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Clasificación:
PG/17
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Cáp. 4. El retorno a Hogwarts Las
semanas siguientes pasaron rápidamente, entre el negocio familiar,
revisar con su madre sus conjuros y ocupar algunas tardes en salir al
callejón Diagon a terminar las compras de la lista de materiales
para el año escolar. Su madre ese día no pudo ir con él,
así que se dirigió junto con un criado de la casa al callejón.
Le entrego la mayoría de los paquetes y lo mando al carruaje. Paso
por una relojería y sin pensarlo mucho entro. En realidad, no utilizaba
reloj y no tenia la menor idea sobre que buscaba. Pero quería comprar
uno para un regalo. Tenia que ser algo antiguo. Paso por los estantes
con curiosidad, pero realmente nada le gustaba. Respiro fastidiado. Entonces
volteo y vio un libro sobre la historia de relojes antiguos y su fabricación.
Tenía una linda encuadernación y los cromos eran detallados
y bellamente dibujados. Pidió que lo empacaran y se lo llevo. Iba
saliendo de la relojería totalmente distraído con su paquete
cuando choco con alguien y el paquete cayo al suelo. Escucho las disculpas
y vio la trigueña melena de una chica, que reconoció de
inmediato, la cual se inclino y tomo el paquete que se había abierto
un poco y se lo daba. La cara de ella cambio súbitamente cuando
lo reconoció a él. Draco le arrebato el paquete, la vio de arriba abajo y pensó en decirle un par de groserías entre ellas que era una tonta sangre sucia que no sabia caminar por la calle, sin chocar. Pero guardo silencio y empezó a caminar dándole la espalda. Solo le importaba recobrar el libro. Su criado lo alcanzo y tomo el paquete, mientras abría la puerta del carruaje. Draco entro y vio por la ventanilla la cara sorprendida de Hermione Granger que aun seguía parada en la acera viendo pasar el carruaje. Estupida, pensó, mientras se alejaba del callejón y se dirigía a su mansión.
Cuando el momento del retorno al colegio llego, unos días después, su madre Narcisa hizo todo lo posible por ir a despedirlo en esa ocasión. Una parte del camino se convirtió en un rosario de recomendaciones de parte de ella para su hijo, el cual solo miraba por la ventana esperando ver las cercanías de King Cross. Cuando iba a bajar, su madre lo retuvo por el brazo. -Cuídate
mucho Draco El volteo a verla y vio la cara ligeramente acongojada de su madre. Ahora él era mas alto que ella y había una gran diferencia entre el chiquillo que llevo la primera vez a tomar el expreso y el joven que ahora era. Habían pasado seis años y parte del orgullo Malfoy con el que llego era historia, pero ahora las cosas eran distintas. La abrazo fuertemente y le dijo que también había sido un buen verano para él, que estaba encantando con ella. -Y estoy orgulloso de llamarme Black, Madre. Se despidieron con la promesa de que se mantendrían en contacto y en comunicación. No mas presentes, le dijo, solo cartas donde le platicara como estaba y que si necesitaba algo se lo hiciera saber. En el expreso encontró a sus compañeros Slytherin, entre ellos a Crable y Goyle, quien junto con Nott, le tenían reservada un compartimiento. Los tres lo saludaron como siempre y le preguntaron como había pasado el verano, pregunta a la que él encogió los hombros y les dijo que estuvo con su madre. Ellos platicaron sobre algunos viajes y las cosas que se habían comprado. A los pocos minutos Draco veía por el ventanal y sin darse cuenta su mente se alejo rápidamente de ahí. Le costaba trabajo mantenerse entretenido con ese trío de soquetes. Vio pasar por el pasillo al resto de alumnos del colegio y cuando vio pasar a Harry, la vista de ambos se sostuvo por segundos. En ambas miradas la desconfianza era evidente. Hasta podía decir que veía en los ojos de Harry más determinación y coraje. Quizás el verano también le había enseñado algunas cosas al joven Harry o solo actuaba como estaba aprendiendo a hacerlo: a la defensiva ante quien consideraba su enemigo natural. Curiosamente Draco le guiño el ojo y le sonrió burlonamente y volvió a prestarle mayor atención al ventanal que a ver en donde se instalaría el Gryffindor en ese viaje. Harry entro al compartimiento donde Hermione y Ron, a escasos minutos de haberse visto ya habían empezado una de sus acostumbradas riñas sobre nimiedades. Era su forma de decirse que se habían extrañado el verano y que les daba gusto verse. Platicaron el resto del camino sobre todo lo acontecido y las extrañas noticias que se estaban publicando en el Quibbler sobre los más frecuentes avistamientos de vampiros y banches en los suburbios ingleses. Cosa que Hermione desmintió categóricamente y llamo al periódico alarmista y fabuloso. Y empezó un largo y tendido monologo sobre que las banches no tenían ningún interés en la aburrida vida inglesa. Sus amigos empezaron a comer ranas de chocolate y cambiaron de tema sobre el último partido de quiddicht. La chica se sintió fastidiada de que el único tema de conversación fuera un juego y salio a pasillo a buscar a Ginny y a Luna, para pasar el resto del viaje.
El recibimiento en el gran salón fue lo acostumbrado, la selección de nuevos alumnos en las casas, el discurso sobre las prohibiciones al bosque prohibido y a algunos salones, lo acostumbrado, pero luego el discurso cambio sobre algunas nuevas modificaciones para los alumnos de séptimo grado. Entonces la vista de Draco se levanto de la mesa donde había fijado toda su atención a la del Director, quien les decía que para mejorar las relaciones entre las casas, los alumnos de séptimo grado, no solo tomarían algunas clases juntos, los integrantes de las casas formarían grupos de trabajo para tareas y actividades mezclados. Los murmullos no se hicieron esperar, pero Dumbledore levanto las manos y dijo serenamente que no era momento para eso, sino de cenar, así que aun toque de sus manos, las viandas con alimentos aparecieron y ante el hambre de casi todos, el murmullo desapareció. Al ver la forma en que sus amigos devoraban lo que tenían enfrente, Draco volteo la vista para no sentir nauseas y entonces fijo su vista en la mesa de Gryffindor y vio a su hermano Peter, quien se encontraba en segundo grado y que parecía muy risueño y relajado. Por mucho tiempo, Draco solo había sentido hacia él molestar y coraje. Resentimiento era la palabra adecuada. Pero ahora al verlo, pensó que después de todo también el chiquillo era un Malfoy. Respiro e intento poner su mente en otra parte. Terminada la cena, todos se dirigieron a sus respectivas casas, pero en el pasillo, se encontró con que otros chicos Slytherin de tercer grado que molestaban a Peter quien se había rezagado y había tropezado con ellos. Lo empujaron hacia la pared y lo mantenian ahí, mientras le insultaban. Draco
llego hasta ellos y los empujo, gritándoles que lo dejaran. Los
chiquillos al reconocerlo, lo soltaron rápidamente y salieron corriendo,
pensando quizás que seria el mismo Draco quien terminaría
de castigarle. Draco recogió la mochila del chico y se la dio. El chico tomo su mochila y se fue corriendo, ante la mirada de incredulidad del trío de Slytherin que acompañaba a Draco, el cual volteo a verlos desafiándolos. Ninguno de los tres dijo nada y lo siguieron de cerca cuando se dirigieron a los dormitorios. Si algo había aprendido ese trío era que con Draco nunca se sabía exactamente que pasaría, pero era mejor no ponerse enfrente por que lo que si pasaría era que los aplastaría o a ellos o a sus familias. Quizás Lucius Malfoy estuviera en Azkaban, junto con sus padres. Pero la fortuna de Malfoy aun era temida, junto con todos sus contactos. Y ahora lo era Draco, el heredero de su nombre. Cuando llegaron al dormitorio de la casa común, Draco repaso con la vista toda la sala. En particular su vista se centro en un sillón cerca del fuego donde anteriormente alguien pasaba hora leyendo ahí. Pero ahora estaba vació. Horas mas tarde cuando ya las luces estaban apagadas y sus compañeros exhaustos de platicar tonterías y maquilar nuevas ocurrencias se habían dormido. Draco se levanto y se dirigió al lugar donde anteriormente había una puerta que comunicaba a un cuarto privado. Pero encontró un gran tapiz en ese lugar, y luego al moverlo, se fijo que la puerta estaba sellada. Le dio un puñetazo a la puerta y recordó que faltaban 18 días para luna nueva. Pasó suavemente la mano por la puerta y se fue a la cama. Los sentimientos eran encontrados, hacia solo unos meses atrás no quería irse de Hogwarts, días atrás deseaba llegar y ahora estaba ahí, pero el que no estaba era Sergei y eso lo abrumaba. No comprendía como se las ingeniería para sacar el año, si él no estaba ahí. El año pasado tuvo que trabajar mucho para sacar su grado con buenas notas, pero reconocía que había sido gracias a Sergei que eso pasó. Tenía solo un año para demostrarse tantas cosas, entre ellas que podría ser un buen mago, no uno mediocre, si uno excelente. Tenía una promesa que cumplir, obtener los éxtasis con buenas notas. De pronto le vino a la memoria esa noche que se despedía de Sergei, donde él pedía que obtuviera las habilidades necesarias para ser un buen mago. Se sintió de pronto extremadamente cansado y agobiado. Levanto el cobertor para entrar en su cama y sonrió cuando vio una carta envuelta en una cinta de plata. Entro a la cama, cerro el dosel y de la oscuridad del cuarto solo la luz convocada por su vara iluminaba la carta. Mí
muy amado Draco: Sonrió y guardo la carta debajo de su almohada, junto con su vara. Puso la cabeza sobre la almohada y trajo a su memoria, otro recuerdo, el de la primera salida a Hogsmeade donde Sergei lo acompañara. Ese día había nevado y sus huellas en la nieve se perdieron hasta llegar cerca de la casa de los gritos. Fue ahí, sentados en la nieve, viendo los restos de la mansión, que ambos se habían liado a besos y sus manos se buscaban la piel. Besos que ahora le hacían falta y calor que necesitaba. Solo unos días más, se dijo y durmió.
En realidad los alumnos se miraban unos a otros y los cuchicheos no se hicieron esperar. Pero la voz y la mirada enérgica de la profesora, termino los murmullos. En una gran urna se encontraban todos los nombres de los alumnos de séptimo y empezarían a salir las parejas que se anotarían en un gran pergamino junto a la urna en la cual reposaba una vuelapluma. Los nombres fueron apareciendo y las parejas formándose, ante las miradas atónitas de los alumnos que no podían creer las combinaciones que se hacían. Draco y sus amigos se mantenían alejados y juntos a ellos Pansy. Quien ahora, viendo que el amigo de Draco no había vuelto para ese año, no pensaba desaprovechar la oportunidad. Siempre había estado interesada en él, pero el año pasado, definitivamente lo había descontado, ante el evidente interés de Draco por el extranjero y aunque nunca pudieron vincularlos afectivamente, nadie dudaba, dentro de su grupo, que acercarse a Draco junto a Sergei era imposible, por que simplemente los ignoraba. Draco miraba al suelo, en realidad le daba lo mismo quien fuera su compañero, siempre y cuando no fuese Potter, claro, pensó. Seria el colmo de las ocurrencias. Pero cuando escucho su nombre y el de Granger, levanto la vista y grito que era imposible. Que no trabajaría con una sangre sucia. A lo cual también Ron le grito que se callara y Hermione le grito que tampoco le gustaría trabajar con el hijo de un mortifago. Los gritos no se hicieron esperar de ambos bandos, por que Pansy también le grito insufrible sangre sucia a Granger y Potter tampoco se callo y le confirió otro insulto a Pansy y al resto del grupo. Tuvo que ser la voz de Dumbledore entrando al salón que los hizo callar a todos. Se escuchaba molesto y les dijo que dejaran eso de una buena vez. No empezarían ese año gritándose ofensas y mucho menos él las toleraría de sus alumnos. Les dijo que era necesario que aprendiera a trabajar en parejas de casas mixtas. Deberían aprender tolerancia y conocer las habilidades de los integrantes de las otras casas. Si ellos no aprendían eso, de nada les servia un grado de éxtasis. Todos callaron y continúo la formación de la lista. Dumbledore se dirigió hacia donde se encontraba Malfoy y le indico con una mano que lo siguiera. Eso le sorprendió muchísimo a Draco, no recordaba en todo ese tiempo en el colegio haber tenido una conversación con Dumbledore. Siempre, por lo general, lo veía en el gran Comedor, pero solo eso. -¿Todo
bien, joven Malfoy? La
sola mención de su padre, le subió la sangre a la cabeza
y sintió el puño que se cerraba. Draco
cerró los ojos por unos segundos y respiro para controlarse, mientras
pensaba en nieve cayendo lentamente. Y sintió que la mano se abría
y se relajaba. -También te enseño a jugar ajedrez, creo. La vida es eso, una partida. No desaproveches las oportunidades. Que tengas buen día Draco”, le dijo y se fue.
En
la sala común de Gryffindor, los cinco amigos estaban desconcertados. Mas tarde, aun seguia pensando en lo mismo, en que su compañero era Malfoy, pero lo que mas la molestaba era que nunca les contó a sus amigos, que lo había visto días antes en el callejón Diagon, cuando choco e hizo que un paquete le cayera de las manos. Cuando vio el contenido del paquete y de quien era, quedo mas que sorprendida. Pero además, no pudo dejar de notar que no solo no le grito, ni la insulto, solo le quito el libro. Ella noto también lo largo de su cabello y la forma en que lo llevaba recogido y por primera vez noto el color de sus ojos y lo largo de sus manos. Todo eso le perturbo por unos minutos y se quedo en la cera viéndolo irse y que él la miraba desde la ventanilla. Cuando vio alejarse el carruaje entro a la relojería y solicito lo que el chico había comprado. El relojero le mostró el ultimo ejemplar del libro y ella quedo muy sorprendida que alguien como Malfoy, comprase un libro de ese tipo, calidad y buen gusto. No por que el dinero le faltara, pero definitivamente no era un libro para incultos, sino mas bien para alguien que disfrutara los libros. No podía creer lo que estaba pensando, el como llevaba recogido el cabello y que además había comprado un libro, un libro diferente de los escolares. Un libro para pasar tiempo con él. Se levanto enojada consigo misma, ¿como podía pensar en esas cosas? sobre todo con Malfoy, quien no solo era hijo de un mortifago, el mismo se había encargado de hacerles la vida difícil, mas de una ocasión, tanto a ella, como a sus amigos y en especial a Ron y a Harry. Pero no podía dejar de pensar en la cinta de su pelo y sus manos.
Pansy tampoco dejaba de notar esas cosas mientras se encontraba enfrente de Draco en la sala común y lo veía absorto viendo el fuego. Pero la mirada de ella era tan insistente que Draco volteo a verla. -¿Qué
te sucede a ti? Ella no se dejo amilanar, las mordidas de Draco no la intimidaban. -Compre
algo para ti este verano”, le dijo. Ella se acerco a él y le entrego la caja que traía en las manos. Él levanto la vista, pero no tomo la caja y ella se sentó a un lado y empezó a romper el papel de la envoltura y sacaba una linda caja de cristal que contenía un ajedrez traslucido. Las piezas finamente talladas recordaban hielo cortado. Ella lo puso en sus manos. -Pensé que te gustaría, me recordó tus ojos”, le dijo Pansy Draco estaba absorto ante el inusitado regalo. Un ajedrez. Hacia meses que no jugaba. Tardo unos segundos en reaccionar. -No te gusto ¿verdad?, yo…pensé”, decía Pansy, mientras recogía los restos de papel de la envoltura y buscaba guardar todo e intentaba levantarse. -Si, si, me gusto, espera….”, le dijo, mientras tomaba la caja y volvía a desempacarla y la ponía sobre la mesa y acomodaba las piezas. Cuando termino de hacerlo, le pregunto a Pansy que si quería jugar una partida. Ella sonrió complacida y le dijo que no sabia, pero aprendería. -Siéntate
entonces, te mostrare.
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