Clasificación:
NC-17 Avisos: Slash relaciones h/h.
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3.- Recuerdos de un licántropo (parte III)
No, su dueño. Intentaba afanosamente no enloquecer. Su vida, esa, monótona y costumbrista habia dado un giró imprevisto una vez mas, ahora no huía por una carretera desconocida, sino mas bien intentaba acoplar el movimiento de su cuerpo al de Luciano, quien suavemente le mecía, sujetándole de la cintura con una mano y con la otra recorría su espalda. ¡Por todos los santos, se sentía genial! Los dedos del italiano eran largos y hacia pequeños círculos sobre la tela tan intensos, que atravesaban hasta su piel y ahí mismo era donde sentía todas esas extrañas sensaciones que bajaban ladera abajo como un laúd y en un pequeño descuido lo cubriría completamente. En la oscuridad de la pista, alumbrado por la artificial luz, el resto de cuerpos bailando a su lado no le importaban, solo ése que movía a su ritmo, con sus caderas pegadas a las suyas, ondulándolas provocativamente. Mientras ahora con las dos manos en sus cinturas bajando peligrosamente hacia su trasero, dio un pequeño respingó cuando ambas manos servían para levantar levemente su cadera para hacerla fricción contra el miembro del otro y fue cuando notó que él mismo estaba excitándose con ese baile y en un pensamiento coherente, alejado de la sensación de perfume que emanaba de esa piel. Del cálido aliento que le rozaba el cuello y su oído, haciéndole estremecer, mientras que con una de sus manos, Gucci le apartaba un mechón de cabello de su frente, que ya estaba perlada de sudor, bailar no era lo suyo y menos le recordó un resto de su conciencia, esa educada en un monasterio y mojigata, bailar ondulando las caderas, excitadas y en plena brama contra otro varón. -¡No!….-logró articular esa difícil palabra, separando la provocativa cadera del italiano. La sonrisa de Luciano se deshizo por un instante, pero no retrocedió, sino que retuvo ese cuerpo a su lado, plegándolo mas íntimamente, en una atrevida fricción entre sus miembros mientras lo sujetaba fuertemente… -Eres mió. Volvió a escuchar eso y se detuvo, le vio por unos segundos desafiantes y le apartó las manos de su cadera, giró en redondo y salió corriendo de ahí, sin esperar, sin atender ni su llamado, ni al roce del resto de la gente. Solo quería salir de ese antro y tomar aire. Tropezó con los guardias de la entrada y empezó a correr por la calle, intentando orientarse y buscar una línea de autobús o un taxi lo que fuera que lo alejara de ahí y de ….. -¡Sube…! –le gritó la voz de Luciano, mientras conducía el descapotable y lo frenaba haciendo quejarse los neumáticos. Le ignoró, siguió caminando y el auto ahora se subió a la banqueta, haciendo bajar rapidamente a italiano, quien ahora le franqueaba el paso, al tiempo que abría la puerta…. -¡por favor! El intenso de sus ojos violeta le miraban, ya no con arrogancia, sino con esa dulzura que Dominic empezaba a descubrir. Miró a la calle, comprendió sus opciones, no tenía ni un centavo, no podría pagar un taxi y se encontraba bastante alejado del campus de la universidad….caminar, no era una opción. Se subió sin darle la cara y escuchó el cerrar de la puerta, luego el sonido del encendido del auto. -¿Qué paso? ¿Por
qué saliste así, sin esperarme? …-las preguntas se
atropellaban en la garganta de Luciano. Pero quedarse a esperarlo tampoco fue algo que decidió hacer, por lo que le siguió más por curiosidad que por convencimiento. Bajo la pequeña cuesta y apartó algunos ramas del camino y le encontró a la orilla del lago, sentado con los brazos hacia atrás. Dominic miró el lugar, que con la poca luz de la luna y el de alguna a lo lejos, daba al lugar una extraña sensación. Respiró hondo, el lugar era relajante. Tenia que coincidir con eso, solo se escuchaba el leve movimiento del agua, los grillos a lo lejos, algunos conejos más allá y otros pequeños roedores que tenia distintos olores y que él podía jurar que escuchaba el ajetreo de sus cuerpos entre la hojarasca y la arena. -¿Qué…que hacemos aquí? Y a toda contestación, miró
que Luciano empezaba a desvestirse, arrojado sus zapatos a la arena y
luego el resto de la ropa a un lado. Cuando el lobo negro de Dominic corrió para alcanzar al otro, le encontró en la playa del lago, con sus patas mojadas por el vaivén de las pequeñas olas. Volteó a verle y empezó a correr. El espectáculo era increíble, dos grandes lobos corriendo por el lago, chapoteando el agua, rozándose los pelajes que se humedecían y las dentelladas de vez en vez le mostraba el jefe de la manada….dentellada que no solo era un juego de poder. Era su manera de mostrar contacto directo con su lobo de interés, quien se detuvo ante la osadía del lobo mayor pero se dejaba ser, entre lengüeteada y el roce su nariz sobre su cuello y sus orejas, las cuales después de lamer un par de veces, a una de ella le dio un mordisco sin encajar demasiado sus dientes, luego salió corriendo. Los ojos violetas del lobo castaño buscaron al otro, para encontrar a un Dominic en su forma humana sentado en la arena, jadeando por el ejercicio, que dejaba caer su espalda, mientras algo de la espuma de la marea cubría su cuerpo. Levantaba los brazos en señal de sentirse bien…exhausto, pero bien. En definitiva correr era lo que mejor le hacia sentir bien. Miró que el lobo de Luciano seguía ahí, caminando lentamente, acercándose a él y ahuyentando un poco el miedo ante la presencia del lobo, le extendió el brazo, para indicarle acercarse y cuando lo tuvo a su alcance, acarició el dorso del bello animal, sorprendido por el fino pelaje. El lobo se dejaba hacer, mientras sentía las manos de Dominic en su cuello, llegar a su hocico seguir jugando con sus orejas, parecía que el chico disfrutaba tener al enorme lobo en sus brazos, como si fuera su mascota. Un chico y su lobo, seria la escena. Claro, que tal jugueteo no podía ser desaprovechado y la presencia de Luciano se manifestó a Dominic, quien se sorprendió de pronto tener a un hombre en su manos, mientras tenia sus dedos enredado en su cabello y su nuca, por lo cual el italiano no desperdicio la oportunidad y rozó levemente con su mano el codo del chico que de pronto se movía. -Me gustas Dominic….me gustas mucho….-como
un susurro, como un ruego. -Esto es un pecado….Dios…. -¿Es que acaso no lo deseas? – -Mmm…. te deseo – le confesó
entre gemido y jadeo al percibir el ataque de la traviesa lengua de Luciano
en sus pezones. Dominic disfrutaba del cuerpo de Luciano, quien simplemente le parecía perfecto, de firmes músculos, definidos, de ancha espalda, cintura estrecha y piernas largas bien torneadas, seguro por tener la costumbre de correr, una cosa era apreciar sus formas a lo lejos y otra distinta, tenerle pegado a su cuerpo. Enredó sus piernas en su cuerpo, en una necesidad de tenerle mas cerca, mientras quien con sus labios le seguía saboreando el cuello y los hombros. Luego sintió que Luciano se sentó sobre su cadera provocando que se frotasen sin darse cuenta de lo que hacía realmente. Sus manos se dirigían a las caderas de ojiverde para luego sujetar las tersas nalgas para marcar el ritmo de los movimientos de la fricción de sus erecciones, las cuales se hicieron más exigentes y urgentes y sin saber en que momento, Dominic levantó levemente las caderas, buscando mas contacto. -¿Te…te gusta…? –le susurró al oído, mientras la fricción de su miembro entre las piernas del otro chico habia hecho humedecerlo y con ello empezó a deslizar un dedo hasta acariciar la sensible entrada, provocando que Dominic se tensará -Shhh.... tranquilo lobito – le
dijo presintiendo el miedo del chico – lo haré con cuidado,
tu me indicarás cuando y como entrar ¿Confías en
mi? Explorándose en besos y lamidas y en la primer intromisión de un dedo dentro de su cuerpo, que fue lento, suave, que provocó un profundo jadeo complaciente y que las caderas del chico ondularan, buscando mas. Por lo cual recibió un segundo dedo…una dilatación en círculos pequeños, lo cual enardeció mas al ojiverde, mientras estimulaba también a Luciano, quien buscaba su propio alivio contra las nalgas de éste. Luego sin más aviso, retiró los dedos y los sustituyó por su miembro, para deslizarlo lentamente hacia el interior y se quedo ahí….esperando, solo rozando con sus dedos la tersa piel a su alcance, pellizcando los pezones de Dominic, lenta y dulcemente, lamiendo sus labios, su cuello. Notando como la respiración del chico era errática, acostumbrándose a tenerle dentro, buscando aceptar esa perturbación a su cuerpo. Cuando la cara del ojiverde mostró un cambio de dolor a relajación Luciano empujó un poco y se movió en círculos, supo que eso le gustaba al lobito, por que sustituyo el dolor por placer. Todo a su alrededor desapareció, el lago no fue mas, el ruido de la noche desapareció. La luna no estaba en el cielo. Nada, solo ellos dos entregándose en cuerpo y alma, amándose por primera vez. -Aaahhhhh – gemía despacito
Dominic embriagado de placer. Los brazos del chico acariciaban la espalda atrayéndolo más hacia él, luego empezó a gemir…..primero suplicas, luego ruegos y al final gritaba un sin fin de obscenidades. A lo cual Luciano le sonrió gratamente, su lobito era intenso y por fin lograba liberarse de sus miedos a su propia intimidad y eso lo enardeció más, hasta que se derramó en él y luego le hizo hacerlo sobre su abdomen. -Haz pecado….lobito…..-le lamía la orejas con placer, mientras lentamente salía de su cuerpo y seguía acariciándolo, lamiendo los restos de su deslechada, entremezclados con el sudor de ambos cuerpos…. –quiero estar contigo siempre….-y le besó lentamente. La escena se repitió varias veces esa noche y pasada la madrugada, la luz los encontró en el departamento de Luciano, donde ambos dormían entre un manojo de sabanas y edredones. Dominic sintió una pequeña luz que entraba por alguna rendija de las persianas y cálculo que seria bastante tarde. Tanto que su estómago empezó a quejarse de hambre, volteó a ver que estaba enredado entre las piernas de Luciano y que una de sus manos lo sujetaban de la cadera….posesiva y dulcemente, como era el italiano con él. -¿Tienes hambre….? –le escucho decir, luego de rodará su cuerpo para alcanzar el teléfono y empezar a solicitar servicio al cuarto, le llenó de besos la cara mientras la delineaba luego con sus dedos…. -¿dormiste bien, pecador? –bromeando. A toda respuesta recibió un empujón, mientras Dominic se levantaba e iba a bañarse, agradeciendo que le dejara tomarlo solo. Necesitaba reflexionar un poco sobre lo sucedido en las últimas horas en que técnicamente se revolcará como perro en celo sobre el italiano. No solo lo habia marcado y hecho suyo, se había dejado seducir con sus besos, con la forma en que rozaba su piel. Esa que ahora se encontraba sumergida en la bañera, agradeciendo que el agua tibia calmara hasta los dolores de la transformación, aunque leves, aun presentes. Tanto como las imágenes de si mismo gritando por mas, encendido y apasionado, simplemente ahora, se sentía algo avergonzado pero haciendo una balance entre lo mucho que lo disfruto. Tanto que volvió a repetirlo. Para que engañarse, realmente se sentía atraído por Luciano. Terminó por reconocerlo, después de devorar una grasosa y abundante comida, le gustaba la forma en que arregla a su cabello ligeramente rebelde sobre su cara, el mohín que hacia al beber el jugo y hasta la forma irreverente que tenia para sostener el tenedor, dejarlo caer entre bocado y bocado, luego voltear a verle cuando se sintiera observado, guiñarle el ojo y jugar por debajo de la mesa con los dedos de su pie, subiendo por su tobillo. El calorcito de la planta de sus pies sobre los suyos. Se sentía querido, simplemente querido. Eso era algo que no habia tenia la oportunidad de sentir antes, mientras que ahora le tenía todo para si. Pero esa sensación se fue de pronto, una llamada telefónica, que entre fragmentos de idioma supo que hablaba del aeropuerto, luego le veia descolgar su ropa y arrojarla sobre la cama, para luego empezar a empacar, visiblemente molesto, pero sin decir nada. Dominic siguió envuelto en la bata de baño, mirando el espectáculo, uniendo las pocas piezas del rompecabezas. Luciano se iba. Cuando lo entendió, buscó su ropa, que seguía tirada en alguna parte del piso y al encontrar el segundo zapato, se topó con la vista violeta del italiano, quien parecía más sorprendido de ese acto. -¿Qué haces? Luciano dejó su bolsa de viaje sobre la cama y fue hacia el chico, quien ya se ajustaba la chaqueta. Primero le tomó del brazo y volvió a jalar cuando Dominic pretendía evitarle, hasta que lo retuvo de la cintura y olisqueaba entre su pelo y su nuca. Podía sentir el sabor amargo que esa piel le daba, estaba molesto, furioso y buscaba su boca, pero movía la cabeza hacia atrás impidiéndole llegar a ella. -¿Dime que quieres?
Pero Luciano le susurró al oído que se veia adorable, mientras esperaba firmar en recepción. Le apartaba el cabello de la cara y besaba sus parpados, ante la mirada arrobada de la gente del hotel e igualmente se mantuvo cercano y cariñoso al llegar al aeropuerto. Donde vio a un pequeño grupo, entre los que reconoció a gente de la locación, entre ello uno que debía ser un asistente de Luciano, ya que una vez que arribó, tomo su maleta y la llevó a registrar, dejándolos solos un rato mas. -Mira….-sacando el celular de Dominic
y registrando una serie de números en su agenda….-estos números
son de Ikke. Él podrá llevarte a lugares seguros, si necesitas
ir a correr. No vayas solo, aun no. Estos otros son de mi departamento
en Millán, el de mi agente….y este último, solo para
emergencias. Tampoco exageró al llamarle desde Italia, ni días después cuando en plena clase tuvo que salir a contestar su llamada, ni a media noche cuando intentaba terminar un trabajo, mientras que Luciano se colgaba en la llamada, preguntándole nimiedades, susurrándole para ruborizarlo hasta que le decía una grosería y luego escuchaba la cristalina sonrisa detrás de la línea. -!Me encanta cuanto terminas diciendo
eso! Te extraño. ¿Y tú? Sin Luciano la vida era monótona podía afírmalo sin mas, aunque ahora su forma de ver la vida y a las personas era diferente. Ahora los "veía” y podía asegurar que ellos también a él, aunque no se acercaban demasiado. Los divisó en el campus, entre los decanos, entre la gente de calle .y aunque Ikke hablaba por las orejas de cualquier tema. Una vez que Dominic se quedaba viendo a alguien, al girar su vista, se encontraba con la afirmación tacita del afro americano. Ambos los veían o mejor dicho los olían…cada uno con su propia marca, su propio olor, algunos intensos y hasta molestos, mientras que otros sutiles, bien disimulados, pero presentes. Llegó la luna llena, de pronto, la vio emerger increíble detrás del horizonte y la esperaba. No por que tuviese miedo de su presencia, sino por simple curiosidad. Ikke le había dicho que ese día no podía ayudarle a hacer algunas compras, que con gusto las harían después. Ese día la luna lo reclamaba y podía verlo en el temple desmadejado que ya tenia el chico, aunque intentó bromear sobre el asunto, era claro que a Ikke la presencia de la luna, era un tormento. Se transformaba sin desearlo, sin poder controlar al lobo que emergía y era muy doloroso ni siquiera pudo describirlo. Bastante incómodo lo notó, así que esa noche, al mirar al cielo para ver esa inmensa y brillante candela natural, sus sentimientos fueran tan encontrados. Era hermosa, plateada, enorme. Simplemente increíble, se abrazo a si mismo con cierta nostalgia. Extrañaba a Luciano, le gustaría correr a la luz de esa luna, aullarle en desesperación. Luego sonó su móvil, sonrió cuando vio que era el italiano. -Lobito. ¿Vas a correr?....-su
voz era entrecortada, ansiosa.
-Déjate de acariciar…..Lobito,
te quemaras.
Pero su sorpresa fue tan grande como la que vio reflejada en la cara de otro licántropo, le reconocía y caminaba rapidamente hacia él. ¡Ése…quien se dijo ser su padre! La sorpresa lo congeló, tuvo la impresión de que la gente se movía lentamente, mientras que la única figura que se deslizaba rapidamente era la de ese licántropo. Se movía tan rápido, que no supo cuando sintió el agarre sobre su muñeca y…. -!Mira nada mas, nos volvemos a encontrar……!
–le gruñó mostrando sus colmillos y que distorsionaba
mas la mueca de su cara. -¡Aléjate….es mió.!
–le gruñía entre dientes el viejo licántropo,
sosteniendo con un brazo al chico. Pero solo por unos segundos, cuando
el cuerpo de Luciano se interpuso entre ellos, primero reteniendo la muñeca
cautiva, al tiempo que empujaba al mayor y ponía el cuerpo de Dominic
detrás del suyo. Luciano volteó a ver a Dominic, quien con la mirada totalmente líquida y sorprendida se arrinconaba en su brazo y la cara de terror le confirmaba que era cierto. -Podría ser. Pero eso fue hace
tiempo, ahora es…MIO Ya le reclamé y esta marcado por mi…. El ajetreo terminó por llamar la atención, y Luciano le hizo una señal de que se volverían a ver mientras el viejo licántropo se movía rapidamente entre las personas, sin esperar a que algún guardia lo alcanzara. Aparentemente estaba solo. La gente seguía caminando por todas partes, volviendo a cubrirles, mientras el ojiverde se abrazaba a Luciano desesperadamente, temblando. Recibió a cambio sus brazos tibios. Sus palabras dulces buscando tranquilizarlo y un beso....lento….protector.
Continuara....
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