Clasificación: NC-17
Pareja (s): Hasame/ Ranmaru

La mayoría de los personajes de esta historia son propiedad de la historia mitológica japonesa. El poema inicial pertenece a la obra de Shinishi: “Poemas del samurai ciego”. Los poemas intercalados son Haiku japoneses, algunos son anónimos, otros no.
Avisos: Relaciones de h/h

 

Cáp. 3 Lejanas voces

III
Lejanas voces vienen cabalgando vientos
Mudas palabras desbordan estos caracteres
Ya olvidé el canto de los grillos.

 

Ukyo Osakura paje principal de la respetable Casa Yedo, quedo enamorado de otro paje, Uneme, lo que le causo, primero caer enfermo, luego en su lecho escribir una carta abriendo su corazón para después ser aceptado y amado.

Pero su belleza había sido, desde el primer momento la tortura del hijo de su señor, Shyuzen, quien empezó a acosarle constantemente sin atender a las negativas y desprecios del joven Ukyo. Por lo que Shyuzen, decidió matar a Uneme e intentar desaparecer así la resistencia del bello paje. Pero quien al enterarse toma venganza matando a Shyuzen con su propia espada, lo que le condena a hacerse el suicidio ritual en el templo, pronunciando un poema, en una noche oscura, solo iluminada por la luz de los rayos, en una gran tormenta que lloró junto al dolor de un amante al cobrar una ofensa y extinguir una pérdida:


Las flores esperan la próxima primavera;
confiando que las mismas manos las acariciarán.
Pero los corazones de los hombres ya no serán los mismos,
y sólo vosotros sabréis que todo cambia,
Oh, pobres amantes.

Cuando el mortal tajo llegó y pronuncio la ultima frase, Ukyo vio a su hermano, quien se abalanzo sobre él, intentando cubrir con sus pequeñas manitas la sangre que salía a borbotones y como pudo cerró después los ojos del bello paje. Las imágenes eran lentas, la vocecita se perdía en el sonido de la noche y el frió del cuerpo de su hermano lo invadía todo.

Fina porcelana ensangrentada de 19 otoños, hecha añicos por su propia mano sobre el suelo de madera. Crueles relámpagos que iluminaron el recinto y los sonidos de la lluvia cayendo a raudales.

Un grito ahogado en la noche

-¡Ranmaru, Ranmaru! Sshhhhhhh, todo esta bien. Estoy aquí, calma.

Una voz aterciopelada, el calor embriagador de la madera y la canción de cuna que Hasame cantaba. La pesadilla volvió a irse, las imágenes perderse y la seguridad de unos brazos tibios a reconfortarlo.

¿Por cuánto tiempo?

Hasta que la primera luz del día, le indicaba que era hora de la separación.

Linda porcelana de 15 veranos, ahora en otras tierras, buscando olvidar en el día, lo que las noches de tormenta tanto insisten en recordarle.

La luz del día indicaba también a Hasame que tenía obligaciones que cumplir y entre ellas la indicada por su padre la noche anterior, hacer respetar las buenas costumbres en su casa.

Solo dos de los chicos se encontraban ahora con el dorso descubierto y la mirada en el suelo, inclinando el cuerpo hasta que la cara estaba pegada al suelo, llenándola de polvo y buscando limpiar con ello la ofensa cometida a la casa Mitshide. Un tercero, desapareció junto con la noche evitando con eso ser testigo de cómo el látigo de levantó sobre sus atolondrados compañeros.

“¡Ichi (uno)! “, empezó el sensei con un fuerte grito y la espalda se ambos se tensó y la vista de Hasame fue al suelo. No le agradaba ver lastimado a sus compañeros, pero recordó la posición que tenia en su casa y que representaba en ese momento a su padre, sin contar que había intentando lastimar a Ranmaru.

“¡San (Tres)! “ y el grito de uno de ellos rasgó el aire y por un segundo tuvo la idea de que una sonrisa aparecía en la fría máscara de Ranmaru, pero llego tan rápida como desapareció.

“¡ Go (Cinco)!” , y ambos gritaron ahora a Kaki-sama por su ofensa y la mirada del sensei se detuvo en Hasame preguntándole si se daba por satisfecho, pero no encontró nada que le indicara, así que hizo continuar el castigo y el tiempo se alargaba rapidamente hasta escuchar:

“¡Hachi (Ocho)!” Y un leve murmullo diciendo suficiente por parte de Ranmaru hizo que girará su vista y se levantará tomando el látigo, avisando que se daba por satisfecho y esperaba nunca mas ser testigo de una ofensa a su casa o su Padre, sino él mismo tomaría las medidas necesarias. Se encamino hacia los dos chicos y les ayudó a levantarse para llevarlos a curación.

Después de todo, también eran compañeros de su niñez y de su clan, con lo cual el poblado completo entendía que el joven Mitshide era digno heredero de su padre, no solo dispuesto a usar el sable y el látigo, sino también en brindar su mano y su casa para proteger y ayudar.

El resto del día, Hasame intentó olvidar el sonido del látigo, desgarraba la piel con una precisión, como el filo de una hoja de mental sobre el bambú fresco del bosque, dejaba marcas y podía derribar orgullos.

Después de eso, los días se deslizaron con un inusitado calor y el ambiente tenia un olor lleno de polen y el revoloteó de pájaros era incesante. Solo por distraer la mente y dejar de ver a Ranmaru un poco, por que aquello le estaba haciendo subir el calor por el cuerpo, Hasame desvió su mirada a las colinas lejana, donde unos pequeños reflejos llamaron su atención, seguida por el llamado de la voz de sensei a callar.

A un nuevo grito del maestro los alumnos continuaron, pero le indicó a Hasame acercarse y en lo que el chico puso la rodilla al suelo, le dijo quedamente que avisará a los centinelas para que se presentaran en el dojo y sin esperar mas indicación el joven corrió a los puestos de vigilancia y a su retorno, tanto su padre, como sus fieles guerreros estaban en la entrada, cercana a las escaleras de la casa y por lo acalorado de su voces no indicaba nada bueno.

-¿Qué haremos señor? –clamaba uno de grupo, visiblemente preocupado.
-¡Esperaremos a escuchar los informes de los guardias! Nuestros visitantes pronto mostraran su presencia y sabremos cuales son sus intenciones….-decía la voz serena y grave de su padre Akeshi –mientras eso sucede, mantendremos vigilancia y una alerta sobre el poblado.

Las voces asintieron y a un par de indicaciones mas por parte de su padre, los guerreros se movieron dando ordenes entre los guardias y los hombres de confianza.

Hasame permaneció de cuclillas esperando alguna indicación para si y por algunos momentos pensaba que lo había dejado fuera de todo aquello. Quizás le consideraban aun un pequeño a quien debían negarle información o simplemente inmaduro ante todos aquellos experimentados guerreros, pero aun así, el era hijo de Mitshide y en su mano ya estaba una katana que había cortado el aire mas de una vez.

-Dime Padre. ¿Qué sucede? –preguntó con la vista baja, esperando a que éste terminará de dar indicaciones al sensei.

-Tendremos visita, parece, si los banderines corresponden a sus propietarios dignamente, el gran Honda Tadakatsu, tiene puestas sus filas detrás de las colinas. Un gran guerrero, la cuestión será saber cuales son sus intenciones.
-Somos una villa pequeña, no hay mucho que llevarse, las cosechan ni se han levantado.
-No creo que sea por grano o por hortalizas. Recuerda hijo, que lo más valioso de todo pueblo no son sus posesiones, son su gente.
-¡Buscan gente para sus filas!….-dijo de pronto el joven sin esperar mas.
-Es posible, hay que esperar a que den señales de sus intenciones, pero sin quitarles la vista de encima…. –sonrió el viejo samurai, mientras entraba a la casa, dejando al chico reflexionando con sus palabras.

Luego volteó a ver que en el camino llegaban el resto de sus compañeros de entrenamiento y entre ellos, uno poco más separado, Ranmaru quien también le buscaba con la mirada, tan discretamente como mirar detrás de una cortinilla de papel arroz.


Las horas se volvieron pesadas como goterones de aceite y la inquietud los empapaba a todos, hasta que uno de los guardias indicó que se había solicitado uso de salvoconducto para entrar a las tierras de los Misthide.

Los briosos caballos entraron por los portones de madera y sus jinetes llevaban las insignias, azul y oro, del Clan Tadakatsu. Lo último que esperaba el viejo samurai Akeshi, era que el mismo general Honda Tadakatsu, se encontrará entre los hombres que bajaban magistralmente de los corceles y ahora se encontraba a unos pasos, viéndole primero a los ojos y luego al igual que el resto de la comitiva de 6 hombres inclinar una saludo de respeto ante el dueño de la casa que les abría las puertas.

Primero una mirada dura y severa por parte del viejo Akeshi y luego una amplia sonrisa, abriendo sus brazos para recibir a un viejo amigo y hacerle pasar a su casa, haciendo con ese leve gesto que la tensión de la villa se redujera por instantes.

-Las tierras a tu cargo se desbordan en bienes, Akeshi…-decía Honda frente a su amigo junto a una taza de té que humeaba.
-La gente a mi cuidado trabaja afanosamente por cada bien, mi amigo.

Respondía con cautela el viejo samurai y con la intención de ser un cordial anfitrión.

-Eso he odio a lo largo de todo el camino, tu espada protege y guía estas tierras.
-Estas lejos de las tuyas amigo. ¿Algún motivo te mantiene lejos de los tuyos? ¿Alguno que quieras compartir, con este viejo amigo?
-Decirte que solo pasaba a visitarte y saber como pasas tus días viendo deshojarse los árboles, como era tu ambición, seria poco creíble. ¿verdad?
-Hace tiempo que no viajo tanto como tu, pero aun así, los rumores se esparcen como fuego en la hojarasca

Una mirada seria, le indicó a Honda que le era difícil creerle, así que lo mejor era decir la verdad…con Akeshi, siempre era lo mejor.

-No se cuanto sepas, pero mi señor Tokugawa, me ha enviado a mostrarle sus tierras a dos de sus hijos, los cuales vienen conmigo, ya que les estoy entrenando.
-Mucho te aprecia tu señor al confiarte a sus hijos.
-Honor que no merezco, pero él insiste. Además, también me ha pedido que viaje entre sus provincias. La unificación no ha sido tan fácil y su ansiado deseo de hacer un solo Nihon ha costado muchas vidas.
-¿Pretendes enseñarme historia, Honda?
-No, claro que no, amigo. Pero siempre hay quienes no están satisfechos con los nuevos tiempos y que piensan que otros brazos deberían unificar este país, la posición de mi sr. Tokugawa es delicada.
-Como la de todos los señores. El emperador tiene en ti a un fiel servidor y uno duro en el campo de batalla.
-Halago que no merezco. Tuyo debería ser el cargo, pero te sedujo más el sonido del viento al pasar por el trigal.
-En verdad fue por el sonido de mi hijo al correr por el piso de madera, mientras su madre lo perseguía….-le dijo con un guiño sonriéndole, mientras seguía con su taza de té.
-Bendición de Kamisama no me otorgó y que tengo que redimir siendo guardián de las tropas de mi señor.
-Pero la unificación ha sido respetada por más de 10 años.
-La cuestión es, que hay varios clanes aun no muy satisfechos y estamos seguros que continúan sus alianzas. Aun no tienen fuerza, pero han empezado a moverse. Seguíamos a un grupo que ha estado haciendo pillaje y torturando viajeros desprevenidos.
-Eso suena más a bandidos que a milicias.
-Están desesperados creemos y ha reclutado de todos, así que estar prevenidos es una muestra de prudencia en estos días. Viajamos a la provincia de Tamba y debemos cubrir las zonas boscosas e informar sobre actividades de pillaje.
-Agradezco el mensaje. ¿aceptaran nuestra hospitalidad, antes de partir?
-Nada me seria más agradable, viejo amigo y de paso te presentare a los hijos de mi señor. Jóvenes aun, pero uno de ellos es endiabladamente bueno con el arco y otro con la espada, serán buenos guerreros.
-Lo creo, tienen un buen maestro, Honda.
-La verdad, solo para tus oídos viejo amigo….te envidio.
-¿Envidiarme?, pero si eres el gran general Honda Tadakatsu. Miembro de la milicia de nuestro emperador y ahora hasta el maestro de sus hijos.
-Pero no tengo una familia, ni una casa donde calentar mis viejos huesos….ni una mujer a quien llamar mi esposa, ni tampoco hijos….todo eso lo perdí en la guerra y ahora, solo los recuerdos y muchos dolorosos amigos. Créeme Akeshi, te envidio, he visto a tu hijo, tiene el mismo porte con el que te conocí, su espada debe cortar el aire…
-Agradezco tus envidias y si…es un gran chico… -decía el viejo samurai, con la difícil labor de explicar a su amigo sus bendiciones sin ser grosero.

Y el general pareció darse cuenta por lo cambio la conversación a un terreno mas blando.

-Escuche que tienes al sobrino de Osakura.
-Veo que los rumores corren más rápido que el fuego.
-El clan Odai es muy conocido y respetado, aun después de aquel incidente….era muy joven.
-Lo era, 8 años tenia….demasiado joven para ver morir a tu hermano.
-No hay edad para ver morir a nuestros amados, Akeshi.
-No, no la hay, ahora en el invierno de mis días…espero partir antes que ellos.
-Palabras amigos mió….aun eres un roble.
-Hasta los robles caen amigo mió. Ven, vamos a poner a tu gente cómoda y ya tendremos tiempo platicar un poco mas.
-Domo arigato, amigo


El sonido de cepillo sobre el pelo de su madre, siempre lograba impresionar a Hasame, quien aquel acto le parecía que el viento suspiraba entre los árboles

-Estas muy silencioso hoy, Hasame.
-Escuchaba las cigarras madre, parece que no se han cansado.
-Son igual de insistentes de algunos personas, también les gustan el calor del verano.

La sonrisa del chico fue amplia y su madre agradeció que aun tuviera la habilidad para hacerlo reír, aunque ya no pudiera percibir nítidamente su imagen, su voz era dulce y embriagadora. Una conexión con ese mundo fuera que ella poco a poco perdía.

-Hay muchos crisantemos en el camino, Madre, cortare mañana un gran manojo y los traeré a tu cuarto.
-Si, los crisantemos se levantan tras los chubascos, es increíble todo lo que puede crecer después de un buen aguacero.
-Aun me sorprende Madre y espero las lluvias con cierto placer.
-¿Cómo han estado tus días, hijo?
-Lleno de actividades…como siempre.
-No he tenido oportunidad de disculparme Hasame –le dijo volteando y tomando las manos de su hijo, para quitarle el cepillo de ellas.
-¿Por qué habrías de hacer algo como eso?
-Shhhhhh, no he tenido tiempo para corregir mi confusión, al llamar a Ranmaru, una linda chica….
-Ahhh, eso…..no te preocupes Madre, a sido una confusión para muchos, empezando por el sensei….
-Tu padre me ha contado y he estado algo avergonzado por ello. No he tenido oportunidad de hablar con él.
-Es algo silencioso, pasa gran parte del tiempo en su cuarto después de los entrenamientos.
-Abra que ser más hospitalarios.
-Le preguntaré que si gustaría leer o escribir….quizás eso le guste.
-Eso suena algo aburrido, hijo….quizás tocar algún instrumento musical.
-Ignoro si eso le guste….
-Cuestión de preguntarle…..-tendremos invitados estos días, me ha dicho tu padre.
-Si, se da albergue y reabastecerá lo suministros de la escolta del coronel Honda.
-Tu padre es un gran hombre, siempre dispuesto ayudar a los amigos.


La lluvia de verano se dejó caer hacia al vació, para ser recibida por los arboles, los techos y la tierra. Escurrir entre las hojas de los pinos y ser testigo de otra noche más de paseos furtivos.

Solo que esta vez, ni Hasame ni su invitado estaba en un cálido futon, sino en el bosque donde la noche era demasiado oscura, ni la luna se había atrevido a dar luz y ni las sombras a formarse, pero aquello no impidió que el canto apagado de los grillos se confundiera con el ligero paso de los hombres que se guarecían al amparo de la oscuridad. Figuras amorfas, que parecían tragadas por las sombras.

Hasame tanteo el camino y sus ojos fueron un relámpago en la oscuridad, una señal para Ranmaru, asintiera levemente frente a él con curiosa complicidad. A varios metros otras 3 figuras le imitaron. Las sombras ululaban en la penumbra, solo cubiertas de gotas que resbalaban. Hasame dejó pasar el grupo y se mantuvo cerca al bello chico, quizás preocupado por que sabía que la lluvia no le gustaba.

-¿Estas bien? –le susurró despacio y en respuesta sintió en su hombro una mano que le rozó sutilmente y luego continúo el furtivo recorrido. Tenían esa noche un entrenamiento por parte del sensei, no era para andar sintiendo angustias por la lluvia pensó el chico de la tez de porcelana.

La penumbra verdosa apenas era perceptible.

Solo unos segundos después, como una visión espeluznante salida de la nada, el cuerpo de una mujer apareció desde el bosquecillo de pinos, parecía caminar, sin tocar el suelo, con su cabeza colgaba a un lado como suelta, avanzando cual espectro. Su cuerpo insondable, pavoroso y cruel aun empapado en sangre, con sus piecitos descalzos que no se mojaban.

Alargando sus manos a los chicos que le veían entre sorprendidos y casi desvanecidos, ante sus ojos el espectro tenia un etéreo resplandor que les seducía y les clavaba al suelo sin moverse.

-¡No le vean a los ojos –gritó Hasame a sus amigos, quien unos de ellos ya caminaba sin vacilar ante el espectro, que extendía sus manos y sus cabellos que crecían y reptaban rapidamente hasta irse enrollando en uno de sus pies para jalarle, levantarle en vilo y presionarle entre ellos asfixiándole.

Ese acto hizo que otros de ellos sacaran sus espadas y uno sin pensarlo mucho se arrojó hacia el espectro para atravesarle, sin ningún resultado, ya que un fajo de cabello simplemente le golpeo como látigo estrellándolo contra un árbol cercano. Mientras que el tercer chico, simplemente se desmayo, para caer al suelo, totalmente aterrado de la vision.

Cuando volteó a ver al resto de sorprendidos chicos, sus cuencos vacíos se fijaron en uno de ojos azules que brillaron al resplandor de su propia espada desenvainada y la fría sonrisa le hizo sentir un escalofrió de la nuca a la espalda, con lo cual el espectro se sintió atraído, el miedo era uno de sus mejores golosinas.

Entonces un ruido atrajo la atención del espectro.

-¡Hannya…..suéltales! –y el sonido de un puñado de arroz cayendo al suelo y rodeando un pequeña piedra rectangular, cercana a un árbol, le hizo gritar ahora al espectro, un sonido gutural….desgarrador que creo un vació y como si fuera taladrada por algo, soltó el cuerpo de tenia atrapado entre sus cabellos, para replegarlos sobre si misma, cubriéndose.

Pero Ranmaru frente a ella, arrojó un par de pergaminos, que el espectro intentó evitar molesta del atrevimiento del joven, salvo uno que cubrió la cara y con ello la inmovilizó y si un espectro puede tener terror, fue en ese momento, cuando junto al pergamino se le unió la voz del chico en una plegaria, rogando por su descanso, implorando a los dioses que terminará su suplicio en la tierra y que él se encargaría de darle descanso. El espectro intentó levantar su mano y si aquello podía tener voz, le gritó al chico frente a ella, que ahora la contenía con ese pedazo de papel.

- Honnoji, al pie del castillo….-le dijo y vision empezó a tener pequeños destellos de luz, donde el pliego de papel estaba pegado y luego empezó a correr el destello por el resto de su cuerpo hasta simplemente se hizo un haz de luz verdusca y desaparecer.

Ranmaru emergió de entre la luz espectral, como emergería un demonio de entre las sombras, su cuerpo fino y delgadito era una flecha; sus ojos sin sombra ni luz, solo una fosa insondable, su rostro, una porcelana, de belleza pavorosa e inexpresiva, bajo la lluvia que aun no terminaba.

Desde el suelo, ayudando a sus amigos, Hasame le contemplo paralizado, receloso. Ignoraba que su pequeño amigo, tan silencioso, tan frágil y calido en las mantas, era capaz de algo como lo que había presenciado, un exterminador, entrenado para erradicar espíritus.


La lluvia seguía, imperturbable, pero ahora podía disfrutársele bajo el techo, con ropa y mantas secas, aun quedaban horas de oscuridad y dormir un poco le ayudaría a entender algo de lo que esa noche viera y aunque las explicaciones fueron simples ante el sensei, quien solo asintió y les envió a dormir. “A la luz del día” - les dijo y ellos aceptaron con agrado la sugerencia.

Hasame tardó en secar su cabello, como dando tiempo a que algo mas sucediera y ante el cirio de la esquina se quedo contemplando el movimiento juguetón de la flama, hasta que escuchó el desliz de su puerta y el etéreo cuerpo de Ranmaru, al entrar, le pareció ahora mas fascinante. Pensó que seria por la luz del cirio, que le daba a su cara un tono particularmente increíble, que se le antojó delicioso, si eso podría aplicársele a una piel.

Ranmaru, cubierto tan solo con una bata, descalzo, se acercó al chico como un lirio blanco nadando a media luz de la cera, delgado, sin dejar de mirarle y se sentó frente a él. Se miraron durante un tiempo que parecía muy largo, hasta que finalmente, dando un respingo y tras correr el cinturón con un movimiento extremamente cuidadoso, dejo caer su bata escurriese por el corte de sus hombros, enfilando a su paso la piel blanca de su cuerpo.

Hasame se quedo sin habla, extasiado y sorprendido, mucho mas cuando el chico extendió un pequeño frasco que abrió y el intenso olor a madera inundo el lugar.

-¿Serias tan amable? –le dijo en un quejido de voz.

El chico tomó el tarro y le vio girar para darle la espalda mientras entornaba el cuello en forma tan bella como si la marea mojara un poco al lirio y le hiciera replegarse un poquito a la orilla.

Puso sus manos con timidez sobre esa piel, sintiendo como el corazón le latía con fuerza y de su garganta intentó sacar alguna palabra, pero ante cualquier intento por decir algo, fueron los labios de Ranmaru quien expresaron en un suspiro la sensación que el tibio aceite le causaba. Cuando terminó, levantó su bata para cubrir su cuerpo con un rápido movimiento que suscitó un quejidito de frustración al joven Hasame, pero no tuvo tiempo para lamentarse mas, por que unos torpes labios se posaron en los suyos y luego una mano lo condujo hasta el futon, donde ambos entraron en las mantas.

-Ha sido una larga noche, cántame una canción….de esas de cuna, que murmuras tan bien…-escuchó al chico de porcelana.

La voz trémula de Hasame inició a cantar y minutos después escuchaba que su amigo dormía placidamente en sus brazos. Ya abría otro momento para preguntar, pensó, como era que su etéreo amigo había combatido esa noche a un demonio. Ahora era tiempo de soñar en la dulzura de sus labios.

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Saikaku Ihara, novelista del siglo 17, escribió el Danshoku Okagami (Historias gloriosas del amor viril), que es una colección de pequeños cuentos que giran en torno a los amores homosexuales entre pajes. En uno de los cuentos de Ihara se menciona los códigos de caballeros que tenían los samuráis sobre la cuestión de los amores no correspondidos. Y ahí se hace mención al poema chino de los “amantes desolados” y la costumbre de practicar el hara kiri.

Hannya, es demonio de los cementerios, representado en femenino, que se piensa que en vida enloqueció y se quitó la vida, siendo poseída por otro demonio y condenada a vagar para los bosques alimentándose sangre de niños y jóvenes.