Avisos: Relaciones de h/h…

Historia que participó en el grupo de Origin_Eyaois en Dic 2006

Matriuskas

 

La pequeña ciudad costera californiana generalmente lucia radiante en la época navideña. Pero el día 31 estaba irreconocible. Era costumbre que toda la calle principal y la zona de turistas, estuviera impecable en esas fechas, para recibir la afluencia de trasnochados que celebrarían las últimas horas del año viejo. Los restaurantes y bares ofrecían cenas y brindis, para ejecutivos y alguno que otro grupo que no tuviera donde pasar tal día en familia. Se convertían en pequeñas tablas de salvación, para aquellos que se negaban a estar solos y que les resultaba más tolerante embriagarse en medio de la gente. Como si parte de las soledades colectivas se diluyeran con el contacto. Todos los ventanales, adornados hasta el exceso, daba a las calles la ilusión de riqueza, confort y hasta por que no decirlo, de esperanza.

Para muchos las fiestas dicembrinas se convierten en verdaderos dolores de cabeza, compras de última hora, tráfico, excesos en comidas, reuniones corporativas, regalos envueltos en papeles multicolores. Todo un festín de mercadotecnia y consumismo.

Petrov veía con desgana las calles por las que atravesaba, caminando sin ninguna prisa, mientras fumaba su tabaquillo cubano disfrutando de las fumarolas que se cuajaban en el frió. Había llovido un par de días atrás y con ello el clima extremo se había precipitado sobre la ciudad, haciendo obligatorio los abrigos y la ropa gruesa. La humedad del puerto, la niebla y el frío era parte de la decoración natural que las luces de neon, artificiales y chillantes pretendía dar tregua. Sin embargo para el ruso, ese clima de que los lugareños se quejaban, era nada comparado con las estepas de Belgorot donde realmente se hablaba de frío bajado los 10 grados. Ahora, con solo un ligero rompevientos, cruzaba las calles atiborradas de autos. El joven ruso, casi tendría los 22 y dos en la ciudad. Pero por su aspecto podría pasar por más adulto y con esa barba en ligero descuido, de que no tuvo la intención de rasurar, era más fácil creerlo. De ojos aceitunados, un rubio cenizo en su corto cabello y una nariz aguileña que terminaba de enmarcar su adusta mirada.

-Te esperan, el jefe esta de pocas pulgas….-casi le gritó el guardián de la puerta del antro donde trabajaba casi todas las noches de la semana. Era uno de los pocos bares en el malecón del puerto donde se podía cenar, bailar, beber y hasta drogarse con cierta discreción.

Una larga hilera de personas se apiñaba para esperar turnos para llegar a la puerta y que el guardia les franqueara sin problema.

-Hoy no trabajo…-dijo el ruso cortante, mientras apagaba el puro en la arenilla de la entrada, alejándose de los gritos de los jóvenes entusiastas por celebrar bailando y bebiendo por el resto de la noche.

Petrov los ignoró y subió las escaleras. Conocía ya esas caras de éxtasis anticipado por arremolinarse en un reducido espacio, beber en desorden junto a otros y mirar famélicos a las mujeres que contoneabas sus cuerpos en monota parsimonia de incitación. Los extraños rituales de apareamiento, que una y otra vez, requerían de escasas liturgias y brebajes prosaicos para llevar a cargo la cúpula. De hecho él formaba parte del ritual, en el que la música era parte de la ceremonia.

La oscuridad que medio se disipaba por las luces estrambóticas y neón fosforescentes, alumbrado con antorchas, donde la menguada luz, daba oportunidad a la confusión y ver a través de la cortinilla de humo de cada noche llenaban el lugar, mas puntuales que a la misa de domingo.

Se convertía, sin esperarlo ni desearlo, en el oficiante que noche a noche, en cada LP de acetato que ponía en la consola, les indicaba a los fieles de la pista a que “son” y a que ritmo mover sus cuerpos hasta alcanzar la paz consigo mismos.


-¡Peter…aquí!
Un gritó, al cual el ruso desatendió, fastidiado de que su patrón no recordará su nombre o que fingiera hacerlo y se lo cambiara por ese prosaico americanismo. Caminó con rumbo a la cabina para recoger algunas de sus cosas que había dejado olvidadas la madrugada anterior. Las tomaría, recogería su sueldo y volvería a casa. Pero fue alcanzado por aquel que se regodeaba en firmar sus cheques y recordarle de continuo su posición en ese lugar.

-¿Estas sordo o que?....-le jaló del brazo, mientras le indicaba con la mano que lo siguiera y lo hizo hasta al bar donde ya tenia servido un whiskey, la laptop encendida, mientras gritaba a uno de los cantineros para que volviera a llenar su vaso….-Hoy vas a cubrir el turno de medianoche…-se volteó hacia el ruso, llevando la bebida a sus labios.

-He trabajado tres noches seguidas, los dos turnos, continuos…hoy me darían la noche libre. Ese fue el convenio.
-Si, recuerdo. Pero ve el lugar….-extendiendo los brazos, para que notará lo que siempre era obvio en esas fechas…-está abarrotado y además Greg se reportó enfermo.
-¡Que coincidencia!

Petrov maldijo por lo bajo y en su idioma. No era la primera, ni seria la última que ese mal nacido de Greg, llamará sin más eludiendo su responsabilidad, dejándole colgado y a continuar el turno en ese bar que estaba abierto más de 16 horas y que tenía música continuamente.

-Te pagaré doble. Necesito un DJ para las doce y tú eres uno de los mejores….-apuntó con su dedo, encima de la rompevientos….-abre el turno de las 9 y ciérralo a los 4.

Lo mismo le hicieran en la noche buena, había trabajado toda la mañana; esperaba cobrar y olvidarse un poco de todo.

-No tienes nada mejor que hacer, Peter.
-Petrov.
-Petrov…-concilió el jefe, entendiendo que no era momento para pelear por nimiedades y menos tener resentido a uno de sus mejores empleados….-Dos pagas y media, tres días de descanso. Un bono extra, además. ¿Qué te parece?....Vamos, será año nuevo. No vamos a correr a toda esta gente a otro lugar, ¿eh?

Petrov asintió, la paga extra le sentaría bien y además, en efecto no tenía nada mejor que hacer.

La música electrónica era lo suyo, se podía crear, formar y sacar de casi nada, una sinfonía completa de sonidos que se entremezclaban uno a uno. Se encaramaban sobre las escalas y se repetían con ciertas cadencias hasta formar un enmarañado donde los bailarines se dejaban hacer pletóricos. Danzaban de acuerdo al juego de acordes y entradas de pistas que iba colocando.

Amaba la música, era otro de los motivos por el cual seguía en ese trabajo y soportaba vivir alejado de sus hermanos que aun estaban en Rusia, por quienes trabajaba constantemente con la única idea de poder cubrir sus pasajes y pasaportes para sacarlos de ese mísero pueblo donde nacieron.

Tres años sin verlos, cartas ocasionales, mensajes instantáneos fugaces por Chat y fotografías en su cartera, era lo único de tenia de Mijail y Andreí.

Según sus cuentas, aun tendría que trabajar un año más, para traerlos a ambos. No pensaba dejar a ninguno de los dos, en una ciudad que se moría día a día y donde escasamente había posibilidades de un futuro.

América aún era la tierra de las oportunidades, donde se podía además ser libre de decidir por algo mas que languidecer en el frío y la monotonía de la escasez. No odiaba a los americanos por sus riquezas, sino por su consumismo y derroche, donde no apreciaban el valor de la familia, ni las tradiciones.

¿Qué hacia toda esa gente ahí, moviendo su cuerpo al ritmo de la música? ¿Enajenados en olvidar que día era, que tenían familia en algún lugar? Fantaseando que la noche era eterna y que ese era el recinto donde sus angustias y frustraciones se diluirían hasta desaparecer.

Pero él mismo, hacia lo mismo. Fugarse, escapar un poco de la soledad, en la cual le había sumido su último amante. Víktor, le había hecho creer que le amaba, que era importante. Que ambos podrían vivir juntos y ser una familia. Le hacia sexo con pasión, hasta con devoción, podría decir. Pero cuando se hablaba de familia y de que tenia que traer a sus hermanos a América, las cosas se enfriaban y eran las principales causas de sus peleas. Todo el dinero que ganaba Petrov era traer a sus hermanos, no para malgastarlo en artículos superfluos que no necesitaban y que eran para pretender que podían ser igual de americanos y consumistas.
La verdad era que Víktor se aburrió de vivir en un pequeño departamento, ahorrar dinero sin sentido y que los horarios de Petrov en el bar lo tuvieran siempre cansado a la hora que deseaba satisfacerse.

Los sueños de vivir en familia, juntos se fugó un día, junto con la maleta de Víktor y el resto de sus cosas, que fue reemplazado por una nota en la mesa de la cocina. Le amaba, le escribió en esa rápida nota, pero estaba harto de en sus prioridades, no estuviera él.

Seis meses, una par de llamadas a media mañana para no perder contacto, una postal navideña y un nuevo reproductor de DVD de regalo, fue lo que tenía para rememorar al final de Víktor.

El desgraciado se había ido a Hawai a pasar las fiestas navideñas, con un nuevo amigo que conoció en uno de sus viajes de negocio. No, Víctor no le amaba, lo usaba quizás, pero no se interesó nunca realmente en saber quien era o que deseaba.

Para ser sinceros, también Petrov se escabullía esa noche vieja, para no pensar en su frustración y soledad.

Lo único que le alegró el día, fue saber por parte de su hermano Mijail, que habían recibido el dinero que les envió para navidad y que en la cena de ese año, la tía Kokol preparó pescado, acompañado con sopa de remolacha.

Sonrió al pensar en eso en medio del estruendo de la música tecno-house que estaba vibrando en esos momentos. Hacia tanto que no cenaba algo tan casero como eso. Encendió otro cigarrillo, mientras buscaba un LP para poner en la consola.

Un par de golpes en el acrílico que separaba la cabina del resto de la pista de baile, le hizo levantar la cara del disco. Un papelillo pegado, con unas letras garabateadas, solicitándole seguramente una pista en particular. No era raro, poco usual, pero no faltaba quien subiera hasta la cabina y le pidiera alguna pieza en particular para bailar.

De hecho, hasta reconoció al chico por la sonrisa coqueta y los ojos añiles con la cual alguna vez se topara entre la multitud. Petrov odiaba eso, tenía una memoria casi fotográfica y recordaba caras y nombres con excesiva facilidad.

Solo que de este chico solo tenia la impronta de su cara y la forma en la cual se movía en la pista de baile con total desenvolvimiento y destilando sensualidad por doquier. Siempre bailaba solo aunque no faltaban ojos encima suyo delineando sus facciones y sus movimientos. Era cliente asiduo de los fines de semana. Le veía llegar temprano, bailar hasta terminar sudado y exhausto, para luego desaparecer entre la multitud e irse.

Ahora estaba ahí, con una notita en la mano, llamando su atención.

-¿La pondrías?...-le dijo el chico, cuando Petrov abrió la puerta de la cabina.

El ruso tomó el papelito y reconoció la pista.

-En lo que terminé ésta…-indicándole el acetato en la consola, sin quitarse del todo los audífonos.
-Me gusta como mezclas…-continuó el joven sin quitarle los ojos de encima, con las manos en el bolsillo posterior y con la cara inclinada a un lado, con un mohín curioso y hasta de alguna forma tímida.

-“Se lo ha pensado mucho”….-pensó el ruso, mientras inclinaba la cabeza medio afirmando, fingiendo prestar atención a la pistas y en buscar un acetato.

-Te dedicaré la pieza, la bailaré para ti.

Petrov levantó la cara al escuchar eso, se quitó los audífonos y fue directo a la puerta para tomar entonces el papelillo en sus manos.

-¿Quién haría eso, por mi?....-tomó en sus manos la nota y rozó aquellos dedos que se negaba a soltarla.
-Pablo. Vengo todos los fines, me gusta como mezclas…tiene un gran sentimiento…-el chico bajo la vista, cuando aquella de color oliva le interrogaba.
-¿Cuántos tienes? Te ves muy joven.
-19. Estudio ingeniería.
-Yap…-volvió Petrov a tomar los audífonos para continuar con su trabajo…-la pondré al terminar esta. ¿OK?

El chico sonrió y bajo las escaleras que daban de nuevo a la pista.

-“Diez y nueve…solo un año mayor que Mijail”….-pensó aquello, como si fuera un freno para sentirse interesado. “Que tontería, solo quería una pieza”….-meneó la cabeza, dejando ir el pensamiento y alejando su vista de la pista de baile, que en esta ocasión, adornada con grandes cintas y globos daba al lugar un ambiente mas festivo.

Pero no podía bloquearse, menos cuando tiene en sus manos el disco que le han solicitado y la pone en la consola.

El ritmo empezó lento y bajo, alejándose de la estridencia anterior, para centrarse en combinar ritmos atenuados y sensuales. Petrov levantó su vista para escudriñar aquellos cuerpos que se movían con la melodía.

For each forgotten kiss
For all the memories
For all the times alone
Said all we had to say….


Una en especial llamó su atención, que no dejaba de mirar hacia la cabina donde se encontraba. Deslizaba sus manos por sus caderas, elevándolas lentamente al ritmo de la música, acariciándose, ensimismado en una fantasía personal, donde parecía querer compartirla con alguien mas esa noche.

When you touch my face
When you call my name
I'm burned with desire
But you left me in the rain…


Petrov seguía sus movimientos sin quitar sus ojos de encima, por dejar de ver como la lengua de Pablo humedecía sus labios, en un gesto sensual y lleno de malicia, sus manos tocaban su cara y bajaban por su cuello lentamente, mientras sus caderas se mecían al compás de la música.

When you touch my face
So beautiful
When you call my name
My name..
I'm burned with desire….


De solo verle haciendo eso, el ruso pensó que aquel chico estaba ardiendo por dentro, ansiado consumirse y transmitir en su fuego ese deseo que le quemaba por dentro.

“Si me llamara por mi nombre en medio de la noche, me quemaría”….-susurró bajito el ruso, intentando no perder la entrada para ir mezclando la pieza con algo pegadizo, para ir decantando hacia otra pieza.

Tenia unos minutos de terminada, cuando volvieron a tocar en el acrílico. El chico, sudado, feliz, colmado, estaba de nuevo ahí, pidiendo pasar.

-¿Te ha gustado?...-preguntó el ruso, aunque era obvio que si.
-Mucho. ¿Y a ti…te gusto?

Debía referirse aquel baile que parecía que solo le hiciera para él, olvidándose de todos, solo buscando sus ojos en la altura y mostrándole cuando le agradaba la pieza.

-Bailas bien….-se quitó el audífono y le miraba.
-Te he traído algo….lo conseguí hace poco…-el chico sacó de su bolsa, ajustada a la cintura….-un amigo viajó a San Petersburgo y se la he encargado.

La mirada de Petrov quedo suspendida en aquella figurilla en las manos de Pablo. Una muñequita de madera lacada, pintada en rojo, con el pañuelito anudado a la cabeza.

-Matriuska….-alcanzó a decir, al tocar la delicada pieza artesanal, que es una de los regales tradicionales para los pequeños. El mismo le había dado la suya a sus hermanos, cuando salio de Rusia. La pequeña matriuska que había sido de su madre.

-No puedo aceptarla…-dijo Petrov, sin dejar de ver la artesanía.
-¿No te ha gustado?
-Mucho. Pero no recibo cosas de extraños.
-No soy un extraño. Me llamo Pablo Ruiz…-el chico le extendió la otra mano desocupada.

El ruso tardo unos segundos en extender la suya y atrapar aquella tibia de delgados dedos, que aferró la suya al tiempo que mordisqueaba sus labios con un picado mohín.

-No debiste molestarte…-dijo parcamente el joven ruso.
-Quería algo para llamar tu atención…dijo el chico mientras pegaba su espalda a la puerta, sin intención de querer irse.
-¿Quiero alguna otra pieza?...-cuestionó el ruso, mientras se ponía los audífonos y sobre la consola dejaba otro acetato.
-No. Solo quedarme un rato mas aquí…van a ser las doce.

Petrov miró su reloj con cierto disimulo, perdía como siempre la noción del tiempo cuando estaba trabajando.

Serian las doce, la noche vieja terminaría, los globos y las cintas caería sobre los cuerpos que danzaban abajo, mientras vitoreaban la llegada de un año nuevo.

Petrov anunció por el parlante la cuenta regresiva, a la cual una comparsa de bailarines, acompañados o en solitario, levantaban las manos haciendo coro, en una voz al unísono para irlos contado.

10….9….8……


-¿Qué deseas para el año nuevo?...-escuchó Petrov que el joven gritaba para que lo escuchara.
-No estar solo. Tener a mi familia conmigo….-confesó de forma llana ante aquel cuestionamiento…¿Y tú?
-Bailar contigo, en muchos lugares y formas diferentes, Petrov...-le sonrió, mientras ponía su mano en la mejilla del joven ruso.

3….2…1….

El griterío se hizo, la gente se abrazaba y brincaba de gusto, en cuanto sentía las cintas, los globos caer; todos ensimismados en la algarabía.

Solo algunos tarareaban.

When you touch my face
When you call my name
I'm burned with desire…..


Pablo no dejaba de ver solamente al ruso, y Petrov sintió que podría arder de nuevo.

 

Lyric:

Artist: Armin Van Buuren
Song: Burned with desire


¡FELIZ AÑO NUEVO!