Clasificación: NC-17
Pareja (s): Hasame/ Ranmaru La mayoría de los personajes de esta historia son propiedad de la historia mitológica japonesa. El poema inicial pertenece a la obra de Shinishi: “Poemas del samurai ciego”. Los poemas intercalados son Haiku japoneses, algunos son anónimos, otros no.
Avisos: Relaciones de h/h

 

Cáp. 12 Reflejos del sol

XII
Soñé un olor que me recuerda la visión de Buddha
Tenía forma de un pequeño arbolillo sobre un acantilado
Seguro era el reflejo del sol sobre mi espalda.

 

El viento habia azotado una y otra vez la rígida construcción del templo de la montaña nublada, con la intención de reducirlo a escombros, pero el edificio adherido a la roca y moldeado por ella, lejos de caerse en astillas, sus ventanales se abrieron para hacer colar su furiosa corriente. Lo cual terminó por despertar a Ranmaru, quien al dejar de escuchar los sonidos de la oscuridad, presentía que el día terminaría mal, pero aun así lo enfrentaría, esperaba que no lo hiciera solo.


Grillos nocturnos
reclaman con sus cantos
nuevo amanecer
(Issa)

Se sintió atrapado por unas piernas que sujetaban las suyas, mientras unos dedos apartaban el pelo de su nuca, mientras sentía unos húmedos labios dar pequeños besos, como piedrecillas arrojadas a un estanque que ondulaban sobre la superficie hasta hacer ondas que chocaban contra la rivera. Era de tal intensidad que hizo vibrar su cuerpo y por unos segundos pensó en dejarse llevar por la corriente, pero cuando sintió deslizarse un par de dedos por su vientre, para detenerse a jugar con la oquedad de su ombligo, terminó por desesperarse, girar para verse reflejado en esa celeste mirada.

-Eres un juguetón sin remedio, Hasame.
-Tu vientre es muy terso…es irresistible.
-hummmm, ese es un buen pretexto, pero ahora es tiempo de moverse…-depositó un beso en su barbilla, para luego deslizarse entre las mantas y luego empezar a vestirse, viendo de reojo que Hasame seguía dentro ellas…. -¿piensas quedarte ahí? Amanecerá en cualquier momento….-le arrojó el resto de la ropa, que el otro atrapó al vuelo.
-¿Cuándo te veré?..-preguntó una vez que se vistiera, recogiendo su cabello en una alta coleta.
-Creo que debemos ser más prudentes, el fin de semana…quizás. No pongas esa cara, los monjes pueden pillarnos, sin contar que tenemos “algo” rondando por ahí….
-¿te he dicho ya cuanto disfruto dormir contigo?...-Hasame apresó al otro chico antes de salir.
-No
-Pues bien…nada hay mejor que eso…salvo tus besos.

atrapó su boca con sus propios labios, sujetado su cara con sus manos y replegando su cuerpo al suyo. El beso fue suave pero luego se hizo exigente, tomando todo el aire dentro de él, para conservarlo dentro de si mismo y usarlo para seguir con vida. Por que seguro estaba, que tantos días sin su presencia, no le bastaría con su propio aliento para enfrentarlos. Necesitaba el suyo para complementarse.

Ranmaru vio en sus ojos azulados la intención de consumirle, de hacerse uno con él. Le rodeó con sus brazos para compartirle todo el aire que necesitara, al igual que su calor. También él necesitaba guardar algo de ese calorcito para la espera.


Tan sólo instantes...
sutil viento sin tiempo
libre... vivir...(Issa)

Un giro a la izquierda, dos pasillos mas en frente se detuvieron, rozando una vez mas sus dedos, sin sonido de sus labios, Hasame le susurró su amor, cerró los ojos, tomó aire y giró a la derecha, para encontrarse en un pasillo que le llevaría rapidamente a los aposentos de los aprendices, los cuales apenas empezaban a levantarse para iniciar sus actividades. Cada uno en sus propios intereses, cada uno en sus propias zozobras.

-Mitsuide ¿puedo hablar contigo?.. -el aludido giró su vista para enfrentar a su compañero a un lado suyo, en el gran salón. Dejó su tazón de avena, al tiempo que inclinaba la cabeza en señal de asentimiento, el chico se inclinó un poco, haciendo que sus palabras solo fueran escuchadas por el hijo del Clan… -es sobre anoche.
-¿Exactamente, de que parte de anoche?.. –con sus ojos abiertos como soperas.
-.creo que…algunos se enteraron.
-¿……?
-yo….no pensé que pasara mas allá. Higuchi….y yo…..-se ocultó detrás de tu propio tazón y sus manos lo aferraban como si pretendieran arrebatárselo…-pido disculpas por mi comportamiento, ha sido muy vergonzoso.
-Takami….no veo por que me dices eso a mí.
-Eres el jefe del Clan Mitsuide. Tu….me impondrás mi castigo.
-De quien hablas es de mi Padre.
-Tú lo representas aquí. Higuchi y yo no nos comportamos con dignidad. Lo de anoche fue….
-Dime algo, Takami ¿fue contra tu voluntad?
-No…mi señor.
-¿Ofendiste en algo a Higuchi? Yo….yo le veo muy bien…-indicando con una mirada al chico en cuestión, que se encontraba a unos pasos de ellos, devorando su desayuno sin mayor angustia…..-Si entre ustedes existe un…convenio o relación. Es algo entre ustedes, mientras lleves en alto el nombre de tu casa, cumplas tus obligaciones al templo. No soy nadie, para llamarte la atención sobre esa o cualquier otra actividad….extra.
-mi señor…
-no soy tu señor. Ahora bien…-volviendo a su propio tazón de avena y sumergiendo dentro un pieza de pan seco….-busquen un lugar para mayor intimidad, no la compartan con sus compañeros de celda. Algunos nos gustaría dormir en silencio….-guiñándole el ojo, dando por terminada la conversación. Seguro estaba que el alma le habia vuelto a Takami, junto con su hambre.

Un pares de ojos miraban con curiosidad la escena, ambas relampaguearon ante la cercanía de Takami junto a Hasame. Con disgusto, con furia, como tigre herido que se lame las heridas.

-Giren la espada, deslicen y …… –el fuerte corte que se hizo sobre el muñeco de paja fue contundente…..-debe ser un tajo fino. Seguro. Quizás solo tengan esa oportunidad, así que debe ser certera…-Okita indicaba una y otra vez el movimiento, luego indicó a la clase la disposición y empezó a corregir los desplantes, .que después de dos horas parecía mejorar visiblemente. Cuando terminó el entrenamiento, después de enviar a un par a limpiar el dojo, a otro tanto a correr, alcanzó a Mitsuide quien se fajaba la espada a la espalda, haciendo tiempo para seguir apreciando a Ranmaru quien estaba en el otro extremo, igualmente terminando de recoger algunas cosas.

-Déjeme ver su muñeca…..-le dijo Okita al ojiazul al tiempo que la sostenía…-¿Cómo se hizo eso?...-al tiempo que veia un pequeño moretón en ella.
-Mi compañero no me vio, un golpe de la empuñadura… -respondió sorprendido por aquella observación insignificante….eran mas que comunes esos contactos.
-Ya veo…-notando que el chico jalaba su brazo discretamente. ¿Qué tal se encuentra su caligrafía?
-Bien….en general.
-Me gustaría verla, antes de la cena. Estaré en el salón de los pergaminos…-se retiró sin esperar confirmación.


Tizna escarcha
crujen hojas en sepia
perdiendo trazos.

Hasame no sabía si maldecir a su suerte, a su sensei o a su falta de tino, pero después de bañarse y ponerse presentable caminó por los pasillos a medio iluminar, saludando a uno que otro de sus compañeros que aprovechaban el par de horas de descanso antes de la cena. Llegó al salón de caligrafía, que además incluía algunos pergaminos de lectura general. Ahí encontró al sensei quien acuclillado junto a una pequeña mesa repasaba lentamente alguno de ellos. El chico inclinó su cabeza levemente y se deslizó sobre sus rodillas frente a su sensei, éste le pasó una hoja de arroz, tinta y pincel.

-¿de cuantas maneras puede escribirse la palabra “samurai”?

Hasame tomó el pincel al tiempo que pensaba en eso. Sus grafos fueron largos y suaves, deslizando sin premura el pincel para que la tinta se desplegara sobre la textura del papel. “Seis”, pensó, al tiempo que lo hacia.

-Hay 2 más….-luego el pincel le fue arrebatado, al tiempo que con movimientos rápidos, firmes y de gran gracia, la muñeca de Okita fluía sin obstáculo dejando largos y finos trazos.....–repítelos…..-devolviendo el pincel.

Hasame tuvo que confesarse que el último le era difícil de recordar, al tiempo que detenía el pincel en el aire, luego sintió la mano de su sensei sobre la suya, haciendo que esta se moviera sobre el papel.

-Así, ¿ves? Tomé un poco mas de tinta, repítelo…..-sin soltar la mano, la cual encontraba cálida, agradable. Era fuerte, pero aun dócil, moldeable. Levantó la vista al sentir que esa mano se detenía y se encontró con la mirada relampagueante de Hasame. Como lo sabia ya, esos ojos hablaban por si mismos. Nada podía esconder detrás, su enojo estaba detrás de ellos. Aun así, no la apartó. Verse en ellos aun en la tormenta que presagiaban, era un espectáculo. No todos los días podía verse el tifón de frente.

Pero luego la puerta se deslizó de golpe, haciendo que el tigre sujetara a su presa….por unos segundos.

-Sensei….el regente le busca, me ha enviado a buscarle con urgencia.
- ¿Tocar la puerta…es algo alejado de su costumbre?
-el salón estaba abierto.
-Bien, acompáñeme entonces, Osakura, .mientras Mitsuide continua. Cuando termine puede irse a cenar….-la mirada del sensei estaba puesta en Ranmaru quien su cara no mostraba ninguna expresión en particular. Ningún antifaz podría igualarle y ninguna porcelana podría comparársele. Simplemente era regia y su tersura fría e inmutable. Solo Hasame se sentía desfallecer en ese lago frió que eran sus ojos e hizo un gran esfuerzo para no salir corriendo detrás de él, cuando sin decir nada solo dio la media vuelta y se alejó junto a Okita. El l pincel cayó sobre la hoja de arroz, manchando sin más los pocos trazos, pero eso era lo menos que le importara.

-Dígame algo Osakura. ¿Cómo sabia que estaba en el salón?
-Un grupo de estudiantes me ha dicho donde estaba….-respondió sin darle la cara.
- ¿Es usted….hijo único?
-Si.
-Ya veo…-eso le confundió, estaba seguro que este Osakura era hermano de otro, Pero no. No podía ser. El chico abrió la puerta del salón del regente, quien vio que también se encontraban otros monjes, se sentó, hastiado. Seguro seria una de esas juntas del anciano. Molestó además por que le habían alejado del chico Mitsuide, así que para alejar el malestar, enfocó sus pensamientos en recordar la sensación de la tibia mano del muchacho, pensando que dócil era. Cuanto podría enseñarle en su diestra mano.

cerró los ojos por un segundo, al tiempo que mordía el labio inferior. Al tiempo que algo dentro de él se revolvía lujuriosa, posesiva, algo que le invadía la entrañas. Algo que crecía dentro él…sin control. Se lamió el labio, luego fingió prestar atención..


(Me consumo en frió silencio…..
Me devora por dentro…..
Me hace suyo….nada hago por evitarlo)

Hasame volvió a escribir el ejercicio, lo dejó sobre la mesa y salio rápidamente del salón. Corrió por los pasillos, buscando entre las caras conocidas y no le encontró. Salio de ahí para dirigirse a la zona externa del templo, donde algo de nieve estaba sobre la loseta de madera y el sonido de un arco tensándose atrajo su atención.

Ranmaru sostenía el carcaj de flechas en la espalda, mientras que su mirada estaba puesta en el blanco metros adelante y sin vacilar, soltó la flecha que se clavo furiosa sobre el tablón de madera al tiempo que una mas la acompañaba, invadiendo el espacio.

-Buen tiro….-musitó el ojiazul.

No tuvo respuestas, sino que observó que otra flecha para tensionarla sobre el arco.

-¿sucede algo?
-Eres…una libélula. Atraes muchas ranas….o ¿sus colores te atraen a ti?


Rana verde
reluciente,
¿estás recién pintada?
(Rynosuke)

-Hoy, los acertijos no son mi fuerte…-se cruzó de brazos para enfrentarle.
-Sucede, Mitsuide…que eres la comidilla de día.
-Explícate.
-¿Sabes como los encontré en ese salón? Preguntando. “claro, el sensei Okita, esta dándole clases particulares a Mitsuide. Debe tenerlo encima de una mesa…mostrándole algún movimiento”…–ni siquiera volteo mientras lo decía. Su vista estaba en el blanco donde volvió a clavar la flecha, rasgando las anteriores, luego enfrentó su mirada azulada, que era turbia.
-No pensaras, que yo….
-Lo que piense…o deje de pensar, no te incumbe Mitsuide. Ahora déjame o buscare otro lugar para entrenar.
-Te veré…mas tarde.
-No pierdas tu tiempo. No estaré…-le escuchó decir cuando habia girado.

Algo se rompió dentro de Hasame, en ese momento no podía juntar las piezas. Se alejó por prudencia, para darle tiempo al narciso. Si algo había aprendido con su trato, era que su orgullo era tan resistente con la porcelana al calor. No cedería hasta que la ebullición que contenía sus paredes fuera encerrada. Antes corría el riesgo de derramarla ladera abajo. Cuando estuviera tranquilo hablaría con él para arreglar ese mal entendido. Que fuera o no la comidilla del día era algo que no le molestaba, que su pareja pensara que él tenía algo que ver con Okita era lo que lo fastidiaba.

Como lo presagiara Ranmaru al amanecer, fue un mal día. Una mala noche, que siguió a días peores. No le dirigió la mirada a Hasame de forma directa, aunque veía que el otro le buscaba con la suya. Se concentró en sus entrenamientos, alejándose lo más posible del ojiazul. Hizo cambio de rondas con su compañero de celda, dejó de ir a su refugio. Una vez que la oscuridad llegaba se desaparecía en su celda…..solo.


Llegó la noche
golpeó con su silencio
crujen las puertas (Issa)

Hasame la pasó igual de mal. Los entrenamientos se hicieron una tortura. Alejarse de Okita no era tan fácil siendo su sensei, pero saber que Ranmaru le negaba su mirada, su presencia…era insostenible. Varias noches caminó en solitario a su refugio, solo para encontrarlo vació.

Esperaba en la oscuridad, viendo por el ventanal, como la gélida nieve lo rodeaba todo. Como sin proponérselo podía hacer una bella y fría tumba solo todo aquello que no se moviera. Sus noches eran frías, ni el calor de las brazas le calentaba ni la manta extra le dio calor y maldijo su torpeza por no haberle prestado atención, pero igual se sintió miserable cuando al llegar temprano a la celda por un cambio de ropa se encontró a Takami e Higuchi trenzados en jadeos, en un encuentro de sus bocas. Salio de ahí lívido, necesitado de un baño frió para reducir sus ansiedades.

Fue ahí donde una vez que terminó, sentado terminando de vestirse en silencio, casi en la oscuridad, escuchó una plática entre algunos compañeros, que ignoraban su presencia. De haberlo sabido no se hubieran expuesto. Entre platicas y risas comentaban lo relajado que se veia el sensei Okita los últimos días, quien había dejado la practica de golpearlos con la vara, pero además alguien dijo que hasta sonreía. ”claro, seguro Mitsuide lo deja mas que contento”. Las risas no se hicieron esperar, hasta que la presencia de Hasame se irguió desde una esquina.

Eso fue la gota de derramó la presa.

-!REPÍTEME ESO…en mi cara!.. –no recibió tal, salvo un par de incoherencias a las cuales respondió rompiéndole la nariz de un puntapié, mientras que estrelló a otro contra la fría pared y le mantenía sujetó del cuello, mirando el cambio de color en la piel. Le soltó una vez que la voz de Takami lo enfrentó.

-¡déjalo, Mitsuide…déjalo!
-No soy el entretenimiento de nadie….-gritó una vez que lo arrojó contra el piso…-alguien vuelve a decir algo como eso y pondré sus tripas en una de sus manos. ¡!¿Les haz quedado claro? ¡!

Debió quedarle claro, por que sus caras reflejaban el miedo en varios matices. El intenso de sus ojos azules relampagueo, mostrando el por que ese color de ojos era el símbolo de los demonios. Si ese mortal habia contenido a uno por muchos años, ahora simplemente no podía hacerlo. El grupo que se forma se hizo a un lado para dejarlo pasar, luego el cuchicheo se hizo rumor. ”el carácter de Mitsuide era polvorín” Y corrió inundando rapidamente los pasillos y llegó hasta el dojo, donde dos pares de ojos le vieron llegar al día siguiente.

Era evidente que el ojiazul no habia dormido, pero también era evidente su mal humor pero un Mitsuide no pierde el temple y les mostró uno a uno como se usaba la vara larga de bambú, cuando más de una vez se excedió en el contacto con ella….en especial contra aquello que habían hablado sobre él.

-!Pelea conmigo!….-se levantó Ranmaru después de un rato de ver que Okita seguía enviando alumnos a practicar contra Hasame. Él sensei inclinó la cabeza en asentimiento, mientras la garza atravesó a un par de zancadas el humedal, desplegó sus alas.
-Ni los sueñes….-se inclino con el afán de detenerse.
-Canalizas mal tu enojo….- le decía al tiempo que giraba su vara rapidamente entre sus manos y empezaba atacar al ojiazul, haciendo contacto contra la otra vara que rapidamente detuvo sus golpes.
-Lo que haga…o deje de hacer….-no le dejó termina, por que necesito contraatacar, mientras desplegaba la vara en movimientos cercanos al cuerpo del chico, sin tocarlo, simplemente por que no lo alcanzaba. La garza era demasiada rápida, ligera, su despliegue del bastón único.

Lo constato cuando su vara fue arrebata de un golpe rápido del bastón de Ranmaru, seguido por un golpe en la base de rodilla, que le hice gemir de malestar, no tanto por el dolor, sino por sentirse indefenso. Cuando giró sobre su espalda, se puso de pie y esperaba el ataque de frente de Ranmaru, el cual esquivó un par de veces, luego lo alejó de su cuerpo con un certero puntapié en el estomago. El chico detuvo su ataque contra el ojiazul por un segundos, luego vio que se habia quitado el cinturón de su chaqueta, sosteniéndola en una mano, la agitó en largas curvas, usándola para detener los ataque del bastón, enredarlo en un descuido y hacerlo volar por el aire.

Ambos se miraban, agitados, concentrados en cualquier movimiento del otro, estudiándose, pero Hasame disfrutaba tenerle así. Esa pelea era el mayor contacto que habia podido tener con él, en esos largos días. Así que lo seguiría disfrutando. Volvió tensar el cinturón para latiguear el aire un par de veces, viendo como la grulla evitaba ser atrapada, pero en verdad solo estudiaba el movimiento que hacia, luego atrapó el cinturón con una mano, lo sujetó con la otra al tiempo que hacia contrapeso, jalando al ojiazul, quien estuvo tentando a soltar el cinturón.

Pero un par de aplausos atrajeron la atención de ambos. El regente, acompañado de un monje se hacia presente el dojo. Los chicos, junto con el resto de aprendices inclinaron sus cuerpos hasta el suelo.

 

madera... fuego...
agua... tierra... y metal...
todo puede conjuntarse (Issa)

-Buena demostración. Cualquier cosa a nuestro alcance puede ser usado para atacar o defendernos. Han aprendido bien…-inclinó ligeramente la cabeza hacia Okita, quien le respondió. Luego mando al resto de los alumnos a correr antes de dar por terminada su clase. También había disfrutado verdaderamente la pelea, quizás tuviera oportunidad de comentárselo personalmente a Hasame, pero de momento salio detrás del regente, escuchando sus pasos sobre la madera.


En resonancia contra el viento que azotaba el palacio en Edo, la música de los tambores y el shamisen (1) llenaban el silencio que estaba instalado en todos los presentes a la obra. El onna-gata (2) se veia realmente bello, se movía sobre el escenario como un pájaro plateado contra la seda negra que imitaba un cielo oscuro. Su largo cabello adornado con mariposas de madreperla, hacían resplandecer su sonrisa que debajo del fino maquillaje delineaba sus labios primorosamente.

Cada gesto era lento, deslizando sus pies dentro de las altas chancletas. Su mímica era fabulosa. Zeami era esbelto como una rama de sauce. Tenía dedos elegantes, que movía pausadamente. Lo mismo que su cara alargada…que estaba visiblemente sonrojada esa noche. De vez en cuando se pasaban los dedos por la base del cuello, de manera sutil, haciendo que las miradas se detuvieran impacientes, esperando. Pero un nuevo movimiento de sus manos agitaba el aire.
-¿Qué te parece?...- había preguntado Jiro a su gemelo, quien esa noche estaba presente en la obra, sin quitar la vista del chico, sorprendido al principio de que su papel fuera femenino. Pero cuando le vio moverse suavemente, ondulando el largo faldón del kimono, ese que le enviara, dejando al descubierto la fina enagua brocada, ese gesto le resulto sensual. Sonrió por eso. Le conocía ya desnudo, pero ver que movía lentamente su faldón, insinuante al compás de la música, causando que no solo él, esperara ver un poco mas de la delicada enagua, que hacia juego con el kimono.

Soji no contestó de momento, veía el deslizar de las manos de Zeami como si fueran alas de pájaros al cielo, elevándose, intentando escaparse, liberarse. Por unos segundos, el hijo del sol pensó que aquella danza era un grito desesperado del chico, pero luego acalló sus ideas, era demasiado bello, cualquier jaula le daría cabida.

 

 

En la quietud
sopla el viento inquietud...
¡llora un jilguero! (Issa)

Zeami terminó su presentación, luego de inclinarse varias veces para agradecer la fuerte ovación, se retiro detrás del escenario, donde Michi y las doncellas le ayudaban a cambiarse de obi (3) por uno de brocado de madreperla, que combinaba con sus pasadores del pelo, el cual también le era peinado de nuevo en una bonita trenza de tres hilos. El chiquillo le pasaba a las doncellas la caja de cosméticos para retirarlo y después de poner un ligero aceite sobre la piel, puso polvo de arroz traslucido sobre la cara y un poco de miel sobre los labios. Luego un nuevo cuello fue puesto encima de su kimono. Las risitas de las doncellas al poner el espejo frente de él, fue mas que suficiente para saber que se veia bien. Aun así, en su acto de coquetería se echó una gotitas de perfume en la carne desnuda de la nuca, luego se despidió de Muchi y las chicas, cuando otra doncella le dijo que le esperaba en la recepción.

Se sentó en un lugar reservado para los amigos y favoritos del palacio. Sonrió a los comensales a un lado, los cuales ya se encontraban bebiendo sake, mientras escuchaban una nueva puesta en escena de tambores rituales. Se quedo ahí un rato, intercambiando comentarios sobre la obra, mas tarde sintió que alguien se sentaba a su lado, acariciando levemente la ancha manga de su kimono. Por el guiño, supo que era Jiro. Le sonrió, pero siguió su vista puesta en la obra. Agradecía el gran detalle de que el hijo del sol fuera personalmente a saludarle, luego le vio levantarse, seguir entre la gente.

Cuando lo consideró pertinente, también se levantó. La fiesta seguiría, pero Zeami solo quería estar con Jiro. Entró a sus aposentos, donde finalmente apareció uno de los hijos del sol., con paso apresurado. No llevaba nada encima, salvo una bata ligera de algodón que mostraba a detalle el trabajado cuerpo del guerrero. En sus manos llevaba una toalla, con la que se secaba los largos cabellos. Le hizo una reverencia, no sabia de momento cual de los dos era. Ambas habitaciones se conectaban, era frecuente encontrarlos entre ambas.

-Zeami, ya estas aquí…-el gemelo atravesó la larga estancia, volteando, esperando que le siguiera…..-¡Ven...ven conmigo mientras me visto! ¿Haz bebido mucho sake? ¿No? Hay un poco en la mesa. Toma el que quieras….-por la forma de decir aquello supo que estaba en presencia de Soji. Educado, reservado.
-Creo que esperare a su hermano afuera…mi señor.
-No veo por que…-arrojando la bata al suelo mostrándose desnudo….-¿encuentras alguna diferencia entre nosotros?
-No…señor…-logró decir con algo de trabajo, sorprendido, impresionado que el rígido gemelo estuviera coqueteándole de esa forma.
-Debo decir que me ha impresionado mucho tu presentación…hoy….-decía al tiempo que tomaba un pantaloncillo de seda y amarraba sus cordoncillos, dejando su pecho al descubierto….-hace un par de días que quería verla. Hasta hoy me fue posible. Dime ¿Por qué haces papeles de onna-gata? Es poco común.
-Mi padre, el lo decidió. Decía que seria así, por que tenía constitución para ello.
-Eres muy hábil, tienes mucha gracia sobre el escenario. Veo que traes el kimono que te envié. ¿te ha gustado?
-¡Es hermoso! Le agradezco infinitamente…-inclinando su cuerpo hacia delante en señal de respecto.
-Realmente realza mucho tu piel y el color de tus ojos…-le dijo Soji al tiempo que le levantaba del suelo, le sostenía la mejilla….-me agrada que te hallas retirado el maquillaje. Tu tono natural realza mas tus ojos…..-deslizó sus dedos, sin prisa…disfrutando al ver el nerviosismo que le causaba al chico….-Ven, voy a mostrarte un kimono que bordo una de las abuelas de mi madre….tienes que probártelo.

No espero respuesta. Vio la avergonzada cara del chico. Le tomó de una mano y le hizo atravesar la puerta de la habitación de Jiro a la del él, que era un poco diferente, pero conservaba los rasgos entre ellos. Le hizo entrar a una habitación cubierta de tatami y forrada de espejos, lo que seria el vestidor, con puertas laterales que serian el armario.

Sentía la mano temblar de Zeami, no hizo ningún comentario, lo colocó de frente a los espejo, le levantó una mano y se la llevó a los labios. No lo besó, simplemente se limitaba acariciarlo, con el dorso de su barbilla. Le subió la manga por encima de la muñeca e inhaló el aroma de su piel. Se colocó detrás del asustado chico, mientras pasaba sus brazos por delante del torso para desatarle el cordón que sujeta el obi. Vio en el espejo, la cara de sorpresa…casi pánico.

-shhhhhhh…..te probaremos el otro y mas tarde si quieres...te pondré el tuyo de nuevo….-apartó las manos del chico que intentaba quitarse las manos de encima. Forcejeo un rato con el nudo del obi, ante la suplica casi inaudible de que no se lo quitara. El pánico se hizo total al ver caer el obi al suelo y con el soltarse el kimono de la cintura. Zeami hizo un intentó de cerrarlo con sus manos, pero ambas manos fueron separadas lenta pero firmemente por el hijo del sol. apartó su cara para no verse reflejado en el espejo, mientras sentía las grandes manos del Soji, acariciando el tejido de la enagua, deslizando sus dedos entre ella.

El chico abrió los ojos sorprendido, temeroso. Sentía sus manos en la cintura, aspiraba el aroma de su cabello, el cuello. Se sentía como una mosca atrapada por la fina trampa de una araña que tejía un bello, pero fuerte capullo a su alrededor. Con unas fuertes manos que le soltaron la enagua, jalaron el corpiño dejando ver su pecho lampiño, plano pero coronado con una par de tetillas rosadas, con una aureola más oscura.

Soji las miraba fascinado por el espejo, luego bajo sus manos por su cadera, deslizando el resto de la seda, con lo cual hizo que se escapara un gemido, como un sollozo, cuando la ultima tela cayó al suelo, mostrando un esbelto cuerpo.

-Hermoso…..-dijo viéndolo por el espejo, al tiempo que veia una lágrima bajar por su mejilla. La limpió con su mano izquierda, llevo sus dedos a su boca para delinearla, bajo por cuello, los hombros, delineando después sus pezones que se endurecieron. Bajo por el plano abdomen hasta detenerse antes de llegar a la espesura negra que brotaba antes de llegar a su entrepierna. La cual no tocó, volvió alzarlo, sujetándolo contra su pecho, recorriendo de nuevo con sus dedos sus circulitos de ciruela. Luego los dejó. Soji llevó su mano a su propia erección, Zeami sintió como el aliento del hijo del sol le calentaba el cuello, cerró los ojos avergonzado y luego el alma se le hizo vilo, al escuchar otra voz.

-Son hermosos….- Jiro entraba a probador, cerrando la puerta detrás suyo, extasiado de la escena de ver a su hermano acariciando a su propia amante en turno. Vio en el espejo la carita compungida del chico…. –shhhhhh, cálmate, disfrútalo. Soji es muy dulce….-paso una mano por la cara de su hermano, quien la inclinó sobre ella. Jiro sonrió, acerco sus labios y devoró su boca ansiosa, ante la sorpresa de Zeami. Sabía que ambos se querían, pero no que se amaran en cuerpo.

 


Flores que nacen
derramando en la piel
tiempo sin tregua.


Jiro abandonó los labios de su hermano, se instaló frente a Zeami, sostuvo su carita entre sus manos, empezó a dar lamidas a sus labios, bajando por su cuello. Excitándolo como solo él sabía, haciendo que el miedo se fuera. Que el placer que ambos compartían se instalara en su piel, de un par de ágiles caricias, entre sus pezones, bajando a su virilidad, la cual devoro sin tregua; sin hacer caso de sus gemidos, luego se detuvo viendo los vidriosos ojos de excitación, mientras su cuerpo era sostenido por su hermano, quien mordisqueaba sus orejas, al tiempo que restregaba sus ansias en su piel.

-Niño mió, se nuestro….-le decía al tiempo que con ternura dilataba su entrada, mientras su hermano, reclamaba sus besos, ahogando sus gemidos. A una inclinación de Zeami que no pudo contenerse más, Jiro retiro sus dedos, para ofrecerlo a su hermano, quien se introdujo sin vacilar. Las manos de Jiro marcaron el ritmo, una vez que se posesionó detrás de su hermano, guiando sus caderas, lamiendo su espalda, saboreando el intenso aroma que se desprendía de los amantes. Cuando el clímax alcanzó a Soji, fue su hermano quien retuvo a los cuerpos. Contuvo en sus brazos al Zeami un poco mas, al tiempo que le ayudaba a descargase sobre sus manos. Le besaba sin prisa, hasta que sus ojos se cerraron unos segundos.

Jiro buscó luego a su hermano, quien respirando agitadamente miraba la escena. Abrió los brazos para recibir a su gemelo, lamiendo de sus manos la semilla tibia de Zeami, con la que su propio hermano empezó a lubricar su entrada.

-Seamos uno…..-le gemía Jiro necesitado, ansioso de tomar aquello que tanto se le negaba y ahora se le entregaba sin reserva abriendo sus piernas para darle entrada. Luego sujetarlo con ellas, marcando el ritmo, que era lento en un principio como marea pero se volvió marejada, cuando ambos se movían, exigiendo entrar a esa playa que no habían visitado, rodearla de sus aguas y descargarse en su arena.

Los gemidos intensificados, hicieron abrir los ojos de Zeami, quien recostado miraba la entrega de esos dos soles que se consumían devorándose. cerró los ojos, mientras una lágrima bajo hasta sus labios, donde puso sus manos para que el llanto no escapara. En medio de ellos se sentía solo.

 

 

Nadie hay aquí
inmensidad... silencio…
la vida sigue… (Issa)

La soledad parecía ser compartida por muchos.

Los pasillos eran oscuros. Demasiado, cuando el ojiazul regresaba a sus aposentos. había vuelto a correr después de entrenar con el arco. Necesitaba quedar exhausto, para llegar a su colchoneta y dormirse sin pensar. Demasiados días solo, rodeado de compañeros, pero alejado de lo que realmente necesitaba.

-¡Ranmaru!...–ahogó un grito, cuando el chico en cuestión, le arrinconó en un pasillo y luego le arrastró uno mas, donde la oscuridad era casi total.
-Libélula. He aquí a una de tus ranas, que sigue prendida de tus colores….-escuchó un susurro en su oreja, un susurro tibio, cálido.
-Eres una rana, difícil de atrapar….- Hasame pegó su cuerpo a la pared, mientras jalaba el otro hacia el suyo…..-pero se alegra de volver a tocarlo, oler su pelo. ¿Me haz perdonado?... –preguntó, deteniéndose unos segundos.
-¿tu lo harías? Me comporte, como un celoso. Lo siento, yo….
-shhhhh. Tú me lo habías advertido. Yo no fui juicioso. Lo evito al máximo. No voy solo a ningún lugar donde me cita.
-Lo sé, lo sé. Supe del chico que le rompiste la nariz.
-Eso…me disculpe otro día después.
-el noble Mitsuide.
-Eres una porcelana de alto temple….-le dijo al tiempo que acariciaba sus mejillas, luego su pelo……-mira que pelearte conmigo en plena clase.
-.jajajaja. No negaras que te sorprendí.
-Lo mismo digo….-acercó lentamente su boca. Buscando ser atrapado por los labios ansiosos de Ranmaru, quien igualmente necesitado subía sus manos, llegaba a su cuello, donde se colgó, al tiempo que Hasame le levantó en vilo, haciendo que sus piernas le rodearan la cintura, giró y acomodó la espalda de Ranmaru sobre la pared, mientras le besaba haciéndose un camino con su lengua por la casaca de entrenamiento, hasta llegar a su clavícula. Lamerla sin control, balanceando su cuerpo al ritmo de los gemidos, restregando sus ansias uno con el otro.

 


La bugambilia
navega por el río
de la montaña. (Furlong)

El narciso se dejó llevar, .demasiado se contenía dentro de su propia piel. Se derramó, mientras pegaba su carita al pecho de Hasame, quien unos segundos después, sintió sus propias tibiezas mojar por entero su ropa. Luego atrapó de nuevo la boca de Ranmaru, le saboreo, lentamente, como si antes no conociera su sabor, como si después le hiciera falta el mismo, de lo cual estaba más que seguro.

Bajo lentamente a Ranmaru, quien siguió sostenido de su cuello….acompasando su respiración.

-Duerme conmigo. Hoy no podría dormir solo, por favor…-le suplicó Ranmaru sin levantar su vista.
-Eso siempre será lo mejor de mi día….dormir y despertar a tu lado.

La hermosa sonrisa de Ranmaru brilló en la oscuridad. Le tomó de la mano y ambos protegidos por la oscuridad de los pasillos, buscaron su propio refugio, donde acompasar el sonido de sus corazones.