Clasificación:
NC-17 Avisos: Slash, relaciones h/h. |
17. Redención de Licántropos II.
Con los huesos calados, la humedad de la celda no ayudaba en nada y la escasa luz, empeoraba el estado de ánimo del cachorro. Hubo un tintineo en la oscuridad y la dispersa forma que se acercó lentamente a su lado. -“Bebe, es agua limpia, proviene del manantial”...-la voz se escuchaba en su mente, mientras un cristalino liquido se bamboleaba en el aire, a escasos centímetros de su cara, como si fuera sostenida por una par de manos invisibles. Dominic extendió temblorosa las suyas, que aún estaban sujetas con una soga, para recibir el agua y llevarla a sus labios, donde refrescó su garganta luego. Tanta era su sed, que no se preguntaba como era posible tal incongruencia, ni que era exactamente quien le prodigaba agua de esa manera. Quizás fuera solo una alucinación para mitigar su desamparo. Se terminó de sentar en la colchoneta, pegando su espalda a la pared, mientras respiraba inquieto y preocupado. Estaba encerrado, a merced de su padre y sus funestas intenciones. Estaba solo. -“Te equivocas...Yo estoy contigo.”- Esta era otra voz; la de una mujer, suave, melodiosa, firme. E igualmente la escuchaba claramente en su mente, como si estuviera en la misma celda y a su lado… -“Y mi Guardián también está contigo. No es una alucinación de tus sentidos. Él te ayudará a regresar con los tuyos” -¿Quién
eres?...-se atrevió a preguntar en voz alta, mientras golpeaba
su cabeza contra la pared, como queriendo sacar de ahí las voces...-¿me
estoy volviendo loco? Dominic giro hacia una de las esquinas donde percibía una caoba mirada. -¿Eres
un fantasma?...-se atrevió el chico a preguntar a la traslucida
figura que tenuemente se delineaba por el polvo que flotaba sobre la escasa
luz. Dominic notó el filo de aquella cuchilla que de un solo tajo desmadejo las cuerdas para liberar sus muñecas, las cuales ya tenía marcadas y amoratadas por el constante roce. La navaja desapareció, ante sus ojos. El cachorro estiró sus dedos y logró alcanzar a rozar el brazo del Guardián, encontrando una residencia en el aire y la bruma. -Eres
sólido…- se asombró, tanteando sus dedos, tratando
de conservar en ellos la sensación… -¿cómo
es posible que seas sólido si puedo ver a través de ti.
¿Cómo puedes atravesar las paredes entonces...? Dominic comprendió lo que el ente trataba de que entendiera y volvió a reclinarse, más abatido que antes. -No
tengo esperanzas... Dominic contrajo el entrecejo y se incorporó en el jergón, enfrentando a la efímera figura. -¿Cómo sabes eso...?- inquirió. El Guardián se retrajo un poco, y miró hacia los lados, como si temiera que pudiera ser escuchado. -Sé
de ti todo lo que es necesario saber. Mi señora ha seguido todos
los movimientos de tu existencia desde el momento que concebiste la vida.
Ella tiene la habilidad de percibir a su Heraldo desde su concepción.
Desde entonces ha estado atenta a tus pasos. El sonido de pasos, hizo que Dominic se sentará completamente, tomó el manojo de sogas y las medio enredó en sus muñecas para fingir que seguía atado. La puerta se abrió de un empellón y el asistente de Duvon apareció amartillando un arma, y le miró con desprecio. -Estas
despierto ¿eh?...-extrajo una jeringuilla y la cara de sorpresa
del chico era lo que esperaba...-no por mucho. -“Impón tu voluntad. No puede tocarte.” -¿Qué
dijiste, pequeña sanguijuela?...-el Licántropo se abalanzó
hacia el chico. El color de sus iris se le fue remarcando, volviéndolos más oscuros. -“Dile que ya te aplicó esa inyección”...-le indicó el espíritu a Dominic, quien repitió la orden, observando como el carcelero derramaba el liquido ceroso sobre el suelo y lo esparcía con la punta de su pie...-“Que se vaya ahora e informe que todo está bien. Haz que te entregue su arma y que se olvide que lo hizo”...- finalizó la orden el etéreo Guardián. Las palabras en la boca de Dominic se hicieron órdenes directas en la mente del repugnante lobo, quien le dio su revolver sin preguntar y salió. Dominic se desplomó, como si la energía hubiera sido jaloneada de su cuerpo y se aferró la pared para no caerse, en tanto se sentaba de nuevo, respirando entrecortadamente, contemplando el arma en su mano. -Descansa,
tienes unas horas...-le dijo el espíritu guardián. -Está
en la Villa, junto con tu gente...- le tranquilizó el angustiado
pensamiento el Guardián...-Por el que temes, evitó la captura
de esa manada y ahora se encuentra junto a su Alfa, velando su descanso.
-“Krone Mediash, despierta. El Heraldo sigue perdido, ayúdale a volver con los suyos” El Vampiro giró su cabeza hacia un lado para ver a Marcel. Estaba despierto, acariciando unas hebras de su cabello. -Te
ves pálido, burgués...-susurró Marcel, tocando su
mejilla con la punta de sus dedos. -¿Hace
cuanto que no saben de Dominic?...-le preguntó Marcel. Krone se levantó al sonar los golpecitos en la puerta y se refugió en la penumbra desde donde vio la figura de Luciano, quien acompañaba a varias de las mujeres de servicio, las que llevaban varias bandejas con alimentos. El joven lobo se sentó a un lado de su tío, quien le abrazó y se dejó mimar un poco con sus atenciones. Las mujeres, igualmente se miraban contentas de atenderle y prepararle la mesa, mientras otra se encarga de las mudas de la cama y hacia un arreglo rápido a la habitación. Solo hasta que se fueron y tras cerrar las puertas, la presencia de Mediash se hizo de nuevo perceptible y no le sorprendió nada a Luciano verle. Salvo su mutismo, tan poco usual en él. Miró sus ojos rojos y tuvo la vaga idea de que pensaban en lo mismo, aunque la mente del Vampiro le negaba cualquier intromisión. Los minutos en silencio, habían servido para algo más que aguardar. El Vampiro de ojos carmesí escuchó en su mente nítidamente la voz de Dominic llamándole en la lejanía. Entrecerró los ojos y tuvo fugaces imágenes del camino por donde había cruzado el joven lobezno, vio a lo lejos el fortín resguardado, la empedrégada calzada, una poza en la plazoleta, la sangre goteando en alguna mesa junto a los despojos agónicos de unos lobos, entre vísceras y partes desmembradas, los pasillos oscuros y al final una celda donde ahora se encontraba el chico. Notaba su nerviosismo, su entereza por comunicarse y en una de esas imágenes percibió a su otra trinidad. El espíritu que montaba guardia a un lado de la puerta, siendo a la vez compañía del joven. -Krone. ¿Krone?...-escuchó su nombre de la boca de Marcel y entonces el Vampiro abrió sus ojos, alejándose de aquellas visiones y miró hacia los dos lobos que reclamaban su presencia...-No me has respondido, Krone. ¿Por qué fuimos blanco de los Nightcastel?...-volvió arremeter el Alfa, mientras dejaba los cubiertos en la mesa. -Julius
Nightcastel es el Sire de los Ventrue y el Vampiro que te atacó.
Tuvimos un intercambio de palabras en el Concilio...-intentaba Krone ordenar
su ideas...-Pretende implementar una Ley de Restricción de Licántropos
libres y abrir la cacería a favor de las Casas Vampíricas
que lo deseen. -¿Por
qué escogió a nuestra manada? No somos los únicos
Licántropos libres en el continente. Hay varias manadas más
accesibles en la Bretaña, para empezar, ¿por que hacer un
viaje hasta acá, solo para atacarnos?...-volvió arremeter
Luciano...-¿Por qué nosotros? ¿Qué nos hace
tan interesantes? -Déjanos
solos Luciano...-solicitó Marcel, dejando la servilleta en la mesa. Ninguno de los dos lobos presentes, dudaba que aquello fuera meras palabras dichas al aire. El joven las aceptaba con deleite vengativo, pero el Alfa las rechazaba con temor...la sangre derramada, solo atrae mas sangre. -Déjanos solos, Luciano...-volvió a pedirle el Alfa al joven...-por favor. Luciano se negaba a salir, hasta que un nuevo mandato por parte de Marcel volvió a tronar y no le quedo más que obedecer. -Busca
a Dominic, no lo han sacado de la región, revisa en un fortín
amurallado, debe acceder a un camino adoquinado, cercano a un manantial...-se
dirigió Krone a Luciano antes de que abriera la puerta. La puerta se cerró, a las espaldas del joven Gucci, dejando de Marcel y Krone de nuevo solos. -¿Sabes
lo que significa que ataques directamente al Sire de los Ventrue?...-las
palabras de Marcel eran duras...-Lo pregunto, por si no lo has pensado.
Empezarás una guerra. Al escuchar las palabras del lobo, Mediash hizo una mueca en su pálida cara. -Las
acciones de los Nightcastel ya son por si solos una declaración
de guerra contra la Casa Mediash. Mi padre tomaría justicia en
su mano, por atacar a uno de sus protectorados. ¿No pensaras que
voy a quedarme cruzado de brazos, viendo como mi padre toma justicia,
del agravio hecho contra mi amante, como si yo fuera un crió de
decenas de años, que no puede defender lo suyo? En un parpadeo, dos alas negras emergieron del cuerpo del Vampiro, al igual que un gritó desgarrado rompió un momentáneo silencio y luego la mano de Krone se encontraba en el cuello de Marcel, apretando ligeramente. Los grises ojos brillan de sorpresa, pero solo por unos segundos, cuando utilizó Marcel su propia fuerza de lobo para librarse del agarre y advirtió la cara de confusión que tenia el Vampiro al darse cuenta de su acción. Sus alas se replegaron en un doloroso acto. -...perdón...-era un hilo de voz lo que escapó de la garganta de Krone, mientras miraba como Marcel se alejaba de él. No podía permitir eso. Todo era culpa del Nightcastel, solo él tenia la culpa de que su amado le mirara con miedo y dolor. -¡Vete Krone! Sal de mi casa...-le exigió el toscano, tomando aplomo en su voz...-Cuando tengas el corazón sereno, vuelve a mí. No puedo amarte con ese veneno corriéndote por las venas...-le susurraba Marcel, mientras se cubre la cara, incapaz de ver aquellos ojos que siempre le han parecido tan hermosos, ahora en total cólera. Tal es su odio que puede arrasar todo a su alrededor. -Voy
a demostrarte que lo que es capaz un Tremere...-empezó Krone al
tomar el protector de su pecho, comenzando a vestirse...-Ningún
Nightcastel quedará para recordar la ofensa con la que ha cubierto
esta Casa. Krone frunció los labios y cerró los ojos. Aquello viniendo de Marcel era un corte largo con plata misma sobre su piel. -Te
amo, Marcel...-dijo unos segundos después el Vampiro. Solo la constante educación Tremere le hizo mantenerse erguido, mientras su porte Ventrue le impidió quebrarse en miles de pedazos antes aquellas palabras. Salió
al pasillo, la tarde llegaba a termino, pero aun había demasiada
luz... El Vampiro romano de largos cabellos oscuros, no fue el único el abrir los ojos ante ese llamado. Aisha Leoni también lo hizo y miró en la penumbra como el romano se levantaba, seguido de cerca del Guardián personal del Sire que ya estaba tomando su ballesta y el resto de su equipo para salir. El deber del señor Carlomonti para su Sire se anteponía a cualquier cosa. No espero a nadie para ir en la búsqueda de quien debía proteger. -¿Qué
sucede?...-se intrigó la bermeja Vampiro ante lo inusitado de la
hora. Antón Salvatore miraba por el ventanal, veía como poco a poco, los lobos de esa Villa se esforzaban por desaparecer los estragos ocasionados y poner en orden la estancia principal, donde manos diligentes cambiaban ventanas y las aseguraban con fuertes refuerzos. El mismo supervisaba a su cuadrilla, que había llegado con el Vampiro romano, siendo invaluable su ayuda, permitiendo que los heridos de la Villa se recuperaran, mientras ellos se encargaban de asegurar la casa principal. Se les había informado que las hostilidades habían terminado, pero aun así, se mantendrían alertas. No había dormido mas que un par de horas, pero no podía descansar, mientras estuvieran de guardia y mucho menos, teniendo en la propia Villa a su señor, quien dormía en la bodega, junto con el resto de Vampiros. No era el mejor lugar, pero si estaban protegidos del inclemente sol. El Guardián romano, también contemplaba de vez en vez al joven Andrea, quien después de haber bajado a tomar algo para alimentarse, ya se encontraba de mejor animo; de una u otra forma la plática que habían tenido con el vástago de los Gucci, había servido para tranquilizarle un poco. El joven ayudaba aquí y allá a las mujeres de la villa, para restablecer el orden; era diligente y no paraba de moverse, por lo cual no había tenido tiempo el Guardián romano de acercarse y conversar con el chico. Aunque más de una vez, lo pilló mirándole de reojo y cuando lo hacia, el chico enrojecía y volteaba a otro lado, fingiendo hacer otra cosa. Le vio dirigirse a la cocina e iba a seguirlo, pero una voz en su mente lo detuvo. La voz clara y firme del Vampiro Carlomonti le daba instrucciones que debía seguir sin tardanza. Retrocedió y subió las escaleras rápidamente hacia el pasillo principal de las habitaciones superiores. Le sorprendió encontrar al noble Vampiro de ojos rojos, ligeramente agazapado en la semioscuridad del pasadizo y llevó la rodilla al suelo al verlo, al mismo tiempo que se percataba de que el Guardián Tremere que vigilaba armado, cerraba una comunicación por su celular. Centró su mirada en la del rubio Vampiro. -Mi
señor, me ha enviado. ¿En que puedo serle de utilidad? Aquellos lobos acataron sin preguntar igualmente, mientras el Guardián de ojos olivo se dirigía a la Cava a buscar a su señor, a quien no le sorprendió encontrar de pie esperándole. -Me
ha solicitado el Sire que salgamos a Roma, de inmediato...-le informó
sin esperar palabra...-Un par de unidades estarán en la puerta
en unos minutos. -¿Qué
sucede Sire?...-preguntó Aisha, aunque aquellos ojos rubí
le revelaron mucho de la pena, el dolor y la furia que tenia contenida
dentro la etiqueta de frío Vampiro. Sebastián Carlomonti y Aisha se miraron, sorprendidos por el tono frío y descortés con el cual había respondido el Sire. Simplemente no le reconocían. No era el mismo Vampiro que horas atrás mostraba agradecimientos por la atención recibida. -Ese malentendido, puede abrir una abismo entre ustedes...-seguía insistiendo la Gangrel, al darse cuenta de los sentimientos confusos que mostraba Mediash. -Díselo a él, Gitana...-gaznó Krone, dando pasos largos, alejándose de ella. La Gangrel utilizó su Celeridad, para encontrarse enfrente del Tremere, que ni se inmutó por su osadía. -No puede irse así...la rabia le consumirá...- intentó ella serenarlo, pero Krone le hizo una última mueca, y el guardia Tremere se puso entremedio de ellos, impidiendo que la Vampiro volviera a tocarle. La cara de Mediash desapareció dentro del casco y continuó su camino, mientras la Gangrel era apartada con un fuerte empellón. Carlomonti la sostuvo de caer y le pidió disculpas, antes de despedirse. -Despídame de su padre, bella Signorina...-besó su mano y le susurró que se tranquilizara...-Cuide al Signore Gucci, mientras estamos fuera. La Vampiro les vio salir de la casa y subir rápidamente en uno de los autos en los cuales había el Vampiro romano llegado a la Villa. Todo sucedía en cuestión de minutos, donde apenas Andrea veía como aquellos Vampiros salían a plena luz del día, cubiertos completamente por aquellos oscuros trajes y subir sin decirle nada a nadie. Solo alcanzó a mirar a lo lejos, como Salvatore se despedía con un rápido gesto, antes de subir al frente del auto y ponerlo en marcha. Por unos segundos Andrea pensó en ir detrás suyo, para despedirse adecuadamente del romano, que le había salvado la vida y que no podía negar que le resultaba mas que agradable. Cuando el auto se enfilaba a la salida, fue cuando reaccionó y entonces el chico corrió dentro de la casa, buscando a Jacob y a Luciano, a los cuales encontró en la sala de computadoras, donde ambos tenían las caras enfrente de los monitores. -¡Se van...los Vampiros...el de los ojos rojos, se va...!-entró gritando el chico a la habitación y Jacob tomó su celular para llamar al centinela de la puerta, mientras miraba por una de las pantallas planas, donde se veía el auto de Carlomonti salir de la rotonda de la casa principal. -Hechiceros...-hizo
una mueca el Guardián de ojos ocre, mientras encendía un
cigarrillo...-¿Quieres que vaya a ver a tu tío?...-atisbó
de reojo Jacob a Luciano. El chico de ojos turquesa asintió, no muy animado, pero tomó una silla que le ofrecía el Guardián frente a la mesa. Le intimidaba estar solo junto a Luciano, quien siempre era cortes, pero tenia ese aire de joven estirado y gruñón que solo se dulcificaba cuando estaba Dominic a su lado. Solo el lobezno de ojos verdes podía hacerlo sonreír y que sus ojos brillaran. Aún no tenia ni el día de desaparecido su amigo y ya se notaba las ojeras en la cara del Luciano y el cambio de talante en su aspecto, más serio y reservado. Sintiéndose observado, el lobo de ojos violeta giró hacia el mozuelo, quien bajo la vista siendo pillado. -¿También
tú lo extrañas?...-inesperadamente la voz de Luciano era
dulce al darse cuenta de que tan solo debía sentirse el jovencito.
Conocía ese sentimiento, en ese mismo momento, su alma se desgarraba
y no sabía como estaba unida para no hacerse pedazos. La mente de Luciano se oscureció súbitamente, empañada en imágenes que se sobreponían una encima de otra entre manchones de sangre, un piso desnudo y una celda oscura. Aún en medio de todo eso, el aroma de Dominic le saturó el olfato. -Dom...amore,
estoy aquí...-tomó las manos del chico, sabiendo que era
Andrea, pero que en ese exacto momento Dominc trasmutaba su mente para
estar ahí...-¿Estás bien? ¿Dónde estás?
¿Lo sabes?...-preguntaba sin control y se angustiaba ante el retardo
de las respuestas...-¿Te ha lastimado? ¡Dímelo!
-“Duerme, yo cuidaré tu sueño”...-la voz del etéreo espíritu lo acunó. El mensaje había sido enviado. Ahora solo faltaba esperar.
-Todo está bien. No te preocupes...-buscaba tranquilizarle el lobo de ojos violeta y el chico tomaba el vaso para llevarlo a su boca que sin saber como estaba reseca. Miró hacia la pantalla de la laptop que tenia varias imágenes en ella, luego de terminada la búsqueda de fortines de la región, con las características que le sugiera el Vampiro Tremere, pasando las fotografías una detrás de la otra. Andrea se levantó a mirar la pantalla y su dedo apuntó sobre el frió cristal. -He visto este lugar, en un sueño, hace poco...-le dijo a Luciano, quien tomaba ahora la laptop para observar la descripción del fortín. -¿Estás
seguro? Éste otro se le parece mucho...-le indicó uno más
en la pantalla, ambos fortines, compartían muchas características
arquitectónicas, casi de la misma época y en la misma región. Para Luciano esas palabras eran suficientes para salir en la búsqueda del lobezno. No podía esperar más. Pero tenia que encontrar la forma de decírselo a Marcel, y de inmediato se dirigió a su recamara. En el refugio de Duvon, éste se encontraba desgarrando con sus dientes un grueso filete, y se limpió la cara con el dorso de la camisa, mientras miraba a su asistente con aire distraído. -¿Lo
inyectaste?...-preguntó, luego de arrojar los restos de lo que
comía al suelo, donde algunos de aquellos lobos salvajes que se
abalanzaron sobre las sobras. El sirviente asintió y se levantó a cumplir el encargo. Duvon le vio alejarse, volvió tomar vino para celebrar. Estaba tan confiado. Todo estaba saliendo según lo previsto, solo tenia que esperar para que su comprador se llevara la mercancía y deshacerse por fin de esa molestia, era lo único que representaba para él ese lobezno. Ya se encargaría también de ajustarle cuentas al presuntuoso de Gucci y estaba seguro que ese remilgado lobo le exacerbaría el gusto al Carkum. Con solo pensar en lo bien que la estaría pasando el Vampiro a esas horas, empezó a carcajearse el lobo. Sus risotadas hicieron eco en las paredes, reverberaban por los viejos pasillos del fortín, hasta llegar a la celda que ocupaba el lobezno. Al principio Dominic descansaba, agotado y por que su cuerpo le reclamaba hacerlo, pero luego las pesadillas llegaron. Él mismo era el protagonista y se encontraba en medio de muchos hombres encapuchados que le miraban con lasciva. Uno de ellos en particular, de cara deformada, asemejando a una serpiente, le sonreía sórdidamente, mientras tocaba su cara con sus largos y nudosos dedos. <i> Dominic se miraba a si mismo medio desnudo, temeroso de aquella vara que era sostenida por esos nudosos dedos, en el aire y de las palabras que sabia, que saliendo de aquella boca, le causarían dolor y muerte. No podía transformarse y lo único que lograba encontrar para defenderse eran un montón de rocas sueltas que le rodeaban, las cuales, lentamente levitan y busca con su mente arrojarlas, pero ni ellas parece obedecerle, cayendo de nuevo al suelo. Las risas que aquel hombre le dedicaba y que su subconsciente reconocía desde la mente retorcida de su padre como “Voldemort”, hacen que sienta un infame frío bajándole por toda la espalda. Aquel repugnante, maligno y tenebroso ser, era un velo de muerte que se cernía lentamente sobre su persona y todo lo que tocaba. Dominic despertó sudando, en la celda, arrinconado, mientras la voz del etéreo Guardián intentaba sacarlo de su estupor. -Shhhhh,
despierta. Es una pesadilla...-le susurró -No te asustes...No es
más que un sueño... La figura traslucida, se posó a su lado, y por un momento a Dominic le pareció que meditaba. -¿Escuchaste
eso también en tu sueño...“Él” te llamó
así? La
figura pareció sonreírse ante su reacción. El
rostro traslucido volvió a sonreírse luciendo ahora halagado...como
si esas curiosidades por su persona nunca se le daban. Ahora solo faltaba esperar. El camino hacia Viena se hizo más silencioso que en la ocasión anterior que Carlomonti acompañará al Sire. Aunque en ese tiempo, ignoraba que lo fuera y por lo menos entre ellos hubo una platica superflua sobre algunos intereses. Ahora, desde la salida de la Toscana, un apesadumbrado silencio se instaló en la espaciosa cabina de la limusina acondicionada. A pesar de la furia contenida y el dolor que lo avasallaba por las palabras de Marcel, las que tercamente continuó rememorando el Sire de los Tremere, su mente terminó por ceder y permitir que su mentor lo contactara. -“¡¡¡Krone!!!”...-casi
le estremeció un grito que repercutió en su mente, provocando
que sus dedos masajearan su sien para evitar que terminara convirtiéndose
en una jaqueca. Estaba furioso, dolido y terriblemente taciturno. Todas las palabras de Marcel reverberaban en su mente. Entendía en parte la actitud del lobo de ojos grises, quien siempre se había expresado a favor del dialogo y era pacificador por naturaleza. Evitaba las confrontaciones la mayoría de las veces y solo participaría cuando la vida de sus iguales y sus cachorros estuviera en riesgo. La ira estaba carcomiéndole. Se sentía atrapado en ese auto, que lo alejaba cada vez más de la Toscana y de Marcel. Estaba consciente que no había marcha atrás en su enfrentamiento con los Nightcastel. O su padre tomaba una acción directa, viéndose obligado por el ataque al protectorado de los Gucci, que podía significar una confrontación directa contra la Casa Mediash o él directamente reponía el agravio del que había sido objeto al atacar las propiedades de Marcel Gucci, su amante..., su amado. Casi pierde a ese Alfa en esa refriega donde terminó con una herida de tajo emponzoñada y ahora, irónicamente se habían apartado por sus propias palabras envenenadas. Marcel se lo había gritado, que no podría amarlo, mientras tuviera ese veneno corriéndole por las venas. Pero ningún veneno había sido tan intoxicante, como aquellas duras palabras con las cuales el señor de los Gucci, le había expulsado de su casa, haciéndole pensar que ya no lo quería. Eso le dolía, igual que una herida empapada en plata. Krone se vio las manos; aquellas que eran capaz de acariciar suavemente a ese lobo, de la misma manera que podían apretar su cuello, cuando lo despreciaba. En su rabia había sido capaz de sujetar ese cuello que mas de una vez lamiera con devoción y ansiedad. Le había salvado la vida de las garras del Nightcastel y un par de horas después, se encontraba intentando retenerle a cualquier costo a su lado, aunque fuera aprisionándole en sus manos, hasta quitarle el aire. Todo era culpa de los Nightcastel, a quienes ingenuamente su lobo todavía pensaba que con solo llamarles la atención sería suficiente. No iba a ceder, le mostraría a Marcel el tipo de ratas de alcantarilla que eran los Nightcastel y hasta que sus cuerpos no se hicieran polvo entre sus propias manos, él, Krone Mediash, no descansaría. Cuando llegaron a Roma, el celular del Guardián Tremere sonó y se le dieron indicaciones a Salvatore, de en donde se localizaba el avión que los Preton-Savage, el cual ya se encontraba en la pista, esperándoles. Se dirigieron sin tardanza y Krone espero un poco antes de bajar cuanto la puerta de la limusina fue abierta por su Guardián. -Necesito
un encargo mas, Carlomonti...-dijo impasible el Tremere. Krone bajo y una comitiva de Pretones ya se encontraba para darle refuerzo y protección. Carlomonti no se fue del aeropuerto hasta que vio despegar el avión rumbo a Viena, dejando escapar un aire de tranquilidad. -De
vuelta a la Toscana, Salvatore...-dio su orden el señor Carlomonti,
mientras el Guardián romano sonrió complacido por el mandato
y no pudo ocultar su euforia, por que su mismo señor la sintió...-Veo
que te hace feliz volver a los viñedos de los Gucci. E imagino
por quien en particular. No había sido fácil cubrir la llegada de aquel contenedor donde se descargo a los prisioneros Ventrue que habían sido llevados directamente a las mazmorras de las Capilla. Se informó directamente a Vasenforf, que el Sire no portaba su guardia personal, lo cual le hizo palidecer un poco mas. Y tuvo que contenerse demasiado para no gritar cuando escuchó el relato del capitán de la guardia, que le narraba el súbito cambio de planes del Sire y su participación directa en la contención de una refriega en tierras italianas, donde habían tenido que salir a defender a una población completa de Licántropos. Dejó caer la copa que tenia en las manos al escuchar que Vampiros Nightcastel eran los responsables y que se encontraban representados por el mismo Sire de los Ventrue dirigiendo a sus Vampiros. Se llevó las manos a las sienes al imaginarlo. Aquello era insólito. En cuanto los Ancianos y la Camarilla se reunieran, se volvería un pandemonio, exigiendo detallados informes sobre los motivos y sin lograr sopesar el alcance y las consecuencias que tendría ese enfrentamiento entre los Sires. Vasenforf no recordaba que ningún Sire anteriormente, hubiera atacado a otro, en tan corto tiempo. No era de extrañar las diferencias entre los Sires dentro de la Camarilla, pero generalmente se tomaban su tiempo para caldear sus odios y llegar a resolverlos. Pero Mediash, no tenía ni seis meses con su cargo y ya se encontraba envuelto en un enfrentamiento contra nada menos que unos de los viejos Sires: Julius Nightcastel. Quien para rematar el asunto, tenía grandes relaciones entre las casas menores y movía adecuadamente sus influencias. Había sido más que evidente que su protegido no era quien esperaba los Nightcastel que gobernara a los Tremere. Seguramente le resultaría más fácil llevarse con los herederos Yavajnsco, a quien podrían controlar y hasta comprar, en lugar del vástago de Regnalus quien desde un principio le había enfrentado en medio del Concilio por aquella idea de la legalización de las cacerías de los Licántropos. Hombres lobo. Solo eso faltaba. Que por un puñado de lobos, ambos Sires estuvieran envueltos en una contienda. La puerta se abrió, pero tanto guardias personales como la comitiva del Sire fueron detenidos por Vasenforf, quien solo quería escuchar a su protegido en ese momento. -Sire. El Anciano vio las alas desplegadas, la mirada encendida, los colmillos se alargaron revelándose sin disimulo, mientras la cólera formaba un aura alrededor de su esbelto cuerpo y comprendió que aquellos Licántropos representaban para Krone algo mas que una manada de lobos. Entonces bajo la mirada y puso un rodilla al suelo. -Discúlpame
Sire. Debe ser importante para ti...-dijo Vansenforf dándose cuenta
que necesitaba tranquilizar a su protegido Caminó rápidamente hacia sus habitaciones, donde medio permitió que sus asistentes le prepararan el baño y luego les gritó a todos que le dejaran en paz. No soportaba las miradas sobre su persona, ni mucho menos tenia interés en ser amable. Ya se sentía demasiado fastidiado, para todavía tener que soportar eso. Se arrojó de espalda al gran lecho y ni con la persuasión de la mullida cama, ni con el cansancio del extenuante viaje lograba dormir. Miró el reloj en la mesita de un lado y era entendible por que. No eran más de las nueve de la noche. Cerró los ojos y su mente vagó sin control por la estancia, luego por la capilla y mas tarde se alejó de ahí. Tan rápido como un suspiro, se encontró parado enfrente de las puertas de un viejo fortín. Miró hacia el suelo y vio el camino adoquinado. Sabia donde estaba. Comprendió que había sido irremediablemente atraído por las otras partes de su trinidad, que le instaban a entrar y reunirse con ellos. Luciano miraba la carretera, ansioso y expectante. No había sido nada fácil salir de la Villa. La plática con Marcel se prolongó, tardó en hacerle entrar en razón sobre la importancia que tenia llegar a tiempo a rescatar a Dominic. <i> Pero el joven Gucci no iba arriesgar más tiempo. Necesitaba verificar esa pista y de ser cierta, sacar a Dominic de ese lugar antes de que Duvon le maltratara más o pensara en alguna otra canallada. -Es
un viaje de dos horas, tres a los sumo. Si lo del fortín es una
pista falsa, volvemos. Marcel batió la cabeza con furia, negándose a aceptar las palabras de Luciano, pero, abatido por el significado de cada una, sus hombros bajaron y alzó sus ojos hacia su sobrino. -Toma
un grupo hombres que estén descansados, llévate a Jacob...-le
concedió Marcel. Luciano no objetó nada, aceptando las condiciones que en verdad necesitaba, su tío sabia de lo que era capaz y no era necesario espolearlo más para que lo dejara ir. Con lo que no contaba era con que los Gangrel se unirían a su grupo. Tanto el Sire, como su hija se ofrecieron a acompañarlos. No podía quejarse, tenia una partida de su propia manada, los Vampiros Gangrel y una docena de armados gitanos que se brindaron a acompañarlos. Solo por el presagio de que Dominic aun estaba en ese fortín. Y en realidad, el chico seguía ahí, hambriento, titiritando de frió, pero despierto y lúcido. Había notado como un par de veces el ayudante de Duvon había entrado a la celda a revisar que todo estuviera bien. Y se iba con la clara idea en su mente, de que todo estaba bien, que dormía por la droga que le había aplicado. La tercera vez que hizo la ronda, el ayudante fue a decírselo a Duvon, quien estaba empezando a cansarse por la espera. Había recibido el mensaje temprano y esperaba que esos magos de pacotilla de presentaran en cuanto el sol descendiera, pero de eso hacia ya unas horas. Estaba indeciso si volver a inyectar al cachorro y mantenerlo dormido mas tiempo. Sacó una jeringuilla y no llamó a su ayudante, por que en esos momentos se encontraba dando instrucciones para mover varias pilas de pieles y que fueran empacadas. Decidió entonces que iría él personalmente a constatar el estado de su prisionero y sopesar si le daba una nueva dosis de droga y luego enviaría un mensaje para averiguar dónde demonios estaba sus compradores. Los gritos de uno de los lobos, indicándole que tenían visita le hizo sonreír, dejando la hipodérmica dentro de su estuche. Miró por la ventana hacia la plazoleta interna, donde un carruaje, arrastrado por varios threstral (*) descendía lentamente en el adoquinado, provocando un peculiar sonido en el interior. Varios lobos aullaron, la presencia de los animales alados, les causaba un recelo peculiar. Pero para Duvon, era el sonido del oro y ese mago rubio, de largos cabellos lo tenía por montones. Además de magia que ocupaba para tener una nueva personalidad y desaparecer. El Licántropo bajo a recibirlo, y no le sorprendía el mohín de superioridad que parecía tener siempre en la cara el mago. Vestía impecable y remataba su indumentaria con un largo bastón terminado en plata con la cabeza de una serpiente, el cual era en si mismo su propia vara. La cual más de una vez le había visto utilizar sin piedad. Era un caballero de Walpurgi, paganos que hacían pactos demoníacos para disponer de favores especiales. Aunque hacia tiempo que habían cambiado su nombre por Mortifagos y se encontraban al servicio de Lord Voldemort, otro mago que tuvo asolado a la comunidad mágica y de nuevo se encontraba entre ellos. Aquel mago rubio era uno de sus fieles vasallos, y generalmente se hacia acompañar de alguno otro para hacer sus encargos, pero en esta ocasión, era una mujer quien bajo detrás del mago y por su aspecto no era cualquiera, tenia el porte de una reina y aunque caminaba en silencio, dejaba una estela de poderío, que inmediatamente los lobos sintieron y se alejaron a los rincones, chillando. Sus cabellos rojizos y rizados, se descubrieron al bajarse la capucha de su capa de viaje, revelando un rostro de una increíble y seductora belleza, que remarcaba una piel de porcelana y una gris mirada. Fue su sonrisa la que la delató. Solo una Vampiro puede sonreír así, astuta, segura de si misma y con un par de colmillos sobresaliéndole agudos por sobre la hilera de blanco esmalte. -Duvon,
espero que no nos hallas hecho viajar hasta acá, solo por nada.-
le dijo el mago rubio al verlo. La mujer olfatea el aire, sus ojos brillan con agitación y murmuró en un extrañó idioma, por lo que Malfoy volteó hacia ella por unos segundos, luego mira a Duvon. -Muéstralo. Tráelo aquí. Ya veremos si realmente es cierto que vale lo que pesa...-rezongó el rubio mago con premura. -“Levántate,
nos vamos. No estás seguro aquí”...-la voz del etéreo
acompáñate le hizo dar un brinco cuando logró verle
para luego ponerse de pie. El brillo de una larga espada ligeramente curva hizo que Dominic se detuviera; el acero bruñido se materializaba casi de la nada, mientras el cuerpo del incorpóreo salvaguardia de la Noble Hermana, se perfilaba un poco más ante sus ojos. Observó como giro lentamente hacia uno de los recovecos del pasillo, donde el brillo carmesí de dos ojos, suspendidos en el aire les observaban. Dominc se plegó a la pared, amartillando el arma, pero la casi traslúcida mano del Guardián que lo acompañaba le hizo que la bajara. De la oscuridad, el cuerpo de Mediash apareció mirándoles sorprendido, como si intentará interpretar lo que tenia enfrente de sí. Cuando la luz mortecina le atravesó, Dominic tuvo que morderse los nudillos para no gritar. Mediash era tan incorpóreo como el Guardián que le acompañaba. -Es
su proyección astral…- le explicó Osakura…-Su
cuerpo físico está en otro lugar, mientras que con su mente
te busca. Somos parte de su trinidad...-el guardaespaldas volvió
su atención al pasillo...-pero no es el Mensajero que me preocupa
ahora. Los tres juntos hacemos una fuerte conexión que es difícil
de sustraer e ignorar. La etérea presencia de Mediash puso entonces su brillante mirada sobre Dominic. -“Vuelve a los tuyos y cuida a Marcel por mi”. Como un soplo de bruma, la imagen de Krone se fue desfigurando ante los ojos asustados del lobezno que creía que lo había visto todo cuando entró a ese fortín, pero aun otras cosas increíbles estaban por sucederle antes de dejarlo. -¿Cómo
saldremos de aquí?...-se atrevió a preguntarle a su acompañante,
que le indicaba seguir. Abajo, en la mesa donde se encontraban Duvon y el rubio mago, la Vampiro elevó su vista hacia las escaleras de la planta alta. Su cabeza se inclinó hacia los lados, como quien comprueba su audición, y al captar algo que solo ella entendía, se levanta de súbito, sin importarles las palabras de Malfoy, ni las advertencias de Duvon, con la intención de revisar por ella misma ese reducto. Tantas condescendencias le habían terminado por fastidiar. -Lilith...-le gritó el rubio mago…-regresa aquí….- pero aquella casi desapareció de la vista de ambos, cuando usa su Celeridad (*) para subir las escaleras en una fracción de tiempo. -Estás
aquí...- silbó, con una voz que distaba ser de una criatura
innatural. El olor nauseabundo de la carne en descomposición le hacían imposible tratar de conseguir el olor del agua, y escucharla era aún peor por el ruido de aullidos, alaridos y gritos de gargantas apresadas, escabulléndose por los corredores que se abrían por todas partes como un laberinto. El Guardián lo detenía, cada vez que surgía algún secuaz de Duvon de sopetón en su camino y cuando uno se le apareció de frente, antes de que el esbirro pudiera dar la alarma...se perdió en los ojos de Dominic, el cual lo neutralizó, pero al hacerlo agotó la mitad de las fuerzas que había logrado reponer y su acompañante se puso más nervioso todavía. -Ella nos sigue, porque nos siente...tu poder ha reverberado en su cabeza... Dominic
intentó seguirle el paso nuevamente cuando lo sintió alejarse,
pero se quedaba atrás cada vez más y la tercera vez que
el Guardián se devolvió, le tomó por la cintura y
casi lo llevó a rastras. Dominic se despabiló con el olor a tierra húmeda y el sonido de una corriente de agua. El Guardián y él desembocaron en algo que parecía ser un recinto hexagonal, en cuyo centro había un gran hoyo, de no más de dos metros de diámetro, con una muralla a medio derruir levantada con algunas piedras. -Muéstrate, Guardián de la luz, casi puedo paladear tu dulzón sabor...-los envolvió una voz que retumbó en el pasillo. El corazón de Dominic aceleró su pulso y amartilló su arma con la completa intención de impedir ser capturado, al divisar a una alta Vampiro que le sonreía, alargándosele los colmillos en toda su longitud, al igual que las uñas en sus puntiagudos y delicados dedos, moviéndose hacia él con un caminar lento y sensual, que más parecía que acariciaba el aire y alimentaba con el rojo de su cabellos, las antorchas que con sus lenguas de fuego, iluminaban el recinto. Dominic sintió que era echado a un lado y la sombra que le acompañaba se le colocó al frente. -No es para ti....Einyel, señora de la lujuria...-fue la respuesta que le dedicó Osakura, cuyo cuerpo se fue perfilando ante los ojos de Dominic, como una película de solidez le estuviera recorriendo su anatomía, al tiempo que de las alforjas colgadas a su espalda, extraía un par de espadas que fueron perfilándose igual que lo hacían sus brazos y sus piernas hasta que su cuerpo quedó compacto ante la asombrada y maravillada mirada del lobezno. -Vaya...- jadeó Dominic. La Vampiro se detuvo a escasos dos metros de ellos inclinando su cabeza un poco, moviéndose con una cadencia que parecía que su cuerpo tenía otra clase de densidad molecular. -El
chico pertenece a mi señor, bello narciso…-volvió
a sonar la voz inmaterial de la Vampiro y los ojos grises se le acentuaron,
como si fueran dos gotas de plata… -Porque el hecho de que estés
aquí protegiéndolo solo puede significar que las partes
que te conforman ya fueron asignadas. Ese niño es el Heraldo que
te combina, un camino a la Dama de la Luz...- algo emergió detrás
de ella, rojo como su cabellera, asemejando una capa que se expande, a
cada lado de la innatural criatura, se elevaron un par de alas, que se
abrieron un momentos y se compactaron a cada uno de sus costados. Dominc creía que controlaba su sorpresa. Aunque pensara que lo había visto todo, obviamente se equivocaba. La noche le deparaba aún sorpresas.
Crucios:
Una maldición imperdonable, con la cual se causa dolor constante
sobre la victima al grado de enloquecer o morir.
|
| Al inicio capitulo | Capitulo 16 | Cap 18 En proceso |