Clasificación:
NC-17 Avisos: Slash relaciones h/h.
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6. Tiempos de Licántropos III
Dominic deslizó su dedo por la lista pegada en el tablón de avisos de su salón principal. -¡Siiiii!.....- gritó casi de gusto y dio un salto, para luego salir corriendo. Era su última nota del semestre y era aprobatoria. Por fin era libre el resto del verano. Corrió con su cartera cruzada a la cadera y paso por los jardines, donde encontró a otros compañeros. -¡Parece
que te fue bien, Duval!...-le gritaba una chica sentada en el pasto. Se acercó al estacionamiento donde la mirada adusta de Simonne ya les estaba reprendiendo algo sin antes decírselo. -!
¿Por que no gritas más alto…para que todo el mundo
lo sepa?!....-le increpó. Puso las llaves en el encendido y arrojó la colilla del cigarro, dando una última mirada al campus. No lo veía, pero el olfato del guardaespaldas le había dejado claro que aunque estuviera bien camuflajeado…un lobo, aparte de él, estaba vigilando. Algunas de las cosas de Dominic ya estaban a medio empacar, sobre su cama. Tenia la idea de que no tendría problemas con sus materias y que al día siguiente volaría a Italia. La sola idea lo tenia inquietó y arrojaba sus artículos de higiene personal y luego volvía a retirarlos, devolvía la bolsa y continuaba con algo mas en closet. -¿Crees
que esta camisa, le guste? –le preguntaba a Simonne, quien estaba
pegado a la ventana, con una aparente mirada pérdida. Subiendo los hombros Dominic, intentaba disipar su nerviosismo…-No negaras, aunque seas hetero, que es muy atractivo. Debe tener…. -No soy quien para contarte las andanzas de ese lobo. Si tienes alguna duda, pregúntaselo a él. Pero las cosas que Luca hace por ti, no las ha hecho por nadie, menos tenerme aquí de niñera. Un móvil sonó y Simmone empezó a hablar por el aparato, en un rápido italiano, que por las pocas palabras que entendía el ojiverde, se refería al avión. -Nuestros
boletos están para primera hora de la mañana. Termina de
empacar….- le dijo una vez que terminó su llamada. Simonne rodaba los ojos en desesperación. Luca no le había dicho nada a su cachorro, sobre que pretendía que terminará sus cursos en Europa, particularmente en Italia, donde podría tenerle mas cerca. Así que como siempre el guardaespaldas se guardó de decir algo más. Ese era problema entre ellos. -Si estarás varios meses fuera, seria prudente que dejaras empacadas aquellas cosas importantes, para que no se llenen de polvo… -le dijo para franquear el asunto, ya se encargaría él mas tarde, personalmente de enviar tales cajas a una almacén de seguridad y liquidar el departamento. “No me gustaría estar en tu pellejo, cuando el cachorro se enterré Luca”, pensó para si mismo, mientras se sentó en el relleno de la ventana, oliendo el aire. -Creo
que iré a comprar algunas cosas…-dijo de pronto Dominic,
quien descubriera que necesitaba una nueva maquinilla para afeitarse. Simonne golpeó la pared de impotencia, ese cachorro sabia como hacerle enojar. Iba a dar un paso para ir a buscarle y arrastrarle por la camisa, cuando el impacto del cristal de la ventana hecha añicos, le hizo retroceder hacia atrás, cayendo sobre sus espaldas y cuando levantó su vista, también tenia la mano izquierda levantada con su revolver amartillado. Dos disparos y el gruñido de un lobo transformado fueron los siguientes sonidos. -Volvemos a vernos, Simonne...-la gutural voz de un lobo en la esquina quien había evadidos los impactos, sin menor esfuerzo….- ¿no me reconoces? Yo si. El siguiente movimiento de Jacob, fue sacar una Baretta escuadra que guardaba detrás, amartillándola, encima de la otra. -Recordaría
tu cara, si fueras importante….-le gruño. Empezó a correr, con el brazo sostenido que seguía disparando, mientras el resto de su cuerpo iba hacia delante, alcanzando a tomar la mochila de Dominic que había dejado en la entrada. Bajó las escaleras al final de las cuales, el ojiverde estaba parado sorprendido por los ruidos. -¡Corre! Dominic no esperó que la orden fuera repetida, empezó a correr, siendo seguido de cerca por el mayor, quien lo alcanzó y lo detuvo de la hebilla del pantalón, unos pasos antes de llegar al auto, donde 2 lobos, en el cuerpo de hombres, le miraban y los esperaban. -¡No tienen a donde ir!…-les dijo el lobo que ya salía de los departamentos, con su recuperada forma, sosteniéndose el brazo, donde un chorro de sangre se mezclaba con plata y empezaba e envenenarle…-solo danos al cachorro, a ti te tragaremos en partes…-la mueca de dolor era evidente. -Evitaré que sigas sufriendo…-Simonne apuntó a su cuello e impactó ahí dos balas, de las cuales manaba rápidamente una espesa sangre. La mano del aberrante solo alcanzó a llevarla al cuello, mientras sus ojos desorbitados miraban hacia los otros lobos que ya se acercaban. Dominic hizo lo que por instinto le enseñará Jacob, sacó su propia arma y la sostuvo, temblando. Una cosa era apuntar a un blanco fijo y otra hacia dos cuerpos que se movían hacia ellos. Pegó su espalda a la del otro. -¡Solo danos al cachorro!…-gritó otro de los lobos. El revolver que se disparó ahora fue el del propio Dominic, quien si algo podía desquiciarle era ser llamado así. La bala paso rozando la mejilla de atacante quien se detuvo, ante eso y el sonido de unas llantas restregándose contra el pavimento. -¡Suban!....-el grito de Ike, dentro de su taxi, hizo que Simonne tomará el brazo de ojiverde y lo empujará hacia la portezuela, arrojando la mochila junto con él. -¡Díganle a su jefe, que no hay negociaciones…-y un nuevo disparo fue dar a clavícula de uno de ellos que iniciaba ya correr hacia el taxi, siendo arrojado hacia un lado, mientras empezaban a proferir maldiciones. -¡Que
cerca estuvo…hermano!...–Ike conducía como si en ello
le fuera la vida. Su jefe no le perdonaría la pérdida de Dominic. Ike los condujo a las afueras de la ciudad a una vieja bodega cercana a un aeropuerto para pruebas de aviones de baja calado. -No
pensaras que cruzaremos el Atlántico en un bimotor…-le dijo
Dominic al llegar al lugar. Ambas profecías se hicieron realidad. Dominic mal durmió esa noche y el resto del viaje fue a duermevela hasta que estuvo arriba del avión vía Inglaterra- Francia-Roma. Todo ese tiempo, había estado incomunicado, por que Simonne le había quitado el teléfono y después antes sus ojos lo había hecho pedazos. -Pueden interceptarnos…-le dijo a mejor respuesta. Luego llegando a Inglaterra, en el cambio de avión, Simonne había pasado por una tienda de electrónicos y había comprado uno nuevo, el cual se encontraba manipulando para cerciorarse que no tendrían interferencias. El intercambio de palabras entre Simonne y el receptor a quien llamará luego, eran en ese idioma latino, que ya empezaba a ponerlo inquieto por que se sentía excluido, recordándose que tomaría clases, a la primera oportunidad. -Quiere
hablar contigo…-le entregó el aparato y se levantó,
mientras lo llevaba a su oído.
-Aquí empezó la civilización...-le dijo Simonne orgulloso de sus raíces grecolatinas. No bien habían terminado de bajar del avión y cruzado por los sistemas de vigilancia reglamentarios, que por fin pudiera Dominic estirar las piernas, después de un viaje más que largo y cansado. La gente se arremolinaba y entre ella, la figura estática y etérea de Luciano, destacaba. No solo se había dejado crecer un poco mas el cabello, que estaba ahora en sus hombros, lo cual le hacia parecer mas indomable, si eso fuera posible. Le gusto su aspecto, un ajustado jeans y camisa a medio abotonar, rematando con un suéter delgado anudado a su cuello. Al verlo, recordó por que le fascinaba tanto; simplemente se veía genial con cualquier prenda que usará. Luciano le abrió los brazos y se dejó abrigar por su presencia y su aroma. Luca pegó sus labios a su boca, reclamándolo como suyo, mientras le sostenía en medio del gentío y los brazos del chico subían a su cuello. Simonne rodó los ojos en círculo completo, ese par solo había dejado de verse unos meses y parecía que estaban más hambrientos que dos condenados en mazmorras. -¿Podrían dar su espectáculo en otra parte?...-les gruñó. Dominic se separó ruborizado y se quedo con la cabeza oculta en el pecho de Luca, quien miraba ahora desafiante a Jacob, para luego sonreírle y estrecharle una mano. -También me da gusto verte…-agradeciendo a su manera el gesto de traerle a pareja en una pieza. Le arrojó las llaves del auto, una vez que llegaron y abrió la portezuela trasera, dejando entrar a Dominic. Se sentó a su lado, atrayéndolo hacia si, sin ninguna resistencia de su parte. Luca escuchaba el palpitar agitado de su lobito, mientras el otro se dejaba fascinar por el violeta de sus ojos y la tibieza de sus brazos. -¿Inquieto?
Ya no mas, estas conmigo. -¿Se
durmió? – cuestionó en italiano, Simonne en el asiento
del conductor, viendo por el retrovisor la imagen de ambos a medio recostar
en el asiento. Su jefe asintió, mientras acariciaba los cabellos
oscuros de su lobito. Simonne narró a detalle lo que paso en el departamento y luego la huida que habían hecho para hacer escala en otro aeropuerto…-Envié algunos de los nuestros y a Ike a recoger las cosas mas importantes. No se encontraron con nadie, pero no eso no significa que no estén vigilando. Sus cosas personales fueron retiradas por Ike. Las resguardó en un almacén, cuando sea seguro, serán trasladas. -Bien…necesitó
que averigües donde esta ese desgraciado. No quiero más sorpresas.
-Eso
nunca sucederá…Luca. Tú sabes también como
yo que el mismo Ministerio es débil, tienen una guerra interna.
Lo que le suceda a los lobos, no es de su incumbencia.
-Hemos
llegado, conocerás a mi tío…se llama Marcel. Es un
lobo peculiar, pero estoy seguro que terminaran llevándose bien. Dominic esperaba que esa primera impresión pudiera pulirse un poco después, ya que simplemente no se sentía en las mejores condiciones, reclamaba un baño y cambio de ropa. Luciano le presentó ante Marcel, quien en su acostumbrado temple le vio de arriba abajo. -Así
que eres el cachorro. Ambos se disculparon y Luca prometió solemnemente que bajarían a cenar. -Mucho
sin verte Jacob. La nostalgia invadió rápidamente a Simonne, en esa villa había nacido y criado. Ahora su única familia era técnicamente Luciano y Marcel, al primero lo consideraba lo mas cercano a un hermano y Marcel…era la figura paterna que todo lobezno necesita. Arrojó sus pocas pertenencias a la recamará que tenia, desde siempre asignada en la villa. No en el área principal, pero tampoco con los criados. Era por así decirlo uno de los invitados de la familia. Tomó un baño rápido y se arrojó sobre la cama, esperando que cuando le llamaran a cenar se vestiría. Su mente, ahora relajada, divagaba de una cosa a otra, pero principalmente al hecho de que se sentía solo. Ese sentimiento solía abrigarlo solo en la villa, donde los recuerdos lo invadían. Se sabía apreciado por la familia Gucci, pero ya se consideraba en edad de tener una propia y no la tenia. Por unos segundos sintió envidia de Luca, no de su dinero, ni de su fama, sino de tener ahora a su chico a su lado, por que sabia que entre ellos había algo más que sexo apresurado, olía el deseo que los consumía y el cariño con que se entregaban. Su mano empezó acariciarse, imaginando…imaginando sonidos, que no percibía, pero que sabía debían estar saliendo de la garganta de alguno de ellos. Quizás no los escuchará, pero no por ello tal cosa no sucedía. Luca llevó a Dominic a su recamará, no a la que le había sido asignada como huésped, sino a la suya propia. La cama era enorme, seguro habría lugar para ambos, sonrió. Le indicó donde estaba el baño, que contaba con una gran tina. El ojiverde no dejaba de fascinarse del lugar. Desde que llegara a la Villa, no dejaba de encontrar algún mueble o tapicería que no fuera antiguo o de alto costo. Reconocía pinturas renacentistas y tallados de hermoso trabajo, era un museo moderno, de buen gusto. La simple tina seguramente era de mármol de primera calidad y armonizaba increíblemente con el resto de complementos. El agua tibia llenó rápidamente la bañera y un intenso aroma a hierbas inundó el lugar. Luca dejó de jugar con las sales de baño y fue hacia el chico que seguía sentado en la silla mirándole. -Ven…vamos
a bañarnos. Ni cuando suavemente le hicieron girar y ponerse de rodillas, para sostenerse en una esquina de la tina y la esponja seguía limpiando su piel, friccionándola, mientras la mano vacía, se encargaba de deslizarse lentamente….incitándole. -Te
extrañe, lobito…-lamió sus nalgas y se acomodó
lentamente a su espalda. Un quejido inicio el vaivén entre ambos, seguido por nuevos gemidos, que atrapados por la piedra, terminaron en transformarse en aullidos. Aullidos de posesión y entrega, donde dos lobos se encontraban después de meses de ausencia y volvían a marcarse sin prisa. Deleitándose, hasta que ambos se vaciaron, uno dentro del otro, mientras que una abundante muestra, se derramaba entre la mano Luciano, mientras le cubría el cuello de besos y dejaba al final una ligera mordida en su nuca. Dominic se volteó, luego de que Luca salió de su cuerpo, se acomodó en su pecho, lamiendo su piel, besando aquí y allá, hasta que él también mordió, levemente, cerca de una tetilla del castaño, quien no se resistió, disfrutando el placer de ser marcado por su lobito. Se lavaron y se quedaron en el agua, hasta que se enfrió. Cuando el hambre les ganó, ambos salieron y Luca se dedicó a secar lentamente el cuerpo de Dominic, deleitándose con su piel, como si fuera la primera vez. -Bajemos a cenar….tu tío debe estar impaciente. La verdad era que si lo estaba y puso cara de circunstancia cuando les vio bajar, pero se limitó a solicitar la cena. -Espero
que hallas encontrado tus aposentos…cómodos...- le dijo mientras
se llevaba la copa de vino a los labios. La risa de Luca, mal disimulada y la marca en su cuello, hizo que Marcel dejará de intentar intrometerse en la vida de esos dos, de momento…seguro le sacarían mas canas, a las que ya se evidenciaban en su pelo. -Dime,
Jacob ¿Cuánto tendrás pareja? –se volvió
hacia el otro acompañante en la mesa. Tal profecía, solo seria llevada a término años después, no en Italia, sino en Paris. Y si le hubieran dicho que se enamoraría de una bruja, se hubiera dado un puñetazo el mismo. Pero con el afán de quitarse los molestos comentarios sobre su soltería y gustos, hizo lo que nunca antes se le hubiera ocurrido. Hizo conversación con el recién llegado. -Espero que te acostumbres pronto a vivir en Italia, Dominic. Hay excelentes escuelas aquí. Te encantarán. Dominic
dejó sus cubiertos mirándose extrañado y luego vio
la cara de Luca fastidiado ante ese comentario. Marcel miraba a esos lobos, a quienes había cuidado desde que eran lobeznos y se quedaron sin padres. Siempre había prometido a su hermano que cuidaría de su hijo si algo le sucedía y aunque no pensaba que tal cosa pasará. Extrañaba a Raphaelo, su hermano mayor por unas estaciones. No solo por que era un lobo juguetón y siempre dispuesto a la aventura, sino por que tenía grandes ideales. Entre ellos, que los clanes de lobos debían unirse contra la amenaza los algunos magos. Pero todos sus buenos deseos fueron tratados a golpe de magia oscura, la que les hizo perder la vida, junto con su cuñada y los padres de Jacob. Dejando a un par de huérfanos y rotos los contactos que se habían hecho en los Carpatos. Súbitamente, Marcel se convirtió en padre de dos lobeznos, siendo un macho sin hembra. Aun así, se las ingenió para sacarlos adelante. Aunque se simularan gruñirse y mostrarse los dientes a la menor provocación, era solo una forma de reaccionar a su hermandad. Por que eso de que Jacob era empleado de la familia, y que por obligación protegía al vástago Gucci, era algo que nadie creía. Jacob se sentía el hermano mayor de Luca, y a la menor provocación lo mostraba. Marcel se quedó un rato mas, como anfitrión que era, pero los dejó en la mesa, una vez que se retiraron los postres y volvió a dar a Dominic la bienvenida a la villa y esperando que al día siguiente tuviera la oportunidad para conocerla a detalle. Jacob se levantó detrás de Marcel. -¿De
que hablaba Jacob?...-le reprendió Dominic cuando vio la cara de
Luca, intentando reprimir al otro lobo que salía. Dominic recobró su mano y se levantó de la mesa molesto, empezando a caminar, pero el movimiento del lobo de ojos violeta fue más rápido y le retuvo abrazándole por la cintura, pegando su pecho a su espalda y apoyando su frente. -Dominic,
amoree. Luciano apretó un poco más su lobito y cruzó luego uno de sus brazos por el pecho del chico. -No
quiero perderte. Ni tenerte tan lejos. Luciano le hizo darse la vuelta despacito, para enfrentarle directamente. -¿No
quieres estar conmigo? ¿Solo te entretengo por ratos? ¿Qué
piensas?....-los dedos de Dominic le cubrieron los labios a Luca. Luciano besó los dedos que pretendían cubrirle los labios. Lo hizo con tal devoción, que Dominic gimió con la caricia. -¿Sabes lo que significa este corte para mi?...-le preguntó Luca al besar el pequeño corte en la muñeca….-es la cicatriz que nos une en sangre, estoy unido a ti y buscaré proveerte todo lo que te sea necesario. Si no encuentras una universidad que te guste, yo mismo te llevaré a Chicago y te instalaré de nuevo allá. Pero me tendrás en vilo día y noche. Dominic
se abrazó a Luca, inclinando la cabeza, aceptando que buscaría
alguna universidad y lo intentaría. Marcel les vio, escaleras arribas, donde se había detenido por la curiosidad de las voces que se suscitaron en el comedor. Cuando les vio besarse, prefirió dejarles, sabiendo que era asunto de ellos y que debían resolverlo de la mejor manera posible. Además los besos ajenos le dejaban inquieto, por lo cual se fue a sus aposentos, donde se sirvió un poco mas de vino y salió a la terraza para oler el intenso aroma de la campiña. Pero su olfato sensible, le indicó que alguien mas se encontraba ahí y al reconocerle dio un largo trago a su bebida. -Krone
Mediasch ¿Aun sigues en la campiña? Marcel
le ofreció vino…-no tengo “slivovitz”, tendrás
que conformarte y dejar de extrañar su licor de ciruela. -¿Es
una hermosa noche, no es cierto?...-le preguntó Marcel a su extrañó
visitante, que en cambio no dejaba de verle, mas fascinado por los mechones
de canas que apenas sobresalían de entre los oscuros cabellos.
Marcel sonrió, no podía creerse que ese vampiro le estuviera coqueteando, le conocía desde que era un joven lobo, cuando tuvo que ir a recoger los cuerpos de su familia a los Carpatos. Desde entonces eran amigos. Extraños amigos, siendo uno lobo y el otro vampiro. Aunque Marcel era más terreno y apegado a las costumbres tradicionales, no había dejado de tener comunicación con ese ser de la noche. Las pláticas de Krone eran mundanas y largas. Era un errante y se quedaba poco tiempo en cualquier lugar. Por él, conocía mundo sin salir de su villa. -¿Tus
lobeznos están en casa? Huele a sangre fresca. A toda respuesta, sintió los delgados labios de Krone sobre los suyos y se quedó casi congelado de la impresión, apretando los labios y abriendo los ojos desmesuradamente. -Te he sorprendido…-le dijo Krone dando un paso hacia atrás, con las sonrisa seductora, humedeciendo un dedo dentro de la copa de vino y lamiéndola….-cierto, me agrada mas el licor de ciruela. Unos segundos después la etérea figura desapareció, dejando a un lobo bastante sorprendido.
Continuara......
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