Clasificación: NC-17
Pareja (s): Hasame/ Ranmaru La mayoría de los personajes de esta historia son propiedad de la historia mitológica japonesa. El poema inicial pertenece a la obra de Shinishi: “Poemas del samurai ciego”. Los poemas intercalados son Haiku japoneses, algunos son anónimos, otros no.
Avisos: Relaciones de h/h

Cáp. 8 Las piruetas de las hojas de otoño.

 

VIII
¿Pequeño manantial qué sería el agua clara?
Las piruetas que se dice dibujan las hojas en otoño
Al caer el sol que nace en el ocaso.

 

El roció de la mañana estaba mas cuajado que otros días y las grandes gotas que formaba se escurrían por las hojas que aun se negaban a dejar los árboles y un viraje de aires hizo patente que el cambio de estación estaba ya instalándose en los jardines de la casa Mitsuide.


"Un rayo de eternidad
descubro en las hojas
caídas de mi jardín"
(Onitsura)



Hasame miraba una vez más su cuarto, las paredes que lo albergaron desde que tenía memoria. Caminó por la brillante duela y sus manos rozaron la puerta del cuarto de sus padres. Se encontró en el gran salón, donde una vez más podía ver las espadas, armaduras y los emblemas de su casa. El dojo se encontraba vació, pero aun así podía recordar las innumerables ocasiones en las cuales se entrenó y las otras tantas que el sudor resbaló por su cuerpo. Pensó en el dolor del aprendizaje, en la satisfacción de tener el instinto desarrollado así como un cuerpo templado y mucho de ello se lo debía a las horas y horas en que su sensei había dedicado en su persona. Sintió de pronto una gran nostalgia, una que se instaló en sus huesos. Ese día, el heredero Mitsuide partía.

Se detuvo en el portón donde su madre y otras mujeres estaban acuclilladas. Se despidió de ella con un beso en su mejilla, aun cuando la noche anterior cepilló y trenzó su cabello, le había contado sus pequeñas hazañas con la vara, le prometió que escribiría para seguirle contado sobre los caminos, el templo y las montañas, pero sobre todo le había dicho que la amaba y la extrañaría. Siempre seria su pequeño, aunque le llevara dos palmos de altura y pudiera tomarla en sus brazos para cargarla. El orgullo de la mujer Mitsuide estaba patente en su cara, pero el de la madre, estaba escondido en algún lugar evitando salir en grandes lágrimas.

Una comitiva de viaje se encontraba ya dispuesta. Ocho hombres y sus caballos, iniciarían un viaje a las montañas nubladas donde se encontraba instalado el templo Nishi-Honganji, famoso por sus monjes guerreros y la dura disciplina. Debían partir y llegar a tiempo antes de que las primeras ventiscas se instalaran y cerrara el único paso.

 


Cientos de colinas
Miles de arces carmín
y un solo arroyo.
(Shiki)

El sensei y un ayudante acompañarían al grupo de seis aprendices, los cuales el mismo podía constatar como hábiles y disciplinados; tenia que aceptar que entre ellos estaría el joven Osakura. No solo era bello, era hábil y estaba seguro que seria un letal guerrero, muy seguramente, muchos se desconcertarían ante su belleza, pero para cuando salieran del estupor, el chico ya les habría hecho pasar el filo de espada. Sonrió al pensar que los monjes del templo encontrarían al chico mas que fascinante por sus habilidades, incluyendo esa que tenia con la cadenilla de plata; alejando esas ideas de su cabeza se concentro en su misión, que era llevarles, presentarlos en el templo y retornar, antes que la primera aguanieve cayera al suelo.

Akeshi Mitsuide se detuvo frente a su hijo, era ya casi de su misma altura y aunque el joven tenia el cuerpo desarrollado aun era una figura esbelta y delicada frente a él. El padre revisó, siendo un pretexto, el ajuste de fajin de kimono de su hijo. No le importo parecer paternalista, era su único hijo. El nacido en el otoño de su vida, era el brote nuevo y fuerte que se instalaba en el árbol de la familia. Vio esos extraños ojos azules, que podían presagia tormentas y días soleados. En ese momento eran la viva imagen de un día despejado. Vio todo el orgullo Mitsuide en él y supo, sin lugar a dudas, que tenía frente a si a un guerrero; el cual le abraso sin reparos, exigiendo el contacto del padre al hijo que partía, se abrazaron. No les importo nada. La vida era corta y ellos, padre e hijo, despidiéndose por primera vez, luego entregándole una nueva espada que mandará forjar exclusivamente para él, con los emblemas de su casa y su nombre grabado en la cuchilla.

-Te daré honor, padre….-le dijo al tomarla en sus manos.
-Ya lo he recibido….estoy muy orgulloso de ti, Hasame.
-Padre.
-Honra el nombre de tus antepasados, el de tu señor y el de tu pareja. Lo demás, será gloria pasajera ¡Ahora…..váyanse, el camino es largo!

Los jinetes empezaban a subir a sus caballos, uno a uno, mientras el joven Osakura miraba la escena de los Mitsuide. Impresionado por su entrega, por el amor que se profesaban y que sabia seria una protección en épocas difíciles. Miró entonces a la madre de Hasame que tenia la mirada puesta en el padre y el hijo. Sin pensarlo avanzó hacia ella, y se inclinó respetuosamente mientras le era devuelto el saludo.

-Señora…le agradezco infinitamente sus atenciones.
-Ha sido un placer tenerte en nuestra casa. Espero verte pronto.
-Yo también señora…..-pensó el chico. En verdad lo deseaba, pero sabia que no sucedería fácilmente, pero aun así….-por favor, no se preocupe por su hijo. Ahora él tendrá cuatros brazos y cuatro ojos puestos en la batalla. Yo le protegeré…con mi propia espada.
-¡Ranmaru…hijo!
-Señora, yo se lo traeré de vuelta para el verano….volveremos a comer duraznos en su jardín.
-Les estaré esperando…..-dijo dulcemente, sintiéndose reconfortada….su hijo ya no estaría solo en la inmensidad de la creación, alguien aparte de ellos le amaba.

 


Mientras lo corto
veo que el árbol
tiene serenidad.
(Issekirö)

Osakura se inclinó respetuosamente ante el jefe del clan Mitsuide y le hubiese gustado que le diera un gran abrazo, de hijo, pero recibió a cambio una solemne inclinación de respeto seguido de una fuerte mano en su hombro.

-Protéjanse el uno al otro, todo el tiempo que sea posible… -le dijo amablemente.
-Con mi vida…-respondió el chico en un susurro, se inclinó y ensilló rápidamente.

Alcanzó a la comitiva que ya iniciaba el camino y evitó todo lo que pudo la mirada azulada que insistió un tiempo buscar la suya; pero ahora tenían que aprender a ser mas cautelosos que nunca. No lo pondría en riesgo con miradas furtivas que alguien pudiera captar, era parte del cuidado que había ofrecido dar su familia y la cumpliría…ya llegaría la noche y su protección.

 


***En la oscuridad
busco afanoso su mirada
pero me conformaría con tus labios****

-Me haz ignorado todo el día….-un susurró alejado del grupo que se arremolinaba ante el fuego del improvisado campamento. Un joven que hace la primera guardia voltea a ver a la sutil sombra que se instala junto a él y por primera vez le miraba detenidamente.
-Eres poco juicioso, joven Mitsuide…-respondió un murmullo, mientras su mirada vuelve a concentrarse en el grupo y la oscuridad.
- Lo soy hasta que tu sonrisa no me pone en mi lugar.
-¿Y cual es ése?
-En el cielo, rozando las nubes y buscando pinchar la luna.
-Extraño lugar….el tuyo.
-Hazme llegar a ese sitio….sonríe para mi.

Ranmaru sonrió bajito ante la ocurrencia, una fracción de tiempo que a Hasame le pareció un suspiro y un vuelco al pecho. El guardia volteo y empezó a caminar para continuar su ronda.

-Ve a dormir…protegeré parte de la noche tu sueño.
-Despiértame mas tarde, continuaré la ronda.
-Lo haré, no te quede duda.


Con un farol
pasea en el jardín,
sufre al ver morir la estación.
(Buson)

Hasame sintió una delicada mano que acariciaba su cara, despertándole para la siguiente guardia. Miró al derredor y constató que resto de hombres dormían, se levantó rapidamente, primero para quitarse el sueño de encima e iniciar la ronda y seguido para arrebatar un beso, que en realidad fue solo un ligero roce mientras tomaba su mano.

-Tu turno, Mitsuide –le susurró el joven de ojos caoba, buscando soltarse…-quieto, el sensei tiene el sueño ligero y no hay paredes….aprende a tener paciencia y juicio.
-Lo intentare. Ahora entra en las mantas…están tibias para ti.

 


Mañana fría,
en el bosque de pino
del sol, caricias.
(Shiki)

El viaje se prolongó por varios días, donde las distancias de alargaban, los caminos se hacían angostos y los senderos de dificultaban. Donde los 8 jinetes y sus caballos se confundían en las veredas, con la luz de día buscaban reducir la jornada, descansar de noche el cuerpo y que los animales resistieran la marcha y eran en el corto cambio de guardias que dos almas tenían un breve momento para rozar la mejilla del otro, susurrar una ternura, compartir el calor de la manta dejada por el cuerpo del otro y vigilar lo que restaba. Pedacitos de tiempo reclamados para ellos, inmensidades de tiempo rescatado a su ternura.

Cuando el final del camino llego, todos agradecieron a Kamisama que la sólida estructura del templo se perfilara en la roca, majestuosa, imponente.

 


Templo de la montaña
al ritmo del gong,
reza el cuclillo.
(Shiki)

El recinto de Nishi-Honganji, había proclamado ese año que la milicia Shin Engumi estaba eligiendo los nuevos reclutas que devendrían en guerreros samurai. El general Isami Kondo supervisaría el proceso de reclutamiento, vigilado por los monjes del templo. Aquellos que esperaban ser elegidos deberian enfrentarse al mejor hombre de la milicia, Hyozo Okita. Las inflexibles normas y reglamentos habían logrado mantenerse por años y de sus puertas salían hombres de que serian la fuerza unificadora del imperio ante la adversidad de los tiempos.

El sensei se presentó ante el monje encargado de recibir las peticiones de admisión para sus seis aprendices, quien al principio no le prestó mucha atención, demasiados jóvenes llegaban a las puertas ese invierno, hasta el momento en que puso sus ojos en los sobres lacados que el mismo templo enviaba y leyó el nombre de los jóvenes que el sensei representaba y los buscó con la vista…mientras le era ofrecido té al sensei.

-Así que los aprendices del Clan Matsuide nos dignan con su presencia.
-Al contrario, es el templo quien lo hace con nosotros. Vengo en representación de mi señor Mitsuide. Tengo aquí a cuatro de los hijos de sus terratenientes y a su mismo hijo.
-Fui informado de ello….nos agrada recibirles, aunque nos sorprende en demasía. Estamos enterados que el Clan Imperial Takegawa ha ofrecido al joven Mitsuide su reclutamiento en forma directa.
-Veo que las noticias vuelan rápido.
-Noticias como esas son llevadas por las nubes más altas.
-En verdad ha sido de esa manera….pero el joven Mitsuide y su padre, han considerado que debe iniciar su vida militar de una forma simple, con trabajo duro y sin favoritismos.
-El Viejo Mitsuide….no cambia. Nos alegra escuchar eso; si la astilla es como el madero.
-Su padre le he entrenado…y este humilde servidor, claro esta.
-Bien….pero saben que al terminar su enseñanza en el templo, el joven Mitsuide se ve obligado al sistema de vasallaje y su espada se pone en contrato.
-El señor Mitsuide y su hijo, lo saben.
-Mas loable aun….sin embargo, este templo tiene una deuda con tu señor, que no fácilmente puede olvidar y para buscar saldarla. El regente me ha instruido para que el convenio del joven Mitsuide sea de carácter temporal. Su contrato solo tendrá validez de un año y a partir de ahí. Su espada será libre y si lo desea, podrá ponerla en oferta al mejor postor.
-Eso es…muy generoso…..-dijo el sensei inclinándose ante al monje…-se lo haré saber a mi señor.
-Claro, que primero debe demostrar que puede estar aquí, igualmente será seleccionado, pero no tengo dudas de su capacidad…solo es un formulismo. Por otra parte, veo que traes también al sobrino de Osakura….en tu lista.
-Si. El joven Osakura estuvo en la casa de mi señor una estación.
-Ya veo, el joven Osakura tiene un pase especial, le estamos esperando.
-Su tío nos informó sobre su disposición de continuar aquí.
-Así es…tenemos particular interés en el joven.
-¿Será le hará un contrato de vasallaje?
-No…se tiene contemplado que se quede aquí.
-Es una gran distinción.
-Lo creemos, si. Nos agradaría que se quedara a cenar sensei.
-Es un honor, esperare la decisión de admisión y deberé partir.
-Claro…pronto se cerraran los caminos.

Hyozo Okita, portaba el rígido y grueso traje de entrenamiento. Su mirada era de un halcón al acecho y su espada tan rápida como su vista, más de una vez había dado con su empuñadura a varios distraídos aprendices. Un simple giro de negación de su cabeza era suficiente para que el monje asistente descontara de la lista el nombre del chico. Okita debía considerar si valía la pena o no, entrenar a un nuevo aprendiz en el templo, su carácter ya de por si explosivo y soberbio, se estaba poniendo a prueba con los reclutas de ese año, así que cuando salió de nuevo a la arena para revisar a los restantes no tenia precisamente el mejor talante y fue menos considerado de lo normal, porque por unos minutos estaba irritando, pero cuando escucho el nombre del siguiente, la mirada se concentró en todo esa persona.

-¡Mitsuide!

El joven se presentó a la arena, saludó a los monjes y a su contrincante. Su azulada vista se concentró solo en él…..el resto se volvió nada. Sin perderle de vista, se puso en posición de pelea, sosteniendo la espada a dos manos y un ligero movimiento de su pie, abriendo el compás…….esperando.

Okita reconoció el desplante y la postura y empezó a descargar la espada, primero intrigado, luego sorprendido cuando el joven respondió con bastante habilidad, sonrió cuando una serie de contraataques le pareció mas que bien desarrollados y dio un paso atrás para evaluar de nuevo al contrincante. Entonces lo observo a detalle…..el largo del cabello oscuro recogido sin ningún adorno, su gruesa camisa cruzada sostenida con un simple cinturón y el faldón de su pantalón sin más adornos que las costuras.

Si ese era el hijo del gran general, lo disimulaba muy bien en su vestir, pero en el manejo de la espada mostraba toda su herencia. Hizo una señal de asentimiento y los monjes dieron por aceptado al joven. Salvo que éste no sabía tal cosa y continuó con su postura de ataque. Okita volvió a mostrar su espada y sonrió, ahora solo seria cuestión de medir un poco al hijo del general.

Los rápidos desplantes y el sonido del metal se hicieron rítmicos, precisos, simulando el vaivén de las ramas de los árboles azotadas por el viento, chocando, arremetiendo, pero no cediendo su lugar. Y Okita terminó por darse cuenta de la tormenta que se presagiaba en esos ojos y el intenso brillo azulado que descubrió le sorprendió. Todo ese tiempo había creído que eran negros. El viraje de color le atrapó y un miedo nacido de su infancia hizo que volviera arremeter contra el portador de ellos. Solo los demonios tenias ese color de ojos, le contaba su abuelo ante de dormir. Esa infantil imagen le hizo perder la concentración y casi la espada; fueron las gotas de sudor perlándose la frente que le hicieron dar un par de pasos hacia atrás para evaluar de nuevo al aprendiz. La bocanada de aire fresco le hizo darse cuenta que solo era una ilusión, solo tenia frente a él a un joven habilidoso….el hijo del general Mitsuide y seguramente que tuviera ese color de ojos seria por que Kamisama tenia planes para él. Como los tuvo para su padre…..el vencedor de demonio de Nobunaga.

inclinó la cabeza ante el hijo de Mitsuide, dando por concluida la pelea….esa no era la arena donde ellos mostrarían su real habilidad con la espada. Solo el tiempo les daría una oportunidad mas, mientras tanto solo seria su nuevo sensei…algo que decidió personalmente.

Habiendo vagado en el camino,
mis sueños merodean
por páramos yermos.
(Basho)

La pelea y su desarrollo no pasaron desapercibidos, tanto los monjes, el sensei, el resto de aprendices se dieron cuenta del nuevo oponente de Okita. Que el joven le hubiera sostenido más de un par de estocadas limpias al rudo entrenador era de hacerse notar, pero la sorpresa en la cara del instructor fue algo que les dejo encantados. Alguien podía darle una cucharada de su propio amargo vinagre, que fuera un aprendiz…les regocijaba. Sin darse cuenta como, el joven Mitsuide tenia ahora admiradores de su espada, aunque a él solo le interesó ver unos ojos caoba que miraban la escena sin ninguna aparente emoción, pero sabia que internamente se llenaba de agitación y él mismo siento esa cálida sensación cuando vio un fugaz guiño dirigido a su persona. Eso era lo que más le reconfortaba…junto con ser aceptado.

 


El colibrí
se aproxima a su cuerpo
y canta alegre.

-¡Te han aceptado, lo sabia!.....- sintió un jalón en su brazo y un murmullo cerca de su oído. Cuando volteo, sonrió al responsable de detenerle cuando iba camino a los aposentos que les habían designado y por unos segundos pensó en abrazarlo, tomarle de la cintura y dar vueltas del gusto, pero la palabra prudencia se instaló en su pensamiento como agua fría.
-No lo dudarías, Ranmaru. ¿Cómo te ha ido a ti? Aun no te he visto en la arena.
-Yo fui aceptado ya. Me han hecho un examen aparte.
-¿Ahhh, si?
-Luego te contare.
-Acompáñame, dejaremos nuestras cosas y….
-Estoy en… otra sección…-dijo con cierto dejo.
-¿En donde?

Ranmaru volteó y le indicó el nivel superior, detrás de unas escaleras angostas de madera.

-Estaré bien...hay otros jóvenes. Dormiré ahí, pero la mayoría de los entrenamientos los compartiremos…-le dijo cuando la vio la cara de preocupación de Hasame….-comeremos juntos además, terminaras por aburrirte de tanto verme.
-Pero lo mejor del día no lo tendré.
-¿Y que es lo mejor de tu día…Mitsuide?
-Dormir pegadito con Osakura….-le susurró al oído….-de eso espero que te no hallas aburrido tu…..mira que soy tibio bajo las mantas.
-Vanidoso.
-Hermoso.

Ranmaru hizo un pucherito y giró en redondo.

-Te veré luego…después de la cena.
-¿Dónde?
-Te buscare….-le dijo antes de desaparecer en un pasillo del templo. Hasame se quedó ahí viéndole irse, buscando orientarse hasta que tropezó con otro aprendiz y ambos se dirigieron a los aposentos de aprendices.

Agua caliente caía sobre la pequeña tacita y un fragante olor de jazmín llenó la salita donde el viejo monje se encontraba acuclillado. Dejó en la hornilla la tetera caliente y deslizó la taza al joven que tenia frente a él.

-¿Sabes, Osakura? Cuanto conocí a tu hermano, quede muy sorprendido…mucho en verdad. Ukyo tenía una bella habilidad; nunca me cansare de decir que tenía la sonrisa más cristalina que mis cansados ojos han visto.

El chico solo asentía mientras llevaba a sus labios la bebida caliente, que antes de hacerlo, hizo un ligero soplo sobre ella….realmente no le gustaba tan caliente y volvió a ponerla sobre la mesita, lentamente.

-Realmente estamos encantados de tenerte aquí….-continuo el anciano.
-Agradezco la oportunidad.
-No solo la mereces…es nuestra obligación encausar tus habilidades. Tu familia han sido muy generosa con el templo, sin contar la ayuda que tu misma abuela brindo a este recinto. Sentimos mucho lo de su partida. Las condiciones por las cuales tuvieron que huir fueron muy vergonzosas,
-Es algo que mi abuela y mi familia han intentando limpiar.
-Ukyo dio su vida para terminar con ello.
-Pero la venganza de Yendo nos ha perseguido y mi abuela sufrió por ello….perdimos mucho, en poco tiempo.
-Lo sabemos….pero no es la venganza lo que devolverá a tus seres queridos, Ranmaru.
-Nada me los devolverá, pero si limpiar el nombre de mi familia.
-Eso es algo, para lo cual este templo no te preparara. Lo sabes…..pero podrás encontrar aquí un lugar para desarrollar tus habilidades y con el tiempo transmitirla a nuevos aprendices.
-Es algo que compensare.
-Estoy seguro
-De hecho…-.acotó el joven a darse cuenta que la plática podía prolongarse en cumplidos….-he visto “algo”, rondar entre los monjes.
-Si….pero ese “algo” no quiere manifestarse, creo que tendrás que intentarlo tú. Es una buena forma de entrenamiento….


Oculto en un vuelo
la tela oscura rasga.
Demora el eco…

Los jóvenes se habían arremolinado junto al sensei que pasaba a felicitarle. De seis aprendices cuatro se quedaban en el templo, a los otros les permitirían presentar una nueva aplicación para el próximo invierno. Pero ahora una cena ligera y una bebida caliente era una buena forma para celebrarlo y la llegada del joven Osakura fue la culminación para que el resto de la comitiva lo hiciera.

Un par de miradas encontradas. Hasame interrogaba con la vista al recién llegado, pero éste en su usual manera le ignoró por unos minutos, mientras simulaban que cenaba y escuchaban todas las anécdotas del día. Vitoreando la demostración que el joven Mitsuide diera al entrenador, lo cual le hizo ruborizarse ante la acometida de sus compañeros y la mirada de aprobación del sensei, pero la que él buscaba le rehuia….lo cual lo mantuvo en vilo por mas tiempo.

El sensei les conito de sus planes de retornar al dia siguiente, les dejaba instalados y seguros en el templo. Así como también les dejo dormir, .se retiraría a continuar una plática con uno de los monjes para llevar algunos encargos. Los chicos continuaron su celebración y una pequeña botella de sake apareció. Hasame declinó la bebida cuando noto el brillo intenso que Ranmaru le dispensó, pero les dejo ser….y en cierto momento el chico de ojos caoba se levantó, casi sin ser percibido por el resto. Salvo para el ojiazul que no le perdía pista a los breves comentarios que hiciera. Unos par de minutos fue todo lo que pudo detenerse antes de salir por algún pretexto ni se esforzaron en escucharle…..alguien menos con quien compartir la pequeña botella de sake.


Hasame salió al oscuro pasillo. Solo horas tenían en ese templo que seria su hogar por meses, buscaba ubicar hacia donde se habría ido Ranmaru. Intentó perfilar en la penumbra que las pocas velas iluminaban, el monje instructor les había indicado las principales áreas del templo. Pero en la noche….nada es como en el día.

-¿Te haz perdido?...-una voz, una caricia en su espalda y una calidez conocida.
-No….me haz encontrado….-y palpó en la oscuridad para ubicar la dirección de la voz. Alcanzo una mano que le tomó de la suya y le guía/
-Ven….quiero mostrarte algo.

Pasillos, penumbra…giros y un par de puertas. Una desenfrenada búsqueda por ubicarse.


Y más allá de todo
hubo un algo suspendido
vibrando en dos silencios
(Arévalo….)

Llegaron a lo que parecía una abandonada cámara. Una habitación pequeña, con un ventanal que daba al desfiladero y con una decoración tan austera y propia de un monje. Todo aquello lo vio Hasame cuando la luz de un cabo de cera ilumino el lugar.

-¿Es tu cuarto? …–pregunto sorprendido.
-¡Claro que no! Lo he descubierto, te mostrare luego el mecanismo para ello. Pero mira ven. Tiene una vista bellísima, domina toda la quebrada y el bosque.

El joven caminó hacia donde le indicaba y constató que la vista del bosque era impresionante, ante una media luna que daba suficiente luz al exterior y que una vez que los ojos de Hasame se acostumbraron aquello encontró el recinto no tan despreciable. Tenía una cama de paja y algunos enceres. Alguien debió utilizarla en alguna ocasión, aunque las telarañas ya habían hecho más que una red por las paredes.

-Ocupara algo de limpieza, si piensas usarlo…-dijo el ojiazul
-En realidad, pensaba que podíamos usarlo….ambos. No todos los días…pero si un lugar para nosotros.
-¿Lo dices en serio? ¿No será…peligroso?
-¿El gran Hasame Mitsuide….tiene miedo a un cuarto oscuro?
-¡No dije que tuviera miedo! Dije que podía ser peligroso….tenemos vigilancia.
-¡Si no te interesa!...- su voz sonaba algo ofendida y de pronto intento darse la vuelta, pero una mano le detuvo.
-¡Claro que me interesa estar aquí….contigo! Solo que tu….tu eres quien habla de ser juicioso y prudente. Esto me ha tomado un poco de sorpresa. ! Pero me gusta!... –y sin esperar nada mas acercó su cuerpo al suyo. No le tenía desde un par días atrás y decir tenerle era solo acercarse lo suficiente para robarle un beso.

Pero ahora, .en ese pequeño cuarto, lleno de telarañas, con un lecho de paja, que seguro ocupaba ser quemado por todas las pulgas que tendría y que seria mejor cambiar a la brevedad, podía abrazarlo. Sentir la tibieza de su cuerpo junto al suyo, el latir de su corazón y el palpitar de su ser al poner sus labios en su cuello…..un rítmico aletear.


Risueña avispa,
la miel produces
y al niño alegras

-En estos días lo pondremos en orden y una buena limpieza le vendría bien….-dijo Ranmaru con un mohín…- por cierto. Linda demostración la de hoy. Te haz hecho de un hostil sensei por el resto de tu estancia, pero nada que aun Mitsuide no entretenga.
-¿No pretendías que me quedaría parado a que me diera con la espada un par de azotes?
-No, tampoco…pero tu aceptación fue casi inmediata. El resto fue solo para medirse.
-No lo sabia…en realidad pensé que seria hasta que él lo decidiera.
-¡Como sea….! Me ha encantado…como siempre.
-Tú eres el que me tiene encantado…..- y sin esperar más besaba sus manos, sus muñecas, lamiendo despacito las palmas y tomando su cintura para afianzarlo a él….para después buscar su boca.

Dejó sus labios pegados a los suyos, para que su calido aliento le llenara la boca, mientras con sus dedos se enredaban en su pelo y empezó a cantarle. Un canción de peregrinos, una donde aquellos que cruzan caminos esperan que su viaje sea leve, su andar ligero y la fortuna les sonría….pero que sobre todo que el camino sea placentero.

Ambos se dejaron llevaron por la embriagadora presencia de sus cuerpos, moviéndose suavemente al ritmo del dulce sonsonete, hasta que la ultima nota acabó y aun unos segundos mas dulcemente acompasados.

Luego sin decir mas ambos apagaron a un soplo la vela y salieron de ahí, tomados de la mano, ubicándose en la oscuridad hasta que llegaron al inicio del pasillo y fue Ranmaru quien le indicó el camino a seguir. Por esa noche solo un beso mas, antes de irse a sus respectivos aposentos. Ya encontrarían la forma de atrapar tiempo para ellos, por que un lugar ya lo habían encontrado y era donde estuviesen los dos.

 

Cap. 9