Clasificación:
NC-17 Avisos: Slash relaciones h/h.
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8. Pasiones de licántropos II.
Desde el amplio pasillo de la capilla Roseen se escuchó la llamada a la ultima misa de la noche y mientras su fieles se congregaban para las ultimas penitencias, los integrantes del Concilio llegaban lentamente y se instalaron a puertas cerradas de los humanos y fisgones, para llevar a cabo una imprevista reunión en Viena, su sede. Krone Mediash, vástago menor del Vizconde Regnalus Mediash, fue considerado en votación unánime dentro del concilio de los “Siete Clanes” como el mensajero para llevar las ultimas noticias a la escarpada residencia de la Noble Ágatha, a quien recientemente habían ubicado y que los informes mencionaba que había dejado las estepas siberianas para instalarse por fin en la Bohemia. El heredero Mediash aceptó la encomienda realizada por los Clanes vampiricos Tremere [1], al cual pertenecía por decisión personal y familiar. Escuchó atentamente los detalles que le dieran sobre la hermana de los “Tres Emergidos”, como eran conocidos a los integrantes de la antigua y maldita Casa de los Vlkoslak Demeter. Ella era la hermana de uno de los “generis”, que las viejas tradiciones ubicaban entre una de las más aborrecibles criaturas del mundo mágico: los dementores. Pietro Vlroslak Demeter, era según la tradición el primer carcomido, que transformó posteriormente aquellos que se dejaron sucumbir ante su corrompido poder, para dar paso al resto de los “aborrecible”. -Si
ella acepta verte, podrás informarle sobre los nuevos acontecimientos. -Lo
ignoramos, pero debemos concretarnos en que reciban los informes de primera
fuente y que actúen ellos en consecuencia. Mediash sacudió la cabeza en negativa y se inclinó en la aceptación de su compromiso, mientras recibía un sobre laqueado con los sellos de los Clanes. -Hazles llegar nuestros respetos. Krone observó con cuidado los sellos que estaban incrustado en el sobre, notando la falta de uno de los mas importantes. -Debo
suponer que el Noble Dimitri no esta enterado…-cuestionó
con aplomo aun cuando sabia que se excedía en ello. Uno de los viejos vampiros se levantó de su asiento, sin dejar de mirar al próximo mensajero. Su vestimenta era una sencilla pero elegante capa grabada con símbolos antiguos en el forro, mostrando una cadena remataba en un viejo talismán, el cual su propietario no dejaba de mover lentamente, concentrándose. Como todo miembro del Clan Tremere, era entregado y organizado, aunque se les considerara arcanos y poco fiables, por sus conexiones con la magia, tenían un vínculo poderoso con los demás clanes. Arnolf Vosenforf representaba al “Concilio de los “Siete” esa noche. -Eres
quizás joven para saberlo Mediash, aun si, como “aprendiz”,
tienes todo el derecho de saber la verdad, más ahora que nos representaras
con la Noble Ágatha. La cara de Mediash reflejó por unos segundos la gran sorpresa. Una guerra de titanes de avecinaría, poniendo en entredicho el sutil balance del bien y del mal. Por que había que decirlo sin reservas, que los Nobles Dimitri y Pietro estuvieran confabulados, podría hacer que la balanza se fuera estrepitosamente al suelo. Una guerra entre “Elegidos”, solo traería caos a sus congéneres. El vinculo con la magia que aun conservaba el clan, les hacia blanco perpetuo, así que una vez declarada la guerra, los Tremere participarían activamente en el balance del mundo mágico, contra el Ministerio y sus enemigos. -No olvides Krone…-poniendo su mano en su hombro…-que servir al Clan es lo primero y lo principal. Mediash inclinó la cabeza en aceptación a las palabras dadas por su líder, que le había dado más explicaciones de las habituales, ya que se consideraba que el amor y la lealtad hacia el clan fuera incondicional, además de que los miembros más jóvenes del clan debían obedecieran las ordenes de sus mayores sin hacer preguntas. Pero en esta ocasión, si Vosenforf se tomaba la molestia de informar, respondiendo además sus preguntas, era por la trascendencia de la encomienda. Era verdad también, que muchos de los integrantes del Clan Tremere habían sido magos, que voluntariamente abandonaron su arte a favor de los poderes y vida eterna de los vampiros, aun cuando su conexión con la sangre era profunda y a través de ella obtenían sus privilegiados poderes para transmitirlo por generaciones. Sin embargo ese poder seria un débil escudo ante la presencia de los “Emergidos”, quienes habían compartido en sus inicios sus conocimientos de magia y mucho de lo que ahora magos y los vampiros Tremere sabían, era gracias a ellos. Simplemente se les consideraba la fuente del conocimiento de la magia misma. Habían sido los fundadores de la Casa Vlroslak Demeter, quienes, al inicio de los tiempos compartirían su sabiduría a los seres mágicos, Aunque en verdad, nadie pudiera igualarles. -Tener de lado a los “Hacedores de Sellos” será invaluable. Tanto la Noble Ágatha como su hermano, son los únicos capaces de hacer frente a sus fraternos. Los demás solo seremos espectadores. Recuérdalo Krone, ellos son los “Emergidos”. En esa palabra se define aquellos “seres de luz” que habían encarnado en tiempos inmemoriales, compartiendo el tiempo y el espacio con los seres vivos, pero que se regían por sus propios axiomas. Cuatro
de ellos conformaban a los “Nobles Hermanos”: Dimitri, el
primogénito, seguido por Pietro, luego más tarde Sergei
y Ágatha. Para mantenerse en el mundo material se volvieron consumidores
de energía de los seres vivos, obteniéndola de ellos casi
sin ser percibidos. Los dos hermanos mayores fueron los que mas impactaron con su presencia. Dimitri terminó por transformarse en un “buscador de sangre”, tan excitado por el vital líquido que en sus inicios fue un devastador, cuyo nombre se hizo sinónimo de “vampiro” en las estepas siberianas y transilvanas. Mientras que Pietro se hizo un devorador de la energía generada por los sentimientos, siendo carcomido por ellos, una vez que dejaban vació un cuerpo humano. Dimitri mantenía un contacto con el Clan Tremere, por su afinidad en el conocimiento de la magia y por que sus integrantes conservaban muchas de las tradiciones a las cuales el Noble hermano tenia apego. Eran pocos los acogidos por Dimitri, ya que además de requerir ser seres excepcionalmente fuertes y aguerridos, no todos sobrevivían la transformación. Mientras que los aborrecibles, empezaron a pulular, hasta que el Ministerio de Magia intervino e hizo un trato con ellos, aunque Pietro se mantenía libre de hacer lo que mas le satisficiera. De los otros dos Nobles hermanos, se sabía poco, ya que habían reducido su contacto con los seres vivos, pero se les reconocía como sus habilidades en la magia. Se suponía entonces que ellos podrían ser una contrapartida en el nuevo orden de cosas que se avecinaba. Una guerra a punto de estallar por un mago que parecía buscar aliados en la magia oscura y hacia tiempo que tanto Dimitri como Pietro se regodeaban en ella. Su participación en esta guerra en particular era para abastecerse de sangre y emociones negativas, ambos alimentos indispensables para sus corrompidos integrantes. Los
Tremere no conciliaban el mundo de esa manera. No reconocían un
fundador como tal a su Clan y una guerra sin sentido solo atraería
a las comunidades no mágicas prestar atención a la presencia
de los vampiros. Y ellos no apoyarían a un mago renegado, que pretendía
una pureza de sangre que no tenía. Afortunadamente se había despedido de Marcel la noche anterior, rozando sus labios. Fascinado por la impresión que le causara, al grado de dejarle sin palabras. Su toscano amigo de ojos grises tendría que esperar un poco más para verle. No por que quisiera alargar la lejanía ni la espera, simplemente por que tenia en manos una misión importante que realizar. Quizás por ser residente de los Carpatos, fue que se le asignara tal misión, pensó. Pero en corto tiempo se daría cuenta de que no fue la única razón. Hizo parada obligatoria en su residencia, desde donde pretendía hacer contacto con la noble Ágatha. La región de la Bohemia le era mas que familiar, por lo cual la ubicación que le habían indicado no coincidía con su información sobre las residencias en los valles. Revisó con detenimiento tanto en papel como en una incursión a los alrededores y se topó con la sorpresa de que la residencia no existía. Frente a sus ojos se extendía el valle y ni ninguna piedra correspondía a edificación alguna. -Un fidelio…-se dijo después de minutos de sobrevolar la región. Era la única explicación viable. La mansión estaba sellada ante ojos curiosos y presencias inoportunas. Intentar romper un fidelio de un mago normal requiere conocimientos de alta magia, incluyendo una gran energía para realizarlo e intentar hacerlo de la residencia de unos de “Emergidos”, seria una tarea harto complicada. Krone era considerado aun un aprendiz, pero su energía vital era tal que el rubí de sus ojos terminó por perfilar la mansión Vlkoslak minutos después de poner todo su empeño en encontrar una pequeña fisura por donde entrar. Sin embargo tal acción le valió ser rechazado por la propia energía con la cual estaba entrelazado el fidelio. Cayó estrepitosamente al suelo, con una fugaz sensación de que todo se volvía oscuro y que su cuerpo caía sin ser retenido por nada. El golpe hizo que se mordiera su propia lengua, dejándole un hilo de sangre correr sin prisa, mientras apoyaba su mano en su costado. Juraría que tenia algunas costillas rotas, que lentamente empezaban a repararse. Se quedo recostado un poco mas, pero entonces abrió los ojos cuando una “presencia” se acercaba y el tintineo de una cadenilla rompía el silencio. La etérea presencia, traslucida, envuelta en una densa capa de neblina se deslizaba rápidamente y Krone solo tuvo el tiempo suficiente para levantarse mientras el brillo de una azulada mirada le sorprendió. La presencia se acercó tan rápido que aun para él, que era un vampiro le dejo pasmado. La densa bruma le cubría, sin atacarle, como decidiendo que hacer. Cuando Krone volvió a ver dentro de la neblina, un azul intenso, gélido y desprovisto de humanidad, invadió sus propios pensamientos, sacudiéndolos y estrujándolos como cuando se toma un libro del lomo y se agita. Igual de doloroso fue la forma en la cual sus pensamientos eran escaneados. Terminó sudando y con las rodillas en el suelo. Nunca antes, ser vivo había violentado de esa manera su intimidad. Todos sus recuerdos expuestos sin miramiento, hasta que lentamente el agresor encontró lo que buscaba. -“Dame
tu mensaje y se lo haré llegar, Vizconde Mediash”…-las
palabras se iban formando en su cerebro. Una larga hoja bruñida, de la cual colgaba una larga cadena de plata, finamente engarzada, emergió desde la bruma en la mano contraria que solicitaba. -“Lo pediré una vez mas. Si no confías, puedes irte por donde haz venido. Nada mas obtendrás de aquí, principiante Tremere” ¿Qué cosas no sabia de él, esa “presencia”? Era algo difícil de saber. Krone busco entre sus ropajes y encontró la misiva, pero se negaba a dejarla en “manos desconocidas” -Se
me solicitó entregarla en propia mano. El vástago Mediash pensaba en otras soluciones y todas resultaban infructuosas. Pero igualmente podría serlo no hacer nada y conservar el sobre. Tenia que confiar, así que se arriesgó pidiendo información. -¿Qué teje tu Señora?...-preguntó esperando dilucidar que esa “presencia” pertenecía a quien esperaba. -“Engarza sellos, que ni tu, vampiro Tremere imaginaria” -Dale mis respetos a tu Noble señora de nuestra parte…-Krone puso una rodilla en el suelo en respeto al escuchar eso. Tenia que confiar en aquella presencia, que de haberlo deseado le hubiese hecho mas dañó o arrebatado sin preámbulos la correspondencia que portaba. La niebla cedió, tanto mensajero como mensaje desaparecieron. Los ojos rubí buscaban afanosamente, mientras su mente hurgaba inútilmente. Si alguna fisura había en el fidelio, rápidamente debió ser cambiado. El valle lucia una vez más extenso y solitario bajo la noche oscura de la Bohemia. Krone volvió a su residencia, arrojando la levita desgarrada y polvorienta. Su sirviente le entregó una larga copa con un denso líquido carmesí. El sabor de la sangre le llenó los sentidos y su percepción se hizo una con la oscuridad de su recámara. Cerró los ojos fugazmente. No sabía si su misión había sido un éxito o un fracaso. El crujido de las llamas, cambiando súbitamente la temperatura de la habitación, le hizo girar la vista hacia uno de los rincones, donde una presencia se manifestaba. Krone exhalaba y el frió era tal que podía sentir escarchar su aliento. Azul, un hermoso color de ojos salio detrás de la bruma, un tintineo de cadena que se instaló en una esquina en posición de centinela, luego el sonido de tela arrastrándose por el suelo, por la larga falda de satín brocado y las zapatillas de encaje. La Noble Ágatha caminaba hacia él. Su cabello negro era tan largo que aun trenzado le llegaba debajo de las caderas. Su porte era soberbio y su clásica belleza era imperturbable. Se mantuvo a unos centímetros de Krone, quien tenia una fuerte presión en el pecho, pero aun así hizo lo posible para dejarse deslizar por el sillón para ponerse de rodilla ante la Noble. El eco de su voz resonaba en su mente. -“He
leído el mensaje de tu Clan, Vizconde Mediash. No me toma por sorpresa,
salvo tu presencia en mis dominios” La mano de la Noble Ágatha tocó la sien de Krone y el frió desapareció, junto con la opresión sobre su cuerpo. -“Sé tus intenciones. Ahora lleva mi mensaje a tu Clan” Una luz intensa cegó los ojos rubí de Krone y luego la bruma desapareció, mientras las llamas se consumían de nueva cuenta. Por unos segundos, mientras el estupor pasaba llego a pensar que todo había sido una pesadilla, por que además no tenía ningún mensaje que dar. Ninguna carta, ni nota alguna, salvo la vaga idea de tenia que presentarse ante el Concilio. ¿Decirle que? No podía responderse ni eso. Pero una vocecita interna le decía que Vosenforf sabría las respuestas. Se dejó caer en el suelo y seguramente durmió así gran parte del día hasta que fue encontrado por su sirviente y le hizo llegar a su lecho. Después, mas descansado, comprendía que ese súbito desvanecimiento se debió al contacto con la Noble Ágatha, quien de alguna manera había menguado sus energías. Cuando llegó la noche, se levantó rápidamente, tomando una capa de viaje y salió de nueva cuenta hacia Viena. Hacer un viaje tan largo, desde los Carpatos hacia el Danubio, en tan corta fracción de tiempo, consumió gran parte de su energía. Pero se decía que era necesario entregar a la brevedad “el mensaje”. Apareció en las afuera de la ciudad, de donde se dirigiría al sur de la capilla Roseen, donde sabia que Vosenforf se encontraría. Pensó que cenar antes no seria tan mala idea y escudriñó la noche en búsqueda de algo disponible. Los transeúntes habituales de las calles no eran lo que buscaba; esos compartían demasiadas sustancias prohibidas que les daban mal sabor. Se decidió por un grupo de turistas nipones que a deshoras tomaban fotos de la antigua plaza. Krone fue certero, tomó de la mano a una jovencita que no pudo ni gritar. La replegó a la pared y dio el mordisco en el antebrazo, de donde bebió solo lo suficiente para mitigar el hambre, luego lamió con cuidado la herida, que se curaría en cuestión de días. Borró de la memoria el recuerdo de su presencia y dejó que la jovencita se recuperara, mientras se encontraba sorprendida de encontrarse pegada a la pared sin nada que hacer, aparentemente. Empezó a caminar buscando a sus compañeros que le gritaban y Kronee la vio irse, por encima de la azotea. -Aun eres tan considerado, Mediash. Una voz refinada y desapacible se escuchó a unos pasos, emergiendo de la oscuridad y Krone reconoció a su portador. -VanHaussen,
¿no me dirás que son tus dominios? No había una sonrisa, sino más bien una delicada mueca en su cara, que al igual que su mente franqueaban su interior. Joseph VanHaussen era un convertido al Clan Tremere. Mago por añadidura y se decía que un fiel a la Casa del Noble Dimitri le había convertido hacia tiempo. -Oí
que andas de un lado a otro, Mediash. A este paso, tendrás que
solicitar cobijo al Clan de los Gangrel [1], más errantes y nómadas.
La mueca de Joseph fue más elocuente. -Lo olvidaba, eres casi un “sangre azul”. Tu linaje es tan antiguo que los “Carpatos” no tenían nombre cuando tus errantes ancestros llegaron….-le respondió VanHaussen. -Dedícate
a tus negocios…-le espetó Krone. Un nuevo ataque y Krone puso un escudo donde rebotó en primera instancia, pero los siguientes embates fueron más consistentes, haciéndole bajar a otra la azotea, mientras era seguido de cerca por Joseph. -Solo
dame lo que te halla sido entregado, por la Noble Hermana. El escudo convocado por Krone ofreció poca resistencia al nuevo embate de maldiciones con los cuales Joseph le atacaba. El último de ellos, se impactó contra el escudo haciéndole rebotar contra una pared. Fue ahí, donde Joseph le dio alcance y en su mano portaba el viejo vestigio de su magia, una vara de metal, cuya empuñadura tenía la misma runa de su cadena. Joseph hundió la vara como un fino estilete dentro del cuerpo de Krone, que sintió todo el veneno en su cuerpo. -Ahhh, no te lo mencione…-dijo irónico Joseph…-, tiene un núcleo palirosa revestido en plata. No se que te haga mas dañó. ¡Solo dame, el mensaje y te dejare vivir! “Dejarle vivir”. Un convertido se atrevía a ofrecerle la vida, cuando eran los mismos vampiros quienes le habían dado la nueva vida que el portaba. Una extraña furia invadió a Krone y expulsó su propia energía interna haciendo que tanto Joseph como su vara cayeran unos metros hacia atrás. No supo ni de donde sacó energía para desvanecerse. Solo tenía un par de pensamientos lucidos: entregar su mensaje y ver los ojos grises de Marcel. Joseph hizo una mueca de fastidió y le gritó a la oscuridad. -¡Voy a encontrarte, Vizconde Mediash!….-guardó su vara y también desapareció en la noche.
-¿Han
encontrado alguna escuela?...-preguntó Marcel buscando participar. Jacob gruñó y Luca sonrió al verle, pero luego se contuvo de algún otro comentario ante la mirada severa de Marcel, así que dejo de fastidiar a Jacob para concentrarse en su plato. Dominic pidió un café, mientras el resto de los lobos bebían un licor almendrado que llenó su olfato, pero no le era apetecible. Se sentó luego junto al ventanal que daba a los exteriores. Con la tenue música de la oscuridad, los insectos y las hojas meciéndose sin prisa, deleitaron con más regocijo los sentidos del ojiverde. Realmente la Toscana era increíble, sus valles, comarcas, centros urbanos, sus carreteras, la gente, los colores y los sonidos llenaban cada poro de su piel. La finca de los Gucci aunque mediana era soberbia y sus viñedos y frutales se extendía en el horizonte. -¿Melancólico,
lobito?....-la fina mano de Luca tocó su cadera y empezó
a subir sin prisa por la espalda, haciéndole que los vellos de
la nuca se erizaran por el contacto…-¿Qué miras? Dominic sonrió y sus labios delineados por los dedos del castaño que entreabrieron su boca para dejar pasar su húmeda lengua y saborear la otra. Los dedos, nunca quietos de Luca, fueran subiéndole la camiseta, rozando su piel y apretujándola suavemente. Como si fueran uno, continuaron simultáneamente quitándose las prendas, sin prisa, disfrutando cada tramo de piel que se ofrecía, lamiendo de vez en vez y cuando la ultima prenda calló al suelo, ambos empezaron una transformación, donde dos lobos se olían mutuamente, excitándose, lamiendo sus pelambres y mordisqueando juguetonamente. Lo siguiente que vio Marcel fue a ambos lobos perderse en la noche, corriendo uno al lado del otro y rozando con sus hocicos sus cuerpos. Cuando empezaron los gruñidos y gemidos excitados, cerró la puerta del ventanal. Volteó y se encontró con la mirada terracota de Jacob, quien ponía sus dedos en su sien en señal de fastidio. -¿Tienen
que hacer esos “ruidos”?..-protesto bajito. Marcel sonrió y tomó su copa. -¿Cómo
estuvo lo del Ministerio?...-preguntó, recordando que Marcel había
regresado de Londres después de asistir a la una reunión
con el Ministro. Los ojos de Jacob brillaban de felicidad, tendría regalos navideños antes de tiempo. Ya tenia pensando hasta un juego de nuevas cámaras sensibles. Dejó de reír tontamente, ante la mirada de Marcel, que le indicaba que iba a dormir. Aunque eso de que iba a dormir era solo palabras. Tenía los sentidos copados por las imágenes que había visto de Luca y Dominic. No era que le gustara espiarlos, era que se los encontraba con demasiada frecuencia prodigándose caricias por cada recoveco de la Villa. Dominic era más reservado y rápidamente controlaba las efusivas demostraciones de Luciano, cuando pensaba que los miraban. Pero cuando creían estar solos, empezaban de nueva cuenta los escarceos amorosos. Y había que ser de piedra para no sentirse por lo menos acongojado por los suculentos besos con los cuales se prodigaban ese par de lobos a la menor provocación. Jacob parecía fácilmente ignorarles y cuando se excedían, no se inmutaba en arrojarles algo, cualquier almohadón era bueno. O se hartaba y se largaba a otro lugar de la villa. Pero con las emociones a flor de piel, Marcel no podía dejar de mirarles, aunque eso le causara esa súbita dureza entre las piernas y por cortesía tendría que irse a otro lugar. Cerró la puerta, se sentó en su lecho arrojando la camisa al suelo, bajo la oscuridad de su cuarto que solo iluminada por la luz de la luna en decreciente. Dejó caer el resto de su cuerpo sobre la mullida cama, oliendo los aromas de la noche, mientras su mano hurgaba entre el pantalón y la dureza de su entrepierna. Ni bien había empezado a restregarse cuando los golpes en la ventana le hicieron parar en seco. Sus sentidos se alertaron y el vello de su piel se erizó por completo. Empuñó su mano, gruñendo en la oscuridad, que solo dejó de hacerlo cuando un rubí intenso brilló detrás de la gruesa ventana de cristal. -¡Krone!....-gritó
a su pálido amigo que técnicamente se dejó caer en
sus brazos, cuando la puerta corredera se abrió y una humedad en
su mano le indicaba que además, estaba herido. El toscano le levantó en vilo en sus brazos y le llevó a su propia cama, donde le dejó lentamente. Corrió a cerrar las cortinas, que aunque delgadas y de lino daban discreción a su aposento. Encendió la lucecita de la mesa, aunque su vista de lobo ya le mostraba la sangre empapada en su ropa. Si fuera posible, había más palidez en el aristócrata rostro y los labios iban adquiriendo un purpúreo oscuro. -¡ ¿Con que te han herido?...-aunque imaginaba que seguramente seria plata, que era uno de los elementos que ambos compartían como veneno para sus vidas. Krone ni siquiera podía hablar, una asfixia le cerraba la garganta. Marcel le rasgaba la ropa, buscando el origen de la herida y se encontró con que ya no sangraba y que una fría escarcha la cubría. Como una ligera capa de hielo. -¿Qué demonios es esto? ¿Quién te ha hecho esto?...-se afanaba Marcel, mientras terminaba de quitarle la ropa, buscando mas heridas, que no ubicó. Le cubrió con la sábana, no sin perturbarse por su desnudez. Se recriminó por pensar en eso, mientras su amigo estaba herido y no sabían bien de que. La mente de Krone era un hervidero. Su organismo buscaba combatir el veneno de la plata y de la madera de rosa, a la cual su raza era susceptible. Irónico, le gustan las rosas, pero sus espinas y su madera podían causarle severos daños. El vampiro buscaba algo a que aferrarse, mientras tomaba la mano de Marcel y la apretaba fuertemente. Miró entonces hacia los ojos grises de Marcel y se tranquilizó por que se encontraba donde quería estar. Ahora solo tenia que entregar un mensaje de la Noble señora. Y ese súbito pensamiento causó una convulsión en su cuerpo, mientras el resto de la herida cerraba completamente y la capa de hielo en ella desaparecía. Fue en ese momento que el estupor llegó a la mente de Krone y dejó caer la cabeza en la almohada, donde perdió la inconsciencia. Marcel notó los cambios en el cuerpo de su amigo, como seguramente su propia naturaleza iba reparando los daños que había sufrido. Palpó con sus dedos donde antes había una herida y no quedaba rastros de ella. La respiración era entrecortada y lentamente parecía entrar en un sueño profundo y el rosado de sus labios volvió. -¿Quién te hizo esto, burgués?....-acariciaba su frente y apartaba sus mechones, sin dejar de sostener su mano. Olisqueo su cabello y su nuca, donde encontró que no había residuo de la plata; de alguna manera la había expulsado de su cuerpo. Se acomodó a un lado del pálido cuerpo, por encima de la sábana, sin dejar de sostenerle la mano y acompasando su respiración a la suya. Lo que quedo de la noche Marcel estuvo a duermevela ante cualquier cambio en la respiración del vampiro. Pero abrió los ojos súbitamente, cuando un cambio de claridad le indicaba que pronto el sol llegaría y entraría la luz a raudales por su ventana. Se levantó de un brincó y abrió su enorme closet, donde arrojó al suelo unas gruesas mantas y luego tomó entre sus brazos de nueva cuenta, el desnudo cuerpo de Krone, que estaba tibio y tenia un dulce aroma. Volvió a recriminarse por esos pensamientos en esos momentos, cuando logró acomodarle dentro del closet, cerrando luego la puerta. -No me lo vas a creer, burgués….-se dijo cuando cerraba las puertas, justo a tiempo para ver los rayos del sol inundar su recámara. Era la forma en que se sincronizaba con la naturaleza y que empezaba las actividades del día. Pero en esta ocasión, se arrojó sobre la cama, buscando dormir un poco. Solo hasta media mañana despertó y su primer pensamiento era ver como seguía Krone. Le encontró durmiendo, tranquilo, sin fiebre, medio cubierto con la sábana, dejando sus muslos desnudos al descubierto. -¡Por todos los lobos!...-se recriminó una vez mas, cerrando lentamente la puerta y luego buscando algo que ponerse, para después de un baño. Cuando bajó la vista curiosa de Jacob fue lo primero que se encontró en la cocina. -¿Dormiste
mal? “Tenemos murciélago encerrado”, pensó para sus adentros Jacob, pero prefirió dejar en paz a Marcel. Ya estaba bastante crecidito para saber lo que hacia y si no lo sabia, seguro se rasparía el lomo. ¿Pero que lobo no le sucede? Cuando la habitación estuvo lo suficientemente oscura, Marcel volvió a trasladar el cuerpo de Krone a su lecho, al cual le había puesto un dosel, para darle más privacidad. -Ahora si, mi burgués amigo, termina de dormir. Tienes mucho que contarme cuando despiertes. Dominic bajó del auto, seguido por Luciano, quien tomó los paquetes de las cosas que le había comprado a su cachorro. Camisas de lino y seda, juntos una serie de atuendos que el mismo Luca se había encargado de escogerle, aunque claro, Dominic había tenido que modelar todas y cada una de las prendas, para regocijo de su alfa. Ambos entraron sonriendo y Dominic bajo la voz cuando Jacob les encontró en el recibidor. -Requiero
unos minutos, Luca...-le dijo el guardián. -No se exactamente que suceda, pero seguro detectas algo en la casa. Los sentidos de Luca se enfocaron en cada una de las habitaciones y se topó con un muro en la puerta de Marcel. Intentó penetrarla, pero de alguna manera, su propietario impedía que se fisgoneara en su interior. -¡¿Algo
le sucede a Marcel?! Las risas de Jacob dejaron a Luca en el pasillo, pero luego también él se dirigió algún lugar de la villa. Cuando en el horizonte, el sol por fin se hundió, un resoplido alertó a Marcel que se encontraba leyendo en una silla a un lado de la cama. Se levanto y deslizó un poco el dosel, para encontrarse con su amigo despierto, su cabello rubio en total desorden, sus ojos rubí con un traslucido brillo y una sonrisa enmarcando su rostro. -Marcel….-extendió la mano y el licántropo la tomó, mientras era jalado hacia la cama y el cuerpo fresco de Krone, donde se dejó abrazar, sintiendo su intenso aroma, mientras restregó su cara en su pecho y su cuello, saturando sus sentidos y lubricando sus emociones. Luego Marcel, tomó la cara de Krone, enmarcó con sus dedos sus labios, abriéndolos lentamente, mientras introducía su lengua. Cuando aquella fue saboreada, gimió de placer, entendiendo ahora las sensaciones que aquello causaba y que cuando era con quien se desea, se incrementaba el estremecimiento. Fue
solo un chispazo de rasocinio que le hizo separarse un poco. Krone sonrió ante ese gesto, mientras miraba los cambios suscitados en la recámara. -¿Todo
esto…lo haz hecho por mi? El fulgor de los ojos grises no paso desapercibido para Krome, quien tomó también la copa y bebía su contenido. Aunque a temperatura ambiente, el sabor de que era sangre congelada fue reconocido de inmediato. -Espero
te sirva, no sabia….que conseguirte. Los dedos largos de Krone, desabotonaron la camisa de Marcel, mientras sus labios iban dejando rastros húmedos en sus pezones. Marcel pensó que no podía existir nada mas excitante que una lengua que lamía con presteza su pecho, pero se equivocó totalmente cuando ahora esa misma boca bajaba por su vientre, jugando con su ombligo, prolongando el momento hasta que en un súbito movimiento tragó toda su virilidad de un solo bocado. Los primero gemidos, seguramente fueron escuchados hasta por el propio Dominic, quien levantó la vista y miró a Luca con sorpresa. -¿Tu
tío? Era evidente que pretendía retener a ese vampiro a toda costa en su lobuna vida. --------------------oooOOOooo--------------------
Axon Corvus ha sido tan amable de enviarme una lista de las divisiones vampiricas, que esta Hilandera, agradece y hace una breve síntesis:
*Fuente
de Información:* (Vampiro la Mascarada)
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