Clasificación: PG/17
Pareja(s): Draco/Original
Disclaimer: Los personajes de esta historia son propiedad de J.K.Rowling y Warner Bros. Esto es puro entretenimiento y no me reporta beneficio económico alguno.
Avisos:: Relaciones h/h


 

Cap 1.

La promesa

El joven Slytherin corría apresuradamente, aun se ajustaba los botones de su camisa y terminaba de ponerse la capa. Sus ojos buscaban a alguien impacientemente. Bajo de su casa común y paso de la biblioteca a los pasillos y pensó que quizás lo encontraría en el comedor principal. La mayoría de los alumnos ya se encontraba ahí por motivo de la ultima noche que pasarían, por que el fin de año escolar terminaba. Su sexto grado finalizado y en vez de sentirse agradecido por que iría a casa y dejaría por un tiempo el ambiente del colegio, solo le producía malestar y frustración. Aun no estaba preparado para irse, no aun. Se quedo parado en la puerta, sin entrar. Busco con la vista, en dirección a la mesa de su casa. No, no estaba ahí. Escucho la voz del director Dumbledore para dar inicio a la cena y giro en redondo mientras hacia una mueca en la cara. Eso era lo que menos deseaba en este momento. Tener que escuchar otra de las relatarías de fin de cursos de ése. Camino de regreso a la sala común y se dirigió a las recamaras. Llego hasta una de ellas, que era reservada para un chico que se encontraba de intercambio y que había pasado el año en Hogwarts. Su cuarto estaba independiente del resto de recamaras y generalmente siempre estaba cerrada, pero no para él. No hasta ahora. El chico empezó a tocar suavemente la puerta.

-Abre, sé que estas ahí. No puedes irse sin despedirte. Abre…

No escucho respuesta y siguió tocando pero esta vez cerró el puño y levanto la voz.
-ABRE, ABRE, LA PUERTA….. No puedes irte….

Iba a entrar a cualquier forma, saco su varita. Echaría abajo la puerta. Pero cuando iba convocar, la puerta se abrió lentamente y él guardo su varita y entro.

No había equipaje a la vista y la cama había sido desmontada, sola estaba una gran mesa, una silla y una vela consumiéndose en una esquina. Tardo un momento en acostumbrarse a la oscuridad, pero cuando lo hizo vio que una larga figura se encontraba mirando por el ventanal hacia el vació de la noche. Llevaba puesta su capa de viaje, el cabello negro suelto hasta los hombros y tenia la expresión más triste que anteriormente hubiese visto. Todo el enojo que sintiera, toda la frustración que le llenara hacia unos momentos se desvaneció ante esa figura. Eso siempre pasaba. Su presencia siempre lograba apaciguar su alma, calmar sus odios y llenarlo de las más extrañas sensaciones, pero todas placenteras.

Solo unas horas antes le había dicho que no regresaría el próximo año, que su tiempo en Hogwarts se había terminado. Que debía partir a San Petersburgo a resolver problemas familiares. Cuando lo escucho decirlo, no lo podía creer.

Draco, no lo podía entender, Sergei lo dejaba.

 

Ese año sucedieron tantas cosas. Empezó con un ambiente demasiado cargado de problemas, con clases, alumnos nuevos y los odiosos Gryffindor, encabezando la lista a Potter. Después de que la familia Malfoy moviese sus influencias, Lucius estuvo muy poco tiempo en Azkaban y su regreso solo sirvió para darle un nuevo tipo de veneno a su hijo, pronto seria llamado al orden del Innombrable y seria marcado como un mortifago. Cosa que parecía la mayor ambición del chico para ese año.

Pero la diferencia se hizo cuando en su casa común descubrió a Sergei quien, al principio lo ignoro como al resto de los Slytherin. Poco parecía que ese extranjero estuviese interesado en algo que no fuese la lectura de su libro de rezos, que entre las burlas iniciales decían que era su diccionario ingles-ruso. Porque posiblemente no hablaría el idioma, ya que por lo general no les respondía a nadie. Evitaba el contacto de ellos. Y en ocasiones iba a clases y otras simplemente vagabundeaba por la biblioteca.

Consumía libros y en una ocasión para molestarlo, aunque fuese de su misma casa le dijo que si se creía un sabelotodo, quizás se había equivocado el sombrero seleccionador, por que tenia mas pinta de Revenclaw que de Slytherin. El comentario solo logra que el joven volteara, sonriera y volviese a su libro. Pero cuando Goyle le aventó uno de los usuales panecillos que comía sobre uno de los libros, antes de que la pieza de pan llegara a ellos, la mano de Sergei se movió como apartándose moscas que zambaza, tanto el panecillo como Goyle fueron arrojados metros lejos de él. Crabe, salio a recoger a su amigo que estaba medio inconciente y se fueron ambos corriendo. Pero no Draco. Él se quedo ahí, viéndolo. Fascinado ante la demostración de su magia. Se presento ante él y le dijo que era el primogénito de la casa Malfoy. Lo dijo con tal orgullo y convencimiento que Sergei esta vez levanto la vista y presto atención en él.
-¿Malfoy Black?
-Si, ese es nombre de mi familia.

Draco le extendió la mano, pero él, solo la vio, se levanto y se fue, sin decir más.

Así empezó esa relación entre ellos. Draco no podía dejar de prestarle atención. Primero por sentirse ofendido y esperando el momento de hacerle pagar la grosería de no aceptar su mano y su amistad. Notaba que se deslizaba como si quisiera que nadie lo percibiera. No estaba interesado ni en las clases, ni en la comida, ni los eventos deportivos. Ni en hacer platicas ni relaciones con nadie. Lo que había pasado con Goyle corrió como pólvora. El ruso era un mago, que sabía más de lo que le querían enseñar. Después de un par de clases, ni Snape le llamaba la atención, si decidía a media clase levantarse e irse.

Después de un tiempo, de mucho perseguirlo, termino el ruso por aceptar la presencia de Draco. Fue un proceso lento, en sentarse a un lado de él y no pronunciar ninguna palabra, solo verlo. Después se hizo más osado hasta que un día le tomo las manos. No pudo evitarlo. Deseaba tocarlo. Al hacerlo sintió un extraño hormigueo en las manos, una descarga eléctrica que ambos notaron. Draco no entendía por que lo había hecho y mucho menos si su intención era fastidiarlo y molestarlo.

Pero de pronto se veía a sí mismo intentando platicar con él y aunque el ruso no le hablaba, él seguía insistiendo, hasta que un día logro que respondiera alguna de sus preguntas. Después de eso, todo la casa común sabia que Draco se había hecho amigo del extraño, lo cual sin saber como incremento la imagen de Draco. Snape ayudaba mucho en eso. Liberando de carga a la casa Slytherin con demasiada facilidad, mucha mas de la acostumbrada, si en una de esas clases estaba el extranjero.

 

 


Sergei leía en muchos idiomas y en verdad consumía libros. Draco solo tenia que pedirle alguna referencia y Sergei extendía la mano y le hacia llegar el libro a las suyas mientras las hojas se abrían en lo que buscaba. Revisaba a detalle sus tareas y cuando no le gustaban quemaba el pergamino ante la cara molesta y atónita de Draco. Pero Sergei ni se inmutaba y continuaba leyendo su libro de rezos. Sabia de memoria las recetas más complicadas de Pociones y en una ocasión se atrevió a corregir una delante del profesor, en plena clase. Snape se trago el insulto al decirle que tenía razón.

Draco, igualmente se tuvo que tragar muchos corajes y frustraciones ante él. Sus gritos, amenazas e insultos, que eran las mordidas usuales de Draco para cualquiera, a Sergei no le hacia la menor cosquilla. Simplemente se levantaba y se iba y podía tardar días, pero Draco terminaría por irlo a buscar y bajaría la vista ante él. Intento en muchas ocasiones hacerle ver que Potter no era lo que la gente creía. Que la imagen de niño desamparado había sido vendida por Dumbledore y que todos sé la habian tragado. Que Potter solo veía para su provecho personal y para los Gryffindor.

Pero todos esos alegatos a Sergei no le interesaban. Soportaba los cambios de carácter y los caprichos de Draco, pero si empezaba alguna platica que llegara al tema de Potter o cualquier otro que él llamara sangre sucia, era tema suficiente para que se levantara y se fuera. Cuando le reclamo que apoyaba a Potter en vez de a él. Sergei volteo con fastidio para decirle que se le estaba agotando la paciencia en ver como Draco consumía su vida en odiar estupidamente a alguien y que había hecho muy poco de su vida y que además pretendía hacer que los demás compartieran su visión. Que tarde o temprano Potter saldría de ella, ¿pero que haría Draco con ese resto de vida? Lo perseguiría, como era el destino de su familia por estar aliados con Voldemort. Combatirían uno a otro, quizás. ¿Era valiosa, realmente valiosa la vida de Draco, si no era para ser la contrapartida de la vida de Potter?

-Odias por que te lo enseñaron, odias por que no tiene nada mejor que hacer con tu vida. Potter la controla, no eres tu Draco Malfoy Black, quien tiene el control su propia vida. Terminaras por hacerte un patético peón en la guerra que empezara. Solo eso será. Sigue así y lo veras.

Estas palabras lo persiguieron mucho tiempo.

Cuando las cosas empezaron a vislumbrar los inicios de la guerra, se hizo más evidente que Draco debía tomar partido. Su padre empezaba a enviarle cartas donde le indicaba que pronto se uniría a los mortifagos. De momento, era el espía de su padre. Cuando Fudge en un arrebato de cólera por lo que él llamaba las continuas intromisiones de Dumbledore a su administración y las pocas pruebas reales que decía tener. Instalo la anarquía de nuevo en Hogwarts, con un sistema de restricciones y limitaciones, en las cuales los únicos protegidos eran los integrantes de la casa Slytherin quienes una vez más se convirtieran en pequeño grupo de poder, protegidos esta vez Fudge y comandados por Draco y su grupo. Por una vez más el poder lo embriago. El resto de las casas sufrieron la represión.

A Sergei eso ni le inmutaba. Que Fudge se hubiese apoderado del colegio en sustitución de Dumbledore, le daba lo mismo. En todo ese tiempo, salio poco de la biblioteca y era frecuente encontrarlo solo en la casa común. Ni siquiera se tomaba la molestia de ir a clases. Por que su nombre no estaba registrado en la lista de alumnos y pocos recordaban que Sergei estaba ahí.

Draco solo podía hablar con él en su recamara por las noches, cuando después de hacer sus recorridos y ordenanzas de su grupo de Slytherin, regresaba. Tocaba suavemente la puerta de Sergei y esta se abría solo para él. Una vez dentro debía dejar todos sus asuntos y no traer a colación nada de lo que hacia fuera. Si lo hacia, seria expulsado y no le permitiese regresar, le había amenazado suave pero firmemente Sergei. A su recamara solo podría ir hacer tareas, a leer, a jugar ajedrez, a platicar sobre cualquier libro o solamente a recostarse en su cama, mientras Sergei acariciaba su cabello y él se dormía. No le interesaba lo que pasaba en el colegio ni lo que Draco hacia para ganarse enemistades. Le había dicho que no estaba de acuerdo, pero que le dejaría hacer su voluntad, por que así lo había decidido y debía aprender que toda decisión tenía un precio.

Un precio, que hasta a Draco se le hizo excesivo cuando su padre Lucius Malfoy llego a Azkaban solo 3 meses después, pasadas las fiestas de navidad y Fudge, siendo arrojado fuera de Hogwarts y puesto en detención hasta que una Comisión Investigadora que evaluara su desempeño. El orgullo de Draco se desplomo, pero no el odio. Llego corriendo a decírselo a Sergei. A contarle que su padre había sido injustamente encarcelado y que todo era culpa de Potter, una vez más.

Sergei se levanto y fue hacia él. Draco esperaba que lo reconfortara, que lo hiciera olvidar o que le diera alguna idea para ayudar a su padre. Pero lo que recibió fue una par de bofetadas en pleno. Sergei no solo le cruzo la cara, sino que por primera vez le grito que le estaba prohibido hablar de Potter en su presencia, que estaba harto de saber de él, a través de su boca. Y que no le toleraría en su recamara, si volvía a mencionarlo. Que aceptara que una buena vez que su padre estaba recibiendo el precio justo por lo que tanto había luchado, que sé lo tenia ganado a pulso y que Lucius era el único responsable por sus ideas. Que le diera el crédito a su padre, por que había obtenido lo que se merecía, por eso había enfrentado el odio de tantos.

La sangre que broto de la nariz de Draco y se limpio en su capa, le hizo ver que estaba empezando también él a pagar el precio de sus ideas. Se desplomo sobre sus piernas y empezó a llorar y lo hizo por minutos, solo. Sergei se fue hacia la ventana y se quedo ahí. Sin inmutarse ante el llanto, ni intentando consolarlo. Draco tenía que aprender solo la lección. La aprendía, o él Sergei, había perdido el tiempo miserablemente al permitirle acercarse a él.

Draco se levanto, con las ideas hirviéndole en la cabeza, queriendo gritar y desahogarse, pero ni así lograría que Sergei le prestara más atención de la que él estuviese dispuesto a ofrecerle. No quería perderlo. Después de todo era su mejor amigo, o quizás el único. Y sin pensarlo mucho busco el ajedrez que estaba en la mesa y acomodo las piezas y saco de su bolsa un doblón y lo tiro a la cama, mientras decía
-¿Qué lado escoges?

Draco tomaba blancas y ejecutaba la apertura de peón a dama y Sergei se retiro de la ventana y se sentó a observar el movimiento de inicio y empezaron a jugar. Draco sabia que no había otra forma de retirarlo de la ventana si no era incitándolo a lo que más le gustaba. Mientras Sergei meditaba sobre el movimiento a continuar. Tomo las manos de Draco y las beso. Y éste le ofreció los labios. Labios, que Sergei no pudo resistir. No esta vez.

-Haz sido un tonto Draco. Tienes mucho que recuperar. Hay muchas cosas que hacer fuera de Hogwarts y aun no estas preparado para salir.

-Lo sé. Trabajare mucho y obtendré mis grados y así limpiare mi nombre.

 

 


Recibió después carta de su madre, hablándole de la situación de su padre en Azkaban. Estaba en calidad de detenido temporal, pero no habían encontrado la forma de sacarlo de ahí, por lo cual, era inminente que él, Draco tomaría su lugar en la fila de Voldemort. Que debería prepararse para ese momento, para recibir en su piel la marca del Innombrable. Quemo la carta, consumido por la furia. No solo había perdido a su padre, si también estaba perdiendo su vida. Por que su destino ya estaba decidido por otros.

Pero inconcientemente se rebelo contra ello. Se concentro el resto del año, para sacar las notas y para evitarse problemas, ante el resto de alumnos y profesores, a quienes el nombre Malfoy, era doblemente mencionado con desprecio. Pensó en invitar a Sergei a su casa para el verano y que se pondría al corriente con lo que faltaba para empezar el siguiente año escolar. Pero cuando se lo dijo, él no le contesto. Pero después de mucho insistirle, ese mismo día que partirían a sus casas familiares, Sergei le decía que no podía acompañarlo, ni que regresaría el siguiente año.

Ahora, frente a él, en la última noche, no quería dejarlo ir. Sergei no se movía de la ventana, pero ahora ya no había un ajedrez en la mesa para hacerlo que se retirara de ella. Fue hacia él y Sergei no quería voltear la vista. Draco tuvo que poner sus manos en su cara para que volteara y ver así los ojos enrojecidos de quien nunca mostraba sus sentimientos, hasta ahora.

-¿Ya esta decidido, verdad?
-Si, te lo dije. Debo irme a San Petersburgo
-Podrías terminar tus grados aquí.
-Nunca han sido los grados el motivo de mi vista a Hogwarts, lo sabes.
-Arregla tus asuntos familiares en el verano y vuelve.
-No, me tomaran más tiempo
-¿No hay nadie mas que pueda hacerse responsable?
-Soy el único responsable de mi familia. Mi hermana me espera. Debo protegerla antes de que la guerra empiece
-¿Protegerla....... de quien?
-De mis propios hermanos
-No entiendo. No sabía que tenías otros hermanos. Solo hablaste de Agatha.
-Si, tengo 2 más. Dimitri y Pietro. De ellos debo protegerla.
-¿Alguna herencia familiar?
-Una maldición, mejor dicho. Llamarse Vlkoslak Demeter, siempre es una maldición.
-No entiendo. ¿Podrías darme una respuesta simple y llana por alguna vez?
-La verdad es que ambos son unos asesinos despiadados, devoradores de sangre y de recuerdos. La guerra empieza y ni Azkaban nos retendría ¿Es esa una respuesta simple y llana, para ti?

Draco por un momento se aparto aterrorizado de él. En todo ese año, Sergei jamás había hablado de su familia, ni de sus lazos. Llego a suponer que solo Agatha era su única hermana.

-¿Ahora que lo sabes, sientes terror de mí, verdad? Pues esa es mi familia. Pero yo he decidido mi destino. Nunca seré como ellos. Limpiare el nombre de mis antecesores, aunque signifique enfrentarme a mis hermanos.

Volvió la vista hacia la ventana. Sabía que ahora que se lo confesaba él se iría. Era mejor así, se dijo. Pero Draco, en cambio, se arrincono a su cuerpo y lo abrazo.

-Lo que decidas hacer estaré contigo. Tú siempre estuviste conmigo, cualquiera que fuera mi decisión. Yo también tengo una maldición por nombre familiar.

Sergei se sorprendió increíblemente. Una vez más, Draco lo aceptaba. Correspondió a su abrazo y le dijo que debía irse, pero que no lo abandonaría, que solo seria una separación temporal. Que regresando él de vacaciones, todas las noches de luna nueva, la puerta de ese cuarto estaría abierto y Sergei vendría a verlo. Que no preguntara como haría eso. Pero vendría y que le daría mucho gusto ver que Draco se preparaba para obtener sus éxtasis. Pero sobre todo que no permitiera que su piel se marcara, si él realmente no estaba preparado.

Draco volteo a verlo.

-¿Lo prometes?
-Ha salido de mi boca, lo cumpliré. Pero si quieres oírlo, si lo prometo. Cada noche de luna nueva, estaré aquí para ti. Prométeme que pensaras sobre lo que te dije de no quemar tu piel.
-Eso parece estar fuera de mí.
-No, te equivocas, siempre será decisión tuya, pero debes encontrar la manera de tomar tus decisiones.

Draco, escuchaba su propia latir y como se acompasaba con el latir de Sergei. Y empezó a hablar lentamente, mientras se quitaba la cinta de rasó anudada al cuello de su camisa y la ponía entre los cabellos de Sergei para recogerle el cabello y descubrirle la cara.

-Yo, Draco Malfoy Black prometo que buscare y tomare mi destino por decisión propia y seré un mago digno de ti.
-Eso me halaga. Empieza por conseguir las habilidades que los Éxtasis te darán.
-Es una promesa, nunca las he hecho en vano.


Al día siguiente, Draco iba camino a su casa, a pasar el inicio del verano, época en la que la que no tendría a los dos hombres que habían marcado su vida: su padre y Sergei.