Clasificación: NC-17
Pareja (s): Hasame/ Ranmaru La mayoría de los personajes de esta historia son propiedad de la historia mitológica japonesa. El poema inicial pertenece a la obra de Shinishi: “Poemas del samurai ciego”. Los poemas intercalados son Haiku japoneses, algunos son anónimos, otros no.
Avisos: Relaciones de h/h

 

Cáp. 13 La noche silenciosa.


XIII
Las olas suenan a espuma en la noche silenciosa
Los guerreros semejan el zumbido de un panal
La guerra es un koto destemplado tañido con la espada.

Unas ligeras brasas aun se consumían lentamente en la hornilla y daban poco o casi nada de calor, pero eso no le importaba al narciso, que una vez, completamente desnudo, entró a las mantas, donde otro cuerpo en iguales condiciones lo esperaba, para darle su calor. Un gemido se le escapó por ese simple contacto de piel a piel, sin nada que ocultarse. No en vano habia pasado varios días sin su calor, ni su olor, ese que ahora se mezclaba con el dulzon aroma de su encuentro de minutos atrás. Detener su propio torrente estaba fuera de sus intenciones, simplemente se dejaron llevaran por la feliz reconciliación en un callejón oscuro, después de días de penuria en solitario.

Rammaru no podía encontrar mas placer que estar dentro de las mantas con ese cuerpo tibio, que tenia bien trabajados los músculos, en evidente muestra del exceso de ejercicio. Puso sus manos en su pecho y empezó a deslizar lentamente sus dedos, no tenia prisa, ni sueño y le gustaba escuchar los gemiditos que sacaba de la garganta del chico, quien tenia sus ojos cerrados disfrutando los pequeños círculos que con sus dedos hacia sobre su piel. Un par de círculos y pegaba sus labios en su pecho, volvía a repetir, una y otra vez, esa dulce tortura, mientras las manos de Hasame, tímidamente lo tomaban de su cintura , sin ir mas allá, sin atreverse a nada, por que ya en demasía se excedían.

¿Pero que importaba, si ellos y solo ellos lo consentían?


Sobre este punto colgante
nuestras vidas se enroscan
en las ramas de la yedra
(Basho)

Se dejo aprisionar por sus piernas y sus brazos, embriagarse por su olor, con el sabor de su piel, entre roce y roce de sus labios sobre ella, hasta que ambos, concientes de que no debían llegar a más, alargaron un beso que se convertía en ansioso y demandante a reducirlo a un roce. Hacer con ello que la respiración se amainara, la cordura les llegara a las yemas de los dedos y de ahí se deslizará. No era simple, pero si necesario.

Pero ambos se sentían placidos de compartir esos momentos. Ranmaru pegó su cara al pecho del ojiazul para empezar a contar los latidos y acompasarlos con los suyos. Cuando la dulce sonrisa Osakura se instaló en su cara, Hasame supo que se pertenecían uno al otro y que aquel que ahora tenia en sus brazos era el ser mas importante en su existencia. Además de que era correspondido. Lo acurrucó en sus brazos, mientras acariciaba sus caballos, hasta que el sueño los venció.


Pero con el instinto más que acostumbrado, al primer cambio de luz indicando el pronto amanecer, los ojos de caoba se abrieron, solo para contemplarse en una azul celeste que ya le escudriñaban con ternura, seguida por la delicada forma en que deslizaba sus dedos por su cara. Lenta, sin prisa, como si fuera una porcelana que podría pulverizarse entre ellos.

-No me romperé, soy mas fuerte de lo parezco….-le dijo como si adivinara sus pensamientos.
-Seguro estoy de ello. No es por eso mi delicadeza, es solo para una forma para rendir tributo a la perfección...
-Lejos, muy lejos estoy de ella…-le sonrió ante la ocurrencia.
-Ante mis ojos, no hay nadie que se iguale, ni un ápice> No es tu exterior solamente, es la belleza que tienes contenida dentro de ti mismo. Ésa, Ranmaru es de la cual estoy prendido.
-Libélula de colores, eres tan intenso en tu aleteo, que no ya flor que no seduzcas.
-Solo seré la libélula de este narciso, de nadie más…..o yo mismo me arrancare las alas.

La voz se le escapó a Ranmaru al escuchar eso. Nada tenia que decir, solo sellar ese pacto, que día a día, ambos se predicaban y la mejor forma era entregando sus labios a otros ansiosos que lamieron la dulzura de su polen, hasta que el aire compartido se termino entre los dos.

Un poco mas de luz entró por el ventanal y ambos se levantaron rápidamente, no teniendo mas tiempo que para vestirse, mientras Ranmaru aprovechó unos segundo para ayudar a recoger el ya largo cabello de Hasame, para hacerle una coleta y luego ajustarlo con un palillo de madera, mientras rozaba con su labios su cuello y se alejaba rapidamente antes de ser atrapado por los manos del ojiazul.

-No hay tiempo….nos veremos después.
-Siempre hay tiempo para un beso mas….-le retuvo a su lado.

El beso, no por ser breve, no fue intenso, dejando a Ranmaru ligeramente agitado y pasos más adelante, pasillos mas, recovecos menos, deslizó sus dedos sobre la espalda del chico, con la intención de buscarle cuando fuera prudente mas tarde, por que en algo estaban de acuerdo, siempre debía haber tiempo para un beso más.


Las noches son breves
¿Cuántos días más
aún por vivir?
(Shiki)

Algunos en el templo habían encontrado paz en sus noches frías y muchos otros habían dormido largamente, pero a otro el sueño les habia abandonado. Se fugaba por las paredes y se arrastraba por los pasillos como humedad, dejando huella a su a paso.

La mirada fiera de Okita solo se sostenía por ese fuego interno que lo consumía lentamente, pero su cara ya empezaba a mostrar señales de esas largas noches y sus ya conocidos silencios se prolongaban más. Solo un leve brillo en sus ojos, mostrando algo parecido al interés, se instalaba en ellos cuando veia pasar de reojo a Mitsuide. Él chico le tenia prendido, pero para aumentar sus desgracias nada de lo que hiciera para tenerle mas cerca de lo que deseara le resultaba.

El joven era educado atendiendo a sus llamados para actividades extras, pero nunca iba solo. Constantemente le interrumpían y él chico se retiraba sin darle tiempo a nada más. Tenía que resignarse con verle entrenar día a día, ver como marcaba su casaca por el sudor y como dejaba esa pequeña estela de su presencia, por que su aroma cada vez le era más seductor.

Esa mañana le vio llegar junto con su grupo. Sus ojos desearon fulminar a la presencia del chico que venia a un lado. A ése que constantemente se encontraba a su lado, ya fuera en los entrenamientos o por los pasillos. Le molestaba que pudiera acercarse tan libremente a Hasame y que constantemente platicara con él. Lo peor fue cuando le vio poner su mano en su hombro, seguro para tenerle mas cerca.

Okita no supo ni en que momento hizo añicos la pequeña taza de cerámica de su mano. Sostuvo por unos segundos más los restos, hasta que una mano se puso sobre la suya y empezó a retirarle los fragmentos. Solo entonces se dio cuenta que se esta evidenciando, se levantó rápidamente, buscando tener un poco de aire y paz, antes de los entrenamientos. En caso contrario, seguro desquitaría con alguien su malestar y ese alguien… ya tenia nombre.

-!Vamos Takami, seguro pueda hacerlo mejor!...- gritaba el sensei Okita con cierto morbo, viendo como el chico colgado de sus pies intentaba mantener el ritmo de las inflexiones, pero simplemente estaba agotado, así que se dejo caer al suelo, intentando buscar algo de aire para sus pulmones.
-lo siento…no…no puedo.
-Eso es mas que evidente ¡Levántese! Aun no ha terminado, su kata ha sido más que mediocre. Ahora tome ese saco, amárrelo a su espalda y corra. Yo le diré cuando terminar….-le vio levantarse, al igual que empezar a cumplir su orden.

“-Así lo pensaras mejor, pequeño granuja y te mantendrás lejos de él”, pensaba sin ningún remordimiento Okita. Simplemente no había podido evitar ampliar los defectos existentes o no en Takami. Para él, el chico era el obstáculo entre Hasame y sus intenciones, cualquier roce lo consideraba un exceso de confianza y extralimitarse en tocarle y eso no se lo permitiría en su presencia.

Llevaba la tercera vuelta, cuando desde la puerta del dojo, la mirada azulada de Hasame le distrajo, le vio acongojado por su compañero, así que pensó en ser generoso.
-¡Bien, termine esa vuelta! Creo que ha entendió el mensaje. Preste mas atención a sus clases, le quiero aquí a primera hora…..-mientras caminaba rumbo a la salida, pasando a un lado de Hasame, quien dio una inclinación de respeto y paso de largo para llegar a Takami con junto con Higuchi, quien era su compañero.

Takami soltó el saco y lo dejo aun lado, mientras se dejaba caer al suelo, de espalda, boqueando, preguntándose una y otra vez que demonios tenia a Okita de tan mal humor. Lo que fuera le habia costado un buen castigo toda la tarde. Agradeció que sus compañeros fueran por él y se ofrecieran a terminar de limpiar el dojo, pero aunque no lo habia mencionado antes de salir Okita, esa era obligación suya antes del salir, así que por lo menos no le llamaría la atención por algo que no le dijo hacer, pero que seguro seria un motivo para fastidiarle al día siguiente.

Okita solo quería terminar ese té e intentar dormir, cuando escuchó el sonido de unos pequeños golpecitos en la puerta.


Un fuego que muere
Golpea a la puerta
En medio de la noche…..
(Basho)

-¿Tendrías unos minutos?...- el monje se inclinó ante la puerta, solicitando entrar.
-Si…no es tan tarde. ¿Qué sucede?.. –le cedió una taza, ofreciéndole que tomase un poco de té de la hornilla.

Shinji Takeda, era un monje de más edad que él, pero considerado joven entre la mayoría de los monjes. Le conocía de tiempo atrás y habia sido a través de su inmediación que Okita se encontraba ahora en calidad de sensei en el templo, aunque no compartiera mucha de sus creencias. Era un guerrero y tenía la filosofía del bushido. Era leal, comprendía el deber y sobre todo tenia el valor, conocía a Okita como un militar de temida espada, sin miedo al dolor o la muerte, pero también podía jactarse de conocerle como humilde y benévolo, aunque últimamente los alumnos podían ser propensos a un castigo sin pensar demasiado.

-¿Dime Okita, te sientes bien, la vida del templo? ¿En verdad no extrañas la milicia?
-Sabes mejor que nadie por que estoy aquí.
-Si. Prometiste formar un nuevo contingente de guerreros para la milicia y aquí sientes que puede expiar tus demonios !No me mires así, se de lo que hablo! Haz adelgazado, tienes una pinta de mal dormir. Hoy hiciste trizas una taza. Creo que se lo que te pasa….
-No, en verdad creo que no…-suspiró con cierto desden.
-No te ha sido fácil relacionarte. Empezar tu nanshoku (1)…..lo entiendo. No es tan simple como parece.
-¿de que hablas?
-Mírate, tienes todos los síntomas. La mirada perdida, falta de concentración. Nada te divierte…nada, excepto el objeto de tu interés. Es natural, todo samurai tiene alguna vez pensado recoger esa senda.
-¿Qué te hace pensar que yo?
-Es un templo pequeño y sus paredes delgadas. Los rumores circulan. Algunos cierto, otros no tantos, pero suceden. Además…te delatas tu solo.
-¿Tan…evidente es?
-.Para quien te conoce de tiempo atrás….aun a mi, me ha costado descifrarlo. Pero tu mirada pasa de la furia a la calma total cuando lo ves. También pueda entrar en cólera…..si le ves con alguien más.
-Solo….solo quiero acercarme. Saber si… -la voz se fue de su garganta.
-¿saber si el interés es mutuo?
-si.
-Eso lo entiendo Okita, pero las tradiciones son importantes. Debe ser el joven de tu interés, quien del primer pasó. Debe probarse ante ti, para que estés seguro de sus intenciones, que es una persona de entrega. Y eso lleva tiempo. ¿él ha hecho algún intento de acercarse a ti?
-él es honorable…de gran valía.
-No dudo nada de eso y la astilla proviene de un magnifico madero. Mas que bien probado, pero su estancia en el templo es mas efímera que del resto. Fue educado en su casa, por su propio padre. Ha llegado casi adulto a este templo. Partirá en la primavera, tú sabes las condiciones de su estancia aquí. Además su linaje.
-Lo sé…sé todo eso.
-¿Por qué no le prestas atención a alguien mas?...-la sonrisa de Shinki era amplia y sincera…-estas tan prendido de su presencia, que no haz notado como otros, mas jóvenes, buscan tu aprobación, entre ellos encontrarías….
-NO…-fue súbito y sin espera…. –no…yo entenderé si él no se interesara. Falta tiempo para su partida.
-Piénsalo…recuerda además que su vasallaje, muy posiblemente sea solicitado por la Casa imperial. El regente lo comentó, en la primavera, su contrato será puesto público. No podrías competir contra la Casa Edo. Salvo que él.
-Aun faltan meses para eso. Puede suceder cualquier cosa.
-Si, quizás él, deseara recorrer practicar contigo el camino del wakashudo (2) y solicitarte como su maestro…y recorre ambos esa senda.
-Lejos estoy de saber, si él se interese…-la voz de Okita se apagó completamente, detrás de la tasa de té que ya se habia enfriado.
-Veo ahora cuales son tus angustias, quizás haz puesto los ojos demasiado arriba y…….
-Aprecio tu interés, pero esta demás decirte que…
-Solo entre tú y yo. No lo he comentado con nadie más. Creo que tú eres capaz de tomar tus propias decisiones.

Okita inclinó levemente la cabeza, esperando que con ello Takeda diera por terminado su sermón. Lo cual hizo unos minutos después, poniendo la tacita sobre la mesa y dejando al sensei con sus propios y confusos pensamientos.


¡Cómo el hombre!
En noches de luna llena
el espantapájaros es miserable
(Shiki)

El sensei puso su mano en su vientre, algo le quemaba y no era precisamente esa herida que habia terminado por ser una grotesca cicatriz en su cadera, haciéndole recordar una y otra vez su debilidad, la cual se llamaba Mitsuide. Desde que lo viera llegar al templo y templara su espada con él, había decidido que seria su maestro y que si el chico lo aceptara podría guiarle por la bella senda, mostrarle todo lo que habia aprendido en el arte de la guerra, pero además compartir un camino de respeto y compañerismos mutuos y por qué no.....un poco de erotismo no estaría mal. Con esa piel bronceada y bien trabajada, que además se deslizaba como ave por humedales, lenta pero segura sobre su objetivo.

Las imágenes que conserva de su fantasía, las atesoraba como prueba de su debilidad.

Noche a noche algo dentro de él crecía, no solo su deseo por Mitsuide. No, era algo más. Tenia la vaga idea de que ese “algo” le susurraba al oído, después de reptar por su cuerpo, le sentía enroscado en su cuerpo como una serpiente que le quitaba el aire por las noche, dejándole veneno a gotas en los oídos.

”-Mitsuide. ¿No es etéreo?
“-si
“-¿Qué deseas de él?
“-verme en sus ojos.
“-¿que te desee?
“-si…..eso.
“-él necesita de ti. Tú puedes guiarle.
“-Quiero formarle. Tenerle conmigo.
“-Tu puedes tenerle, tu debes tenerle.
”-Le deseo.
“-Acéptame….le tendrás.
“-Si….-un grito apagado escapó de la garganta del sensei


De pie
entregando el espíritu
el espantapájaros cae al suelo.
(Basho)


El veneno llenaba sus oídos y para resbalarlo por todo su cuerpo usaba sus manos, las cuales se deslizaron rapidamente desde su vientre hasta sus entrepiernas, de donde provenía ahora un fuego que le quemaba. Al gritar la aceptación a su condena, el “kiang-si” se manifestó en su mente, en la imagen mas deseada para su victima: Mitsuide. El ente necesitaba terminar de germinar, era solo un parasito dentro de Okita, necesitaba darle a su victima la certeza de que tenerle a su lado, no rechazarlo era un trato conveniente entre ambos.

Un cuerpo donde ser fantasías cumplidas. De momento solo en su mente, donde le retenía y le mantenía dentro de aquella que tanto le daba placer, el momento en que creía que Mitsuide le diera placer. La imagen eran tan vivida que Okita sentía que su miembro era tomado por la fuerte mano de Hasame y que delicadamente le friccionaba para luego hacer un rítmico vaivén lento al principio, pero que en cierto momento se hizo mas rápido, hasta que termino por gemir roncamente, embriagado por su fantasía, que simplemente le tenia envuelto, enredado en una madeja, de la cual no quería salir.


¡Ahora
Vamos contemplar la nieve
hasta caer de cansancio!
(Sokan)

El grito, aunque intenso fue apagado por su propia mano, la cual casi mordió hasta dejar una marca en ella, luego dejo caer la cabeza hacia atrás, hasta que el silencio le invadiera.

Pero aun si, el grito se coló por las paredes, horadando la piedra y dentro de un templo en oscuridad, parecía el golpeteo de los últimos vientos del invierno, que no dejaban de aullar por las noches. Quizás pocos prestaran atención a un ruido así a esa horas, salvo algunos que vigilaban por las noches y que esperaban precisamente no haberla escuchado.

Un tintineo de una cadenilla de plata se escuchó en el oscuro rincón donde Ranmaru se agazapaba.

-!Aquí estas!
-Tenia tiempo de no verte, Ukyo...-la sonrisa del narciso le fue respondida ante la imagen del fantasma de su hermano.
-Yo estoy por aquí, tu eres quien siempre esta ocupado….-le guiño un ojo y se puso su espalda en la pared a un lado de su hermano….- ¿o me equivocó al pensar que cada noche libre, las pasas con tu chico?
-¿no me dirás que nos espías?...–giró su cara con sorpresa.
-No…bueno ya no. Son algo aburridos…- sonrió al ver la cara de Ranmaru.
-Hasame es muy tierno y me respeta mucho.
-Bueno hermanito…eso que vi en el pasillo la última vez, pues no fue tan aburrido, fue mas bien….
-!deja eso!
-!mírate te abochornas!.... – intentando tocarle la nariz con la punta de su dedo.
-Ukyo….se serio. Estas aquí por algo.
-Si. También lo escuchaste, la bestia pronto empezar a moverse, su albergue le quedara angosto y empezara atacar…
-Lo estaré esperando.
-Lo sé, cuida a tu chico….-le dijo Ukyo una vez que empezaba a caminar por el pasillo hasta que su estela desapareció, dejando a su hermano continuar la noche.

<center>
<i>
Mudas
Las garzas trazarían en el cielo
Una línea de nieve…
(Sokan)
</center>
</i>

No solo ellos esperaban en la oscuridad el amanecer para continuar sus labores. Jiro hacia ya unos minutos que habia dejado el gran lecho y terminaba de vestirse, amarrando los gruesos lazos de sus botas y sujetando un fajin sobre su cadera. Se vestía rapidamente, intentando hacer el menor ruido, no deseando despertar a las figuras que descansaban dentro de las mantas.

Miraba con agrado el cabello oscuro de su hermano que cubría parte de su nuca y que aun lado de él se encontraba Zeami, envuelto en las sabanas dándole la espalda. La escena no dejaba de impresionarle, mas cuando minutos atrás el mismo estaba en medio de ellos y lo mejor de todo….de haber saboreado a su hermano.

Se acercó lentamente, no pudiendo resistirse a tocarle el cabello, cuando la mano de Soji le detuvo, abriendo los ojos lentamente.

-¿Qué haces? Faltan horas para que amanezca.
-Voy con Honda, vamos a cazar zorros…-le dijo guiñándole un ojo. La sola mención del nombre del general hizo que Soji se medio levantara.
-No me dijiste nada anoche.
-hummm, desperdiciar tus caricias para darte noticias de ese tipo….ni bromeando.
-¿Cuándo salen? Quiero acompañarlos.
-En unos minutos y no, tú no vas. Alguien debe distraer a nuestro padre. Y ese “alguien”, eres tú.
-¿están seguros…han hecho todos los preparativos?... –preguntaba ansioso el gemelo.
-shshshsh. Claro….como si no conocieras a Honda. No se mueve si no ha previsto todo.
-Bien, cualquier cosa…
-Tú cubrirás la retaguardia. Ten preparado todo para la audiencia con nuestro Padre una vez que tengamos el resto y algo mas…
-¿Qué?
-Dime que la pasaste genial igual que yo….-eso le valió un simulacro de golpe por parte de Soji, pero retuvo su mano y luego le tomó a prenda un beso…. –para el viaje, para recordar a donde volver…-le dijo una vez que se separoo.
-Cuídate.
-También tú. Cuídale, se bueno con él…..- señalándole a Zeami que se giraba aun dormido y tanteaba las almohadas.
-Seguirá aquí hasta tu regreso.


A una ligera inclinación Jiro salio sin dar vuelta atrás. En el pasillo ya le esperaba un hombre de confianza y ambos se movieron rapidamente a buscar a Honda, quien en una puerta posterior del palacio ya tenia un pequeño contingente no mayor a una veintena, quienes al verle se inclinaron rapidamente ante presencia del hijo del sol.

-!Listos…a cabalgar!


Al trueno de la voz de Honda el contingente se movió rapidamente, debían llegar al primer despunte de la mañana a ancladero, donde un pequeño bergantín les transportaría hasta las inmediaciones del villerio de Yendo, el cual habia sido incomunicado en la última semana, toda la correspondencia acaparada y era ya flanqueada por un pequeño regimiento, que hábilmente Honda habia movilizado en partes para evitar sospechas y sobre todo para que el emperador Ieyasu Takegawa no tuviera tiempo de cuestionar, por ende de poner en aviso a Yendo

<center>
<i>
Muy lejos en el mar
el viento verde y la niebla
¿Adónde van?
(Sojo)
</center>
</i>

Las horas de viaje sobre el bergantín fueron utilizadas para poner Jiro al tanto de toda la estratagema que se tenía montada y revisaba con el coronel cada uno de los detalles. Era por decirlo así, la primer batalla personal que libraba. Quería hacerlo bien por muchos motivos, defender el Imperio que tanto trabajo le habia costado a su padre y a muchos levantar. Lo hacia por su orgullo de guerrero que no evita un pelea y que defiende lo que es suyo y considera justo. Sobre todo por que también estaba en la defensa de su familia, incluyendo a su hermano Soji.

Un paso en falso y se vería en mucho aprietos frente a su padre, ya que el mismo Toboe Yendo era su amante, lo cual lo consideraba una ofensa mas. No podía justificar que pensara pagarla así a su padre, después de tantos años de estar a su servicio, siendo un noble y asesor del imperio. Simplemente Yendo se habia consumido de ambición y no le bastaba todo lo que su padre, el emperador le diera, ya fuera en favores o con su presencia.

Nunca le habia sido grato, pero le toleraba por que veia a su padre contento con esa relación de tantos años, pero no permitiría que intentara arrebatarles aquello por lo cual toda la familia Tokugawa habia luchado.

Así que cuando vio el villerio a media tarde y los banderines de la Casa Imperial ondear en el regimiento que los recibio, si tenia alguna duda, se disipó. Honda se encargó de dar las últimas disposiciones y sin ningún titubeo dio la orden de avanzada. El regimiento se movió como ola embravecida sobre una playa desprotegida, la cual simplemente invadió.

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<i>
Repentinamente la guerra
De pie
Al fondo del corredor
(Hakusen)
</center>
</i>

El asalto a la villa fue rápido, la estrategia de incomunicarla, cortándole suministros y la presencia de una guardia reducida fueron las claves para entrar sin mayor problema, contando con algunos heridas y bajas por parte de la casa Yendo, que prefirieron pelear antes de entregar el recinto. Los que se quedaron a protegerle al ver la situación pérdida se dividieron en dos bandos, los que prefirieron una batalla suicida, hasta la muerte sin esperar ganar, pero con el orgullo de haber defendido hasta la última gota lo que se les había dejado en custodia. Hasta el bando que prefirió negociar, los menos, pero esas cabecillas eran claves para ser la parte de las pruebas que se necesitaban. Dejaron lo que quedaba de la villa Yendo, una vez que el regimiento organizo el traslado de los pertrechos y propiedades de la Casa Imperial…..a donde irían a parar.

En esos mismos días, entre la salida de Jiro al Villerio y su retorno, la vida y los seres dentro del palacio Edo, seguían su ritmo, ignorando lo que el hijo guerrero del sol hacia.

Zeami se despertó del gran lecho y en esta ocasión estaba solo. Ninguno de los gemelos se encontraba en las mantas. Era algo tarde y quizás ellos, acostumbrados a la vida militar, no toleraran. Aun no comprendía esa manía de Jiro de levantarse a primera alba a entrenar, aunque hubiera pasado la noche retozando con él….o como ahora era común entre ellos.

El chico de ojos grises tuvo que aceptar el hecho de que ahora era la cortesana favorita de los gemelos, tenia que quitarse de la cabeza que era el preferido de Jiro exclusivamente, sino que más bien era el entretenimiento entre ambos.

Por que tristemente Jiro no le amaba, la luz que habia en los ojos de guerrero era por su hermano, le había escuchado decírselo cuando se entregaba a igual. Entendía que era un juego entre ellos tenerle, por alguna razón, Soji estaba prendido de él. No por que fuera un actor, ni por que danzara o tocara algún instrumento o por que fuera complaciente en el lecho. Podría jurar que cuando le poseía susurraba un nombre con el cual humedecía su cuello….pero no era el suyo.

Zeami se dejo hacer esa mañana por la servidumbre que complaciente como siempre le atendieron. Se había vestido y pensaba practicar una danza, cuando Mitchi llego con un pequeño sobre para entregárselo, pedacito de papel que cayo al suelo como las hojas secas cuando el viento frió insiste en no dejarlas sostenerse.

Salio corriendo y detrás de él, Michi angustiado que pidió al guardia en turno que le siguiera, llevando a otro guardia consigo para custodiarle. Orden que tenía autorizada por el mismo Jiro, de que en caso de Zeami necesitar salir de palacio, un par de guardias deberían acompañarle.

El pequeño grupo de la servidumbre, incluyendo a Mitchi y los guardias, llevó al joven al campamento donde por última vez había visto a su padre con vida, la cual había perdido cuando se ahogó y su cuerpo flotaba en el río. Ahora que el joven le veía, ya había sido recuperado y preparado para su cremación. Algunos compañeros del teatro habían hecho los arreglos, mientras que el cuerpo del viejo actor se encontraba envuelto en una blanquecina manta que firmemente sujetaba la tela.

Solo esperaban a Zeami para las últimas palabras, el joven solo derramó lágrimas, ninguna palabra podía salir de su boca. Ahora estaba mas solo que nunca, viendo la estela de humo elevarse sobre la capa de nieve bajo sus pies.


Bajo la viva luna
duermo
con un despojo
(Takako)

Fue sostenido en su dolor y no supo por quien. Amigos, actores, gente que conociera a su padre y le consolara, pero aun en medio de su sufrimiento, nunca faltaba aquellos que quisieran aprovecharse. Las pocas pertenencias de su padre habían sido vaciadas de su cuarto, supuestamente en pago para los gastos del intempestivo funeral. Ni sus kimonos, ni sus objetos personales. Le habían dicho que otro tanto lo habia despilfarrado en su vicios, que no eran pocos. Salvo un pequeño peine de concha que una de las chicas le entrego, por que lo traía su padre en un bolsillo, nada se habia salvado….ése era su única herencia.


Ocurre en los humanos
Y también con los espantapájaros
No son derechos
(Issa)

Regreso muy levantada la noche, cuando a insistencia de Michi y la guardia, volvieron a palacio. Nada podía hacer, las cenizas las entregarían al día siguiente y podría entonces llevarlas al templo, para dejar una tablilla y rezar. Tenía los ojos hinchados y la mirada pérdida, cuando la servidumbre insistió en que se diera un baño y cenara algo. Hizo lo primero, pero se negó a lo segundo. Entró al gran lecho de Jiro, que sin él era más grande.

Soji estaba demasiado entretenido con sus actividades de palacio y manteniendo a su padre entretenido para que no notara la falta de Jiro, lo cual era bastante difícil, ya que su gemelo era más que bullicioso y en esos días de fiestas invernales, tanto la presencia de Jiro como Zeami fueron notorias para él. Su padre estaba demasiado entretenido con los eventos de caza organizados y la gran cena en el salón, que si reparo en la falta de Jiro, rápidamente se conformó cuando le dijo que andaba de correrías detrás de algún nuevo chico, a lo cual su padre rió y continúo con lo suyo.

Al terminar la presentación teatral y al no aparecer Zeami, mando buscar a Michi, su joven asistente, el cual tampoco apareció y le fue informado que ambos habían salido junto con una pequeña guardia desde la mañana, lo cual tenia permitido, según le dijeron. Jiro directamente había dado la autorización, así que dejo encargado que una vez que el actor llegara se le informara inmediatamente.

Ahora estaba enfrente de la puerta de Jiro y al entrar vio el cuerpo de Mitchi durmiendo en el recibidor de la habitación, despertando de súbito y arrojándose al suelo al ver de quien se trataba. La voz de Soji le exigió una explicación y las pocas palabras del chico fueron que habían estado en la cremación del padre de Zeami, a duras penas le habia hecho regresar. El hijo del sol le indico al chiquillo que se fuera a dormir a sus aposentos.

Era verdad que Soji no estaba interesado más allá de algún encuentro ocasional con Zeami. Era agradable y excitante, no podía negarlo, pero en realidad carecía del apasionamiento guerrero que tanto le impresionaba en Hasame, aun cuando el chico era una ligera copia suya. El extraño color de ojos quizás fueran la mayor semejanza o esa forma retadora que tenia de vez en cuando, aunque en la mayoría de las veces era solicito y débilmente protestara, sin embargo al verle ahí, enredado en las cobijas, hipando en sueños por la pérdida de un padre, era algo que hizo bajar la guardia. El chiquillo lucia tan frágil y le había dejado la consigna de cuidarle. Se despojó rápidamente de la mayoría de su ropa y entro al lecho. El otro al sentirle, rapidamente se giró.

-¿Jiro…eres tu?
-shshshsshsh…..ven….- le tomó entre sus brazos y le acurrucó. Dejo que llorara en su pecho, mientras le escuchaba. Quizás no fuera el mejor padre de todos, pero le habia cuidado, enseñado un arte y protegido, a su manera. Soji, solo podía acariciarle el cabello, abrazarle, sentir el fuerte respirar hasta que se hizo un quejidito, luego sueño invadió al chico, para quedar dormido ahí.


Desolación inclemente
En un mundo de tono uniforme
El ruido del viento….
(Basho)

Zeami lucio pálido los siguientes días, sin proponérselo hacia juego con la estación, que aun tapizada de nieve y escarcha lucia los jardines. Se paseaba como un espectro….sin ningún propósito. Había regresado de las actividades funerarias del templo, esparciendo las cenizas y mandando grabar un par de tablillas con el nombre de su padre. Una para el templo y otra que llevaría consigo para hacer un altar particular, cuando tuviera un lugar que llamara propio….por ahora solo era invitado al lecho de los gemelos.

Además Jiro no estaba en palacio. Lo descubrió al día siguiente de amanecer en los brazos de Soji, él cual aun cuando recibio sus besos, un par de caricias después, logro diferenciarle y se retiró cohibido, agradeciendo que el hijo del sol no insistiera ni le solicitara nada mas. De hecho se mostró hasta comprensivo cuando le dijo que si no deseaba asistir a los eventos del palacio ni participar en las puestas teatrales, estaba bien. Detalle que le agradeció….necesitaba tiempo para encontrarle sentido a su vida.

 


¡Qué soledad!
Después de los juegos artificiales
una estrella fugaz
(Saki)

La llegada de Jiro días después junto con el pequeño regimiento tomó de improvisto al emperador Ieyasu. Dicho de otra manera le sacó del lecho, en esta ocasión del matrimonial. Se vistió rápidamente cuando su secretario le informó que el regimiento a cargo de Jiro y Honda ya estaba en las puertas de palacio. Vio por uno de los balcones que detrás de ellos, las caravanas de materiales y pertrechos.

Un par de gritos suyos bastaron para que el otro de sus hijos se hiciera presente. El cual por cierto no habia estado inactivo. Una vez que Jiro inicio la marcha habia enviado a un correo que le precediera y unas horas antes, agitado jinete pedía audiencia directa con el gemelo, recibiendo la información de que su hermano ya tenia las pruebas que hacían falta, con lo cual se dio el gusto de ir personalmente a sacar de las habitaciones que Toboe Yendo tenia en palacio y que para su fortuna esa noche no compartiera con su padre.

Las palabras de Yendo no fueran nada agradables, una vez que su guardia personal fue sometida y él detenido.

-! ¿Cómo te atreves?! Haré que tu mismo padre corte tu cabeza….pequeño infeliz,

Ni siquiera se digno a contestarle, le dejo detenido en sus aposentos hasta que fuera solicitada su presencia frente al emperador.

Ieyasu espero con impaciencia a la presencia de su hijo, el cual al llegar se inclinó ante su padre como las normas exigían.

-¿Qué es todo esto? ¿De donde viene tu hermano? ¿Por qué no se me informó?
-Es algo delicado padre. Hemos investigado un caso de traición y hemos actuado en consecuencia a su captura.
-¿De quien hablas?
-Del jefe del Clan Yendo…-Soji sostuvo la mirada de su padre, quien en ese momento se levantó de su silla y mando desalojar el recinto, incluso al secretario quien rápidamente tomo sus pergaminos. Agradecía no estar en medio de aquello.
-!Vas a tener que darme un buena explicación para ese proceder! ¿Tienes una idea, de quien es Yendo? No solo es un consejero de palacio……es…
-Se quien es Padre….se lo que es para ti.
-!Aun …aun si. ¿Te haz atrevido?... –su cara ahora estaba a centímetros de la de su primogénito….-¿Cuáles son los cargos?

Soji le entregó el manojo de manuscritos, donde se detallaba los fraudes y malos manejos de las adquisiciones de materiales.

-¡Yendo no lleva su propia contabilidad, alguien cometió un error!...-le dijo al tiempo que arrojaba sobre la primer mesa todo el fajo de papeles….-una explicación fiable debe haber. Esto no era motivo para hacer una incursión, menos molestar a Yendo con esto. ! Debías haberme informado personalmente!
-Esa es una prueba que no quieres ver, Padre….-indicándole el manojo de papeles…-ahí esta detallado cada movimiento, firmado por propia mando por Yendo, además….
-¿además que? ¡Termina, bastante haz hecho ya!
-Organizaba un grupo. Tenía pensado reorganizar a los clanes que no se han consolidado con el Imperio.
-!Ten cuidado Soji! Una cosa es pensar que se ha aprovechado de su puesto para enriquecerse y otra….otra muy diferente es pensar que podría traicionarnos a mí.
-Padre…
-No….no tienes pruebas de eso. Solo de malos manejos.
La puerta se abrió súbitamente, dando paso a Jiro y a Honda, quienes se inclinaron rapidamente ante la presencia de su emperador,

-¡Ustedes! Honda ¿Cómo haz podido? Lo entiendo de Jiro que es un joven impetuoso y listo para ir cualquier guerra. ¿Pero tú? ¿No podías informarme?
-Mi señor, yo….
-Él ha actuado bajo nuestras órdenes. Ambos le hemos autorizado a actuar y tenemos prueba. Ahora están quienes por su propia boca pueden decirte aquello que no quieres creer. Danos el beneficio de la duda. Se el emperador….antes de ser amante…- increpó Jiro, quien no tenia pensado ceder fácilmente.

La vista del emperador pasó de uno a otro y asintió reconociendo el significado de la afirmación que le hicieran, primero debía ser emperador. Se sentó apesadumbrado a escuchar las pruebas que Jiro y Honda traían, luego escuchó de boca de aquellos que llevaran a su presencia. Aquellos que hablaban con la esperanza de que se les perdonase su vida, pero lo único que ganaron fue la protección para sus familias, sus vidas serian pasadas al filo de la espada, sentenció el emperador, cuando termino de escuchar.

-¿Dónde…donde esta Yendo?... –preguntó cuando la voz logró salir de sus labios.
-En sus aposentos, le he retenido ahí…-contestó Soji
-¿sabe de lo que se acusa?
-No…en concreto.
-Bien, hazle venir. Tiene derecho a defenderse.


Pero Yendo perdió ese interés cuando llegó ante la presencia del emperador y vio a sus compinches doblegados al suelo. Cruzó unos pasos más y también cayó de rodillas.

-Pido misericordia….-alcanzó a susurrar
-¿No te defenderás?...–le gritó el emperador levantándose.
-No…mi señor.
-¿tu señor? ¿Cómo te atreves? ¡Tú, precisamente tú! ¿No te bastó lo que te di? Te hubiera dado la mitad del Imperio si me la hubieras pedido. Pero fuiste tan estupido que pretendías arrebatármelo.
-No…no esa la intención….era….no lo entenderías.
-No…seguramente no.
-Permíteme….remendar mi error. Limpiare mi nombre. Dame mi espada y limpiare el recuerdo que de mi tengas. Por favor…Ieyasu.
-..Tu espada no merece tal oprobió, que te baste una daga…..-le dio la espalda.

El emperador le indicó a Honda que le diera una daga, la cual tomó Yendo, mientras se abría la casaca de su kimono. Su último acto debía ser con honor. Limpiar sus faltas y el mejor lugar para hacerlo era enfrente de aquel al cual habia ofendido. Quizás en un momento de ambición pensó en organizar a los rebeldes, quizás con la idea de anexarlos al Imperio o solo con el fin de derrocarle. ¿Quién lo sabría en realidad? Al final el imperio era demasiado para la codicia de un hombre y mayor que la relación que ambos tenían.

La bella senda que ambos habían llevado, truncado ahora por el tajo rápido que hizo a su vientre y dos cortes mas rápidas, de los cuales no tuvo tiempo de sentir la magnitud del dolor, por que otro tajo rápido segó su vida, cuando Honda cruzó la espada y desprendió la cabeza del shogun Toboe Yendo.

Junto a ese desprendimiento, dos lágrimas imperiales rodaron. Ieyasu se levantó, dejando atrás el recinto, un pasado, un guerrero…un amor…una senda rota.

De pronto el frió se instaló en su cuerpo y recordó los inviernos que había vivido.


Cuando envejecemos
La larga presencia del día
Es también motivo de llanto
(Issa)


El frió instalado en el palacio cedía ante el fuego de los leños que crujían fuertemente. Honda se encargaba de arrojar un leño más. El día había sido largo, demasiado, hasta altas horas de la noche podía al fin tener un tiempo para si mismo.

Con la luz reflejándose sobre el papel, escribía rápidamente una carta, que tenia particular interés que fuera enviada a primera hora a las montañas nubladas. Repasaba una y otra vez el texto para estar seguro de que era lo que mas adecuado, aunque deseara escribir abiertamente, sabia que no podía hacerlo, por que el narciso podría sentirse incomodo con tal atrevimiento de su parte.

Sin embargo deseaba dejarle patente su interés y sobre todo, hacerle de su conocimiento que había por fin cubierto la deuda adquirida tiempo atrás, cuando Ranmaru liberara el espíritu vagabundo de su pequeña hija.

Sin embargo ahora deseaba algo mas, que en su madurez, un cuerpo tibio le quitase ese frió, que insistentemente se instalaba sin tregua.


La vejez
También al cortar un ramo de flor
Una mueca en la boca
(Issa)


“…..como pronto tendrá detalles por otros medios, de mi parte solo me permito ahora informarle que he cubierto la deuda adquirida. La cabeza de Toboe Yendo ha rodado; el emperador ha girado la orden de una investigación para cubrir los adeudos que el Clan Yendo tuviera, incluyendo a la casa Osakura. Le informare a la brevedad de tener alguna noticia, pero es seguro que la primavera nos permitirá encontrarnos en el templo a donde me dirigiré entre otras cosas para verle. Su humilde devoto….”
HT.”


A esa primera nota, hizo tachaduras y enmendaduras. Si algo no deseaba en ese momento de su vida era causar a Osakura algún rechazo, aunque consciente era de que desearle ya era una falta. Sin embargo conocía a otros que a su edad había emprendido el bi-do (3) y aun sentía que tenia cosas que enseñar y si el narciso se lo permitiera, podía mostrarle no solo ha destacar en la pluma y en la espada, sino el espíritu del shudo.

Aunque claro, rompía con la norma de esperar que fuera Ranmaru quien lo abordara, pero a su edad podía darse el lujo de saltar algunas reglas (4)

 


Frente al espantapájaros
A edad avanzada
Tengo vergüenza de mí
(Shiki)

El viejo general solo se acostó hasta que terminó el escrito en un nuevo papel, con la caligrafía esmerada y bien trabajada, donde la tinta se queda secando hasta que el primeros rayos del sol iniciaban su lento recorrido por las aun nevadas planicies de la fortaleza Edo.

Mientras unos iban al lecho apenas, otros ya habían iniciado su día.

Hasame se levantó rápidamente en medio del su grupo de compañeros de aposento, mientras se vestía, miraba que Takemi aun se negaba a dejar la manta.

-Levántate perezoso, se te hará tarde…-le arrojó un manta
-No.no…déjame dormir un poco mas, estoy cansado sabes…
-te partirá a palos si no llegas temprano al entrenamiento…..-refiriéndose a Okita, que últimamente la había tomado contra el chico Takemi, pensando que esa amistad entre el joven y Hasame era de otra carácter.
-ya lo hace sin necesidad de que no me levante, le daré un motivo valido….
-¡nada…vamos!...– le jaloneo hasta que hizo que se levantara, luego Higachi continuo con la labor de hacer llevar a su chico al desayuno.

La rutina se instaló en el templo, entre entrenamientos, comidas y las escasas horas libres que una vez conseguidas, cada quien aprovechaba como mejor le pareciera.

Hasame se cercioró, una vez más de donde se encontraba tanto sus compañeros como su sensei, del cual últimamente se las ingeniaba para terminar sus entrenamientos sin detenerse demasiado. Veía en sus ojos algo que no quería darle nombre, pero que en definitiva no tenia pensado participar, bastante le incomodaba sus constantes atenciones y el hecho de que le tocara a la menor provocación, simulando corregirle alguna postura o su espada. Eran roces ocasionales, insistentes….pero disimulados.

Una vez que vio que el sensei Okita se dirigía al comedor principal junto con varios de los monjes, salió corriendo en sentido contrario, pasando por una parte angosta de la pared, descubierta recientemente por alguno de sus compañeros, por la cual salían y entraba sin que los monjes les hubieran pillado. Intentaba disipar la sombra que se reflejaba por la ya escasa luz de la tarde. Tenía una cita con Ranmaru cerca de las pozas de agua caliente.

 


libélulas
en un villorrio tranquilo
es día de fiesta….
(Kyoshi)

Le encontró ahí arrojando piedrecillas, que formaban ondas que se disparaba rápidamente por la superficie.

-Pensé que tardarías….-le sonrió el narciso, como solo podía hacerlo para él.
-tenia que cerciorarme de donde estaba todo mundo.
-a.m.…..si la prudencia nunca esta de mas.
-no. Un beso tampoco.
-hummm. ¿Solo uno?
-para empezar si.

Ranmaru, se acercó lentamente, reduciendo la distancia que había entre ellos. Se levantó de puntitas para alcanzar sus labios. Últimamente Hasame se estaba alejando unos centímetros del suelo y le era agradable estirar toda su esbeltez para alcanzar ese aleteo que se convertían sus labios al rozar los suyos y cuando se prendo de ellos, saboreo cada partecita que le su lengua podía tocar.
-eres tan dulce…-le susurró al oído Hasame cuando se separó
-Ven, acompáñame…..-tomó su mano y le hizo correr hacia una parte del bosquecillo, donde iniciaba parte de los termales, miró la cara de sorpresa del ojiazul, cuando le vio que empezó rápidamente a desvestirse…-entremos al agua.

No espero mas invitación, arrojando a la nieve todo lo que pudiera estorbarle, acompañando al narciso que emergía sobre el agua, con el cuerpo lleno de gotitas y vapor de agua cubriéndole en parte. Hasame primero resintió un poco el cambio de temperatura del agua, luego se relajó tranquilamente, más cuando el narciso acercó su mojado cuerpo al suyo.

-¿no es agradable?
-tenerte en cualquier parte lo es. ¿Cómo encontraste este lugar?
-por casualidad…se lo oí decir a un espíritu.
-ahhhhh. ¿Los espíritus disfrutan del agua caliente?... –le salpicó la cara con un poco de agua.
-no…son unos fisgones que les gusta ver a los vivos mientras se bañan….-lo dijo tan serio que Hasame levantó una ceja y volteó de pronto hacia todos lados, como buscando algo.
-jajajajajajajaja….- se rió de buena gana el narciso, lo cual le ganó que una pequeña batalla en la pocita se llevara acabo, donde ninguno de los dos quería ganar, simplemente disfrutar el momento de tenerse uno al otro.

Cuando Hasame por fin tomó por la cintura a Ranmaru, le abrazó, acurrucándole a su lado. El narciso vio de reojo la mirada del espectro Ukyo, que a lo lejos le sonría, disfrutando intensamente que su hermano se encontrara disfrutando de esos pequeños momento de paz al lado del chico que amaba.

Ya encontraría Ukyo la forma de llegar hacia el ser que le esperaba a él también.


Sobre una piedra
la libélula
sueña en pleno día
(Santoka)

(1) Nanshoku: sinónimo de wakashudo (que a menudo se conocía por su forma abreviada, shudo, el término habitual para el amor masculino, escrito con los anagramas de "hombre" y "color")
(2) Wakashudo: "la senda de la juventud"
(3) bi-do: "la hermosa senda"
(4) "Escondido tras las hojas", famoso manual para samuráis de Yamamoto Tsunetomo de principios del s. XVIII, estipula que: Un hombre joven debería probar a uno más mayor durante como mínimo cinco años y, si está seguro de las intenciones de esa persona, pedirle relaciones formales (…). Si el joven puede entregarse y vivir así durante cinco o seis años, es una persona adecuada.