para ti no esta velada, ni siquiera tienes que tomarla en tus manos, solo concentrarte en ella y se revelara para él…- el Guardián se levantó y regresó a su lugar junto a la puerta…-Pero no pienses en eso. De momento hay cosas mas importantes.
-Se hace tarde. Hay menos luz...-dijo el chico, prefiriendo cambiar de tema, sintiéndose además menos cansado...-parece que he dormido por horas...
-Algunas sí. Pero ahora debes estar despierto. Aprovecharemos la tarde luz para salir.
-¿Crees que sea seguro?...-preguntó Dominic, poniéndose la pistola en la pretina del pantalón.
-Aguarda si hacer ruido. Revisaré.
-Espera...-pidió el joven y la figura se detuvo, devolviéndose solícitamente. Dominic se sintió cohibido por un momento a lo que el Guardián le hizo un gesto de interrogación.
-¿Tienes un nombre?...-preguntó el lobezno ligeramente cohibido... -¿te fue dado uno?

El rostro traslucido volvió a sonreírse luciendo ahora halagado...como si esas curiosidades por su persona nunca se le daban.
-Hace mucho tiempo se me dio el nombre de Osakura...y puedes llamarme así...-respondió y se inclinó profundamente como lo haría un japonés, a lo que Dominic se sintió obligado a imitarle en el gesto, sabiendo que no debe de romper el contacto con aquellos imperecederos ojos caoba.
-Soy Dominic Duval...aunque eso ya lo sabes….-se presentó el joven y estiró su mano hacia el nebuloso Guardián que volvió a intrigarse con el gesto, pero aceptó estrecharle los dedos y cual niebla, el espíritu se giró de nuevo hacia la puerta, casi desapareció enfrente de los ojos del joven y pasó rápidamente a través del portón de madera.

Ahora solo faltaba esperar.

El camino hacia Viena se hizo más silencioso que en la ocasión anterior que Carlomonti acompañará al Sire. Aunque en ese tiempo, ignoraba que lo fuera y por lo menos entre ellos hubo una platica superflua sobre algunos intereses. Ahora, desde la salida de la Toscana, un apesadumbrado silencio se instaló en la espaciosa cabina de la limusina acondicionada.

A pesar de la furia contenida y el dolor que lo avasallaba por las palabras de Marcel, las que tercamente continuó rememorando el Sire de los Tremere, su mente terminó por ceder y permitir que su mentor lo contactara.

-“¡¡¡Krone!!!”...-casi le estremeció un grito que repercutió en su mente, provocando que sus dedos masajearan su sien para evitar que terminara convirtiéndose en una jaqueca.
-“Maestro”...-terminó por aceptar su intromisión.
-“Te dignas a responderme, Sire”.
-“He estado ocupado, Maestro”.
-“Lo sé, te hacia en Paris y acaban de despertarme diciéndome que estás en Italia y que has tenido una enfrentamiento con el Sire de los Ventrue. Tengo al resto de los Ancianos, exigiéndome explicaciones”.
-“Estoy por llegar a Roma con la familia Carlomonti”...-el Vampiro miraba directamente hacia el aludido, enfrente de si.
-“Un avión estará disponible para tu traslado a Viena. Ya se encuentra en camino, junto con una nueva guardia”...-la voz sonaba preocupada, Vonserfof se alarmaba de sólo pensar que Krone estaba amparado por un único elemento de protección en ese momento y que el líder de los Pretones se encontraba en una misión por otra parte...-“Tenemos muchas cosas que aclarar, Sire, antes de que se reúna la Camarilla. Ese ataque de los Nightcastel puede considerarse una declaración hostil hacia los Tremere...-la voz del Anciano expresaba inquietud”.
-“Cuando llegue, Maestro, hablaremos de eso...-Krone cerró su mente e igualmente los ojos, que solaparon a la sombra de una ventana plomada”.

Estaba furioso, dolido y terriblemente taciturno. Todas las palabras de Marcel reverberaban en su mente. Entendía en parte la actitud del lobo de ojos grises, quien siempre se había expresado a favor del dialogo y era pacificador por naturaleza. Evitaba las confrontaciones la mayoría de las veces y solo participaría cuando la vida de sus iguales y sus cachorros estuviera en riesgo.

La ira estaba carcomiéndole. Se sentía atrapado en ese auto, que lo alejaba cada vez más de la Toscana y de Marcel. Estaba consciente que no había marcha atrás en su enfrentamiento con los Nightcastel. O su padre tomaba una acción directa, viéndose obligado por el ataque al protectorado de los Gucci, que podía significar una confrontación directa contra la Casa Mediash o él directamente reponía el agravio del que había sido objeto al atacar las propiedades de Marcel Gucci, su amante..., su amado.

Casi pierde a ese Alfa en esa refriega donde terminó con una herida de tajo emponzoñada y ahora, irónicamente se habían apartado por sus propias palabras envenenadas. Marcel se lo había gritado, que no podría amarlo, mientras tuviera ese veneno corriéndole por las venas. Pero ningún veneno había sido tan intoxicante, como aquellas duras palabras con las cuales el señor de los Gucci, le había expulsado de su casa, haciéndole pensar que ya no lo quería. Eso le dolía, igual que una herida empapada en plata.

Krone se vio las manos; aquellas que eran capaz de acariciar suavemente a ese lobo, de la misma manera que podían apretar su cuello, cuando lo despreciaba. En su rabia había sido capaz de sujetar ese cuello que mas de una vez lamiera con devoción y ansiedad. Le había salvado la vida de las garras del Nightcastel y un par de horas después, se encontraba intentando retenerle a cualquier costo a su lado, aunque fuera aprisionándole en sus manos, hasta quitarle el aire.

Todo era culpa de los Nightcastel, a quienes ingenuamente su lobo todavía pensaba que con solo llamarles la atención sería suficiente. No iba a ceder, le mostraría a Marcel el tipo de ratas de alcantarilla que eran los Nightcastel y hasta que sus cuerpos no se hicieran polvo entre sus propias manos, él, Krone Mediash, no descansaría.

Cuando llegaron a Roma, el celular del Guardián Tremere sonó y se le dieron indicaciones a Salvatore, de en donde se localizaba el avión que los Preton-Savage, el cual ya se encontraba en la pista, esperándoles. Se dirigieron sin tardanza y Krone espero un poco antes de bajar cuanto la puerta de la limusina fue abierta por su Guardián.

-Necesito un encargo mas, Carlomonti...-dijo impasible el Tremere.
-Estoy a tus ordenes, mi Sire...-se inclinó el Vampiro, dejando caer sus largos cabellos.
-Vuelve a la Toscana. Da asistencia y protección a los Gucci, sin decirles que es en mi nombre. Cualquier cosa que necesiten, házmela saber directamente.
-Así se hará, Sire.

Krone bajo y una comitiva de Pretones ya se encontraba para darle refuerzo y protección. Carlomonti no se fue del aeropuerto hasta que vio despegar el avión rumbo a Viena, dejando escapar un aire de tranquilidad.

-De vuelta a la Toscana, Salvatore...-dio su orden el señor Carlomonti, mientras el Guardián romano sonrió complacido por el mandato y no pudo ocultar su euforia, por que su mismo señor la sintió...-Veo que te hace feliz volver a los viñedos de los Gucci. E imagino por quien en particular.
-Es un humano...-respondió Salvatore, sabiendo que no podía ocultarle nada a su señor. Le conocía de siempre, desde que era un cachorrito, corriendo por su casa. No había nada que Sebastián Carlomonti no supiera de su incondicional guardaespaldas.
-Es un lobo, infectado, pero lobo después de todo. Y un bello ejemplar, por cierto. Entiendo ahora, el motivo de tu fascinación por los cuadros renacentistas...-le guiñó un ojo por el espejo retrovisor, luego se hundió en el asiento, preparándose para el viaje de retorno.

Vasenforf caminaba de un lado a otro por la amplia estancia. Le habían indicado que el auto del Sire ya estaba en las calles de Viena y que cruzaba ya el río, rumbo a la capilla Rossen. El Anciano había logrado unos minutos de paz, luego de unas desquiciantes horas, en las cuales el rumor de que los Tremere estaban en disputa abierta contra los Ventrue se colaba por todos lados sin poderla contener.

No había sido fácil cubrir la llegada de aquel contenedor donde se descargo a los prisioneros Ventrue que habían sido llevados directamente a las mazmorras de las Capilla. Se informó directamente a Vasenforf, que el Sire no portaba su guardia personal, lo cual le hizo palidecer un poco mas. Y tuvo que contenerse demasiado para no gritar cuando escuchó el relato del capitán de la guardia, que le narraba el súbito cambio de planes del Sire y su participación directa en la contención de una refriega en tierras italianas, donde habían tenido que salir a defender a una población completa de Licántropos.

Dejó caer la copa que tenia en las manos al escuchar que Vampiros Nightcastel eran los responsables y que se encontraban representados por el mismo Sire de los Ventrue dirigiendo a sus Vampiros. Se llevó las manos a las sienes al imaginarlo. Aquello era insólito. En cuanto los Ancianos y la Camarilla se reunieran, se volvería un pandemonio, exigiendo detallados informes sobre los motivos y sin lograr sopesar el alcance y las consecuencias que tendría ese enfrentamiento entre los Sires.

Vasenforf no recordaba que ningún Sire anteriormente, hubiera atacado a otro, en tan corto tiempo. No era de extrañar las diferencias entre los Sires dentro de la Camarilla, pero generalmente se tomaban su tiempo para caldear sus odios y llegar a resolverlos. Pero Mediash, no tenía ni seis meses con su cargo y ya se encontraba envuelto en un enfrentamiento contra nada menos que unos de los viejos Sires: Julius Nightcastel. Quien para rematar el asunto, tenía grandes relaciones entre las casas menores y movía adecuadamente sus influencias.

Había sido más que evidente que su protegido no era quien esperaba los Nightcastel que gobernara a los Tremere. Seguramente le resultaría más fácil llevarse con los herederos Yavajnsco, a quien podrían controlar y hasta comprar, en lugar del vástago de Regnalus quien desde un principio le había enfrentado en medio del Concilio por aquella idea de la legalización de las cacerías de los Licántropos.

Hombres lobo. Solo eso faltaba. Que por un puñado de lobos, ambos Sires estuvieran envueltos en una contienda.

La puerta se abrió, pero tanto guardias personales como la comitiva del Sire fueron detenidos por Vasenforf, quien solo quería escuchar a su protegido en ese momento.

-Sire.
-Maestro...-el Vampiro de ojos rojos fue directo a servirse de una licorera y no dirigió su mirada al Anciano hasta que su garganta se humedeció con el sabor dulce de la sangre que calmó un poco su sed.
-Explícame, ¿Qué ha sucedido?...-se impacientaba Vasenforf.
-A éstas horas ya estarás enterado.
-Recibí un informe del capitán...pero quiero oírlo de tus labios.
-No habrá mucha diferencia, Maestro. Los Nightcastel han atacado una manada de Licántropos libres, que es un feudo de los Mediash. Agredieron con ventaja y mentiras. Tenían pensado llevarse a toda la manada a Bretaña, para convertirlos en esclavos...-resumió Krone arrojando la copa contra la chimenea.
-Entiendo eso, Sire...-empezó Vasenforf...-¿pero un enfrentamiento contra los Ventrue...por unos lobos?

El Anciano vio las alas desplegadas, la mirada encendida, los colmillos se alargaron revelándose sin disimulo, mientras la cólera formaba un aura alrededor de su esbelto cuerpo y comprendió que aquellos Licántropos representaban para Krone algo mas que una manada de lobos. Entonces bajo la mirada y puso un rodilla al suelo.

-Discúlpame Sire. Debe ser importante para ti...-dijo Vansenforf dándose cuenta que necesitaba tranquilizar a su protegido
-¡Los Nightcastel son una amenaza! Solo hicieron patentes sus intenciones...-gritó Krone. Cerró los ojos y lentamente volvió a guardar sus alas y fue hacia su mentor a quien le suplicó levantarse...-Siento haber gritado Maestro. Fue una noche difícil.
-El Sire Ventrue se ha arriesgado demasiado con ese movimiento.
-Fue arrogante, no esperaba ser interceptado. Lo tenía todo planeado. Su estratagema tuvo solo un fallo.
-¿Cuál?...-preguntó el Anciano.
-No puede atacar lo que es mío y esperar que no me de cuenta...-Krone hizo una mueca...-Voy a exigir ante el Concilio y ante toda la Camarilla una compensación por las acciones de los Nightcastel.
-¿Qué es lo que pedirás?
-Mi padre decidirá la compensación por los daños a su propiedad.
-¿Es todo? ¿Dejarás ese asunto en manos de tu padre?
-Le corresponde a él hacerlo. Es su protectorado. Pero, yo en cambio solicitaré la cabeza del Sire Ventrue y su familia por atacarme directamente.
-Me han dicho que solo estaba Julius...-pensó en voz alta Vasenforf.
-Eran Vampiros de la Casa de Alexandrus Nightcastel y de la de Seratu Carkum, recibiendo órdenes directas de su Sire.
-¿Estas seguro de ello?...-se atrevió a preguntar Vosenforf, aunque sabia la respuesta.
-Ni siquiera se molestaron en quitarse los emblemas de sus Casas, los ostentaron con orgullo, puedes contactarlo por ti mismo, están a simple vista en los uniformes de los esbirros que capturé….- golpeó el escritorio con el puño de su mano, sulfurándose con el recuerdo, le costó algunos minutos volver a controlarse y hablar…-Solicita que el Concilio se reúna, que los Nightcastel y los Carkum comparezcan ante el pleno y que el Sire sea postergado de su cargo...- pidió a su mentor.
-Eso último es algo difícil, Krone, lo sabes...-se levantó el Anciano para ir al lado del Vampiro de ojos rojos que miraba las llamas de la chimenea con cierta fascinación.
-Sólo solicítalo, Maestro. De una u otra manera, las cabezas de los Nightcastel rodarán. Yo me encargaré de eso...-el Vampiro salió del recinto sin esperar a que Vasenforf reaccionara ante aquellas palabras.

Caminó rápidamente hacia sus habitaciones, donde medio permitió que sus asistentes le prepararan el baño y luego les gritó a todos que le dejaran en paz. No soportaba las miradas sobre su persona, ni mucho menos tenia interés en ser amable. Ya se sentía demasiado fastidiado, para todavía tener que soportar eso. Se arrojó de espalda al gran lecho y ni con la persuasión de la mullida cama, ni con el cansancio del extenuante viaje lograba dormir.

Miró el reloj en la mesita de un lado y era entendible por que. No eran más de las nueve de la noche. Cerró los ojos y su mente vagó sin control por la estancia, luego por la capilla y mas tarde se alejó de ahí. Tan rápido como un suspiro, se encontró parado enfrente de las puertas de un viejo fortín. Miró hacia el suelo y vio el camino adoquinado. Sabia donde estaba. Comprendió que había sido irremediablemente atraído por las otras partes de su trinidad, que le instaban a entrar y reunirse con ellos.

Luciano miraba la carretera, ansioso y expectante.

No había sido nada fácil salir de la Villa. La plática con Marcel se prolongó, tardó en hacerle entrar en razón sobre la importancia que tenia llegar a tiempo a rescatar a Dominic.

<i>
-No estás seguro que ese sea el lugar en donde tienen a Dominic…- le conjeturó ásperamente Marcel…-Solo es una corazonada, nada en concreto. No sabes si lo que ve Andrea es cierto. ¿Qué sucede si es un engaño? ¿Que estén controlando al chico?...
-¡¿Quién podría hacer eso?!
-No lo sé. Pero no quiero que te arriesgues solo por un vago presentimiento.
-Mediash nos dio las pistas sobre el fortín. Dijiste que era de confiar. ¿Por qué ahora dudas sobre sus palabras?
-No dudo sobre eso...-se levantó el Licántropo y le dio la espalda. Luciano no tenia que imaginar mucho para saber que le ocultaba los ojos enrojecidos y que hablar sobre el Vampiro era un tema que no quería tocar.

Pero el joven Gucci no iba arriesgar más tiempo. Necesitaba verificar esa pista y de ser cierta, sacar a Dominic de ese lugar antes de que Duvon le maltratara más o pensara en alguna otra canallada.

-Es un viaje de dos horas, tres a los sumo. Si lo del fortín es una pista falsa, volvemos.
-¿Y si no lo es?...-le reviró el Alfa -¿Qué harás?
-Esperaremos el momento adecuado. Debo impedir que lo alejen más, que lo desaparezcan o terminen sacando a Dominic del país. Si Duvon lo hace, no lo volveré a ver nunca más.
-Si no te autorizo, te largarás igual...-le bramó Marcel.
-De ser Krone quien estuviera herido, no lo pensarías, ¿Verdad? Correrías en su búsqueda, por una simple y pequeña corazonada...-se acercó el cachorro de ojos violetas al Alfa...-¿dime que no es cierto? Aun cuando en este momento tu boca diga lo contrario, sé que si ese Vampiro necesitará tu ayuda, tú harías todo lo que fuera necesario por él. Así, como él lo hizo por ti ¿No es así?

Marcel batió la cabeza con furia, negándose a aceptar las palabras de Luciano, pero, abatido por el significado de cada una, sus hombros bajaron y alzó sus ojos hacia su sobrino.

-Toma un grupo hombres que estén descansados, llévate a Jacob...-le concedió Marcel.
</i>

Luciano no objetó nada, aceptando las condiciones que en verdad necesitaba, su tío sabia de lo que era capaz y no era necesario espolearlo más para que lo dejara ir. Con lo que no contaba era con que los Gangrel se unirían a su grupo. Tanto el Sire, como su hija se ofrecieron a acompañarlos. No podía quejarse, tenia una partida de su propia manada, los Vampiros Gangrel y una docena de armados gitanos que se brindaron a acompañarlos. Solo por el presagio de que Dominic aun estaba en ese fortín.

Y en realidad, el chico seguía ahí, hambriento, titiritando de frió, pero despierto y lúcido. Había notado como un par de veces el ayudante de Duvon había entrado a la celda a revisar que todo estuviera bien. Y se iba con la clara idea en su mente, de que todo estaba bien, que dormía por la droga que le había aplicado. La tercera vez que hizo la ronda, el ayudante fue a decírselo a Duvon, quien estaba empezando a cansarse por la espera.

Había recibido el mensaje temprano y esperaba que esos magos de pacotilla de presentaran en cuanto el sol descendiera, pero de eso hacia ya unas horas. Estaba indeciso si volver a inyectar al cachorro y mantenerlo dormido mas tiempo. Sacó una jeringuilla y no llamó a su ayudante, por que en esos momentos se encontraba dando instrucciones para mover varias pilas de pieles y que fueran empacadas. Decidió entonces que iría él personalmente a constatar el estado de su prisionero y sopesar si le daba una nueva dosis de droga y luego enviaría un mensaje para averiguar dónde demonios estaba sus compradores.

Los gritos de uno de los lobos, indicándole que tenían visita le hizo sonreír, dejando la hipodérmica dentro de su estuche. Miró por la ventana hacia la plazoleta interna, donde un carruaje, arrastrado por varios threstral (*) descendía lentamente en el adoquinado, provocando un peculiar sonido en el interior. Varios lobos aullaron, la presencia de los animales alados, les causaba un recelo peculiar.

Pero para Duvon, era el sonido del oro y ese mago rubio, de largos cabellos lo tenía por montones. Además de magia que ocupaba para tener una nueva personalidad y desaparecer. El Licántropo bajo a recibirlo, y no le sorprendía el mohín de superioridad que parecía tener siempre en la cara el mago. Vestía impecable y remataba su indumentaria con un largo bastón terminado en plata con la cabeza de una serpiente, el cual era en si mismo su propia vara. La cual más de una vez le había visto utilizar sin piedad. Era un caballero de Walpurgi, paganos que hacían pactos demoníacos para disponer de favores especiales.

Aunque hacia tiempo que habían cambiado su nombre por Mortifagos y se encontraban al servicio de Lord Voldemort, otro mago que tuvo asolado a la comunidad mágica y de nuevo se encontraba entre ellos. Aquel mago rubio era uno de sus fieles vasallos, y generalmente se hacia acompañar de alguno otro para hacer sus encargos, pero en esta ocasión, era una mujer quien bajo detrás del mago y por su aspecto no era cualquiera, tenia el porte de una reina y aunque caminaba en silencio, dejaba una estela de poderío, que inmediatamente los lobos sintieron y se alejaron a los rincones, chillando. Sus cabellos rojizos y rizados, se descubrieron al bajarse la capucha de su capa de viaje, revelando un rostro de una increíble y seductora belleza, que remarcaba una piel de porcelana y una gris mirada. Fue su sonrisa la que la delató. Solo una Vampiro puede sonreír así, astuta, segura de si misma y con un par de colmillos sobresaliéndole agudos por sobre la hilera de blanco esmalte.

-Duvon, espero que no nos hallas hecho viajar hasta acá, solo por nada.- le dijo el mago rubio al verlo.
-Si tienes el oro, tendrás a quien buscas...-el Licántropo les invitó a sentarse, mientras les ofrecía vino, al que los magos negaron.
-No es una visita social. No en este...lugar...-hizo un mohín de asco, el mago rubio.
-Siempre tan quisquilloso, Malfoy.
-Digamos que las peleterías no tienen las mejores decoraciones ni olores.
-¿Tienes al joven?...-preguntó la Vampiro, con acento difícil de identificar y que estaba más que impaciente.
-Claro que lo tengo, por eso confirmé su mensaje...-se ufanó Duvon.
-¿Estás seguro de sus habilidades?...-continuó la Vampiro con visible interés.
-Heredó las habilidades de su madre y las agudizó con mis instintos. Mueve sin dificultad cosas por el aire...
-¡Eso lo hago yo con mi vara y sin ningún esfuerzo!...-fue ahora Malfoy quien se impacientó.
-No puedes leer la mente, ni mucho menos hacer profecías...-le respondió despótico Duvon, llevándose la jarra a los labios mientras se reía...-Hablemos de mi oro.

La mujer olfatea el aire, sus ojos brillan con agitación y murmuró en un extrañó idioma, por lo que Malfoy volteó hacia ella por unos segundos, luego mira a Duvon.

-Muéstralo. Tráelo aquí. Ya veremos si realmente es cierto que vale lo que pesa...-rezongó el rubio mago con premura.


Dominc tenia rato despierto cuando escuchó el sonido de una cerradura y el cilindro de un candado cediendo, la puerta se abrió y al no ver a nadie entrar, se quedo expectante, con la mano disimuladamente cerca de su cintura, tanteando la cacha del revolver.

-“Levántate, nos vamos. No estás seguro aquí”...-la voz del etéreo acompáñate le hizo dar un brinco cuando logró verle para luego ponerse de pie.
-¿Qué sucede?...-susurro el joven lobezno.
-Acaba de llegar alguien que no esperaba tan pronto.
-¿Los que vienen por mi?...-el chico se acercó a la puerta.
-Peor que eso...Ésta es una criatura que no estás preparado para enfrentar…-la cara de sorpresa de Dominic, le indicó al Guardián que tenia que darle alguna explicación...-Existen criaturas maléficas que aún a mí me cuesta enfrentar, dos de los más peligrosos están en tu búsqueda. Uno de ellos es una Vampiro, conocida como Lilith y sirve devotamente al Hermano Dimitri. Es sanguinaria y no tiene piedad. Por ningún motivo permitas que ella te capturé.
-¿Cómo haré eso?...-jadeó Dominic, ahora no solo era sorpresa, había miedo en su voz.
-Por los medios que sean necesarios.- instigó el Guardián -No puede detenerte así nada más...-le aseveró el Guardián...-Su poder esta en la seducción, de ahí el resto de su nombre: Masabakes. Debe conseguir que por tu propia voluntad quieras ir con ella. Solo así podría capturarte. Debes negarte a toda costa. Jamás debe tenerte, por que tú eres un puente de conexión con la Noble Ágatha. Uno de tus deberes es servir y protegerla. A cualquier costo, deberás impedir que Lilith te capturé. ¿Lo entendiste?
-¿No estás aquí para protegerme?...- chistó Dominic, con rebeldía… -¿Qué no eres tú el que no debe dejar que eso pase?
-Así será...pero seré el primer blanco al que ataquen...y mis ojos no siempre podrán estar sobre ti, así que está en ti cuidar tu persona. ¿Puedo confiar en que mi señora…nuestra señora, estará salvo porque tú no te dejarás atrapar pase lo que pase, esté yo a tu lado o no?
-S-si; haré lo que sea necesario hacer...pero no pienso irme con ninguna Vampiro, puedes estar seguro...-Dominic no entendía del todo aquella confusión de Emergidos y ser un puente para ellos, ni nada de lo cual le hablaba aquel etéreo respaldo, pero si la salvaguardia de la mujer cuya suave voz había estado sosteniéndolo en aquellos momentos tan oscuros e inciertos dependía de su entereza, tenia la obligación también de protegerla. Era una verdad que en su interior palpitaba tan firmemente esa determinación como la de volver a los brazos de Luciano.
-Iré delante de ti. No te alejes...-le ordenó Osakura.
-“Como si fuera tan fácil verte”...-rezongó para si mismo Dominic quien encontraba que su etéreo acompañante fácilmente se camuflajeaba en las oscuras paredes de aquel pasillo mal iluminado.

El brillo de una larga espada ligeramente curva hizo que Dominic se detuviera; el acero bruñido se materializaba casi de la nada, mientras el cuerpo del incorpóreo salvaguardia de la Noble Hermana, se perfilaba un poco más ante sus ojos. Observó como giro lentamente hacia uno de los recovecos del pasillo, donde el brillo carmesí de dos ojos, suspendidos en el aire les observaban. Dominc se plegó a la pared, amartillando el arma, pero la casi traslúcida mano del Guardián que lo acompañaba le hizo que la bajara.

De la oscuridad, el cuerpo de Mediash apareció mirándoles sorprendido, como si intentará interpretar lo que tenia enfrente de sí. Cuando la luz mortecina le atravesó, Dominic tuvo que morderse los nudillos para no gritar. Mediash era tan incorpóreo como el Guardián que le acompañaba.

-Es su proyección astral…- le explicó Osakura…-Su cuerpo físico está en otro lugar, mientras que con su mente te busca. Somos parte de su trinidad...-el guardaespaldas volvió su atención al pasillo...-pero no es el Mensajero que me preocupa ahora. Los tres juntos hacemos una fuerte conexión que es difícil de sustraer e ignorar.
-“¿A dónde le llevas, Guardián?”...-Dominic escuchó claramente en su mente aquella pregunta que no salió de los labios de Mediash, el cual estaba casi a un lado suyo, mirando con atención a su etéreo acompañante.
-Al bosque que se encuentra en las laderas de Castellina Chianti…- le informó el Guardián…-Vuelve ahora Mal’ak y notifica a su manada, para que le den asistencia al llegar ahí.

La etérea presencia de Mediash puso entonces su brillante mirada sobre Dominic.

-“Vuelve a los tuyos y cuida a Marcel por mi”.

Como un soplo de bruma, la imagen de Krone se fue desfigurando ante los ojos asustados del lobezno que creía que lo había visto todo cuando entró a ese fortín, pero aun otras cosas increíbles estaban por sucederle antes de dejarlo.

-¿Cómo saldremos de aquí?...-se atrevió a preguntarle a su acompañante, que le indicaba seguir.
-Hay un río subterráneo que pasa por debajo del fortín. Te mojaras un poco. Hace tiempo que no nadas, pero la corriente no es muy fuerte.
-Suena fácil.
-No, no lo es. Antes hay que llegar al pozo, sin que seas visto...-un tintineo de una larga cadenilla se desparramó por el pasillo y el Guardián se detuvo sorpresivamente...-¡Detente! Hemos sido detectados.
-¿Cómo lo sabes?
-Silencio...-le indicó el Guardián, quien había perdido parte de su trasparencia.

Abajo, en la mesa donde se encontraban Duvon y el rubio mago, la Vampiro elevó su vista hacia las escaleras de la planta alta. Su cabeza se inclinó hacia los lados, como quien comprueba su audición, y al captar algo que solo ella entendía, se levanta de súbito, sin importarles las palabras de Malfoy, ni las advertencias de Duvon, con la intención de revisar por ella misma ese reducto. Tantas condescendencias le habían terminado por fastidiar.

-Lilith...-le gritó el rubio mago…-regresa aquí….- pero aquella casi desapareció de la vista de ambos, cuando usa su Celeridad (*) para subir las escaleras en una fracción de tiempo.

-Estás aquí...- silbó, con una voz que distaba ser de una criatura innatural.
-Vamos...- apremió Osakura, sacando a Dominic casi de un empellón de la pared en donde se había incrustado y el lobezno tan solo lo sintió correr. A pesar de ser en parte canino y que su fisonomía lo hace ser veloz, a Dominic le costaba darle alcance. Era como tratar de perseguir al viento.

El olor nauseabundo de la carne en descomposición le hacían imposible tratar de conseguir el olor del agua, y escucharla era aún peor por el ruido de aullidos, alaridos y gritos de gargantas apresadas, escabulléndose por los corredores que se abrían por todas partes como un laberinto.

El Guardián lo detenía, cada vez que surgía algún secuaz de Duvon de sopetón en su camino y cuando uno se le apareció de frente, antes de que el esbirro pudiera dar la alarma...se perdió en los ojos de Dominic, el cual lo neutralizó, pero al hacerlo agotó la mitad de las fuerzas que había logrado reponer y su acompañante se puso más nervioso todavía.

-Ella nos sigue, porque nos siente...tu poder ha reverberado en su cabeza...

Dominic intentó seguirle el paso nuevamente cuando lo sintió alejarse, pero se quedaba atrás cada vez más y la tercera vez que el Guardián se devolvió, le tomó por la cintura y casi lo llevó a rastras.
-No desmayes…-le dijo -Casi estamos allá. ¿Puedes oírla? ¿Puedes oler su frescura?

Dominic se despabiló con el olor a tierra húmeda y el sonido de una corriente de agua. El Guardián y él desembocaron en algo que parecía ser un recinto hexagonal, en cuyo centro había un gran hoyo, de no más de dos metros de diámetro, con una muralla a medio derruir levantada con algunas piedras.

-Muéstrate, Guardián de la luz, casi puedo paladear tu dulzón sabor...-los envolvió una voz que retumbó en el pasillo.

El corazón de Dominic aceleró su pulso y amartilló su arma con la completa intención de impedir ser capturado, al divisar a una alta Vampiro que le sonreía, alargándosele los colmillos en toda su longitud, al igual que las uñas en sus puntiagudos y delicados dedos, moviéndose hacia él con un caminar lento y sensual, que más parecía que acariciaba el aire y alimentaba con el rojo de su cabellos, las antorchas que con sus lenguas de fuego, iluminaban el recinto.

Dominic sintió que era echado a un lado y la sombra que le acompañaba se le colocó al frente.

-No es para ti....Einyel, señora de la lujuria...-fue la respuesta que le dedicó Osakura, cuyo cuerpo se fue perfilando ante los ojos de Dominic, como una película de solidez le estuviera recorriendo su anatomía, al tiempo que de las alforjas colgadas a su espalda, extraía un par de espadas que fueron perfilándose igual que lo hacían sus brazos y sus piernas hasta que su cuerpo quedó compacto ante la asombrada y maravillada mirada del lobezno.

-Vaya...- jadeó Dominic.

La Vampiro se detuvo a escasos dos metros de ellos inclinando su cabeza un poco, moviéndose con una cadencia que parecía que su cuerpo tenía otra clase de densidad molecular.

-El chico pertenece a mi señor, bello narciso…-volvió a sonar la voz inmaterial de la Vampiro y los ojos grises se le acentuaron, como si fueran dos gotas de plata… -Porque el hecho de que estés aquí protegiéndolo solo puede significar que las partes que te conforman ya fueron asignadas. Ese niño es el Heraldo que te combina, un camino a la Dama de la Luz...- algo emergió detrás de ella, rojo como su cabellera, asemejando una capa que se expande, a cada lado de la innatural criatura, se elevaron un par de alas, que se abrieron un momentos y se compactaron a cada uno de sus costados.
-Es una Mal’ak...- bisbiseo Dominic, sus piernas se le volvieron de goma espuma y solo percibió un destello rojo dirigiéndose hacia él y al Guardián desapareciendo ante sus ojos.

Dominc creía que controlaba su sorpresa. Aunque pensara que lo había visto todo, obviamente se equivocaba. La noche le deparaba aún sorpresas.


Notas: (*)

Crucios: Una maldición imperdonable, con la cual se causa dolor constante sobre la victima al grado de enloquecer o morir.
Celeridad: Habilidad con la cual los vampiros se desplazan rápidamente.
Threstrals: animales mágicos alados, que son utilizados como transporte.
Einyel: Nombre con el que se conoce a los súcubos.



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