Avisos: Relaciones de h/h…

Historia que participó en el grupo de Origin_Eyaois en Dic 2006

Noche de Paz

1
Silent Night! Holy Night!
All is calm, all is bright
Round yon godly tender pair
Holy infant with curly hair
Sleep in heavenly peace
Sleep in heavenly peace.

 

 

James llevaba puestos los audífonos de su Ipod (*) mientras miraba por la ventana trasera del todo terreno de sus padres con cara de total circunstancia. No estaba molesto. Simplemente estaba que ardía por dentro de coraje. Estaba ahí, camino al rancho de sus abuelos en Colorado, en plena víspera de navidad. Mientras sus amigos surfearían en alguna buena ola en California, él se congelaría el trasero de aburrimiento en la reunión familiar.

-¡James, James!....-su madre le jaló el audífono para que escuchará algo más que el sonido de su música….-tu padre te ha preguntado sí ya decidiste lo de tu carrera.
-No, aún no….-dijo de mala gana e intentó volver a ponerse el audífono pero su madre le retuvo el cable.
-Es hora de lo que pienses, jovencito. Tu futuro depende de la universidad a la que vayas…-dijo ella condescendiente.
-Puedo tomarme un sabático….-respondió el joven de ojos claros, con la sonrisa irónica que puede tenerse a los 17, cuando se cree tener todas las respuestas.
-¡No, no puedes jovencito! No voy a pagar tus viajes de holgazanería a las playas…-rezongó su padre, a quien la idea de que su hijo no tomara en serio su carrera lo tenia fastidiado.
-Trabajaré entonces…-le respondió mirando a su padre por el espejo retrovisor.
-Antes te enviaré a una escuela militar para que aprendas el real significado de la palabra trabajo…-le sentenció el hombre.
-Donald…-reclamó la madre buscando apaciguarle.
-La escuela militar le sentaría bien, lo sabes…-el padre se enfrasco en conducir, con la vista puesta en la carretera, que se estrechaba mas adelante y en donde el tráfico empezaba a disminuir para tomar la carretera rumbo a la montaña.

Habían dejado la interestatal de Denver y a 20 kilómetros mas adelante se empezaba a ver algunos de los ranchos ganaderos de la región. La nieve había caído puntual y daba el aspecto de una blanca sábana arrojada encima de los pastizales, casas y cobertizos. Las chimeneas ya se encontraban encendidas, dándole un aspecto rustico y acogedor a la campiña.

James volvió a ponerse los audífonos luego de ajustarse la chaqueta, con la idea de alejarse mentalmente de todo eso. Solo tenia que soportar unos días. Seguramente estarían de vuelta para el 26. Y con un poco de suerte, alcanzaría a sus amigos en la playa.

-¡Mira…que hermosa han decorado la casa!...-dijo la madre de James, señalando por la ventana…-ya se encuentran aquí tus hermanos. Parece que todos han asistido este año.

-“Genial”…-pensó James, imaginando a la familia completa de su padre, incluyendo todos los primos que tenia que soportar.

James era hijo único, acostumbrado a tenerlo todo para si mismo y no compartir nada con hermanos enfadosos ni preguntones. Había logrado evadirse de las reuniones familiares las últimas tres ocasiones por actividades en el equipo de baloncesto, un campamento y gracias a un buen resfriado que lo dejo encamado y en casa de la hermana de su madre.

Pero esta vez no tuvo tanta suerte y sus padres técnicamente lo obligaron a empacar para luego subir al auto rumbo a casa de los abuelos. No era que no los quisiera, de hecho eran mas que agradables y les recordaba con cariño, pues había pasado algunos veranos en el rancho con ellos y se había divertido muchísimo. Tenia los mejores recuerdos de su niñez en ese rancho. Cuando tenia doce años y pensaba que lo único interesante en la vida era cabalgar.

Pero ahora tenia 17 años, las hormonas que se le derramaban por las orejas y sus amigos estarían en la playa con ropa pegadita, mostrando sus traseros respingones y sus cuerpos húmedos luego de salir del mar llevando la tabla de surfear a un costado.

Sí, a James le gustaban los chicos. Eso era algo de lo que se había dado cuenta hacia unos años atrás. Fue uno de los motivos por los cuales decidió aprender a surfear y ver sin ningún problema esos hermosos cuerpos deslizándose sobre la tabla, con los pantaloncillos a media cadera, pegados al cuerpo.

Pero una cosa era saber que te gustan los tipos y otra arrojárteles encima para ver si ese levantado bulto es imaginación tuya o realmente tenia todo bien puesto en su lugar.

Dos años de imaginar, de desear esos cuerpos esbeltos y delineados por el continuo ejercicio contra el mar y la tabla de surf. Dos años de seguir siendo virgen, en todos los aspectos. Estaba decidido a terminar con ese estigma a toda costa en la playa con sus amigos. Particularmente con uno, que parecía que estaba igualmente interesado.

Pero ahora solo veía nieve por todos lados, gente saludándose en la puerta de la casa de sus abuelos y horas de tedio escuchando historias familiares o evadiendo a los sobrinitos latosos.

Su celular sonó en cuanto bajaron del auto y fue a la parte trasera para no ver la cara de molestia que hizo su padre.

-Jimmy, ¿Dónde estas?...-una varonil voz se escuchó en detrás de la línea y el joven sintió que el corazón le brincaba de gusto en el pecho…-Steve, hola. Estoy en mis padres, en Denver.
-No bromees….dijiste que iríamos a San Diego…-se escuchó la voz del otro joven contrariado.
-Lo sé...-estaba también fastidiado y dio un golpee en la nieve, mientras escuchaba que su padre le gritaba que recogiera sus maletas….-pero volveré el 26.
-Pensé que en verdad querías venir, por eso te invité.
-¡Claro que si!
-Pues debiste avisarme…ahora tendré que buscar a alguien más.
-Solo son unos días, mi familia se reúne en estas fechas.
-Habrá las mejores olas reventando este mes y tu piensas en….la cena. Estás jodido amigo.
-Es mi familia…-intentó no molestarse por la risa sarcástica que escuchó…-y la playa no se va ir.
-No, pero tus amigos seguro si.

James se guardó el celular en el bolsillo de atrás de su pantalón, una vez que terminó la llamada.

Ahora si estaba molestó. Sus padres le habían obligado a venir a ese viaje, alejándolo de sus amigos, del chico que le gustaba y que parecía que quería algo con él, pero que ahora iba rumbo a California a surfear con otros chicos.

Bonita navidad iba a tener. Seguiría siendo virgen, berreando villancicos, comiendo pavo en la cena con los abuelos y todos los chiquillos de la tribu familiar.


2
Silent Night! Holy Night!
Son of God, love's pure light
Radiant beams from thy holy face
With the dawn of redeeming grace
Jesus, Lord at thy birth
Jesus, Lord at thy birth.


-¿Quieres, dejar en paz ese aparato tuyo, mientras estemos aquí?...-lo tomó del brazo su padre en cuanto puso un pie en el pórtico de la casa
-Ya lo guardé ¿está bien?...-jaloneo James su brazo para liberarlo, volviendo a la puerta principal.

En cuanto entró a la casa James, se sintió de nuevo un niño, emocionado ante el olor a jengibre, castañas asadas, el gran árbol de navidad que estaba en la sala principal, cerca de la chimenea y ver a sus abuelos en medio de aquel gentío.

-Jimmy, mírate que alto estás ya….-le tomó de la barbilla la abuela Ruth, quien luego lo abrazó fuertemente como siempre lo hacia.
-Abuela…-se liberó de su apretón, para caer luego en el del su abuelo, que estaba a un lado de ellos.
-Si, estás enorme muchacho…-le revolvió el cabello.
-…pero delgado, míralo. No comes bien. Esa comida chatarra que calientan en los microondas, no es buena para los niños…-afirmó categórica la abuela Ruth.
-Como bien, es que hago mucho ejercicio…-aseguró el joven, liberando así a su madre de la mirada acusadora de la abuela…-estoy surfeando, además del baloncesto.
-Si, ya nos lo contó tu padre…y que aún no escoges carrera, también…-el abuelo Bob le miró seriamente, pero afortunadamente unos chiquillos pasaron corriendo en medio de ellos y eso logró distraer efectivamente a la abuela, quien solicitó al abuelo que hiciera una fila de chiquillos para terminar de adornar y poner la estrella en el árbol.

James se quedó con su bolsa de viaje en el hombro, viendo al resto de los familiares.

-“Ahí esta el tío Peter, su mujercita y los críos”…-pensó en cuanto vio a los dos benjamines de 8 y 9 años corriendo detrás del gran perro danés de los abuelos que huía de ellos….-“la tía Rose, con su enorme marido y las odiosas gemelas”…-las chiquillas le sacaron la lengua en cuanto él las miró, así que James les hizo una cara tonta para quitárselas de encima.

-James, deja tus cosas en la habitación que usabas los veranos, ¿te acuerdas?...-le dijo la abuela Ruth.
-Si abuela, gracias…-intentó caminar pero los benjamines del tío Peter se le colgaron en la bolsa que había dejado por unos segundos en el suelo. James miró de largo a los otros integrantes de la familia…el tío George, su esposa y sus hijos, un bebe de brazos, adolescentes de 10, 12 y otro joven que estaba sentado en las escaleras con una cara de fastidio que reconocería en cualquier parte. “A ese lo han traído a la fuerza igual que a mi”…-se dijo una vez que logró que los benjamines dejaran su bolsa y pudo caminar en medio de los chiquillos que brincaban sobre el perro, las madres gritando y los señores buscando algún vaso para servirse licor.

-Dylan, hazle espacio a James que van dormir en la misma pieza…-sonrió la abuela Ruth, mientras traía un platón de galletas horneadas con un rico olor a jengibre, que le resultó mas que tentador tomar algunas para comerlas.

James miraba a su primo, ahora usaba unos lentes más favorecedores, se había hecho un buen corte de cabello, había crecido un par de palmos desde la ultima vez que lo viera y tenia el traserito mas bonito que hubiera visto en todo ese día.

-Adelgazaste, te has dado un buen estirón…-le dijo James como que no quiere la cosa al verlo pararse de las escaleras, sacudiéndose las posaderas y haciéndose a un lado para dejarle pasar…-pero sigues igual de “cuatro ojos”
-y tu igual de “mala leche”…-le hizo una mueca el joven que tenia su misma edad y con el cual anteriormente había coincidido en algún otro verano en casa de los abuelos y que lo recordaba sin gracias, rollizo, desaliñado y que ahora estaba convertido en todo un bocadito, con sus grandes ojos café, su boquita apretada, como si estuviera mordisqueándose un labio, y que ahora tenia el cuerpo delgado y en forma.

Bueno, si no podía ver a los surfistas ni a Steve en navidad, por lo menos podía verle el trasero a su primo. Algo bueno hay que sacar de las situaciones complicadas, pensó.

3
Silent Night! Holy Night!
Brought the world gracious light
Down from heaven's golden height
Comes to us the glorious sight:
Jesus, as one of mankind
Jesus, as one of mankind


-¿Por qué no Leyes? tus padres son abogados…-le preguntó Dylan sentado en la cama, mirando como sacaba la ropa de su bolsa y James se tardaba en cada trapo que sacaba. En un par de minutos le había confesado sin mucho problema a su primo las últimas agonías con sus padres. Fascinado mirando como tenia cruzadas las piernas Dylan y la manía que tenia de mordisquearse el pulgar, que en cuanto se daba cuenta, era su labio el que hacia ese mohín.

-No tengo que ser abogado, por que ellos lo sean…-dijo James, mas para si mismo que para convencer a alguien.
-Es una tradición, el abuelo también lo fue.
-Ahora es un granjero muy feliz…-cerró James la gaveta, arrojando la ultima prenda.
-…pero hizo su capital siendo abogado y así le pagó la carrera a todos sus hijos…-afirmó con determinación Dylan.
-Seguro tú serás contable…-se sentó enfrente suyo James.
-Se me dan bien los números.
-Seguro, teniendo “cuatro ojos” es fácil ser contable…-le dijo intentando bromear.
-Vete al diablo…-se levantó Dylan y salió dando un portazo.
-“¿Dónde quedo el espíritu navideño?”…-pensó James dándose cuenta que había sido una forma errónea de tomar la ola.

Cuando decidió por fin bajar, el abuelo organizaba a la tribu de sobrinos y se aseguraba que tuvieran sus bufandas y las chamarras bien cerradas.

-Vamos James, tú vas atrás…-le dijo tomándole del brazo.
-¿A dónde?
-Vamos a llevar a los chicos al Centro comercial para que pidan sus regalos a Papá Noel…-le guiñó el ojo y habló bastante alto para que los chicos escucharan.
-Papá Noel no existe…-dijeron bajito y al unísono las gemelas, poniéndose a un lado de James, quien las miró de arriba abajo, mientras ellas se reía y salían corriendo, tomadas de la mano.
-¿Es necesario que vaya, Abuelo?...-rezongó James harto de ser llevado a un lugar y otro sin su consentimiento, mientras iban subiendo a los chiquillos en la Suburban 4x4.
-Claro, Dylan y tú son los mayores. Necesito ayuda para arriar ese ganado…-le dijo con aplomo, entre divertido, sarcástico y juguetón. La mezcla perfecta para un buen abuelo.
-¡Bien, ¿todos listos?!....-preguntó el abuelo, mirando por el espejo retrovisor como James se ajustaba entre los benjamines, las gemelas, los chiquillos pecosos.
-Si, Abuelo…-dijo Dylan, quien se cruzaba el cinturón en el asiento de enfrente, riéndose al ver como los benjamines empezaban una contienda con las gemelas, arrojándoles maíz inflado acaramelado.
-tú deberías estar acá atrás, con tus hermanos…-le rezongó James a Dylan.
-No, yo estoy con ellos el resto del año, un par de horas no te sentara mal tener primos. Quizás mejoré un poco tu rabia.

James casi gruñó, se puso sus audífonos y subió el volumen de su IPod buscando contrarrestar el ruido, mientras miraba de vez en vez a Dylan por el espejo retrovisor y seguía pensando que había mejorado increíblemente en todo ese tiempo que no se vieran. Por más que intentó pescarle alguna mirada, se encontró con que su primo lo ignoraba e iba entretenido platicando con el abuelo.

Veinte minutos después se estacionaban en uno de los Centros comerciales del distrito, que estaba lleno de gente, iluminado para la ocasión y en la cual los compradores de último momento aprovechaban para adquirir los regalos pendientes.

Los chiquillos bajaron a tropel de la camioneta del abuelo, mientras esté les daba indicaciones de que no debían separarse de él, o los primos mayores.

-¿También se te antoja pedir algo especial para navidad?...escuchó Dylan aun lado suyo que James volvía a dirigirle la palabra, mientras tomaba fotos de los benjamines encima del Santa Claus rollizo y con enormes barbas que sonreía resignado mientras escuchaba las mil y una ocurrencias de los chiquillos a esas horas.
-Que dejaras de hacerte el simpático, esta anotado en mi lista.
-Uyyyy, estamos quisquillosos esta navidad.
-Eres un pesado, ¿sabias?....-Dylan dejó de tomar fotos y miró la risita boba que tenia su primo, quien seguía con los audífonos puestos y tarareaba algo, pretendiendo no escucharle. Eso le fastidiaba de James, nunca se sabía cuando hablaba en serio o cuando solo pretendía hacerlo fastidiar.

Pero la verdad era que James intentaba hacer el antipático en esta ocasión; no era una buena idea congeniar demasiado con un primo que se ve bastante apetecible y que además iban a dormir en la misma pieza. Si se compenetraba mucho con él, seguro brincaría de una cama a la otra para asaltarle a media noche.

Una cosa era andar caliente y otra treparle al primo en la casa de los abuelos, pensó. Y no ayudaba mucho la imagen mental que tenia de tener a su primo Dylan encima de sus piernas, pidiéndole su regalo de navidad, mientras restregaba sus caderas a las suyas.

Lo mejor era ir al sanitario y arreglar cierta tirantes entre las piernas, antes de que los villancicos los desquiciaran,

4
Silent Night! Holy Night!
By his love, by his might
God our Father us has graced
As a brother gently embraced
Jesus, all nations on earth
Jesus, all nations on earth.


-“Tara, ra, ra, ra, tara, ra” …..-tarareaba sin querer James dentro de un privado de la sección de sanitarios. Estaba totalmente concentrado con una de sus manos dentro de la ropa interior, acariciándose el miembro en una rutinaria sección de jaloneos…-tara, ra, ra…aghhhh…-empezó a gemir despacito cuando sintió el primer calambre en el bajo vientre.

-¿Vas a tardar mucho haciendo eso? El abuelo ya hizo todas sus compras….-La voz de Dylan, golpeando la puerta, primero hizo brincar a James, luego lo hizo rezongar, cuando la interrupción le tomó desprevenido, terminándose de batir en las manos.

-¡Demonios, Dylan!...-gritó James, pero cerró los ojos sin decir nada mas y se quedó ahí un rato, mientras esperaba a que la erección se le normalizara, y continuaba maldiciendo por estar en ese Centro comercial masturbándose en un sanitario, excitándose en la imagen de su primo, mientras tarareaba un villancico.

Subieron todos al auto, casi una hora después, cuando el abuelo logró hacerles entender a los chiquillos que no podían comer nada aun, por que la abuela se molestaría por ello.

-Llegaremos en un rato y cenaremos…-fue contundente, así que el pequeña hato de chiquillos subió a tropel a la camioneta, mientras las gemelas iban cuchicheando algo y los benjamines arrojaban confeti que había tomado a puños de algún lugar y el resto de chiquillos reía sin parar por tener el cabello lleno de pedacitos de papel.

James estaba harto, lo que suponía iba a tranquilizarle, solo sirvió para ponerlo de mal humor.

-Hazte aun lado, o iremos muy apretados…-le rezongó Dylan que abrió de pronto la puerta, para irse en el asiento de atrás, por que las gemelas estaban inconsolables, luego de que les habían llenado el cabello de confeti y el abuelo decidió subirlas enfrente, alejándolas de los benjamines.
-Pues acomoda tu trasero donde puedas…-gruñó James.
-¿No se te enfrió?...-la risita de Dylan era cristalina y James le hizo cara de pocos amigos, le tomó de la solapa de la chaqueta y pegó su cara a la suya.
-¿Por qué, tú también la traes igual?
-No, yo me ajuste cuentas antes de salir del rancho....-le empujó un poco para quitarse las manos de encima de su chaqueta.

El resto del camino no se hablaron, pero eso era lo común, así que la música en sus audífonos era suficientes para apartarle de esa tribu de chiquillos.

El único inconveniente de James, era que ahora tenia a su primo a un lado, rozándoles las piernas sin querer por los movimientos del auto. Olía tan bien, además. Tenia bonitas manos, largas y bien cuidadas. “De contable”, pensó. Y se miró las suyas, que aun no podía definir para que eran buenas. “Surfista”, creía antes de venir a rancho, se le daba bien, aunque no imaginaba ganarse dinero haciendo eso por el resto de su vida.

Ayudaron al abuelo a bajar los paquetes faltantes, a los benjamines que rápidamente entraron a la casa en lo que vieron al danés y las gemelas se le plantaron enfrente para rezongarle algo como “odiosos” y seguir de frente.

James rodó los ojos. Que cena de navidad iba a ser con esos locos primos suyos.

Pero la verdad fue que la cena estuvo increíble, la abuela cocinaba como nadie y el gran trozo de pavo que empezó a comer esta tan suave que se deshacía en su boca. Todos los chiquillos que gritaban, dejaron de hacerlo cuando la gran tarta se empezó a repartir y hundían sus tenedores para devorarla. No solo la comida esta increíble, sino que sus padres y sus tíos estaban relajados. Se quitó los audífonos para escuchar a su abuelo platicar sobre el ganado y las reformas que pensaba hacerle al granero. James sugirió que debían levantarse los techos y recubrirlos antes que las nevadas de enero lo hicieran mas difícil. Su abuelo aceptó la sugerencia, y combinó que había pensado en ello, solo que por la temporada era difícil encontrar trabajadores para hacerlo.

-Puedo quedarme a ayudarte, abuelo…-escuchó James que Dylan se ofrecía y prefirió no decir nada mas, mientras comía la tarta que le ponían enfrente. También él lo había pensado, pero expresarlo ahora era demasiado comprometedor. Era mejor no decir nada.

Y realmente no pudo decir nada, cuando sintió por debajo de la mesa que le acariciaban la entrepierna y una mano se deslizaba por las costuras de su mezclilla. Subía tan lentamente que le quitó el aire y James miró al resto de su familia con cierta cara de tonto, digna de alguna foto cómica.

Giró la vista y se encontró con que Dylan le sonreía, mientras saboreaba su tarta de manzana, chupando la cucharilla.

 


5
Silent Night! Holy Night!
Long ago, minding our plight
God the world from misery freed
In the dark age of our fathers decreed:
All the world is redeemed
All the world is redeemed.

-Vamos, vamos, una vez mas….-la tía Rose organizaba a los chiquillos que berreaban en todas las escalas posibles las últimas frases del villancico y que indiscutiblemente ya están cansados, por que el gran danés se encontraba durmiendo en la alfombra, sin que los benjamines hicieran ningún intento por acercársele.
James huyó con su plato y su tarta de manzana para sentarse en las escaleras para terminar de ver el espectáculo.
Era un cobarde, su primo también parecía interesado en su trasero y él simplemente se levantó para alejarse lo mas rápidamente posible, antes que otra cosas pasara en la mesa, en frente de sus padres, sus tíos, sus abuelos, los sobrinos chillones y la gemelas que no dejaban de hacerle caras tontas.
“Cielos”…-se dijo al pensar fríamente en eso. Uno no puede ser gay en cualquier parte, ni en cualquier época del año. Menos en casa de los abuelos.
-James, ayúdame con la basura, por favor…-la voz del abuelo le solicitó que pusiera los pies en la tierra y que prestara atención. Las madres llevaban ya a sus hijos, escaleras arriba. Los benjamines estaban exhaustos y su tío los llevaba colgados a los hombros. Solo los jovencitos y las gemelas seguían insistiendo en abrir los regalos de una vez y llevárselos a su cama.
-No, será hasta mañana, ahora a la cama…-la abuela les palmeaba las manos, haciéndoles moverse.
-¿todo bien?...-le preguntó su madre en cuanto lo vio en la cocina, donde ella se encontraba acomodando trastos y poniendo un poco de orden.
-Si, cansado…-dijo de pronto y ella asintió.
-Fue un viaje largo, pero ha válido la pena, ¿no crees? Tenemos una gran familia, las tradiciones son importantes. Aunque ahora te parezcan aburridas y fuera de moda. Para estar con tus amigos, habrá otras ocasiones.

Fue James ahora, quien asintió mientras buscaba las bolsas de basura.

-Hay que ponerlas afuera y cerrar bien el contenedor para que los mapaches no hurguen en las bolsas.
-Si, abuelo…-salió James por la puerta trasera de la cocina, luego de ajustarse la chaqueta y la bufanda.

Arrojaba la bolsa, cerraba el contenedor y pretendía volver sobre sus pasos cuando chocó de frente con Dylan. Se quedó ahí sin decir nada, boqueando algo de aire que formaba volutas de vapor y se restregaba los brazos por el frió. Su primo no se movía, ni decía nada, solo le miraba detrás de sus espejuelos y se mordía los labios haciendo un gracioso mohín.

-¿Vas a dejarme pasar?...-le interrogó James luego de un par de veces que intentó seguir y Dylan volvía a ponerse en frente suyo, con la evidente intención de no dejarle pasar.
-…pensé, pensé que también tú…-intentó Dylan tomarle la mano, pero James fue mas rápido y se la guardó dentro de la chaqueta.
-Hace frió, entremos…-pero el brazo de Dylan lo retuvo y le hizo volverse.
-Sí te molesté, lo siento.

Se hizo un silencio, empezó a caer pequeños copos de nieve y Dylan se dio la vuelta sin esperar más respuesta.

-“Diablos”….-caminó sacudiéndose la nieve, para dar alcance a Dylan, le hizo girar, lo jaló del cinto y pegó sus labios en esa boca de eterno mohín, mientras le atrapaba la nuca para no dejarle ir. Sabía tan bien. Todavía tenía sabor a manzana y canela.
-Waoooo….-dijo Dylan en cuanto el aire volvió a entrar por su boca y miraba con total asombro la cara de James.
-Si, waoooo….-le abrazó, pegando su cuerpo, mientras dejaba caer los audífonos detrás de sus orejas.
-Entremos, hace frío…-se sacudió Dylan la nieve y ambos caminaron hacia la puerta trasera de la casa, que estaba cerrada e intentaban abrirla…-nos han dejado afuera…-dijo el joven.
-…piensan que estamos adentro…-rezongó James.
-La ventana de la cocina.

James le dio los audífonos, la chaqueta, una vez que subieron la ventana de cuchilla…-espérame voy abrir la puerta. Dylan daba saltitos, el frío de pronto se soltó y agradeció que la puerta se abriera, mientras le daba a James sus cosas.

Como por arte de magia, la casa era un silencio. Todos habían subido a la planta alta, la luz de la chimenea que consumía el resto de madera, hacia brillar las decoraciones del árbol navideño, y el gran danés dormía en su cesto sin prestar ninguna atención a los dos jóvenes que se abrazaban y besaban sin resuello en la oscuridad.

-Espera…espera…aquí no….-un hilo de voz se le escapaba a Dylan que sentía las manos de James hurgando dentro de sus pantalones, mientras le subía el suéter y quería lamer una de sus tetillas.
-No hay nadie…-decía el otro, mientras mojaba aquel pezón con sus labios, encontrando que eran tan excitante como se lo había imaginado.

No. mucho más.

Tropezaron, cayeron sobre la alfombra que amortiguó el sonido de sus cuerpos en la duela de madera.

-Auchhh….-ahogó un grito Dylan en cuanto sintió algo pincharle el trasero…-maldita caja…-arrojó el regalo junto al otro montón de cajas que estaban debajo del árbol, sin dejar de besar a James y pretendiendo quitarle la camisa.

Hubieran seguido con ese intento de descubrimiento adolescente, si no fuera por el sonido de unos pasos que les hizo parar y quedarse quietos, sin hacer ningún movimiento.

La abuela Ruth iba camino a la cocina, casi en oscuridad, con la seguridad de quien conoce su casa y no requiere encender luces. Necesitaba su leche tibia para dormir.

Los segundos se hicieron eternos para los jóvenes tirados en la alfombra, con la ropa a medio subir o medio bajar, esperando que la abuela no los viera debajo del árbol navideño, jugando a la “casita”.

Se escabulleron en cuanto la vieron llegar a la cocina. Subieron las escaleras, como pudieron y caminaron en puntillas hasta llegar al cuarto.

Se rieron, Dylan pegó su cara al pecho de James para ahogar sus risas. Un poco mas y hubieran tenido que explicarle a la abuela, y a medio mundo lo que estaban intentando hacer. Ahora a puerta cerrada, Dylan escuchaba que James empezaba a quitarse la ropa.

-Encuérate tú también…-le dijo, esperando que no fuera a negarse. Una cosa era besuquearse y otra era curiosear en serio encima del otro. Dylan no le engañó ni le hizo esperar. También era como él. Ávido, con las ansias contenidas y una gran necesidad de experimentar.

No se preguntaron si aquello estaba bien, ni recordaban que eran hombres y que además eran primos. Solo las cosas importantes fueran las que ocupaban lugar en sus pensamientos en esos momentos.

-¿Crees que la abuela tenga vaselina?...-preguntó James, cuando se dio cuenta que ya no podía esperar para introducirse dentro de Dylan y que no quería que les fuera incomodo la primera vez.
-En el botiquín del baño….-levantó la cara, mientras tomaba algo de aire.
-Perfecto…-volvió James al ataque en cuanto encontró el tarro de vaselina, untó sus dedos y frotó aquella entrada estrecha que tenia enfrente de él.

-¿ya lo has hecho antes?....-escuchó temeroso a Dylan.
-Hoy dejamos de ser vírgenes los dos…-y se hundió lentamente, espero sin prisas y hasta que sintió que su primo se movía buscando contacto, arremetió en lentos, precisos y certeros movimientos que iban sacando una serie de continuos coros de la garganta de su amante.

Si, ahora tenia otro apelativo para Dylan, además de ser su primo.

-¿Qué estabas cantando en el baño del Centro comercial cuando te masturbabas?....-preguntó Dylan minutos después cuando ya ambos estaban sosegados, uno a un lado del otro, dentro de la misma cama individual.
-Un villancico….-se rió, rodando para ponerse aun lado suyo, mientras acariciaba aquella aterciopelada espalda.
-Que "adhoc"…-Dylan le dio un beso y aquel le respondió.
-El villancico fue lo de menos, imaginarme al primo del traserito respingon encima de mis piernas pidiendo su regalo de navidad…eso si no tuvo precio.

Ambos se rieron y James apretujó a Dylan en sus brazos para dormir así. Nunca antes había compartido la cama con alguien. Nunca antes se había follado a un primo y pensaba que aquello estaba bien.
Pero por primera vez, tenia alguien a su lado, escuchando el ritmo de su respiración.
-Feliz navidad…-le susurró antes de dormir.


6
Silent Night! Holy Night!
Shepherds first saw the sight
of angels singing alleluia
Calling clearly near and far:
Christ, the saviour is born
Christ the Saviour is born.

-¿Estas seguro?....-preguntó de nuevo su padre, mientras iba bajando las escaleras con la maleta de su mujer. Eran los últimos en salir esa mañana del rancho.
-Si, ayudaré al abuelo con las reparaciones del cobertizo. Estaré en casa después de año nuevo.
-¿Qué hay de la universidad? ¿No pensaras quedarte sin inscribir?
-Voy a inscribirme, aun no decido donde, pero voy a pensarlo, aun tengo hasta junio para enviar mis papeles. Quiero pensarlo bien…-dijo James, enfrentando a su padre, quien por primera vez no gritaba al hablar con él.
-Bien, la carrera que decidas estará bien. Solo pensamos en tu futuro, tu madre y yo.
-Lo sé…-abrazó a su padre y le dio un beso a su madre antes de que subieran a la camioneta.
-Vayan con cuidado, aun esta nevado el camino…-dijo el abuelo al despedirles también….-Vamos James, hace frió.

El gran danés levantó las patas en cuanto les vio cruzar la puerta, dejando a Dylan con quien había estado jugando.

-Bien chicos, tenemos muchas cosas que hacer, pero antes veremos películas y comeremos pastel…-dijo el abuelo mientras iba a la cocina a buscar un trozo y dejaba a los nietos que detrás suyo se tomaban de la mano y se sentaban frente al televisor, junto a la chimenea.
-¿Te quedas hasta año nuevo?
-Si…-se arremolinó James en el sillón
-Eso suena bien…-dijo Dylan y acariciaba al gran danés, que se instaló a un lado de los dos…-Solo que ahora no hay tanta gente.
-Vamos a arreglar un cobertizo, ¿lo olvidaste?
-Ahora si podrás tararear el villancico que tanto te gusta…-le retó.

James sonrió y de no ver sido por que sus abuelos venían a sentarse a un lado suyo, hubiera mordisqueado a esa boca de Dylan que parecía estar en eterna monería.

Había sido y seria, la mejor navidad que podía recordar en casa de los abuelos.

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Los villancicos son parte de la tradición navideña en todo el mundo y son llevados por el espíritu de la Navidad de un país a otro y de una región a otra, aumentando el aire universal de las celebraciones navideñas.

Una de las más célebres canciones de Navidad es "Noche de Paz" (originalmente "Stille nacht, heilige nacht") cuya letra fue escrita por Joseph Mohr, párroco de un pueblito de Austria y la música, compuesta por un profesor de música, Franz Gruber, poco antes de la Navidad de 1818. El profesor la enseñó a los feligreses y la acompañó en guitarra, dado que el órgano de la iglesia estaba descompuesto, cantándose por primera vez, en la fecha indicada en la iglesia de San Nicolás en Oberndorf (Austria).

http://www.navidadlatina.com/musica/villancicos/internacionales/default.asp

Ipod: reproductor de MP3