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Clasificación:
PG/17
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Cap. 3 Los mensajes Enfurecido consigo mismo por haber permitido que la primera cena con su Madre terminara en gritos, salio hacia su recamara. Donde para variar también dio un portazo y se arrojo a la cama. ¿Cómo podría hablar con ella sobre cosas importantes, si a la menor provocación, él le gritaba y ella solo pensaba cruzarle la cara? Seria un verano muy largo y lleno de roces si eso seguía. Estiro los brazos hacia atrás y sintió en sus manos el sobre que había dejado para leer. Por un momento los problemas con su Madre pasaron a segundo termino, fascinado ante el sobre laqueado que tenia en sus manos y que tenia su nombre escrito en el. Se levanto y tomo un abrecartas de su escritorio para rasgar suavemente el sello, por que tenia la intención de conservarlo. Saco el pergamino que estaba cuidadosamente guardado y descubrió con gusto la cuidadosa y armoniosa caligrafía de Sergei. Mí
muy amado Draco:
Yo, estoy en los Carpatos, instando a Agatha a salir a San Petersburgo,
pero ella ha decidido, muy a mi pesar, que quiere hacer un viaje ante
de ir a nuestra residencia de invierno y entre que pone al día
el menaje que llevara y la ruta que haremos se ha pasado la semana. He
logrado convencerla de enviar el menaje por carruaje y hacer nosotros
un viaje aparte por el continente. Ha encontrado un sin fin de lugares
a los cuales quiere ir y empezaremos por Budapest, Munich y viajaremos
hasta Grecia. Cuando lleguemos te narrare sobre nuestro viaje.
Las palabras que leía no solo lo llenaban de una sensación de confort. Su amigo no solo le decía que lo extrañaba y que deseaba saber de él, sino parecía que estaba enterado de cosas que le pasaban y que estaba seguro que nadie sabría. ¿Cómo sabia él, que había discutido con su Madre? Si eso había pasado tan solo un momento atrás. Pero saber además que había quemado algunos pergaminos donde intento escribirle, pero que nunca termino y los arrojo al fuego, mientras se sentaba a verlos. Era inaudito. Pero lo más ilógico era pensar que podría escribirle, sin saber donde estaba. Le decía que estaría viajando y que llegaría Grecia. Pero no le daba fecha. Podrían están en camino o haber llegado ya. Releía la carta, una y otra vez. Era usual de Sergei los acertijos y las respuestas encubiertas. Decía las cosas de tal manera que eran tan evidentes, que por serlas no se veían. Se levanto y empezó a caminar, mientras dejaba la carta sobre la cama. La respuesta estaba ahí, solo tenia que pensar. Quizás, se dijo, solo quizás, el fantasma que viera fuese quien le trajéese la carta que ahora tenia ahí. Pero eso no podía ser. La mayoría de los fantasmas, hasta donde sabia, estaban sujetos a un lugar, no podían viajar de un lado a otro y mucho menos podrían convencerlos de hacer algo como llevar correspondencia. No. definitivamente no era esa la respuesta. Además en su casa, no había fantasmas, lo sabrían todos de ser así. Volvió a leerla y después de un rato sonrió. Era simple: todo lo que firme para él, le llegara. Era simplemente obvio. ¿Pero era posible? Habría que probarlo. Tomo un pergamino y entinto la pluma.
Querido
Sergei
No sabía más que poner. Quizás solo era una tontería, pero cerró el pergamino, le puso la cera negra con su sello y escribo el remitente: Sergei Vlkoslak Demeter. La dejo sobre la mesa y busco la mirada hacia los rincones de su cuarto, esperando ver salir de algún de ellos a la extraña presencia que horas atrás viera. Quería corroborar que era quien se llevaría la nota. Sin embargo lo que paso fue diferente. La nota de pronto parecía como si estuviera escarchada y luego completamente cubierta de hielo. Cuando intento tocarla, la carta de desintegro como si fuera algo muy frágil, pero no dejo sobre la mesa ninguna marca. Simplemente no estaba. Se levanto de la silla muy impresionado, pero ni siquiera tuvo tiempo de reponerse de la sorpresa, cuando minutos después, nuevamente sobre la mesa, primero como un copo de nieve cuando cae, una pequeña nota en papel negro con un sello rojo, de tamaño de una tarjeta de presentación, aparecía donde antes estaba la carta de Draco. La levanto lentamente y vio de nuevo la caligrafía que reconocía, y sonrió complacido: Si,
esta es la forma. No estaba firmada, pero estaba seguro que era de él. Busco más pergamino, ahora si podría escribirle y decirle todo lo que había pasado esos días que no estuvo con él. Pensaba que decirle, ahora que sabia que si recibiría sus cartas y las respondería. Pero se detuvo. Antes tenia que arreglar otra cosa. Guardo tanto la carta, como la nota en su cajón con llave y salio. Hablaría antes con su Madre. Tenía cosas que decirle, entre ellas que era una gran mujer.
La puerta se abrió súbitamente para dar paso a Agatha quien llevaba en las manos un gran pergamino que le mostró sin mas a Sergei. -Esta
es la lista del menaje que quiero llevarme, pensé que te gustaría
verla antes de que empiecen a trasladarlos”, le dijo. Ella
le arrebato la lista y empezó a verla. -¿Noticias?
¿Algo importante? Agatha sonrió, se levanto y fue hacia a él, mientras se sentaba a su lado. -¿Estas
seguro de todo esto?
Cuando Draco toco suavemente la puerta de la habitación de su Madre, ella no contesto. Pero él siguió insistiendo, hasta que la puerta se abrió y entro. Tardo unos segundos en acostumbrarse a la poca luz de la habitación y darse cuenta que su Madre estaba sentada en un sillón con un libro en las manos. El mismo que días antes viera abierto. Llego hasta ella y se dio cuenta que en sus ojos estaban humedecidos y al verlo fue hacia ella y se arrodillo, mientras abrazaba sus piernas. Sintió las manos de su Madre pasar suavemente por su cabellos. Él empezó a susurrarle que lo disculpara, que solo había sido un arrebato, que extrañaba a su padre y que lo menos deseaba era perderla a ella ahora por tonterías. -No
se como actuar Madre, de pronto la ira me ciega y no puedo ver mas allá.
Solo quiero ser útil y reducir tu carga. Tenerme aislado y protegido
de todo no me ayudara. Y le contó, lo que había visto cuando ella llegara. Como la vio batirse y defenderse, pero sobre todo proteger el nombre y los bienes de la familia. -Estoy
muy orgulloso de ti Madre. -Dime
hijo…..tu amigo… el extranjero…. ¿volverá
el año siguiente a Hogwarts? -No
lo se realmente”, le dijo secamente Narcisa, era ahora quien levantaba las cejas en señal de sorpresa. -¿Realmente
crees que te aceptaran una relación de ese tipo? Draco fue hacia ella y le beso la frente. -No te preocupes Madre. Él se ha ido a San Petersburgo, no regresara a Hogwarts este año. Escucho como su Madre daba un respingo de tranquilidad. Él empezó a caminar hacia la salida, mientras abría la puerta volteo a verla. -Pero terminando Hogwarts yo iré a buscarlo y lo encontrare”, le dijo mientras sonreía viendo la ligera mueca en la cara de su Madre. -¿Tienes
una idea de quien es él y lo que su familia representa? Salio y cerró la puerta. Dicho estaba ya. Si en un año, Sergei no volvía a la isla, él iría a buscarlo hasta los infiernos helados del Gulag ruso.
Algunas tardes Narcisa lo encontraba en la biblioteca sumido en la lectura de un libro de hechizos y le agrado ver que leía con avidez y que difícilmente podía decir que estaba aburrido o molesto. Más bien lo veía feliz y relajado. Poco interesado en algunos presentes que le diera y más enfocado en volver a su libro. Le visito un tarde, cuando la lluvia arreciaba y lo encontró en su recamara sentado en un sillón cercano a la ventana, con las piernas cruzadas y la vista totalmente extasiada en las lluvias que bajaban por la ventana. Lo invito a tomar el té mientras ella invocaba una tetera humeante y bocadillos. Hablaron sobre algunas cosas del negocio y ella le dijo que estaba sorprendida de que menos de 2 meses ya manejara los asuntos de la empresa, que le asignara con soltura. Él le agradecía la confianza y volvió su vista a la ventana. -¿Te
preocupa algo?”, le pregunto. Draco, sonrió, eso le hacia sentir muy bien. Saber que alguien lo amaba, aun lo que fuera, aun donde estuviera y sin saber si regresaría para escucharlo. Alguien más que él, claro. También él amaba a su padre. Quizás no estuviera de acuerdo ahora con algunas cosas, pero había defendido sus ideas y de eso estaba orgulloso de él. De pronto el tintineo de copos de cristal cayendo le hizo girar la vista hacia la mesa e igualmente a su Madre, quien se levanto y vio después del escarchado, la forma de un sobre negro con un lazo plateado y un gran sello rojo y el nombre de su hijo en ella. La vio detenidamente y se la mostró a éste que seguía viendo la lluvia caer. -¿Te
escribe con regularidad? Ella sin meditarlo rasgo el sello y se encontró ante un lenguaje desconocido, aunque debía admitir que era una linda caligrafía. -¿Entiendes el ruso?”, le pregunto Draco se levanto y tomo su carta de las manos de su Madre y empezó a leerla en voz alta, en un melodioso acento y al terminar volteo hacia ella y le sonrió. -¿Responde eso tu pregunta?”, le dijo mientras cerraba la carta y la arrojaba a su cama. –Agradecería mucho que no intentes leer mi correspondencia. Esa parte es personal. -Me
sorprende que hallas aprendido un idioma diferente, nunca te gusto. Pero Draco ya tenia otros sueños propios, definidos y solo buscaría la forma de cristalizarlos y pensó que vez de lluvia caer en las losetas a él en particular le gustaría la nieve, en grandes copos y hundirse sus zapatos en ella para ver las huellas que formaba. Si, veré caer la nieve desde algún gran ventanal, un día, por el solo placer de verla, se dijo. Regreso a la cama y tomo el sobre y empezó a leer con avidez que tanto Sergei como Agatha estaban saliendo de Grecia para salir a Georgia y que en los primeros de septiembre ya estarían en las puertas de su mansión de invierno en San Petersburgo y que esperaba que Agatha se entretuviera en organizar la residencia y revisar una y otra vez que todo el menaje estaba en orden y empezar a enloquecer a la servidumbre. Estaba encantado con saber que los negocios de la familia Malfoy estaban bien y que sobre todo él había aprendido muchas cosas y que la relación con su Madre era más cordial. Que no olvidara comprar suficiente material para sus clases y que llevara plumillas extras, por que tendía a romperlas cuando escribía demasiado rápido. Que su caligrafía estaba mejorando, pero que gustosamente le recordaría a escribir los grafos mas amplios y mas nítidos. Le decía que le había encantado mucho el sueño que le narro y que podía tener varios significados, pero que era muy posible que solo tuviera un motivo. Que deseaba mucho revivir ese sueño con él. Que se llenarían las manos de nieve, mientras se besaban. Le dijo que anotara en su calendario personal las fases lunares, para que acomodara sus horarios y las tareas para que no se acumularan, por que no debía olvidar que las noches de luna nueva iría a verlo. Lo había prometido y un Vlkoslak no olvidaba sus promesas.
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