
Cáp.
15 El agua y el aceite que fluyen.
XV
El olor del cerezo humedece mi corazón
Aceite negro calcina la raíz del crisantemo
El agua y el aceite no mezclarán jamás.
El viento había minado sus ataques contra la dura piedra del templo,
poco a poco iba cediendo intensidad, aun en silencio bajo el resguardo
de cierta oscuridad, la primera claridad aun no despuntaba. Pero unas
manos suaves se movían lentamente por su pecho y el cuerpo tibio
de Ranmaru repto por encima del de Hasame, quien abrió los ojos
de golpe ante la sensación totalmente agradable de tenerle en su
lecho.
Luego
esa idea fue una cubetaza de agua fría, por que eran los aposentos
de los estudiantes, no la guarida donde el narciso y él habían
pasado ya otras noches.
-¡Ranmaru!...–murmuró
tomando su cara entre sus manos...-esta por amanecer.
-Así es….-sus dedos acariciaban su vientre y jugueteaban
con su ombligo, luego subió hasta alcanzar su boca y dejó
en ella un par de besos. El primero un roce, lento y delicado, que luego
fue secundado por uno hambriento y juguetón…-¿serias
mió, nos haremos uno?...–le cuestionaba pegando sus labios
a su oído, susurrando febrilmente.
-Ya soy tuyo y seremos uno….-contestó el ojiazul al tiempo
que gemía en un susurro.
En néctar de orquídeas
la mariposa
perfuma sus alas
Basho
-Pero
no será en este lugar…-Hasame le detuvo, por su mente pasaba
el recuerdo de la juramento de pureza que debía mantener Ranmaru
para su consagración en el templo. Además, su idea de esa
primera vez no era precisamente en ese pabellón junto con otra
veintena de jóvenes a los lados. Esa primera vez seria solo para
ellos dos y debía ser sublime.
-Cualquier
lugar seria genial…-sus dedos jugueteaba con el vello que descendía
de su ombligo y se volvió un poco mas osado al bajar lentamente,
mientras los ojos de Hasame se abrían mas que sorprendidos, no
por que esa caricia no fuera deseada, sino por el atrevimiento…..-pero
seguro habrá mejores lugares…-le dio un beso en la mejilla
y se separó suavemente del cálido cuerpo.
Hasame
se quedó con el aire, angustiado y notablemente abocharnornado
al sentir un calor debajo de sus entrepiernas y una ligera elevación
de su hombría, cerró los ojos y dejó caer su cuello
sobre la esterilla donde dormía.
Ranmaru
le obsequió un beso juguetón y dulce sobre su boca….-Ve
a darte un baño de agua fría, dicen que es buena para empezar
el día…- cuando Hasame abrió los ojos, Ranmaru ya
se escurría furtivamente entre el resto de las bultos que formaban
los cuerpos de los otros estudiantes, deslizando la puerta y despidiéndose
con un ligero movimiento de sus manos.
Minutos
después, el bullicio de los compañeros del pabellón,
amortiguo un poco la frustración que invadió a Hasame. El
narciso era tan sublime pero tan hábil para dejarle con una incomodidad
en sus piernas, que tardo un poco en desvanecerse, pero disfrutaba cada
segundo que se mantuvo, al recordar quien se la había ocasionado
y que contados estaban los días en que pronto serian uno, por siempre.
A cada soplo del viento
La mariposa
Cambia de lugar en el sauce
Basho
-¡Mitsuide
apúrate, o llegaremos tarde al desayuno!...-el grito de uno de
sus compañeros le hizo elevar un poco el cuerpo de las mantas,
para buscar salir de ahí. Minutos después todos corrían
por los pasillos del templo para dar inicio a sus actividades matutinas,
cuando el sonido de los bong, se anunciaron.
La
celeste mirada buscaba entre el grupo de monjes al narciso, quien para
su sorpresa no se encontraba ahí, ni tampoco el regente con sus
ayudantes.
Seguramente
se encontrarían disponiendo del cuerpo de Okita, pues después
de todo había sido sensei del templo y como tal merecía
que su cuerpo fuera debidamente preparado para recibir el tributo de ancestro.
Aunque
aun no se había corrido la noticia de su fallecimiento y mucho
menos se haría publica de cómo aconteció, su ausencia
fue notada inmediatamente entre los otros monje, incluyendo a Shinki Takeda,
su amigo. No era común en Okita llegar tarde al desayuno, lo había
notado desmejorado en los últimos días, situación
que atribuía algún malestar pasajero, quizás se quedara
a descansar las primeras horas. Luego un acólito enviado por el
regente le dijo que debía encargarse de las clases de Okita, con
lo cual solo asintió, esperando luego averiguar que había
sucedido.
Las velas encendidas de recinto donde los viejos monjes preparaban el
cuerpo de Okita, daban un aspecto fúnebre y siniestro. Se mecían
angustiosas las flamas dentro de los cabos y Ranmaru temiendo lo peor,
entró lentamente, intentando no hacer ningún ruido y colocarse
en cuclillas, mientras iniciaba sus oraciones y plegarias. Su frente tocó
el suelo en total suplica, rogando por el alma del difunto y por un placentero
viaje a la inmortalidad.
Era
innegable que ese hombre le había causado, en vida, mucho dolor.
Ejecutor de la muerte de Uneme y por ende, propiciando la de Ukyo, no
solo de su muerte ritual, sino de la soledad y el vacío con la
cual el alma de su hermano se encadeno a la vida, vagando lastimosamente.
Pero ambas muerte no fueron por deseo de Okita. Su espada se llenó
de sangre por que su señor se lo pidió. En el momento mas
intenso, decidió hacer un pago con su vida, por las faltas de su
amo y también por aquellas que él mismo hubiera causado.
Ante
todo era un samurai. Okita había sido un hombre de honor, hasta
le final. Como tal, le rendía culto en ese momento.
Los hombres caen al suelo
El guerrero y yo
Escuchamos la última campana
Basho
Terminado
los preparativos, el cuerpo amortajado de Okita se encontraba en una gruesa
manta de algodón crudo, cruzado por unas correas de cuero a todo
lo largo. Los monjes habían cosido al cuerpo, la cabeza y se encontraba
ésta cubierta parcialmente por la manta. Su pálida piel,
se encontraba humedecida por algún ungüento.
Tenia
la boca y los ojos cerrados, totalmente cubiertos de cera, costumbre en
algunos lugares, mientras el cuerpo se preparaba para la ceremonia fúnebre.
Ranmaru miraba la ahora inexpresiva cara del sensei ¡Que lejos se
veía lo sucedido apenas horas atrás, cuando luchaba por
su vida!
Pero
súbitamente los ojos sellados se abrieron, para ver directamente
a Ranmaru y su boca se abrió para susurrarle.
“-
Honnoji, al pie del castillo…ahí yacerás”
Ranmaru
sintió que el suelo se movía y la oscuridad lo tragaba por
unos segundos, luego el tintineo de su cadenilla, que se tenso, le hizo
salir de su estupor y al abrir los ojos de nuevo, volvió a ver
al cuerpo del sensei.
Su
boca y sus labios sellados por la eternidad.
Ranmaru
dio un paso hacia atrás, para salir de ahí, pero el cuerpo
del regente se interpuso entre la salida y la luz.
-¿te
sientes bien?
-si….-con todo el aplomo que una mascara de porcelana posee.
-Ven conmigo, necesitamos hablar.
Por
el tono de voz, Ranmaru sabia que lo peor vendría.
-Daremos
la noticia del fallecimiento de Okita, después de la comida…-le
decía minutos después, el anciano, mientras le servia un
poco de té caliente y deslizaba el cuenco hacia el narciso…-su
cuerpo será cremado y sus cenizas esparcidas. Él mismo lo
tenía contemplado entre sus últimas voluntades.
Ranmaru
asentía…-su alma descansara en paz.
-Eso esperamos. Cambiando de tema, Osakura, veras…-continuaba el
anciano…-haz llegado aquí para ser preparado en la ordenanza
del monasterio. Era deseo de tu abuela, que fueras un monje, tus habilidades
de místico serian ponderadas y ninguna seria desmeritada. Es tiempo
ya de tu retiro, los otros estudiantes y tú, deben prepararse en
ayuno y meditación, para recibir sus votos.
-Disculpe mi ignorancia sensei ¿En que se diferencia de lo que
hacemos continuamente? Creí que estábamos en retiro
-Si, solo que ahora estarán completamente aislados, alejados por
un ciclo de luna del resto.
-¿un ciclo?...- las palabras se perdieron al ser dichas en un aliento.
-No es tanto, pero les ayudara a fortalecer su espiritualidad y a conocerse
a si mismos.
-¿Cuándo iniciamos?
-Mañana a primera hora. Este día se dedicara a terminar
los rituales del funeral.
“Un
mes, lejos de Hasame…”-era lo único que la mente de
Ranmaru lograba procesar.
-Por cierto, ha llegado correspondencia Imperial…..-La sola mención
de eso puso todos los sentidos del narciso en alerta…- Haz recibido
algo, para tu persona….-le entregó el pequeño paquete,
donde papel de arroz de inmejorable calidad, tenia los sellos Imperiales,
por lo cual había llegado veloz y sin ninguna rasgadura. La caligrafía
nítida y bien trabajada del general Honda, le daba los pormenores
de una deuda cubierta.
“…...la cabeza de Toboe Yendo ha rodado. Haré los
arreglos para conocer el monto de las posesiones de los cuales la familia
Osakura fueran despojados. El emperador ha girado la orden de una investigación
para cubrir los adeudos que el Clan Yendo tuviera. Le informare a la brevedad
de tener alguna noticia, pero es seguro que la primavera nos permitirá
encontrarnos en el templo a donde me dirigiré, para entre otras
cosas para verle. Su humilde devoto. Honda T….”
Ranmaru
respiró, primero aliviado por la noticia. La venganza había
sido consumada y la deuda del general hacia su personal cubierta. La carta,
dejaba patente el interés que el viejo general sentía hacia
su persona. ”Su humilde devoto, que partirá en primavera
para verle”. Lo había dejado claro, muchas lunas atrás,
en casa de los Mitsuide. Vio en los ojos de general la soledad de la madurez,
el vació que necesitaba ser llenado, pero él, ya tenia dueño,
con el cual recorrería una senda y ese era Hasame Mitsuide. Mas
claro, ni las gotas de roció de las mañanas. Pero romper
un frágil corazón, es una tarea ruin, que pocos puede llevar
a cabo, sin que el propio este comprometido.
Cerró
la carta, la guardó en el interior de su kimono y observó
la cara del regente.
-¿Buenas
noticias?
-Si, el nombre de mi familia será retribuido…-le dijo sin
mas.
-Me alegra oír eso, ha sido un gran detalle por parte del Imperio.
-¡Tardaron, a mi abuela le hubiese gustado ver este día…-dijo
con nostalgia.
-Igual de feliz estará en el otro mundo, los ancestros nunca nos
dejan…-le sonrió amablemente, mientras bebía el resto
de su cuenco…-ahora, ve a preparar tus cosas.
Ranmaru
caminó por los pasillos divagando entre las nuevas disyuntivas
de su vida. La retribución de sus bienes y con ello el prestigio
de su clan, la ordenanza como monje y con ello la futura separación
del hombre que amaba.
“!Ancestros,
el hombre que amaba!”
Por
fin estaba dicho. Ya no había dudas ni ambigüedades, lo que
sentía en su pecho, en su cuerpo y que le mantenía día
a día, era el amor de Hasame. Ese que le fue ofrecido tiempo atrás,
cuando la lluvia le desconsolaba y le hacia sollozar en la oscuridad.
Era ese chico que poco a poco se fue convirtiendo en hombre ante sus ojos
y que siempre tuvo para su persona, una mirada dulce, una caricia abrigadora
y que sus cantos a media noche eran el consuelo a días largos de
trabajo.
Habían
hecho este viaje, por razones diferentes, aunque el denominador era para
terminar de prepararse para su vida adulta. Uno como guerrero y el otro
como monje, aunque ambos usaran la espada con la misma habilidad.
Todo
ese tiempo en el templo, habían tenido una relativa distancia,
reconfortada por noches robadas y resguardadas de miradas ajenas. Verse
en los pasillos o en el comedor o en el mejor de los casos en los entrenamientos,
era otra forma de mantenerse en contacto, pero ahora le separaría
por un ciclo completo de luna y no se creía capaz de soportar tal
cosa.
Contrario
a lo indicado por el regente no fue a los aposentos superiores que compartía
con otros acólitos, sino que se dirigió al dojo de entrenamiento
donde a esa hora debían estar el grupo de Hasame y los suyos. El
monje Takeda terminaba sus indicaciones y se encontraban ya recogiendo
los enseres, algunos de los aprendices limpiaban la duela en cuclillas
con una estera, entre ellos estaba Hasame.
Ranmaru
tomó una estera, se inclinó ante señal de respeto
al dojo y puso sus rodillas sobre la duela y empezó a limpiar igualmente,
hasta llegar a un palmo de Hasame, quien al verle se sorprendió
tanto que dejó la friega.
-No
esperabas verme, parece…-le susurró el narciso.
-ahhhh…no. ¿Sucede algo?
-Si y no, depende.
-¿quieres ir algún lado, hablar?
-Después del funeral, si…..-el narciso continuó con
otro sección de la duela y no volvió a dirigirle ninguna
otra palabra, le dio la espalda por unos minutos mientras se concentraba
en su propia tarea, luego tal furtivamente como había llegado,
se esfumó, dejando al ojiazul con la consternación por la
espera.
¿Un espejismo?
La colina sin nombre
se perdió en la neblina
Basho
La
hora de la comida llegó y con ello el anuncio del fallecimiento
de Okita. No se ahondó en los detalles. El regente dio un leve
discurso, alabando las virtudes del guerrero y del sensei. Las miradas
de sorpresa fueran muchas y variadas. El regente pidió silencio,
así como fin a los cuchicheos
-A
un guerrero se le aclama de frente, no se murmura a su espalda…-sentenció…-Si
alguien tiene algo que decir o preguntar, puede levantarse y hacerlo.
Shinki
Takeda, sintió que el corazón se le desgarraba. Su amigo
había partido y no había estado a su lado. Su cobardía
le había hecho ignorar lo que ahora su muerte le dejaba claro.
Era más que admiración al guerrero lo que sentía,
pero nunca se lo confesó. Por miedo, por temor a ser rechazado.
Cuando se acercó a él, sugiriéndole que buscara a
otro acólito para mostrarle la senda del bushido, se le olvidó
mencionar, que él mismo estaba interesado en su persona y gustoso
compartiría esa brecha. Ahora solo podía guardarse eso para
si mismo. Lágrimas gruesas rodaron por sus mejillas. Varios pares
de ojos notaron eso, aun así, no lo ocultó. Era lo mínimo
que podía ofrecerle a ése, a quien extrañaría
a partir de ese día.
Mis lágrimas
Chisporrotean
Apagando las brazas
Basho
El
cuerpo fue dispuesto en una alta tarima en la parte posterior del templo,
las llamas rápidamente reclamaron ese cuerpo y denso humo empezó
a elevarse al cielo.
Del violeta de las nubes
Al morado de los iris
Se dirige mi pensamiento*
Chiyo-ni
Los
cantos fúnebres fueron largos y gran parte de los presentes sintieron
la congoja de la pérdida. En ese cuerpo, se concretaba, para muchos
la primera presencia ante esa otra realidad de la vida, la muerte. Donde
todo cuerpo una vez consumido por el fuego deja una pequeña muestra
de lo que fue en vida sus cenizas. Los monjes, usando palos, procedieron
a recoger los huesos que no terminaron de consumirse y los colocaron en
una pequeña urna, la cual entregaron al regente, quien se inclinó
ante ella y procedió a sellarla. Consumando con eso los rituales,
Takeda solicitó la urna, seria él quien las esparciría,
como amigo y deudo del occiso.
Juntamos los huesos
Del muerto.
Las violetas se compadecen *
Buson
Esa
noche el silencio se instaló en el templo y todos se dirigieron
a sus aposentos. Los bong del templo retumbaron a deshoras, nada en ese
día, fue similar a otros, por lo menos en mucho tiempo.
Hasame
se separó de su grupo, quienes se dirigieron a sus aposentos a
descansar y terminar de tomarse lo que quedaba del día. Él
tenía cosas más importantes que hacer, que comentar sobre
los rituales fúnebres.
Con
los ojos puestos en el camino y sus oídos atentos a cualquier ruido
extraño, el joven Mitsuide cruzaba pasillos oscuros y se deslizaba
rápidamente entre ellos, para ubicarse. Había tomado el
camino largo, pero era mejor ser precavido. entró a la pequeña
guarida y le sorprendió la oscuridad que encontró, por que
parecía que el narciso no había llegado, se concretó
entonces en hacer un poco de fuego con las maderas y el carbón
que había en la hornilla.
Enjuagaba
sus manos con algo de agua de la tetera, fue entonces que le vio. Agazapado
en una esquina de la mantas, abrazado a sus rodillas, con su carita pegada
en ellas, le sonreía. Una dulce y tierna sonrisa. No había
mascará, ni nada que cubriera la verdadera personalidad del narciso.
Era mucho mas hermoso en esa pose, donde mostraba la calidez de su alma
y la fragilidad de su ser.
-¡Ranmaru!...-se
acercó a su lado y éste se dejó atrapar en sus brazos.
-Pensé que tardarías un poco, por eso no encendí
el fuego.
-Tienes frió…-le frotaba los brazos para hacerle entrar en
calor…- ¿tenían mucho esperando?
-Recién llegó…-pegó su cara a su pecho, oliendo
el intenso aroma a madera…-ha sido un día largo.
-No mas que otros, pero a ti parece haberte afectado…-le separó
para ver su cara.
-¿recuerdas que te dije que amaba el color de tus ojos?
-No, precisamente dijiste que “tenia los ojos como el cielo y traslúcidos
como el rió” , luego hablaste de lo gentil y buen mozo que
soy…. –dijo risueño.
-Luego dicen que el narciso soy yo….-le dio un beso en la mejilla.
-¿Vas a decirme que pasa…o voy a seguir espantado por eso?
¿Te ha afectado lo de Okita?
-Si, a quien no. Pero es otra cosa de la que necesito hablar. Me enclaustran
un mes, a mí y a los compañeros que tomaran los votos para
la ordenanza de monje.
-¿un mes…? –la voz de Hasame se perdió.
-lo mismo sentí, no es solo el tiempo que estaré separado
de ti. Es….
-¿no serás un guerrero?...–le levantó la cara
Hasame para que le viese.
-el regente me reclama para su templo. Mi abuela lo había acordado,
tiempo, atrás. Ukyo fue consagrado, como místico y guerrero.
Es la herencia de mi familia, a la cual me debo…
-¡pero…te mantendrían aquí!
-Somos guerreros, nuestro destino es servir al señor que nos tome
a su favor. El templo me solicitará a su servicio. Igual tú,
un día partirás.
-¿Eso es todo? ¿Cada quien toma su camino? ¿Qué
es lo que quieres decirme, Ranmaru?... –Una duda se instalaba en
el pecho de Hasame. ¿Era esta la despedida?
Ranmaru
abrió el puño que había tenido apretado todo ese
tiempo, mostrando entonces su contenido, como si fueran pétalos
de cerezo abriéndose trémulas ante las primeras caricias
del sol.
Dos
alianzas de plata, pertenecientes a las familias Osakura y Takesime. Las
únicas posesiones que conservaba de sus ancestros.
-pertenecieron
a mis padres, fueron el símbolo de su unión. Uno le pertenecía
a Ukyo y otro…a mí. Ahora, deseo preguntarte, ¿recorrerías
el wakashudo (1), conmigo?
Los
ojos celestes brillaron intensamente, de todas las propuestas de su vida,
esa era una de las mas importantes.
-Me
honras con tal proposición…-inclinó gentilmente la
cabeza en señal de respeto ante la petición de unir sus
vidas y compartir una senda de amor juntos.
-te lo he pedido de muchas formas, insinuarme no puedo mas…-dijo
el narciso.
-nunca ha sido mi intención negarme a tal….si lo dices por
lo de esta mañana, no era el lugar.
-Lo sé. Fui precipitado, pero no por ello ha dejado de tener igual
significado. Aun no me haz contestado.
-Estaré enormemente agradecido de practicar contigo el shudo (2).
-Mas que eso, me gustaría que fuera un juramento de amor, que dependa
solo de nuestra buena voluntad.
-Cruzaré esta senda contigo con toda la sinceridad de mi corazón,
para respetarte y honrarte como mi compañero y mi amante….-dijo
entonces el ojiazul.
Ranmaru
sonrió, eso era precisamente lo que su corazón anhelaba
escuchar. Tomó una de las alianzas y la deslizó por uno
de los dedos de Hasame, luego el cual tomo la otra disponible para hacerla
pasar por su mano a unas de sus falanges opuestas.
-Este
es un voto de nuestra alianza. Ahora, consumémosla… -los
labios hambrientos de Ranmaru tomaron posesión de su cónyuge
a quien ahora en adelante se debía. Sus manos empezaron a buscar
afanosamente el cordel que sujetaba la chaqueta del ojiazul, mientras
aquel igualmente se empeñaba en quitar tela de por medio entre
ellos.
Los
dedos de Hasame recorrieron suavemente la piel que se iba exponiendo lentamente
ante sus ojos, recorrió en ella un sendero de trémulos besos,
al principio, como temiendo que fuera una ilusión que se desvanecería.
Pero la porcelana de Ranmaru se volvió calida ante el contacto
de sus labios, porque la cerámica de su núcleo era para
sostener altas temperaturas, las cuales empezaron emerger lentamente,
una vez que entre ambos se deslizaron las ropas.
Entraron
en las mantas donde sus cuerpos se reconocieron inmediatamente, su desnudez
ya no les era desconocida. Habían empezado ese ritual hacia tiempo,
a pasos lentos, pero seguros. Reconocían el olor de su piel, el
sonido de su pecho y la mirada celeste sobre la terracota preguntaba trémula,
sin palabras si debía continuar.
Un
sonido como de tierra al recibir las primeras goterones, fue la respuesta.
Un gemido estremecido que se escapó de los labios del narciso le
dio la pauta a seguir. Lamió a conciencia su cuello, donde su boca
se instalo por segundos y luego bajo presurosa a sus hombros, dulces duraznos
aterciopelados, que se deleito de probar, uno a uno…pero no satisfecho
con eso, tuvo que empezar a probar el dulce de sus pezones, que eran un
par de botones de cerezo.
-Soy
tuyo…siempre lo fui….-escuchó en un resuello al castaño,
que ondulaba su pecho junto al suyo.
-de nadie mas
-nunca….mi amor nunca será de nadie mas.
No
hacían falta mas palabras para declarar su pasión, sus cuerpos
empezaron a declarase votos de entrega. Las caderas de Ranmaru exigían
atención y las manos prontas del ojiazul las tomaron delicadamente,
dejando caricias entre sus entrepiernas, estimulando visiblemente su hombría,
sus manos se repartieron en dar atrevidas caricias, que fueron recompensadas
con sonoros gemidos y que sus caderas se levantaran.
-prepárame…-le
susurro al oído Ranmaru, al tiempo que buscaba entre las mantas,
un pequeño recipiente con un ungüento oleoso, que tiempo atrás
dejara ahí, se lo entrego, luego empezó a morder suavemente
un pezón de Hasame y tomaba entre sus manos la hombría del
chico para mantenerle estimulado. Pero luego dejo de hacer eso, cuando
sintió un par de dedos bajar buscando aquel lugar donde residió
el encanto de su sexo. Los anillos apretados virginalmente fueron cediendo
paso lentamente, ante leves quejidos de dolor, que pasaron lentamente
transformándose en placer en cierto punto que era apremiante recibir
más.
-estoy
listo para ti…-gimió después de un rato, en que la
estimulación era tal que sus caderas ondulaban con esos dedos….que
fueron remplazados por algo mas grueso, la virilidad de Hasame, que tomó
posesión de su persona.
Ambos
sollozaron, iniciaba el camino de shudo en ellos. Eran ahora dos amantes
que daban pasos torpes, pero firmes para adentrarse en ese sendero. Lo
usual era que alguien experimentado les llevara por ese camino y les mostrara
los recovecos y las maravillas que podía encontrarse en cada vuelta.
Pero ahora, la juventud entre ellos se imponía y ponía en
manifiesto el deseo de experimentar a la par, sin ser maestro, ni alumno,
simplemente compartiendo las intensas sensaciones que gozaban a cada embestida.
Los
ojos de ambos brillaban intensamente, deleitándose por el placer
de darse uno al otro, en esa sorpresa que paso del momento del dolor al
placer. Ranmaru sintió que un punto dentro de si, que concentraba
todo su goce había sido rasgado, en cada embate, el placer le caía
a raudales, como aguanieve que cubre la copa de los árboles.
A
un grito de ambos, descubrieron que no toda la nieve es fría, alguna
puede ser tibia y regar sus entrañas, mientras el resto cubría
sus manos y parte de tu cuerpo que con una intensa onda de placer los
invadió, se dejaron caer, uno al lado del otro, sofocados y agitados,
luego de que el aire les hacia falta.
Hasame
tomó entre sus brazos al narciso y lo cubrió con sus brazos
y piernas, mientras el otro acompasaba su respiración.
-Ha
sido….-inicio el ojiazul.
-hermoso…realmente hermoso, amado mió.
-mi dulce amor…-besando sus labios.
-¿Qué será de nosotros?..Preguntaba al vació
Ranmaru.
-Estaremos juntos, alguna forma habrá…-acariciaba su pecho…-no
te dejaré en este templo. No lo haré. Venderé mi
alma, si es necesario.
-No digas eso.
-Por tenerte conmigo….vendería mi alma. No te quede duda,
más ahora que eres mi cónyuge. ¿Por que es lo que
eres.... no es así?
-Es lo que soy, tu compañero, tu amante…tu amor…-dijo
el narciso acompasando su palabra a su cuerpo.
-Ven….-besó sus labios tiernamente…-.mañana
me alejaran de ti por un ciclo de luna, será lo ultimo que permitiré,
después de eso cuando la primavera llegue nos iremos de aquí.
-¿A dónde?..-preguntó curioso Ranmaru.
-¿importa?
-No…no, si es a tu lado…-devolvió el beso, que inicio
sus nuevas caricias. Aún la noche había empezado y ellos
tenían aun mucho que conocerse.
Ahora.
Vamos contemplar la nieve
hasta caer de cansancio
Basho
La
gruesa manta de nieve que aun quedaba, cubría plácidamente
el palacio imperial de Edo. Los jardines congelados eran un espectáculo
desolador, que hacia juego con la mirada pérdida y las manchas
de lágrimas que sobre la bella cara de Zeami se habían secado
minutos atrás. Su estancia en el palacio languidecía. Parecía
que con la muerte de su padre, una honda melancolía se instaló
en su persona, al igual que la blancura de la nieve.
Desolación invernal
En un mundo de tono uniforme
El ruido del viento
Basho
Su
dolor se fue acrecentando con la negligencia de Jiro, quien al regresar
de la batalla e instalarse de nuevo en el palacio, había dedicado
sus horas, sus caricias a su hermano, a quien ahora fácilmente
podía acercarse y amarle. Como si entre ellos un nuevo vinculo
se hubiera formado a partir de la alianza de proteger su futuro y el nombre
clan. Ambos sentían las miradas recelosas que su padre les dirigiera
los primeros días. Era difícil para el emperador aceptar
que sus hijos ya tomaban decisiones propias, sin consultarle y algunas
de ellas en pro de defenderse contra si mismo.
Ieyasu
Takugawa, tuvo que aceptar que su amante, no solo le robaba descaradamente,
sino que con su complot, organizaba una revuelta para derrocarle. Había
sido un ruin, mentiroso y un bastardo…pero aun si, extrañaba
a Taboe Yendo. Sus besos con sabor a sake y su amplio pecho donde se refugiaba
de la vida de palacio. Ahora no tenia nada. La senda se había roto
y las dudas le embargaban.
Soledad en invierno.
Quisiera hacer una pregunta
al Buda
Shiki
Era
de pronto un alma vagando en su propio palacio, alejado de sus guardias
y sus lacayos. En un simple kimono de seda, cubierto con una gruesa capa
de pieles, sus pies le llevaron a esa apartada orilla de jardín,
donde nada crecía ahora, por que la nieve aun estaba escarchada
aquí y allá.
Pero
nadie niegue que aun en los jardines congelados, no pueda encontrarse
un alma, que parezca aferrarse a la piedra, intentando no morir.
Una flor cae
y se esparce en la nieve.
¡No¡ Era una mariposa
Morikate
Fue
así, como el emperador Ieyasu encontró a Zeami, sentado
en la orilla de la fuente, donde de haber agua fluyendo, seguro tendría
sus manos mojándose en ella y su carita reflejándose en
ella. Ahora sola movía sus dedos por la nieve, buscando un motivo
para aferrarse a la vida. Ser la cortesana ocasional de los hijos del
sol, ya no le era satisfactorio, por que ni ese trato recibía.
Ambos gemelos, extasiados uno, con el otro, simplemente le dejaban a un
lado y ver a Jiro, otorgarle todas sus caricias a su hermano, en su presencia,
era algo mas que su alma podía soportar.
El
frió se instaló en sus huesos y titiritó un poco,
luego intentó levantarse pero la presencia del emperador a unos
pasos suyos le dejó visiblemente sorprendido.
Ieyasu
lo observaba fascinado, su tersa piel, su cabello peinado en gruesas trenzas
a su espalda y delicadamente ornamentado con un peine de nácar
a juego con su kimono y su melancolía, le parecieron lo más
sublime que hubiera visto en mucho tiempo.
Zeami
cayó al suelo, reconociéndole y su kimono se llenó
de nieve, salpicando su tela y sus manos tocaron la fría superficie,
al hacer una reverencia completa y no hizo ningún comentario, estaba
prohibido hablar si el emperador no lo había autorizado.
Ieyasu
se inclinó a levantar a tan frágil presencia, a quien estaba
seguro había visto en alguna parte de palacio, en algún
momento…
-Levántate
¿Quién eres?
-Kea’ni Zeami, soy un actor.
-Si, danzas…ahora te recuerdo. ¿Qué haces en esta
sección del palacio?
-yo…yo soy invitado de uno de sus hijos, Mi señor….-los
ojos grises del chico se mantuvieron en el suelo, bastante ofensas tenia
ya en su haber, para ahora anexar estar mirando de frente al mismo emperador.
-¿invitado? ¿A cual de los dos, le tibias la cama?
Como
si sus propios reproches no fueran suficientes, oírlos de la boca
de otro, parecían más grandes.
-Al
hijo del sol….Soji.
-¿Qué haces aquí? ¿Por qué estas lejos
de su lecho?..Levantó su cara para que le viese, sosteniendo suavemente
su barbilla, reconociendo su belleza y el dolor que se reflejaba en sus
ojos, que se humedecieron sin desearlo. Abrió la boca, pero de
ella nada salió, de nada valía decir algo, ya que jamás
hubo ofensa. Jiro jamás le dijo que lo amará, lo compartía
con su hermano y cercano estaba el día, en que no podría
entrar ni a palacio.
-Sus obligaciones le mantenían ocupado. -Seguro…-dijo Ieyasu,
imaginando donde se encontraban las obligaciones de su hijo, dentro de
las mantas del otro. Eres par, no cambiaba. A ese paso, pronto debería
exigirles casarse o nunca tendrían descendientes, pero era algo
de lo cual se dedicaría después….–Ven conmigo…-le
soltó y Zeami se mantuvo unos pasos detrás suyo, pero Ieyasu
lo tomó de la mano y le hizo apurarse…-Vamos hace frió,
te resfriaras.
Después de haber contemplado la luna
Mi sombra me acompaña
de regreso a la casa
Sodo
No
bien habían dejado el palacio, la figura corriendo de Michi, jovencito
asistente de Zeami, se detuvo de súbito y se tiró a los
pies del emperador.
-Mi
señor, yo llevaré a Zeami a su habitación, debe haberse
perdido…
-¿Dónde estabas? Casi se enfría……-le
grito, mientras abría una de las primeras habitaciones del corredor,
con su propia llave. Tomó de nuevo la mano de Zeami y le hizo entrar…-que
preparen un baño y trae de comer…-le gritó a sus propios
asistentes que ya se habían presentado y que junto a Michi, inclinaban
la cabeza retirándose.
-Señor…debo
volver…-le susurró Zeami.
-Hazle compañía este viejo…mientras preparan tu baño
y comes.
-Usted no es un anciano…-dijo Zeami y luego se calló por
la grosería….
-No, pero en ocasiones mi alma se siente así…-le sonrió…-deja
las formalidades, ya tengo bastantes zalameros para eso.
-Usted es…
-Soy quien soy. En ocasiones es un peso demasiado difícil de llevar
para un hombre solo. ¿Te gusta la poesía?
-Si…señor…si…
-Ieyasu…ese es mi nombre. Zeami es el tuyo, ¿no es así?
-si, señor…Ieyasu…-se rectificó cuando vio la
cara seria que le dio.
-eso esta mejor. ¿Sabes leer?...–le ofreció los pergaminos
y el chico los tomó, mientras inclinaba la cabeza y se ponía
de cuclillas.
-Es una obra, la escribió un monje, trata sobre una batalla.
-la conoces…
-si…tiene música y la he bailado antes.
-hoy solo léela, para mí…-el emperador se acomodó
entre los mullidos cojines.
Zeami
se sintió confortado de pronto, le gustaba la poesía y disfrutaba
las obras. Su voz entonada inició la narrativa. Tenía la
voz modulada y acompasaba los tiempos con dedicación, haciendo
los cambios de personajes y variando sus voces. Por unos segundossintió
que estaba encima de la duela del teatro, deslizándose lentamente
y que uno de sus personajes estaba dentro de la obra. Ieyasu notó
la suave voz, los colores que volvieron a su cara y el brillo de sus ojos.
Seducida por las flores
Fascina a la luna
La mariposa
Chora
Le
dejó terminar y aplaudió por la representación.
-Bien…me
ha gustado. Date ahora un baño y come.
-Volveré a los aposentos de Soji….
-¡No!
La
voz del emperador tuvo el tono con el cual acostumbraba dirigir sus asuntos
de estado. Él mismo lo notó, así que volvió
a solicitarle que permaneciera en esos aposentos.
-Supongo
que no tienes habitación en el palacio.
-no…comparto la habitación.
-ya veo…-se levantó, mientras un par de ayudantes ya estaban
disponiendo todo para el baño de Zeami. Vio a Michi que estaba
acuclillado en la puerta, esperando.
-Llévame
con tus señores…-le indicó al chico, quien no tuvo
mas inclinar la cabeza y moverse. Michi tocaba la puerta antes de abrirla,
pero el emperador le hizo aun lado, dejándole afuera.
La
escena que encontró no le sorprendió nada. Ambos hermanos,
desnudos del dorso, retozando en el mullido lecho, mientras jugaban frente
aun tablero y las fichas negras y blancas esparcidas sobre las mantas.
Ver a su padre, les hizo levantarse e inclinarse como correspondía
a su cargo, pocas veces iba a buscarles a sus aposentos, sin guardias,
ni asistentes, por lo cual aquella visita era de carácter familiar.
-Padre…-ambos
se levantaron después de una reverencia.
-¿Soji?
-si…-y una vez que lo reconoció, le cruzó la cara
con su mano.
-¿Qué he hecho, padre…?-sorprendido del trato.
-Dejar languidecer a tu amante.
Ambos
se vieron y luego la vista de uno fue al suelo, mientras la otra buscaba
con la mirada al implicado, tan distraído en los brazos de su hermano,
que no notó cuando el chico se salió del lecho.
-creo
que he sido bastante tolerante con su….relación. Ya hemos
hablado de eso hasta el cansancio. Saben lo que pienso al respecto y no
hondare en ello.
-Aun no estamos listos para tener una familia, pero lo haremos…-acató
Soji, sabiendo que era por donde su padre terminaría la conversación.
Habían prometido ya que se celebrarían nupcias y que le
darían nietos, independientemente de tipo de relación que
llevaran. Los deberes para con el Imperio se mantendrían, lo que
pasara en su cama, en sus habitaciones era solo cosa de ellos.
-Si,
ya hemos hablado eso…- murmuró Jiro, deseoso que su padre
terminara su visita paternal y entonces ir a buscar a Zeami a cualquier
parte del castillo donde estuviera llorando, seguro eso era lo que su
padre vio.
-Me
alegra entonces que sigamos en lo dicho. Ahora mi visita tiene otro fin.
¿Quién les dio derecho a tratar así a Kea’ni?
-¿A que te refieres?...– solicitó Soji.
-A que no se busca un amante para luego botarlo por aburrimiento.
-No sé de hablas, pero si esto es por Yendo…-una nueva bofetada
cruzó ahora la cara de Soji.
-No te atrevas a repetir su nombre frente a mí, he aceptado mis
culpas y las he pagado, no vuelvas a revolcarme su nombre.
-¿Qué es entonces…Padre?
-Tener un amante es algo más que buscar alguien para que les caliente
el lecho…a ambos. O los divierta de vez en cuando. Para eso no ocupan
un amante, pueden pagarse el servicio de compañía ocasional.
Tener alguien en palacio, en sus habitaciones, con sus propios criados,
es un amante de palacio. Con el cual tienen obligaciones.
-Zeami solo esta aquí por…
-¡Por que ambos son unos lujuriosos que necesitan un catalizador
para sus amoríos…eso lo sé!
-¿Qué es lo quieres Padre? ¿Quieres al chico? ¡Es
tuyo!...–le enfrentó Soji.
La
cara sorprendida de Jiro y el emperador era evidente, el primero por que
no entendía por que Soji podía deshacerse del chico, como
si nada y el mayor por que aquella generosidad por parte de Soji solo
debía significar algo. No era común que su hijo soltará
algo de su propiedad de esa manera, nunca lo hizo de niño, menos
de adulto y mucho menos un chico lindo.
-Soji
esta bromeando, Padre. Yo me encargare de Zeami.
-¿Qué harás con él, te desharás del
chico como otro juguete, que te aburre?
-¿Quieres que este en palacio? Le daré su propia habitación
y…
-Ya lo he hecho yo…-se dio la vuelta y empezó a caminar…-para
ambos, aléjense de Zeami. Esta bajo mi protección.
-¡El chico es mió!..-le dijo Jiro, quien se negaba a perder
un juguete
-Lo era. Además a ti, solo tu hermano te entretiene…-El emperador
salio dejando las puertas abiertas, las cuales fueron cerradas por Michi.
Ambos
hermanos se vieron, sorprendidos al principio y Jiro tomaba su casaca
e intentaba ponérsela, cuando la mano de Soji se introdujo en su
pecho, lamiendo su nuca…-¿Te vas?
Jiro
se dejó abrazar y se reconfortó con el pecho de su hermano
pegado a su espalda, mientras sus manos le despojaban de la casaca.
Cuando la lámpara se apaga
Las primeras estrellas
Entran por la ventana
Soseki
Ieyasu volvió sobre sus pasos, ya menos molesto. No toleraría
la descortesía. Sus hijos quizás fueran buenos guerreros
y administraran bien su imperio, pero aun les hacia falta aprender sobre
las sendas que algunos guerreros podían caminar. Él se consideraba
aun un hombre viril con mucho que enseñar y si Zeami lo deseara,
podría guiarle. Por primera vez en muchas noches, una sonrisa se
asomó en la cara de Ieyasu. Había amado y respetado a Yendo.
Pero ahora, sin él, la vida seguía y no era cosa de dejarla
desperdiciarse. Sobre todo cuando existían en ella, jóvenes
como Zeami, que surgían del frió invierno, con la esperanza
de que la primavera llegaría de nuevo a los jardines.
Todos concentramos en algo nuestras esperanzas, Hasame a su vez lo hacia
en la idea de que el tiempo, en esta ocasión se movería
rápidamente. Que el ciclo de la luna pasaría de una parte
del horizonte a otras en un respirar, rogaba a sus ancestros por que tal
proeza sucediera.
La mañana después de la tormenta.
Sólo los melones
no se interesan por lo ocurrido
Sodo
Hasame,
con un dolor en el pecho, mezcla de angustia y desazón le costaba
dejar partir al narciso. Tenia que presentarse a los preparativos para
su reclusión. Aun cuando no pensara tomar los votos, no podía
faltar a su palabra, hecha años atrás a su abuela, en la
cual se prometiera terminar su preparación.
La
primavera aun tardaría en ganar su batalla contra el invierno y
desplegar sus brotes y semillas en la tierra. El tiempo ahora de esperar,
con esperanza e ilusión de que narciso partía solo por unos
días, pero que le pertenecía en cuerpo y alma.
-te
extrañare, serán días difíciles y noches largas…-besaba
su cuello, impregnándose del dulce aroma de duraznos que ahora
eran maduros.
-igual yo, pero pensaré en ti. Todas las noches y mi alma te acompañaran
en tu lecho.
-Eres lo mejor de mi vida, Ranmaru.
-igual de la mía, no te quepa duda.
Tomó
su cara y repartió besos en sus parpados, como aleteos de mariposa,
suaves, lentos y cuando llegó a sus labios, recitó en ellos
la poesía de los amantes inmortales:
“No puedo creer
Que estés tan lejos
Porque yo
Jamás podré olvidarte
Y tu cara
Estará siempre frente a mí”
(Ise Monogatari)
Hasame se quedó en la oscuridad, su cónyuge había
partido por un ciclo de luna. Después de eso, volvería a
sus brazos a renovar sus votos de amor y fidelidad. Aun así, una
vez que la puerta de los acólitos se cerró, sus ojos dejaron
escapar una lágrima atrapada, la cual liberada solo fue muestra
de su pesar.
La tempestad sopla
El rostro de alguien
Empapado
Basho
Una
noche de amor entre ellos, le había resultado demasiado corta,
pero ser por ello, menos sublime. Ahora podía gritar a los vientos
que Ranmaru Osakura le pertenecía.
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