
Cáp.
10 Pequeñas gotitas de roció
X
El olor del cerezo llena el sueño del cerezo
Pequeñas gotitas reunidas no hacen este rocío
Una florecilla esplendece si la luz solar viene a ti.
La luz del día ni se habia atrevido a salir aun por las montañas.
El frió cuajaba no solo el roció de la mañana, sino
toda el agua nieve que se escurría por la piedra del templo y fue
ese sonido deslizante, pausado y desganado que hizo que los ojos de Ranmaru
se abrieran. Él, al igual que el día tenía pereza,
mas cuando a su lado tenía un cuerpo amado y la tibieza de su aliento
en la nuca, mientras que era ligeramente sujetó de sus piernas
por otras. Simplemente era la mejor forma de empezar el día se
dijo, pero aunque le gustara pasarlo completo en ese lugar y en la agradable
compañía de Hasame, las obligaciones se imponían.
Estoy aquí
por estar, y la nieve
sigue cayendo.
(Issa)
Intentó
girar lentamente, para no despertarle aun, pero al hacerlo, unos ojos
celestes ya le miraban y unos labios le sonreían mientras atrapaban
los suyos, nada como ser preso de esos ojos y esa boca.
-¿Dormiste
bien? …-le preguntó rozando su nariz a su carita de porcelana.
-La mejor noche desde que estamos aquí.
-Repitámosla en otra ocasión.
-No será tan fácil, pero haré lo posible. Ahora hay
que salir antes del primer bong o tus compañeros notaran tu falta.
Te mostrare el pasadizo por el cual podrás regresar.
Ambos
se levantaron, mientras se vestían rápidamente, luego Hasame
amarraba la cinta del saco de Ranmaru, olía el intenso aroma de
durazno del cual no se hastiaba y le dejaba ir mientras rozaba sus dedos
en un cambio de pasillo. El primer bong se escuchó cuando ambos
ya estaban en sus aposentos, dando inicio las actividades del templo y
se unieron a ellas.
Mientras
que a unos, la noche les habia sido grata, para otros empezaba a convertirse
en un infierno. Sumido en pesadillas y sudando copiosamente Hyozo Okita,
habia presentido su muerte y lo que le llenó de pavor fue esa larga
cadena de plata, que se enredaba en su garganta, cortando y quemando.
Una y otra vez el sueño le invadió y la mirada furiosa de
Osakura no lo dejaba descansar. Eso, al igual que la extrañas marcas
que no sanaban, donde el “kiang-si” había cortado y
lamido. Una infección que seguro el médico podría
curar y pasaría hacerlo antes de la clase de la mañana.
Habiendo enfermado en el camino,
mis sueños merodean
por páramos yermos.
(Basho)
-Veo
que sigue mejor, sensei, el médico me ha dicho que tenia algo de
fiebre…-sonrió el regente frente a un abundante tazón
de avena caliente.
-Un corte, nada grave…-con cierta dejadez, era cierto se sentía
bien, hasta eufórico días después de la visita, quizás
por las hierbas que le diera el yerbero.
-Me alegra, por cierto quería informarle que el joven Osakura estará
en su clase a partir de hoy.
-Creí que estaría bajo su supervisión…..-volviendo
toda su atención al anciano.
-Y así será, continuare con su educación, pero ha
insistido en empezar a practicar con la espada y después de todo
proviene de una familia guerrera. Así que creo que ambas actividades
se acoplan muy bien con sus habilidades y su personalidad. ¿no
habrá ningún inconveniente, supongo?
-Ninguno…me agradara ver sus habilidades.
No supo si fue la sonrisa que le dirigió el anciano o la última
oración que lo dejo inquieto, pero de algo estaba seguro, caminaba
hacia su destino.
Pero
como buen guerrero, lejos de evitarlo lo enfrentó.
Canto de cigarra.
Aunque no lo parece,
pronto morirá.
(Bashoo)
Acomodado
filas atrás vio la etérea figura del chico Osakura, enfundando
en un rudo traje de entrenamiento y confirmó una vez la mirada
distante, el perfil erguido, sin expresión aparente. Le vio moverse
suavemente imitando una grulla sobre el pantano, simplemente deslizándose,
dejándole absorto, no tanto por que la belleza no le impactara,
sino por que él mismo conocía que esa era solo una ilusión.
Ni era frágil ni inconmovible, pero la porcelana esta diseñada
para soportar altas presiones y esta era de alta calidad. No se quebraría
al primer impacto, ni cuando uso la vara para castigarle, por una falta
inexiste, solo para medir su temple.
-Bien….ahora
en parejas. ¡Vamos!...-les gritó al grupo de aprendices que
esa mañana no veían la hora de que el entrenamiento terminara,
por alguna razón Okita se desquitaba con ellos.
-¿Puede saberse que le pasa ahora? El sensei piensa partirnos hoy
…- Ranmaru oyó susurrar casi entre dientes a un par de aprendices
a un lado suyo y giró la vista para buscar a Okita, quien vigilaba
la practica atentamente de Hasame, aunque se movía de un lugar
a otro, viendo al conjunto de sus alumnos, hasta que sus vistas se encontraron.
El sensei intentó sostenerla mientras caminaba hacia él.
-¿No
tiene con quien practicar, Osakura….o esta cansado ya? …–le
respingó
-Yo estoy con él, sensei. Estaba ajustando mi chaqueta….-le
interrumpió otro aprendiz quien inclinaba la cabeza ceremoniosamente.
-Seguro el enemigo tendrá la gentileza de esperarlo, mientras le
rebanan la cabeza o lo pasan a tajo. !Ambos están castigados! Secaran
el piso al terminar la practica, ahora muévanse.
Si
alguien suponía que Okita tendría favoritismos por que el
joven Osakura le habia salvado la vida, definitivamente no le conocía
y mucho menos esperaría que se lo agradeciera.
-Por
lo de hace unas noches atrás. Lo que sea que haya sido eso. Gracias…-fue
todo lo que Ranmaru escuchó una vez que terminado el castigo regresaba
a sus aposentos a cambiarse de ropa, en la entrada del dojo aun se encontraba
Okita, quien no espero respuesta y se dio la vuelta.
El
militar si se sentía exhausto. Estaba acostumbrado a la faena y
al ejercicio, pero notaba pequeños cambios de ánimo que
lo tenían inquieto. Se sentía eufórico y despabilado
por las mañanas y sus ojos no dejaban de ver de reojo al joven
Mitsuide. Buscaba cualquier pretexto para acercarse a él, corregir
alguna postura o simplemente susurrarle que deslizara mas adelante la
rodilla o que girara con más soltura hacia la izquierda. Lo que
fuera, primero sutil, luego un poco mas atrevido al tocar su hombro para
sugerirle que hiciera un cambio de armas. Cuando notó la azulada
mirada ligeramente perturbada, se rehizo un poco y dejo de acercarse…pero
eso le empezó a corroer.
Tanto
como esa herida que adquiría un extraño aspecto. Cicatrizaba
lentamente y por momentos tenia la idea de que en vez de desaparecer,
se extendía. Una vaga desazón, que llegaba de las frías
noches, no le consolaba, primero las pesadillas que lo despertaban sudando
frió para luego recostarse con la respiración entrecortada.
Su mente vagaba de un pasillo a otro. Unos conocidos, otros, que juraría
no habia visto, nuevas puertas. Una en particular donde sus pensamientos
se detenían e imaginaba que la golpeaba con las dos manos, por
que algo dentro de ella le pertenecía. ¿o era al revés?
Cuando se lo cuestionaba su mente volvía rapidamente a su propio
aposento y a su propio cuerpo y el sueño llegaba a él en
un acto compasivo.
Mientras,
afuera del templo los copos de nieve ya se apilaban sobre el suelo y formaba
una capa delgada, donde las pisadas de Ranmaru no se notaban.
Flor, nieve y luna
he visto al mismo tiempo
un mes de deutzias.
(Teitoku)
-¿Dime
que haces aquí? ¿No tienes frió? Esa capa es delgada.
-Te preguntaría lo mismo, pero se ya no sientes el frió.
-!Hermanito, no es necesario que nevé para mi alma este fría!
Pero tú si puedes ganarte un resfriado.
-Te vi desde el ventanal, Ukyo. Pocas veces me dejas verte. ¿quieres
decirme algo?
-Vengo aquí a…recordar algo. Algo me inquieta y no sé
que es, Ranmaru. Pero lo recordare…-le dijo con una gran sonrisa.
-¿Puedo hacerte una pregunta?...–y continúo cuando
el espectro de su hermano le asintió….- ¿Por qué
no me dejas liberar tu alma.? Yo podría….
-No…aun no es tiempo. Por alguna razón estoy aquí.
-Yo estoy bien…te amo hermano mió. Pero me duele verte vagar.
Además Uneme te espera ¿Por qué lo haces esperar?
-¡Es por él, que aun estoy aquí! No se por que…no
lo sé exactamente, pero hay algo que esta inconcluso.
-El jefe del Clan Yendo aun gobierna y mucho daño le hizo a nuestra
familia. Pero yo saldare esa cuenta. Lo he prometido ante la tumba de
nuestros padres y de la abuela. Pero tú…tú debes descansar.
-Se que tu, harás pagar esa deuda. Pero yo tengo algo mas pendiente….-y
su mirada se dirigía a su propia cadenilla de plata que colgaba
en su muñeca, tan larga como la de Ranmaru, sin embargo una de
las siete cuentas no estaba y con su mano tomó el largo de la cadena,
intentando pensar donde la habia perdido, pero la voz de su hermano le
saco de su pensamiento.
-Ukyo. ¿Por qué el “kiang-si”, tomó la
forma de Uneme, herido?
-Me lo he estado preguntando. Quizás era estupido o es como un
recuerdo muy fijo que tengo….de ahí tomo la imagen.
-¿Cómo murió Uneme?...-en total susurro, temiendo
ofender a su hermano.
Entonces
la vista de melaza del espectro de Ukyo se fijó en la caoba de
su hermano y buscaba meditar en ello antes de responder, por que seguro
lo sabia. Cuando recordó su pasado, los fragmentos de su vida llegaron
de golpe. Algunos en fragmentos incompletos, otras imágenes vividas
e intensas como su gran amor.
-Un
punzón….una daga larga le atravesó de la espalda al
pecho……- respondió Ukyo mientras ponía su mano
en su propio pecho y su cara se congestionaba de un dolor que parecía
que le atravesaba a él mismo.
Pisotean
las malvas caídas
en la noche.
(Shiki)
-¿Sabes
quien fue? ¿Yendo?
-Por su orden….pero el infame de Shyuzen Yendo era un cobarde. No
fue él. Yo lo enfrente y no fue él. Fue otra mano quien
atravesó el corazón de mi amado Uneme y esta aquí.
Lo presiento….. –dijo de pronto, como si del montón
de imágenes, algunas fueran seleccionadas o pasaran antes sus ojos….
–le voy a encontrar y le haré pagar….-desvaneciéndose
ante la mirada de sorpresa de su hermano, y su voz perdiéndose
en el vació. Maldiciendo por el viento frió que empezaba
a calarle en los huesos, mientras se cubría con el mantón
y regresaba a la calidez del templo.
-¿Puedes decirme que demonios hacías allá afuera,
con esta ventisca hablando solo?... –le reclamaba fuertemente Hasame
cuando le quitó la chaqueta casi húmeda a Ranmaru y lo arrojaba
lejos, mientras le cubría con una manta seca y lo atraía
hacia si, abrazándolo….restregando con sus brazos su espalda
y sus brazos, para generarle calor…..–podrías enfermarte,
¿en que estabas pensando?
-Ahhhh, eso se siente bien. No hace tanto frió aquí dentro
y menos en tus brazos.
-¡No me cambies de tema! Ni me halagues, que apunto estuve de irte
a buscar cuando vi que volvías. Eres…eres….-le decía
apretándolo contra su pecho y poniendo su nariz pegada a su pelo.
-¿Qué soy?
-Aparte de… inconsciente, la cosa mas linda que camina sobre la
nieve y llega a mis brazos.
-¿Siempre eres tan…pasional?.....-le guiño el ojo
y buscó su boca, para terminar de compartir calor.
Cristal de lluvia
se desliza en su pelo
entusiasmado.
(Furlog)
La
nieve no solo cubría las montañas también, poco a
poco el frió habia secado los últimos brotes y cubierto
de una gruesa capa los campos, se esparcía como una manto, jalado
de un extremo, que terminara por cubrir todo a su paso y en el castillo
de Edo, también empezaba a cubrirse. La vida se deslizaba a otro
ritmo, alejado un poco de la guerra, los habitantes de la fortaleza buscaban
distintas formas de pasar el tiempo.
El
viejo general Honda revisaba una y otra vez los inventarios que tenia
frente a si, detallando los bienes adquiridos por la milicia, que no coincidían
del todo con su propio inventario de bienes recibidos.
-¿Han
sido actualizados estos inventarios?.. –preguntaba por segunda vez
al anciano secretario que levantó la vista hacia su señor…
-Si, fueron los entregados personalmente por el secretario del comercio.
El Shogun Yendo, fue el encargado de suplir los bienes.
-Bien, volveré a revisar esto. Si tengo alguna duda, te la haré
saber mañana. Ve a descansar ahora….-le dijo afablemente,
mientras tomaba su vaso con sake y miraba el fuego….-antes, manda
que ponga un poco más de leña….
Después
de mucho indagar Honda tenia en sus manos la prueba de que el jefe del
clan Yendo habia estado robando al imperio. Pequeños rumores aquí
y allá, le hicieron caer en cuenta de eso. Aunque estaba seguro
que Taboe Yendo es demasiado hábil en esconder sus raterías.
Era obvio que se confiaba. El favoritismo que el mismo emperador le otorgaba
a Yendo era comentado por detrás de las puertas y en susurros.
A nadie le gustaría la perder la cabeza, ya fuera por que la esposa
del emperador se enterara o por el mismo Ieyasu Tokugawa, quien gozaba
por igual con hombres y con mujeres. Quien llevaba su complacencia por
su bisexualidad hasta extremos del escándalo.
No.
El emperador no estaría muy complacido de oír rumores en
el pasillo.
La
naturaleza de sus preferencias era bastante inusual. Y lo más escandaloso
de todo fue la lluvia de favores que hacia caer sobre sus protegidos sexuales,
pero por lo común eran fugaces y rápidamente remplazables.
Pero solo Taboe Yendo se habia mantenido a través del tiempo. Quizás
por que era un shogun poderoso y entre ello se mediara algo más
que las comunes caricias de alcoba. Lo que fuera, intentar llevar un caso
ante el emperador por robo y falsificación de inventarios, era
hasta insignificante, si Yendo alegaba negligencia.
“¿Quién
no tiene empleados incompetentes?“, casi le escuchaba decir para
justificarse.
Debía
encontrar otra forma y esa llegó unos minutos después. Cuando
una mujer acompañaba a su viejo secretario y entraba a sus aposentos
personales. Empezó a contarle una historia, una donde se hablaba
de una confabulación contra el emperador, donde se estaba comprando
los favores de shoguns resentidos por la unificación del imperio,
donde se les habia reducido tierras, control e incrementado su participación
con el heraldo. Uno de los que organizaba la intriga era nada menos que
Yendo.
Noche de luna,
sale el grillo
y canta en la piedra.
(Chiyojo)
-¿Qué
pruebas tienes mujer? Es una acusación fuerte. El Shogun Yendo,
tiene mucho poder dentro del palacio.
-Conozco a varios de sus contactos. Se que parte de los suplementos de
la milicias los tiene en su poder, con eso armara un nuevo ejercito.
-¿Qué ganas tu?
-Justicia….mi hermanos estuvieron en su ejército. Uno de
ellos se dio cuenta de las maquinaciones, por que traslado en una ocasión
una remesa de pertrechos y le mató. El otro tuvo la misma suerte.
Nuestra casa, fue consumida por el fuego. Cuando sepa que he sobrevivido,
mi vida no valdrá ni una olla de arroz. ¡Clamo justicia,
.pero mi voz no llegara al emperador! Soy una mujer, sin figura paterna
ni hermanos. Nada me respalda….-dijo inclinando la vista al suelo,
sabiendo que también se jugaba la vida si el general resultaba
estar confabulado con Yendo. Pero demasiada cansada ya estaba de huir
y esconderse, solo aclamaba a la reputación del viejo general.
Aclamada por su mismo ejercito.
”Hombre
mas leal no podía tener el emperador a su servicio”
Sopesando
las palabras de la mujer, le indicó al viejo secretario que se
acercara y le murmuró al oído que le diera protección
a la mujer, la enviara a las cocinas donde le dieran de comer, luego vería
que hacer con ella. Con todo lo que habia descubierto, de pronto se sintió
viejo. Un poco mas y la nevada no ayudaba a reducir el frió, pero
una necesidad de cubrir una deuda era mas poderosa.
El pino blanco
ya sacude sus ramas:
la nieve cansa.
(Furlog)
Esa
noche, meditó muy bien lo que haría y quien seria su aliado
contra Yendo.
Soji
Tokugawa se encontraba revisando uno de los muchos informes que estaban
sobre su mesa, desde que llegara al palacio habia tomado muy en serio
el nuevo papel que su padre, Ieyasu Tokugawa, el emperador, pusiera en
sus manos. Le educaba para gobernar y administrar el nuevo formado imperio.
Soji era analista y frió.
Meditaba
y medía los asuntos y ninguna de sus nuevas órdenes era
dada a la ligera. Sus maestros podían estar orgullosos de él.
La diplomacia era su fuerte, como la milicia lo era para Jiro, a quien
su padre le habia indicado que continuaría preparándose
y que tomaría el cargo de General de todos sus ejércitos,
una vez que Honda se retirara.
Entre
ambos se conjuntaba la idea del nuevo imperio. Diplomacia y milicia e
increíblemente los hermanos no discutieron la orden. Ambos se conocían
bien y sabían para qué era mejor cada uno. Jiro nunca disputaría
el trono, pero si lo protegería con su espada y la última
gota de su sangre, si adema sabia que quien lo ocupaba ese puesto era
su gemelo…..era el complemento y eran uno.
Por
lo menos esa era la idea de Soji, pero últimamente Jiro se sentía
abandonado. Desde su llegada a Edo todo había sido nuevas reglas,
disciplina, trabajo. El invierno, como la paz habia traído un poco
de relax a ese ritmo de vida y las últimas semanas el ocio y las
diversiones estuvieron a la mano. Por más que habia intentado acercarse
a su hermano en la intimidad no lo lograba. Los cuartos de ambos se conectaban
y en cualquiera de los lechos era bueno para retozar pero últimamente
la puerta estaba cerrada y era Jiro quien la golpeaba hasta que Soji le
abría, mal encarado por despertarle, aunque estuviera en vela y
Jiro se terminaba retirando cuando su hermano lo ignoraba.
Maldecía
la hora que Hasame Mitsuide se convirtiera en la obsesión de su
hermano. Ninguna nueva conquista que Jiro llevaba a las mantas, motivaba
a Soji, le acompañaba un rato, pero generalmente le dejaba en los
brazos del amante en turno y le cerraba la puerta.
Pero
esta vez quien le cerró a puerta a Soji fue su gemelo, cuando intento
abrirla se extraño, generalmente eso nunca lo hacia.
***Estoy solo
la noche no tiene compasión
y la soledad….esta aquí...****
Regresó a la sala de audiencias y empezó a beber algo caliente,
mientras la figura del viejo general era anunciada y con un leve movimiento
de su mano, Honda se inclinó hasta el suelo y pidió hablar.
-Tarde
es para audiencias, Honda. Levántate, acompáñame
a beber, hacerlo solo es mal presagio.
-Mi señor.
-Soji…..para ti. Aquí y ahora. Fuiste mi maestro por años,
¿a que viene esa ceremonia?
-Eres el hijo del sol….y …..
-Hace un par de años era un mocoso al que le dabas vara. Si aun
lo recuerdo muchas me las gane al pulso. No negare eso. ¿dime….tampoco
podías dormir?
-No, me he enterado…..
-¿ …?
-¿Puedo hablar sin rodeos?
-¿Alguna vez…no lo haz hecho…? –le dijo luego
de inclinar la cabeza y llevar el vaso a su boca.
-Solo para tus oídos….-el general se acercó al joven
Soji y empezó a hablar raz de su cuello y aun así bajo la
voz. Mientras los ojos del hijo del emperador se abrían cual olla
de barro y se hacia trizas la porcelana del vaso que arrojó al
suelo, una vez que se levantó y miraba al general Honda.
-¿Seguro…. estas?
-Estoy aquí. Listo a perder mi cabeza, pero no a cometer una negligencia.
Prefiero investigar y equivocarme, que no hacer nada y ver reducido toda
a añicos.
-Tienes mi autorización….haz lo que sea necesario.
Honda
inclinó la cabeza y no espero mas, saliendo de ahí….tan
furtivamente como era posible.
Detrás
de él, por otra puerta del laberinto de pasillos internos Soji
se movía, para llegar a su habitación y haciendo uso de
la llave, abrió la puerta de su hermano. Nadie podía calmarlo
más que él, pero dentro del revoltijo de mantas y sábanas
que había en el lecho, por más que busco no estaba su hermano,
sino el cuerpecito boca abajo de un chico.
Soji
giró la vista impaciente. Su hermano era un libidinoso de primera.
No podía estar demasiadas noches sin meter a alguien en su lecho,
así que le tomó de un brazo y le jaló.
-¡Levántate
y lárgate de aquí!...–le gritó al tiempo que
el chico se levantaba y mostraba su desnudo cuerpo, con la sorpresa pintada
en el rostro entonces Soji se detuvo. El chico tenía una linda
cara, con unos ojos claros tan extraños de un gris turbio y un
puchero a punto de llorar en su carita….cubierta por su negro cabello
desordenado.
-¿Jiro…que
he hecho? –le hipaba.
-¿Quién eres? –le miraba intrigado Soji. La extraña
mirada le habia desarmado. No era ni la sombra de la celeste que le quitaba
el sueño, ni mucho menos el temple con que Hasame le hubiera enfrentando
por el simple hecho de tomarle del brazo. Ante él, tenia una copia
del chico, solo una copia….pero una calca tibia, que sollozaba con
las manos en su carita.
-No soy Jiro. ¿Dónde esta…por cierto?..–le preguntó
bajando la voz y soltando su agarre sobre el brazo del chico, donde ya
habia hecho una marca y vio como el chico se limpiaba la cara con la mano,
intentando pensar en lo que acaba de oír y por instinto tomó
una sábana y se cubrió…..ese gesto le pareció
a Soji demasiado tierno.
-Aghh….yo….perdóneme….-dijo
al tiempo que caía al suelo, inclinando la cabeza, ante el hijo
del emperador. Una cosa era dormir con uno, otra cosa era llevarse de
confianza con otro de ellos, por muy gemelos que fueran.
-¡No le tengas en el suelo!.. –se escuchó una voz detrás
y Jiro, envuelto en una toalla, se acercaba al chico para levantarlo y
hacerle llegar de nuevo al lecho, para enfrentar a su hermano….
–hace frió. ¿Qué te pasa?
-Te estoy buscando…desde hace rato. Tu puerta estaba cerrada.
-¿Qué raro…verdad? Generalmente la grosería
me la haces tú.
-¡Jiro!
El
aludido se acercó a su hermano para oler su cuello y luego llegar
a sus labios, con un roce de su lengua….-igual como te recuerdo….-le
sonrió, mientras se volvía a la cama y abría sus
brazos para que un extrañado Zeami se acurrucara.
-¡Mira,
lo asustaste!... –mientras acariciaba su cabello.
-Jiro….necesito hablar contigo. Es importante. !Realmente importante!...
–le dijo recalcando la ultima frase, moviendo su cabeza indicándole
salir. Con lo cual Jiro asintió, mientras le daba un beso al chico
a su lado y le decía que le esperara. Se levanto y le indico a
su hermano seguirle. Abrió la puerta donde estaban colgados los
kimonos y el resto de su ropa y le enfrentó cerrando la puerta.
-Bien.
¿Qué es tan importante?... –le dijo pegando su cuerpo
al de su hermano y buscando tocar su cabello.
-Honda a descubierto una conjura. Roban en nuestras narices pertrechos
y los utilizaran en nuestra contra. Hay un grupo de shogunes involucrado….-
ahora toda la atención de su hermano estaba en sus palabras y se
habia separado de él….- tenemos un cabecilla dentro del palacio.
-¿Qué tan infiltrado?
-Dentro de las mantas lujuriosas de nuestro padre.
-¿Yendo? Maldito….perro. ¿Esta confirmado? Nuestro
padre no dejara que le toquemos un pelo si no hay pruebas. Ese perro le
calienta el lecho hace tiempo y es peligroso como enemigo.
-He autorizado a Honda investigar, pero una vez con pruebas tenemos que
desmantelar su operación. Con…o sin la autorización
de nuestro padre ¿cuento contigo?
A
toda respuesta los brazos de Jiro rodearon el cuello de su hermano, acariciando
su nuca….oliendo su pelo.
-A
tu lado siempre.
-Bien….nada sale de aquí.
-Podemos amarnos aquí dentro..-le guiñó un ojo.
-Eres…. Por cierto ¿Quién es ese?
-¿Celoso? O te diste cuenta del parecido, seguro que si…..-le
dijo riéndose, mientras le tomaba de la mano y salían de
ahí….–Zeami, ven. Voy a presentarme a Soji.
-¿Y tu que haces, aparte de tibiarle el lecho de Jiro…-le
dijo el gemelo al levantar la barbilla del chico, viéndolo con
detalle, como si fuera adquirir un bien.
-Actor…actuó…en el teatro ¿no me ha visto, mi
señor?
-¿Teatro?
-Si…hermanito. A esa obra a la que nunca vas, por que consumes todo
tu tiempo entre edictos. El bello Zeami, baila y canta, es una preciosidad.
Deberías verlo.
-Lo haré, seguro lo haré….-soltando su cara y mirando
a su hermano ahora…. –bien me voy.
-¿A dónde? Hay mucho espacio aquí….-le retuvo
Jiro del brazo, ante la mirada sorprendida de Zeami, que vio como después
de discutir un poco Soji fue convencido de quedarse a compartir las mantas
entre ellos..
Y
por extraña coincidencia, en esta ocasión fue Jiro quien
quedo en medio de ambos ya que Zeami le abrazaba fuertemente, impresionado
por la presencia del otro y se alejaba lo más posible. Soji esa
noche necesitaba el calor conocido y protector de su hermano, así
que se abrazó a su lado a la altura del pecho y mientras veía
por unos segundos de reojo la fascinante e inquieta mirada del otro chico,
se durmió placidamente.
Lejanos llegan
amortiguados silbos.
Silencio en flor.
(Arevalo)
Otros,
en la lejanía aun no lo hacían. Los compañeros del
aposento de Hasame en el templo festejaban. Tendrían libre el día
siguiente y era una buena razón para beber. El ojiazul no sabía
como se las ingeniaban para siempre tener un aguardiente disponible. Si
lo intercambian con alguien en las cocinas o lo preparaban a escondidas,
lo que fuera aquella bebida caliente, era realmente asquerosa, pero parecía
que hacia felices a sus amigos, quienes no pensaban dormir esa noche,
entre apuestas y bebida. A la menor distracción salio….él
si tenia donde pasar la noche de manera mas agradable.
había
sido una semana larga, con Okita vigilando todos y cada uno de sus entrenamientos,
buscándole platica o simplemente con esa mirada suya que de pronto
sentía sobre él. Ese mismo día le habia retenido,
con sugerencia sobre la forma de tensar el arco y otras cosas. Por momentos
creía que en efecto, que su sensei se interesaba demasiado en su
persona, .pero se equivocaba si creía que le complacería
o cedería.
Ranmaru
también pensaba aprovechar la noche, había conseguido frutas
frescas y ponía el agua en la hornilla para un té aromático
y mientras reposaba, pensaba en ir por Hasame y lo sacaría como
fuera de la guarida de donde dormía con sus compañeros.
Esa noche seria para ellos. No recién ponía la tetera en
el fuego, cuando levanto la vista.
Algo
no estaba bien, alguien…..habia roto algo y ese alguien no sabia
lo que hacia.
Se
levantó rápidamente y tomó otro pasillo, corrió
y el tintineo de su cadena hacia eco en las oscuros recovecos del monasterio.
Solo tenia que llegar antes e impedirle salir, pero al llegar al final
del oscuro túnel vio la vieja puerta de madera abierta de par en
par. Entró y de los muchos recipientes que contenía, junto
con las velas encendidas que las iluminaban, una que recién habia
puesto ahí. Ahora estaba en el suelo, rotó el sello que
la guardaba y su contenido no estaba esparcido por el suelo.
giró
de pronto, viendo que la cara del espectro de su hermano estaba a su lado….sin
su sonrisa en ella.
-Alguien ha entrado….-le dijo mostrándole la vasija en el
suelo.
-Alguien ha salido.
-¿Solo uno? …–cuestionó Ranmaru...
-Necesita un nuevo cuerpo, el que tenia lo destruimos. Alguien lo albergara
y lo transformara…..-respondió el espectro mientras caminaba
lentamente sin proyectar sombra en el cuarto iluminado.
-Ten cuidado. Ya te conoce y no confiara en ti….-y antes de llegar
a la puerta el espectro de Ukyo se desvaneció.
Callado
el aire…
desgarrado el cielo
se extingue una luz.
Ranmaru
estaba inquieto, aunque su cara nada mostrara, dio la vuelta al último
pasillo y entró al aposento donde una mirada azulada le cuestionaba
al entrar.
-¿Dónde
haz estado? ¿Otra vez de paseo por la nieve? Debió ser en
otra parte…por que desde el ventanal no te veías.
-¡Hasame….haz venido!... –y su sonrisa iluminó
el recinto un poco mas.
-Claro, he sacado la tetera del fuego antes que se hiciera pedazos. Se
ha evaporado toda el agua/ ¿Dónde estabas?..-volvió
a preguntarle y le abrazó fuertemente mientras notaba como temblaba
su cuerpo, no por el frió ni por la humedad. Simplemente parecía
que algo demasiado grande le angustiaba.
-Tengo
frió….-le susurró, mientras se acurrucaba en el pecho
del ojiazul y en ese momento la porcelana de su piel se disolvió
para dar paso a una piel que temblaba . A una que necesita calor, una
que solo junto al otro se complementaba. Hasame le miró a los ojos
y vio su cansancio y empezó a desajustar su chaqueta y desnudándolo
completamente. Viendo como el otro se dejaba hacer. Le metió dentro
de las mantas y desde ahí le vio, mientras el mismo se desvestía,
para acompañarlo.
-El
único calor que necesitas es el mió….-se abrazó
a su espalda, atrayéndolo hacia su pecho, juntando su cadera a
las suyas y haciendo pasar un brazo por su nuca, mientras que con la otra
hacia pequeño círculos en ella y soplaba aire caliente alejando
su cabello, dando besitos aquí y allá.
****El
colibrí
se acerca al narciso
y atrapado queda en su aroma******
-¿Quieres hablar? Dime que te pasa…-le susurraba., una vez
que sintió de nueva la tibieza de nuevo en aquel dulce cuerpo.
-Hasame. ¿Cómo me reconocerías en la oscuridad o
en la luz de una vela….-ahora el cuerpo del chico se deslizaba sobre
el suyo, se ponía frente al suyo….-dime como….-mientras
pasaba sus brazos por el cuello del chico y acariciaba su cabello, notando
la mirada inquisitiva sobre la suya.
-Tu olor. Ese olor a durazno en la nuca y de cerezo en tu cabello. Él
tintineo de tu cadenilla y si tuviera dudas….-lamió lentamente
sus labios y luego empezó a besarlos, saboreando, dejándose
llevar por la sensación, cerró sus ojos celeste y cuando
volvió abrirlos sonrió…-y el sabor dulce de tu boca.
La
amplia sonrisa de Ranmaru le indicó que había pasado la
prueba, cualquiera que esta fuera y sintió que el chico pasaba
una de sus piernas atrapando sus caderas, peligrosa y deliciosamente cerca…..pero
no reclamaría.
-¿Por
qué lo preguntas, vamos a jugar a las escondidas?...-le guiñó
un ojo, mientras le quitaba mechones de cabello de su cara y besaba sus
parpados.
-No…pero quiero que tengas presente esta platica, por si algún
día. La duda te atormentara.
-¿De que hablas?... –y le retuvo la cara en sus manos.
-Solo recuérdalo, si lo necesitaras. Hay cosas que te contare luego.
Mañana, que vayamos a los termales, veremos a los macacos…
-le sonreía como un encantador niño que iría de carnaval.
-¿Seguro, no quieres hablar ahora? –pero sintió que
la cadera del chico se movía suavemente sobre la suya y las palabras
se le fueron de la boca, para ser intercambiadas por un quedo quejido.
Eso
que hacia se sentía increíblemente bien y solo alcanzó
a sujetarle de la nuca, dejando que el etéreo cuerpo de Ranmaru
se volviera material, incandescente. Necesitado se mordió el labio
para no seguir gimiendo en voz, pero de nada le sirvió cuando los
movimientos se hicieron circulares, haciendo rozar sus virilidades, que
en ese momento sentía ardiendo debajo de su cintura. Vagamente
pensaba que no debía seguir, que debía detenerse, pero aquello
era algo con lo soñaba desde hacia meses.
-¿Esto,
esto esta bien? No…no deberíamos parar. Ranmaru. Mírame,
debes estar inmaculado.
-Disfrutarlo, seguiré intachable. No tomare hembra ni varón.
Solo haré que uno….-gemía una y otra vez….-lo
disfrute….-y seguía restregando sus caderas, mientras sus
labios encontraron los aureolas de los pezones de Hasame, los cuales lamió.
Eso detonó los gemidos por parte del ojiazul y con ello se rompió
el pequeño y frágil dique que contenía sus ansias
y regó los secos paramos de sus piernas.
Ambos
se miraban diciendo el nombre del otro sin que saliera ningún sonido
de sus bocas y la cabeza de Ranmaru se apoyó en el pecho de Hasame,
donde sentía el intenso latir de su corazón, que armonizaba
con el suyo. En un suspiro de tiempo que se hizo eterno, ambos latieron
al mismo ritmo, como uno.
El
ojiazul separaba el cabello húmedo de la carita sonriente que tenia
en su pecho…y le miraba con sorpresa
-Eso
fue…..
-¿Intenso…húmedo?
-Maravilloso, al igual que tu….-y le levantó la vista, mientras
besaba su cara y lo apretaba a su cuerpo. Luego empezó a cantar
una cancioncita, una de amantes que se acurrucan exhaustos una vez que
sus ansias se han colmando, mientras se dicen uno al otro, que nada de
lo vivido se compara con ese momento.
-Cántala de nuevo. Esa seria una buena canción para nosotros.
”amantes exhaustos”, recuérdame escribirla…-le
besaba el cuello y volvía acurrucarse en su pecho.
Por
esa noche….la eternidad se podía detener en ellos.
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