Avisos: Relaciones de h/h… Historia que participó en el grupo de Origin_Eyaois en Dic 2006 |
Noche de Paz
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James llevaba puestos los audífonos de su Ipod (*) mientras miraba por la ventana trasera del todo terreno de sus padres con cara de total circunstancia. No estaba molesto. Simplemente estaba que ardía por dentro de coraje. Estaba ahí, camino al rancho de sus abuelos en Colorado, en plena víspera de navidad. Mientras sus amigos surfearían en alguna buena ola en California, él se congelaría el trasero de aburrimiento en la reunión familiar. -¡James,
James!....-su madre le jaló el audífono para que escuchará
algo más que el sonido de su música….-tu padre te
ha preguntado sí ya decidiste lo de tu carrera. Habían dejado la interestatal de Denver y a 20 kilómetros mas adelante se empezaba a ver algunos de los ranchos ganaderos de la región. La nieve había caído puntual y daba el aspecto de una blanca sábana arrojada encima de los pastizales, casas y cobertizos. Las chimeneas ya se encontraban encendidas, dándole un aspecto rustico y acogedor a la campiña. James volvió a ponerse los audífonos luego de ajustarse la chaqueta, con la idea de alejarse mentalmente de todo eso. Solo tenia que soportar unos días. Seguramente estarían de vuelta para el 26. Y con un poco de suerte, alcanzaría a sus amigos en la playa. -¡Mira…que hermosa han decorado la casa!...-dijo la madre de James, señalando por la ventana…-ya se encuentran aquí tus hermanos. Parece que todos han asistido este año. -“Genial”…-pensó James, imaginando a la familia completa de su padre, incluyendo todos los primos que tenia que soportar. James era hijo único, acostumbrado a tenerlo todo para si mismo y no compartir nada con hermanos enfadosos ni preguntones. Había logrado evadirse de las reuniones familiares las últimas tres ocasiones por actividades en el equipo de baloncesto, un campamento y gracias a un buen resfriado que lo dejo encamado y en casa de la hermana de su madre. Pero esta vez no tuvo tanta suerte y sus padres técnicamente lo obligaron a empacar para luego subir al auto rumbo a casa de los abuelos. No era que no los quisiera, de hecho eran mas que agradables y les recordaba con cariño, pues había pasado algunos veranos en el rancho con ellos y se había divertido muchísimo. Tenia los mejores recuerdos de su niñez en ese rancho. Cuando tenia doce años y pensaba que lo único interesante en la vida era cabalgar. Pero ahora tenia 17 años, las hormonas que se le derramaban por las orejas y sus amigos estarían en la playa con ropa pegadita, mostrando sus traseros respingones y sus cuerpos húmedos luego de salir del mar llevando la tabla de surfear a un costado. Sí,
a James le gustaban los chicos. Eso era algo de lo que se había
dado cuenta hacia unos años atrás. Fue uno de los motivos
por los cuales decidió aprender a surfear y ver sin ningún
problema esos hermosos cuerpos deslizándose sobre la tabla, con
los pantaloncillos a media cadera, pegados al cuerpo. Dos años de imaginar, de desear esos cuerpos esbeltos y delineados por el continuo ejercicio contra el mar y la tabla de surf. Dos años de seguir siendo virgen, en todos los aspectos. Estaba decidido a terminar con ese estigma a toda costa en la playa con sus amigos. Particularmente con uno, que parecía que estaba igualmente interesado. Pero ahora solo veía nieve por todos lados, gente saludándose en la puerta de la casa de sus abuelos y horas de tedio escuchando historias familiares o evadiendo a los sobrinitos latosos. Su celular sonó en cuanto bajaron del auto y fue a la parte trasera para no ver la cara de molestia que hizo su padre. -Jimmy,
¿Dónde estas?...-una varonil voz se escuchó en detrás
de la línea y el joven sintió que el corazón le brincaba
de gusto en el pecho…-Steve, hola. Estoy en mis padres, en Denver. James se guardó el celular en el bolsillo de atrás de su pantalón, una vez que terminó la llamada. Ahora si estaba molestó. Sus padres le habían obligado a venir a ese viaje, alejándolo de sus amigos, del chico que le gustaba y que parecía que quería algo con él, pero que ahora iba rumbo a California a surfear con otros chicos. Bonita navidad iba a tener. Seguiría siendo virgen, berreando villancicos, comiendo pavo en la cena con los abuelos y todos los chiquillos de la tribu familiar.
En cuanto entró a la casa James, se sintió de nuevo un niño, emocionado ante el olor a jengibre, castañas asadas, el gran árbol de navidad que estaba en la sala principal, cerca de la chimenea y ver a sus abuelos en medio de aquel gentío. -Jimmy,
mírate que alto estás ya….-le tomó de la barbilla
la abuela Ruth, quien luego lo abrazó fuertemente como siempre
lo hacia. James se quedó con su bolsa de viaje en el hombro, viendo al resto de los familiares. -“Ahí esta el tío Peter, su mujercita y los críos”…-pensó en cuanto vio a los dos benjamines de 8 y 9 años corriendo detrás del gran perro danés de los abuelos que huía de ellos….-“la tía Rose, con su enorme marido y las odiosas gemelas”…-las chiquillas le sacaron la lengua en cuanto él las miró, así que James les hizo una cara tonta para quitárselas de encima. -James,
deja tus cosas en la habitación que usabas los veranos, ¿te
acuerdas?...-le dijo la abuela Ruth. -Dylan, hazle espacio a James que van dormir en la misma pieza…-sonrió la abuela Ruth, mientras traía un platón de galletas horneadas con un rico olor a jengibre, que le resultó mas que tentador tomar algunas para comerlas. James miraba a su primo, ahora usaba unos lentes más favorecedores, se había hecho un buen corte de cabello, había crecido un par de palmos desde la ultima vez que lo viera y tenia el traserito mas bonito que hubiera visto en todo ese día. -Adelgazaste,
te has dado un buen estirón…-le dijo James como que no quiere
la cosa al verlo pararse de las escaleras, sacudiéndose las posaderas
y haciéndose a un lado para dejarle pasar…-pero sigues igual
de “cuatro ojos” Bueno, si no podía ver a los surfistas ni a Steve en navidad, por lo menos podía verle el trasero a su primo. Algo bueno hay que sacar de las situaciones complicadas, pensó. 3
-No
tengo que ser abogado, por que ellos lo sean…-dijo James, mas para
si mismo que para convencer a alguien. Cuando decidió por fin bajar, el abuelo organizaba a la tribu de sobrinos y se aseguraba que tuvieran sus bufandas y las chamarras bien cerradas. -Vamos
James, tú vas atrás…-le dijo tomándole del
brazo. James casi gruñó, se puso sus audífonos y subió el volumen de su IPod buscando contrarrestar el ruido, mientras miraba de vez en vez a Dylan por el espejo retrovisor y seguía pensando que había mejorado increíblemente en todo ese tiempo que no se vieran. Por más que intentó pescarle alguna mirada, se encontró con que su primo lo ignoraba e iba entretenido platicando con el abuelo. Veinte minutos después se estacionaban en uno de los Centros comerciales del distrito, que estaba lleno de gente, iluminado para la ocasión y en la cual los compradores de último momento aprovechaban para adquirir los regalos pendientes. Los chiquillos bajaron a tropel de la camioneta del abuelo, mientras esté les daba indicaciones de que no debían separarse de él, o los primos mayores. -¿También
se te antoja pedir algo especial para navidad?...escuchó Dylan
aun lado suyo que James volvía a dirigirle la palabra, mientras
tomaba fotos de los benjamines encima del Santa Claus rollizo y con enormes
barbas que sonreía resignado mientras escuchaba las mil y una ocurrencias
de los chiquillos a esas horas. Pero la verdad era que James intentaba hacer el antipático en esta ocasión; no era una buena idea congeniar demasiado con un primo que se ve bastante apetecible y que además iban a dormir en la misma pieza. Si se compenetraba mucho con él, seguro brincaría de una cama a la otra para asaltarle a media noche. Una cosa era andar caliente y otra treparle al primo en la casa de los abuelos, pensó. Y no ayudaba mucho la imagen mental que tenia de tener a su primo Dylan encima de sus piernas, pidiéndole su regalo de navidad, mientras restregaba sus caderas a las suyas. Lo mejor era ir al sanitario y arreglar cierta tirantes entre las piernas, antes de que los villancicos los desquiciaran, 4
-¿Vas a tardar mucho haciendo eso? El abuelo ya hizo todas sus compras….-La voz de Dylan, golpeando la puerta, primero hizo brincar a James, luego lo hizo rezongar, cuando la interrupción le tomó desprevenido, terminándose de batir en las manos. -¡Demonios, Dylan!...-gritó James, pero cerró los ojos sin decir nada mas y se quedó ahí un rato, mientras esperaba a que la erección se le normalizara, y continuaba maldiciendo por estar en ese Centro comercial masturbándose en un sanitario, excitándose en la imagen de su primo, mientras tarareaba un villancico. Subieron todos al auto, casi una hora después, cuando el abuelo logró hacerles entender a los chiquillos que no podían comer nada aun, por que la abuela se molestaría por ello. -Llegaremos en un rato y cenaremos…-fue contundente, así que el pequeña hato de chiquillos subió a tropel a la camioneta, mientras las gemelas iban cuchicheando algo y los benjamines arrojaban confeti que había tomado a puños de algún lugar y el resto de chiquillos reía sin parar por tener el cabello lleno de pedacitos de papel. James
estaba harto, lo que suponía iba a tranquilizarle, solo sirvió
para ponerlo de mal humor. El resto del camino no se hablaron, pero eso era lo común, así que la música en sus audífonos era suficientes para apartarle de esa tribu de chiquillos. El único inconveniente de James, era que ahora tenia a su primo a un lado, rozándoles las piernas sin querer por los movimientos del auto. Olía tan bien, además. Tenia bonitas manos, largas y bien cuidadas. “De contable”, pensó. Y se miró las suyas, que aun no podía definir para que eran buenas. “Surfista”, creía antes de venir a rancho, se le daba bien, aunque no imaginaba ganarse dinero haciendo eso por el resto de su vida. Ayudaron al abuelo a bajar los paquetes faltantes, a los benjamines que rápidamente entraron a la casa en lo que vieron al danés y las gemelas se le plantaron enfrente para rezongarle algo como “odiosos” y seguir de frente. James rodó los ojos. Que cena de navidad iba a ser con esos locos primos suyos. Pero la verdad fue que la cena estuvo increíble, la abuela cocinaba como nadie y el gran trozo de pavo que empezó a comer esta tan suave que se deshacía en su boca. Todos los chiquillos que gritaban, dejaron de hacerlo cuando la gran tarta se empezó a repartir y hundían sus tenedores para devorarla. No solo la comida esta increíble, sino que sus padres y sus tíos estaban relajados. Se quitó los audífonos para escuchar a su abuelo platicar sobre el ganado y las reformas que pensaba hacerle al granero. James sugirió que debían levantarse los techos y recubrirlos antes que las nevadas de enero lo hicieran mas difícil. Su abuelo aceptó la sugerencia, y combinó que había pensado en ello, solo que por la temporada era difícil encontrar trabajadores para hacerlo. -Puedo quedarme a ayudarte, abuelo…-escuchó James que Dylan se ofrecía y prefirió no decir nada mas, mientras comía la tarta que le ponían enfrente. También él lo había pensado, pero expresarlo ahora era demasiado comprometedor. Era mejor no decir nada. Y realmente no pudo decir nada, cuando sintió por debajo de la mesa que le acariciaban la entrepierna y una mano se deslizaba por las costuras de su mezclilla. Subía tan lentamente que le quitó el aire y James miró al resto de su familia con cierta cara de tonto, digna de alguna foto cómica. Giró la vista y se encontró con que Dylan le sonreía, mientras saboreaba su tarta de manzana, chupando la cucharilla.
-Vamos,
vamos, una vez mas….-la tía Rose organizaba a los chiquillos
que berreaban en todas las escalas posibles las últimas frases
del villancico y que indiscutiblemente ya están cansados, por que
el gran danés se encontraba durmiendo en la alfombra, sin que los
benjamines hicieran ningún intento por acercársele. Fue James ahora, quien asintió mientras buscaba las bolsas de basura. -Hay
que ponerlas afuera y cerrar bien el contenedor para que los mapaches
no hurguen en las bolsas. Arrojaba la bolsa, cerraba el contenedor y pretendía volver sobre sus pasos cuando chocó de frente con Dylan. Se quedó ahí sin decir nada, boqueando algo de aire que formaba volutas de vapor y se restregaba los brazos por el frió. Su primo no se movía, ni decía nada, solo le miraba detrás de sus espejuelos y se mordía los labios haciendo un gracioso mohín. -¿Vas
a dejarme pasar?...-le interrogó James luego de un par de veces
que intentó seguir y Dylan volvía a ponerse en frente suyo,
con la evidente intención de no dejarle pasar. Se hizo un silencio, empezó a caer pequeños copos de nieve y Dylan se dio la vuelta sin esperar más respuesta. -“Diablos”….-caminó
sacudiéndose la nieve, para dar alcance a Dylan, le hizo girar,
lo jaló del cinto y pegó sus labios en esa boca de eterno
mohín, mientras le atrapaba la nuca para no dejarle ir. Sabía
tan bien. Todavía tenía sabor a manzana y canela. James le dio los audífonos, la chaqueta, una vez que subieron la ventana de cuchilla…-espérame voy abrir la puerta. Dylan daba saltitos, el frío de pronto se soltó y agradeció que la puerta se abriera, mientras le daba a James sus cosas. Como por arte de magia, la casa era un silencio. Todos habían subido a la planta alta, la luz de la chimenea que consumía el resto de madera, hacia brillar las decoraciones del árbol navideño, y el gran danés dormía en su cesto sin prestar ninguna atención a los dos jóvenes que se abrazaban y besaban sin resuello en la oscuridad. -Espera…espera…aquí
no….-un hilo de voz se le escapaba a Dylan que sentía las
manos de James hurgando dentro de sus pantalones, mientras le subía
el suéter y quería lamer una de sus tetillas. No. mucho más. Tropezaron, cayeron sobre la alfombra que amortiguó el sonido de sus cuerpos en la duela de madera. -Auchhh….-ahogó un grito Dylan en cuanto sintió algo pincharle el trasero…-maldita caja…-arrojó el regalo junto al otro montón de cajas que estaban debajo del árbol, sin dejar de besar a James y pretendiendo quitarle la camisa. Hubieran seguido con ese intento de descubrimiento adolescente, si no fuera por el sonido de unos pasos que les hizo parar y quedarse quietos, sin hacer ningún movimiento. La abuela Ruth iba camino a la cocina, casi en oscuridad, con la seguridad de quien conoce su casa y no requiere encender luces. Necesitaba su leche tibia para dormir. Los segundos se hicieron eternos para los jóvenes tirados en la alfombra, con la ropa a medio subir o medio bajar, esperando que la abuela no los viera debajo del árbol navideño, jugando a la “casita”. Se escabulleron en cuanto la vieron llegar a la cocina. Subieron las escaleras, como pudieron y caminaron en puntillas hasta llegar al cuarto. Se rieron, Dylan pegó su cara al pecho de James para ahogar sus risas. Un poco mas y hubieran tenido que explicarle a la abuela, y a medio mundo lo que estaban intentando hacer. Ahora a puerta cerrada, Dylan escuchaba que James empezaba a quitarse la ropa. -Encuérate tú también…-le dijo, esperando que no fuera a negarse. Una cosa era besuquearse y otra era curiosear en serio encima del otro. Dylan no le engañó ni le hizo esperar. También era como él. Ávido, con las ansias contenidas y una gran necesidad de experimentar. No se preguntaron si aquello estaba bien, ni recordaban que eran hombres y que además eran primos. Solo las cosas importantes fueran las que ocupaban lugar en sus pensamientos en esos momentos. -¿Crees
que la abuela tenga vaselina?...-preguntó James, cuando se dio
cuenta que ya no podía esperar para introducirse dentro de Dylan
y que no quería que les fuera incomodo la primera vez. -¿ya
lo has hecho antes?....-escuchó temeroso a Dylan. Si, ahora tenia otro apelativo para Dylan, además de ser su primo. -¿Qué
estabas cantando en el baño del Centro comercial cuando te masturbabas?....-preguntó
Dylan minutos después cuando ya ambos estaban sosegados, uno a
un lado del otro, dentro de la misma cama individual. Ambos
se rieron y James apretujó a Dylan en sus brazos para dormir así.
Nunca antes había compartido la cama con alguien. Nunca antes se
había follado a un primo y pensaba que aquello estaba bien.
-¿Estas
seguro?....-preguntó de nuevo su padre, mientras iba bajando las
escaleras con la maleta de su mujer. Eran los últimos en salir
esa mañana del rancho. El gran danés levantó las patas en cuanto les vio cruzar la puerta, dejando a Dylan con quien había estado jugando. -Bien
chicos, tenemos muchas cosas que hacer, pero antes veremos películas
y comeremos pastel…-dijo el abuelo mientras iba a la cocina a buscar
un trozo y dejaba a los nietos que detrás suyo se tomaban de la
mano y se sentaban frente al televisor, junto a la chimenea. James sonrió y de no ver sido por que sus abuelos venían a sentarse a un lado suyo, hubiera mordisqueado a esa boca de Dylan que parecía estar en eterna monería. Había sido y seria, la mejor navidad que podía recordar en casa de los abuelos. ----------------oooOOOOooo--------------- Los villancicos son parte de la tradición navideña en todo el mundo y son llevados por el espíritu de la Navidad de un país a otro y de una región a otra, aumentando el aire universal de las celebraciones navideñas. Una de las más célebres canciones de Navidad es "Noche de Paz" (originalmente "Stille nacht, heilige nacht") cuya letra fue escrita por Joseph Mohr, párroco de un pueblito de Austria y la música, compuesta por un profesor de música, Franz Gruber, poco antes de la Navidad de 1818. El profesor la enseñó a los feligreses y la acompañó en guitarra, dado que el órgano de la iglesia estaba descompuesto, cantándose por primera vez, en la fecha indicada en la iglesia de San Nicolás en Oberndorf (Austria). http://www.navidadlatina.com/musica/villancicos/internacionales/default.asp Ipod: reproductor de MP3 |