
Cáp.
13 La noche silenciosa.
XIII
Las olas suenan a espuma en la noche silenciosa
Los guerreros semejan el zumbido de un panal
La guerra es un koto destemplado tañido con la espada.
Unas
ligeras brasas aun se consumían lentamente en la hornilla y daban
poco o casi nada de calor, pero eso no le importaba al narciso, que una
vez, completamente desnudo, entró a las mantas, donde otro cuerpo
en iguales condiciones lo esperaba, para darle su calor. Un gemido se
le escapó por ese simple contacto de piel a piel, sin nada que
ocultarse. No en vano habia pasado varios días sin su calor, ni
su olor, ese que ahora se mezclaba con el dulzon aroma de su encuentro
de minutos atrás. Detener su propio torrente estaba fuera de sus
intenciones, simplemente se dejaron llevaran por la feliz reconciliación
en un callejón oscuro, después de días de penuria
en solitario.
Rammaru
no podía encontrar mas placer que estar dentro de las mantas con
ese cuerpo tibio, que tenia bien trabajados los músculos, en evidente
muestra del exceso de ejercicio. Puso sus manos en su pecho y empezó
a deslizar lentamente sus dedos, no tenia prisa, ni sueño y le
gustaba escuchar los gemiditos que sacaba de la garganta del chico, quien
tenia sus ojos cerrados disfrutando los pequeños círculos
que con sus dedos hacia sobre su piel. Un par de círculos y pegaba
sus labios en su pecho, volvía a repetir, una y otra vez, esa dulce
tortura, mientras las manos de Hasame, tímidamente lo tomaban de
su cintura , sin ir mas allá, sin atreverse a nada, por que ya
en demasía se excedían.
¿Pero
que importaba, si ellos y solo ellos lo consentían?
Sobre este punto colgante
nuestras vidas se enroscan
en las ramas de la yedra
(Basho)
Se
dejo aprisionar por sus piernas y sus brazos, embriagarse por su olor,
con el sabor de su piel, entre roce y roce de sus labios sobre ella, hasta
que ambos, concientes de que no debían llegar a más, alargaron
un beso que se convertía en ansioso y demandante a reducirlo a
un roce. Hacer con ello que la respiración se amainara, la cordura
les llegara a las yemas de los dedos y de ahí se deslizará.
No era simple, pero si necesario.
Pero
ambos se sentían placidos de compartir esos momentos. Ranmaru pegó
su cara al pecho del ojiazul para empezar a contar los latidos y acompasarlos
con los suyos. Cuando la dulce sonrisa Osakura se instaló en su
cara, Hasame supo que se pertenecían uno al otro y que aquel que
ahora tenia en sus brazos era el ser mas importante en su existencia.
Además de que era correspondido. Lo acurrucó en sus brazos,
mientras acariciaba sus caballos, hasta que el sueño los venció.
Pero con el instinto más que acostumbrado, al primer cambio de
luz indicando el pronto amanecer, los ojos de caoba se abrieron, solo
para contemplarse en una azul celeste que ya le escudriñaban con
ternura, seguida por la delicada forma en que deslizaba sus dedos por
su cara. Lenta, sin prisa, como si fuera una porcelana que podría
pulverizarse entre ellos.
-No
me romperé, soy mas fuerte de lo parezco….-le dijo como si
adivinara sus pensamientos.
-Seguro estoy de ello. No es por eso mi delicadeza, es solo para una forma
para rendir tributo a la perfección...
-Lejos, muy lejos estoy de ella…-le sonrió ante la ocurrencia.
-Ante mis ojos, no hay nadie que se iguale, ni un ápice> No
es tu exterior solamente, es la belleza que tienes contenida dentro de
ti mismo. Ésa, Ranmaru es de la cual estoy prendido.
-Libélula de colores, eres tan intenso en tu aleteo, que no ya
flor que no seduzcas.
-Solo seré la libélula de este narciso, de nadie más…..o
yo mismo me arrancare las alas.
La
voz se le escapó a Ranmaru al escuchar eso. Nada tenia que decir,
solo sellar ese pacto, que día a día, ambos se predicaban
y la mejor forma era entregando sus labios a otros ansiosos que lamieron
la dulzura de su polen, hasta que el aire compartido se termino entre
los dos.
Un
poco mas de luz entró por el ventanal y ambos se levantaron rápidamente,
no teniendo mas tiempo que para vestirse, mientras Ranmaru aprovechó
unos segundo para ayudar a recoger el ya largo cabello de Hasame, para
hacerle una coleta y luego ajustarlo con un palillo de madera, mientras
rozaba con su labios su cuello y se alejaba rapidamente antes de ser atrapado
por los manos del ojiazul.
-No
hay tiempo….nos veremos después.
-Siempre hay tiempo para un beso mas….-le retuvo a su lado.
El
beso, no por ser breve, no fue intenso, dejando a Ranmaru ligeramente
agitado y pasos más adelante, pasillos mas, recovecos menos, deslizó
sus dedos sobre la espalda del chico, con la intención de buscarle
cuando fuera prudente mas tarde, por que en algo estaban de acuerdo, siempre
debía haber tiempo para un beso más.
Las noches son breves
¿Cuántos días más
aún por vivir?
(Shiki)
Algunos
en el templo habían encontrado paz en sus noches frías y
muchos otros habían dormido largamente, pero a otro el sueño
les habia abandonado. Se fugaba por las paredes y se arrastraba por los
pasillos como humedad, dejando huella a su a paso.
La
mirada fiera de Okita solo se sostenía por ese fuego interno que
lo consumía lentamente, pero su cara ya empezaba a mostrar señales
de esas largas noches y sus ya conocidos silencios se prolongaban más.
Solo un leve brillo en sus ojos, mostrando algo parecido al interés,
se instalaba en ellos cuando veia pasar de reojo a Mitsuide. Él
chico le tenia prendido, pero para aumentar sus desgracias nada de lo
que hiciera para tenerle mas cerca de lo que deseara le resultaba.
El
joven era educado atendiendo a sus llamados para actividades extras, pero
nunca iba solo. Constantemente le interrumpían y él chico
se retiraba sin darle tiempo a nada más. Tenía que resignarse
con verle entrenar día a día, ver como marcaba su casaca
por el sudor y como dejaba esa pequeña estela de su presencia,
por que su aroma cada vez le era más seductor.
Esa
mañana le vio llegar junto con su grupo. Sus ojos desearon fulminar
a la presencia del chico que venia a un lado. A ése que constantemente
se encontraba a su lado, ya fuera en los entrenamientos o por los pasillos.
Le molestaba que pudiera acercarse tan libremente a Hasame y que constantemente
platicara con él. Lo peor fue cuando le vio poner su mano en su
hombro, seguro para tenerle mas cerca.
Okita
no supo ni en que momento hizo añicos la pequeña taza de
cerámica de su mano. Sostuvo por unos segundos más los restos,
hasta que una mano se puso sobre la suya y empezó a retirarle los
fragmentos. Solo entonces se dio cuenta que se esta evidenciando, se levantó
rápidamente, buscando tener un poco de aire y paz, antes de los
entrenamientos. En caso contrario, seguro desquitaría con alguien
su malestar y ese alguien… ya tenia nombre.
-!Vamos
Takami, seguro pueda hacerlo mejor!...- gritaba el sensei Okita con cierto
morbo, viendo como el chico colgado de sus pies intentaba mantener el
ritmo de las inflexiones, pero simplemente estaba agotado, así
que se dejo caer al suelo, intentando buscar algo de aire para sus pulmones.
-lo siento…no…no puedo.
-Eso es mas que evidente ¡Levántese! Aun no ha terminado,
su kata ha sido más que mediocre. Ahora tome ese saco, amárrelo
a su espalda y corra. Yo le diré cuando terminar….-le vio
levantarse, al igual que empezar a cumplir su orden.
“-Así
lo pensaras mejor, pequeño granuja y te mantendrás lejos
de él”, pensaba sin ningún remordimiento Okita. Simplemente
no había podido evitar ampliar los defectos existentes o no en
Takami. Para él, el chico era el obstáculo entre Hasame
y sus intenciones, cualquier roce lo consideraba un exceso de confianza
y extralimitarse en tocarle y eso no se lo permitiría en su presencia.
Llevaba
la tercera vuelta, cuando desde la puerta del dojo, la mirada azulada
de Hasame le distrajo, le vio acongojado por su compañero, así
que pensó en ser generoso.
-¡Bien, termine esa vuelta! Creo que ha entendió el mensaje.
Preste mas atención a sus clases, le quiero aquí a primera
hora…..-mientras caminaba rumbo a la salida, pasando a un lado de
Hasame, quien dio una inclinación de respeto y paso de largo para
llegar a Takami con junto con Higuchi, quien era su compañero.
Takami
soltó el saco y lo dejo aun lado, mientras se dejaba caer al suelo,
de espalda, boqueando, preguntándose una y otra vez que demonios
tenia a Okita de tan mal humor. Lo que fuera le habia costado un buen
castigo toda la tarde. Agradeció que sus compañeros fueran
por él y se ofrecieran a terminar de limpiar el dojo, pero aunque
no lo habia mencionado antes de salir Okita, esa era obligación
suya antes del salir, así que por lo menos no le llamaría
la atención por algo que no le dijo hacer, pero que seguro seria
un motivo para fastidiarle al día siguiente.
Okita
solo quería terminar ese té e intentar dormir, cuando escuchó
el sonido de unos pequeños golpecitos en la puerta.
Un fuego que muere
Golpea a la puerta
En medio de la noche…..
(Basho)
-¿Tendrías
unos minutos?...- el monje se inclinó ante la puerta, solicitando
entrar.
-Si…no es tan tarde. ¿Qué sucede?.. –le cedió
una taza, ofreciéndole que tomase un poco de té de la hornilla.
Shinji
Takeda, era un monje de más edad que él, pero considerado
joven entre la mayoría de los monjes. Le conocía de tiempo
atrás y habia sido a través de su inmediación que
Okita se encontraba ahora en calidad de sensei en el templo, aunque no
compartiera mucha de sus creencias. Era un guerrero y tenía la
filosofía del bushido. Era leal, comprendía el deber y sobre
todo tenia el valor, conocía a Okita como un militar de temida
espada, sin miedo al dolor o la muerte, pero también podía
jactarse de conocerle como humilde y benévolo, aunque últimamente
los alumnos podían ser propensos a un castigo sin pensar demasiado.
-¿Dime
Okita, te sientes bien, la vida del templo? ¿En verdad no extrañas
la milicia?
-Sabes mejor que nadie por que estoy aquí.
-Si. Prometiste formar un nuevo contingente de guerreros para la milicia
y aquí sientes que puede expiar tus demonios !No me mires así,
se de lo que hablo! Haz adelgazado, tienes una pinta de mal dormir. Hoy
hiciste trizas una taza. Creo que se lo que te pasa….
-No, en verdad creo que no…-suspiró con cierto desden.
-No te ha sido fácil relacionarte. Empezar tu nanshoku (1)…..lo
entiendo. No es tan simple como parece.
-¿de que hablas?
-Mírate, tienes todos los síntomas. La mirada perdida, falta
de concentración. Nada te divierte…nada, excepto el objeto
de tu interés. Es natural, todo samurai tiene alguna vez pensado
recoger esa senda.
-¿Qué te hace pensar que yo?
-Es un templo pequeño y sus paredes delgadas. Los rumores circulan.
Algunos cierto, otros no tantos, pero suceden. Además…te
delatas tu solo.
-¿Tan…evidente es?
-.Para quien te conoce de tiempo atrás….aun a mi, me ha costado
descifrarlo. Pero tu mirada pasa de la furia a la calma total cuando lo
ves. También pueda entrar en cólera…..si le ves con
alguien más.
-Solo….solo quiero acercarme. Saber si… -la voz se fue de
su garganta.
-¿saber si el interés es mutuo?
-si.
-Eso lo entiendo Okita, pero las tradiciones son importantes. Debe ser
el joven de tu interés, quien del primer pasó. Debe probarse
ante ti, para que estés seguro de sus intenciones, que es una persona
de entrega. Y eso lleva tiempo. ¿él ha hecho algún
intento de acercarse a ti?
-él es honorable…de gran valía.
-No dudo nada de eso y la astilla proviene de un magnifico madero. Mas
que bien probado, pero su estancia en el templo es mas efímera
que del resto. Fue educado en su casa, por su propio padre. Ha llegado
casi adulto a este templo. Partirá en la primavera, tú sabes
las condiciones de su estancia aquí. Además su linaje.
-Lo sé…sé todo eso.
-¿Por qué no le prestas atención a alguien mas?...-la
sonrisa de Shinki era amplia y sincera…-estas tan prendido de su
presencia, que no haz notado como otros, mas jóvenes, buscan tu
aprobación, entre ellos encontrarías….
-NO…-fue súbito y sin espera…. –no…yo entenderé
si él no se interesara. Falta tiempo para su partida.
-Piénsalo…recuerda además que su vasallaje, muy posiblemente
sea solicitado por la Casa imperial. El regente lo comentó, en
la primavera, su contrato será puesto público. No podrías
competir contra la Casa Edo. Salvo que él.
-Aun faltan meses para eso. Puede suceder cualquier cosa.
-Si, quizás él, deseara recorrer practicar contigo el camino
del wakashudo (2) y solicitarte como su maestro…y recorre ambos
esa senda.
-Lejos estoy de saber, si él se interese…-la voz de Okita
se apagó completamente, detrás de la tasa de té que
ya se habia enfriado.
-Veo ahora cuales son tus angustias, quizás haz puesto los ojos
demasiado arriba y…….
-Aprecio tu interés, pero esta demás decirte que…
-Solo entre tú y yo. No lo he comentado con nadie más. Creo
que tú eres capaz de tomar tus propias decisiones.
Okita
inclinó levemente la cabeza, esperando que con ello Takeda diera
por terminado su sermón. Lo cual hizo unos minutos después,
poniendo la tacita sobre la mesa y dejando al sensei con sus propios y
confusos pensamientos.
¡Cómo el hombre!
En noches de luna llena
el espantapájaros es miserable
(Shiki)
El
sensei puso su mano en su vientre, algo le quemaba y no era precisamente
esa herida que habia terminado por ser una grotesca cicatriz en su cadera,
haciéndole recordar una y otra vez su debilidad, la cual se llamaba
Mitsuide. Desde que lo viera llegar al templo y templara su espada con
él, había decidido que seria su maestro y que si el chico
lo aceptara podría guiarle por la bella senda, mostrarle todo lo
que habia aprendido en el arte de la guerra, pero además compartir
un camino de respeto y compañerismos mutuos y por qué no.....un
poco de erotismo no estaría mal. Con esa piel bronceada y bien
trabajada, que además se deslizaba como ave por humedales, lenta
pero segura sobre su objetivo.
Las
imágenes que conserva de su fantasía, las atesoraba como
prueba de su debilidad.
Noche
a noche algo dentro de él crecía, no solo su deseo por Mitsuide.
No, era algo más. Tenia la vaga idea de que ese “algo”
le susurraba al oído, después de reptar por su cuerpo, le
sentía enroscado en su cuerpo como una serpiente que le quitaba
el aire por las noche, dejándole veneno a gotas en los oídos.
”-Mitsuide.
¿No es etéreo?
“-si
“-¿Qué deseas de él?
“-verme en sus ojos.
“-¿que te desee?
“-si…..eso.
“-él necesita de ti. Tú puedes guiarle.
“-Quiero formarle. Tenerle conmigo.
“-Tu puedes tenerle, tu debes tenerle.
”-Le deseo.
“-Acéptame….le tendrás.
“-Si….-un grito apagado escapó de la garganta del sensei
De pie
entregando el espíritu
el espantapájaros cae al suelo.
(Basho)
El veneno llenaba sus oídos y para resbalarlo por todo su cuerpo
usaba sus manos, las cuales se deslizaron rapidamente desde su vientre
hasta sus entrepiernas, de donde provenía ahora un fuego que le
quemaba. Al gritar la aceptación a su condena, el “kiang-si”
se manifestó en su mente, en la imagen mas deseada para su victima:
Mitsuide. El ente necesitaba terminar de germinar, era solo un parasito
dentro de Okita, necesitaba darle a su victima la certeza de que tenerle
a su lado, no rechazarlo era un trato conveniente entre ambos.
Un
cuerpo donde ser fantasías cumplidas. De momento solo en su mente,
donde le retenía y le mantenía dentro de aquella que tanto
le daba placer, el momento en que creía que Mitsuide le diera placer.
La imagen eran tan vivida que Okita sentía que su miembro era tomado
por la fuerte mano de Hasame y que delicadamente le friccionaba para luego
hacer un rítmico vaivén lento al principio, pero que en
cierto momento se hizo mas rápido, hasta que termino por gemir
roncamente, embriagado por su fantasía, que simplemente le tenia
envuelto, enredado en una madeja, de la cual no quería salir.
¡Ahora
Vamos contemplar la nieve
hasta caer de cansancio!
(Sokan)
El
grito, aunque intenso fue apagado por su propia mano, la cual casi mordió
hasta dejar una marca en ella, luego dejo caer la cabeza hacia atrás,
hasta que el silencio le invadiera.
Pero
aun si, el grito se coló por las paredes, horadando la piedra y
dentro de un templo en oscuridad, parecía el golpeteo de los últimos
vientos del invierno, que no dejaban de aullar por las noches. Quizás
pocos prestaran atención a un ruido así a esa horas, salvo
algunos que vigilaban por las noches y que esperaban precisamente no haberla
escuchado.
Un
tintineo de una cadenilla de plata se escuchó en el oscuro rincón
donde Ranmaru se agazapaba.
-!Aquí
estas!
-Tenia tiempo de no verte, Ukyo...-la sonrisa del narciso le fue respondida
ante la imagen del fantasma de su hermano.
-Yo estoy por aquí, tu eres quien siempre esta ocupado….-le
guiño un ojo y se puso su espalda en la pared a un lado de su hermano….-
¿o me equivocó al pensar que cada noche libre, las pasas
con tu chico?
-¿no me dirás que nos espías?...–giró
su cara con sorpresa.
-No…bueno ya no. Son algo aburridos…- sonrió al ver
la cara de Ranmaru.
-Hasame es muy tierno y me respeta mucho.
-Bueno hermanito…eso que vi en el pasillo la última vez,
pues no fue tan aburrido, fue mas bien….
-!deja eso!
-!mírate te abochornas!.... – intentando tocarle la nariz
con la punta de su dedo.
-Ukyo….se serio. Estas aquí por algo.
-Si. También lo escuchaste, la bestia pronto empezar a moverse,
su albergue le quedara angosto y empezara atacar…
-Lo estaré esperando.
-Lo sé, cuida a tu chico….-le dijo Ukyo una vez que empezaba
a caminar por el pasillo hasta que su estela desapareció, dejando
a su hermano continuar la noche.
<center>
<i>
Mudas
Las garzas trazarían en el cielo
Una línea de nieve…
(Sokan)
</center>
</i>
No
solo ellos esperaban en la oscuridad el amanecer para continuar sus labores.
Jiro hacia ya unos minutos que habia dejado el gran lecho y terminaba
de vestirse, amarrando los gruesos lazos de sus botas y sujetando un fajin
sobre su cadera. Se vestía rapidamente, intentando hacer el menor
ruido, no deseando despertar a las figuras que descansaban dentro de las
mantas.
Miraba
con agrado el cabello oscuro de su hermano que cubría parte de
su nuca y que aun lado de él se encontraba Zeami, envuelto en las
sabanas dándole la espalda. La escena no dejaba de impresionarle,
mas cuando minutos atrás el mismo estaba en medio de ellos y lo
mejor de todo….de haber saboreado a su hermano.
Se
acercó lentamente, no pudiendo resistirse a tocarle el cabello,
cuando la mano de Soji le detuvo, abriendo los ojos lentamente.
-¿Qué
haces? Faltan horas para que amanezca.
-Voy con Honda, vamos a cazar zorros…-le dijo guiñándole
un ojo. La sola mención del nombre del general hizo que Soji se
medio levantara.
-No me dijiste nada anoche.
-hummm, desperdiciar tus caricias para darte noticias de ese tipo….ni
bromeando.
-¿Cuándo salen? Quiero acompañarlos.
-En unos minutos y no, tú no vas. Alguien debe distraer a nuestro
padre. Y ese “alguien”, eres tú.
-¿están seguros…han hecho todos los preparativos?...
–preguntaba ansioso el gemelo.
-shshshsh. Claro….como si no conocieras a Honda. No se mueve si
no ha previsto todo.
-Bien, cualquier cosa…
-Tú cubrirás la retaguardia. Ten preparado todo para la
audiencia con nuestro Padre una vez que tengamos el resto y algo mas…
-¿Qué?
-Dime que la pasaste genial igual que yo….-eso le valió un
simulacro de golpe por parte de Soji, pero retuvo su mano y luego le tomó
a prenda un beso…. –para el viaje, para recordar a donde volver…-le
dijo una vez que se separoo.
-Cuídate.
-También tú. Cuídale, se bueno con él…..-
señalándole a Zeami que se giraba aun dormido y tanteaba
las almohadas.
-Seguirá aquí hasta tu regreso.
A una ligera inclinación Jiro salio sin dar vuelta atrás.
En el pasillo ya le esperaba un hombre de confianza y ambos se movieron
rapidamente a buscar a Honda, quien en una puerta posterior del palacio
ya tenia un pequeño contingente no mayor a una veintena, quienes
al verle se inclinaron rapidamente ante presencia del hijo del sol.
-!Listos…a
cabalgar!
Al trueno de la voz de Honda el contingente se movió rapidamente,
debían llegar al primer despunte de la mañana a ancladero,
donde un pequeño bergantín les transportaría hasta
las inmediaciones del villerio de Yendo, el cual habia sido incomunicado
en la última semana, toda la correspondencia acaparada y era ya
flanqueada por un pequeño regimiento, que hábilmente Honda
habia movilizado en partes para evitar sospechas y sobre todo para que
el emperador Ieyasu Takegawa no tuviera tiempo de cuestionar, por ende
de poner en aviso a Yendo
<center>
<i>
Muy lejos en el mar
el viento verde y la niebla
¿Adónde van?
(Sojo)
</center>
</i>
Las
horas de viaje sobre el bergantín fueron utilizadas para poner
Jiro al tanto de toda la estratagema que se tenía montada y revisaba
con el coronel cada uno de los detalles. Era por decirlo así, la
primer batalla personal que libraba. Quería hacerlo bien por muchos
motivos, defender el Imperio que tanto trabajo le habia costado a su padre
y a muchos levantar. Lo hacia por su orgullo de guerrero que no evita
un pelea y que defiende lo que es suyo y considera justo. Sobre todo por
que también estaba en la defensa de su familia, incluyendo a su
hermano Soji.
Un
paso en falso y se vería en mucho aprietos frente a su padre, ya
que el mismo Toboe Yendo era su amante, lo cual lo consideraba una ofensa
mas. No podía justificar que pensara pagarla así a su padre,
después de tantos años de estar a su servicio, siendo un
noble y asesor del imperio. Simplemente Yendo se habia consumido de ambición
y no le bastaba todo lo que su padre, el emperador le diera, ya fuera
en favores o con su presencia.
Nunca
le habia sido grato, pero le toleraba por que veia a su padre contento
con esa relación de tantos años, pero no permitiría
que intentara arrebatarles aquello por lo cual toda la familia Tokugawa
habia luchado.
Así
que cuando vio el villerio a media tarde y los banderines de la Casa Imperial
ondear en el regimiento que los recibio, si tenia alguna duda, se disipó.
Honda se encargó de dar las últimas disposiciones y sin
ningún titubeo dio la orden de avanzada. El regimiento se movió
como ola embravecida sobre una playa desprotegida, la cual simplemente
invadió.
<center>
<i>
Repentinamente la guerra
De pie
Al fondo del corredor
(Hakusen)
</center>
</i>
El
asalto a la villa fue rápido, la estrategia de incomunicarla, cortándole
suministros y la presencia de una guardia reducida fueron las claves para
entrar sin mayor problema, contando con algunos heridas y bajas por parte
de la casa Yendo, que prefirieron pelear antes de entregar el recinto.
Los que se quedaron a protegerle al ver la situación pérdida
se dividieron en dos bandos, los que prefirieron una batalla suicida,
hasta la muerte sin esperar ganar, pero con el orgullo de haber defendido
hasta la última gota lo que se les había dejado en custodia.
Hasta el bando que prefirió negociar, los menos, pero esas cabecillas
eran claves para ser la parte de las pruebas que se necesitaban. Dejaron
lo que quedaba de la villa Yendo, una vez que el regimiento organizo el
traslado de los pertrechos y propiedades de la Casa Imperial…..a
donde irían a parar.
En
esos mismos días, entre la salida de Jiro al Villerio y su retorno,
la vida y los seres dentro del palacio Edo, seguían su ritmo, ignorando
lo que el hijo guerrero del sol hacia.
Zeami
se despertó del gran lecho y en esta ocasión estaba solo.
Ninguno de los gemelos se encontraba en las mantas. Era algo tarde y quizás
ellos, acostumbrados a la vida militar, no toleraran. Aun no comprendía
esa manía de Jiro de levantarse a primera alba a entrenar, aunque
hubiera pasado la noche retozando con él….o como ahora era
común entre ellos.
El
chico de ojos grises tuvo que aceptar el hecho de que ahora era la cortesana
favorita de los gemelos, tenia que quitarse de la cabeza que era el preferido
de Jiro exclusivamente, sino que más bien era el entretenimiento
entre ambos.
Por
que tristemente Jiro no le amaba, la luz que habia en los ojos de guerrero
era por su hermano, le había escuchado decírselo cuando
se entregaba a igual. Entendía que era un juego entre ellos tenerle,
por alguna razón, Soji estaba prendido de él. No por que
fuera un actor, ni por que danzara o tocara algún instrumento o
por que fuera complaciente en el lecho. Podría jurar que cuando
le poseía susurraba un nombre con el cual humedecía su cuello….pero
no era el suyo.
Zeami
se dejo hacer esa mañana por la servidumbre que complaciente como
siempre le atendieron. Se había vestido y pensaba practicar una
danza, cuando Mitchi llego con un pequeño sobre para entregárselo,
pedacito de papel que cayo al suelo como las hojas secas cuando el viento
frió insiste en no dejarlas sostenerse.
Salio
corriendo y detrás de él, Michi angustiado que pidió
al guardia en turno que le siguiera, llevando a otro guardia consigo para
custodiarle. Orden que tenía autorizada por el mismo Jiro, de que
en caso de Zeami necesitar salir de palacio, un par de guardias deberían
acompañarle.
El
pequeño grupo de la servidumbre, incluyendo a Mitchi y los guardias,
llevó al joven al campamento donde por última vez había
visto a su padre con vida, la cual había perdido cuando se ahogó
y su cuerpo flotaba en el río. Ahora que el joven le veía,
ya había sido recuperado y preparado para su cremación.
Algunos compañeros del teatro habían hecho los arreglos,
mientras que el cuerpo del viejo actor se encontraba envuelto en una blanquecina
manta que firmemente sujetaba la tela.
Solo
esperaban a Zeami para las últimas palabras, el joven solo derramó
lágrimas, ninguna palabra podía salir de su boca. Ahora
estaba mas solo que nunca, viendo la estela de humo elevarse sobre la
capa de nieve bajo sus pies.
Bajo la viva luna
duermo
con un despojo
(Takako)
Fue
sostenido en su dolor y no supo por quien. Amigos, actores, gente que
conociera a su padre y le consolara, pero aun en medio de su sufrimiento,
nunca faltaba aquellos que quisieran aprovecharse. Las pocas pertenencias
de su padre habían sido vaciadas de su cuarto, supuestamente en
pago para los gastos del intempestivo funeral. Ni sus kimonos, ni sus
objetos personales. Le habían dicho que otro tanto lo habia despilfarrado
en su vicios, que no eran pocos. Salvo un pequeño peine de concha
que una de las chicas le entrego, por que lo traía su padre en
un bolsillo, nada se habia salvado….ése era su única
herencia.
Ocurre en los humanos
Y también con los espantapájaros
No son derechos
(Issa)
Regreso
muy levantada la noche, cuando a insistencia de Michi y la guardia, volvieron
a palacio. Nada podía hacer, las cenizas las entregarían
al día siguiente y podría entonces llevarlas al templo,
para dejar una tablilla y rezar. Tenía los ojos hinchados y la
mirada pérdida, cuando la servidumbre insistió en que se
diera un baño y cenara algo. Hizo lo primero, pero se negó
a lo segundo. Entró al gran lecho de Jiro, que sin él era
más grande.
Soji
estaba demasiado entretenido con sus actividades de palacio y manteniendo
a su padre entretenido para que no notara la falta de Jiro, lo cual era
bastante difícil, ya que su gemelo era más que bullicioso
y en esos días de fiestas invernales, tanto la presencia de Jiro
como Zeami fueron notorias para él. Su padre estaba demasiado entretenido
con los eventos de caza organizados y la gran cena en el salón,
que si reparo en la falta de Jiro, rápidamente se conformó
cuando le dijo que andaba de correrías detrás de algún
nuevo chico, a lo cual su padre rió y continúo con lo suyo.
Al
terminar la presentación teatral y al no aparecer Zeami, mando
buscar a Michi, su joven asistente, el cual tampoco apareció y
le fue informado que ambos habían salido junto con una pequeña
guardia desde la mañana, lo cual tenia permitido, según
le dijeron. Jiro directamente había dado la autorización,
así que dejo encargado que una vez que el actor llegara se le informara
inmediatamente.
Ahora
estaba enfrente de la puerta de Jiro y al entrar vio el cuerpo de Mitchi
durmiendo en el recibidor de la habitación, despertando de súbito
y arrojándose al suelo al ver de quien se trataba. La voz de Soji
le exigió una explicación y las pocas palabras del chico
fueron que habían estado en la cremación del padre de Zeami,
a duras penas le habia hecho regresar. El hijo del sol le indico al chiquillo
que se fuera a dormir a sus aposentos.
Era verdad que Soji no estaba interesado más allá de algún
encuentro ocasional con Zeami. Era agradable y excitante, no podía
negarlo, pero en realidad carecía del apasionamiento guerrero que
tanto le impresionaba en Hasame, aun cuando el chico era una ligera copia
suya. El extraño color de ojos quizás fueran la mayor semejanza
o esa forma retadora que tenia de vez en cuando, aunque en la mayoría
de las veces era solicito y débilmente protestara, sin embargo
al verle ahí, enredado en las cobijas, hipando en sueños
por la pérdida de un padre, era algo que hizo bajar la guardia.
El chiquillo lucia tan frágil y le había dejado la consigna
de cuidarle. Se despojó rápidamente de la mayoría
de su ropa y entro al lecho. El otro al sentirle, rapidamente se giró.
-¿Jiro…eres
tu?
-shshshsshsh…..ven….- le tomó entre sus brazos y le
acurrucó. Dejo que llorara en su pecho, mientras le escuchaba.
Quizás no fuera el mejor padre de todos, pero le habia cuidado,
enseñado un arte y protegido, a su manera. Soji, solo podía
acariciarle el cabello, abrazarle, sentir el fuerte respirar hasta que
se hizo un quejidito, luego sueño invadió al chico, para
quedar dormido ahí.
Desolación inclemente
En un mundo de tono uniforme
El ruido del viento….
(Basho)
Zeami
lucio pálido los siguientes días, sin proponérselo
hacia juego con la estación, que aun tapizada de nieve y escarcha
lucia los jardines. Se paseaba como un espectro….sin ningún
propósito. Había regresado de las actividades funerarias
del templo, esparciendo las cenizas y mandando grabar un par de tablillas
con el nombre de su padre. Una para el templo y otra que llevaría
consigo para hacer un altar particular, cuando tuviera un lugar que llamara
propio….por ahora solo era invitado al lecho de los gemelos.
Además
Jiro no estaba en palacio. Lo descubrió al día siguiente
de amanecer en los brazos de Soji, él cual aun cuando recibio sus
besos, un par de caricias después, logro diferenciarle y se retiró
cohibido, agradeciendo que el hijo del sol no insistiera ni le solicitara
nada mas. De hecho se mostró hasta comprensivo cuando le dijo que
si no deseaba asistir a los eventos del palacio ni participar en las puestas
teatrales, estaba bien. Detalle que le agradeció….necesitaba
tiempo para encontrarle sentido a su vida.
¡Qué soledad!
Después de los juegos artificiales
una estrella fugaz
(Saki)
La
llegada de Jiro días después junto con el pequeño
regimiento tomó de improvisto al emperador Ieyasu. Dicho de otra
manera le sacó del lecho, en esta ocasión del matrimonial.
Se vistió rápidamente cuando su secretario le informó
que el regimiento a cargo de Jiro y Honda ya estaba en las puertas de
palacio. Vio por uno de los balcones que detrás de ellos, las caravanas
de materiales y pertrechos.
Un
par de gritos suyos bastaron para que el otro de sus hijos se hiciera
presente. El cual por cierto no habia estado inactivo. Una vez que Jiro
inicio la marcha habia enviado a un correo que le precediera y unas horas
antes, agitado jinete pedía audiencia directa con el gemelo, recibiendo
la información de que su hermano ya tenia las pruebas que hacían
falta, con lo cual se dio el gusto de ir personalmente a sacar de las
habitaciones que Toboe Yendo tenia en palacio y que para su fortuna esa
noche no compartiera con su padre.
Las
palabras de Yendo no fueran nada agradables, una vez que su guardia personal
fue sometida y él detenido.
-!
¿Cómo te atreves?! Haré que tu mismo padre corte
tu cabeza….pequeño infeliz,
Ni
siquiera se digno a contestarle, le dejo detenido en sus aposentos hasta
que fuera solicitada su presencia frente al emperador.
Ieyasu
espero con impaciencia a la presencia de su hijo, el cual al llegar se
inclinó ante su padre como las normas exigían.
-¿Qué
es todo esto? ¿De donde viene tu hermano? ¿Por qué
no se me informó?
-Es algo delicado padre. Hemos investigado un caso de traición
y hemos actuado en consecuencia a su captura.
-¿De quien hablas?
-Del jefe del Clan Yendo…-Soji sostuvo la mirada de su padre, quien
en ese momento se levantó de su silla y mando desalojar el recinto,
incluso al secretario quien rápidamente tomo sus pergaminos. Agradecía
no estar en medio de aquello.
-!Vas a tener que darme un buena explicación para ese proceder!
¿Tienes una idea, de quien es Yendo? No solo es un consejero de
palacio……es…
-Se quien es Padre….se lo que es para ti.
-!Aun …aun si. ¿Te haz atrevido?... –su cara ahora
estaba a centímetros de la de su primogénito….-¿Cuáles
son los cargos?
Soji
le entregó el manojo de manuscritos, donde se detallaba los fraudes
y malos manejos de las adquisiciones de materiales.
-¡Yendo
no lleva su propia contabilidad, alguien cometió un error!...-le
dijo al tiempo que arrojaba sobre la primer mesa todo el fajo de papeles….-una
explicación fiable debe haber. Esto no era motivo para hacer una
incursión, menos molestar a Yendo con esto. ! Debías haberme
informado personalmente!
-Esa es una prueba que no quieres ver, Padre….-indicándole
el manojo de papeles…-ahí esta detallado cada movimiento,
firmado por propia mando por Yendo, además….
-¿además que? ¡Termina, bastante haz hecho ya!
-Organizaba un grupo. Tenía pensado reorganizar a los clanes que
no se han consolidado con el Imperio.
-!Ten cuidado Soji! Una cosa es pensar que se ha aprovechado de su puesto
para enriquecerse y otra….otra muy diferente es pensar que podría
traicionarnos a mí.
-Padre…
-No….no tienes pruebas de eso. Solo de malos manejos.
La puerta se abrió súbitamente, dando paso a Jiro y a Honda,
quienes se inclinaron rapidamente ante la presencia de su emperador,
-¡Ustedes!
Honda ¿Cómo haz podido? Lo entiendo de Jiro que es un joven
impetuoso y listo para ir cualquier guerra. ¿Pero tú? ¿No
podías informarme?
-Mi señor, yo….
-Él ha actuado bajo nuestras órdenes. Ambos le hemos autorizado
a actuar y tenemos prueba. Ahora están quienes por su propia boca
pueden decirte aquello que no quieres creer. Danos el beneficio de la
duda. Se el emperador….antes de ser amante…- increpó
Jiro, quien no tenia pensado ceder fácilmente.
La
vista del emperador pasó de uno a otro y asintió reconociendo
el significado de la afirmación que le hicieran, primero debía
ser emperador. Se sentó apesadumbrado a escuchar las pruebas que
Jiro y Honda traían, luego escuchó de boca de aquellos que
llevaran a su presencia. Aquellos que hablaban con la esperanza de que
se les perdonase su vida, pero lo único que ganaron fue la protección
para sus familias, sus vidas serian pasadas al filo de la espada, sentenció
el emperador, cuando termino de escuchar.
-¿Dónde…donde
esta Yendo?... –preguntó cuando la voz logró salir
de sus labios.
-En sus aposentos, le he retenido ahí…-contestó Soji
-¿sabe de lo que se acusa?
-No…en concreto.
-Bien, hazle venir. Tiene derecho a defenderse.
Pero Yendo perdió ese interés cuando llegó ante la
presencia del emperador y vio a sus compinches doblegados al suelo. Cruzó
unos pasos más y también cayó de rodillas.
-Pido
misericordia….-alcanzó a susurrar
-¿No te defenderás?...–le gritó el emperador
levantándose.
-No…mi señor.
-¿tu señor? ¿Cómo te atreves? ¡Tú,
precisamente tú! ¿No te bastó lo que te di? Te hubiera
dado la mitad del Imperio si me la hubieras pedido. Pero fuiste tan estupido
que pretendías arrebatármelo.
-No…no esa la intención….era….no lo entenderías.
-No…seguramente no.
-Permíteme….remendar mi error. Limpiare mi nombre. Dame mi
espada y limpiare el recuerdo que de mi tengas. Por favor…Ieyasu.
-..Tu espada no merece tal oprobió, que te baste una daga…..-le
dio la espalda.
El
emperador le indicó a Honda que le diera una daga, la cual tomó
Yendo, mientras se abría la casaca de su kimono. Su último
acto debía ser con honor. Limpiar sus faltas y el mejor lugar para
hacerlo era enfrente de aquel al cual habia ofendido. Quizás en
un momento de ambición pensó en organizar a los rebeldes,
quizás con la idea de anexarlos al Imperio o solo con el fin de
derrocarle. ¿Quién lo sabría en realidad? Al final
el imperio era demasiado para la codicia de un hombre y mayor que la relación
que ambos tenían.
La
bella senda que ambos habían llevado, truncado ahora por el tajo
rápido que hizo a su vientre y dos cortes mas rápidas, de
los cuales no tuvo tiempo de sentir la magnitud del dolor, por que otro
tajo rápido segó su vida, cuando Honda cruzó la espada
y desprendió la cabeza del shogun Toboe Yendo.
Junto
a ese desprendimiento, dos lágrimas imperiales rodaron. Ieyasu
se levantó, dejando atrás el recinto, un pasado, un guerrero…un
amor…una senda rota.
De
pronto el frió se instaló en su cuerpo y recordó
los inviernos que había vivido.
Cuando envejecemos
La larga presencia del día
Es también motivo de llanto
(Issa)
El frió instalado en el palacio cedía ante el fuego de los
leños que crujían fuertemente. Honda se encargaba de arrojar
un leño más. El día había sido largo, demasiado,
hasta altas horas de la noche podía al fin tener un tiempo para
si mismo.
Con
la luz reflejándose sobre el papel, escribía rápidamente
una carta, que tenia particular interés que fuera enviada a primera
hora a las montañas nubladas. Repasaba una y otra vez el texto
para estar seguro de que era lo que mas adecuado, aunque deseara escribir
abiertamente, sabia que no podía hacerlo, por que el narciso podría
sentirse incomodo con tal atrevimiento de su parte.
Sin
embargo deseaba dejarle patente su interés y sobre todo, hacerle
de su conocimiento que había por fin cubierto la deuda adquirida
tiempo atrás, cuando Ranmaru liberara el espíritu vagabundo
de su pequeña hija.
Sin
embargo ahora deseaba algo mas, que en su madurez, un cuerpo tibio le
quitase ese frió, que insistentemente se instalaba sin tregua.
La vejez
También al cortar un ramo de flor
Una mueca en la boca
(Issa)
“…..como pronto tendrá detalles por otros medios,
de mi parte solo me permito ahora informarle que he cubierto la deuda
adquirida. La cabeza de Toboe Yendo ha rodado; el emperador ha girado
la orden de una investigación para cubrir los adeudos que el Clan
Yendo tuviera, incluyendo a la casa Osakura. Le informare a la brevedad
de tener alguna noticia, pero es seguro que la primavera nos permitirá
encontrarnos en el templo a donde me dirigiré entre otras cosas
para verle. Su humilde devoto….”
HT.”
A esa primera nota, hizo tachaduras y enmendaduras. Si algo no deseaba
en ese momento de su vida era causar a Osakura algún rechazo, aunque
consciente era de que desearle ya era una falta. Sin embargo conocía
a otros que a su edad había emprendido el bi-do (3) y aun sentía
que tenia cosas que enseñar y si el narciso se lo permitiera, podía
mostrarle no solo ha destacar en la pluma y en la espada, sino el espíritu
del shudo.
Aunque
claro, rompía con la norma de esperar que fuera Ranmaru quien lo
abordara, pero a su edad podía darse el lujo de saltar algunas
reglas (4)
Frente al espantapájaros
A edad avanzada
Tengo vergüenza de mí
(Shiki)
El
viejo general solo se acostó hasta que terminó el escrito
en un nuevo papel, con la caligrafía esmerada y bien trabajada,
donde la tinta se queda secando hasta que el primeros rayos del sol iniciaban
su lento recorrido por las aun nevadas planicies de la fortaleza Edo.
Mientras
unos iban al lecho apenas, otros ya habían iniciado su día.
Hasame
se levantó rápidamente en medio del su grupo de compañeros
de aposento, mientras se vestía, miraba que Takemi aun se negaba
a dejar la manta.
-Levántate
perezoso, se te hará tarde…-le arrojó un manta
-No.no…déjame dormir un poco mas, estoy cansado sabes…
-te partirá a palos si no llegas temprano al entrenamiento…..-refiriéndose
a Okita, que últimamente la había tomado contra el chico
Takemi, pensando que esa amistad entre el joven y Hasame era de otra carácter.
-ya lo hace sin necesidad de que no me levante, le daré un motivo
valido….
-¡nada…vamos!...– le jaloneo hasta que hizo que se levantara,
luego Higachi continuo con la labor de hacer llevar a su chico al desayuno.
La
rutina se instaló en el templo, entre entrenamientos, comidas y
las escasas horas libres que una vez conseguidas, cada quien aprovechaba
como mejor le pareciera.
Hasame
se cercioró, una vez más de donde se encontraba tanto sus
compañeros como su sensei, del cual últimamente se las ingeniaba
para terminar sus entrenamientos sin detenerse demasiado. Veía
en sus ojos algo que no quería darle nombre, pero que en definitiva
no tenia pensado participar, bastante le incomodaba sus constantes atenciones
y el hecho de que le tocara a la menor provocación, simulando corregirle
alguna postura o su espada. Eran roces ocasionales, insistentes….pero
disimulados.
Una
vez que vio que el sensei Okita se dirigía al comedor principal
junto con varios de los monjes, salió corriendo en sentido contrario,
pasando por una parte angosta de la pared, descubierta recientemente por
alguno de sus compañeros, por la cual salían y entraba sin
que los monjes les hubieran pillado. Intentaba disipar la sombra que se
reflejaba por la ya escasa luz de la tarde. Tenía una cita con
Ranmaru cerca de las pozas de agua caliente.
libélulas
en un villorrio tranquilo
es día de fiesta….
(Kyoshi)
Le
encontró ahí arrojando piedrecillas, que formaban ondas
que se disparaba rápidamente por la superficie.
-Pensé
que tardarías….-le sonrió el narciso, como solo podía
hacerlo para él.
-tenia que cerciorarme de donde estaba todo mundo.
-a.m.…..si la prudencia nunca esta de mas.
-no. Un beso tampoco.
-hummm. ¿Solo uno?
-para empezar si.
Ranmaru,
se acercó lentamente, reduciendo la distancia que había
entre ellos. Se levantó de puntitas para alcanzar sus labios. Últimamente
Hasame se estaba alejando unos centímetros del suelo y le era agradable
estirar toda su esbeltez para alcanzar ese aleteo que se convertían
sus labios al rozar los suyos y cuando se prendo de ellos, saboreo cada
partecita que le su lengua podía tocar.
-eres tan dulce…-le susurró al oído Hasame cuando
se separó
-Ven, acompáñame…..-tomó su mano y le hizo
correr hacia una parte del bosquecillo, donde iniciaba parte de los termales,
miró la cara de sorpresa del ojiazul, cuando le vio que empezó
rápidamente a desvestirse…-entremos al agua.
No
espero mas invitación, arrojando a la nieve todo lo que pudiera
estorbarle, acompañando al narciso que emergía sobre el
agua, con el cuerpo lleno de gotitas y vapor de agua cubriéndole
en parte. Hasame primero resintió un poco el cambio de temperatura
del agua, luego se relajó tranquilamente, más cuando el
narciso acercó su mojado cuerpo al suyo.
-¿no
es agradable?
-tenerte en cualquier parte lo es. ¿Cómo encontraste este
lugar?
-por casualidad…se lo oí decir a un espíritu.
-ahhhhh. ¿Los espíritus disfrutan del agua caliente?...
–le salpicó la cara con un poco de agua.
-no…son unos fisgones que les gusta ver a los vivos mientras se
bañan….-lo dijo tan serio que Hasame levantó una ceja
y volteó de pronto hacia todos lados, como buscando algo.
-jajajajajajajaja….- se rió de buena gana el narciso, lo
cual le ganó que una pequeña batalla en la pocita se llevara
acabo, donde ninguno de los dos quería ganar, simplemente disfrutar
el momento de tenerse uno al otro.
Cuando
Hasame por fin tomó por la cintura a Ranmaru, le abrazó,
acurrucándole a su lado. El narciso vio de reojo la mirada del
espectro Ukyo, que a lo lejos le sonría, disfrutando intensamente
que su hermano se encontrara disfrutando de esos pequeños momento
de paz al lado del chico que amaba.
Ya
encontraría Ukyo la forma de llegar hacia el ser que le esperaba
a él también.
Sobre una piedra
la libélula
sueña en pleno día
(Santoka)
(1)
Nanshoku: sinónimo de wakashudo (que a menudo se conocía
por su forma abreviada, shudo, el término habitual para el amor
masculino, escrito con los anagramas de "hombre" y "color")
(2) Wakashudo: "la senda de la juventud"
(3) bi-do: "la hermosa senda"
(4) "Escondido tras las hojas", famoso manual para samuráis
de Yamamoto Tsunetomo de principios del s. XVIII, estipula que: Un hombre
joven debería probar a uno más mayor durante como mínimo
cinco años y, si está seguro de las intenciones de esa persona,
pedirle relaciones formales (…). Si el joven puede entregarse y
vivir así durante cinco o seis años, es una persona adecuada.
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