Clasificación: NC-17
Pareja (s): Hasame/ Ranmaru

La mayoría de los personajes de esta historia son propiedad de la historia mitológica japonesa. El poema inicial pertenece a la obra de Shinishi: “Poemas del samurai ciego”. Los poemas intercalados son Haiku japoneses, algunos son anónimos, otros no.
Avisos: Relaciones de h/h

 

Cáp. 5 El color del viento


V
¿Sería su rostro del color del viento
En esta iluminada orilla cuando escucho sus huellas?
La mar detiene su vaivén al escuchar mi pena.


 

Ser un general no era, ni por mucho que lo pensara algo divertido, todo era responsabilidades, desde el más humilde soldado hasta los hijos del sol. Honda Tadakatsu, había sido designado por el emperador en un trabajo, que en sus inicios consideró encomiable, lleno de retos y que con mucha suerte y habilidad, le permitiría regresar vivo a su hogar. Aunque si lo pensaba bien, no había mucho en ese lejano lugar que llamaba hogar ya nadie lo esperaba. Su mujer e hijos hacia tiempo que Kamisama les había enviado al paraíso. Todos salvo uno y recordar eso le lleno el pecho de una agobiante sensación, así que esa mañana se levantó más temprano de lo usual, ya que seria un día difícil. Se sintió particularmente más viejo, con sus 55 inviernos que se colaban por las rendijas de su agrietada vida. “La ultima misión”, le dijo su señor y seria libre.

Por eso estaba en casa de Mitsuide, reabasteciendo sus víveres antes de de retornar al palacio de Edo, después de dos largos años de guerrillas, vigilancias y mantener la paz del nuevo imperio. En los últimos seis meses había tenido que llevar consigo a los hijos de su señor, las gotas de agua. Soji y Jiro, compañeros inseparables a quienes había visto guerrear fieramente, cicatrices en el cuerpo de ambos lo atestiguaban, sin contar las muchas bajas que ambos dispersaban a diestra y siniestra entre las filas enemigas. Curtidos por el sol y las inclemencias, se habían ganado el respeto de los oficiales y los soldados, eran dignos guerreros. Quizás lo único que le hacia mover su cabeza clamando paciencia era, que después de sus casi 18 años eran unos retozones, revoltosos, traviesos y lujuriosos. , cuando la oportunidad lo permitía y el licor corría por las tiendas, sin contar los rumores de que una vez que alguien les gustaba, fuera mujer u hombre, lo acorralaban y lo compartían. No por nada tenían ese andar y mirar felino y les reconoció la actitud cuando vio llegar al hijo de Mituside. Esos ojos azules no podían pasar desapercibidos.

Apenas terminaba de vestirse y ya presagiaba un día largo, de esos que se quedaban en la memoria.


Las gotas de agua habían solicitado unirse al entrenamiento de esa mañana. Eso era mas otra de sus revoltosas jugadas y agradecía mucho al Sensei Tokomu por su paciencia y disponibilidad, aunque el viejo sensei no era un fruta en almíbar y les increpó con la misma severidad que al resto de sus alumnos cuando les vio llegar cuando ya la fila de sus alumnos estaban en los primeros enfrentamientos y ellos aun ni se desperezaban. Así que el silbido de una delgada vara de bambú dio en los tobillos de Jiro, cuando no tenia la posición correcta para la kata y si el hijo del emperador se molestó por el hecho, se tragó el insulto, su disciplina era demasiado rígida y tomaba tan enserio el entrenamiento para incomodarse con detalles.


El viento me esculpe,
forma trazo en mi relieve,
me muestra mi verdadera forma**

-En verdad, Honda, no pensé que vendrían.
-Yo rogaba a Kamisama, por que no vinieran…..jajajajajajajaja
-Pues Tokomu no se mide con la vara, así que les bajara un poco los humos…quien sabe, quizás algo aprendan nuestros chicos de su experiencia.
-Si…si, .eso espero también…..-aunque realmente esperaban que se comportaran.
-Vamos Honda a desayunar, Otami nos espera ya.
-Lo dicho viejo amigo…..te envidio.

Si, lo envidiaba. Tenía una casa hermosa, una mujer agradable a su lado, un hijo disciplinado y hábil y la presencia de ese bello jovencito. Giró la cabeza, recriminándose, pero le dio una última mirada antes de entrar a la casa, notando que vestía un ancho pantalón bajo un simple kimono de algodón blanco, anudándolo con un fajin negro que graciosamente le caía a los lados, era la viva imagen de un larga flor en el rió…..trémulo y bello


Lirios, pensad
que se halla de viaje
el que os mira.
(Sögui)

El sensei Tokomu, elevaba la vara al tiempo que indicaba los movimientos y estaba satisfecho, era un grupo compacto, bien disciplinado y decidió los grupos para practicar. Indeciso un poco sobre con quien pondría al guerrero Jiro y su espada. Con el otro no había problema, lo envió a mostrar sus habilidades con el arco, giró su vista y vio a Hasame en cuclillas con su mano en la katana y por unos segundos entre que lo pensaba y abría la boca, la fina figura de Ranmaru se levantó, inclinando ligeramente la cabeza, solicitando permiso de enfrentarse con el guerrero. Iba a negarse, pero Jiro también era conocido por su bocaza.

-Regia katana. ¿Seguro sabes usarla? Lindura……-sonrió, guiñándole un ojo y posicionando en el centro.
-Mala idea…..-susurró el sensei y asintió dando por iniciada la práctica.

Hasame tenía los ojos puestos en Ranmaru, no negaba sus habilidades pero el hijo del sol era un guerrero que ya había limpiado su espada en la ropa de algún caído por ella.

Pero el chico se movió grácil, con esa lentitud con la cual seria conocido después, con su silueta de ángel sin alas pero de calida piel blanca y fríos ojos caoba, con la cabellera agitada por la brisa y en la hermosura de su rostro, una gélida sonrisa. La figura avanzó lenta y serena hasta quedar unos metros de frente y la luz del sol de la mañana iluminó su semblante inexpresivo tan bello como el de una escultura. El gesto solo hizo sonreír a Jiro. “¿Por qué no?”, se dijo – le mostraría como pelea un guerrero verdadero.

Entonces él pequeño extendió la mano y les mostró su katana en señal de respeto y luego para indicarle que iniciarla.


-Antes de contar veinte, te haré poner las rodillas en el suelo….lindura….-murmuró Jiro, señalándolo y en respuesta a la sonrisa celestial en el rostro de Ranmaru que se volvió a dibujar traviesa, la brisa acompañó sus pasos en un delicado jugueteo hasta acomodarse frente al guerrero en una postura de combate marcial, esgrimiendo su espada, terminando de delinear su figurita grácil y pequeña. “Es hermoso aunque su mirada sea siniestra y fría en este momento” –pensó Hasame no despegando sus ojos de él.

A la intemperie,
se va infiltrando el viento
hasta mi alma.

“Uno”, gritaron, quienes se acomodaron a ver el enfrentamiento.

Ranmaru y Jiro, permanecieron con sus miradas en filo de cuchilla sobre un breve momento analizándose y esperando a que uno de ellos diera el primer golpe. Jiro sonreía confiado en si mismo y por una parte maravillado con la belleza fría del jovencito frente a él, cuya sonrisa no era menos confiada cuando vio venir el primer golpe que supo esquivar elegantemente y anteponer su espada y contraatacar… Ranmaru no se impresionó del gran físico que lucia el hijo del sol ni su imponente espada ni su fuerza, solo importara quitarle esa sonrisa de la cara y que le quede claro que no debía ver de esa manera descarada a Hasame.

“Seis”

Jiro se movió hacia atrás al mismo tiempo que empujaba el puño de la katana en el estómago del mas pequeño, que se replegó y casi pierde la compostura por haber permitido ser tocado, pero sin pensarlo mucho estiró la pierna dándole una patada que impactó en la rodilla de guerrero y le hizo trastabillar hacia atrás algo sorprendido por la rapidez del movimiento.

-Tienes garra, lindura.

“Nueve.”

El pequeño no le dio tiempo a más plática, esta vez fue más rápido y fue él quien se acercó primero, le dio dos golpes con la empuñadura de su katana, una en el estómago y una en el pecho. Jiro no vio cuando el pequeño en un rápido giró, tomó su propia espada y se la arrebató de la mano, arrojándola unos pasos, donde se clavó en la tierra.

“Doce”

El guerrero quedó impresionado, solo un breve momento, sin embargo logró mantenerse en pie y equilibrado como la primera vez, no se asustaba fácilmente en una pelea y tenia experiencia, que eran aliados y sabia manejarlos muy bien si hasta ahora había sobrevivido en batallas, incluso cuando estuviera en desventaja. Se movió rápidamente hacia un chico que tenia una vara gruesa de bambú y la tomó, haciendo giros rápidos con sus dos manos.

-Eres hábil, pero te quitare esa confianza……- su entrecejo estaba fruncido pero su sonrisita seguía siendo lasciva pura.

Hasame, sin embargo podía reconocer que bajo la sonrisita angelical de Jiro, aquel, comenzaba a prenderse algo de ira y desesperación, dos cosas con las que no todos sabia congeniar muy bien.

“Diez y seis”

Jiro se abalanzaba contratando con la vara y Ranmaru tenia que moverse igual de rápido su espada para detener los golpes que de impactarlo, seguro le haría tronar los huesos del cuerpo porque la fuerza de su adversario no debía dejarlo desapercibía y tenia que contenerla a tiempo antes de que……un golpe le diera en el estomago y lo arrojará un metro atrás de espalda, pero uso sus piernas, se impulsó para levantarse sin tardanza.

“Veintidós”

La espada de Ranmaru chocaba duramente contra la vara de Jiro que igualmente lo retenía y en un rápido movimiento, la espada hizo un corte rápido sobre el bambú que hizo trastabillar al guerrero que además recibio un golpe duro en las costillas con el otro extremo del bambú que Ranmaru tomó en su mano y el cuerpo de Jiro se dobló de dolor, mientras detenía la otra mano de Ranmaru donde llevaba su espada.

-¡Deténganse, los dos! Al suelo. ¡Ahora!...-la voz de sensei rasgó el aire y Ranmaru puso sus pies al suelo, jalando su espada y replegándola en la tierra. Su maestro había detenido la pelea, por lo cual él tenia que obedecer, aunque su respiración no decía lo mismo y mucho menos su cara, que ya no era una porcelana fría, sino una máscara en la cual mostraba todo su enojo.

-¡Vamos, levántate. No hemos terminado!...–gritó Jiro quien ya había encontrado su espada.
-¡Al suelo Jiro-sama! Te lo ordeno, aquí soy el sensei. Tu un invitado.

Solo cuando un poco de aire llegó a sus pulmones y vio la dura cara del sensei a su lado y volteo a ver al resto. Entendió que ese no era su lugar y también se arrodilló y puso su espada en la tierra.

-Todos…a correr a la montaña. ¡Ahora!... –volvió a gritar el anciano al grupo que estaba encantado de la pelea y quienes sin esperar mas empezaron a moverse.

Salvo dos cuerpos que seguían en tierra. Ranmaru esperando el regaño de su sensei y Jiro mirando al chico, quien no solo le puso en ridículo.

-Eres bueno en la batalla…..quien lo pensara con ese cuerpecito.
-Tu eres lento…-le dijo con desden
-Estas en tierra ¿no?.
-No por ti y contaron más de 20. No me hiciste poner las rodillas al suelo, adorándote hijo del sol.
-Por la espada que tienes, te perdono la ofensa….-le sonrió guiñándole el ojo.

Pero Ranmaru ya no le contestó, había visto la indicación de también ir a correr a la montaña y guardaba su espada mientras empezaba el trote.


Las gotas de agua estaban ahora una junta a la otra, sonriendo. El lirio también era una linda pieza a conseguir.

-¿Ocupan una orden sellada para moverse? El entrenamiento no termina hasta que regresan de la ladera, así que ahora…!muévanse!...-les gritó el sensei y ambos guerreros se movieron también.La ladera de la montaña tenía una larga pendiente y el bosquecillo se encontraba pronto a la vista.


Este camino
ya nadie lo recorre
salvo el crepúsculo.

Ranmaru llevaba un buen tramo y su respiración era rítmica, sincronizada y su concentración se encontraba puesta en el camino, hasta que su brazo fue jalado hasta uno de los árboles.

-¿Qué fue eso?...-le preguntó Hasame poniendo su cara junto a la suya.
-¿Un intento de correr y no perder el aire?...-le respondió algo serio.
-Me refiero a la pelea. Pudo lastimarte, Ranmaru.
-Creo que casi sucede lo contrario.
-Te expusiste.
-No…simplemente lo mostré cual es. Un humano que también puede ser tocado. No es el hijo del sol….el intocable.
-¿Fue solo eso?
-No me agrada como te ve.
-Te meterás en problemas si sigues incitándolos.
-¿No confías en mi? Se defenderme. Solo son serpientes del camino.
-¡Claro que si! Antes lo sabia y hoy lo demostraste ante todos.
-Bien, ahora sigamos corriendo o regresaremos tarde….-le dijo intentando apartarse de su agarre, pero notó que Hasame no lo soltaba… -mi mano, la necesito….-le dijo con un cálida sonrisa…una autentica, dulce.
-Me encantas que sonrías así…..-dijo Hasame poniendo sus manos en la cara del chico, juntando su nariz a la suya. Sintiendo su respiración en su boca, el latir de su sangre por el cuello.


El viento de otoño
mueve la persiana de bambú
y mi corazón.
(Ransetsu)

Puso sus labios sobre los suyos, sin moverlos. Sin querer perturbar esa linda sonrisa, viendo sus ojos y esperando en cualquier momento que le diera un golpe por el atrevimiento.

-Que azules son tus ojos…..- recibió como respuesta, con los labios del chico sobre los suyos sin despegarse…..-por fin me he visto en tus ojos. Son tan hermosos…. –y ahora fue Ranmaru quien presionó sobre los labios del otro, lamiendo suavemente.


Eso. Solamente eso
cubierto de flores.

Ambos separaron sus cuerpos lentamente, con el corazón inquieto y las miradas confusas, pero con las manos entrelazadas.

-Debemos correr, aun falta un buen tramo.
-Si, adelántate……iré detrás de ti…..-dijo Hasame con la voz en quiebre, reteniendo aun su mano.
-La necesito….
-Te veré mas tarde….-le dijo soltando su manita.
-Yo iré en esta ocasión….-recobró su mano y empezó primero caminar y luego a correr a trote lento. Para despejar las sensaciones que le hacia cosquillas por el cuerpo aumento la velocidad, necesitaba llegar al rió, entrar en él y bajar el calor que le invadía el cuerpo. Por que había cumplido uno de sus deseos, verse en los ojos azules a la luz de día y eso era una sensación tan cálida…..tan intensa.


El peor, el peor,
el peor lugar,
salvo por su frescura.
(Issa)

Hasame se mantuvo unos minutos recobrando el aliento. No por la carrera, sino por ver la inmensa sonrisa de Ranmaru pegadita a su boca, pero el viento cambiante le hizo darse cuenta que era mejor moverse, porque un repentina llovizna lo alcanzaría y eso retrasaría su llegada.

Corrió, corrió con toda la fuerza que su piernas, acostumbrada al ejercicio, le dieron. Conocía además el camino, pero el ruido cerca de él le hizo girar lentamente. Corredores atrás le alcanzaba, pero no les espero ni tampoco hablo cuando los tuvo a un par de paso a su lado. La lluvia empezó a caer lentamente y minutos después eran 3 figuras corriendo ladera abajo y la lluvia continua deslizándose.


Gotas sobre los pétalos
Insistentes, caprichosas
Intentando abrirse entre sus pliegues

-¡Necesitaremos cubrirnos, el camino se hará imposible!....-les gritó Hasame quien se daba cuenta que la lluvia no disminuirá y que seria mas peligroso intentarlo…..-por acá…-y entraron a una pequeña cueva protegida por arbustos en la base de la ladera.

Unos minutos después la lluvia seguía y Hasame en la entrada de la cueva rogaba a Kamisama que Ranmaru hubiera bajado la ladera sin problemas. Fue el sonido de fuego y un chorro de agua de la tela de la camisola que Jiro apretaba en sus manos, mientras Soji empezaba a imitarle.

-Deberías quitarte la ropa y secarla. Te dará fiebre….-le dijo uno de los gemelos.
-La lluvia no durará y aun debemos bajar…..-le replicó el chico, evitando verles. Ellos simplemente se habían desnudado el pecho y puesto cerca del fuego, mirándolo, admirando como la ropa húmeda se pegaba a su cuerpo y goteaba su cabello empapado y Soji no puedo resistirse más.
-Ven…ven al fuego. Te enfriaras….-le tomó de la manga de su kimono y un jalón ligero por parte de Hasame, le indicó que aun no toleraba su acercamiento….- ¿no me temes, verdad?

La mirada de Hasame, intensa, cambio del pálido azul habitual a uno azul intenso, presagiando nubarrones.

-¿Por qué habría de tenerlo? Ambos son honorables guerreros….y yo Hasame Mitsuide.
-Sabemos quien eres….-le dijo Soji acercándose a él….-por eso no debemos llegar contigo enfermo. Tu padre nos cortaría el cuello…-le sonrió y le alcanzó por el codo, jalándole suavemente…..-ven al fuego…..-dijo en un ronroneo.

El chico camino hacia el fuego, buscando calor. La lluvia también había reducido la temperatura y se sentó en una gran roca, esperando que pronto pudiera salir de ahí y extendió sus manos a la cercanía de las llamas. Se concentró en el crispar de la hojarasca quemándose, que no percibió cuando los dos guerreros estaban a su lado y el sobre salto inicial de nuevo fue retenido por Soji.

-Hay que quitarte esto, esta empapado….-sus manos fueron al cinturón y lo jalaron, sin esperar respuesta y el cuerpo de Jiro ya estaba también a su lado, moviendo hacia abajo la chaqueta superior del kimono.
-¡Puedo hacerlo solo!... –intentando forcejear con ellos.
-Lo sabemos. Solo espera, así podemos ponerlas a secar….-la tomó Jiro estrujándola y sacándole el resto de agua y poniéndola sobre una vara cerca de las otras.

Hasame intentó levantarse y la mano de Soji le detuvo.

-¿Te han dicho que tienes unos ojos bellos?-le dijo sin mas.
-¿Te han dicho que eres un descarado? –le contestó el chico poniéndose de pie y poniendo su mano en la empuñadura de su katana, mientras la risa de Jiro se escuchaba en la cueva.
-Es una fierecilla….te lo dije.
-No saben cuanto y no les gustara saberlo….-les retó con la voz trémula.
-No vinimos a probar nuestra habilidad con la espada. Eso lo dejaremos para algún campo de batalla, siempre habrá alguno donde demarrar nuestras vísceras. Tenlo por seguro y una vez que haz estado en uno…oliendo la sangre caliente derramarse, todos son iguales. Así, que no te urge por ir…..te lo podemos asegurar.
-Ahora solo siéntate a esperar que la lluvia termine…-le respondió Jiro, mas impaciente.

Cosa que Hasame no hizo y tomó su chaqueta, mientras se acercó a la entrada de la cueva a esperar. Soji lo siguió y se plantó junto a él, intentando tocar su cabello, mientras la cabeza del chico se hacia atrás, pero no había lugar a donde ir y al segundo intento el hijo del sol tuvo entre sus manos su cabello negro, que ya había dejado crecer, bajando por sus orejas mojado. Soji acariciaba entre sus dedos el cabello, lentamente, notando la respiración del chico y la mirada cargada de furia en ellos.

-Daría lo que fuera, por que no me vieses así…..-le susurró.
-No hay otra forma para hacerlo….-le respondió el chico.

A ellos se unió Jiro, quien también se puso a un lado del chico y el cuerpo de Hasame se tensó, cuando otra mano tocaba su hombro desnudo y la boca de Soji se inclinaba a su mejilla.

-¡Suéltenme!...-les empujó y la risa de Jiro era totalmente descarada, mientras que en los ojos de Soji se abrió un abismo cuando le fue retirado los cabellos de su mano y el chico estaba ya a unos paso lejos de ellos…..-soy Hasame Mitsuide, ustedes nunca volverán a ponerme una mano encima. Así que búsquense con quien entretenerse y aléjense de Ranmaru…..-les gritó mientras salía a la lluvia, volviendo a poner la chaqueta y empezando a correr.

Las risas de Jiro se hicieron eco en la cueva, mientras tomaba su propia chaqueta y le arrojaba la otra a su hermano.
-Es una encantadora fierecita….me gustan que peleen, son mas entretenidas…-y salió seguido de su hermano, ambas gotas se confundieron entre la lluvia que poco a poco empezaba a ceder.


Huye la serpiente
y queda tranquila
la montaña de azucenas.
(Shiki)

-Han tardado….-dijo Honda en la entrada del dojo frente al sensei, viendo caer la lluvia y mirando de reojo al narciso que también estaba en el tatami acuclillado, meditando, esperando. Angustiado por la idea de que los gemelos también se encontraban en la ladera, mientras Hasame se había retrasado.

Abrió lentamente los ojos cuando un olor a hojas de jardín llego a él rápidamente.

-Joven Osakura…..-le dijo el general Honda lentamente….- ¿estas seguro que los vistes en el bosquecillo.
-Completamente seguro. Es la lluvia, que no les deja bajar. Debieron guarecerse, ha sucedido antes.
-Si, es lo que dice el sensei…. joven Osakura. ¿Puedo hacer una preguntó?...-el chico asintió, aunque ya la imaginaba. ¿Es cierto que ves espíritus? Lo escuche decir, que tu abuela….
-Si.

Y un silencio se instaló de nuevo y el chico vio que el general no hacia ningún movimiento y sus manos temblaban y sin esperar más Ranmaru puso su manita sobre las manos encallecidas y recias del viejo guerrero.

-Ella le persigue a cualquier lugar donde usted va. ¿Cómo murió?
-¡Ahogada, no …pudimos. Ella se hundió! No el alcance, solo me quedé…
-Con una calceta…-dijo el chico y la vista del general se levantó a verle, impresionado ante lo que escuchaba. Nunca lo había contado .y aun él conservaba la calceta.
-¿Quiere despedirse de ella?
-Quiero que me perdone.
-Ella no le tiene rencor, solo quiere que usted deje de culparse. Fue un accidente general, su dolor es lo que la mantiene aquí.
-¿Puedes….puedes ayudarle a irse?
-Lo haré, una de estas noches…cuando ella venga…..dijo la vocecita de Ranmaru.
-Yo estaré aun aquí, para lo que sea necesario….- el general se levantó y se acercó de nuevo a la puerta del dojo donde el sensei le indicaba que el joven Hasame ya se veia por el camino y un poco mas detrás. Dos figuras también estaban en el camino.
-Veo que aun después todo, esos chicos están en forma….llenos de barro hasta las orejas…..-dijo el genial.

El vapor salía lentamente de la tina de madera donde el joven Hasame estaba sumergido. Había quitado ya el lodo de su cuerpo y restregado a conciencia su piel con una gran esponja. Ahora solo descansaba, antes de la cena.

-¿Estarás mucho tiempo ahí?... –escuchó un voz familiar que le veia entretenido.
-Todo el que sea necesario…-le salpicó agua a Ranmaru, quien no se movió y solo se seco su cara con la manga de su kimono.
-Si tardas demasiado, la cena se enfriará.
-No tengo hambre…..la comida fue abundante.
-Claro, comiste como 4 tazones….la carrera fue larga. ¿Algo que contar?

Hasame volvió su vista al chico, sonriendo ante la carita que su amigo tenia.
-¿Celoso?....-dijo

Y a toda respuesta recibió una toalla en la cara y el joven Ranmaru le dejó y eso le dejo un vació. Molestó, incomodó. Su amigo parecía enojado y eso no estaba bien. Ni la poesía de su madre lo consoló, ni la música del viento moviéndose en las hojas, ni tampoco el suave croar de las ranas y la desesperación no se redujo hasta que toda la casa estuvo en silencio y por fin pudo salir de su cuarto para ir al siguiente y como era costumbre su amigo estaba en la ventana, mirando por la cortinita de arroz y se acercó a él, quien lo ignoró por unos segundos, hasta que el sonido de la respiración de ambos hizo que chico prestara atención al otro, quien solo lo veía.

-Tardaste.
-Es la misma hora de siempre.
-En la ladera, me refiero….- su mirada era acusadora y no había sonrisa.
-La lluvia se intensificó….y tenias razón.
-¿En que? –….y su voz seguían sin ningún timbre.
-En que hay serpientes en el camino….-y se acercó lentamente al chico jalando el cordón de su bata….-pero ninguna de ellas me alcanzó…y ya están advertidas, cortaré sus cabezas, si lo intentan.
-¿Por qué harías eso? – decía Ranmaru mientras su bata bajaba por sus hombros.
-Por que le pertenezco a alguien más y siempre será así. Además ése alguien esta aquí….-dijo tocando el pecho del chico a la altura de su corazón, tomando la mano del otro chico la puso sobre su propio pecho a la misma altura….- ¿oyes como late?

Ranmaru inclinó la cabeza lentamente, sonriendo.



Voy a salir,
disfrutad el amor
libélula de colores

Cuando levantó la cara, sus labios fueron atrapados por la boca de Hasame que esta vez le dio pequeños besos, como el toque de una mariposa en un flor, que lamía suavemente el néctar de esa boca que se abrió a su lengua y lo recibió con un gran agitación, poniendo su propia lengua para probar el sabor de Hasame y deleitarse en ella.

Cuando se separaron, después de que el aire les hacia falta, se vieron agitados, ansiosos. Con las miradas enardecidas y expectantes, la nueva sensación era abrumadora, como agua corriendo rapidamente después de una crecida, arrasándolo todo y llenando el campo para que la tierra germinada floreciera.

-Te amo, no preguntes por que. No me digas que somos varones, ni siquiera que somos amigos. Solo dime que me amas como yo a ti y estaremos juntos una eternidad…..-le dijo Hasame, levantando la cara del chico que ahora estaba en su pecho.
-Si…yo también te amo.
-Ven entonces….vamos a dormir, tendremos la eternidad para aprender amarnos.

Ambos cuerpos, desnudos del torso, se metieron entre las mantas, Hasame con un suave sonsonete de cuna y Ranmaru acariciando su pelo, frente a él, esperando que el sueño los invadiera….por que su amor ya los cubría.

 

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N.A. La poesía intercalada, pertenece al genero Haiku. Algunas de ellas tienen autores reconocidos, puestos en paréntesis….la otras, pertenecen en el anonimato y las que inician con (**), son de esta autora, en un fugaz intento de hacer poesía…solo fugaz y un intento…..

Se considera que el haiku es una forma de mirar. Una manera de vivir. La flor del haiku es la frescura. Frescura, espontaneidad, expresión directa de la vivencia del instante. Es lo que requiere esta forma peculiar de la poesía japonesa. Es más que una técnica. Es la transparencia de una emoción profunda ante las cosas más sencillas.


 

 

 

Cap. 6

en proceso