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Atrapado entre dos guerreros Personajes
de la historia japonesa, se pertenecen asi mismos....aunque actualmente
sus nombre aparecen en el videojuego: Onimusha3. En la historia japonesa
Mori y Nobunaga son considerados amantes y su relación esta documentada
en las crónicas imperiales. Clasificación:
NC-17 Avisos: Relaciones de h/h. Violencia.
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Cap 1. Noches de espera
-Ranmaru,
ven al futon….hace frió. La voz de Nobunaga es un trueno que rompe la calma de la imperial habitación, rodeado de sedas, linos y jade, su fuerte figura se levanta sosteniéndose en un brazo, mientras que con el otro le indica a una grácil figura que se separé de la ventana, la cual cubierta en una gruesa manta se desliza cual bruma sobre un estanque….sin prisa. Ranmaru….el adonis, su cabello caoba, imitando las cortezas y la turbia savia de sus ojos haciéndole juego, solo son un marco para su cara. Una porcelana fina, templada a fuego y arena, modelado con delicadeza y fuerza de apariencia frágil, pero con el núcleo esparcido por todos sus poros……dándole equilibrio. -¿Qué
hacías en la ventana? El fuerte guerrero se levantó de entre las mantas, su cuerpo, desnudo, firme por las batallas, con marcas evidentes de ellas, tostado por el sol y sus cabellos ya con algunas canas, siendo la imagen misma de un guerrero eterno, fuerte y disciplinado. Orgulloso del trabajo y su mano templada en la espada y el arco, sus largas piernas solo dan un par de pasos para llegar ante el chico que se cubre con la manta a una distancia entre la ventana y el imperial futon, lo atrapa entre sus brazos y en ese momento se notó la diferencia de complexión y la estatura, Ranmaru le llegaba al pecho, donde el guerrero le abraza y levanta su cara para verle de cerca. Si no le conociera, por un ligero momento pensaría que es una doncella, una frágil figurita en una obra de teatro, si se maquillara el cuello….pero es solo una ilusión. Atrapado en sus brazos tiene al mejor espadachín a dos manos, el demonio blanco de la muerte…..el ibiz que vuela sobre el pantano donde horas antes lo ha devastado. Él mismo le ha visto pelear en batalla, no detenerse hasta que su kimono se ha desgarrado o simplemente cubierto de la sangre de otros, pero ahora lo tiene en sus brazos, de alas atadas. -¿Hay
algo afuera, que necesites?... –levanta su carita entre sus fuertes
manos, para ver el brillo de sus ojos, esos donde no puede ocultarle nada.
-Ven a las mantas –le dice, jalándolo hacia ellas. Nobunaga le conduce, se sienta sobre el amplio lecho y los cojines. Ranmaru sigue aferrado a la manta que le cubre, como si fuera lo único que entre el guerrero y su cuerpo se interpone, pero tan gruesa tela de nada le sirve cuando las fuertes manos se la arrebatan, exponiendo su cuerpo desnudo y los intensos ojos negros le miran, recorriéndole una vez más. Nunca se cansa de verle así, sin nada que cubriera su perfecta piel, ni su bello cuerpo. Es ahí donde se nota la figura admirablemente tallada que es, donde el trabajo con las espadas a marcado los tendones de sus brazos y su lampiño pecho, muestras a detalle cada juego de músculos, su estrecha cintura tiene como inicio un vientre plano y bien delineado, sostenido por 2 largas piernas, que remataban unas nalgas tersas, redondas…que ahora no veía, pero conocía bien. Cada línea de su piel la tenía memorizada, la deslizante curva de su cóccix, lo delgado de su cuello, su vientre liso, su espalda fina y aterciopelada…todo en él era una completa serenidad, bajo una noche sin estrellas. Vio su virilidad adormecida, resguardada en un fino mechón de vello y esa imagen le dejo sin aliento. Acercó presuroso su mano a su cadera para atraerle mas cerca, bajo sus rodillas al suelo para estar a una altura cómoda y sin mas empezó a pasar su lengua por ese pedacito de piel ahora encogido, donde al primer contacto con su sabor solo hizo que su lengua pidiera mas y su boca lo tragó. Ranmaru gimió ante la primera sensación de la lengua húmeda y su garganta no pudo ser detenida ante la maestría con la cual era prodigada su virilidad. Bajó por unos segundos su cara para constatar que el autor de tales caricias era Nobunaga, sonrió tristemente ante la ironía. Era Ranmaru Mori, quien tenía a sus pies a nada menos que al emperador…..Oda Nobunaga. Señor y terror de muchas tierras y hombres, un obsesionado samurai que, con todas sus fuerzas, ansiaba unificar Nipón bajo su brazo. Nadie y nada se había interpuesto en sus ambiciones, ni las traiciones sufridas por parte de sus propios familiares, los clanes rotos, las guerras que trajeron muerte, y destrucción. Nada, parecía detenerle y era capaz de cualquier método para llevar conseguir sus planes. El poderoso Oda, el demonio de las leyendas. Ése mismo que ahora estaba a sus pies…sujetándole suavemente de las caderas con sus fuertes manos, el mismo que ahora conjuga verbos en su viril piel. El mismo que le demando su presencia en la corte, quien exigió que se quedara a su servicio….él que no se conformo con una sutil negativa. Ni cuando se mencionó el hecho de que era un joven y humilde samurai, sin mas nobleza que su nombre, su espada, levemente mas bonito que el resto, le dijo en tono casual, sin darle importancia. Pero eso era todo…..o por lo menos eso era lo que creía Ranmaru, por que ni el mismo fue consciente del afecto devastador que su presencia conjuraba ante Oda. El chico se llevó la mano a la boca para que de ahí no escapara un nombre, uno que le desgarraba el pecho al recordarle, uno que le hacia pensar que había algo mas que las perfectas paredes del palacio de Nobunaga que ahora se erigía en Honnoji. Afuera estaban las montanas brumosas, los bosques de pino y las largas playas arenosas que podían recorrerse a caballo. Pero sobre todo….estaba Mitsuide.
Los días se han vueltos largos, espesos y nublados. Día tras día, estación tras estación. Pronto serán tres las que han pasado desde que Ranmaru cabalgaba, desde que su cabello era mecido por el viento y su cara se humedecía con el roció. Tanto tiempo…..hace tanto que casi ha olvidado la sensación del pasto húmedo debajo de sus pies o bañarse en los arroyos y cascadas, nada de eso tiene permitido. Ahora vive en un amplio, frió e inmenso castillo, aunque no puede negar que es esplendido. Tiene pajes y sirvientes quienes le bañan, le visten…preparan sus alimentos, cepillan su cabello, arreglan sus manos. Simplemente lo miman para que su cuerpo siempre este inmaculado para Nobunaga, se ríe de lo irónico de su vida en este momento. El joven y fiero guerrero es ahora una cortesana, por que el único servicio que él da al gran emperador esta en su lecho. Sus espadas, dagas, arco y caballo hace tiempo que no saben donde están ni su escudo, ni sus mallas, ni protectores. No conserva nada de su vida de guerrero, solo el recuerdo y pide a Kamisama que sus habilidades no se pierdan, por eso entrena a escondidas. De las pocas cosas que no le privan, es de papel, tinta y pincel, claro esta que todo lo que escribe se lo retienen, no se puede quedar con nada, ni enviar a nadie. Simplemente esta incomunicado. Ante tal situación, terminó por pintar paisaje en papel arroz, la mayoría eran montañas cercadas por bruma y con desfiladeros al mar y en realidad pintaba el mismo lugar desde diferentes ángulos, el lugar donde se encuentra la mansión de verano de Akeshi. El lugar donde lo hizo suyo, donde vivió, de donde fue arrancado una tarde, cabalgando por sus playas. Ha encontrado una forma de escribir, garabateando apretadamente en las orillas, en forma tal que parece un marco para la pintura. Aun así, no se arriesga, escribe solo poesía, sobre los paisajes brumosos y la arena cálida en sus pies, si escribiera sobre sus pensamientos, sobre sus deseos, sobre sus angustias. Nobunaga lo sabría inmediatamente. Todos ahí le vigilan, ha aprendido a no confiar en nadie, ni en el pequeño paje que sonríe y se inclina al verle. De nadie de esa corte, le envidian su lugar en el lecho del emperador. Gustosos haría cualquier cosa para que Nobunaga le lastimara, lo despreciara y lo alejara de él….cosa que no sucedió la ocasión anterior. Muy al contrario, la pequeña carta que escribiera al templo de Nohiji para pedir hablar con el monje y que enviara con una paje, solo le valió el disgusto de Nobunaga, volvió a desatar al demonio contenido en su interior, las bofetadas en su cara fueron poca cosa, comparada con la sufrida por la paje a quien mando flagelar delante de sus ojos. Tuvo que suplicar que detuvieran el castigo antes de que la torturen mas, nunca volvió a verla y desde esa ocasión, supo que no podía poner en riesgo a nadie más. Él era un preso de Nobunaga, no solo su cortesana….era un Ibiz en una jaula de oro y sus alas estaban apretadas a su cuerpo y los barrotes de la jaula lo oprimían. Solo la pintura había podido rescatarle de la ansiedad, la soledad y sobre todo, tener un lugar donde sus alas se batían poderosas sobre los grandes acantilados, donde podría deslizar sus pensamientos a su amado.
-¿De
nuevo en el lienzo? La pintura manchara tus manos. Su mejilla es cruzada por la fuerte mano de Nobunaga y el joven vuelve su cara furiosa y por un segundo un extraño brillo luce en sus ojos. Es un instante donde la tormenta es contenida y se acuclilla para extender sus brazos largamente en posición de clemencia, puede ser un guerrero, pero ahora es solo un vasallo de Nobunaga y éste es el emperador. -No hagas eso…no me gusta que te inclines así, ante mi….-Nobunaga le levanta y su mano que antes le golpeara ahora acaricia suavemente su cara y con sus labios cubre su mejilla….-Ranmaru ¿Por qué me provocas? –y tiernos besos deposita en ellos y sus labios….-Dime que quieres…y te lo daré, menos cabalgar….anda dime. Los ojos del chico se abren sin prisa, sabe que hacerlo molestar de nada le servirá pero de seguir así sus alas se romperán para siempre y nunca podrá volar. -Déjame acompañarte…déjame ser útil. Puedo ser más que….que tu am-amante. Se escribir, leer y manejo el ábaco. Te aseguro, que no lastimare mis manos con eso. La mirada de Nobunaga es elocuente, arquea sus cejas ante la proposición. -Bien….podrás
asistir a algunas de las consultas, mandare al escribano para que te explique
el funcionamiento de la corte y sus leyes ¿Satisfecho?
El silencio se instaló en el recinto y ninguno de los capitanes hizo algún sonido, esperarían a que el enfado del emperador cediera…. -Corten los suministros de víveres y agua, el castillo depende del villerio…..-el joven Ranmaru comentó en voz baja, pero ante el silencio de salón pareció que gritaba. Cuando notó lo que hizo, guardó silencio de nuevo y volvió a poner sus manos en su regazo, apretando la tela de su kimono. No le estaba permitido hablar en dichas reuniones, era solo un aprendiz de escribano que se había excedido en sus funciones y todas las vistas se postraron en él…y pudo escuchar junto a los pasos de Nobunaga caminando a su encuentro, las risitas de algunos capitanes. El emperador se puso a un lado suyo y ante eso Ranmaru se inclinó, estiró sus manos y tocó el pliegue del fino kimono de seda y la beso. No podía levantar la vista ante el emperador enfrente de la corte, nadie podía hacerlo si el mismo no lo permitía. Escuchó que el emperador mandaba desalojar el recinto, indicándole quedarse, nadie se detuvo a ver como lo levantaba del suelo, le cruzaba una vez mas la mejilla y le arrojaba de nuevo a la pulida duela. -¡No vuelvas a levantar la voz cuando no se te ha solicitado, recuerda tu lugar! Sal de mi presencia….regresa a tus aposentos….y no salgas hasta que te lo indique.
-Levántate,
haz que ten un baño y descansa. Mañana estarás de
nuevo en la corte…te asignaran una capitanía.
-¿Sigues
molesto? Ya me disculpe….de varias maneras. Ven Ranmaru, no sigas
así. Tienes días que no comes bien. ¿No pensaras
dejarte consumir por una tontería?
Una estación llego de nuevo, los flores de cerezo caían al suelo y la brisa se instalaba lentamente. Un otoño más y un cambio de aire súbito que entro rápido y sin concesiones, tan aplastante que azotó las paredes de la montaña y fue percibido cuando entró lentamente por la ventana, moviendo los cortinajes. Ranmaru se levantó del lecho, separándose lentamente del brazo de Nobunaga que siempre le sujetaba de las caderas, se liberó de su abrazo y se puso la bata. Caminó hacia la ventana, sintiendo una brisa conocida, era salada, húmeda, marina……llenó sus pulmones de ese aire conocido.
-Te
mojaras y enfermaras…..-Nobunaga a su lado, le cubría con
una manta…- Ven Pero ahora el embeleso tiene otro motivo, hay un dulce brillo en esos ojos. Uno que no había visto antes, hay lujuria en su mirada. Ya no hay miedo y la forma en que se entrega esa noche le hace ver que le ha conquistado….por fin. Después tanto tiempo, Ranmaru se entrega a él. Le ha dado sus dedos para humedecerlos en su boca, lo ha dilatado increíblemente y cuando se encuentra más excitado se acomoda en su virilidad y entre gemidos se mueve sobre su cuerpo, le ve bañado en sudor…….a suplicado por más y sus manos han movido sus caderas al compás que el chico gime. -¡Nobunaga¡…-
grita de placer su nombre. La intensa descarga la alcanzaron juntos…..gritando sus nombres a la par. -¿Oda?
Seis hombres a galope y una mujer. Esa fue la idea inicial que un vigilante del clan Tadakatsu vio adentrarse al bosque, sus ojos se abrieron mucho cuando constató que la figura más delicada era un hombre, con el cabello caoba trenzado, seguido a distancia prudente por los otros. Aunque la ropa era extremadamente fina, indiscutiblemente cabalgaba a la usanza de guerrero a caballo y no le quedo duda cuando le vio levantar las caderas sobre el lomo del caballo en la común forma de usar el arco. Empezó un silbido apagado, parecido a una avecilla y minutos después dos hombres mas se acurrucaban junto a él. Mas tarde el mismo Honda Tadakatsu estaba con ellos, inclinó la cabeza al confirmar la identidad de jinete. -Solo tendremos esta oportunidad…o nos corta la cabeza Nobunaga o Mitsuide. Muévanse, que no queden testigos. Los jinetes habían desmontado para dejar descansar a los caballos y caminaban a un lado de ellos. No supieron ni como empezó una batalla silenciosa, las flechas volaron sin piedad y fue más la acción sorpresiva. Un rápido movimiento de espada de varios guerreros. Ranmaru tomó la primera hoja de metal que encontró a su paso de un soldado tirado, ninguno de los atacantes le prestaba atención. La acción era contra la guardia o eso pensó hasta que después de que uno de los guardias salio huyendo herido sobre el lomo del caballo con destino al castillo, le dejo solo en medio del bosque a merced de esos asaltantes ¿Qué otra cosa podrían ser? no tenían ningún emblema y su uniforme oscuro no tenia ningún bordado. Ranmaru levantó su espada, no sabían con quien se habían topado. Aunque claro, tenia meses sin tomar una espada real en sus manos pero el peso del metal le resultó tan agradable y sonrió cuando la blandió. Desquitaría con alguien sus meses de encierro. -¿Pelearas contra mi….Mori? Una voz que reconoció, bajo la espada….y sonrió. -Tadakatsu,
no pensé que me alegraría de ver tus cejas. El viaje fue largo, pero fue un suspiro comparado con los meses de ausencia. Con caballos frescos el camino se hizo mas ligero, casi no durmió. Quería alejarse, salir de los territorios de Nobunaga, antes que la tormenta se abalanzara sobre todos ellos. Cuando divisó el campamento la cara se le iluminó, fue la imagen mas sublime que pudiera ver. Los banderines del clan Mitsuide….azul y plata. Nada lleno tanto sus sentidos como entrar a la tienda, ver cosas conocidas......quizás lo único que le desilusionó un poco fue que el jefe del clan no estaba. También había salido a buscarle, pero lo esperaban de vuelta por la mañana.
-¡mi
señor! Akeshi. A toda respuesta recibió los labios hambrientos de Akeshi sobre los suyos, sus manos en su pecho, rodeando sus pequeños pezones, apretándolos suavemente antes de devorarlos….eran su punto mas sensible y las hábiles manos del general lo sabían. Le vio arquear la espalda y con ello empezó un rápido forcejeo por retirarse la ropa. Ranmaru no estaba pasivo…no más. Se movía ansioso…necesitado, ese era el hombre que lo desquiciaba, que le hacia volar por los cielos….junto con él. Escuchaban los gritos afuera, empezarían a mover el campamento a la brevedad. Pero dentro de esa tienda el tiempo tendría que detenerse lo suficiente para que la dilatada estrechez de Ranmaru cediera….lo necesario para que una mano hábil lo estimulara al mismo ritmo de las caderas de Akeshi, quien llevaba el control, el mismo que perdió cuando el mas joven giró sobre su cuerpo para subir sobre el firme cuerpo del general. -Cabálgame Ranmaru…este corcel ha estado sin dueño. Esa petición fue el detonante y toda la lujuria contenida escapo de la jaula, desplegó sus alas sin importarte que estuvieran húmedas y sin más….se dejo consumir. Entrando suavemente, esperando a que dueño se acostumbrara a su presencia…pero Akeshi le necesitaba demasiado para esperar eso, lo tomó de las caderas y le obligó a deslizarse dentro de sus entrañas y ambos gritaron ante la sensación de unión, pero fue el general quien dejo que fuera su guerrero el que le indicara el ritmo. -Te
amo Ranmaru, siempre….lo haré. No hubo hombre ni mujer….en
tu lecho. Ése que te espera en nuestro castillo. Su grito se confundió con el bullicio del exterior y la voz de Honda en la entrada. -¡Mitsuide….estamos
listos! Minutos después un pequeño y compacto grupo de movía rapidamente por las planicies. Dos jinetes, muy cercanos se veia a reojo, ambos sonriendo por recuperarse uno al otro. Uno por recobrar a su amor, el otro por que además reconquistaba su libertad. -Debemos llegar al puente colgante, eso nos dará una oportunidad….-gritó Akeshi y todos asintieron. Miraban al cielo, los primeros nubarrones ya se habían formado y la furia de Oda Nobunaga podía alcanzarles antes de cubrirse, pero como fuera, morirían libres….solo atrapados por su amor.
Imagenes de los protagonistas, segun Onimusha3.
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Desclaimer: CC. Hilandera
no tiene nada que ver con el video Onimusha3, esto es solo diversion personal
y el material esta disponible en web. |