
Cáp.
9 El ligero roce de la noche
IX
La cabellera de los aromas del vino
El ligero roce de las mangas del kimono
La noche está poblada de talantes y silencios.
Las
montañas nubladas pronto hicieron honor a su nombre, cuando las
primeras ventiscas se soltaron, el agua nieve empezó a caer lentamente
sobre las hojas de pino y cuando el ligero estruendo de guijarros corriendo
laderas abajo se hizo evidente, el viejo sensei Tokomu agradeció
a Buda y algunos dioses menores por encontrarse en el valle, mientras
el templo Nishi-Honganji se aislaba se mundo por todo el temporal. Había
cumplido su encargo, sus aprendices estaban ya instalados y ahora solo
le quedaba el retorno a la casa de su señor Mitsuide.
Viajero
quisiera ser llamado.
Primer chubasco.
(Basho)
Los
nuevos aprendices se ajustaban poco a poco a las reglas del templo y mucho
antes de que el sol hiciera la perezosa insinuación de salir, un
pequeño bong se escuchaba, indicando la hora en que las actividades
iniciaban, con lo que empezaba el frenesí de ponerse todos de pie.
Dos bong para que estuvieran desayunando después de la limpieza
matinal; un tercer bong indicaba que debían presentarse a sus clases.
Para Hasame y sus dos compañeros de clan resultó una nueva
experiencia, donde no había privilegios pero si un alto sentido
del compañerismo, lo cual les facilito interpretar desde el significado
de los bongs hasta ubicarse más fácilmente en el templo.
A
Hasame la disciplina no le molestaba, estaba más que acostumbrado
a ella pero esos primeros días el mal humor se instaló en
él, por que solo vio a Ranmaru un par de veces y por corto tiempo,
en sus primeras clases, el chico no se presentaba. Fugazmente le descubrió
en la comida y como era común en Ranmaru no le digno ninguna mirada
especial. Eso era algo a lo que debía acostumbrarse, pero no era
nada fácil, ya bastante tenía que soportar con no dormir
a su lado.
-¡Mitsuide
¿le aburró tan pronto?!... - la voz de su nuevo sensei se
dejó escuchar y con la vara de bambú le dio en un tobillo,
pero el ojo celeste solo inclinó la cabeza en señal de asentimiento
y espero la orden….- hago un mejor bloqueo.
Hyozo Okita, no dejaba de mirar al joven, reconocía el porte y
la sutil forma de tomar la espada, el balanceo de su cadera para mantener
el adecuado centro de gravedad y la forma de deslizar el pie derecho recorriendo
suavemente sobre el suelo. Todo su cuerpo se encontraba en un impulso
de saltar y atacar, lo que fuera. Mantuvo al grupo que dirigía
más que entretenido y más de uno tenia sus gruesos trajes
humedecidos por el sudor, sin contar que también corría
por sus frentes.
-¡Suficiente
por hoy, retírense¡ Menos usted Mitsuide…. –gritó
y alcanzó a ver que el joven les indicaba a sus compañeros
seguir y que les alcanzaría mas tarde. Luego giró y se dirigió
hacia el sensei Okita, inclinando la cabeza…. - ¿Qué
sucede con usted? Solo un par de días y su concentración
esta en todo menos aquí.
-Estoy…adaptándome sensei.
-Bien….de 10 vueltas al dojo, adáptese a el….y limpiara
el piso ante de irse. ¿Alguna duda?
Hasame
negó con la cabeza, se inclinó en reverencia rapidamente,
ajustó su espada al cinto de su espalda fuertemente para que no
hiciera ningún movimiento extra y empezó a correr. Okita
sonrió, un samurai jamás dejaría su espada ni para
correr, pero había que aprender a sujetarla bien para que hiciera
el avance mas rápido. dejó al joven y se dirigió
a cenar, esperando que su alumno terminara antes de que las viandas se
levantaran, pero cuando le vio aparecer ya habían terminado, así
que por segunda vez en ese semana el joven se iba sin cenar. No le vio
quejarse cuando tomó entre sus mano la taza de té y seguir
a sus compañeros a sus aposentos,
Okita
no lo dudaba….el chico era una buena astilla, solo habia que encauzarle.
-Vaya,
parece que el sensei no te aprecia en nada…Mitsuide…-se reía
uno de sus compañeros cuando le vio llegar a sus barraca común
y elevaba la voz para que otros le siguiera el juego.
-Parece que estas agradeciéndomelo….-sonrió el aludido.
-¿Debería?
-Claro…así no llega su vara a tus piernas, por cada vez que
equivocas la kata.
-¿Insinúas que la practico mal? –le dice burlón.
-No…solo que te equivocas….-le respondió en un resoplido
intentando dar por terminado el asunto, girándose a buscar su colchoneta
y para su fortuna unos segundos después alguien mas se convertía
en objeto de atención y con ello Hasame miraba las paredes de piedra
y madera. Cerrando un poco los ojos para buscar descansar, desconsolado
porque en el comedor solo alcanzó ver el brillo de la cadenilla
de plata que se perdía en un pasillo de salida. Hoy tampoco parecía
que vería a Ranmaru.
****Lo vi. Nada me dijo.
Esperaba sus señales
atento y en silencio
y yo - con timidez-
Una
noche después de mucho pensarlo y dejar a sus compañeros
durmiendo, Hasame salió sigilosamente de su aposento, intentando
ubicarse y localizar la segunda planta donde dormían los aprendices
especiales.
-¡No
deberías andar por aquí….Hasame! –una mano retuvo
al joven, mientras lo pegaba a la pared y buscaba su cuello donde olió
el dulce olor a madera…y le sonrió.
-¡No te he visto en estos días…- y no le dejaron terminar
la frase cuando su boca fue cerrada dulcemente por unos labios húmedos,
los cuales lo disfrutó, pegando su cuerpo al del otro…quien
al sentir su calor le separó.
-Vuelve a tus aposentos. No son seguros los pasillos…yo te buscaré
pronto.
-Te he extrañado….
-Igual yo…-poniendo sus largos dedos en sus mejillas, rozando sus
labios, luego se separó un poco para buscar en el fajin de su kimono
y una pequeña hilaza de seda que acomodó en la muñeca
de Hasame….-la trence para ti, piensa que estoy a tu lado cuando
la veas. Ahora, regresa….-la vocecita se perdió en la oscuridad
y por un segundo el latido de un corazón se detuvo, mientras Hasame
buscaba el camino de retorno a sus aposentos.
Lo
que fuera que habia conseguido de Hasame se concentrara cabalmente en
sus entrenamientos en los siguientes días, era algo que el sensei
Okita agradecía. Ya fuera la limpieza del piso o que se quedaba
sin cenar, parecía que resultara. Le vio relajado, seguro y cuando
le vio terminar su kata no pudo menos que sonreír e inclinar levemente
la cabeza en señal de satisfacción y continuar su clase,
para repartir golpes con la vara de bambú a cualquier otro aprendiz
que le diera la menos provocación. Verle compartir la cena con
sus amigos era algo que disfrutó, sin saber por que verle así
le causo cierto hormigueo en el cuerpo, luego giró la vista hacia
cualquier otra parte para dejar que ese extraño sentimiento se
diluyera.
Pero solo lo lograba fugazmente.
La
soledad de su aposento era demasiado grande, aun cuando en ella solo se
encontrará sus mantas, algunas cosas personales y una mesa pequeña,
donde acuclillado escribía o leía. La austera vida militar
era algo que le habia hecho tener tan pocas cosas en su vida, por lo cual
era magro y parco. Su espada y su armadura estaban entre las cosas de
mayor valía en ese lugar, eso sin contar la gran habilidad que
tenía en sus manos.
Las
cuales esa noche estaban particularmente siendo diestras.
había
dejado el pergamino donde escribía un carta, la tinta y el papel
estaban a un lado, mientras la bata se encontraba abierta, mostrando su
cuerpo, delineado, marcado por el mismo ejercicio que imponía a
sus alumnos. Terminó de quitársela y el fulgor de la vela
proyecto en la pared una magnifica figura del guerrero. Okita mantenía
un magnifico tono muscular y bronceado que se balanceó rítmicamente
al iniciar una kata, donde sus fuertes piernas de deslizaban con elegancia
y fuerza, mientras sus brazos se tensaban en posición. No terminó
hasta sudar copiosamente y en el último movimiento casi gimió
de placer, esa era la forma en que liberaba su cuerpo de tensión.
<center>
<i>
**** En la oscuridad
solitaria la luna.
¡Presentimiento…!
</center>
</i>
Pero
esa noche, el ejercicio no parecía ser suficiente. Se acuclilló
mientras la respiración se acompasaba, se puso la bata de mala
gana y su mano empezó, primero, acariciarse su pecho como en un
descuido. Lentamente, bajando hasta su ombligo, como comprobando su posición
y en acto casi de dejadez, llevo su mano a su miembro. Como intentando
no pensar eso, como si al hacerlo fuera deshonroso o vergonzoso; como
si un guerrero no necesitara de tales cosas. Por un segundo, por un leve
segundo deseo algo mas, gimió….pero logro morderse un labio
para que un nombre no escapara.
–“Mitsuide”.
Cerró los ojos y de pronto una tibia sensación le invadió.
Podía sentir un calor en su entrepierna. La extraña sensación
de que unas manos se posaban en su cuerpo, que se deslizaban lentamente,
acariciando. Un ligero pellizco en un pezón le hizo necesario intentar
abrir los ojos de pronto, pero una extraña pesadez le invadía…era
mas placentera la sensación de esas manos.
!Que
no eran las suyas! Pero que eran tan diestras, tan tibias, tan fuertes.
Definitivamente no eran de mujer y eso le hizo abrir los ojos súbitamente.
No
supo si gritar…de placer o sorpresa. ¡Su alumno estaba a su
lado!
Con
una bata de seda, el cabello negro suelto que le llegaba ya al hombro.
Su piel aterciopelada y el intenso azul de sus ojos, que fue el detonante
para que dejara caer su cabeza hacia atrás y gimiera. Cuando una
boca húmeda lamía ansiosa y casi hambrienta su miembro que
estaba mas que adolorido y necesitado. ¡Esa boca era la gloria!
Con un lengua que lamía toda su extensión, mientras unas
manos hábiles masajeaba el resto de su virilidad y lo hacia con
tal presteza que le hizo perder la razón por unos segundos.
Segundos
después la puerta se abrió de improviso y la figura de Ranmaru
Osakura entró súbitamente. El tintineo de su cadena de plata
rompió el silencio que de pronto se instaló. Okita tenia
la mirada desorbitada, la impresión le secó la boca.
-¡Suéltale….te
mandare al infierno de donde vienes!...- siendo tan gutural el sonido
de su voz, que Okita no tuvo mas remedio que dejar de gemir. Ahora tenia
miedo, por que al voltear a quien tenia ahora entre sus piernas, su cabello
se transformo en verdoso, siendo tan largo que cubría su propia
desnudez, de piel gruesa donde su faz tenia una mueca lasciva y al verse
descubierto clavaba sus largas uñas en las caderas del sorprendido
sensei, quien gritará ahora de dolor, al sentir el corte del que
manaba un hilito de sangre.
Okita
dejó caer su cuerpo hacia un lado, mientras veía al joven
Osakura quien habia arrojado un gran puñado de chíncharos
rojos, con los cuales el “ser” se distrajo por unos segundos
por su sonido. Terminando de soltar al sorprendido guerrero, dándole
tiempo a arrojarle la larga cadena de plata sobre el cuello mientras su
voz se elevaba en una invocación, haciendo que el “ser”
aullara del dolor que le laceraba el cuello al contacto con la cadena.
Pero
el “kiang-si” resultó ser, no solo mas alto, sino fuerte
y tiraba del joven, mientras se arrastraba para arrinconarse a la pared
y una vez que la alcanzó, la fría piedra pareció
absorberle dejando que la cadena cayera al suelo, donde el sonido trajo
de vuelta a la realidad al asustado sensei.
****Tenue la luz
flameaba aún sus velos.
Miré… ¡no estaba!
Quizás
su vida militar le habia preparado para muchas cosas, pero nunca la extraña
experiencia de ser seducido por un “ser”, que casi en descuido
le hubiera consumido la vida, en cada quejido de placer. Okita simplemente
se arrastró, cubriéndose con la pieza de ropa que encontró.
Sorprendido por la cara inexpresiva de porcelana de Osakura que le veia
detenidamente, sopesando que hacer con él. Porque no sabia hasta
donde el chico habia visto y si sabia por lo menos que con quien habia
fantaseado era compañero de él. Si algo sabia, no lo dijo
en ese momento, solo le vio sacar una serie de sellos, arrojarlos a la
pared y luego encender incienso, recogiendo el puñado de chincharros,
acercándose a él y entregándoselos.
-Arrójelo,
lejos de si. Eso le distraerá, para que diera tiempo a huir, por
si volviera….-le dijo en una impersonal voz. Como si no fuera él
un alumno, quien le hablara a su sensei. En ese momento, Osakura era un
místico con mucho más autoridad en esos menesteres que un
militar que solo sabia usar la espada. La respiración entrecortada
que tenia, le hizo recordar que todo o algo de lo que habia escuchado
sobre ese templo debía ser verdad.
Osakura
salió rápidamente a los oscuros pasillos persiguiendo a
ese escurridizo ser que se habia instalado en el templo, presentándose
en la forma que algún desdichado quisiera poseer, dándole
unos segundos de placer para luego arrebatarles la vida en un sorbo. La
maldita bestia se escabullía raptando por las paredes, confundiéndose
con ella, huyendo de ese joven que ya le habia acorralado un par de veces
negándole alimentarse. El estar famélico le hizo cometer
una tontería, acercarse al dojo cubierto donde un joven se encontraba
en lo que parecía una ensoñación, con los ojos cerrados.
La bestia lamiéndose los labios se acercó……”una
presa”, pensó.
Pero
tarde se dio cuenta de su equivocación. El extraño joven
le sonrió al verle, con la sonrisa más cristalina y más
atrayente que hubiera visto nunca. Sin pensarlo más empezó
a transformarse en la nueva imagen que ese joven le indicaba que deseaba.
Con ese nuevo cuerpo se acercaba a él, notando que un hilo de sangre
se encontraba en la altura del pecho de ese cuerpo y el dolor lacerante
le sorprendió por unos segundos.
-Mala
idea. Tomar la forma de Uneme no te hará inmune a mi…. –y
una larga cadena le apresó un brazo y el terror ahora se instaló
en la bestia. ”Un espíritu atrapa espíritus”,
jalaba la cadena…..-yo sé que Uneme descansa ya. ¡Haz
profanado su recuerdo…maldita bestia!
Una
nueva cadena sujetó ahora el cuello de la bestia, seguida por una
ferviente invocación y la gruesa piel del “kiang-si”
empezó a pulverizarse lentamente hasta que ambas cadenas cayeron
sobre un montón de polvo verduzco, que se arremolinaba sin más.
Solo polvo que ya nada podía hacer una vez que Ranmaru cerró
el jarrón de cobre y puso un sello de papel que se fundió
sobre el metal.
-¡Lindo
truco, me ha gustado! –le dijo el espectro de Ukyo a su hermano
quien le miraba dulcemente.
-Para mi es un placer verte. Agradezco tu intervención…-su
corazón se sentía pleno con la presencia de su hermano.
-No es necesario que los persigas por los pasillos, usualmente ellos vienen
a ti….-le dijo guiñando un ojo y desvaneciéndose lentamente…-hasta
los vivos hacen eso….-su sonrisa fue un murmullo de nieve deslizándose
por los techos.
Al
día siguiente el regente informó al resto de monjes que
el “kiang-si” había sido contenido. Que sus restos
serian guardado en las profundidades del templo. Por unos segundos Okita
tuvo la idea que el regente comentaría algo sobre él, pero
al no hacerlo una extraña sensación de paz le invadió.
Su
secreto parecía a salvo o eso creía mientras sus ojos reparaban
en la mirada centellante de Osakura, que era lo único que esa cara
revelaba, por lo cual era mejor no perderle de vista.
Las
noches frías de invierno pueden hacer que mas leña sea puesta
a quemar, para dar calor al cuerpo. Más, si este cuerpo es viejo
y muchas guerras ha combatido.
Aunque tengas frió,
no te arrimes al fuego.
¡Oh Buda de nieve!
(Haijin)
Honda
Tadakatsu, miraba los leños quemarse, instalado ya en el palacio
imperial de Edo. Sus manos trazaban rápidos grafos sobre el pergamino,
donde escribía una poesía bajo el dibujo entintado de una
montaña, que le hacia pensar que tenia algo de parecido de las
nubladas donde el recinto de Nishi-Honganji salvaguardaba al joven Osakura.
Le
era difícil apartar esa belleza de su mente. Todo en el joven era
perfecto, desde el intenso caoba de su pelo hasta la lechosa piel que
se denotaba en los brazos y cuello….y el olor. Ese que emanaba dulzon
y embriagador de su pequeño cuerpecito.
En
momentos se torturaba con la idea de que el solo desearle era una ofensa,
pero en otras, desearle era lo que lo sostenía. Pocas cosas podía
ambicionar ya el viejo general. Demasiadas guerras. La tierra y las propiedades
ya no era su pasión. Quizás cabalgar, sentir el aire en
su cara, sentirse libre por horas, pero al llegar a cualquier lugar al
final de una jornada era para solo encontrar un futon vació…enorme
y frió.
Nunca
pensó en compartirlo después de la muerte de su mujer. Seria
una ofensa a su recuerdo. Pero hacia tanto frió dentro de las mantas
y últimamente solo el recuerdo de esos insolentes ojos y la porcelana
de su cara, le hacia sentir un calorcito que subía desde su pies
hasta su ombligo, que se instalaba placenteramente en su vientre y que
si buscaba un poco mas en sus recuerdos podía llegar hasta su pecho,
hasta hacerle dormir. Si….necesitaba a Ranmaru en su vida, en su
lecho…para compartir calor.
El
sonido proveniente de los pasillos le hizo volver a la realidad. Se encontraba
en el castillo Edo y las celebraciones por la llegada de los hijos del
sol continuaban. El periodo Edo estaba iniciando y sus hijos se preparaban
para continuar lo que su padre Tokugawa Ieyasu lograr. Una época
de paz después de tantas sangrientas y viscerales luchas.
Tokugawa
buscaba extender la cultura y que los mercaderes se sintieran tranquilos
y con ello la prosperidad del país se derrochara. Era por eso que
se organizaban diversiones donde nobles, comerciantes y el pueblo podía
disfrutar algunas horas de ocio.
En
particular , una enorme puesta teatral que ahora gozaban en el palacio.
En esa ocasión una pareja de actores llamaban poderosamente la
atención. Padre e hijo, Kan'ami y Zeami, quienes tenían
un gran dominio de la obra y la gente no podía dejar de admirarles.
Su representación era intensa, tanto como lo era la belleza de
Zeami, quien con sus 16 años gozaba ya del patrocinio de varios
mercaderes, lo cual beneficiaba a muchos. Entre ellos su padre quien solía
presentarlo a cuanto hombre acaudalado conocía. Sabedor de que
la belleza de su hijo aseguraría la vida de ambos y los vicios
de él. Así que una gran sonrisa se instaló en su
cara cuando el asistente personal del hijo del sol les informó
que tanto padre como hijo podían quedarse a continuar en las celebraciones,
ahora como espectadores.
Jiro
Tokugawa era el gemelo de mirada más lasciva que Zeami hubiera
visto. Aun cuando el hijo del sol era una copia de su hermano, el otro
se mantenía casi distante de las celebraciones. Su imperial cuerpo
estaba ahí, pero era evidente que su mente se encontraba en otro
lugar y nada parecía emocionarle. Mientras bebía con desgana
el vino y estaba seguro que no se encontraba a la hora que la función
de teatro se habia presentado.
Así
que Zeami dudaba que le reconociera, sin contar además que ya no
traía maquillaje en su cara pero si Soji Tokugawa no le miraba,
cosa distinta hacia el otro gemelo, ése simplemente le desnudaba
con la vista y descaradamente se relamía los labios cuando notaba
el rubor que subía por su cara. Jiro era diferente y casi dio un
grito de gusto cuando le informaron que les invitaban a quedarse en el
palacio y a participar en las celebraciones que ahora parecían
solo para algunos de los favoritos de los gemelos.
Cuando
el joven actor vio acercarse a uno de los hijos del sol supo por su mirada
de quien se trataba. Le sonrió tímidamente. Su padre no
se encontraba en ningún lugar, raramente le había dejado
ahí, no era lo usual. Siempre vigilaba a cualquiera que se acercara
a su hijo, pero decidió no angustiarse mucho, cuando notó
como Jiro le levantara la cara y atrapara su boca en forma lenta y hambrienta,
en un beso que le robó el aliento.
-¿Te
gustaría pasar la noche conmigo…? –le escuchó
susurrarle en un oído, mientras una de sus manos ya lo tenia asido
de su cintura.
Zeami
sintió que las piernas le flaqueaban y escucho un “si”
que salió de su boca y que no supo cuando fue, por que ya tenia
los labios ocupados por el ardiente hijo del sol.
Lejos de ahí.
En
las montañas nubladas un joven se movía inquieto en su manta.
La noche estaba mas que instalada en el horizonte y su cuerpo en vez de
dormir por el cansancio del entrenamiento del día, solo se encontraba
ansioso mientras sus dedos tocaban la hilaza de seda amarrada en su muñeca…deseando.
-Shhhuttt….-los
dedos delgaditos frente a sus labios…el tintineo de una cadena…
-Ven conmigo….-le dijo en un susurro y Hasame sonrió.....en
la oscuridad.
No
hizo ningún ruido, simplemente le siguió hasta que el fulgor
de la habitación, levemente iluminada con un par de cabos de velas,
le indicó que llegaron….seguía austera, pero ahora
estaba limpia y nuevas colchonetas sobre un pequeño tatami se veían
acomodadas donde antes un cama de paja estaba. También una pequeña
hornilla se encontraba en el fondo y en ella algo se calentaba.
-Ven
a tomar algo caliente, hace frió -y la bella figura de Ranmaru
se inclinó para servirle un gran tazón y se lo ofreció.
Hasame lo tomó, olió el agradable aroma, rozó lentamente
las orillas con sus dedos. Lo dejo a un lado, para luego abalanzarse sobre
el chico, de quien tenía sed pero de su boca.
*****La noche lenta
mágicamente azul
anuncia ensueños.
Ranmaru
se dejo hacer al sentir la tibieza de esos labios sobre los suyos, permitió
que esas manos se posaran en su cintura y que una de ellas subiera lentamente
por su espalda acariciándola, haciéndole sentir un tremendo
cosquilleo por todo su cuerpo, una descarga que saturaba sus poros con
la tremenda sensación de tener ese intenso olor de madera embriagándole,
llenando sus sentidos…tibiando su piel fría.
-¡Te
extrañe, me hiciste falta! Ranmaru, ¿Dónde estabas?...-le
susurraba una vez que tuvo la fuerza para soltar su boca y ponía
sus manos en su carita, dándole besitos en los parpados, la barbilla,
lamiendo su cuello e introduciendo su lengua en sus orejas.
-También yo.
-Pues bien que lo ocultas….-le dijo separándose poquito para
verle a los ojos, pero volviendo a abrazarle, oliendo su nuca. Pegando
su nariz a ella para reafirmar que el olor a duraznos era el inconfundible
y dio una pequeña mordida. Mucho le hubiera gustado dejar una marca
mas evidente, pero solo lamió un poco mas e intentó que
la cordura le llegará… -Cuéntame, que haz hecho?...-
le dijo tomando sus manos, apretándola contra su pecho.
-Promete que tomaras esto. No he conseguido todas estas galletas y dulces
para que se queden aquí….y te cuento –le dijo acercándole
el tazón.
Hasame
sonrió. Era evidente que el joven se habia dedicado a instalarse
y conseguir enseres para poner en orden ese lugar. Era innegable que buscaba
un refugio para los dos. Aceptó el tazón de nuevo, inclinó
la cabeza y empezó a darle un mordisco al pastelillo, el entremés
le habia abierto el apetito.
-El
regente…es el anciano monje con el cual estoy en entrenamiento.
-No te he visto estos días.
-En realidad, no estoy practicando con la espada…primero me esta
enseñado algunos ejercicios de concentración y algunos hechizos.
Luego participare en el resto de los entrenamientos…solo quiere
ver que tanto sé.
-Ya veo. ¿Es difícil? Digo…no sé.
-Un poco…mi abuela me inicio en lo básico, ahora estoy afinando
sus enseñanzas. ¿Y a ti, Okita…ya cubrió tus
tobillos de moretones?
-jajajajaja. No aun no…pero lo intenta.
-¿Por qué le das motivos…? Haz estado distraído…te
he visto.
-¿Me haz visto? ¿Dónde? –le dijo dejando el
tazón vació, sentándose en el suelo, abriendo sus
piernas y atrayendo al joven hacia así, en una posición
que Ranmaru aprovechó para rodearlo con sus piernas a los lados,
haciendo un contacto mas intimo, que ambos encontraron deliciosamente
excitante, pero que dieron un respiro e intentaron concentrarse en otra
cosa. Ranmaru en la tibieza de su piel y Hasame en el olor de su cuerpo.
****Estuvimos.
Y más allá de todo
hubo un algo suspendido
vibrando en dos silencios.
-En
el dojo…se ve desde una de las galerías. Hace días
te toco limpiar el piso…-le decía mientras sus delgadas manos
jugaban con la tela de su ropa de dormir.
-Pues te enteras bien de lo que hago…- levantando su cara para verle.
-Si…un poco. Me he dado cuenta que Okita no te quita la vista de
encima.
-Es un buen espadachín…muy habilidoso. Me ha corregido algunas
cosas y … ¿Por qué esa carita?...-preguntó
luego de verle hacer el mohín.
-Parece que te gusta.
-No puede dejar de negar su talento. Es un buen sensei….-le apartaba
el cabello de la cara, olisqueándolo e introduciendo sus dedos
por ellos.
-¿Solo eso?
-¡Claro que si ¡ ¿A que viene eso?
-Él te mira…de una forma.
-¡Podría ser mi padre!
-No lo es…es un hombre maduro. Solo tiene 36 años…
ya lo averigüe.
-¡Pues tu tienes mucha curiosidad, por el sensei Okita! –le
dijo en tono burlón y eso le gano un golpe en el pecho y que Ranmaru
quisiera separarse de sus brazos…-¡Espera…espera! ¿Qué
sucede?
-Tú le gustas. Por eso tiene ese trato contigo, por que….
–no terminó de reclamar, pro que la lengua de Hasame lamia
su cuello, mientras con una mano le sostenia la nuca apretándole
contra él. Su lengua empujó lentamente sobre sus labios,
pidiendo permiso y hasta que no se le concedio no dejo de ceder. Hurgó
con ella esa tibia boca, perfiló sus dientes y dio lamiditas a
la otra lengua, hasta que terminó con un suave mordisco en el labio
inferior de Ranmaru, que gimió ante la caricia y la forma tan dulce
de hacerle ver que el ojiazul solo tenia manos para su cuello y su pecho,
mientras que su boca solo le pertenecía a él.
-¿Estas celoso?...–le dijo una vez que le soltó, viéndole
a los ojos.
-¿Tengo motivos?.
-No…Jamás….-y empezó a desabrochar el cinto
de su bata, para tocar su pecho y llevar su boca a uno de sus pezones,
dar una pequeña lamida y volvió a encararle cuando el gemido
que salió de la boca del otro chico se vio resguardada por su propia
mano para impedir, que seguramente gritara. Aquello le estaba excitando
en demasía….-¿quieres que pare?..-le preguntó,
sabiendo que para él era un suplicio detenerse.
-No…no…sigue ¿No me dejaras con media bata desarreglada?
-¿No debes volver? Notaran tu falta…-preguntó algo
preocupado el ojiazul.
-Mi guardián es otro compañero, le he dormido con ciertas
hojas mezcladas en su té.
-Bien….seguro eso también te lo enseñan, pero solo
dormitaremos…recuérdalo.
Ranmaru
se terminó de quitar la bata y ayudó a Hasame a quitarse
la suya. Le llevó a las colchonetas y ambos se acurrucaron ahí.
Acompasando el sonido de su respiración, oliendo su piel, abrazados
frente a frente. Enredando sus piernas, sintiendo esa estorbosa tela de
los pantaloncillos, buscando que frenara un poco su ansiedad. Aun no era
su tiempo, pero ese roce era delicioso para ambos. El olor de durazno
de su cuello una dulzura.
****La elocuencia de los ojos
el gesto de las manos
con pudor que adivino en su silencio.
-¿Te
he dicho cuanto te quiero? –le dijo Hasame besando sus orejas.
-No…y me gustaría oírlo.
-Tanto…que me duele. Tanto que la única forma agradable es
al compás de tu respiración. Tanto…
-…..que si me faltaras, no viviría y vagaría…..-
continuó Ranmaru.
-una eternidad a tu lado….-siguió Hasame.
-Sea entonces….-y los labios del adonis atraparon la sedienta boca
de su contrapartida, para acurrucarse luego en su pecho.
Ranmaru
pensaba que dormir en los brazos de Hasame era una delicia. Entre ellos
se sentía protegido, querido, extasiado y el sonsonete de su voz
le arrullo y por solo unos segundos las brazas de la hornilla le recordaron
sus sentimientos….eran igual de ardientes.
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