
Cáp. 5 El color del
viento
V
¿Sería su rostro del color del viento
En esta iluminada orilla cuando escucho sus huellas?
La mar detiene su vaivén al escuchar mi pena.
Ser
un general no era, ni por mucho que lo pensara algo divertido, todo era
responsabilidades, desde el más humilde soldado hasta los hijos
del sol. Honda Tadakatsu, había sido designado por el emperador
en un trabajo, que en sus inicios consideró encomiable, lleno de
retos y que con mucha suerte y habilidad, le permitiría regresar
vivo a su hogar. Aunque si lo pensaba bien, no había mucho en ese
lejano lugar que llamaba hogar ya nadie lo esperaba. Su mujer e hijos
hacia tiempo que Kamisama les había enviado al paraíso.
Todos salvo uno y recordar eso le lleno el pecho de una agobiante sensación,
así que esa mañana se levantó más temprano
de lo usual, ya que seria un día difícil. Se sintió
particularmente más viejo, con sus 55 inviernos que se colaban
por las rendijas de su agrietada vida. “La ultima misión”,
le dijo su señor y seria libre.
Por
eso estaba en casa de Mitsuide, reabasteciendo sus víveres antes
de de retornar al palacio de Edo, después de dos largos años
de guerrillas, vigilancias y mantener la paz del nuevo imperio. En los
últimos seis meses había tenido que llevar consigo a los
hijos de su señor, las gotas de agua. Soji y Jiro, compañeros
inseparables a quienes había visto guerrear fieramente, cicatrices
en el cuerpo de ambos lo atestiguaban, sin contar las muchas bajas que
ambos dispersaban a diestra y siniestra entre las filas enemigas. Curtidos
por el sol y las inclemencias, se habían ganado el respeto de los
oficiales y los soldados, eran dignos guerreros. Quizás lo único
que le hacia mover su cabeza clamando paciencia era, que después
de sus casi 18 años eran unos retozones, revoltosos, traviesos
y lujuriosos. , cuando la oportunidad lo permitía y el licor corría
por las tiendas, sin contar los rumores de que una vez que alguien les
gustaba, fuera mujer u hombre, lo acorralaban y lo compartían.
No por nada tenían ese andar y mirar felino y les reconoció
la actitud cuando vio llegar al hijo de Mituside. Esos ojos azules no
podían pasar desapercibidos.
Apenas
terminaba de vestirse y ya presagiaba un día largo, de esos que
se quedaban en la memoria.
Las gotas de agua habían solicitado unirse al entrenamiento de
esa mañana. Eso era mas otra de sus revoltosas jugadas y agradecía
mucho al Sensei Tokomu por su paciencia y disponibilidad, aunque el viejo
sensei no era un fruta en almíbar y les increpó con la misma
severidad que al resto de sus alumnos cuando les vio llegar cuando ya
la fila de sus alumnos estaban en los primeros enfrentamientos y ellos
aun ni se desperezaban. Así que el silbido de una delgada vara
de bambú dio en los tobillos de Jiro, cuando no tenia la posición
correcta para la kata y si el hijo del emperador se molestó por
el hecho, se tragó el insulto, su disciplina era demasiado rígida
y tomaba tan enserio el entrenamiento para incomodarse con detalles.
El viento me esculpe,
forma trazo en mi relieve,
me muestra mi verdadera forma**
-En
verdad, Honda, no pensé que vendrían.
-Yo rogaba a Kamisama, por que no vinieran…..jajajajajajajaja
-Pues Tokomu no se mide con la vara, así que les bajara un poco
los humos…quien sabe, quizás algo aprendan nuestros chicos
de su experiencia.
-Si…si, .eso espero también…..-aunque realmente esperaban
que se comportaran.
-Vamos Honda a desayunar, Otami nos espera ya.
-Lo dicho viejo amigo…..te envidio.
Si,
lo envidiaba. Tenía una casa hermosa, una mujer agradable a su
lado, un hijo disciplinado y hábil y la presencia de ese bello
jovencito. Giró la cabeza, recriminándose, pero le dio una
última mirada antes de entrar a la casa, notando que vestía
un ancho pantalón bajo un simple kimono de algodón blanco,
anudándolo con un fajin negro que graciosamente le caía
a los lados, era la viva imagen de un larga flor en el rió…..trémulo
y bello
Lirios, pensad
que se halla de viaje
el que os mira.
(Sögui)
El
sensei Tokomu, elevaba la vara al tiempo que indicaba los movimientos
y estaba satisfecho, era un grupo compacto, bien disciplinado y decidió
los grupos para practicar. Indeciso un poco sobre con quien pondría
al guerrero Jiro y su espada. Con el otro no había problema, lo
envió a mostrar sus habilidades con el arco, giró su vista
y vio a Hasame en cuclillas con su mano en la katana y por unos segundos
entre que lo pensaba y abría la boca, la fina figura de Ranmaru
se levantó, inclinando ligeramente la cabeza, solicitando permiso
de enfrentarse con el guerrero. Iba a negarse, pero Jiro también
era conocido por su bocaza.
-Regia
katana. ¿Seguro sabes usarla? Lindura……-sonrió,
guiñándole un ojo y posicionando en el centro.
-Mala idea…..-susurró el sensei y asintió dando por
iniciada la práctica.
Hasame
tenía los ojos puestos en Ranmaru, no negaba sus habilidades pero
el hijo del sol era un guerrero que ya había limpiado su espada
en la ropa de algún caído por ella.
Pero
el chico se movió grácil, con esa lentitud con la cual seria
conocido después, con su silueta de ángel sin alas pero
de calida piel blanca y fríos ojos caoba, con la cabellera agitada
por la brisa y en la hermosura de su rostro, una gélida sonrisa.
La figura avanzó lenta y serena hasta quedar unos metros de frente
y la luz del sol de la mañana iluminó su semblante inexpresivo
tan bello como el de una escultura. El gesto solo hizo sonreír
a Jiro. “¿Por qué no?”, se dijo – le mostraría
como pelea un guerrero verdadero.
Entonces
él pequeño extendió la mano y les mostró su
katana en señal de respeto y luego para indicarle que iniciarla.
-Antes de contar veinte, te haré poner las rodillas en el suelo….lindura….-murmuró
Jiro, señalándolo y en respuesta a la sonrisa celestial
en el rostro de Ranmaru que se volvió a dibujar traviesa, la brisa
acompañó sus pasos en un delicado jugueteo hasta acomodarse
frente al guerrero en una postura de combate marcial, esgrimiendo su espada,
terminando de delinear su figurita grácil y pequeña. “Es
hermoso aunque su mirada sea siniestra y fría en este momento”
–pensó Hasame no despegando sus ojos de él.
A
la intemperie,
se va infiltrando el viento
hasta mi alma.
“Uno”,
gritaron, quienes se acomodaron a ver el enfrentamiento.
Ranmaru
y Jiro, permanecieron con sus miradas en filo de cuchilla sobre un breve
momento analizándose y esperando a que uno de ellos diera el primer
golpe. Jiro sonreía confiado en si mismo y por una parte maravillado
con la belleza fría del jovencito frente a él, cuya sonrisa
no era menos confiada cuando vio venir el primer golpe que supo esquivar
elegantemente y anteponer su espada y contraatacar… Ranmaru no se
impresionó del gran físico que lucia el hijo del sol ni
su imponente espada ni su fuerza, solo importara quitarle esa sonrisa
de la cara y que le quede claro que no debía ver de esa manera
descarada a Hasame.
“Seis”
Jiro
se movió hacia atrás al mismo tiempo que empujaba el puño
de la katana en el estómago del mas pequeño, que se replegó
y casi pierde la compostura por haber permitido ser tocado, pero sin pensarlo
mucho estiró la pierna dándole una patada que impactó
en la rodilla de guerrero y le hizo trastabillar hacia atrás algo
sorprendido por la rapidez del movimiento.
-Tienes
garra, lindura.
“Nueve.”
El
pequeño no le dio tiempo a más plática, esta vez
fue más rápido y fue él quien se acercó primero,
le dio dos golpes con la empuñadura de su katana, una en el estómago
y una en el pecho. Jiro no vio cuando el pequeño en un rápido
giró, tomó su propia espada y se la arrebató de la
mano, arrojándola unos pasos, donde se clavó en la tierra.
“Doce”
El
guerrero quedó impresionado, solo un breve momento, sin embargo
logró mantenerse en pie y equilibrado como la primera vez, no se
asustaba fácilmente en una pelea y tenia experiencia, que eran
aliados y sabia manejarlos muy bien si hasta ahora había sobrevivido
en batallas, incluso cuando estuviera en desventaja. Se movió rápidamente
hacia un chico que tenia una vara gruesa de bambú y la tomó,
haciendo giros rápidos con sus dos manos.
-Eres
hábil, pero te quitare esa confianza……- su entrecejo
estaba fruncido pero su sonrisita seguía siendo lasciva pura.
Hasame,
sin embargo podía reconocer que bajo la sonrisita angelical de
Jiro, aquel, comenzaba a prenderse algo de ira y desesperación,
dos cosas con las que no todos sabia congeniar muy bien.
“Diez
y seis”
Jiro
se abalanzaba contratando con la vara y Ranmaru tenia que moverse igual
de rápido su espada para detener los golpes que de impactarlo,
seguro le haría tronar los huesos del cuerpo porque la fuerza de
su adversario no debía dejarlo desapercibía y tenia que
contenerla a tiempo antes de que……un golpe le diera en el
estomago y lo arrojará un metro atrás de espalda, pero uso
sus piernas, se impulsó para levantarse sin tardanza.
“Veintidós”
La
espada de Ranmaru chocaba duramente contra la vara de Jiro que igualmente
lo retenía y en un rápido movimiento, la espada hizo un
corte rápido sobre el bambú que hizo trastabillar al guerrero
que además recibio un golpe duro en las costillas con el otro extremo
del bambú que Ranmaru tomó en su mano y el cuerpo de Jiro
se dobló de dolor, mientras detenía la otra mano de Ranmaru
donde llevaba su espada.
-¡Deténganse,
los dos! Al suelo. ¡Ahora!...-la voz de sensei rasgó el aire
y Ranmaru puso sus pies al suelo, jalando su espada y replegándola
en la tierra. Su maestro había detenido la pelea, por lo cual él
tenia que obedecer, aunque su respiración no decía lo mismo
y mucho menos su cara, que ya no era una porcelana fría, sino una
máscara en la cual mostraba todo su enojo.
-¡Vamos,
levántate. No hemos terminado!...–gritó Jiro quien
ya había encontrado su espada.
-¡Al suelo Jiro-sama! Te lo ordeno, aquí soy el sensei. Tu
un invitado.
Solo
cuando un poco de aire llegó a sus pulmones y vio la dura cara
del sensei a su lado y volteo a ver al resto. Entendió que ese
no era su lugar y también se arrodilló y puso su espada
en la tierra.
-Todos…a
correr a la montaña. ¡Ahora!... –volvió a gritar
el anciano al grupo que estaba encantado de la pelea y quienes sin esperar
mas empezaron a moverse.
Salvo
dos cuerpos que seguían en tierra. Ranmaru esperando el regaño
de su sensei y Jiro mirando al chico, quien no solo le puso en ridículo.
-Eres
bueno en la batalla…..quien lo pensara con ese cuerpecito.
-Tu eres lento…-le dijo con desden
-Estas en tierra ¿no?.
-No por ti y contaron más de 20. No me hiciste poner las rodillas
al suelo, adorándote hijo del sol.
-Por la espada que tienes, te perdono la ofensa….-le sonrió
guiñándole el ojo.
Pero
Ranmaru ya no le contestó, había visto la indicación
de también ir a correr a la montaña y guardaba su espada
mientras empezaba el trote.
Las gotas de agua estaban ahora una junta a la otra, sonriendo. El lirio
también era una linda pieza a conseguir.
-¿Ocupan
una orden sellada para moverse? El entrenamiento no termina hasta que
regresan de la ladera, así que ahora…!muévanse!...-les
gritó el sensei y ambos guerreros se movieron también.La
ladera de la montaña tenía una larga pendiente y el bosquecillo
se encontraba pronto a la vista.
Este camino
ya nadie lo recorre
salvo el crepúsculo.
Ranmaru
llevaba un buen tramo y su respiración era rítmica, sincronizada
y su concentración se encontraba puesta en el camino, hasta que
su brazo fue jalado hasta uno de los árboles.
-¿Qué
fue eso?...-le preguntó Hasame poniendo su cara junto a la suya.
-¿Un intento de correr y no perder el aire?...-le respondió
algo serio.
-Me refiero a la pelea. Pudo lastimarte, Ranmaru.
-Creo que casi sucede lo contrario.
-Te expusiste.
-No…simplemente lo mostré cual es. Un humano que también
puede ser tocado. No es el hijo del sol….el intocable.
-¿Fue solo eso?
-No me agrada como te ve.
-Te meterás en problemas si sigues incitándolos.
-¿No confías en mi? Se defenderme. Solo son serpientes del
camino.
-¡Claro que si! Antes lo sabia y hoy lo demostraste ante todos.
-Bien, ahora sigamos corriendo o regresaremos tarde….-le dijo intentando
apartarse de su agarre, pero notó que Hasame no lo soltaba…
-mi mano, la necesito….-le dijo con un cálida sonrisa…una
autentica, dulce.
-Me encantas que sonrías así…..-dijo Hasame poniendo
sus manos en la cara del chico, juntando su nariz a la suya. Sintiendo
su respiración en su boca, el latir de su sangre por el cuello.
El viento de otoño
mueve la persiana de bambú
y mi corazón.
(Ransetsu)
Puso
sus labios sobre los suyos, sin moverlos. Sin querer perturbar esa linda
sonrisa, viendo sus ojos y esperando en cualquier momento que le diera
un golpe por el atrevimiento.
-Que
azules son tus ojos…..- recibió como respuesta, con los labios
del chico sobre los suyos sin despegarse…..-por fin me he visto
en tus ojos. Son tan hermosos…. –y ahora fue Ranmaru quien
presionó sobre los labios del otro, lamiendo suavemente.
Eso. Solamente eso
cubierto de flores.
Ambos
separaron sus cuerpos lentamente, con el corazón inquieto y las
miradas confusas, pero con las manos entrelazadas.
-Debemos
correr, aun falta un buen tramo.
-Si, adelántate……iré detrás de ti…..-dijo
Hasame con la voz en quiebre, reteniendo aun su mano.
-La necesito….
-Te veré mas tarde….-le dijo soltando su manita.
-Yo iré en esta ocasión….-recobró su mano y
empezó primero caminar y luego a correr a trote lento. Para despejar
las sensaciones que le hacia cosquillas por el cuerpo aumento la velocidad,
necesitaba llegar al rió, entrar en él y bajar el calor
que le invadía el cuerpo. Por que había cumplido uno de
sus deseos, verse en los ojos azules a la luz de día y eso era
una sensación tan cálida…..tan intensa.
El peor, el peor,
el peor lugar,
salvo por su frescura.
(Issa)
Hasame
se mantuvo unos minutos recobrando el aliento. No por la carrera, sino
por ver la inmensa sonrisa de Ranmaru pegadita a su boca, pero el viento
cambiante le hizo darse cuenta que era mejor moverse, porque un repentina
llovizna lo alcanzaría y eso retrasaría su llegada.
Corrió,
corrió con toda la fuerza que su piernas, acostumbrada al ejercicio,
le dieron. Conocía además el camino, pero el ruido cerca
de él le hizo girar lentamente. Corredores atrás le alcanzaba,
pero no les espero ni tampoco hablo cuando los tuvo a un par de paso a
su lado. La lluvia empezó a caer lentamente y minutos después
eran 3 figuras corriendo ladera abajo y la lluvia continua deslizándose.
Gotas sobre los pétalos
Insistentes, caprichosas
Intentando abrirse entre sus pliegues
-¡Necesitaremos
cubrirnos, el camino se hará imposible!....-les gritó Hasame
quien se daba cuenta que la lluvia no disminuirá y que seria mas
peligroso intentarlo…..-por acá…-y entraron a una pequeña
cueva protegida por arbustos en la base de la ladera.
Unos
minutos después la lluvia seguía y Hasame en la entrada
de la cueva rogaba a Kamisama que Ranmaru hubiera bajado la ladera sin
problemas. Fue el sonido de fuego y un chorro de agua de la tela de la
camisola que Jiro apretaba en sus manos, mientras Soji empezaba a imitarle.
-Deberías
quitarte la ropa y secarla. Te dará fiebre….-le dijo uno
de los gemelos.
-La lluvia no durará y aun debemos bajar…..-le replicó
el chico, evitando verles. Ellos simplemente se habían desnudado
el pecho y puesto cerca del fuego, mirándolo, admirando como la
ropa húmeda se pegaba a su cuerpo y goteaba su cabello empapado
y Soji no puedo resistirse más.
-Ven…ven al fuego. Te enfriaras….-le tomó de la manga
de su kimono y un jalón ligero por parte de Hasame, le indicó
que aun no toleraba su acercamiento….- ¿no me temes, verdad?
La
mirada de Hasame, intensa, cambio del pálido azul habitual a uno
azul intenso, presagiando nubarrones.
-¿Por
qué habría de tenerlo? Ambos son honorables guerreros….y
yo Hasame Mitsuide.
-Sabemos quien eres….-le dijo Soji acercándose a él….-por
eso no debemos llegar contigo enfermo. Tu padre nos cortaría el
cuello…-le sonrió y le alcanzó por el codo, jalándole
suavemente…..-ven al fuego…..-dijo en un ronroneo.
El
chico camino hacia el fuego, buscando calor. La lluvia también
había reducido la temperatura y se sentó en una gran roca,
esperando que pronto pudiera salir de ahí y extendió sus
manos a la cercanía de las llamas. Se concentró en el crispar
de la hojarasca quemándose, que no percibió cuando los dos
guerreros estaban a su lado y el sobre salto inicial de nuevo fue retenido
por Soji.
-Hay
que quitarte esto, esta empapado….-sus manos fueron al cinturón
y lo jalaron, sin esperar respuesta y el cuerpo de Jiro ya estaba también
a su lado, moviendo hacia abajo la chaqueta superior del kimono.
-¡Puedo hacerlo solo!... –intentando forcejear con ellos.
-Lo sabemos. Solo espera, así podemos ponerlas a secar….-la
tomó Jiro estrujándola y sacándole el resto de agua
y poniéndola sobre una vara cerca de las otras.
Hasame
intentó levantarse y la mano de Soji le detuvo.
-¿Te
han dicho que tienes unos ojos bellos?-le dijo sin mas.
-¿Te han dicho que eres un descarado? –le contestó
el chico poniéndose de pie y poniendo su mano en la empuñadura
de su katana, mientras la risa de Jiro se escuchaba en la cueva.
-Es una fierecilla….te lo dije.
-No saben cuanto y no les gustara saberlo….-les retó con
la voz trémula.
-No vinimos a probar nuestra habilidad con la espada. Eso lo dejaremos
para algún campo de batalla, siempre habrá alguno donde
demarrar nuestras vísceras. Tenlo por seguro y una vez que haz
estado en uno…oliendo la sangre caliente derramarse, todos son iguales.
Así, que no te urge por ir…..te lo podemos asegurar.
-Ahora solo siéntate a esperar que la lluvia termine…-le
respondió Jiro, mas impaciente.
Cosa
que Hasame no hizo y tomó su chaqueta, mientras se acercó
a la entrada de la cueva a esperar. Soji lo siguió y se plantó
junto a él, intentando tocar su cabello, mientras la cabeza del
chico se hacia atrás, pero no había lugar a donde ir y al
segundo intento el hijo del sol tuvo entre sus manos su cabello negro,
que ya había dejado crecer, bajando por sus orejas mojado. Soji
acariciaba entre sus dedos el cabello, lentamente, notando la respiración
del chico y la mirada cargada de furia en ellos.
-Daría
lo que fuera, por que no me vieses así…..-le susurró.
-No hay otra forma para hacerlo….-le respondió el chico.
A
ellos se unió Jiro, quien también se puso a un lado del
chico y el cuerpo de Hasame se tensó, cuando otra mano tocaba su
hombro desnudo y la boca de Soji se inclinaba a su mejilla.
-¡Suéltenme!...-les
empujó y la risa de Jiro era totalmente descarada, mientras que
en los ojos de Soji se abrió un abismo cuando le fue retirado los
cabellos de su mano y el chico estaba ya a unos paso lejos de ellos…..-soy
Hasame Mitsuide, ustedes nunca volverán a ponerme una mano encima.
Así que búsquense con quien entretenerse y aléjense
de Ranmaru…..-les gritó mientras salía a la lluvia,
volviendo a poner la chaqueta y empezando a correr.
Las
risas de Jiro se hicieron eco en la cueva, mientras tomaba su propia chaqueta
y le arrojaba la otra a su hermano.
-Es una encantadora fierecita….me gustan que peleen, son mas entretenidas…-y
salió seguido de su hermano, ambas gotas se confundieron entre
la lluvia que poco a poco empezaba a ceder.
Huye la serpiente
y queda tranquila
la montaña de azucenas.
(Shiki)
-Han
tardado….-dijo Honda en la entrada del dojo frente al sensei, viendo
caer la lluvia y mirando de reojo al narciso que también estaba
en el tatami acuclillado, meditando, esperando. Angustiado por la idea
de que los gemelos también se encontraban en la ladera, mientras
Hasame se había retrasado.
Abrió
lentamente los ojos cuando un olor a hojas de jardín llego a él
rápidamente.
-Joven
Osakura…..-le dijo el general Honda lentamente….- ¿estas
seguro que los vistes en el bosquecillo.
-Completamente seguro. Es la lluvia, que no les deja bajar. Debieron guarecerse,
ha sucedido antes.
-Si, es lo que dice el sensei…. joven Osakura. ¿Puedo hacer
una preguntó?...-el chico asintió, aunque ya la imaginaba.
¿Es cierto que ves espíritus? Lo escuche decir, que tu abuela….
-Si.
Y
un silencio se instaló de nuevo y el chico vio que el general no
hacia ningún movimiento y sus manos temblaban y sin esperar más
Ranmaru puso su manita sobre las manos encallecidas y recias del viejo
guerrero.
-Ella
le persigue a cualquier lugar donde usted va. ¿Cómo murió?
-¡Ahogada, no …pudimos. Ella se hundió! No el alcance,
solo me quedé…
-Con una calceta…-dijo el chico y la vista del general se levantó
a verle, impresionado ante lo que escuchaba. Nunca lo había contado
.y aun él conservaba la calceta.
-¿Quiere despedirse de ella?
-Quiero que me perdone.
-Ella no le tiene rencor, solo quiere que usted deje de culparse. Fue
un accidente general, su dolor es lo que la mantiene aquí.
-¿Puedes….puedes ayudarle a irse?
-Lo haré, una de estas noches…cuando ella venga…..dijo
la vocecita de Ranmaru.
-Yo estaré aun aquí, para lo que sea necesario….-
el general se levantó y se acercó de nuevo a la puerta del
dojo donde el sensei le indicaba que el joven Hasame ya se veia por el
camino y un poco mas detrás. Dos figuras también estaban
en el camino.
-Veo que aun después todo, esos chicos están en forma….llenos
de barro hasta las orejas…..-dijo el genial.
El
vapor salía lentamente de la tina de madera donde el joven Hasame
estaba sumergido. Había quitado ya el lodo de su cuerpo y restregado
a conciencia su piel con una gran esponja. Ahora solo descansaba, antes
de la cena.
-¿Estarás
mucho tiempo ahí?... –escuchó un voz familiar que
le veia entretenido.
-Todo el que sea necesario…-le salpicó agua a Ranmaru, quien
no se movió y solo se seco su cara con la manga de su kimono.
-Si tardas demasiado, la cena se enfriará.
-No tengo hambre…..la comida fue abundante.
-Claro, comiste como 4 tazones….la carrera fue larga. ¿Algo
que contar?
Hasame
volvió su vista al chico, sonriendo ante la carita que su amigo
tenia.
-¿Celoso?....-dijo
Y
a toda respuesta recibió una toalla en la cara y el joven Ranmaru
le dejó y eso le dejo un vació. Molestó, incomodó.
Su amigo parecía enojado y eso no estaba bien. Ni la poesía
de su madre lo consoló, ni la música del viento moviéndose
en las hojas, ni tampoco el suave croar de las ranas y la desesperación
no se redujo hasta que toda la casa estuvo en silencio y por fin pudo
salir de su cuarto para ir al siguiente y como era costumbre su amigo
estaba en la ventana, mirando por la cortinita de arroz y se acercó
a él, quien lo ignoró por unos segundos, hasta que el sonido
de la respiración de ambos hizo que chico prestara atención
al otro, quien solo lo veía.
-Tardaste.
-Es la misma hora de siempre.
-En la ladera, me refiero….- su mirada era acusadora y no había
sonrisa.
-La lluvia se intensificó….y tenias razón.
-¿En que? –….y su voz seguían sin ningún
timbre.
-En que hay serpientes en el camino….-y se acercó lentamente
al chico jalando el cordón de su bata….-pero ninguna de ellas
me alcanzó…y ya están advertidas, cortaré sus
cabezas, si lo intentan.
-¿Por qué harías eso? – decía Ranmaru
mientras su bata bajaba por sus hombros.
-Por que le pertenezco a alguien más y siempre será así.
Además ése alguien esta aquí….-dijo tocando
el pecho del chico a la altura de su corazón, tomando la mano del
otro chico la puso sobre su propio pecho a la misma altura….- ¿oyes
como late?
Ranmaru
inclinó la cabeza lentamente, sonriendo.
Voy a salir,
disfrutad el amor
libélula de colores
Cuando
levantó la cara, sus labios fueron atrapados por la boca de Hasame
que esta vez le dio pequeños besos, como el toque de una mariposa
en un flor, que lamía suavemente el néctar de esa boca que
se abrió a su lengua y lo recibió con un gran agitación,
poniendo su propia lengua para probar el sabor de Hasame y deleitarse
en ella.
Cuando
se separaron, después de que el aire les hacia falta, se vieron
agitados, ansiosos. Con las miradas enardecidas y expectantes, la nueva
sensación era abrumadora, como agua corriendo rapidamente después
de una crecida, arrasándolo todo y llenando el campo para que la
tierra germinada floreciera.
-Te
amo, no preguntes por que. No me digas que somos varones, ni siquiera
que somos amigos. Solo dime que me amas como yo a ti y estaremos juntos
una eternidad…..-le dijo Hasame, levantando la cara del chico que
ahora estaba en su pecho.
-Si…yo también te amo.
-Ven entonces….vamos a dormir, tendremos la eternidad para aprender
amarnos.
Ambos
cuerpos, desnudos del torso, se metieron entre las mantas, Hasame con
un suave sonsonete de cuna y Ranmaru acariciando su pelo, frente a él,
esperando que el sueño los invadiera….por que su amor ya
los cubría.
--------------------oooOOOooo-------------------
N.A. La poesía intercalada, pertenece al genero Haiku. Algunas
de ellas tienen autores reconocidos, puestos en paréntesis….la
otras, pertenecen en el anonimato y las que inician con (**), son de esta
autora, en un fugaz intento de hacer poesía…solo fugaz y
un intento…..
Se
considera que el haiku es una forma de mirar. Una manera de vivir. La
flor del haiku es la frescura. Frescura, espontaneidad, expresión
directa de la vivencia del instante. Es lo que requiere esta forma peculiar
de la poesía japonesa. Es más que una técnica. Es
la transparencia de una emoción profunda ante las cosas más
sencillas.
|