Clasificación: NC-17
Pareja (s): Hasame/ Ranmaru La mayoría de los personajes de esta historia son propiedad de la historia mitológica japonesa. El poema inicial pertenece a la obra de Shinishi: “Poemas del samurai ciego”. Los poemas intercalados son Haiku japoneses, algunos son anónimos, otros no.
Avisos: Relaciones de h/h

 

 

Cáp. 10 Pequeñas gotitas de roció

 


X
El olor del cerezo llena el sueño del cerezo
Pequeñas gotitas reunidas no hacen este rocío
Una florecilla esplendece si la luz solar viene a ti.

 


La luz del día ni se habia atrevido a salir aun por las montañas. El frió cuajaba no solo el roció de la mañana, sino toda el agua nieve que se escurría por la piedra del templo y fue ese sonido deslizante, pausado y desganado que hizo que los ojos de Ranmaru se abrieran. Él, al igual que el día tenía pereza, mas cuando a su lado tenía un cuerpo amado y la tibieza de su aliento en la nuca, mientras que era ligeramente sujetó de sus piernas por otras. Simplemente era la mejor forma de empezar el día se dijo, pero aunque le gustara pasarlo completo en ese lugar y en la agradable compañía de Hasame, las obligaciones se imponían.


Estoy aquí
por estar, y la nieve
sigue cayendo.
(Issa)

Intentó girar lentamente, para no despertarle aun, pero al hacerlo, unos ojos celestes ya le miraban y unos labios le sonreían mientras atrapaban los suyos, nada como ser preso de esos ojos y esa boca.

-¿Dormiste bien? …-le preguntó rozando su nariz a su carita de porcelana.
-La mejor noche desde que estamos aquí.
-Repitámosla en otra ocasión.
-No será tan fácil, pero haré lo posible. Ahora hay que salir antes del primer bong o tus compañeros notaran tu falta. Te mostrare el pasadizo por el cual podrás regresar.

Ambos se levantaron, mientras se vestían rápidamente, luego Hasame amarraba la cinta del saco de Ranmaru, olía el intenso aroma de durazno del cual no se hastiaba y le dejaba ir mientras rozaba sus dedos en un cambio de pasillo. El primer bong se escuchó cuando ambos ya estaban en sus aposentos, dando inicio las actividades del templo y se unieron a ellas.

Mientras que a unos, la noche les habia sido grata, para otros empezaba a convertirse en un infierno. Sumido en pesadillas y sudando copiosamente Hyozo Okita, habia presentido su muerte y lo que le llenó de pavor fue esa larga cadena de plata, que se enredaba en su garganta, cortando y quemando. Una y otra vez el sueño le invadió y la mirada furiosa de Osakura no lo dejaba descansar. Eso, al igual que la extrañas marcas que no sanaban, donde el “kiang-si” había cortado y lamido. Una infección que seguro el médico podría curar y pasaría hacerlo antes de la clase de la mañana.


Habiendo enfermado en el camino,
mis sueños merodean
por páramos yermos.
(Basho)

-Veo que sigue mejor, sensei, el médico me ha dicho que tenia algo de fiebre…-sonrió el regente frente a un abundante tazón de avena caliente.
-Un corte, nada grave…-con cierta dejadez, era cierto se sentía bien, hasta eufórico días después de la visita, quizás por las hierbas que le diera el yerbero.
-Me alegra, por cierto quería informarle que el joven Osakura estará en su clase a partir de hoy.
-Creí que estaría bajo su supervisión…..-volviendo toda su atención al anciano.
-Y así será, continuare con su educación, pero ha insistido en empezar a practicar con la espada y después de todo proviene de una familia guerrera. Así que creo que ambas actividades se acoplan muy bien con sus habilidades y su personalidad. ¿no habrá ningún inconveniente, supongo?
-Ninguno…me agradara ver sus habilidades.

No supo si fue la sonrisa que le dirigió el anciano o la última oración que lo dejo inquieto, pero de algo estaba seguro, caminaba hacia su destino.

Pero como buen guerrero, lejos de evitarlo lo enfrentó.


Canto de cigarra.
Aunque no lo parece,
pronto morirá.
(Bashoo)

Acomodado filas atrás vio la etérea figura del chico Osakura, enfundando en un rudo traje de entrenamiento y confirmó una vez la mirada distante, el perfil erguido, sin expresión aparente. Le vio moverse suavemente imitando una grulla sobre el pantano, simplemente deslizándose, dejándole absorto, no tanto por que la belleza no le impactara, sino por que él mismo conocía que esa era solo una ilusión. Ni era frágil ni inconmovible, pero la porcelana esta diseñada para soportar altas presiones y esta era de alta calidad. No se quebraría al primer impacto, ni cuando uso la vara para castigarle, por una falta inexiste, solo para medir su temple.

-Bien….ahora en parejas. ¡Vamos!...-les gritó al grupo de aprendices que esa mañana no veían la hora de que el entrenamiento terminara, por alguna razón Okita se desquitaba con ellos.
-¿Puede saberse que le pasa ahora? El sensei piensa partirnos hoy …- Ranmaru oyó susurrar casi entre dientes a un par de aprendices a un lado suyo y giró la vista para buscar a Okita, quien vigilaba la practica atentamente de Hasame, aunque se movía de un lugar a otro, viendo al conjunto de sus alumnos, hasta que sus vistas se encontraron. El sensei intentó sostenerla mientras caminaba hacia él.

-¿No tiene con quien practicar, Osakura….o esta cansado ya? …–le respingó
-Yo estoy con él, sensei. Estaba ajustando mi chaqueta….-le interrumpió otro aprendiz quien inclinaba la cabeza ceremoniosamente.
-Seguro el enemigo tendrá la gentileza de esperarlo, mientras le rebanan la cabeza o lo pasan a tajo. !Ambos están castigados! Secaran el piso al terminar la practica, ahora muévanse.

Si alguien suponía que Okita tendría favoritismos por que el joven Osakura le habia salvado la vida, definitivamente no le conocía y mucho menos esperaría que se lo agradeciera.

-Por lo de hace unas noches atrás. Lo que sea que haya sido eso. Gracias…-fue todo lo que Ranmaru escuchó una vez que terminado el castigo regresaba a sus aposentos a cambiarse de ropa, en la entrada del dojo aun se encontraba Okita, quien no espero respuesta y se dio la vuelta.

El militar si se sentía exhausto. Estaba acostumbrado a la faena y al ejercicio, pero notaba pequeños cambios de ánimo que lo tenían inquieto. Se sentía eufórico y despabilado por las mañanas y sus ojos no dejaban de ver de reojo al joven Mitsuide. Buscaba cualquier pretexto para acercarse a él, corregir alguna postura o simplemente susurrarle que deslizara mas adelante la rodilla o que girara con más soltura hacia la izquierda. Lo que fuera, primero sutil, luego un poco mas atrevido al tocar su hombro para sugerirle que hiciera un cambio de armas. Cuando notó la azulada mirada ligeramente perturbada, se rehizo un poco y dejo de acercarse…pero eso le empezó a corroer.

Tanto como esa herida que adquiría un extraño aspecto. Cicatrizaba lentamente y por momentos tenia la idea de que en vez de desaparecer, se extendía. Una vaga desazón, que llegaba de las frías noches, no le consolaba, primero las pesadillas que lo despertaban sudando frió para luego recostarse con la respiración entrecortada. Su mente vagaba de un pasillo a otro. Unos conocidos, otros, que juraría no habia visto, nuevas puertas. Una en particular donde sus pensamientos se detenían e imaginaba que la golpeaba con las dos manos, por que algo dentro de ella le pertenecía. ¿o era al revés? Cuando se lo cuestionaba su mente volvía rapidamente a su propio aposento y a su propio cuerpo y el sueño llegaba a él en un acto compasivo.

Mientras, afuera del templo los copos de nieve ya se apilaban sobre el suelo y formaba una capa delgada, donde las pisadas de Ranmaru no se notaban.


Flor, nieve y luna
he visto al mismo tiempo
un mes de deutzias.
(Teitoku)

-¿Dime que haces aquí? ¿No tienes frió? Esa capa es delgada.
-Te preguntaría lo mismo, pero se ya no sientes el frió.
-!Hermanito, no es necesario que nevé para mi alma este fría! Pero tú si puedes ganarte un resfriado.
-Te vi desde el ventanal, Ukyo. Pocas veces me dejas verte. ¿quieres decirme algo?
-Vengo aquí a…recordar algo. Algo me inquieta y no sé que es, Ranmaru. Pero lo recordare…-le dijo con una gran sonrisa.
-¿Puedo hacerte una pregunta?...–y continúo cuando el espectro de su hermano le asintió….- ¿Por qué no me dejas liberar tu alma.? Yo podría….
-No…aun no es tiempo. Por alguna razón estoy aquí.
-Yo estoy bien…te amo hermano mió. Pero me duele verte vagar. Además Uneme te espera ¿Por qué lo haces esperar?
-¡Es por él, que aun estoy aquí! No se por que…no lo sé exactamente, pero hay algo que esta inconcluso.
-El jefe del Clan Yendo aun gobierna y mucho daño le hizo a nuestra familia. Pero yo saldare esa cuenta. Lo he prometido ante la tumba de nuestros padres y de la abuela. Pero tú…tú debes descansar.
-Se que tu, harás pagar esa deuda. Pero yo tengo algo mas pendiente….-y su mirada se dirigía a su propia cadenilla de plata que colgaba en su muñeca, tan larga como la de Ranmaru, sin embargo una de las siete cuentas no estaba y con su mano tomó el largo de la cadena, intentando pensar donde la habia perdido, pero la voz de su hermano le saco de su pensamiento.
-Ukyo. ¿Por qué el “kiang-si”, tomó la forma de Uneme, herido?
-Me lo he estado preguntando. Quizás era estupido o es como un recuerdo muy fijo que tengo….de ahí tomo la imagen.
-¿Cómo murió Uneme?...-en total susurro, temiendo ofender a su hermano.

Entonces la vista de melaza del espectro de Ukyo se fijó en la caoba de su hermano y buscaba meditar en ello antes de responder, por que seguro lo sabia. Cuando recordó su pasado, los fragmentos de su vida llegaron de golpe. Algunos en fragmentos incompletos, otras imágenes vividas e intensas como su gran amor.

-Un punzón….una daga larga le atravesó de la espalda al pecho……- respondió Ukyo mientras ponía su mano en su propio pecho y su cara se congestionaba de un dolor que parecía que le atravesaba a él mismo.


Pisotean
las malvas caídas
en la noche.
(Shiki)

-¿Sabes quien fue? ¿Yendo?
-Por su orden….pero el infame de Shyuzen Yendo era un cobarde. No fue él. Yo lo enfrente y no fue él. Fue otra mano quien atravesó el corazón de mi amado Uneme y esta aquí. Lo presiento….. –dijo de pronto, como si del montón de imágenes, algunas fueran seleccionadas o pasaran antes sus ojos…. –le voy a encontrar y le haré pagar….-desvaneciéndose ante la mirada de sorpresa de su hermano, y su voz perdiéndose en el vació. Maldiciendo por el viento frió que empezaba a calarle en los huesos, mientras se cubría con el mantón y regresaba a la calidez del templo.


-¿Puedes decirme que demonios hacías allá afuera, con esta ventisca hablando solo?... –le reclamaba fuertemente Hasame cuando le quitó la chaqueta casi húmeda a Ranmaru y lo arrojaba lejos, mientras le cubría con una manta seca y lo atraía hacia si, abrazándolo….restregando con sus brazos su espalda y sus brazos, para generarle calor…..–podrías enfermarte, ¿en que estabas pensando?
-Ahhhh, eso se siente bien. No hace tanto frió aquí dentro y menos en tus brazos.
-¡No me cambies de tema! Ni me halagues, que apunto estuve de irte a buscar cuando vi que volvías. Eres…eres….-le decía apretándolo contra su pecho y poniendo su nariz pegada a su pelo.
-¿Qué soy?
-Aparte de… inconsciente, la cosa mas linda que camina sobre la nieve y llega a mis brazos.
-¿Siempre eres tan…pasional?.....-le guiño el ojo y buscó su boca, para terminar de compartir calor.



Cristal de lluvia
se desliza en su pelo
entusiasmado.
(Furlog)

La nieve no solo cubría las montañas también, poco a poco el frió habia secado los últimos brotes y cubierto de una gruesa capa los campos, se esparcía como una manto, jalado de un extremo, que terminara por cubrir todo a su paso y en el castillo de Edo, también empezaba a cubrirse. La vida se deslizaba a otro ritmo, alejado un poco de la guerra, los habitantes de la fortaleza buscaban distintas formas de pasar el tiempo.

El viejo general Honda revisaba una y otra vez los inventarios que tenia frente a si, detallando los bienes adquiridos por la milicia, que no coincidían del todo con su propio inventario de bienes recibidos.

-¿Han sido actualizados estos inventarios?.. –preguntaba por segunda vez al anciano secretario que levantó la vista hacia su señor…
-Si, fueron los entregados personalmente por el secretario del comercio. El Shogun Yendo, fue el encargado de suplir los bienes.
-Bien, volveré a revisar esto. Si tengo alguna duda, te la haré saber mañana. Ve a descansar ahora….-le dijo afablemente, mientras tomaba su vaso con sake y miraba el fuego….-antes, manda que ponga un poco más de leña….

Después de mucho indagar Honda tenia en sus manos la prueba de que el jefe del clan Yendo habia estado robando al imperio. Pequeños rumores aquí y allá, le hicieron caer en cuenta de eso. Aunque estaba seguro que Taboe Yendo es demasiado hábil en esconder sus raterías. Era obvio que se confiaba. El favoritismo que el mismo emperador le otorgaba a Yendo era comentado por detrás de las puertas y en susurros. A nadie le gustaría la perder la cabeza, ya fuera por que la esposa del emperador se enterara o por el mismo Ieyasu Tokugawa, quien gozaba por igual con hombres y con mujeres. Quien llevaba su complacencia por su bisexualidad hasta extremos del escándalo.

No. El emperador no estaría muy complacido de oír rumores en el pasillo.

La naturaleza de sus preferencias era bastante inusual. Y lo más escandaloso de todo fue la lluvia de favores que hacia caer sobre sus protegidos sexuales, pero por lo común eran fugaces y rápidamente remplazables. Pero solo Taboe Yendo se habia mantenido a través del tiempo. Quizás por que era un shogun poderoso y entre ello se mediara algo más que las comunes caricias de alcoba. Lo que fuera, intentar llevar un caso ante el emperador por robo y falsificación de inventarios, era hasta insignificante, si Yendo alegaba negligencia.

“¿Quién no tiene empleados incompetentes?“, casi le escuchaba decir para justificarse.

Debía encontrar otra forma y esa llegó unos minutos después. Cuando una mujer acompañaba a su viejo secretario y entraba a sus aposentos personales. Empezó a contarle una historia, una donde se hablaba de una confabulación contra el emperador, donde se estaba comprando los favores de shoguns resentidos por la unificación del imperio, donde se les habia reducido tierras, control e incrementado su participación con el heraldo. Uno de los que organizaba la intriga era nada menos que Yendo.


Noche de luna,
sale el grillo
y canta en la piedra.
(Chiyojo)

-¿Qué pruebas tienes mujer? Es una acusación fuerte. El Shogun Yendo, tiene mucho poder dentro del palacio.
-Conozco a varios de sus contactos. Se que parte de los suplementos de la milicias los tiene en su poder, con eso armara un nuevo ejercito.
-¿Qué ganas tu?
-Justicia….mi hermanos estuvieron en su ejército. Uno de ellos se dio cuenta de las maquinaciones, por que traslado en una ocasión una remesa de pertrechos y le mató. El otro tuvo la misma suerte. Nuestra casa, fue consumida por el fuego. Cuando sepa que he sobrevivido, mi vida no valdrá ni una olla de arroz. ¡Clamo justicia, .pero mi voz no llegara al emperador! Soy una mujer, sin figura paterna ni hermanos. Nada me respalda….-dijo inclinando la vista al suelo, sabiendo que también se jugaba la vida si el general resultaba estar confabulado con Yendo. Pero demasiada cansada ya estaba de huir y esconderse, solo aclamaba a la reputación del viejo general. Aclamada por su mismo ejercito.

”Hombre mas leal no podía tener el emperador a su servicio”

Sopesando las palabras de la mujer, le indicó al viejo secretario que se acercara y le murmuró al oído que le diera protección a la mujer, la enviara a las cocinas donde le dieran de comer, luego vería que hacer con ella. Con todo lo que habia descubierto, de pronto se sintió viejo. Un poco mas y la nevada no ayudaba a reducir el frió, pero una necesidad de cubrir una deuda era mas poderosa.


El pino blanco
ya sacude sus ramas:
la nieve cansa.
(Furlog)

Esa noche, meditó muy bien lo que haría y quien seria su aliado contra Yendo.

Soji Tokugawa se encontraba revisando uno de los muchos informes que estaban sobre su mesa, desde que llegara al palacio habia tomado muy en serio el nuevo papel que su padre, Ieyasu Tokugawa, el emperador, pusiera en sus manos. Le educaba para gobernar y administrar el nuevo formado imperio. Soji era analista y frió.

Meditaba y medía los asuntos y ninguna de sus nuevas órdenes era dada a la ligera. Sus maestros podían estar orgullosos de él. La diplomacia era su fuerte, como la milicia lo era para Jiro, a quien su padre le habia indicado que continuaría preparándose y que tomaría el cargo de General de todos sus ejércitos, una vez que Honda se retirara.

Entre ambos se conjuntaba la idea del nuevo imperio. Diplomacia y milicia e increíblemente los hermanos no discutieron la orden. Ambos se conocían bien y sabían para qué era mejor cada uno. Jiro nunca disputaría el trono, pero si lo protegería con su espada y la última gota de su sangre, si adema sabia que quien lo ocupaba ese puesto era su gemelo…..era el complemento y eran uno.

Por lo menos esa era la idea de Soji, pero últimamente Jiro se sentía abandonado. Desde su llegada a Edo todo había sido nuevas reglas, disciplina, trabajo. El invierno, como la paz habia traído un poco de relax a ese ritmo de vida y las últimas semanas el ocio y las diversiones estuvieron a la mano. Por más que habia intentado acercarse a su hermano en la intimidad no lo lograba. Los cuartos de ambos se conectaban y en cualquiera de los lechos era bueno para retozar pero últimamente la puerta estaba cerrada y era Jiro quien la golpeaba hasta que Soji le abría, mal encarado por despertarle, aunque estuviera en vela y Jiro se terminaba retirando cuando su hermano lo ignoraba.

Maldecía la hora que Hasame Mitsuide se convirtiera en la obsesión de su hermano. Ninguna nueva conquista que Jiro llevaba a las mantas, motivaba a Soji, le acompañaba un rato, pero generalmente le dejaba en los brazos del amante en turno y le cerraba la puerta.

Pero esta vez quien le cerró a puerta a Soji fue su gemelo, cuando intento abrirla se extraño, generalmente eso nunca lo hacia.


***Estoy solo
la noche no tiene compasión
y la soledad….esta aquí...****




Regresó a la sala de audiencias y empezó a beber algo caliente, mientras la figura del viejo general era anunciada y con un leve movimiento de su mano, Honda se inclinó hasta el suelo y pidió hablar.

-Tarde es para audiencias, Honda. Levántate, acompáñame a beber, hacerlo solo es mal presagio.
-Mi señor.
-Soji…..para ti. Aquí y ahora. Fuiste mi maestro por años, ¿a que viene esa ceremonia?
-Eres el hijo del sol….y …..
-Hace un par de años era un mocoso al que le dabas vara. Si aun lo recuerdo muchas me las gane al pulso. No negare eso. ¿dime….tampoco podías dormir?
-No, me he enterado…..
-¿ …?
-¿Puedo hablar sin rodeos?
-¿Alguna vez…no lo haz hecho…? –le dijo luego de inclinar la cabeza y llevar el vaso a su boca.
-Solo para tus oídos….-el general se acercó al joven Soji y empezó a hablar raz de su cuello y aun así bajo la voz. Mientras los ojos del hijo del emperador se abrían cual olla de barro y se hacia trizas la porcelana del vaso que arrojó al suelo, una vez que se levantó y miraba al general Honda.
-¿Seguro…. estas?
-Estoy aquí. Listo a perder mi cabeza, pero no a cometer una negligencia. Prefiero investigar y equivocarme, que no hacer nada y ver reducido toda a añicos.
-Tienes mi autorización….haz lo que sea necesario.

Honda inclinó la cabeza y no espero mas, saliendo de ahí….tan furtivamente como era posible.

Detrás de él, por otra puerta del laberinto de pasillos internos Soji se movía, para llegar a su habitación y haciendo uso de la llave, abrió la puerta de su hermano. Nadie podía calmarlo más que él, pero dentro del revoltijo de mantas y sábanas que había en el lecho, por más que busco no estaba su hermano, sino el cuerpecito boca abajo de un chico.

Soji giró la vista impaciente. Su hermano era un libidinoso de primera. No podía estar demasiadas noches sin meter a alguien en su lecho, así que le tomó de un brazo y le jaló.

-¡Levántate y lárgate de aquí!...–le gritó al tiempo que el chico se levantaba y mostraba su desnudo cuerpo, con la sorpresa pintada en el rostro entonces Soji se detuvo. El chico tenía una linda cara, con unos ojos claros tan extraños de un gris turbio y un puchero a punto de llorar en su carita….cubierta por su negro cabello desordenado.

-¿Jiro…que he hecho? –le hipaba.
-¿Quién eres? –le miraba intrigado Soji. La extraña mirada le habia desarmado. No era ni la sombra de la celeste que le quitaba el sueño, ni mucho menos el temple con que Hasame le hubiera enfrentando por el simple hecho de tomarle del brazo. Ante él, tenia una copia del chico, solo una copia….pero una calca tibia, que sollozaba con las manos en su carita.
-No soy Jiro. ¿Dónde esta…por cierto?..–le preguntó bajando la voz y soltando su agarre sobre el brazo del chico, donde ya habia hecho una marca y vio como el chico se limpiaba la cara con la mano, intentando pensar en lo que acaba de oír y por instinto tomó una sábana y se cubrió…..ese gesto le pareció a Soji demasiado tierno.

-Aghh….yo….perdóneme….-dijo al tiempo que caía al suelo, inclinando la cabeza, ante el hijo del emperador. Una cosa era dormir con uno, otra cosa era llevarse de confianza con otro de ellos, por muy gemelos que fueran.
-¡No le tengas en el suelo!.. –se escuchó una voz detrás y Jiro, envuelto en una toalla, se acercaba al chico para levantarlo y hacerle llegar de nuevo al lecho, para enfrentar a su hermano…. –hace frió. ¿Qué te pasa?
-Te estoy buscando…desde hace rato. Tu puerta estaba cerrada.
-¿Qué raro…verdad? Generalmente la grosería me la haces tú.
-¡Jiro!

El aludido se acercó a su hermano para oler su cuello y luego llegar a sus labios, con un roce de su lengua….-igual como te recuerdo….-le sonrió, mientras se volvía a la cama y abría sus brazos para que un extrañado Zeami se acurrucara.

-¡Mira, lo asustaste!... –mientras acariciaba su cabello.
-Jiro….necesito hablar contigo. Es importante. !Realmente importante!... –le dijo recalcando la ultima frase, moviendo su cabeza indicándole salir. Con lo cual Jiro asintió, mientras le daba un beso al chico a su lado y le decía que le esperara. Se levanto y le indico a su hermano seguirle. Abrió la puerta donde estaban colgados los kimonos y el resto de su ropa y le enfrentó cerrando la puerta.

-Bien. ¿Qué es tan importante?... –le dijo pegando su cuerpo al de su hermano y buscando tocar su cabello.
-Honda a descubierto una conjura. Roban en nuestras narices pertrechos y los utilizaran en nuestra contra. Hay un grupo de shogunes involucrado….- ahora toda la atención de su hermano estaba en sus palabras y se habia separado de él….- tenemos un cabecilla dentro del palacio.
-¿Qué tan infiltrado?
-Dentro de las mantas lujuriosas de nuestro padre.
-¿Yendo? Maldito….perro. ¿Esta confirmado? Nuestro padre no dejara que le toquemos un pelo si no hay pruebas. Ese perro le calienta el lecho hace tiempo y es peligroso como enemigo.
-He autorizado a Honda investigar, pero una vez con pruebas tenemos que desmantelar su operación. Con…o sin la autorización de nuestro padre ¿cuento contigo?

A toda respuesta los brazos de Jiro rodearon el cuello de su hermano, acariciando su nuca….oliendo su pelo.

-A tu lado siempre.
-Bien….nada sale de aquí.
-Podemos amarnos aquí dentro..-le guiñó un ojo.
-Eres…. Por cierto ¿Quién es ese?
-¿Celoso? O te diste cuenta del parecido, seguro que si…..-le dijo riéndose, mientras le tomaba de la mano y salían de ahí….–Zeami, ven. Voy a presentarme a Soji.
-¿Y tu que haces, aparte de tibiarle el lecho de Jiro…-le dijo el gemelo al levantar la barbilla del chico, viéndolo con detalle, como si fuera adquirir un bien.
-Actor…actuó…en el teatro ¿no me ha visto, mi señor?
-¿Teatro?
-Si…hermanito. A esa obra a la que nunca vas, por que consumes todo tu tiempo entre edictos. El bello Zeami, baila y canta, es una preciosidad. Deberías verlo.
-Lo haré, seguro lo haré….-soltando su cara y mirando a su hermano ahora…. –bien me voy.
-¿A dónde? Hay mucho espacio aquí….-le retuvo Jiro del brazo, ante la mirada sorprendida de Zeami, que vio como después de discutir un poco Soji fue convencido de quedarse a compartir las mantas entre ellos..

Y por extraña coincidencia, en esta ocasión fue Jiro quien quedo en medio de ambos ya que Zeami le abrazaba fuertemente, impresionado por la presencia del otro y se alejaba lo más posible. Soji esa noche necesitaba el calor conocido y protector de su hermano, así que se abrazó a su lado a la altura del pecho y mientras veía por unos segundos de reojo la fascinante e inquieta mirada del otro chico, se durmió placidamente.


Lejanos llegan
amortiguados silbos.
Silencio en flor.
(Arevalo)

Otros, en la lejanía aun no lo hacían. Los compañeros del aposento de Hasame en el templo festejaban. Tendrían libre el día siguiente y era una buena razón para beber. El ojiazul no sabía como se las ingeniaban para siempre tener un aguardiente disponible. Si lo intercambian con alguien en las cocinas o lo preparaban a escondidas, lo que fuera aquella bebida caliente, era realmente asquerosa, pero parecía que hacia felices a sus amigos, quienes no pensaban dormir esa noche, entre apuestas y bebida. A la menor distracción salio….él si tenia donde pasar la noche de manera mas agradable.

había sido una semana larga, con Okita vigilando todos y cada uno de sus entrenamientos, buscándole platica o simplemente con esa mirada suya que de pronto sentía sobre él. Ese mismo día le habia retenido, con sugerencia sobre la forma de tensar el arco y otras cosas. Por momentos creía que en efecto, que su sensei se interesaba demasiado en su persona, .pero se equivocaba si creía que le complacería o cedería.

Ranmaru también pensaba aprovechar la noche, había conseguido frutas frescas y ponía el agua en la hornilla para un té aromático y mientras reposaba, pensaba en ir por Hasame y lo sacaría como fuera de la guarida de donde dormía con sus compañeros. Esa noche seria para ellos. No recién ponía la tetera en el fuego, cuando levanto la vista.

Algo no estaba bien, alguien…..habia roto algo y ese alguien no sabia lo que hacia.

Se levantó rápidamente y tomó otro pasillo, corrió y el tintineo de su cadena hacia eco en las oscuros recovecos del monasterio. Solo tenia que llegar antes e impedirle salir, pero al llegar al final del oscuro túnel vio la vieja puerta de madera abierta de par en par. Entró y de los muchos recipientes que contenía, junto con las velas encendidas que las iluminaban, una que recién habia puesto ahí. Ahora estaba en el suelo, rotó el sello que la guardaba y su contenido no estaba esparcido por el suelo.

giró de pronto, viendo que la cara del espectro de su hermano estaba a su lado….sin su sonrisa en ella.
-Alguien ha entrado….-le dijo mostrándole la vasija en el suelo.
-Alguien ha salido.
-¿Solo uno? …–cuestionó Ranmaru...
-Necesita un nuevo cuerpo, el que tenia lo destruimos. Alguien lo albergara y lo transformara…..-respondió el espectro mientras caminaba lentamente sin proyectar sombra en el cuarto iluminado.
-Ten cuidado. Ya te conoce y no confiara en ti….-y antes de llegar a la puerta el espectro de Ukyo se desvaneció.

 

Callado el aire…
desgarrado el cielo
se extingue una luz.

Ranmaru estaba inquieto, aunque su cara nada mostrara, dio la vuelta al último pasillo y entró al aposento donde una mirada azulada le cuestionaba al entrar.

-¿Dónde haz estado? ¿Otra vez de paseo por la nieve? Debió ser en otra parte…por que desde el ventanal no te veías.
-¡Hasame….haz venido!... –y su sonrisa iluminó el recinto un poco mas.
-Claro, he sacado la tetera del fuego antes que se hiciera pedazos. Se ha evaporado toda el agua/ ¿Dónde estabas?..-volvió a preguntarle y le abrazó fuertemente mientras notaba como temblaba su cuerpo, no por el frió ni por la humedad. Simplemente parecía que algo demasiado grande le angustiaba.

-Tengo frió….-le susurró, mientras se acurrucaba en el pecho del ojiazul y en ese momento la porcelana de su piel se disolvió para dar paso a una piel que temblaba . A una que necesita calor, una que solo junto al otro se complementaba. Hasame le miró a los ojos y vio su cansancio y empezó a desajustar su chaqueta y desnudándolo completamente. Viendo como el otro se dejaba hacer. Le metió dentro de las mantas y desde ahí le vio, mientras el mismo se desvestía, para acompañarlo.

-El único calor que necesitas es el mió….-se abrazó a su espalda, atrayéndolo hacia su pecho, juntando su cadera a las suyas y haciendo pasar un brazo por su nuca, mientras que con la otra hacia pequeño círculos en ella y soplaba aire caliente alejando su cabello, dando besitos aquí y allá.

 

****El colibrí
se acerca al narciso
y atrapado queda en su aroma******


-¿Quieres hablar? Dime que te pasa…-le susurraba., una vez que sintió de nueva la tibieza de nuevo en aquel dulce cuerpo.
-Hasame. ¿Cómo me reconocerías en la oscuridad o en la luz de una vela….-ahora el cuerpo del chico se deslizaba sobre el suyo, se ponía frente al suyo….-dime como….-mientras pasaba sus brazos por el cuello del chico y acariciaba su cabello, notando la mirada inquisitiva sobre la suya.
-Tu olor. Ese olor a durazno en la nuca y de cerezo en tu cabello. Él tintineo de tu cadenilla y si tuviera dudas….-lamió lentamente sus labios y luego empezó a besarlos, saboreando, dejándose llevar por la sensación, cerró sus ojos celeste y cuando volvió abrirlos sonrió…-y el sabor dulce de tu boca.

La amplia sonrisa de Ranmaru le indicó que había pasado la prueba, cualquiera que esta fuera y sintió que el chico pasaba una de sus piernas atrapando sus caderas, peligrosa y deliciosamente cerca…..pero no reclamaría.

-¿Por qué lo preguntas, vamos a jugar a las escondidas?...-le guiñó un ojo, mientras le quitaba mechones de cabello de su cara y besaba sus parpados.
-No…pero quiero que tengas presente esta platica, por si algún día. La duda te atormentara.
-¿De que hablas?... –y le retuvo la cara en sus manos.
-Solo recuérdalo, si lo necesitaras. Hay cosas que te contare luego. Mañana, que vayamos a los termales, veremos a los macacos… -le sonreía como un encantador niño que iría de carnaval.
-¿Seguro, no quieres hablar ahora? –pero sintió que la cadera del chico se movía suavemente sobre la suya y las palabras se le fueron de la boca, para ser intercambiadas por un quedo quejido.

Eso que hacia se sentía increíblemente bien y solo alcanzó a sujetarle de la nuca, dejando que el etéreo cuerpo de Ranmaru se volviera material, incandescente. Necesitado se mordió el labio para no seguir gimiendo en voz, pero de nada le sirvió cuando los movimientos se hicieron circulares, haciendo rozar sus virilidades, que en ese momento sentía ardiendo debajo de su cintura. Vagamente pensaba que no debía seguir, que debía detenerse, pero aquello era algo con lo soñaba desde hacia meses.

-¿Esto, esto esta bien? No…no deberíamos parar. Ranmaru. Mírame, debes estar inmaculado.
-Disfrutarlo, seguiré intachable. No tomare hembra ni varón. Solo haré que uno….-gemía una y otra vez….-lo disfrute….-y seguía restregando sus caderas, mientras sus labios encontraron los aureolas de los pezones de Hasame, los cuales lamió. Eso detonó los gemidos por parte del ojiazul y con ello se rompió el pequeño y frágil dique que contenía sus ansias y regó los secos paramos de sus piernas.

Ambos se miraban diciendo el nombre del otro sin que saliera ningún sonido de sus bocas y la cabeza de Ranmaru se apoyó en el pecho de Hasame, donde sentía el intenso latir de su corazón, que armonizaba con el suyo. En un suspiro de tiempo que se hizo eterno, ambos latieron al mismo ritmo, como uno.

El ojiazul separaba el cabello húmedo de la carita sonriente que tenia en su pecho…y le miraba con sorpresa

-Eso fue…..
-¿Intenso…húmedo?
-Maravilloso, al igual que tu….-y le levantó la vista, mientras besaba su cara y lo apretaba a su cuerpo. Luego empezó a cantar una cancioncita, una de amantes que se acurrucan exhaustos una vez que sus ansias se han colmando, mientras se dicen uno al otro, que nada de lo vivido se compara con ese momento.
-Cántala de nuevo. Esa seria una buena canción para nosotros. ”amantes exhaustos”, recuérdame escribirla…-le besaba el cuello y volvía acurrucarse en su pecho.

Por esa noche….la eternidad se podía detener en ellos.