Clasificación: NC-17
Pareja (s): Mitsuhide Akechi x Ranmaru Mori y Nobunaga Oda x Ranmaru Mori.

Avisos: Relaciones de h/h. Violencia y muertes de protagonistas

 

 

Cap 2 El final del camino.

 

Un militar herido esperaba antesala para ser recibio por el emperador. Aguardaba impaciente, le habían hecho algunas curaciones apresuradas y no se encontraba nada presentable, no era la forma para estar en la presencia del emperador y la angustia se instaló en él al escuchar los pasos apresurados. Vio entrar al recinto a otros integrantes de la guardia imperial, otros guerreros y nobles que siempre estaban rodeando a soberano, el cual entró causando un gran estrépito para dirigir toda su furiosa atención a su postrado cuerpo.

-¡Explícate! ¿Qué ha sucedido?.....-su voz hizo trueno en el recinto y aun cuando ya le conocía el temperamento, nunca espero el día que le fuera dirigida a su persona, por la pérdida de algo. Aunque era verdad que nunca había perdido algo tan valioso para su amo. Le vio sentarse, contenerse, aunque su apariencia fuera de un dragón a punto de arrojar fuego por las fauces. Bajo su vista hasta el suelo, desde donde le narró todo lo que recordaba: la cabalgata, el paseo al bosque a pie y el súbito ataque.

No. no había podido identificar a nadie, le dijo. Fue herido e hizo todo lo posible para buscar ayuda. Si. Había dejado a Mori detrás, pero pensaba que le alcanzaría por que tenía una espada y un caballo. No...no le vio seguirle..…posiblemente le capturaron. ¿Qué había hecho para detener aquello? Usar su espada, luego de salir herido, buscar ayuda. Cuando volvieron no encontraron al favorito del emperador…solo sus ropas.

No dijo mas cuando vio levemente la figura del emperador levantarse.

-¡Muéstrame tu espada! –le gritó el soberano y sin pensarlo la sacó del cinto y pensaba dársela por la empuñadura, pero el arma no fue aceptada…-¿Así que huiste, dejando lo mas preciado para mi….abandonado?
-Se-se-señor…yo….
-¿Volviste aquí a darme la cara, para decirme ESO? ¡Deberías haberte destripado antes, evitando que mi bien fuera allanado! ¿Así es como piensas defender mi vida, mis posesiones…huyendo a la primera de cambio? ¡Tu espada y tu honor…no me sirven de nada!

Le vio girar, ignorándolo y solo supo que tenía que redimirse ante su señor, por lo que guardó su espada dentro de si mismo en un certero movimiento, sin ningún grito. Solo inclinando su cuerpo laxo en una ultima inclinación de respeto y su cuerpo fue retirado sin vacilación y la sangre derramada limpiada con su propia ropa.

Nobunaga ni se inmutó, caminaba como dragón enjaulado, con las fauces y las garras crispadas. Tanto le había prohibido cabalgar y en ese acto se lo habían arrebatado. Tenía las venas del cuello saltadas y la sangre en las sienes, pulsando, buscando calmarse se agitó en su asiento y eso causo terror en el resto de la comitiva en el recinto. Pero para su sorpresa, el dragón no les quemó con el fuego de su fauces, pero les dejó la clara amenaza que lo haría.

-¡He perdido algo! Lo quiero de vuelta…sano y sin un rasguño. Quien lo tenga retenido, pagará con su vida y la de su familia, reduciré a cenizas donde le escondan y no quedara ni las ratas para constatarlo. ¿Eh sido claro?

Un grito sonoro se escuchó y varios de los capitanes salieron para organizar la búsqueda.

El emperador volvió a sentarse totalmente apesadumbrado. Giró su vista a uno de sus principales consejeros y éste se movió rapidamente hacia él, asintió al escuchar su pedido. Quería que le llevasen la ropa que habían encontrado de Mori en el bosque. Cerró lo ojos levemente cuando el consejero le dijo que no habia muestras de sangre o rasgaduras…estaban intactas


“!Ranmanru, mi pequeño! ¿Quién ha osado alejarte de mí? Les haré pagar por este ultraje a mi persona”

Despachó el resto de la comitiva una vez que terminó de delegar las actividades del día y se negó a ver más asuntos de estado. Se retiró cuando un dolor de cabeza se instaló en su sien y le impedía pensar claramente. Solo deseaba en tomar su espada y cortarle la cabeza a alguien….al caballerango, al capitán de guardia !A quien fuera responsable! Alguien tenia que pagar por que ahora no tenia a Ranmaru con él, por que no lo habia cuidado como se debía….como una prolongación de su persona. Se levantó de pronto dejando a sus súbditos postrados, luego giró de nuevo al recinto, en total amenaza a esos rostros a medio levantar.

-¡Un solo rumor…de que alguien disfruta la pérdida de mi bien….y ni siquiera tendrán tiempo de saber quien limpia su sangre de la duela! – les señaló con el dedo y su cara adquirió el aspecto de una fría piedra de desfiladero, amenazando con caer sobre tu cuello y rompérselos.

El silencio se hizo, nadie se arriesgaría. Cualquiera era susceptible, nadie estaba a salvo y por unos segundos todos rezaron para que el favorito del emperador volviera y ocupara su lugar. Pero tal deseo era ahora algo que no se les daría tan fácilmente, como se darían cuenta mas tarde.

Nobunaga azotó las puertas de sus aposentos. Sus criados fueron a él inmediatamente, solícitos a quitarle los atuendos mas rígidos y una voz que le indicaba que el baño estaba listo. Pero no escuchó nada, fue directo a su lecho donde habían puesto el kimono que habia encontrado en el bosque, delicadamente acomodado sobre las mantas de seda. Por unos segundos llegó a pensar que el chico estaba recostado sobre ellas, esperándole. Lo tomó en sus manos, acariciando la bella textura que le pareció tan agradable, como su aterciopelada cintura. Aun conservaba el olor y la estrujó contra su pecho.


“Pronto estarás de vueltas, no pasara mucho sin que vuelvas a usarlo y yo a estrecharte en mis brazos”

La noticia corrió como fuego en pastizales secos y un negro humo cubrió el cielo por días. Los rumores indicaban que Mitsuide y un pequeño grupo habia sido visto en las inmediaciones de las tierras de Nobunaga y que se movilizaban rapidamente a las montañas nubladas. Los rumores también gritaban que el gran guerrero tenía a su servicio al valiente general del sur, el intrépido Tadakatsu. La voz de uno de capitanes encargados de la búsqueda se detuvo de pronto, ante la mirada asesina que vio en el emperador…

-¡Continua!
-Dicen…dicen que el favorito iba con ellos, por su propio deseo. Que seguramente retorno con …..su amante.

La voz se retiró de su alma, porque una daga le atravesó la garganta y no tuvo tiempo de poner en orden sus asuntos con Kamisama. El resto de los concejales y la comitiva del palacio guardaron silencio. Un silencio que helo el recinto por horas y que no les abandono, ni cuando el emperador se retiró sin decir algo. Nada dijeron, por alguna razón tenían una entrañable y sana cobardía.


“Así que te haz atrevido Mitsuide. Te colgaré por eso y dejaré tus huesos secar al sol. Nadie…nadie toma lo que es mió!

Una vez que el emperador salio, uno de sus generales inicio la movilización. Se debían cerrar los pasos y el pequeño grupo sin demora. Sin importar hombres ni recursos. Si alcanzaban las montañas, los pasos se cerrarían y no les alcanzarían hasta el deshielo y como si la mala suerte persiguiera a pequeño ejercito que se movilizó, una gran tormenta les frenó el paso a las faldas de la ladera, debiéndose conformar con ver pasar a los fugitivos por el paso colgante y ser tragados por la montaña.

-Los heraldos….los heraldos...-balbuceaba el concejal…- avisan que….
-¡Te matare igual…si no terminas de hablar!
-Han cruzado el puente….no….no hay paso por la primer nevada.

Un estrépito y la copa con vino fueron arrojados al suelo donde el purpúreo líquido se regó por la duela, presagiando nada bueno para nadie. A partir de ahí, el terror se instaló en el palacio y el silencio se hizo presente. Si antes se habia caracterizado por el bullicio, ahora era un tumba, donde Nobunaga reinaba sobre fantasmales servidores temerosos mas allá, si fuera posible de ofenderle. Solo había pasado una semana desde la partida del favorito y las cosas no pintaba nada bien y menos si estaba involucrado Mitsuide.

El emperador se agitaba como fiera herida, lastimada en su orgullo y con las garras expuestas por que no solo le arrebata a Ranmaru, sino que se atrevía a desafiarlo.

Llegó a sus aposentos y ni el baño pudo calmarle. Alejó a todos de su presencia y entró al solitario lecho, donde el olor de Ranmaru casi desaparecía, donde se concentraba levemente en el kimono que ahora estaba colgado en una percha cerca del lecho. Se acercó a la pieza de ropa con delicadeza, rozando con una de sus fuertes manos la delicada tela de seda. El bello brocado de oro que tenía hilado unas bellas grullas en el faldón, volando delicadamente sobre un humedal. Su bella ibiz que no se manchaba el plumaje. acercó su mejilla para sentir el contacto con la tela y la fragancia de durazno le llego de pronto y un súbito calor nacido de sus entrañas, emergiendo de su dolor, brotando de su pecho, le invadió poderosamente la ansiedad. Esa que había contenido en esos días de ausencia ante la idea de que en cualquier momento tendría a Ranmaru en sus brazos.

La angustia le invadió. Estaba fuera de su alcance hasta el deshielo…difícilmente podrían atravesar la montaña. La naturaleza era obstinada y contra ella no habia podía ganar. Era algo que como guerrero se habia tenido que tragar el orgullo.

Se arrodilló ante el bello kimono, con una mano deslizando suavemente su delicada forma, mientras que con la otra su mano acariciaba su pecho, ansioso, imaginando, deseando….que esa mano fuera otra, que en realidad fueran los labios de Ranmaru en su pecho, bajando hasta su ombligo, como lo recordaba la ultima noche que le amara. Por que si, Ranmaru le había amado. La época de la posesión habia cedido para dar paso a la lujuria y el deseo por parte del chico o eso creía. Entre más lo pensaba mas se excitaba y no pudo detenerse, su mano buscó consuelo a su atormentada virilidad, avergonzado ante tal situación. Él, el gran emperador satisfaciéndose en soledad, cuando sabia que solo tenia que gritar por compañía y el lecho seria invadido. Siguió con su frenética caricia, rabiosa, necesitada, por demás angustiosa, que solo fue concluida con un grito lastimero, de fiera herida en su amor propio, con la cabeza apoyada sobre el kimono buscando guardar el delicado aroma que se escapa.


“!Ranmaru…mi pequeño! Te he amado todo este tiempo. ¿Tan difícil te ha resultado creerme? Es cierto, utilice todo mi poder para arrebatarte de tu hogar, pero fue para darte uno mejor. Desde que te conocí la razón se me ha nublado, desde que te vi en batalla, sin amedrentarte no pude menos que admirarte, desearte…verte en la batalla, danzando con dos espadas. Eras la viva imagen del poderío. ¿Cómo no desearte cuando te alejabas de mí, sonrosado ante mis avances? Cuando otros buscaban afanosos entrar a mi lecho, tú ligeramente inclinabas la cabeza en negativa y mis deseos se incrementaban. Cuando te tuve por primera vez !Oh…fue la cosa mas dulce! La mezcla perfecta entre el dolor y el placer, el dolor de ver tus lágrimas verterse al tener un orgullo sucumbido ante mí y el placer de tus estrechas caderas moviéndose desesperadas evitándome. Fuiste difícil de domar, luchabas día a día para no desfallecer ante mí. Por más que cortaba tus alas…siempre encontrabas una forma para hacer que nuevas plumas emergieran. Eras divino en pleno vuelo y cuando creí que veía la lujuria reflejada en tu cara esa noche, cuando la lluvia mojaba tu cuerpo, pensé….pensé que por fin me amarías. Por días creí ver eso en tus ojos. ¿Mentiste Ranmaru? Si así fue…tendrás que decírmelo en mi cara, no te dejare descansar, hasta que no te atrevas a decírmelo.”

Como dragón herido dispuesto a mostrar las garras para defender su tesoro Nobunaga voló sobre el cielo para buscar la forma de atraer a su presa.

-¿Se han restablecido ya las pláticas con los clanes de Tango y Hatano?
-Si….emperador, les fueron enviados los heraldos y Hatano Hideharu acepto en buenos términos las negociaciones, solo que solicitó la presencia de…..
-Termina….-le dijo viéndole de reojo.
-De Mitsuide. Dice…que le prometió seguridad si le acompañaba sin plantar batalla y llegaron a buenos acuerdos. Aceptó presentarse ante tu presencia.
-Bien…dile que le esperamos.
-¿Sin Mitsuide? –y sintiéndose estupido bajo la vista –Enviare al heraldo inmediatamente.
-Avisa a Mitsuide también, tiene obligaciones que cubrir con el emperador. Él inicio las negociaciones….que las termine.

Dos meses habían pasado, guardando su frustración y sacando el frió temple con el cual le conocían sus súbditos y capitanes. Si alguien pensó que se derrumbaría por la pérdida del favorito. Le conocían muy poco y tan escaso era su conocimiento de su emperador, que cuando este entró a sus aposentos se sorprendió muchísimo de la pequeña figura que estaba ahí entre el resto de su servidumbre. Un chico de linda cara, que tenia la culpa reflejada en ella y que sobresalía entre la mujeres que se encargaban del baño y los menesteres del emperador y sus rasgos no le eran desconocidos,

-¿Quién eres?-musitó mientras le ponían un nuevo atuendo.
-Eiko….Eiko Oshima, mi señor….yo…-y guardó silencio cuando la fuerte mano del emperador le sostuvo la cara apretándola, buscando en los rasgos del padre, uno de los concejales y luego lo arrojó contra el suelo.
-¡Lárgate!

El chiquillo salió sin esperar más y minutos después tenia ante sus pies al padre del chico, con gruesas gotas de sudor perlándole la frente.

-¡ ¿Así que te burlas de mi?!
-Se- señor…yo…yo solo buscaba….
-¡Meter a tu hijo en mi lecho! ¿Qué favores quieres?
-Solo….darte unos minutos….
-Yo te daré algunos…..-y la fría cuchilla se instaló en sus entrañas….mientras la fría voz del emperador le llegó a los oídos…-vender a tu hijo…..miserable. Medita sobre ello en los minutos de vida que tienes. No te preocupes…no le faltara nada, pero tampoco dormirá en mi lecho. Ese consuelo puedo darte…. –le arrebató la cuchilla y la vida al mismo tiempo, luego arrastró el cuerpo y lo arrojó por las escalinatas, donde un asustado jovencito se arrodilló y le lloró. “Padres como ese…no te hacen falta” , le escuchó decir para luego dejarlo solo.


“ ¿Por qué nadie puede entender que solo te amo a ti…Ranmaru”?

Los heraldos partieron y las puestas de sol sucedieron una a otra hasta que dieron paso a nuevos eventos.

Ranmaru estaba imperturbable como era común en él y pocos podían decir que en esa hermosa figura bullía un sin fin de angustias al ver a Akechi leyendo. Su capitán y amigo más cercano se encontraban ahí y la vista fija en los pergaminos imperiales era algo que tenia a todos acongojados, hasta que la vista del jefe del Clan se fijo en ellos.

-Notifica que deben terminarse las negociaciones con el Clan Hatano.
-¿Es todo?...-casi grito Honda.
-No habla de nada mas….solo de eso.
-¿Crees que no te vincula con….?
-No se que pensar…podría no saberlo.
-¡Imposible Akechi! Las guardias imperiales casi nos cercan antes de llegar al puente, debían saber que éramos nosotros. ¡Es una trampa!
-Puede ser, pero aun así debo presentarme. Debemos reunirnos en el valle.

Aun después de que Honda se retirara de los aposentos de Mitsuide este seguía con la mirada perdida en el horizonte y no fue hasta que la mano de Ranmaru en su hombro le hizo girar.

-¿Qué piensas? ¿No partirás… verdad?
-Debo hacerlo…es una orden imperial.
-Es una trampa.
-No se atreverá delante de todo los Shogunes. Puede ser furioso, pero no tonto. Además, no debes preocuparte. Te quedaras aquí.
-Ni lo sueñes, no me detendrás como doncella….no más.
-No eres una doncella, pero si mi bien mas amado.
-Soy un guerrero, que puede defenderse y no volveré a caer en sus manos. Primero muerto que volver a ser su cautiverio.

Si alguna duda tenia Akeshi sobre los sentimientos de Ranmaru hacia él, fueron disipados tan rapidamente como llegaron y sus húmedos labios fueron el contrato con el cual sellaron su decisión y el calor de su cuerpo fue el pergamino donde escribieron cada uno de las cláusulas para formalizarlo.


Hatano Hideharu se presentó puntualmente al valle, rodeado de sus hombres de seguridad, un puñado de hombres valientes que le eran leales. No era necesario mas, ya que contaba con la promesa del samurai Mitsuide, que no solo negocio los convenios sino también su seguridad y la palabra de Mitsuide era una promesa tacita, pero la confianza en el guerrero no se perdió ni cuando vio la cuchilla de Nobunaga atravesándolo, tan fría como su sonrisa.

-“Nada personal Hatano. Solo eres el medio para recobrar un bien….uno muy querido”.

Cuando Mitsuide llego al punto de reunión…solo encontró los restos de lo que fuera el Clan Hatano. Bajo de su caballo y junto a Honda se encargaron del recuento de los daños y el pergamino clavado en el pecho de Hatano le indico que era muchos.

A medio día de camino, aun en el valle, un solitario y fastuoso campamento de levantaba….con los emblemas imperiales.

-Ya revisamos. Solo esta ese campamento. No hay guardias extras…el camino esta libre.
-Solo el gran Nobunaga puede hacer eso. No necesita mas guardias que su propio poder….-dijo Akeshi, entre un dejo de molestar y coraje. La acción del emperador le costaría muy caro a su reputación.

El clan Hatano y Tango habían confiado en su palabra, ahora con la muerte de Hatano, esta se encontraba en entredicho…-esperen aquí, hablare con él…-dijo al grupo que le acompañaba y detuvo el caballo cuando otra figura intentaba moverse…-¡tu te quedas aquí…y no discutirás mis ordenes! Giró en redondo y su corcel no se detuvo hasta llegar a campamento y la guardia abrirle paso al reconocerle.

-¡Mitsuide. Que placer verte!
-Señor….-dijo el general inclinando su cabeza y su mano a su espada, pero el movimiento de ataque que esperaba no llego. Más bien le fue entregada una copa y vio verter un líquido en ella y al ver beber al emperador no sabia exactamente cual era el juego, pero cualquiera que fuera no seria nada bueno.
-Bien…pongamos las cartas sobre la mesa, Mitsuide. Devuélveme lo que es mió…y te daré lo que es tuyo.
-Siento ser un ignorante señor. ¿de que habla?
-¡No ofendas mi inteligencia…ni la tuya! ¿Dónde dejaste a Ranmaru?
-¿Todo esto…es por Mori? ¡Las cabezas de los integrantes del clan Hatano están en picas…les prometí seguridad!
-Es claro que no pudiste cumplir y haré que tu mundo se haga pedazos, por que matarte es algo muy misericordioso. Y si…todo es por Ranmaru.
-Me pertenece el contrato de Mori.
-¿Cuánto vale su contrato? Ponle un precio y pagare el triple para que además te largues de mi vista.
-No hay precio…y no le permitiré volver a ponerle una mano encima. Una vez le engaño y le retuvo en palacio…..no volverá a suceder.
-Ya veo. ¿piensas desafiarme?
-Apelare al Shogunato.
-¡Yo soy el emperador…y yo unifico al Shogun! Y si tu cabeza no ha rodado es por que me debes muchas noches de desvelo…y quiero devolvértelas.
-¡En realidad es usted quien me debe estaciones completas de incertidumbre! Me arrebato la presencia de Mori y además se atrevió a….

La espada blandida de Nobunaga hizo que Mitsuide guardara silencio….pero su mano estaba en su cinto.

-Te daré una oportunidad….si al caer la noche, Ranmaru no esta en esta tienda, listo para partir conmigo, vas a llorar algo más que tu honor de samurai. Ahora…ve por él.

Si Nobunaga pensó que una amenaza rendiría al guerrero, se equivoco. Cuando vio llegar la madrugada y su guardia le confirmó que la escolta y leales de Mitsuide habían partido, un grito solitario llenó el valle y el dragón seria desatado.


A partir de ahí no hubo tregua. La noticia de que Mitsuide no habia cumplido su palabra voló como fuego por los aires, alentado por la llamaradas imperiales y en toda respuesta un clan deseoso de vengar la muerte de Hatano, quien pensaron habia sido en manos de aliados de Mitsuide, se abalanzaron contra aquello que se pensaba intocable. Su familia. Una mañana sin avisar, un pequeño comando entró súbitamente en la pequeña casa perteneciente a la familia Mitsuide y sin vacilar acuchillaron sin piedad a la madre de Mitsuide. Su cuerpo fue arrastrado por las calles y clavado en el portón del templo, ante el terror de los vecinos y amigos de la familia.

Un nuevo grito se escuchó en la lejanía y las montañas nubladas no pudieron sofocar el intenso dolor que el guerrero recibio al saber la muerte de su madre. Si se había preparado para un ataque frontal contra su persona, sus propiedades o su orgullo militar, nada lo preparó para la pérdida de su ser mas amado .y las lágrimas que vertió en el pecho de Ranmaru fue un dolor compartido. Uno que duro por días, sin poder comprender como la furia de un hombre podía consumir.

Eso fue el inicio de una confrontación, que nada tuvo de silenciosa, donde Nobunaga utilizó todo su poder, su destreza para desafiar a los Shogunes para aplastar a Mitsuide, pero un pequeño error de cálculo no fue previsto, cuando los otros señores feudales utilizarían al mismo Mitsuide para ponerle una atadura.

Una brumosa mañana, después de diversas peleas encarnizadas, escaramuzas y refriegas, un compacto y numeroso grupo armado atacaría la fortaleza del conquistador. En un ataque por demás sorprendente cuando este se encontraba reducido después de dirigir sus ataques a nuevos clanes.


-Bien…aquí estamos Akechi.
-No será fácil….sabes que podemos esperar mas refuerzos.
-Y perder la oportunidad de sorprender al miserable de Nobunaga…ni lo pienses.
-Honda tiene razón, Akechi.
-Lo sé Ranmaru…solo que tengo un mal presentimiento.
-Sabes que te seguiré en cualquier batalla.
-Si…eres tan obstinado.
-Soy un guerrero amor. Me conociste así…y moriré así.
-No digas eso..hoy no…hoy no lo digas.
-No seas supersticioso….es solo una batalla. Además conozco este castillo…mejor informante no tienes.

En eso tuvo toda la razón. Mori dirigió la estrategia contra el castillo, ese que le habia retenido, donde su alas fueron apresadas y su cuerpo vilmente usado. Si algún día llegó a sentirse como cortesana y la ramera de Nobunaga, ese esos días terminaron cuando huyo de ahí para retornar a Mitsuide, quien no solo reconfortó sus alas, acarició su espíritu y le dejo volar alto, en sus brazos….en su cuerpo.

Le debía demasiadas cosas a Akechi. Su amor, su libertad…la cual habia estado en juego por mucho tiempo después por el acoso de Nobunaga, quien buscó cercarlos.

Pero un error de cálculo del emperador habia propiciado una guerra civil para derrocarlo y tanto Mitsuide como él eran los encargados de destruir la época de terror que un villano tenia instalado, en un deseo ferviente de unir al país solo lo desangraba.

El palacio ofreció resistencia, pero tener a alguien que conocía desde dentro el castillo se volvió vital y cuando era evidente que tenía a su merced el majestuoso edificio, aun hacia falta el propietario del lugar, el cual estaban seguros debería estar ahí.

Ranmaru ya tenía su kimono manchado de sangre que no era suya y cuando llegó a los aposentos imperiales una fuerte congoja de fastidio mostró una mueca de desprecio por las habitaciones por las cuales vagara desconsoladamente cuando fuera obligado a permanecer en ellas. Como imágenes rápidas y dolorosas, de una época en la cual su espíritu pareció que seria doblegado, los objetos fueron presentándose uno a uno y constato con dolor como parecía que el tiempo no hubiera pasado.

Vio hasta el kimono que usará la última vez colgado en una percha junto al lecho y cerca de él a Nobunaga….vencido, con la faz demacrada y la mirada casi vacía y eso le enfureció.

-¡Deberías estar defendiendo tu castillo! –le gritó.
-Ranmaru….también me alegra verte.
-No puedo opinar lo mismo, pensé que el gran Nobunaga….moriría por defender lo que tanta sangre costo levantar.
-¿Para que? Nadie quiere ser unificado. Todos quieren pelear un pedazo de tierra en vez de hacer un solo país….no tiene sentido.
-Hablas como si fueras un estadista…solo fuiste un tirano.
-Pensé que me recordarías con más aprecio
-¿Yo? Bromeas….tengo los peores recuerdos de mi vida contigo
-Eso era lo único que me hacia falta
-¿Para que?

Nobunaga se arrodilló, abrió su casaca y sin esperar mas introdujo su larga daga en su vientre e hizo un par de cortes profundos….sin ningún sonido de dolor. Solo un vació en sus ojos.

-Pen…pensé….que….un día me amaste. Llegué a pensarlo….-y gruesas lagrimas rodaron por el antes impasible rostro del fiero guerrero….-haz rodar mi cabeza….por el amor que te tengo…no me dejes así.

Ranmaru miraba impasible la escena y a su mente llegaron las imágenes de una noche de lluvia…su cuerpo ardiendo de deseo, con la lujuria instalada en su cuerpo, en la de su captor. En recuerdo de eso se acercó, levantó la cara de Nobunaga y le acercó sus labios, los cuales marcaron un rictus de dolor un segundo después.

A un costado, la larga cuchilla de Nobunaga lo atravesó. La confusión le llenó lo sentidos y de sangre se cubrió su mano, intentando cerrar la herida, pero solo alcanzó a ver pasar a un lado la figura de Mitsuide quien con su katana cortaba a tajo al emperador y girara a sostener su cuerpo amado.

Ese día, 21 de junio, Akeshi Mitsuide perdió el amor de Ranmaru Mori en la toma del castillo de Honnoji, cuando ambos en un desesperado ataque liberaron a una nación de un villano, para tener ellos la libertad de amarse sin su acoso. Salvo que ninguno de los dos vivió lo suficiente para ver en libertad ese amor.

Akeshi Mitsuide murió, poco tiempo después, por sus propias manos en el campo de batalla, dejando a sus espaldas una serie de misteriosos poemas y un pasado lleno de tristeza.


 



FIN

 

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