
Cáp. 4 El
calor de la tristeza
IV
¿Qué es ese sabor de sonrojada fruta?
La primavera alienta el calor de la tristeza
Ya habré de aligerar la bruma que me rodea.
Dentro de una pequeña
cajita de madera finamente trabajada, Ranmaru guardaba sus mayores tesoros:
un collar de cuentas engarzadas, un juego de anillos de plata, un pincel
y unos mechones de cabello oscuro atados a una cinta y ahora anexaba
uno más, una cinta de seda con su nombre delicadamente hilado.
Cosas pequeñas
que atan grandes recuerdos.
Ranmaru, narciso,
bello……el agraciado.
Las posesiones de
chico al llegar a la Casa Mitsuide eran pocas, casi podría decirse
que su linaje era austero, aunque eso precisamente no era del todo cierto.
Su familia había sido por generaciones leales samuráis
quienes tenían su espada al servicio de la Casa del Emperador.
El prestigio de su apellido se vinculaba con el extraordinario uso de
la espada a dos manos. La mayoría de los hombres en su familia
habían sido guerreros y esa tradición cambio con Ukyo,
su hermano. Presagiado desde su nacimiento para continuar con la tradición
familiar, la abuela materna le había augurado otro destino mas
noble, por que Ukyo tenía el don de la mediación, hablaba
con descarnados, a quienes les ayudaba a resolver sus pendientes y una
vez terminada su misión, los espíritus podían partir
a la luz. Su abuela Eiko, decía que era por que los almas perdidas,
veían en Okyo una luz increíblemente bella, “luz
de luna sobre porcelana fundida”, por la cual ellos podían
encontrar un camino para salir de la oscuridad. Habilidad que el joven
manifestó después de los tres años, mucho antes
de ser enviado al entrenamiento con la espada de madera.
Ukyo tenia el don
de la sonrisa, dulce, bella e impactante, serena como un estanque, fresca
como roció y embriagadora como el sake de arroz. Nadie ante su
sonrisa le había negado nada, ni los espíritus….por
que el niño nunca tuvo miedo de ellos.
Su sonrisa fue su bendición y su perdición.
Su abuela convenció
a su padre de educarle de manera diferente, por lo cual fue enviado
a la Casa Yedo, nobles señores que en sus tierras tenían
un antiguo templo, lugar de meditación y enseñanza, donde
su habilidad seria desarrollada y además seria reconocido como
el mas joven de los Zantoi, místicos y guerreros del santuario.
Recorrió así entonces un doble camino, paje de la Casa
y místico de templo.
Como si los dobles
caminos fueran fáciles, como si las encrucijadas de la vida no
causaran confusiones y los riachuelos no arrastran piedrecillas.
Ranmaru miraba ensoñado a la luz de la media tarde que se colaba
por la delgadita cortina de arroz, sus tesoros.
……Cuentas,
un collar de cuentas, siete cuentas de caoba oscura, engarzadas en una
larga cadena de plata trenzada. Su abuela Eiko le decía, que
los espíritus, cuando se negaba a irse, podían ser sujetados
de la muñeca con la cadena, los sellos le mostrarían las
7 razones por las cuales su alma debía descansar. Aunque la mayoría
de los descarnados solamente requerían de una, a lo mucho tres
cuentas, raros en aquellos que necesitaban oír la recitación
de las siete, pocos eran tan testarudos y pocos tan fuertes como resistir
la cadena. Largos eslabones, fuertes y flexibles como bambú,
donde el aire huracanado se desliza entre ellos
…..Un juego de anillos de plata, de sus padres, de la boda que
hizo la alianza entre las familias Osakura y Takesime, donde todos los
Osakura varones eran guerreros y todos las mujeres Takesime eran místicas.
La alianza de esa pareja cambio tal cosa. Tuvo varones de increíble
belleza que eran místicos y guerrero, en cuyos ojos y principalmente
en su sonrisa otros varones quedaron prendados, embrujados de su encanto.
Esas alianzas era lo único que le quedaba de sus padres, cuando
el resto de sus propiedades le fueran arrebatas, cuando la devastación
llego a su casa envuelta en llamas abrasadoras, como las que cubren
los matorrales secos de las sequías. Se vio a los lejos, corriendo
con su abuela a la colina a refugiarse, cuando la venganza de la Casa
Yendo los alcanzó. Un padre adolorido por la pérdida de
su primogénito en manos de Ukyo. De poco había servido
el sacrificio de su hermano para limpiar el nombre familiar, su sangre
vertida, corriendo como goterones en la pulida madera, para erradicar
el dolor de la muerte de su amante en manos del primogénito Yendo,
no pudieron impedir ni la tristeza en los ojos de su hermano Ranmaru,
joven testigo de su dolor, ni la cólera contra su familia. Su
casa paterna reducida a cenizas, su hermano y su abuela, únicos
sobrevivientes habían sido protegidos por el clan Odai, llevados
lejos donde la cólera de Yendo no los alcanzó.
“Pero un día….yo,
Ranmaru Osakura, te alcanzare Taobe Yendo”, susurraba el chiquillo
acariciando las alianzas entre sus finas manitas. Ahora de quince años,
suaves, pero extremadamente fuertes a la hora de blandir una espada
y proferir un conjuro.
…..Un pincel,
con una fina empuñadura de madera, de hebras fuertes, que cuando
se sumergían en tinta bendecida, era su preferida para escribir
los elegantes y finos trazos de caligrafía con los cuales elaboraba
unos bellos sellos en papel arroz. Sellos benditos, de protección,
conjuro y evocación. Todos con una finalidad, retornar a los
descarnados, a los perdidos de la luz y llevarlos a ella. Ranmaru prefería
este método, artesanal quizás, pero menos comprometedor
que el de la sonrisa Osakura.
Ranmaru descubrió
muy joven, que en la oscuridad, entre los árboles, los riachuelos
profundos, en las grutas y en ocasiones las casas, seres perdidos se
agazapaban, esperando. Un descuido y podían, en el mejor de los
casos, causar pavor y miedo. En ocasiones hasta ser consumidos si piedad
por ellos, seres sin luz, decía su abuela que eran y si alguna
vez se habían sentido atraídos por él, por su propia
luz, por su sonrisa, después de la muerte de su hermano, ya no
sucedió, por un tiempo. Por que Ranmaru sin darse cuenta hizo
que su sonrisa desapareciera detrás de la bella porcelana de
su rostro y nunca mas un espíritu se acerco a él para
ser capturado por ella, ni siquiera la de su hermano, a quien descubrió
un día detrás de los árboles, sollozando, por la
pérdida del camino que lo llevaría a Uneme, su amor. Cuando
Ranmaru lo reconoció, se reflejó tanta tristeza en su
carita ante la visión, que el espíritu huyo de él,
pero no le dejó, lo veía vagar entre los árboles,
llorando la pérdida de su amor, alejándose al menor acercamiento
de su hermano.
Enfermo durante el viaje
Mis sueños
Por los páramos yermos.
(Bashô)
El espíritu
confundido de Ukyo difícilmente recordaba el calor de las manitas
de su hermano, la voz trémula pidiendo no dejarlo solo, cuando
algo salía de esa desgarrada en su vientre. “¿Qué
era? ¿Por qué no podía recordar que era lo que
había entre sus manitas y que corría como un riachuelo
rojizo por la madera?”. Si pudiera recordarlo, el camino que formaba
ese riachuelo quizás era la pista para llegar a Uneme. Le preguntaría.
”Quizás ese niño de ojos caoba lo supiera, ese bello
jovencito que no sonreía. “Si tan solo lo hiciera”
En las tinieblas
lo que ronda mis ojos
es su sonrisa.
De su hermano, Ranmaru
tenía casi nada, salvo sus vividos recuerdos, y lo único
que conservaba de él, lo había tomado en acto sin pensar.
…..Unos mechones
de cabello oscuro, atados a una cinta, los cuales cortó de su
larga cabellera con la misma hoja con la cual se desangró. Un
acto fugaz cuando supo que la vida se le había ido por el reguero
de sangre que rapidamente corría por la madera y que el frió
era lo único que se instalaba entre ellos. Saco el acero de su
cuerpo y la puso a un lado y con la parte limpia de ella, hizo un gran
corte a sus mechones y los envolvió. Horas después se
veia a si mismo amarrándolos a una cinta y lavando suavemente
los cabellos ensangrentados y a partir de ese día su espíritu
sin reposo le seguía. No importaba en que poblado estuviera,
ni en que casa llegará. ….se manifestaría y le vería
pasear cabizbajo, perdido y confundido. Buscando algo en el suelo, algo
de confusión en su cara cuando lo veía, pero terminaba
alejándose de él y sumiéndolo en la tristeza.
Noche sin fin.
Por detrás de la puerta
Una candela pasa.
Cuando se lo contó
a su abuela, ella le dijo que lo veia también, pero que no se
acercaba a ella, ni la dejaría. ”Es a ti a quien busca,
eres tu quien le indicará el camino”. Miserias de la vida,
alguien que había guiado a otros a la luz, estaba ahora perdido
en la oscuridad, esperando que alguien que estaba perdido en el dolor,
le hiciera llegar a la luz.
Por más que digo "¡ven, ven!"
la luciérnaga
pasa volando.
(Onitsura)
Ranmaru veía
sus tesoros una vez mas, la luz casi se extinguía y una vela
mas tarde iluminó levemente su cajita donde sus manos acariciaban
y sus pensamientos se arremolinaban. En tan pequeña cosa, una
mundo completo de emociones cabían y uno mas ahora. Uno que le
habían regalado hacia unas horas, donde su nombre se encontraba
bordado.
…..Cinta de seda, azul cielo bordado en hilaza de plata con un
nombre, “Ranmaru”
Otami Mitsuide, noble esposa del Akeshi y madre de Hasame, le había
pedido que la visitará. Ella, pocas por no decir nunca, hablaba
con él. No por descortesía, simplemente era que el joven
Ranmaru, literalmente se escondía en su cuarto después
del entrenamiento y la cena ligera. Quienes le veían eran sus
compañeros de entrenamiento, su sensi, el jefe del clan y Hasame.
Para el resto del mundo, Ranmaru no tenía ni tiempo ni ojos y
suponía que el resto del mundo estaba feliz con eso.
Pero el llamado
por parte de la madre de Hasame era algo que no debía dejarse
ni a la ligera ni ignorarse. Solo le pidió al paje que le avisará
a la señora que le diera unos minutos para asearse, .pasado el
tiempo, tocaba quedamente a la puerta, acuclillado totalmente, con las
manos en los costados y la mirada baja, pero lo suficiente alerta para
notar los detalles de la sala. La fina decoración, engalanada
con las armaduras de la Casa, bellos trabajos de artesanía y
disciplina, que Akeshi Mitsuide utilizaba en sus combates. Todo un joya,
en si misma, pero el mayor tesoro del salón era la dulce mujer
que le ofrecía té en ese momento, servido por ella misma
y no por el servicio. Un saludo por parte de ambos y el joven se deslizó
delicadamente con sus rodillas en el suelo y observó fascinado
las bellas manos de su anfitriona, la poesía de sus manos, hilando
tiempo y deteniéndolo, tomando entre sus manitas la tetera y
en un fino movimiento verter el líquido sobre la taza. El arco
perfecto que se formó de la boca de la jarra a la taza fue sublime,
detenido en el tiempo, gota tras gota, en parsimoniosa caída.
En un gorgoreo al llegar al fondo e irse acumulando. Sincronía
en segundos, inmortalizada luego al levantarla entre sus manos y girando
suavemente para entregárselo, era una escena que había
visto antes….suave, delicada.
En el estanque
la hoja flotante se mueve.
Noche fresca.
(Kyooshi)
-Jazmines, antes
de la cena. Te abrirá el apetito….-le dijo suavemente su
anfitriona sonriéndole, el chico no pudo menos que concluir que
era hermosa y ahora entendía la belleza física e interna
de Hasame. Provenía de ella, incluido la ternura y la fuerza.
-Le agradezco infinitamente…..-le
dijo lentamente, mientras tomaba la taza, la olía, aspiraba al
rico aroma, la retiraba de su nariz y meditaba sobre el intenso aroma
y la delicadeza de las flores del té. Levantaba de nuevo la taza
y le dio un ligero sorbo, que mantuvo en su boca, llenando intensamente
los sentidos de la lengua y la boca, volviendo a tomar un trago mas,
dejando ahora la taza sobre la mesa….. –¡excelente!
Ella sonrió
increíblemente y el joven descubrió que sus ojos estaban
sumidos en la oscuridad parcial y era posible que pronto la cubrieran
completamente, como velos negros, capa tras capa, hasta que luz no entrara
mas, sumiéndola en las tinieblas totales. Apartó sus ojos
de ella para no importunarle.
-No temas angustiarme
con tu mirada……lo entiendo bien.
-Señora… no era mi intención.
-Deja eso, pequeño,
es algo inevitable. Soy yo quien debe disculparme, por no poderte atender.
Eres nuestra visita y he sido descortés.
-Nada de eso, ha puesto un servicio especial para mí.
-Mira….-le dijo sacando algo desde la caja que tenia a un lado....-la
he mandado bordar para ti, tiene….
-¡Mi nombre….mi nombre bordado!.....-dijo el joven con tremenda
ilusión en su voz….-gracias
-Es solo un detalle, de nuestra parte, para ti.
El sonido de la
puerta deslizándose les hizo detener por un momento la conversación
y la entrada de Hasame les hizo sonreír a ambos por igual y joven
al entrar quedo ligeramente turbado al encontrarse con Ranmaru en ese
lugar.
-¿Madre?
-Pasa hijo. Son flores.. esas que traes ahí.
-Tus crisantemos, los he traído para ti. Los pondré en
un jarrón….- y llevando el gran manojo, camino hasta una
esquina donde empezó a poner los largos talles.
Los crisantemos
se incorporan, etéreos
tras el chubasco.
(Basho)
-Su olor lo impregna
todo…gracias hijo. Siéntate a nuestro lado, he invitado
a Ranmaru un poco de té ante de la cena…..-Hasame veia
a su amigo con la vista puesta en una cinta, asintiendo.
-Hoy cenaremos en el salón principal, el coronel Honda y un sequito
de Tokugawa estará hoy con nosotros. Es algo informal, me ha
avisado padre. ¿Estarás con nosotros? –le dijo Hasame
sentándose a un lado de ella y tomando sus manos.
-No, creo que no, hijo mío. Discutirán algunos asuntos
y se sentirán más cómodos, sin mi presencia, pero
he prometido tomar el desayuno con ellos temprano.
-Como tú lo dispongas…-luego girando su vista hacia su
visita….- ¿nos acompañaras tú en la cena?
-Si, el sensei ha insistido.
En la mente de Hasame
pasaban aun las imágenes de la noche anterior, donde su joven
amigo le había mostrado una inusual habilidad, la de atrapar
espíritus y que habían dejado esa platica para otro día.
Pero seguramente el sensei ya estaría enterado y era evidente
que él mismo tenia una extremada curiosidad, pero también
tendría que esperar, hablar de esos temas frente a su madre no
le parecía nada delicado, así que guardo silencio….esperando.
Minutos después
del joven Ranmaru les dejó, alegando que tenia que vestirse para
la cena y agradecía a su anfitriona el té, pero sobre
todo la cinta, de la cual sus ojos seguían prendidos. Era azul,
bellamente azul, como los ojos de Hasame. Con su nombre bordado en ella
y al ponerla dentro de su cajita de madera junto con sus tesoros, soñando
en que algún día, él pudiera verse reflejado en
los ojos de cielo del joven Mitsuide….a plena luz del sol.
En el salón principal, el sonido de los hombres se hacía
evidente. El anfitrión Akeshi junto a su pequeño sequito
incluido al sensei, bebían ya sake y rememoraban viejas batallas
ante risas y palabras. El viejo general Honda alaba al anfitrión
ante su comitiva, platicando del fiero asalto a una fortaleza, donde
muchos veranos atrás, ambos habían luchado para entrar
y hacer ondear la bandera de su clan y la del Emperador. Alabó
su fiereza y habilidad con el arco. Todas sus alabanzas fueron negadas
suavemente con un ligero movimiento de cabeza por Akeshi.
-La verdad es que
el viejo Honda, siempre quiere incluirme en sus propias hazañas…-le
decía dando un pequeño trago a su vaso, mientras su amigo
le sonreía.
-No cambias, Akeshi, nunca quieras el crédito de nada.
La conversación
era seguida por los demás comensales, hasta por Hasame quien
aun estaba en el pasillo indeciso por entrar, la presencia de esos grandes
guerreros le impresionaba, incluyendo a su padre y ahora a una parte
de la milicia del emperador, para incrementar la angustia, sin decir
nada, que sus hijos también estaban ahí.
-¿Asustado?....-escuchó
a un lado suyo, la voz suave y aterciopelada de Ranmaru, quien le dedicó
una ligera sonrisa, efímera pero sonrisa, por encontrarlo también
en el pasillo y así no tener que hacerlo él solo.
-Un poco, si.
-Pues no temas, vienes conmigo, nada te pasara…-le dijo firmemente
antes de adquirir su bella máscara de porcelana con la cual se
cubría ante los extraños. Nadie podría decir que
pensaba el joven cuando adquiría esa expresión, pero Hasame
sabia que era solo una máscara y pocos le conocían como
él. Ranmaru le susurró que entraran, él iría
detrás, pues era el invitado y le correspondía a Hasame
entrar primero por ser el hijo del anfitrión de la Casa. El chico
asintió, reconociendo su responsabilidad y dio un paso adelante
para iniciar aquella reunión, que esperaba no se alargará
mas de lo necesario, el sensei no les perdonaría al día
siguiente el entrenamiento.
-¡Vaya, aquí
estas! –le dijo su padre sonriente al verle entrar…..-y
también el joven Ranmaru…..vengan, les estamos esperando.
La presencia de
ambos chicos, no dejó de pasar desapercibida para nadie. Ambos
chicos con un sencillo kimono de algodón, blanco el de Hasame
y verde olivo el de Ranmaru, medias blancas cortas. Ninguno hizo sonido
al desplazarse por la madera, en ambos su caminar era suave y en un
rápido movimiento se incorporaron cerca del grupo, mientras eran
atendidos por el servicio de la casa.
Ambos fueron presentados,
ante los hijos del emperador que resultaron ser mellizos, como gotas
de agua. Soji y Jiro, quienes con una ajustada coleta delicadamente
peinada y elegantes kimonos de seda. El rostro de ambos era vivaz, bronceado
por la intemperie y de una agresiva mirada felina, se notaba en ambos
que eran jóvenes de batalla más que de palacio, aunque
el porte de nobleza no podían dejarlo en el camino.
Los chicos recién
llegados inclinaron la cabeza hasta el suelo en señal de respeto
y continuaron con las presentaciones del resto de la comitiva.
Muchos ojos les
vieron con curiosidad, simpatía, recelo y varias con lujuria.
Dos pares de ojos negros, idénticos, del par de gemelos destilaron
lo último y por primera vez Ranmaru no fue el blanco de esas
miradas, sino Hasame, quien no las percibió por estar su vista
al pendiente del general Honda quien ahora hablaba de nuevo…..el
sake debía ser bueno.
-Tu hijo ha crecido,
Akeshi y es bueno con la espada, le vi hoy en los entrenamientos.
-Algo ha aprendido, si….debo reconocerlo.
-¿Le enviaras al templo, en la montaña? Están reclutando
guerreros.
-Es una opción si.
-Puedes ahorrarte el viaje, yo puedo reclutarlo…..-dijo Honda
alegremente.
-Eso, general, es algo discutiremos en otro momento….ahora cenaremos.
-Bien, bien. Dime joven Osakura, ¿Cómo ha estado tu estancia?
Pronto veré a tu tío, le agradara tener noticias tuyas.
-Le agradecería
el detalle, le escribiré….-inclinó la cabeza.
-Eso lo hará feliz….-y Honda volvía a llevarse el
vaso de sake a los labios, mientras veia a Ranmaru. Era como se lo habían
descrito. No. Realmente, se habían quedado cortos, era más
bello, mucho más. Ya buscaría la forma de poder hablar
con él después y era mejor de dejara el sake antes de
que se pusiera impropio y continuó su platica con Akeshi.
La cena siguió
entre un comentario y otro, entre miradas veladas y asentimiento por
partes de algunas. Entre ellas las del sensei y sus alumnos, quienes
se dieron cuenta que era tarde y que era mejor ir descansar, no les
perdonaría la carrera por el lindero de la montaña.
-Nos retiramos padre,
tenemos entrenamiento mañana –dijo Hasame inclinando ante
él.
-Pueden hacerlo….-empezaba a decir.
-Nos gustaría…..-se escuchó de pronto la voz de
uno de los gemelos…-participar en los entrenamientos. Si no es
molestia….-dijo inclinándose ante su anfitrión.
Mitsuide vio a Honda,
quien solo subió la hombros y luego al sensei, después
de todo el era el maestro. Este ultimo se giró a responder a
los hijos de sol, sintiendo honrado, aunque en el fondo le atormentaba
el hecho. Tener a tales jóvenes entre sus alumnos no era precisamente
la idea de un día tranquilo de entrenamiento, pero tampoco se
podía negar algo a tales personajes,
-Será un
honor….mucho aprenderán mis alumnos de su experiencia en
la milicia.
Ambos sonrieron
complacidos, ellos siempre obtenían lo querían y ahora
ambos veían algo que les gustaba. Tenia unos hermosos ojos azules,
aunque el narciso aun lado suyo no estaba nada mal, .pero pocas veces
habían visto aun chico de ojos tan claros y bellos. Soji y Jiro
se vieron entre ellos, siempre les gustaba compartirlo todo, por eso
escogía entre los dos lo mejor del lugar.
-¿Te haz dado cuenta? –le susurro Ranmaru cuando habían
salido al pasillo y se dirigían a las habitaciones.
-¿Qué el general Honda le gusta el sake y no dejaba de
verte? –le sonrió Hasame, a quien ese último detalle
no le gusto nada. No le agradaba cuando veían a Ranmaru así.
Era algo que sin saber exactamente por que, le molestaba.
-Vaya, haz estado observador…..-le dijo deteniéndose al
tiempo que se ponía frente a él…-te distrajo el
ruido de la rana, libélula de colores….-sonrió y
empezó a caminar, seguido de un sorprendido Hasame, que vio como
su amigo se detenía de nuevo y giraba…. –te veré
mañana.
-No.
-¿No? –respondió Ranmaru, ahora sorprendido él.
-Te veré mas tarde, pasaré yo….. – le dijo
en un susurro y se pasó de largo para entrar a su cuarto, de
donde saldría mas tarde. Cuando todos los invitados se fueran,
cuando el silencio de la casa fuera tal que solo los grillos del estanque
se escucharan, lloviera o no.
Cuando la puerta
de la habitación de Ranmaru se deslizó, Hasame lo encontró
de rodillas viendo a través de las cortinillas hacia el exterior.
Había visto partir a la comitiva del general Honda y se cercioró
que ningún jinete se quedara o regresará. Todos estaban
fuera de la Casa Mitsuide y lo habían hecho a tiempo antes de
la lluvia los empapara. Cosa que se merecían, pensó, quizás
les bajaría el licor y algo más. Pero aun así,
continuaba viendo hacia el exterior, detrás del estanque, cerca
del inicio del lindero de árboles, una figura espectral se encontraba
junto a ellos, sabia de quien era. El bello y confundido rostro de su
hermano era inconfundible, pero lo que le sorprendió es que junto
a él, otra pequeña figura se encontraba. Una niña,
de 8 o 10 años, su bello kimono de flores no se mojaba con la
lluvia y solo traía una calceta. Mientras el espectro de su hermano
veia al suelo buscando algo, el de la niña, miraba directamente
hacia su ventana, como si lo hubiera descubierto y si no había
entrado a la casa, era seguramente por que el estanque de agua corriente
se lo impedía.
Un trueno iluminó
la estancia y Hasame entró rápidamente al cuarto de su
amigo, agradeciendo que lo hiciera antes de la lluvia se instalara completamente.
-¿Qué
haces ahí? Ven a las mantas, hay que descansar….-le dijo
suavemente cuando se acercó al chico y le tomó de la mano
para llevarlo al futon.
No encontró
ningún resistencia al hacer eso, ni cuando jaló la cinta
de su bata y se quedaba con un pantalón delgado de cordoncillo,
mientras que la bata la ponía a un lado, levantando las mantas
y empujando suavemente el cuerpo tibio y suave de Ranmaru en ella y
luego el suyo. Cada vez le gustaba más eso. Cada vez contaba
con más apremio las horas por ese momento, era después
de un día largo, un bálsamo, escuchar su respiración,
sentir su calor, el olor de su nuca y su cabello.
-Ten cuidado….-le
dijo de pronto Ranmaru y Hasame se levantó sobre su codo y espero
que el chico continuará….-los gemelos.
-¿Qué pasa con ellos?
-No te quitaban la vista de encima…..-le dijo el joven bajo la
manta sin girar.
-Es tu imaginación……-y volvió Hasame abrazarlo
de la cintura y cantar un suave sonsonete de cuna, pero calló
cuando el olor de la nuca de su amigo le embriagó y sin poder
evitarlo apartó suavemente el pelo y lo dio un pequeño
beso, corto, fugaz, que le dejó los labios con un ligero sabor
a durazno. Y le gustó mas, cuando a otro beso, escuchó
un quejidito de placer como cuando frotaba sus hombros y le dio uno
mas detrás de la oreja, que lamió, por que el sabor de
durazno era en toda su piel y hubiera seguido, intentando comerse esa
dulce fruta.
-Si sigues, no dormiremos
y si no lo hacemos…..no habrá quien corra por la mañana.
Cuesta empinada
árboles sin hojas
delante de la casa.
(Shiki)
Hasame sonrió
y empezó de nuevo el sonsonete de cuna y unos minutos después
ambos dormían plácidamente, acurrucados por el calor de
sus cuerpos, que solo se separaron antes de que la luz del día
entrará y Hasame le dejará con añoranza……hasta
la próxima noche.
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Los pequeños
poemas que se intercalan pertenecen al genero Haiku, que es un poema
corto de diecisiete sílabas, distribuidas en tres versos. Debe
su nombre al poeta Shiki (1867-1902). Es un relato descriptivo, como
flash que lumina un instante, casi siempre un paisaje. El protagonismo
se dirige hacia la naturaleza Estos pensamientos se encadenan con percepciones
de muy diversa índole: nostalgia, humor e incluso religiosos,
procedentes estos de la sabiduría del zen.
