Clasificación:
NC-17 Avisos: Relaciones de h/h. Violencia y muertes de protagonistas
|
Cap 2 El final del camino.
Un militar herido esperaba antesala para ser recibio por el emperador. Aguardaba impaciente, le habían hecho algunas curaciones apresuradas y no se encontraba nada presentable, no era la forma para estar en la presencia del emperador y la angustia se instaló en él al escuchar los pasos apresurados. Vio entrar al recinto a otros integrantes de la guardia imperial, otros guerreros y nobles que siempre estaban rodeando a soberano, el cual entró causando un gran estrépito para dirigir toda su furiosa atención a su postrado cuerpo. -¡Explícate! ¿Qué ha sucedido?.....-su voz hizo trueno en el recinto y aun cuando ya le conocía el temperamento, nunca espero el día que le fuera dirigida a su persona, por la pérdida de algo. Aunque era verdad que nunca había perdido algo tan valioso para su amo. Le vio sentarse, contenerse, aunque su apariencia fuera de un dragón a punto de arrojar fuego por las fauces. Bajo su vista hasta el suelo, desde donde le narró todo lo que recordaba: la cabalgata, el paseo al bosque a pie y el súbito ataque. No. no había podido identificar a nadie, le dijo. Fue herido e hizo todo lo posible para buscar ayuda. Si. Había dejado a Mori detrás, pero pensaba que le alcanzaría por que tenía una espada y un caballo. No...no le vio seguirle..…posiblemente le capturaron. ¿Qué había hecho para detener aquello? Usar su espada, luego de salir herido, buscar ayuda. Cuando volvieron no encontraron al favorito del emperador…solo sus ropas. No dijo mas cuando vio levemente la figura del emperador levantarse. -¡Muéstrame
tu espada! –le gritó el soberano y sin pensarlo la sacó
del cinto y pensaba dársela por la empuñadura, pero el arma
no fue aceptada…-¿Así que huiste, dejando lo mas preciado
para mi….abandonado? Le vio girar, ignorándolo y solo supo que tenía que redimirse ante su señor, por lo que guardó su espada dentro de si mismo en un certero movimiento, sin ningún grito. Solo inclinando su cuerpo laxo en una ultima inclinación de respeto y su cuerpo fue retirado sin vacilación y la sangre derramada limpiada con su propia ropa. Nobunaga ni se inmutó, caminaba como dragón enjaulado, con las fauces y las garras crispadas. Tanto le había prohibido cabalgar y en ese acto se lo habían arrebatado. Tenía las venas del cuello saltadas y la sangre en las sienes, pulsando, buscando calmarse se agitó en su asiento y eso causo terror en el resto de la comitiva en el recinto. Pero para su sorpresa, el dragón no les quemó con el fuego de su fauces, pero les dejó la clara amenaza que lo haría. -¡He perdido algo! Lo quiero de vuelta…sano y sin un rasguño. Quien lo tenga retenido, pagará con su vida y la de su familia, reduciré a cenizas donde le escondan y no quedara ni las ratas para constatarlo. ¿Eh sido claro? Un grito sonoro se escuchó y varios de los capitanes salieron para organizar la búsqueda. El emperador volvió a sentarse totalmente apesadumbrado. Giró su vista a uno de sus principales consejeros y éste se movió rapidamente hacia él, asintió al escuchar su pedido. Quería que le llevasen la ropa que habían encontrado de Mori en el bosque. Cerró lo ojos levemente cuando el consejero le dijo que no habia muestras de sangre o rasgaduras…estaban intactas
Despachó el resto de la comitiva una vez que terminó de delegar las actividades del día y se negó a ver más asuntos de estado. Se retiró cuando un dolor de cabeza se instaló en su sien y le impedía pensar claramente. Solo deseaba en tomar su espada y cortarle la cabeza a alguien….al caballerango, al capitán de guardia !A quien fuera responsable! Alguien tenia que pagar por que ahora no tenia a Ranmaru con él, por que no lo habia cuidado como se debía….como una prolongación de su persona. Se levantó de pronto dejando a sus súbditos postrados, luego giró de nuevo al recinto, en total amenaza a esos rostros a medio levantar. -¡Un solo rumor…de que alguien disfruta la pérdida de mi bien….y ni siquiera tendrán tiempo de saber quien limpia su sangre de la duela! – les señaló con el dedo y su cara adquirió el aspecto de una fría piedra de desfiladero, amenazando con caer sobre tu cuello y rompérselos. El silencio se hizo, nadie se arriesgaría. Cualquiera era susceptible, nadie estaba a salvo y por unos segundos todos rezaron para que el favorito del emperador volviera y ocupara su lugar. Pero tal deseo era ahora algo que no se les daría tan fácilmente, como se darían cuenta mas tarde. Nobunaga azotó las puertas de sus aposentos. Sus criados fueron a él inmediatamente, solícitos a quitarle los atuendos mas rígidos y una voz que le indicaba que el baño estaba listo. Pero no escuchó nada, fue directo a su lecho donde habían puesto el kimono que habia encontrado en el bosque, delicadamente acomodado sobre las mantas de seda. Por unos segundos llegó a pensar que el chico estaba recostado sobre ellas, esperándole. Lo tomó en sus manos, acariciando la bella textura que le pareció tan agradable, como su aterciopelada cintura. Aun conservaba el olor y la estrujó contra su pecho.
La noticia corrió como fuego en pastizales secos y un negro humo cubrió el cielo por días. Los rumores indicaban que Mitsuide y un pequeño grupo habia sido visto en las inmediaciones de las tierras de Nobunaga y que se movilizaban rapidamente a las montañas nubladas. Los rumores también gritaban que el gran guerrero tenía a su servicio al valiente general del sur, el intrépido Tadakatsu. La voz de uno de capitanes encargados de la búsqueda se detuvo de pronto, ante la mirada asesina que vio en el emperador… -¡Continua! La voz se retiró de su alma, porque una daga le atravesó la garganta y no tuvo tiempo de poner en orden sus asuntos con Kamisama. El resto de los concejales y la comitiva del palacio guardaron silencio. Un silencio que helo el recinto por horas y que no les abandono, ni cuando el emperador se retiró sin decir algo. Nada dijeron, por alguna razón tenían una entrañable y sana cobardía.
Una vez que el emperador salio, uno de sus generales inicio la movilización. Se debían cerrar los pasos y el pequeño grupo sin demora. Sin importar hombres ni recursos. Si alcanzaban las montañas, los pasos se cerrarían y no les alcanzarían hasta el deshielo y como si la mala suerte persiguiera a pequeño ejercito que se movilizó, una gran tormenta les frenó el paso a las faldas de la ladera, debiéndose conformar con ver pasar a los fugitivos por el paso colgante y ser tragados por la montaña. -Los
heraldos….los heraldos...-balbuceaba el concejal…- avisan
que…. Un estrépito y la copa con vino fueron arrojados al suelo donde el purpúreo líquido se regó por la duela, presagiando nada bueno para nadie. A partir de ahí, el terror se instaló en el palacio y el silencio se hizo presente. Si antes se habia caracterizado por el bullicio, ahora era un tumba, donde Nobunaga reinaba sobre fantasmales servidores temerosos mas allá, si fuera posible de ofenderle. Solo había pasado una semana desde la partida del favorito y las cosas no pintaba nada bien y menos si estaba involucrado Mitsuide. El emperador se agitaba como fiera herida, lastimada en su orgullo y con las garras expuestas por que no solo le arrebata a Ranmaru, sino que se atrevía a desafiarlo. Llegó a sus aposentos y ni el baño pudo calmarle. Alejó a todos de su presencia y entró al solitario lecho, donde el olor de Ranmaru casi desaparecía, donde se concentraba levemente en el kimono que ahora estaba colgado en una percha cerca del lecho. Se acercó a la pieza de ropa con delicadeza, rozando con una de sus fuertes manos la delicada tela de seda. El bello brocado de oro que tenía hilado unas bellas grullas en el faldón, volando delicadamente sobre un humedal. Su bella ibiz que no se manchaba el plumaje. acercó su mejilla para sentir el contacto con la tela y la fragancia de durazno le llego de pronto y un súbito calor nacido de sus entrañas, emergiendo de su dolor, brotando de su pecho, le invadió poderosamente la ansiedad. Esa que había contenido en esos días de ausencia ante la idea de que en cualquier momento tendría a Ranmaru en sus brazos. La angustia le invadió. Estaba fuera de su alcance hasta el deshielo…difícilmente podrían atravesar la montaña. La naturaleza era obstinada y contra ella no habia podía ganar. Era algo que como guerrero se habia tenido que tragar el orgullo. Se arrodilló ante el bello kimono, con una mano deslizando suavemente su delicada forma, mientras que con la otra su mano acariciaba su pecho, ansioso, imaginando, deseando….que esa mano fuera otra, que en realidad fueran los labios de Ranmaru en su pecho, bajando hasta su ombligo, como lo recordaba la ultima noche que le amara. Por que si, Ranmaru le había amado. La época de la posesión habia cedido para dar paso a la lujuria y el deseo por parte del chico o eso creía. Entre más lo pensaba mas se excitaba y no pudo detenerse, su mano buscó consuelo a su atormentada virilidad, avergonzado ante tal situación. Él, el gran emperador satisfaciéndose en soledad, cuando sabia que solo tenia que gritar por compañía y el lecho seria invadido. Siguió con su frenética caricia, rabiosa, necesitada, por demás angustiosa, que solo fue concluida con un grito lastimero, de fiera herida en su amor propio, con la cabeza apoyada sobre el kimono buscando guardar el delicado aroma que se escapa.
Como dragón herido dispuesto a mostrar las garras para defender su tesoro Nobunaga voló sobre el cielo para buscar la forma de atraer a su presa. -¿Se
han restablecido ya las pláticas con los clanes de Tango y Hatano? Dos meses habían pasado, guardando su frustración y sacando el frió temple con el cual le conocían sus súbditos y capitanes. Si alguien pensó que se derrumbaría por la pérdida del favorito. Le conocían muy poco y tan escaso era su conocimiento de su emperador, que cuando este entró a sus aposentos se sorprendió muchísimo de la pequeña figura que estaba ahí entre el resto de su servidumbre. Un chico de linda cara, que tenia la culpa reflejada en ella y que sobresalía entre la mujeres que se encargaban del baño y los menesteres del emperador y sus rasgos no le eran desconocidos, -¿Quién
eres?-musitó mientras le ponían un nuevo atuendo. El chiquillo salió sin esperar más y minutos después tenia ante sus pies al padre del chico, con gruesas gotas de sudor perlándole la frente. -¡
¿Así que te burlas de mi?!
Los heraldos partieron y las puestas de sol sucedieron una a otra hasta que dieron paso a nuevos eventos. Ranmaru estaba imperturbable como era común en él y pocos podían decir que en esa hermosa figura bullía un sin fin de angustias al ver a Akechi leyendo. Su capitán y amigo más cercano se encontraban ahí y la vista fija en los pergaminos imperiales era algo que tenia a todos acongojados, hasta que la vista del jefe del Clan se fijo en ellos. -Notifica
que deben terminarse las negociaciones con el Clan Hatano. Aun después de que Honda se retirara de los aposentos de Mitsuide este seguía con la mirada perdida en el horizonte y no fue hasta que la mano de Ranmaru en su hombro le hizo girar. -¿Qué
piensas? ¿No partirás… verdad? Si alguna duda tenia Akeshi sobre los sentimientos de Ranmaru hacia él, fueron disipados tan rapidamente como llegaron y sus húmedos labios fueron el contrato con el cual sellaron su decisión y el calor de su cuerpo fue el pergamino donde escribieron cada uno de las cláusulas para formalizarlo.
-“Nada personal Hatano. Solo eres el medio para recobrar un bien….uno muy querido”. Cuando Mitsuide llego al punto de reunión…solo encontró los restos de lo que fuera el Clan Hatano. Bajo de su caballo y junto a Honda se encargaron del recuento de los daños y el pergamino clavado en el pecho de Hatano le indico que era muchos. A medio día de camino, aun en el valle, un solitario y fastuoso campamento de levantaba….con los emblemas imperiales. -Ya
revisamos. Solo esta ese campamento. No hay guardias extras…el camino
esta libre. El clan Hatano y Tango habían confiado en su palabra, ahora con la muerte de Hatano, esta se encontraba en entredicho…-esperen aquí, hablare con él…-dijo al grupo que le acompañaba y detuvo el caballo cuando otra figura intentaba moverse…-¡tu te quedas aquí…y no discutirás mis ordenes! Giró en redondo y su corcel no se detuvo hasta llegar a campamento y la guardia abrirle paso al reconocerle. -¡Mitsuide.
Que placer verte! La espada blandida de Nobunaga hizo que Mitsuide guardara silencio….pero su mano estaba en su cinto. -Te daré una oportunidad….si al caer la noche, Ranmaru no esta en esta tienda, listo para partir conmigo, vas a llorar algo más que tu honor de samurai. Ahora…ve por él. Si Nobunaga pensó que una amenaza rendiría al guerrero, se equivoco. Cuando vio llegar la madrugada y su guardia le confirmó que la escolta y leales de Mitsuide habían partido, un grito solitario llenó el valle y el dragón seria desatado.
Un nuevo grito se escuchó en la lejanía y las montañas nubladas no pudieron sofocar el intenso dolor que el guerrero recibio al saber la muerte de su madre. Si se había preparado para un ataque frontal contra su persona, sus propiedades o su orgullo militar, nada lo preparó para la pérdida de su ser mas amado .y las lágrimas que vertió en el pecho de Ranmaru fue un dolor compartido. Uno que duro por días, sin poder comprender como la furia de un hombre podía consumir. Eso fue el inicio de una confrontación, que nada tuvo de silenciosa, donde Nobunaga utilizó todo su poder, su destreza para desafiar a los Shogunes para aplastar a Mitsuide, pero un pequeño error de cálculo no fue previsto, cuando los otros señores feudales utilizarían al mismo Mitsuide para ponerle una atadura. Una brumosa mañana, después de diversas peleas encarnizadas, escaramuzas y refriegas, un compacto y numeroso grupo armado atacaría la fortaleza del conquistador. En un ataque por demás sorprendente cuando este se encontraba reducido después de dirigir sus ataques a nuevos clanes.
En eso tuvo toda la razón. Mori dirigió la estrategia contra el castillo, ese que le habia retenido, donde su alas fueron apresadas y su cuerpo vilmente usado. Si algún día llegó a sentirse como cortesana y la ramera de Nobunaga, ese esos días terminaron cuando huyo de ahí para retornar a Mitsuide, quien no solo reconfortó sus alas, acarició su espíritu y le dejo volar alto, en sus brazos….en su cuerpo. Le debía demasiadas cosas a Akechi. Su amor, su libertad…la cual habia estado en juego por mucho tiempo después por el acoso de Nobunaga, quien buscó cercarlos. Pero un error de cálculo del emperador habia propiciado una guerra civil para derrocarlo y tanto Mitsuide como él eran los encargados de destruir la época de terror que un villano tenia instalado, en un deseo ferviente de unir al país solo lo desangraba. El palacio ofreció resistencia, pero tener a alguien que conocía desde dentro el castillo se volvió vital y cuando era evidente que tenía a su merced el majestuoso edificio, aun hacia falta el propietario del lugar, el cual estaban seguros debería estar ahí. Ranmaru ya tenía su kimono manchado de sangre que no era suya y cuando llegó a los aposentos imperiales una fuerte congoja de fastidio mostró una mueca de desprecio por las habitaciones por las cuales vagara desconsoladamente cuando fuera obligado a permanecer en ellas. Como imágenes rápidas y dolorosas, de una época en la cual su espíritu pareció que seria doblegado, los objetos fueron presentándose uno a uno y constato con dolor como parecía que el tiempo no hubiera pasado. Vio hasta el kimono que usará la última vez colgado en una percha junto al lecho y cerca de él a Nobunaga….vencido, con la faz demacrada y la mirada casi vacía y eso le enfureció. -¡Deberías
estar defendiendo tu castillo! –le gritó. Nobunaga se arrodilló, abrió su casaca y sin esperar mas introdujo su larga daga en su vientre e hizo un par de cortes profundos….sin ningún sonido de dolor. Solo un vació en sus ojos. -Pen…pensé….que….un día me amaste. Llegué a pensarlo….-y gruesas lagrimas rodaron por el antes impasible rostro del fiero guerrero….-haz rodar mi cabeza….por el amor que te tengo…no me dejes así. Ranmaru miraba impasible la escena y a su mente llegaron las imágenes de una noche de lluvia…su cuerpo ardiendo de deseo, con la lujuria instalada en su cuerpo, en la de su captor. En recuerdo de eso se acercó, levantó la cara de Nobunaga y le acercó sus labios, los cuales marcaron un rictus de dolor un segundo después. A un costado, la larga cuchilla de Nobunaga lo atravesó. La confusión le llenó lo sentidos y de sangre se cubrió su mano, intentando cerrar la herida, pero solo alcanzó a ver pasar a un lado la figura de Mitsuide quien con su katana cortaba a tajo al emperador y girara a sostener su cuerpo amado. Ese día, 21 de junio, Akeshi Mitsuide perdió el amor de Ranmaru Mori en la toma del castillo de Honnoji, cuando ambos en un desesperado ataque liberaron a una nación de un villano, para tener ellos la libertad de amarse sin su acoso. Salvo que ninguno de los dos vivió lo suficiente para ver en libertad ese amor. Akeshi Mitsuide murió, poco tiempo después, por sus propias manos en el campo de batalla, dejando a sus espaldas una serie de misteriosos poemas y un pasado lleno de tristeza.
FIN
Interesado en historias japonesas del mismo tipo? Click en la figura para conocer sobre la "bella senda".....
|