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Clasificación:
PG/17
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Cáp. 2 Las raíces familiares La Casa Malfoy era conocida por ser una de las antiguas y prestigiadas familias del mundo mágico. La gran residencia se abría majestuosa ante el carruaje que se encontraba en los linderos del camino. Dentro de éste, Draco observaba la cercanía de su casa y por primera vez, cerró los ojos para intentar pensar que no se encontraba ahí. Que estaba en cualquier otra parte, menos llegando a casa. Pero cerrar los ojos no le sirvió de nada, por que al abrirlos la casa seguía ahí y el carruaje ya se detenía. Todo parecía igual desde la ventana del carruaje, los grandes jardines, los ventanales inmaculados y las losetas de mármol de la entrada. La diferencia fue que esta vez su madre no estaba en la puerta esperándolo como en las anteriores ocasiones. Fue recibido por la servidumbre y por un ama de llaves, quien le aviso que la Sra. Malfoy estaba de viaje y regresaría a finales de la semana. Eso le sorprendió, pero a la vez le libero de la angustia de tener que empezar a ser objeto de interrogatorios y de empalagosas atenciones que su madre solía dedicarle. Para él su madre solo era una mujer que dedicaba su vida a hacer que la Mansión Malfoy luciera majestuosa. Lo único que recordaba de ella aparte de cubrirlo con regalos y presentes, eran sus actividades para fiestas, reuniones y eventos de la alta alcurnia del mundo mágico. Era la anfitriona perfecta. Cualquier fiesta que estuviese dirigida por ella, se le consideraba el mayor evento de la temporada. Su cocina y la gran cava de su padre eran conocidas a lo largo y ancho de la Isla y el continente. Pero ahora no encontraba una explicación para que su madre se dedicara a tales eventos, si su padre estaba en Azkaban. Recordar eso, tampoco le hizo sentir bien. El tampoco estaba en casa ahora para recibirlo. Aunque generalmente su recibimiento era para reprenderle por algo que había o dejado de hacer en el colegio. Pero eso duraba un par de días y las cosas volvían a la normalidad, para ser el hijo consentido y que su padre le diera a manos llenas lo que ni a él mismo se le ocurría pedirle. Antes de desearlo ya lo tenía empaquetado para dárselo. Sin sus padres en ella, la casa parecía diferente, llena de objetos caros, antiguos y de gran valor, pero extrañamente vacía. La primera cena en su casa, fue totalmente deprimente, sentado ante una gran mesa, donde por costumbre se habían puesto los cubiertos para sus padres. Mientras la servidumbre le servia, empezó a ver su reflejo en el gran cucharón de plata de la sopera. Y se sintió patético ante el reflejo y arrojo los cubiertos al piso y se levanto molesto para dirigirse a su cuarto, de donde no salio hasta el día siguiente. Para encontrarse con la noticia por parte del ama de llaves que sus amigos Crabe y Goyle estaban ahí, para pasar el verano, según indicaciones de su madre. Eso si era el colmo, tener que soportar a esos estupidos. Le dijo que los enviara de vuelta a sus casas. No los toleraría ese verano. No a ellos. Empezó a pasearse por la casa, como un fantasma rondando un cementerio. Pensó en eso, cuando se vio reflejado en uno de los ventanales de la casa y el reflejo del mármol pulido le devolvía la imagen de su cara y sus pies descalzos. Por primera vez reconocía el significado de la palabra silencio en esa gran casa. Camino por los pasillos, empezando a contar a las puertas, las ventanas, los tapices, los libreros, los adornos, los candiles. Todo, todo lo que pudiera contar, lo contó. Hizo un inventado mental completo de los objetos del gran salón de su casa. Se sentó en el suelo, intentando recordar donde estaba cada objeto y de color era cada salón. Busco la biblioteca familiar y empezó a leer el nombre en todos los tomos que se encontraban y se percato que su familia era poseedora de una gran colección de libros antiguos, caros, raros y algunos hasta prohibidos. Salio a la sala principal y vio el gran blasón de la familia colgando desde el techo al piso junto a los cuadros de su familia. El cuadro de su padre Lucius, era imponente y junto a ellos, el cuadro de él mismo junto a su madre. El resto de los cuadros empezó a ubicarles los parentescos y de algunos desconoció su nombre y su linaje, Pero si estaban ahí, debían ser importante se dijo.
Salio de esa recamara y supuso habría otra, de eso no había duda y no tardo en encontrarla, cubierta también detrás de otra tapiz en contra esquina de la recamara. E igualmente, en ésta solo había objetos de interés de su madre. La segunda recamara tenia el estilo y los colores que Narcisa le gustaba utilizar en sus objetos personales. Una gran mesa donde estaban las fotos de Draco desde pequeño hasta el último cumpleaños. El ropero rebosaba de sus vestidos y sus capas. Y en un sillón junto a la cama de su madre, aun se veía un libro abierto con un separador de hilo bordado. Era obvio que ella dormía ahí. Pero lo que no entendía era por que no tenía algo de su padre ahí. Una foto en la mesa de noche, un detalle como ese. Entendía que si su padre estaba en Azkaban a ella le resultara doloroso usar la cama matrimonial, pero esta, que tenia enfrente de él, era igual que enorme. ¿En donde residía el problema? ¿Desde cuando estaba sucediendo? Fue la pregunta que le atormento. Era posible que ya no durmieran juntos, antes de la captura de su padre. ¿Y por que había sucedido eso? Las respuestas solo podría dárselas su madre, cuando volviera. Salio dando un portazo de la recamara principal. Se sentía burlado, como si eso fuera un tinglado para mantener la idea de armonía de pareja y de familia, que parecía estar muy lejos de ser. La rabia empezó a consumirlo. Algo tan importante como eso había pasado enfrente de sus propias narices y era posible que no lo viera o que le importara tan poco que cuando sucedió quizás estaba entretenido en algún nuevo paquete o regalo que abrir. Así era como lo habían mantenido distraído, con regalos. Nunca se pregunto antes si sus padres se amaban. Le parecía obvio que si, ella siempre era solicita, disciplinada, presentable, silenciosa. La mujer ideal para Lucius Malfoy, pensó. Pero luego reflexiono, que quizás ella debió terminar por darse cuenta que era un objeto caro y exquisito mas de la Mansión Malfoy. No recordaba que su padre le pidiera su opinión a Narcisa, sobre casi nada. Su padre ordenaba y el resto de los miembros acataban como ley sus indicaciones. Y su madre era la primera en hacerlo. Le solicito al ama de llaves que le sirvieran los alimentos en su recamara, no estaba para simulacros en el gran comedor familiar. Dedico parte del resto de la semana a leer un libro de encantamientos que encontró en la biblioteca de su padre. Gran parte del libro no podía entenderlo, pero estaba decidido a que mantendría su mente ocupada en algo provechoso antes de la llegada de su madre. Intento además, escribir una carta para enviarla a su amigo, pero las palabras no se escribían adecuadamente y el solo pensar que tampoco él estaba ahí, era más que doloroso. Boto varios intentos de poner por escrito los sentimientos que le fastidiaban. Todo era tan fácil cuando estaba junto a él. Pero ahora no encontraba las palabras adecuadas para decirle simplemente que lo necesita con él. Termino por arrojar al fuego todo lo que intento escribir y se quedo mirando al fuego, para ver si éste al consumir los pergaminos pudiera susurrarle algo. Pero no paso tal cosa. La tarde que esperaba a su madre, la luz del día había casi desaparecido, escucho los carruajes llegar a la residencia y salio corriendo a buscarla, pero al llegar a las escaleras, vio hacia abajo que su madre no venia sola. Estaba acompañada de 2 hombres, los cuales ubico como primos lejanos de su padre, que no frecuentaban mucho su casa. Se sentó en la escalinata, esperando que la visita no se alargara y poder saludar a su madre. Ella lucia cansada por el viaje, pero reconoció que seguía tan hermosa como la recordaba. Los parientes empezaron a platicar con ella sobre unos negocios de su padre y que seria conveniente que Narcisa firmara algunos documentos para que ellos se hicieran responsables y que ella no tuviera tantas preocupaciones. Narcisa empezó a decirles que eran muy amables en preocuparse, pero que todo estaba bien y que las cosas seguirían así. Ella seguiría administrando los negocios hasta el retorno de Lucius. Pero aquello no parecía gustarles a sus parientes y eso se hizo evidente cuando las voces empezaron a subir de tono por parte de ellos y al ver que Narcisa no cedía, aun cuando lo hiciera en una voz suave y regulada. Cambiaron de táctica al intentar usar la zalamería, diciéndole que una mujer tan hermosa como ella no debería estar metida entre empleados y gentuza, que su belleza no debía ser dispersada a la mirada obscena de los empleados. Y cuando dijeron eso uno de ellos empezó a tocarle los cabellos y a sonreírle. Tal atrevimiento no paso desapercibido para Draco y eso fue el colmo. Los sacaría de su casa. Empezó a palparse que no traía su varita e iba a levantarse cuando súbitamente no pudo hacerlo. Sentía que algo le empujaba el hombro y lo mantenía sentado, cuando giro la vista, se sorprendió al ver junto a él algo que le parecía un cuerpo etéreo y translucido del cual las facciones eran ligeramente visibles y solo fueron los ojos, de un azul intenso, que brillaran. Intento gritar, pero no salio sonido de su boca. La presencia lo tenía aferrado con un brazo, mientras con la otra le indicaba que guardara silencio y que continuara viendo la escena escaleras abajo. Por un momento el terror desapareció y siguió con la vista lo que sucedía. Los parientes empezaban a gritarle a Narcisa, reclamando parte de los negocios familiares o ella lo lamentaría. Acto seguido su madre saco su varita, pero ellos solo rieron ante la amenaza. Pensaban que ella solo haría sacar de su varita vasos y licor, dijo uno de ellos, mientras también sacaba su varita. Pero de pronto su madre desapareció y como niebla espesa se dirigió rápidamente detrás de ellos y reapareció desarmándolos y arrojando sobre uno de ellos una maldición, la cual le dejo en el suelo retorciéndose de dolor y gritando. Siguió descargando contra el otro pariente que seguía parado viendo el espectáculo, rayos azulados que dieron perfecto blanco en él y se quitaba la capa y se frotaba el cuerpo, como si algo le quemara. Escucho los grito de su madre diciendo que la administración de la casa Malfoy seguiría como hasta ahora y que no se repartiría ningún bien, que Lucius no hubiese dispuesto, además nadie tocaría las propiedades y herencia de su familia. Los arrojo fuera de su casa y les grito que les arrojaría los perros, si se atrevían a tocar su puerta una vez más. Una vez que la puerta principal se cerro, Narcisa camino por el largo recibidor y desapareció. Lo que Draco acabada de ver lo dejo impresionado. Su madre no solo usaba la varita para conjurar hechizos domésticos, era hábil contrincante y capaz de ejecutar movimientos que nunca había visto. Volteo a ver hacia la esencia que tenía a un lado de él y que ya no le presionaba para seguir sentado, sino que más bien ella se levantaba y seguía por pasillo. Draco la siguió. Ignoraba que en su casa hubiese un fantasma, que otra cosa podría ser, se dijo. Sin embargo pensó que era un extraño fantasma, por que al tocarlo y obligarlo a estar en las escaleras lo había aferrado con sus manos y aun cuando no sintió calor en ellas si percibió la fuerza que le aplicaba. Pero entonces volvió a voltear y la esencia traslucida le sonreía y le indicaba con la mano que le siguiera. Llegaron a un gran salón, uno de los preferidos de su madre, donde había un gran tapiz que cubría una sección de la pared. En el pudo ver Draco que era el árbol genealógico de su familia. Algún día había entrado ahí, lo recordaba, su padre le había mostrado todo su linaje. Ya lo conocía, ¿Qué había en él, que ahora fuera importante ver? La esencia le indicaba una sección del tapiz. Noto que tenía las iniciales de su madre por el reverso. Ella era quien lo bordara. Los translucidos dedos de la esencia le indicaban una parte del diagrama familiar, donde Draco empezó a ver que iniciaba la rama de Narcisa para unirse a la de su padre. La rama de ella, era larga, llena de nudos y muy bifurcada. Pero inicialmente no estaba ahí los nombres de los integrantes de la familiar materna. No lo vio de momento. Pero luego al pasar los dedos por entre los hilos se dio cuenta que estaban los nombres bordados muy intrincado, entremezclados entre los hilos y los nudos. A simple vista no se veían y si no se buscaban, quizás ni se encontraran. Narcisa había bordado los nombres de sus familiares mas cercanos y ahí pudo ver los nombres de sus hermanas: Bellatrix y Andrómeda. A la primera la conocía y de la segunda solo había escuchado que era una renegada. Las tres hermanas Black. -¿Qué significa, por que me muestras esto? - volteo a decirle a la esencia que tenia a un lado, pero esta solo sonrió y empezó a moverse para salir de ahí sin detenerse. Se movía tan rápido que Draco casi tuvo que correr para alcanzarle, cuando vio que se dirigía a su propia recamara y que atravesaba la puerta sin abrirla. Draco entro y ya no vio a esa extraña presencia. Simplemente desapareció. Noto en cambio que el cubrecama estaba levantado y al acercarse y mover la almohada vio un gran sobre laqueado negro, con una cinta plateada, dirigida para él. Volteo el sobre y sonrió complacido al ver sello en cera roja de la casa Vlkoslak ¡! Sergei le escribía! ¿Pero como llego ahí? Pensó que quizás la extraña presencia le había traído la carta, pero si era si ¿Quién era esa presencia que ahora le traía ese encargo, que para él era tan valioso? Pero los pasos apresurados en el pasillo, indicándole que su madre estaba llegando a la puerta, le evito abrirla y volvió a ponerla debajo de su almohada. Pensó que más tarde la leería con calma. Su madre entro rápidamente y le abrazo. Draco acepto su abrazo. Realmente necesita a su madre, había sido una larga separación y tenían mucho que decirse. Mucho de que hablar. Cenaron en el comedor y ella estuvo solicita y cariñosa como siempre, alegrándose de tenerlo en casa y preocupada por que no había permitido que sus amigos se quedaran a acompañarlo. Le dijo que había pedido a las familias de sus amigos que pasaran el verano con él, para que estuviese entretenido. -No
soporto a ese par - le dijo. Draco pensó en comentarle lo que había visto y oído minutos atrás en el salón, pero decidió callarlo, pero continúo con su decisión de enterarse de las actividades familiares. -Aun
así, podría ayudarte. Algún día tendré
que hacerlo y tengo un verano para aprender -¡ Pero lo piensas! Tengo edad suficiente para quemarme la piel con la marca de otro, pero no tengo edad para conocer a lo que se dedica mi familia. Tengo edad para unirme a un grupo del que solo se, lo que mi padre me ha dicho. ¡Pero cuando quiero enterarme de algo soy el pequeño de la casa que debe quedarse a entretener a sus amigos! -¿No
estas exagerando, Draco? Narcisa se levanto y se acerco a él. La rebasaba ya en altura. Había crecido mucho desde el último año y sus facciones se habían endurecido, aunque había aun en sus ojos un brillo de dulzura que solo las madres podrían encontrar. Pensó que él también estaba sufriendo por la falta de su padre. -¿Crees
que te oculto algo? Draco la veía y la escuchaba. Había cambiado su tono dulce y maternal, por el de una mujer al acecho. -Al tinglado ese que llamas recamara matrimonial. Ustedes no duermen juntos hace mucho tiempo, aunque pongan flores en los jarrones a diario. Y eso fue antes de que él saliera de aquí. Ella levanto la mano para intentar cruzarle la cara, pero Draco la detuvo. -Tus razones tendrás, ya te lo dije. Pero no me alejaras de los negocios de mi padre. Déjame de tratar como un niño”, le dijo mientras le soltaba la mano y ella se movía hacia atrás. -¿Crees
que eres un hombre ya? Le dijo mientras salía del comedor dando un portazo al salir, para dejarla ahí. No había sido una buena forma de empezar un dialogo con su madre, se dijo. Pero nunca antes había tenido uno, así que para empezar por lo menos se comunicaban al mismo nivel: a la defensiva y con el suficiente veneno para escupírselo uno a otro, por que sabían que estaban inmunes de cualquier manera.
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