Clasificación: NC-17
Pareja (s): Hasame/ Ranmaru La mayoría de los personajes de esta historia son propiedad de la historia mitológica japonesa. El poema inicial pertenece a la obra de Shinishi: “Poemas del samurai ciego”. Los poemas intercalados son Haiku japoneses, algunos son anónimos, otros no.
Avisos: Relaciones de h/h

Cáp. 9 El ligero roce de la noche


IX
La cabellera de los aromas del vino
El ligero roce de las mangas del kimono
La noche está poblada de talantes y silencios.

 

Las montañas nubladas pronto hicieron honor a su nombre, cuando las primeras ventiscas se soltaron, el agua nieve empezó a caer lentamente sobre las hojas de pino y cuando el ligero estruendo de guijarros corriendo laderas abajo se hizo evidente, el viejo sensei Tokomu agradeció a Buda y algunos dioses menores por encontrarse en el valle, mientras el templo Nishi-Honganji se aislaba se mundo por todo el temporal. Había cumplido su encargo, sus aprendices estaban ya instalados y ahora solo le quedaba el retorno a la casa de su señor Mitsuide.


Viajero
quisiera ser llamado.
Primer chubasco.
(Basho
)

Los nuevos aprendices se ajustaban poco a poco a las reglas del templo y mucho antes de que el sol hiciera la perezosa insinuación de salir, un pequeño bong se escuchaba, indicando la hora en que las actividades iniciaban, con lo que empezaba el frenesí de ponerse todos de pie. Dos bong para que estuvieran desayunando después de la limpieza matinal; un tercer bong indicaba que debían presentarse a sus clases. Para Hasame y sus dos compañeros de clan resultó una nueva experiencia, donde no había privilegios pero si un alto sentido del compañerismo, lo cual les facilito interpretar desde el significado de los bongs hasta ubicarse más fácilmente en el templo.

A Hasame la disciplina no le molestaba, estaba más que acostumbrado a ella pero esos primeros días el mal humor se instaló en él, por que solo vio a Ranmaru un par de veces y por corto tiempo, en sus primeras clases, el chico no se presentaba. Fugazmente le descubrió en la comida y como era común en Ranmaru no le digno ninguna mirada especial. Eso era algo a lo que debía acostumbrarse, pero no era nada fácil, ya bastante tenía que soportar con no dormir a su lado.

-¡Mitsuide ¿le aburró tan pronto?!... - la voz de su nuevo sensei se dejó escuchar y con la vara de bambú le dio en un tobillo, pero el ojo celeste solo inclinó la cabeza en señal de asentimiento y espero la orden….- hago un mejor bloqueo.

Hyozo Okita, no dejaba de mirar al joven, reconocía el porte y la sutil forma de tomar la espada, el balanceo de su cadera para mantener el adecuado centro de gravedad y la forma de deslizar el pie derecho recorriendo suavemente sobre el suelo. Todo su cuerpo se encontraba en un impulso de saltar y atacar, lo que fuera. Mantuvo al grupo que dirigía más que entretenido y más de uno tenia sus gruesos trajes humedecidos por el sudor, sin contar que también corría por sus frentes.

-¡Suficiente por hoy, retírense¡ Menos usted Mitsuide…. –gritó y alcanzó a ver que el joven les indicaba a sus compañeros seguir y que les alcanzaría mas tarde. Luego giró y se dirigió hacia el sensei Okita, inclinando la cabeza…. - ¿Qué sucede con usted? Solo un par de días y su concentración esta en todo menos aquí.
-Estoy…adaptándome sensei.
-Bien….de 10 vueltas al dojo, adáptese a el….y limpiara el piso ante de irse. ¿Alguna duda?

Hasame negó con la cabeza, se inclinó en reverencia rapidamente, ajustó su espada al cinto de su espalda fuertemente para que no hiciera ningún movimiento extra y empezó a correr. Okita sonrió, un samurai jamás dejaría su espada ni para correr, pero había que aprender a sujetarla bien para que hiciera el avance mas rápido. dejó al joven y se dirigió a cenar, esperando que su alumno terminara antes de que las viandas se levantaran, pero cuando le vio aparecer ya habían terminado, así que por segunda vez en ese semana el joven se iba sin cenar. No le vio quejarse cuando tomó entre sus mano la taza de té y seguir a sus compañeros a sus aposentos,

Okita no lo dudaba….el chico era una buena astilla, solo habia que encauzarle.

-Vaya, parece que el sensei no te aprecia en nada…Mitsuide…-se reía uno de sus compañeros cuando le vio llegar a sus barraca común y elevaba la voz para que otros le siguiera el juego.
-Parece que estas agradeciéndomelo….-sonrió el aludido.
-¿Debería?
-Claro…así no llega su vara a tus piernas, por cada vez que equivocas la kata.
-¿Insinúas que la practico mal? –le dice burlón.
-No…solo que te equivocas….-le respondió en un resoplido intentando dar por terminado el asunto, girándose a buscar su colchoneta y para su fortuna unos segundos después alguien mas se convertía en objeto de atención y con ello Hasame miraba las paredes de piedra y madera. Cerrando un poco los ojos para buscar descansar, desconsolado porque en el comedor solo alcanzó ver el brillo de la cadenilla de plata que se perdía en un pasillo de salida. Hoy tampoco parecía que vería a Ranmaru.


****Lo vi. Nada me dijo.
Esperaba sus señales
atento y en silencio
y yo - con timidez-

Una noche después de mucho pensarlo y dejar a sus compañeros durmiendo, Hasame salió sigilosamente de su aposento, intentando ubicarse y localizar la segunda planta donde dormían los aprendices especiales.

-¡No deberías andar por aquí….Hasame! –una mano retuvo al joven, mientras lo pegaba a la pared y buscaba su cuello donde olió el dulce olor a madera…y le sonrió.
-¡No te he visto en estos días…- y no le dejaron terminar la frase cuando su boca fue cerrada dulcemente por unos labios húmedos, los cuales lo disfrutó, pegando su cuerpo al del otro…quien al sentir su calor le separó.
-Vuelve a tus aposentos. No son seguros los pasillos…yo te buscaré pronto.
-Te he extrañado….
-Igual yo…-poniendo sus largos dedos en sus mejillas, rozando sus labios, luego se separó un poco para buscar en el fajin de su kimono y una pequeña hilaza de seda que acomodó en la muñeca de Hasame….-la trence para ti, piensa que estoy a tu lado cuando la veas. Ahora, regresa….-la vocecita se perdió en la oscuridad y por un segundo el latido de un corazón se detuvo, mientras Hasame buscaba el camino de retorno a sus aposentos.

Lo que fuera que habia conseguido de Hasame se concentrara cabalmente en sus entrenamientos en los siguientes días, era algo que el sensei Okita agradecía. Ya fuera la limpieza del piso o que se quedaba sin cenar, parecía que resultara. Le vio relajado, seguro y cuando le vio terminar su kata no pudo menos que sonreír e inclinar levemente la cabeza en señal de satisfacción y continuar su clase, para repartir golpes con la vara de bambú a cualquier otro aprendiz que le diera la menos provocación. Verle compartir la cena con sus amigos era algo que disfrutó, sin saber por que verle así le causo cierto hormigueo en el cuerpo, luego giró la vista hacia cualquier otra parte para dejar que ese extraño sentimiento se diluyera.


Pero solo lo lograba fugazmente.

La soledad de su aposento era demasiado grande, aun cuando en ella solo se encontrará sus mantas, algunas cosas personales y una mesa pequeña, donde acuclillado escribía o leía. La austera vida militar era algo que le habia hecho tener tan pocas cosas en su vida, por lo cual era magro y parco. Su espada y su armadura estaban entre las cosas de mayor valía en ese lugar, eso sin contar la gran habilidad que tenía en sus manos.

Las cuales esa noche estaban particularmente siendo diestras.

había dejado el pergamino donde escribía un carta, la tinta y el papel estaban a un lado, mientras la bata se encontraba abierta, mostrando su cuerpo, delineado, marcado por el mismo ejercicio que imponía a sus alumnos. Terminó de quitársela y el fulgor de la vela proyecto en la pared una magnifica figura del guerrero. Okita mantenía un magnifico tono muscular y bronceado que se balanceó rítmicamente al iniciar una kata, donde sus fuertes piernas de deslizaban con elegancia y fuerza, mientras sus brazos se tensaban en posición. No terminó hasta sudar copiosamente y en el último movimiento casi gimió de placer, esa era la forma en que liberaba su cuerpo de tensión.

<center>
<i>
**** En la oscuridad
solitaria la luna.
¡Presentimiento…!
</center>
</i>

Pero esa noche, el ejercicio no parecía ser suficiente. Se acuclilló mientras la respiración se acompasaba, se puso la bata de mala gana y su mano empezó, primero, acariciarse su pecho como en un descuido. Lentamente, bajando hasta su ombligo, como comprobando su posición y en acto casi de dejadez, llevo su mano a su miembro. Como intentando no pensar eso, como si al hacerlo fuera deshonroso o vergonzoso; como si un guerrero no necesitara de tales cosas. Por un segundo, por un leve segundo deseo algo mas, gimió….pero logro morderse un labio para que un nombre no escapara.

–“Mitsuide”. Cerró los ojos y de pronto una tibia sensación le invadió. Podía sentir un calor en su entrepierna. La extraña sensación de que unas manos se posaban en su cuerpo, que se deslizaban lentamente, acariciando. Un ligero pellizco en un pezón le hizo necesario intentar abrir los ojos de pronto, pero una extraña pesadez le invadía…era mas placentera la sensación de esas manos.

!Que no eran las suyas! Pero que eran tan diestras, tan tibias, tan fuertes. Definitivamente no eran de mujer y eso le hizo abrir los ojos súbitamente.

No supo si gritar…de placer o sorpresa. ¡Su alumno estaba a su lado!

Con una bata de seda, el cabello negro suelto que le llegaba ya al hombro. Su piel aterciopelada y el intenso azul de sus ojos, que fue el detonante para que dejara caer su cabeza hacia atrás y gimiera. Cuando una boca húmeda lamía ansiosa y casi hambrienta su miembro que estaba mas que adolorido y necesitado. ¡Esa boca era la gloria! Con un lengua que lamía toda su extensión, mientras unas manos hábiles masajeaba el resto de su virilidad y lo hacia con tal presteza que le hizo perder la razón por unos segundos.

Segundos después la puerta se abrió de improviso y la figura de Ranmaru Osakura entró súbitamente. El tintineo de su cadena de plata rompió el silencio que de pronto se instaló. Okita tenia la mirada desorbitada, la impresión le secó la boca.

-¡Suéltale….te mandare al infierno de donde vienes!...- siendo tan gutural el sonido de su voz, que Okita no tuvo mas remedio que dejar de gemir. Ahora tenia miedo, por que al voltear a quien tenia ahora entre sus piernas, su cabello se transformo en verdoso, siendo tan largo que cubría su propia desnudez, de piel gruesa donde su faz tenia una mueca lasciva y al verse descubierto clavaba sus largas uñas en las caderas del sorprendido sensei, quien gritará ahora de dolor, al sentir el corte del que manaba un hilito de sangre.

Okita dejó caer su cuerpo hacia un lado, mientras veía al joven Osakura quien habia arrojado un gran puñado de chíncharos rojos, con los cuales el “ser” se distrajo por unos segundos por su sonido. Terminando de soltar al sorprendido guerrero, dándole tiempo a arrojarle la larga cadena de plata sobre el cuello mientras su voz se elevaba en una invocación, haciendo que el “ser” aullara del dolor que le laceraba el cuello al contacto con la cadena.

Pero el “kiang-si” resultó ser, no solo mas alto, sino fuerte y tiraba del joven, mientras se arrastraba para arrinconarse a la pared y una vez que la alcanzó, la fría piedra pareció absorberle dejando que la cadena cayera al suelo, donde el sonido trajo de vuelta a la realidad al asustado sensei.


****Tenue la luz
flameaba aún sus velos.
Miré… ¡no estaba!

Quizás su vida militar le habia preparado para muchas cosas, pero nunca la extraña experiencia de ser seducido por un “ser”, que casi en descuido le hubiera consumido la vida, en cada quejido de placer. Okita simplemente se arrastró, cubriéndose con la pieza de ropa que encontró. Sorprendido por la cara inexpresiva de porcelana de Osakura que le veia detenidamente, sopesando que hacer con él. Porque no sabia hasta donde el chico habia visto y si sabia por lo menos que con quien habia fantaseado era compañero de él. Si algo sabia, no lo dijo en ese momento, solo le vio sacar una serie de sellos, arrojarlos a la pared y luego encender incienso, recogiendo el puñado de chincharros, acercándose a él y entregándoselos.

-Arrójelo, lejos de si. Eso le distraerá, para que diera tiempo a huir, por si volviera….-le dijo en una impersonal voz. Como si no fuera él un alumno, quien le hablara a su sensei. En ese momento, Osakura era un místico con mucho más autoridad en esos menesteres que un militar que solo sabia usar la espada. La respiración entrecortada que tenia, le hizo recordar que todo o algo de lo que habia escuchado sobre ese templo debía ser verdad.

Osakura salió rápidamente a los oscuros pasillos persiguiendo a ese escurridizo ser que se habia instalado en el templo, presentándose en la forma que algún desdichado quisiera poseer, dándole unos segundos de placer para luego arrebatarles la vida en un sorbo. La maldita bestia se escabullía raptando por las paredes, confundiéndose con ella, huyendo de ese joven que ya le habia acorralado un par de veces negándole alimentarse. El estar famélico le hizo cometer una tontería, acercarse al dojo cubierto donde un joven se encontraba en lo que parecía una ensoñación, con los ojos cerrados. La bestia lamiéndose los labios se acercó……”una presa”, pensó.

Pero tarde se dio cuenta de su equivocación. El extraño joven le sonrió al verle, con la sonrisa más cristalina y más atrayente que hubiera visto nunca. Sin pensarlo más empezó a transformarse en la nueva imagen que ese joven le indicaba que deseaba. Con ese nuevo cuerpo se acercaba a él, notando que un hilo de sangre se encontraba en la altura del pecho de ese cuerpo y el dolor lacerante le sorprendió por unos segundos.

-Mala idea. Tomar la forma de Uneme no te hará inmune a mi…. –y una larga cadena le apresó un brazo y el terror ahora se instaló en la bestia. ”Un espíritu atrapa espíritus”, jalaba la cadena…..-yo sé que Uneme descansa ya. ¡Haz profanado su recuerdo…maldita bestia!

Una nueva cadena sujetó ahora el cuello de la bestia, seguida por una ferviente invocación y la gruesa piel del “kiang-si” empezó a pulverizarse lentamente hasta que ambas cadenas cayeron sobre un montón de polvo verduzco, que se arremolinaba sin más. Solo polvo que ya nada podía hacer una vez que Ranmaru cerró el jarrón de cobre y puso un sello de papel que se fundió sobre el metal.

-¡Lindo truco, me ha gustado! –le dijo el espectro de Ukyo a su hermano quien le miraba dulcemente.
-Para mi es un placer verte. Agradezco tu intervención…-su corazón se sentía pleno con la presencia de su hermano.
-No es necesario que los persigas por los pasillos, usualmente ellos vienen a ti….-le dijo guiñando un ojo y desvaneciéndose lentamente…-hasta los vivos hacen eso….-su sonrisa fue un murmullo de nieve deslizándose por los techos.

Al día siguiente el regente informó al resto de monjes que el “kiang-si” había sido contenido. Que sus restos serian guardado en las profundidades del templo. Por unos segundos Okita tuvo la idea que el regente comentaría algo sobre él, pero al no hacerlo una extraña sensación de paz le invadió.

Su secreto parecía a salvo o eso creía mientras sus ojos reparaban en la mirada centellante de Osakura, que era lo único que esa cara revelaba, por lo cual era mejor no perderle de vista.

Las noches frías de invierno pueden hacer que mas leña sea puesta a quemar, para dar calor al cuerpo. Más, si este cuerpo es viejo y muchas guerras ha combatido.


Aunque tengas frió,
no te arrimes al fuego.
¡Oh Buda de nieve!
(Haijin)

Honda Tadakatsu, miraba los leños quemarse, instalado ya en el palacio imperial de Edo. Sus manos trazaban rápidos grafos sobre el pergamino, donde escribía una poesía bajo el dibujo entintado de una montaña, que le hacia pensar que tenia algo de parecido de las nubladas donde el recinto de Nishi-Honganji salvaguardaba al joven Osakura.

Le era difícil apartar esa belleza de su mente. Todo en el joven era perfecto, desde el intenso caoba de su pelo hasta la lechosa piel que se denotaba en los brazos y cuello….y el olor. Ese que emanaba dulzon y embriagador de su pequeño cuerpecito.

En momentos se torturaba con la idea de que el solo desearle era una ofensa, pero en otras, desearle era lo que lo sostenía. Pocas cosas podía ambicionar ya el viejo general. Demasiadas guerras. La tierra y las propiedades ya no era su pasión. Quizás cabalgar, sentir el aire en su cara, sentirse libre por horas, pero al llegar a cualquier lugar al final de una jornada era para solo encontrar un futon vació…enorme y frió.

Nunca pensó en compartirlo después de la muerte de su mujer. Seria una ofensa a su recuerdo. Pero hacia tanto frió dentro de las mantas y últimamente solo el recuerdo de esos insolentes ojos y la porcelana de su cara, le hacia sentir un calorcito que subía desde su pies hasta su ombligo, que se instalaba placenteramente en su vientre y que si buscaba un poco mas en sus recuerdos podía llegar hasta su pecho, hasta hacerle dormir. Si….necesitaba a Ranmaru en su vida, en su lecho…para compartir calor.

El sonido proveniente de los pasillos le hizo volver a la realidad. Se encontraba en el castillo Edo y las celebraciones por la llegada de los hijos del sol continuaban. El periodo Edo estaba iniciando y sus hijos se preparaban para continuar lo que su padre Tokugawa Ieyasu lograr. Una época de paz después de tantas sangrientas y viscerales luchas.

Tokugawa buscaba extender la cultura y que los mercaderes se sintieran tranquilos y con ello la prosperidad del país se derrochara. Era por eso que se organizaban diversiones donde nobles, comerciantes y el pueblo podía disfrutar algunas horas de ocio.

En particular , una enorme puesta teatral que ahora gozaban en el palacio. En esa ocasión una pareja de actores llamaban poderosamente la atención. Padre e hijo, Kan'ami y Zeami, quienes tenían un gran dominio de la obra y la gente no podía dejar de admirarles. Su representación era intensa, tanto como lo era la belleza de Zeami, quien con sus 16 años gozaba ya del patrocinio de varios mercaderes, lo cual beneficiaba a muchos. Entre ellos su padre quien solía presentarlo a cuanto hombre acaudalado conocía. Sabedor de que la belleza de su hijo aseguraría la vida de ambos y los vicios de él. Así que una gran sonrisa se instaló en su cara cuando el asistente personal del hijo del sol les informó que tanto padre como hijo podían quedarse a continuar en las celebraciones, ahora como espectadores.

Jiro Tokugawa era el gemelo de mirada más lasciva que Zeami hubiera visto. Aun cuando el hijo del sol era una copia de su hermano, el otro se mantenía casi distante de las celebraciones. Su imperial cuerpo estaba ahí, pero era evidente que su mente se encontraba en otro lugar y nada parecía emocionarle. Mientras bebía con desgana el vino y estaba seguro que no se encontraba a la hora que la función de teatro se habia presentado.

Así que Zeami dudaba que le reconociera, sin contar además que ya no traía maquillaje en su cara pero si Soji Tokugawa no le miraba, cosa distinta hacia el otro gemelo, ése simplemente le desnudaba con la vista y descaradamente se relamía los labios cuando notaba el rubor que subía por su cara. Jiro era diferente y casi dio un grito de gusto cuando le informaron que les invitaban a quedarse en el palacio y a participar en las celebraciones que ahora parecían solo para algunos de los favoritos de los gemelos.

Cuando el joven actor vio acercarse a uno de los hijos del sol supo por su mirada de quien se trataba. Le sonrió tímidamente. Su padre no se encontraba en ningún lugar, raramente le había dejado ahí, no era lo usual. Siempre vigilaba a cualquiera que se acercara a su hijo, pero decidió no angustiarse mucho, cuando notó como Jiro le levantara la cara y atrapara su boca en forma lenta y hambrienta, en un beso que le robó el aliento.

-¿Te gustaría pasar la noche conmigo…? –le escuchó susurrarle en un oído, mientras una de sus manos ya lo tenia asido de su cintura.

Zeami sintió que las piernas le flaqueaban y escucho un “si” que salió de su boca y que no supo cuando fue, por que ya tenia los labios ocupados por el ardiente hijo del sol.

Lejos de ahí.

En las montañas nubladas un joven se movía inquieto en su manta. La noche estaba mas que instalada en el horizonte y su cuerpo en vez de dormir por el cansancio del entrenamiento del día, solo se encontraba ansioso mientras sus dedos tocaban la hilaza de seda amarrada en su muñeca…deseando.

-Shhhuttt….-los dedos delgaditos frente a sus labios…el tintineo de una cadena… -Ven conmigo….-le dijo en un susurro y Hasame sonrió.....en la oscuridad.

No hizo ningún ruido, simplemente le siguió hasta que el fulgor de la habitación, levemente iluminada con un par de cabos de velas, le indicó que llegaron….seguía austera, pero ahora estaba limpia y nuevas colchonetas sobre un pequeño tatami se veían acomodadas donde antes un cama de paja estaba. También una pequeña hornilla se encontraba en el fondo y en ella algo se calentaba.

-Ven a tomar algo caliente, hace frió -y la bella figura de Ranmaru se inclinó para servirle un gran tazón y se lo ofreció. Hasame lo tomó, olió el agradable aroma, rozó lentamente las orillas con sus dedos. Lo dejo a un lado, para luego abalanzarse sobre el chico, de quien tenía sed pero de su boca.


*****La noche lenta
mágicamente azul
anuncia ensueños.

Ranmaru se dejo hacer al sentir la tibieza de esos labios sobre los suyos, permitió que esas manos se posaran en su cintura y que una de ellas subiera lentamente por su espalda acariciándola, haciéndole sentir un tremendo cosquilleo por todo su cuerpo, una descarga que saturaba sus poros con la tremenda sensación de tener ese intenso olor de madera embriagándole, llenando sus sentidos…tibiando su piel fría.

-¡Te extrañe, me hiciste falta! Ranmaru, ¿Dónde estabas?...-le susurraba una vez que tuvo la fuerza para soltar su boca y ponía sus manos en su carita, dándole besitos en los parpados, la barbilla, lamiendo su cuello e introduciendo su lengua en sus orejas.
-También yo.
-Pues bien que lo ocultas….-le dijo separándose poquito para verle a los ojos, pero volviendo a abrazarle, oliendo su nuca. Pegando su nariz a ella para reafirmar que el olor a duraznos era el inconfundible y dio una pequeña mordida. Mucho le hubiera gustado dejar una marca mas evidente, pero solo lamió un poco mas e intentó que la cordura le llegará… -Cuéntame, que haz hecho?...- le dijo tomando sus manos, apretándola contra su pecho.
-Promete que tomaras esto. No he conseguido todas estas galletas y dulces para que se queden aquí….y te cuento –le dijo acercándole el tazón.

Hasame sonrió. Era evidente que el joven se habia dedicado a instalarse y conseguir enseres para poner en orden ese lugar. Era innegable que buscaba un refugio para los dos. Aceptó el tazón de nuevo, inclinó la cabeza y empezó a darle un mordisco al pastelillo, el entremés le habia abierto el apetito.

-El regente…es el anciano monje con el cual estoy en entrenamiento.
-No te he visto estos días.
-En realidad, no estoy practicando con la espada…primero me esta enseñado algunos ejercicios de concentración y algunos hechizos. Luego participare en el resto de los entrenamientos…solo quiere ver que tanto sé.
-Ya veo. ¿Es difícil? Digo…no sé.
-Un poco…mi abuela me inicio en lo básico, ahora estoy afinando sus enseñanzas. ¿Y a ti, Okita…ya cubrió tus tobillos de moretones?
-jajajajaja. No aun no…pero lo intenta.
-¿Por qué le das motivos…? Haz estado distraído…te he visto.
-¿Me haz visto? ¿Dónde? –le dijo dejando el tazón vació, sentándose en el suelo, abriendo sus piernas y atrayendo al joven hacia así, en una posición que Ranmaru aprovechó para rodearlo con sus piernas a los lados, haciendo un contacto mas intimo, que ambos encontraron deliciosamente excitante, pero que dieron un respiro e intentaron concentrarse en otra cosa. Ranmaru en la tibieza de su piel y Hasame en el olor de su cuerpo.


****Estuvimos.
Y más allá de todo
hubo un algo suspendido
vibrando en dos silencios.

-En el dojo…se ve desde una de las galerías. Hace días te toco limpiar el piso…-le decía mientras sus delgadas manos jugaban con la tela de su ropa de dormir.
-Pues te enteras bien de lo que hago…- levantando su cara para verle.
-Si…un poco. Me he dado cuenta que Okita no te quita la vista de encima.
-Es un buen espadachín…muy habilidoso. Me ha corregido algunas cosas y … ¿Por qué esa carita?...-preguntó luego de verle hacer el mohín.
-Parece que te gusta.
-No puede dejar de negar su talento. Es un buen sensei….-le apartaba el cabello de la cara, olisqueándolo e introduciendo sus dedos por ellos.
-¿Solo eso?
-¡Claro que si ¡ ¿A que viene eso?
-Él te mira…de una forma.
-¡Podría ser mi padre!
-No lo es…es un hombre maduro. Solo tiene 36 años… ya lo averigüe.
-¡Pues tu tienes mucha curiosidad, por el sensei Okita! –le dijo en tono burlón y eso le gano un golpe en el pecho y que Ranmaru quisiera separarse de sus brazos…-¡Espera…espera! ¿Qué sucede?
-Tú le gustas. Por eso tiene ese trato contigo, por que…. –no terminó de reclamar, pro que la lengua de Hasame lamia su cuello, mientras con una mano le sostenia la nuca apretándole contra él. Su lengua empujó lentamente sobre sus labios, pidiendo permiso y hasta que no se le concedio no dejo de ceder. Hurgó con ella esa tibia boca, perfiló sus dientes y dio lamiditas a la otra lengua, hasta que terminó con un suave mordisco en el labio inferior de Ranmaru, que gimió ante la caricia y la forma tan dulce de hacerle ver que el ojiazul solo tenia manos para su cuello y su pecho, mientras que su boca solo le pertenecía a él.
-¿Estas celoso?...–le dijo una vez que le soltó, viéndole a los ojos.
-¿Tengo motivos?.
-No…Jamás….-y empezó a desabrochar el cinto de su bata, para tocar su pecho y llevar su boca a uno de sus pezones, dar una pequeña lamida y volvió a encararle cuando el gemido que salió de la boca del otro chico se vio resguardada por su propia mano para impedir, que seguramente gritara. Aquello le estaba excitando en demasía….-¿quieres que pare?..-le preguntó, sabiendo que para él era un suplicio detenerse.
-No…no…sigue ¿No me dejaras con media bata desarreglada?
-¿No debes volver? Notaran tu falta…-preguntó algo preocupado el ojiazul.
-Mi guardián es otro compañero, le he dormido con ciertas hojas mezcladas en su té.
-Bien….seguro eso también te lo enseñan, pero solo dormitaremos…recuérdalo.

Ranmaru se terminó de quitar la bata y ayudó a Hasame a quitarse la suya. Le llevó a las colchonetas y ambos se acurrucaron ahí. Acompasando el sonido de su respiración, oliendo su piel, abrazados frente a frente. Enredando sus piernas, sintiendo esa estorbosa tela de los pantaloncillos, buscando que frenara un poco su ansiedad. Aun no era su tiempo, pero ese roce era delicioso para ambos. El olor de durazno de su cuello una dulzura.


****La elocuencia de los ojos
el gesto de las manos
con pudor que adivino en su silencio.

-¿Te he dicho cuanto te quiero? –le dijo Hasame besando sus orejas.
-No…y me gustaría oírlo.
-Tanto…que me duele. Tanto que la única forma agradable es al compás de tu respiración. Tanto…
-…..que si me faltaras, no viviría y vagaría…..- continuó Ranmaru.
-una eternidad a tu lado….-siguió Hasame.
-Sea entonces….-y los labios del adonis atraparon la sedienta boca de su contrapartida, para acurrucarse luego en su pecho.

Ranmaru pensaba que dormir en los brazos de Hasame era una delicia. Entre ellos se sentía protegido, querido, extasiado y el sonsonete de su voz le arrullo y por solo unos segundos las brazas de la hornilla le recordaron sus sentimientos….eran igual de ardientes.