Pareja(s): Sirius/Remus Remus/Bill
Disclaimer: La mayoría de los personajes de esta historia son propiedad de J.K.Rowling y Warner Bros. Esto es puro entretenimiento y no me reporta beneficio económico alguno.
Avisos: Slash relaciones h/h. Clasificación: NC-17

 

Maldecido

 

“Mi nombre es Remus John Lupin. Soy un licántropo. Fui maldecido hace muchos años. No con una maldición normal, sino con la mordedura de un lobo. Una mala jugada del destino, por que en realidad siempre admiré a esos seres y las noches de luna llena eran mis preferidas. De niño creía que eran unos increíbles seres de la noche, fuertes, ágiles y unos depredadores naturales. Llegué a admirarles, lo confieso cuando cómodamente leía sobre ellos, en libros antiguos. Y en algunas ocasiones lo hice a la luz de la luna, desde mi ventana. Pero era un niño, cuya imaginación se desbordaba ante la lectura y la imaginación, hasta que una noche oscura y terrible mi vida cambio.

Aún recuerdo esa noche y sinceramente sigue dándome pesadillas. Es como pasar por un largo túnel donde los recuerdos quedan atrapados y se convierten en dolorosos aguijones. Quizás mis memorias estén ahora un poco reconciliadas con mi entendimiento y no sean tan fieles como cuando sucedieron y es seguro que existan huecos que no pueda cubrir. Tendría ya los siete años, empezaba a oscurecer y la neblina avanzaba, al regresar a casa, después de jugar toda la tarde fuera. Una leve sensación de angustia que se incrementó cuando unos pasos se escuchaban detrás de mí. Creo que apresuré el paso con ligera angustia, pero unos segundos después fui jalado del suéter y…lo vi.

Su sonrisa era una mueca, macabra, diría hoy. En ese momento solo me dejó sin habla. Tenía el cabello esparcido por su cara angulosa y demacrada, con sus ojos casi saltones que la enfatizaban. Me retuvo por el hombro, observándome como si fuera una pieza de carne. Famélico y hambriento, seria la expresión adecuada. Ningún lamento salió de mi boca, por que tenia tanto miedo. ¡Lo intenté, lo juro! Pero el sonido se fue de mi garganta y al ver su largo dedo frente a mi cara, indicándome callar, solo puede hacer eso. Quizás, pensé, solo quería preguntarme algo. Quizás, me dije, era solo un vagabundo extraviado. La verdad me llego muy tarde y sin concesiones.

No hubo palabras, ni comentarios mordaces, solamente el apretón de su nervuda mano sobre mi hombro y luego el fuerte agarre de sus colmillos en mi garganta, apretando, desgarrando sin compasión. ¡Sus manos me retenían, mientras un fuerte mordisco me hizo palidecer de dolor!

Creí que me destrozaría el cuello y moriría. Pero su alma era demasiada negra para concederme tal favor. Soltó el agarre y me arrojó como un trapo sobre el suelo, donde caí de espalda, apretándome el cuello con mis manos, que se llenaron de sangre.

Increíblemente, en ese momento fue cuando grité. De mi garganta escapó una exclamación y fue seguida por pequeños gritos, todos de miedo y terror. Miedo por que ese ser, aun viéndome en ese estado lamentable solo tenía una mueca grotesca en su cara, como si disfrutara de tal malsano placer.

Si hay algo que no olvidaré nunca será esa descarnada mueca y sus ojos gélidos.

“-Greyback, recuerdalo. Si no mueres, claro”.

¡Maldito!. ! Era un maldito licántropo que gozó en ese momento con mi dolor!

Eso lo sé ahora, años después cuando intentando procesar ese momento, sobre el cual tenia algunas dudas. Perdí mucha sangre y mi mente estaba divagando entre el dolor y el terror. Pero seguro estoy que Greyback lo hizo con todo el dolo que su mente podía concebir. Matarme era lo más simple, era solo un niño sin ninguna defensa ante esa bestia, pero solo me transmitió su rabiosa enfermedad y con ello me maldijo a vivir cada noche de luna llena en pavorosa transformación.

Como me encontraron mis padres, quienes preocupados por mi ausencia me buscaron y me llevaron a St. Mungo, es algo que mi mente no recuerda del todo, solo la mirada angustiada de mi padre y el llanto en la cara de mi madre, el dolor reflejado de ver a su hijo cubierto de sangre y con una pavorosa mordedura en el cuello. Me aferraba a ella con la idea de que una madre puede alejar de sus hijos el dolor con su sola presencia. Y en realidad lo hizo, por que al tenerla a mi lado me deje desvanecer completamente, en sus brazos. Agradecido de ser rescatado y alejar de mi presencia a ese ser que me atacó sin contemplaciones.

Las horas difíciles llegaron después. Las palabras que medio entendían, el llanto de mi madre ante algo que yo no comprendía de todo en ese momento, la negación de mi padre y la mirada atribulada de los curanderos. Pase varios días así, entre el estupor de las pociones, el dolor en mi cuerpo y una angustia en mi pecho por que parte de mí, intentaba procesar lo que sucedía, pero no alcanzaba en ese momento hacerlo del todo.

Recuerdo claramente a mi madre un día, ayudándome a vestir para salir rápidamente del hospital. Me suplicaba no levantar la voz, mientras salíamos casi a escondidas con la ayuda de una enfermera. No entendía que sucedía en ese momento, pero las seguí sin preguntar.

Después, supe que habían desaparecido mi expediente médico para impedir que fuera registrado como licántropo y con ello marcado de por vida. Las reglas de Ministerio eran claras, como ahora. Todo infectado por un licántropo debía ser registrado y controlado. Lo cual causaba discriminación en el menor de los casos. Por que hasta esa fecha, la licantropía no tenia cura y ni era posible un paliativo, como lo es ahora la wolfbane. Lo único que existía era esperar la luna con temor y ser sujetado a fuertes cadenas.

Mi familia fue tan devastada como yo. Ellos sufrieron tanto, al ver a su único hijo con tal bestial marca. Su amor fue tan grande, que no solo lograron esconderme del registro y la discriminación, sino que fueron el mayor soporte a mi dolor, al miedo y el temor con el cual enfrente mi destino.

No fue fácil, nada fácil en verdad. Ocultarme, curarme y mas tarde soportar en silencio la que seria mi primera y una de las mas dolorosas transformaciones. La mas terrible, por que aunque quisieran estar a mi lado y reconfortarme en esos momentos, tuvieron que encadenarme y aun cuando cubrieron la habitación con mantas y colchonetas, el dolor con el cual mi cuerpo se lastimó al cambiar por el efecto de la luna llena fue pavoroso.

Primero el miedo, por no poder entender cabalmente lo que sucedía en ese momento. Mi padre intentaba explicarme que solo seria esa noche y que volvería a la normalidad, pero yo solo me aferraba a los brazos de mi madre. La deje ir con mucho angustia, por no saber que esperar.

En realidad fue espantoso, estar en la oscuridad, sujetado a cadenas, esperando el momento, hasta que el dolor volvió hacerme presa y mi cuerpo ya no pudo controlar los espasmos, ni el crecimiento de las extremidades. Luego la pérdida de conciencia, de no saber que sucedió en cierto punto. Mentiría si digo que recuerdo a detalle. He hecho lo posible por olvidar. Olvidar me ha permitido seguir. Sin embargo hay cosas, que siguen grabadas, como el recuerdo tener a mis padres de nuevo a mi lado, envolviéndome en una manta, curando después mis heridas. Lesiones que yo mismo me inflingí en el momento en que la bestia tomó control de mi cuerpo y no fui mas un humano, sino un licántropo. Una bestia que seguro aulló a la luna, reconociéndola, atestiguando que un niño había perdido su humanidad y su infancia.

Nada, nada fue igual después de eso. Mis padres en un deseo de protegerme, me mantuvieron alejado lo más posible de otros niños, para que no fuese a lastimarles accidentalmente o que descubrieran nuestro oscuro secreto.

¡Odie a la luna, por ser la indicadora de mi maldición, la que hacia emerger a la bestia! Por varios años no volvería a verla de igual manera. Contaba los días para su arribo con aprehensión. Temeroso del dolor, de la soledad, de la frustración de no poderme rebelar a lo inevitable.

Sin embargo, en esa miseria humana, mi familia siempre estuvo ahí. Aun cuando la bestia creció junto conmigo, haciéndome más daño, volviéndome más peligroso para los míos, quienes se iban consumiendo a mi lado. Temeroso, supongo que algún día, al abrir la puerta me encontrase desfallecido, que la bestia hubiera ganado al final y tomado mi propia vida en tributo.

Pero no sucedía. En su propia afán de supervivencia la bestia, solo me lastima lo suficiente para recordarme su presencia y control, pero no me destruiría, por que al hacerlo, atentaba contra si misma. Dejaba solo en mi cuerpo, las heridas que tardaban en sanar, el agotamiento, la melancolía de ya no ser un jovencito cualquiera y la desolación de que nunca podría tener a nadie en mi vida.

O esa era lo que pensaba, hasta que otro evento cambio mi vida. Soy hechicero. Provengo de una familia de magos, la cual un día recibió la invitación para que yo fuera a estudiar a Hogwarts. Al principio mi familia no creyó que era una buena idea. El mismo director Dumbledore tuvo que ir personalmente a hablar con mi familia, para explicarles que tenía una oportunidad y que él encontraría la forma para que cada mes estuviera baja custodia y no lastimar a los alumnos. Dio todo tipo de explicaciones y mi familia terminó por aceptar.

No se si fue por que necesitaban un descanso, alguien en que trasladar el peso que llevaban sobre sus hombros o por que en una fugaz esperanza, esperaban que al irme a Hogwarts su magia también me ayudaría.

En eso último tuvieron toda la razón. La magia, la verdadera magia no estaba del todo en sus paredes o en conocimiento como tal, sino en la compañía de otras personas con las cuales al final termine compartiendo mi dolor, mi angustia y que fueron compañeros entrañables.

Si, en Hogwarts hice amigos, 3 en particular fueron muy entrañables. Luego se fueron anexando otros, pero al principio fueron James, Sirius y Peter. Aunque de este ultimo, no quiero hablar. Aunque tendría que hacerlo. Luego llegó Lilly. Pero bueno, no todo era color de rosas.

Las transformaciones no desaparecieron sino que eran igual de regulares y para ello, Dumbledore mando poner precauciones en la entrada a una vieja mansión, cerca del colegio, donde al principio, en solitario esperaba las transformaciones. Luego, mis amigos al enterarse de mi condición, lejos de abandonarme, fueron mi compañía. Claro, esperaban afuera esa noche y por la mañana me llevaban a ir la enfermería. Me cubrían en mis clases y más de una vez me ayudaron con mis tareas y obligaciones. ¡Éramos los más grandes amigos, los que siempre estaríamos juntos! Hasta tuvimos un nombre, “los Merodeadores”. Si, como su nombre lo indicaba éramos unos malandrines. En el mejor sentido de la palabra.

Mis amigos eran, muy peculiares. James Potter era un gran jugador de quidditch, inteligente, bromista y en extremo dado a meterse en problemas. Lo seguía Sirius, quien era realmente hermoso. Bueno, ese era un apodo que el mismo se puso, en verdad era que tenía una gran lista de admiradoras, primero por tener unos grandes ojos grises acero, por llamarse Black y con ello ser heredero de la fortuna de su familia y para colmo, un conquistador empedernido.

Peter y yo, no teníamos nada en que competir con ese par. Peter era algo regordete, sin gracia, mientras que yo era, un niño enfermizo.

De alguna manera, nuestras personalidades encuadraron, he hicimos mas de una travesura juntos. James y Sirius, frecuentemente tenían peleas con algunos otros chicos, principalmente Slytherin, ya que al ser nosotros de Gryffindor, parecía que la rivalidad entre casas, se acentuaba con estas dos. Como fuera, no había semana en que no estuviera alguno de nosotros o castigado o puesto en detención o haciendo tareas extras por alguna de las ocurrencias de James o los arrebatos de Sirius.

Como fuera, éramos buenos amigos. Los mejores dije. Ellos se preocupaban tanto por mi, que un día me sorprendieron con la idea de que habían encontrado una libro en el cual indicaba una receta para acelerar una transformación controlada. Al principio, creí que era solo un chiste, pero cuando vi que lo tomaron tan en serio, me preocupe. Pensaban hacerse animagos y con eso, acompañarme la noche de mi transformación. ¡Suena ridículo, lo sé! Pero les tardo mas de dos años dominar la técnica y una noche, lo lograron. Un ciervo, un perro, una rata y un licántropo corrían por el bosque prohibido de Hogwarts.

Muy seguramente, nadie lo creerá. Pensar que 3 estudiantes, sin graduarse, habían dominado una técnica tan difícil, solo para acompañar a su amigo en esas noches oscuras y dolorosas. Sin embargo, puedo atestiguar que tal cosa sucedió y que mis amigos fueron participes de ello.

Cuando lo lograron, me acompañaron en las noches de transformación, corriendo a mi lado, logrando que el lobo se apaciguara ante la libertad de poderse llenar las patas de tierra y las noches frescas sobre su pelaje. Mis amigos, en sus formas animales, estuvieron ahí. Fue en esas noches en mi lobo logro ver la luna, admirarla, maravillarme por su presencia en el firmamento.

Suena tan increíble, que una parte de mi se sintiera tan bien, mientras que otra, aprisionada y herida se refugiaba en el dolor. Pero la vida esta llena de maravillas.

Fue en esa época, cuando algo más increíble sucedió. Me enamoré, perdidamente de mi amigo. Si, me enamoré de mi amigo Sirius. No sé como paso, no me lo propuse ni mucho menos. Solo fue algo que nació de pronto, cuando en esas noches de transformación, emocionado por tener a otro canino a mi lado, otro que tenia un olor cercano e identificable, mucho mas que los otros. Pero no solo la bestia se enamoró, sino el jovencito que al día siguiente, todo lleno de heridas, lastimado, era gentilmente tratado por Sirius.

En algún momento, Sirius también sintió lo mismo. Lo vi en sus ojos, en la forma como acariciaba mi cabello, cuando estaba desanimado y adolorido. Como preparaba chocolate para reconfortarme y estaba siempre al pendiente de cualquier cambio en estado de animo, de salud. O simplemente para reanimarme. Fingía que necesitaba ayuda con alguna materia, cuando en realidad era muy inteligente. Lo hacia para que estar a mi lado, pelear con mi pluma o revolverme el cabello. Él me llamo Moony. Al principio me molesto, luego aceptando que era un pintoresco apodo, que reflejaba mi condición, lo acepté. Paddy, le llamaba yo de cariño.

Tardábamos mucho en aceptar eso. Éramos dos jovencitos, pero varones al final de cuenta. Y no por ser magos eso iba a desparecer tan fácilmente. Es cierto, somos algo más tolerante que los muggles en aceptar esas preferencias, pero éramos demasiado jóvenes para entender las consecuencias de ese tipo de relaciones y además yo era licántropo.

No podía, simplemente aceptar que estaba enamorado de Sirius y esperar que mi condición de licántropo desapareciera. Esa maldición delimitó muchos de mis acciones. Por más insinuaciones, por parte de Sirius, yo simplemente me negaba aceptar algo más que su amistad. Llámenle miedo o cobardía.

Fue hasta casi finales del séptimo grado, cuando ya no fue posible negármelo más. Todos los veranos regresaban a mi casa, donde mis padres me esperaban, ansiosos, preocupados, pero gustosos de verme. Y ese ultimo verano, después de ser soporte de Sirius, quien tenía problemas con su familia y se había ido a vivir con la familia de James, que era parientes suyos. Así, que al no tener a su familia obligándole a ser como ellos esperan que fuera por ser un Black.

Esa fue la maldición de Sirius, llamarse Black, nacer en una familia que tenia un arraigado el concepto de pureza de sangre y odiar hasta el tuétano a los muggles o los que se mezclaban con ellos. Fue una época difícil para Sirius, quien no compartía esas enseñanzas, pero tenía que tolerarlas. Todo empezó cuando no fue seleccionado por la casa Slytherin como era la costumbre de los Black, lo cual le acarreo problemas con varios de sus parientes que estaban en el colegio en esa época. Aunque tuvo varios aliados, uno de sus tíos y una prima, llamada Andrómeda. Pero con el resto fue un caos, incluyendo a Narcisa, Bellatrix, otras primas. Y hasta con su propio hermano Regulus.

Sirius simplemente se sentía solo y éramos, sus amigos, su refugio. James lo fue por mucho tiempo, eran el par de amigos que se cubrían y toleraban casi todo, hasta que llegó Lilly y James tuvo que tomar carril en su vida. Ella era, simplemente una genial chica y logró encauzar a James, lo cual lo alejó un poco, solo un poco de Sirius. Fue entonces cuando creo se fijo en mi. O cuando se dio cuenta de la cara de bobo que ponía al estar a su lado.

Como fuera, después de la navidad de séptimo año, volviendo de las fiestas, Sirius se besó. Primero fue, el gran abrazo después de volver de vacaciones, un rocé en la mejilla, la forma en que deslizó sus dedos por mi cara y acariciaba mi cabello. Me separé muy ruborizado y casi corrí a los dormitorios, donde me alcanzó después. Yo era perfecto en ese tiempo y se coló hasta mi habitación, donde volvió arrinconarme para besarme. No podía detenerle, yo lo disfrutaba.

Pegado a mi cuerpo, respirando en mi nuca, besando mi cuello. Fue lo mas cercano a sentirse humano y deseado.

Fue hasta que recordé mi maldición, el miedo y dolor, que le aparté. No fui muy gentil, solo quería protegerle. Pero Sirius era un necio y un cabeza dura. No me permitió alejarme demasiado de su vida y siempre estuvo presente, de una u otra forma. En mis pequeños logros para controlar a mi bestia interna, en terminar los grados en Hogwarts y pensar en convertirme en educador. Creí que tendría vocación, aunque en realidad tenia pocas posibilidades, no de ejercer, sino de cumplir adecuadamente con las responsabilidades, en los días de luna llena. Porque invariablemente significaba que algunos días, simplemente estaba indispuesto.

Sirius no aceptó mi negativa, ni mis gritos, ni mis reclamos, siguió insistiendo en que haríamos una bonita pareja, dos chuchos corriendo a la luz de la luna. Ahora suena gracioso, pero cuando lo dijo casi lo golpeo. Casi, por que él retuvo mi puño y terminamos abrazados, riendo y jugando como los jovencitos que éramos. Solo que era demasiado nuestras soledades que al encontrarlas, parecían desaparecer y nuestra vida de pronto tenia sentido.

Nos amamos, en mi propia cama. Nos descubrimos necesitados, hambrientos de calor, de caricias, de la compañía del uno por el otro. Sirius era mas diestro en el arte de seducir, me deje llevar por sus manos, sus labios y la sutil forma para retirarme la ropa del cuerpo y que no sintiera pena por mis heridas, las que besaba una y otra vez.

En sus brazos me acepté completamente. Quizás no era tan diestro como él, pero aprendí rápido a corresponder a las caricias y mi instinto me guió. Fui feliz en sus brazos, cuando nuestros cuerpos se encontraban y terminaban perlados en sudor.

En mi primera entrega total, gemía, gritaba y hasta maldecía por el intenso placer que tuve. Lo disfrutamos tanto que lo repetimos una y otra vez, en varias ocasiones. A escondidas, siempre. Era algo que no podíamos compartir con James o Peter. Aunque terminaron descubriéndolo. Algo como eso, no es fácil ocultar, más cuando Sirius era propenso a insinuarlo, con sus caricias enfrente de otros y sus halagos sin medida.

No era por que quisiera exhibirse o algo así, solo que para él era más fácil demostrar sus sentimientos y no importarle como reaccionaban los demás. Yo en cambio había estado protegiéndome demasiado tiempo de expresarlos, que me sentía incomodo con esas atenciones. Llegamos a un punto medio y técnicamente teníamos una relación. Una que no terminó, cuando dejamos Hogwarts.

En aquel entonces, las cosas a nuestro alrededor estaban cambiando drásticamente, pero al estar en el colegio solo sabíamos algunas cosas, pero al salir y enfrentarnos con el mundo, también lo hicimos con la noticia de que ciertos grupos de magos se sublevaban contra el ministerio, exigiendo la supremacía de los magos de linaje antiguo y que se llamaban así mismo de sangre pura”. En realidad era un término engarzado por viejas familias que odiaban el trato con muggles y cuyo dirigente era un mago que practicaba las artes oscuras, Lord Voldemort, se hizo llamar. Ganó muchos adeptos, ya fuera por miedo, por ser simpatizantes o simplemente por apáticos, quienes pensaron que ese grupo solo tenía idea clasistas. Lo que desencadenó una serie de eventos dolorosos, cuando este grupo subversivo, se autodeterminó como “mortifagos”, seguidores de ese mago oscuro que implemente el terror como medida de represalia, castigo y tiranía.

Todo sucedió tan rápido. Mis amigos y yo, empezábamos nuestros estudios superiores. Peter aun estaba solicitando su inscripción para la medimagia, mientras que James y Sirius para Aurores. Yo me registré para ser educador. Fue una época increíble, seguimos viviendo juntos, en Londres, aunque las cosas ya no eran como en Hogwarts, temo decirlo. Lejos de sus paredes, todos cambiamos. Peter desertó rápidamente, cuando las exigencias de la escuela lo agobiaron y en ese tiempo se hizo amigos de personas indeseables. Realmente no logramos hacerle cambiar. Quizás no lo intentamos realmente, tan dispersos estábamos en nuestras propias vidas. Sirius y yo, de alguna forma, ilusionados con la idea de continuar nuestra relación, nos escabullíamos frecuentemente, en mis noches de luna llena a vagar en nuestras formas animales, en las afueras de Londres, donde suponía no pondría en peligro a nadie. Era ese gran perro negro un amigo para mi lobo. De alguna forma lo controlaba y lograba mantenerlo a raya.

No había planes definidos, solo vivir juntos y ver que pasaba. James en cambio, seguía con Lilly y un día nos llegó con la noticia de que seria padre y cuando menos lo pensamos estábamos preparando su boda. Sirius fue su padrino, claro. ¡Aun recuerdo eso, fue increíble! James nervioso, Lilly luciendo más bella que nunca. Sirius y yo tomados de la mano, escuchando la misa. Peter llego tarde, bebido y fue ese un motivo más de distanciamiento, después de los gritos de Sirius.

En esa época, creíamos que nuestra amistad seguiría igual de fuerte, pero súbitamente se desmoronó. Una serie de incidentes desafortunados nos llevaron a una situación demasiado comprometedora.

Nos unimos a Dumbledore para forma un grupo de resistencia, que se llamo la Orden del Fénix. Éramos en ese tiempo más de quince integrantes, los cuales ayudábamos a buscar información, ubicar los avances de los mortifagos y en ser posible detenerlos. Fue la época en que oscuridad empezó a invadirnos. Era una guerra técnicamente, donde aquellos no se detenían al usar magia oscura, torturar y hasta matar.

Perdimos a compañeros valiosos y amigos entrañables. Tanta incertidumbre en tan poco tiempo. Una de esas pérdidas, fue la de mi madre súbitamente de una agobiante enfermedad. Alcance a penas a despedirme y aun conservó su recuerdo muy vivido. Mi padre sufrió igualmente su ausencia y se consumió en el dolor. A esa pérdida, pronto le siguieron otras. No en forma tan sosegada, sino con dolor y demencia.

Lo único que logró, no hacernos enloquecer, era nuestra amistad. La compañía de Lilly y James, quienes pronto se convirtieron en padres de un niño que inmediatamente se hizo nuestro sobrino. Tenía los ojos verde de Lilly y la cara de pilluelo de su padre. Le llamó Harry James. Nació casi en la misma fecha que el hijo de los Longbotton, Neville, que eran amigos nuestros y que también estaban en la Orden. Esas nuevas vidas, le dieron a las nuestras felicidad, la idea de cierta normalidad, en medio del desconcierto.

¿En que momento todo se volvió el incertidumbre en caos? No podría precisarlo con exactitud, pero fue cuando Sirius desconfió de mí. Era extremadamente celoso y posesivo. Al principio no me molestaba y lograba hacerle entrar en razón, pero se sumió en un mutismo del cual no pude hacerle salir. Yo me enteré después de que Sirius era el fidelio de James y Lilly. Los cuales habían sido protegidos por el mismo Dumbledore, ya que sobre ellos recaía una amenaza. Teníamos informes de que Voldemort, tenía particular interés en el hijo de James y Lilly. En ese tiempo, no sabía todos los detalles. Entre menos personas lo supieran era factible protegerles mejor.

Yo intentaba terminar mi educación, Sirius seguía en los aurores y James abandonó su trabajo a raíz de la amenaza, otorgándole a Sirius el fidelio. Con esa responsabilidad, la tensión se volvía más angustiante para nosotros como pareja. Nuestros horarios no coincidían, todo era malos entendidos, contradicciones. Era una mala época, ahora lo comprendo, pero en ese momento yo solo sentía que no funcionaria, que era demasiado pedir que dos hombres lograran equilibrarse para hacer una pareja. No solo en la cama y momentos de pasión, sino para estar en aquellos insignificantes que también formaban parte de nuestra vida.

Comprendo ahora, la enorme responsabilidad que sobre los hombros de Sirius recayó. Ahora me doy cuenta que no fui tan paciente como debía serlo, que me deje llevar por mi juventud, por mi inexperiencia, por mis miedos, por los rechazos. Como fuera, ya no es posible dar marcha atrás.

No cuando en esa época perdí cosas tan valiosas. ¡James y Llilly murieron! Atacados sin piedad, en su propia casa por el mismo Innombrable. Ataque que constituyó su caída, por ironía, solo temporalmente. El niño sobrevivió gracias al amor de su madre, quien puso un hechizo antiguo y poderoso.

Me enteré horas después. ¡No podía dar crédito! Todo era un desorden, entre el bullicio de quienes festejaban la caída del innombrable. Mi angustia por saber sobre mis amigos, por el niño y sobre todo de Sirius, con quien me había reconciliado después de días, de estar distanciados, por algunas tontería, que ni recuerdo bien.

Nos vimos por la mañana y en la tarde solo sabia de él que estaba preso. ¡Que había atacado sin piedad a muggles y magos por igual, dándoles muerte! ¡Era responsable de la muerte del mismo Peter! Eso me dijeron los aurores, cuando fui a buscar información. ¡Se le consideraba responsable directo de la muerte de Lilly y James, ya que era su fidelio! Solo él podía dar la ubicación de la residencia de nuestros amigos. Contaban con detalle como en medio del desorden que causo con su ataque, dando muerte a gente inocente, enloqueció en la calle, gritando incoherencias.


¡Las evidencias eran tan claras, tan contundentes en ese momento! No había dudas, ni reservas. Era el único sospechoso y el único con la capacidad para llevar a cabo tan infame acto. Eso era lo ellos pensaban, eso fue lo que yo terminé creyendo, aun cuando inicialmente mi sentido común me decía que no era posible que Sirius vendiera a sus amigos, pusiera en peligro a Harry, del cual era padrino. ¡Nadie cuestionó, nadie levantó la voz lo suficientemente alto para evitar que fuera Azkaban sin que su caso se revisara!

Dumbledore quizás, pero no logró nada y yo, era solo un pobre licántropo enamorado, que no era ni medianamente confiable para gritar que era mi amante, que confiaba mi vida a su persona y que no le creía capaz de tal acto.

Pero ante el peso de las supuestas evidencias, terminé por creer. Lo hice, por que abrumado ante la negativa de Sirius de verme y poderle preguntar, tuve que aceptar su silencio como una prueba de su culpa, incluyendo todas las pruebas que en su caso había.

Demás esta decir que al enviarlo a Azkaban, yo también fue recluido. ! En la soledad, en el desamparo de perder a mi pareja, a mis amigos! Esos días, fueron tan oscuros, como aquellos cuando inicié mi enfermedad. Nadie en quien confiar, abandonado a mi suerte, sintiéndome traicionado, herido y realmente estúpido, por creer que no había conocido cabalmente aquel con quien vivía.

¡Los hechos estaban tan bien orquestados, que yo, quien decía amarlo, le odie! Lo odie por la muerte de nuestros amigos, por destruir nuestra confianza, por venderles por poder o lo que fuera. Le odie, por que me abandono a mi soledad y mi bestialidad.

Sirius me hacia humano, conectándome con esa parte de humanidad que en mis noches bestiales era difícil de encontrar. Y súbitamente lo perdí todo. Lo fácil hubiese sido morir. Muchas veces lo deseé, terminar con todo, darle fin y tener un poco de paz. ¡Pero mi lobo no me lo permitiría, era un sobreviviente!

Por más de trece años, la soledad hizo más mella en mí. Con mi maldición, era imposible mantener un trabajo decente y los pocos que conseguí, los perdía rápidamente. Subsistí gracias a la ayuda de amigos y hasta desconocidos. Viajé mucho en ese tiempo. Era un lobo estepario, fugitivo de mi mismo, de mis raíces. En realidad pocas cosas me interesaban, salvo los libros, donde aun conservaba la vaga esperanza de que existiera una cura para mi enfermedad.

En ese tiempo, encontré en mi camino a Greyback, el licántropo que me contagió. Solo un momento, en la calle, en ceras encontradas. Yo le reconocí de inmediato, mientras que él ni se inmutó. Solo sonrió despectivamente ante mi mirada insistente. ¡Quería cruzar la calle, atacarle, desgarrarlo, devolverle algo de la furia que tenía contenida en mí!

La vida no me dio oportunidad, de nuevo se escabullía, en una calle lateral. Fue en ese entonces cuando me prometí que buscaría la forma de encontrarle y devolverle el favor. Sin saber como exactamente, me dedique a la defensa de las artes oscuras. ¡El que pensaba ser educador!

¡Es curioso, la vida da tantos tumbos! Regresé a Hogwarts a petición de Dumbledore. La carta me sorprendió mucho, más cuando supe los motivos por los cuales quería tenerme de vuelta. ¡Era por Harry! Perdí la noción del tiempo y el chico ya estaba en el tercero grado. Dumbledore me puso al corriente rápidamente de los logros del chico, para sobrevivir en un mundo no mágico y con limitaciones. ¡Pero los motivos para llamarse, también eran por Sirius, quien había escapado de Azkaban y según los informes perseguía a Harry para dar por terminada la locura que empezó años atrás.

¡Era tan insano pensar eso! Sin embargo, Sirius se convirtió en el mago mas buscado de la noche a la mañana. ¡No fue nada agradable, volver a ver su fotografía, gritando, enloquecido y febril!

Me reproché por no haberme preocupado por Harry, anteriormente. Pero en verdad, en ocasiones no tenia ni en que caerme muerto. Además el dolor de mis propias pérdidas personales, me hizo egoísta. Sin embargo, haciéndoles frente, acepte volver. Si Sirius pensaba atacar a Harry, tendría por lo menos que pasar encima de mí y darme muerte antes. Era lo menos que podía ofrecer. Pero no le seria fácil, demasiado dolor y odio sentía por él, en esos momentos.

No tuve duda que de Harry ocupaba toda la ayuda que fuera posible, cuando camino al colegio un dementor le agobio. El chico se desplomo y no era para menos. Eso nauseabundos seres son terribles. No podía explicarme como Sirius había logrado sobrevivir en una cárcel con ellos dentro y continuamente castigándole con su presencia. Debía tener un gran temple o solo estar más insano de lo que pensábamos.

Me maraville, como la primera vez, ante la presencia de ese gran castillo y su magia. No todos me recibieron con los brazos abiertos. Snape por ejemplo. Un viejo condiscípulo, con el cual Sirius y James habían tenido más de un roce y a quien Sirius engañó llevándole a la mansión, donde yo pasaba mis transformaciones. Era de esas bromas crueles y despiadadas que Sirius tenia.


Como fuera, quizás Snape no le agradara mi presencia, pero ahora como encargado de la clase de pociones, Dumbledore le solicitó que preparaba la poción de wolfbane, la cual lograba apaciguar al lobo en la transformación, y permitía mantener lucido al hombre, reduciendo sus agresividad.

Snape también era parte de la Orden, informante y ex mortifago. No me pregunten los motivos por los cuales Dumbledore puede confiar en él, aun cuando dice que tiene sus razones y que Snape es de confiar. Quizás Dumbledore sea muy benevolente, pero se que hay varios que no creímos esa reconversión hecha al calor de las conveniencias.

Sin embargo, ese año en Hogwarts, Sirius se encargó de romper todo lo que en trece años creíamos ciegamente sobre él. ¡La historia contada en forma resumida y muy compacta es que, él no mato a Peter! Ese regordete, vagaba por el colegio en su forma animaba. ¡Casi me desplomo cuando vi aparecer su nombre en el mapa de los merodeadores, el cual para no entrar en muchos detalles, fue elaborado por nosotros cuatro. ¡Indicaba, claramente que Peter era perseguido por el mismo Sirius hacia la casa de los gritos! Y que igualmente, Harry y sus amigos iban hacia el mismo lugar.

¡No podía creerlo, tan sorprendido estaba que no bebí la wolfbane! Solo salí corriendo a donde el mapa me indicaba, dejándolo sobre la mesa.

Cuando me presente ahí, el cuadro era de lo más desolador. La casa era una total ruina y la puerta que me separaba de ver a Sirius, casi se caía a pedazos.

¡Volví a verle, después de más de trece años! Tiempo que no paso en vano, ni para él, ni para mí, claro. Pero mas lamentable era su estado, casi en los huesos, demacrado, con marcas en su piel ajada. ¡Seguía manteniendo el azulado de sus ojos, aun cuando en ellos se apreciaba la demencia!

¿Cómo no estarlo, si haz sido injustamente encarcelado? Si no era responsable de la muerte de Peter, era factible que la versión que se dio en ese tiempo no fuera del todo cierta y que tampoco fuera responsable de la muerte de los muggles. Esa era ahora mi tabla de salvación, creer que ese hombre a quien amé, era mi amigo, no era un asesino.

Lo abracé emocionado, extasiado por tenerle con vida. Fue un abrazo que duro, lo suficiente para curar parte de mis heridas y si algún reproche debía hacerle, no era el lugar ni el momento.

Peter nos dio todas las pruebas que necesitábamos al tenerle de frente. ¡Debimos matarle, herirle, por lo menos, por todo lo que hizo y los que nos hicieron sufrir!

Pero en tonto afán de explicarle a Harry quien era ese hombre que tanto tiempo estuvo convertido en rata, huyendo y aprovechándose de vivir con magos, perdimos tiempo valioso. Snape nos acorralo en la casa de los gritos.

Después de eso, todo fue un caos, ya que Snape no pudo ver a Peter, la luna llena aparecía puntual a reclamarme en una dolorosa e incomoda transformación.

¡Fue realmente bochornoso, que en ese momento que debía haber sido realmente útil, me convertí en el mayor estorbo! Peter aprovechó para fugarse, Snape estaba inconsciente y Sirius no pudo detener mi transformación, que en medio de los chicos realice.

Después de eso, lo demás lo sé por que me lo han contado, porque como siempre mi mente quedo nublada cuando el lobo tomo posesión de mi cuerpo, reclamándome una vez más como suyo.

Esa noche, casi pierdo a Sirius, primero siendo atacado por mi lobo quien solo quería lastimar y agredir, como es su naturaleza. Luego, cuando los dementores que rodeaban al colegio, lo atacaron sin piedad. Increíblemente fue Harry, convocando un patronus, quien logró ahuyentarlos, salvando la vida de su padrino. Mientras, transformado en lobo, yo corría por el bosque prohibido, como otras noches lo hice. La luz del día siguiente, con la cual dio por terminada la maldición por esa noche, me encontró tirado en el suelo, lastimado y terriblemente golpeado. Mi lobo se desquitó conmigo. No sé si por falta de fe hacia Sirius, el amor que decíamos tener o por que al final de cuentas, ese lobo había ganado la batalla contra la poca humanidad que aun conservaba.

Cuando llegué al colegio, me encontré con muchas novedades. ¡Sirius seguía vivo, pero había escapado! Harry y los chicos estaban bien! El Ministro tuvo que volver a Londres, sin llevar la cabeza de Sirius y no estaba precisamente feliz, me contaron. Ni tampoco Snape, que esa noche perdió su “orden de Merlín” al intentar entregar al fugitivo más buscado. Gracias a eso, corrió el rumor de mi condición de licántropo y cuando ya estaba fuera de la enfermería, solo pensaba en que tendría que dejar Hogwarts por que los padres no permitirían que un peligroso licántropo les diera clases a sus hijos.

En ese momento, en realidad no estaba tan alarmado por eso, si dejaba Hogwarts, ya tenía un motivo para vagar de nuevo. ¡Encontrar a Sirius, decirle cuando lo sentía! Disculparme, una y otra vez, por haber creído las mentiras y esperado tanto tiempo para volver a verle.

Con esa idea, me despedí del hijo de Lilly y James. Feliz de que fuera un jovencito tan hábil, tanto que había salvado a su padrino dos veces y que ya no necesitaba de mis escasos consejos.

Sonaba simple. Buscar a Sirius, disculparme, volver a empezar. Ser amigos de nuevo y por que no, amantes. Suena bien, ¿verdad? Pero la vida no era así de simple. Casi por un año prácticamente, Sirius se escabulló tanto del Ministerio, como de mí. Trataba de entender que se encontraba en una difícil situación, su vida corría peligro y no estaba precisamente para reconciliaciones ni amoríos.

Eso era lo que adulto entendía, pero como jovencito enamorado del recuerdo de lo que fue, de lo tuve, me negaba aceptar su nuevo abandono. Pero demasiado ocupado me encontraba en esa época para que angustiarme mas por eso. así que en la búsqueda de un nuevo empleo, de subsistir las noches de luna llena, la soledad y la frustración, fueron pasando los días, luego los meses. Enterándome de los avances de Harry y como había sido seleccionado para la “torneo de los tres magos”. Confesaré que me resultó sospechoso e internamente rogaba para que solo fuera imaginación mía. Fue una gran tristeza que ese evento se tiñera de sangre y confirmara así, el regreso de Voldemort. Cuando menos pensé Sirius apareció en mi puerta a petición de Dumbledore.

Me sorprendió su presencia, con mensaje de malas nuevas, pero una parte de mi se alegro de verle, sentado frente a mi, mientras yo podía mirarle a detalle, observando que aunque ya no mostraba el aspecto de fugitivo de Azkaban, si tenia el de vagabundo y refugiado, subsistiendo aquí y allá. Interesado en la seguridad de su ahijado, preocupado por los nuevos derroteros que tomaba esa nueva aparición de Voldemort. Le escuché embelesado, mientras contaba furioso los detalles, vivamente apasionado, como siempre.

Pero su visita fue solo temporal. Era el mensajero de las malas nuevas y tenia que reunir a los viejos integrantes de la Orden e instalarse en Grimoulde Place, que seria la sede.

Eso fue el principio de nuevos problemas. Sirius nunca se sintió cómodo en su casa materna, rodeado de lo que él llama, “la decadencia Black”. Pero como buen Griffindor aceptó ayudar, dejar de vagar sin rumbo e instalarse. No sé si fue idea de él o de Dumbledore, pero la cosa fue que el director me pidió que me mudara a Londres e igualmente me apostara en la casa Grimoulde. Al principio me negué, por orgullo o simplemente por que no me sentí nada bien en ese lugar, donde tendría forzosamente que sociabilizar más con Sirius.

No me malentiendan, yo quería estar con Sirius, pero él, se encontraba renuente, era poco sociable, respondía con monosílabos y me daba a entender que mi presencia lo incomodaba. No quería imponerle mi persona, ni mucho menos. Pero negarle algo a Dumbledore es difícil, por lo cual Arthur Weasley paso por mí, para ayudarme y cerciorarse creo, de que me mudaba.

El Sirius que encontré esa tarde, tenía su antiguo aspecto de gallardía y elegancia, como le recordaba. Se había afanado bastante en su apariencia y el afeitado le sentaba bastante bien. No dejaba de mirarme, impaciente y expectante. Súbitamente pensé, que le alegraba mi visita y que la idea de ser su huésped le encantaba. Un roce de su pierna sobre la mía y una mirada interrogante, me dejo bien claro que en algún punto entre la ultima vez lo que vi y esa tarde, sus ideas sobre abrirse un poco mas y buscar compañía, estaban de manifiesto.

Estaba mas impaciente, como cuando éramos estudiantes. Me atrajo a su lado por la cintura, besando mi cuello y técnicamente casi salta encima de mí, una vez que los Weasley dejaron Grimoulde. En este punto hay que hacer un paréntesis. Junto con Arthur, venia su hijo mayor Bill y como el resto de su familia, pelirrojo, de ojos azules y una disimuladas pecas en las mejillas. El joven, por que ya rondaba mas de veinte, después de que se presentó no dejaba de verme. Por unos segundos creí que miraba a alguien a través de mí. Pero supuse que la casa le parecía fascinante, ya que es un rompe maldiciones.

Sirius me atrajo tan rápidamente, antes de cerrar la puerta de todo, que estoy seguro que el joven Weasley nos vio. Pero las caricias de Sirius sobre mi, eran tan intensas, tan hambrientas como las mías, tan necesitadas, que ese incidente paso al cajón de los olvidos. Solo me concreté en recobrar un poco del tiempo que nos habían arrebatado. Nos amamos con furia, desespero y hasta rabia. Buscábamos en esa entrega después de años, borrar de golpe el dolor que la separación nos causo. No hubo preparación, ni sutilezas, fue sexo rudo, sin contemplaciones. Ya éramos dos hombres curtidos por la vida y el desamparo, que la entrada súbita dentro de mí, aunque me hizo gritar, fue un latigazo de placer, que pedí más y más. Terminamos en el suelo, sudados, exhaustos, llenos de arañazos y mordidas. No sabía exactamente quien pretendía borrar el dolor y la desesperación. Pero esa forma de entrega, se hizo una constante. Donde el placer y dolor tenían una leve y casi indefinida línea. Llegué a pensar que nos castigamos ambos, por todas nuestras faltas.

Quizás hubiésemos seguido así indefinidamente. Amándonos con rabia, lastimándonos y causándonos placer. Atados a nuestras miserias y nuestras angustias. Por que aunque nos entregamos en cuerpo, parte de nosotros seguía intocable, él no hablaba, yo no le exigía nada. Llego hacerse tan rudimentarias nuestras entregas que una vez que él terminaba, se separaba de mí sin más. No había palabras cariñosas, solo gemidos ansiosos y lujuria que explotaba al contacto con nuestros cuerpos.

Era una extraña forma de comunión. De compañerismo, de entrega. Hasta podría decirse que de amor. Él seguía transformándose en perro para que mi lobo, lo aceptara y las noches de transformación no me hicieran tanto daño. Era a su manera amable, considerado y hasta cariñoso. Pero duraba tan poco y daba paso a su faceta de odio con quienes consideraba responsables de la muerte de nuestros amigos y su encarcelamiento. Sirius simplemente estaba envenenado por la rabia y el dolor. Era tal, que exudaba su furia contra quienes estuviéramos a su lado y frecuentemente era yo. ¿Qué si me acostumbre esa extraña forma de amar? Si. Un poco. Lloraba después de que me dejaba solo en la habitación, una vez que se vaciaba en mí. Llegaba a sentirme usado, pero igualmente creía que era el precio por tenerle en mi vida, que era solo una mala época y que lograríamos salir del bache una vez que las cosas adquirieran un mejor rumbo.

Pero buscaba no pensaba demasiado en eso. Había trabajo que hacer y Dumbledore confiaba en que yo podría mantener en raya a Sirius, mientras cumplía con mis pesquisas y otras encomiendas para la orden. Fue una de esos encargos, cuando terminé en casa de los Weasley, para pasar por su hijo mayor, quien como dije era un rompe maldiciones, experto en egipcio y que buscaba me ayudara con cierta tablilla que Dumbledore requería.

Era algo sencillo, iba por él, nos trasladaríamos al museo, trataría de descifrar la tablilla y yo le enviara la información a Dumbledore. ¿Fácil no? Lo fue en cierta parte, hasta que el chico puso su mano sobre la mía, cuando me confesó su interés en mi y en su súbito arranque me rozó los labios.

¡Podría ser más inconsciente! No él, claro. Si no yo. Quien no vio venir tal interés. Que cuando el chico me tenia luego, literalmente atrapado en un callejón de Diagon, en vez de detenerle con firmeza y que mis palabras no fueran arrojadas a un saco sin fondo, le respondí. ¡Besándolo con ternura, la cual me era fácil sentir por él! No les he dicho, pero es un chico realmente hermoso, tiene unos ojos azules vivaces y llenos de alegría, su sonrisa es cálida, amable, sin dobles matices. El olor de su cuerpo, impregnado por un toque a clavo de sus cigarrillos era delicioso.

Si. Ese chico me cautivó. Terminé temblando por el contacto de sus labios, de su cuerpo pegado al mió. De su tímida, pero resuelta entrega. Y en un tonto afán por hacernos entrar en razón, más a mí, que a él, le supliqué que eso no volviera a suceder. No por que no me haya gustado, sino por que me había gustado demasiado.

¿Cómo podía atreverme a darle falsas esperanzas? ¿Cómo podía besarle, sentirme bien y además desear más? ¡No le importaba que fuera un licántropo, sin embargo, ¡yo olvidara fácilmente que era un joven, al cual le llevaba más de 10 años, que era hijo de mis amigos y que yo tenía una relación con Sirius!

Pero todo eso, no nos impidió seguir. Me embriagué de su presencia, que llegue a necesitar más y más. Al principio eran solo pequeños roces, miradas cargas de interés, a los que le siguieron encuentros ocasionales, pero todos con el tinte claro de pasión encendida entre ambos. Tanto gozaba su presencia, que me escabullía para verle, rodearle con mis brazos y besarle largamente.

No sé, si ese interés era malsano. Ofuscado por su piel suave, su entrega sin reparos, su constante presencia en mi vida y por que siempre buscaba acorralarme en sus brazos, tanto para restregar sus caderas a las mías y hacerme patente que no solo era fiebre suya, sino que yo, un adulto, con experiencia y una pareja, podía sentirse igualmente ansioso.

Las cosas llegaron a tal punto, en que gozándonos uno al otro, terminé haciéndole derramarse a mi lado. Su olor, su intenso olor al dejarse llevar por mis contoneos, me fascinó más. Pero había un par de detalles, el chico era hetero declarado, hijo de una familia muy querida y además estaba Sirius, quien empezó a notar mi cambio de interés. Al principio, pescaba miradas entre Bill y yo, luego le terminé encontrado oliendo mi ropa cuando volvía de mis salidas.

Cuando la situación entre nosotros era frágil, la presencia de Bill en mi vida, la hizo mas patente. En cierto momento, ya no toleraba su cercanía, ni sus celos, ni mucho su constante deseo de tenerme en la cama. Estaba harto de una relación sola basada en sexo. ¡Quería, deseaba escuchar que era amado, que mi cuerpo inspiraba algo más que rabia contenida! Necesitaba ternura al iniciar, al finalizar, pero sobre todo, necesitaba sentirme vivo para poder dar. No solo recibir y gemir. Nada de eso parecía tener yo con Sirius. Fue en esos días, cuando terminé por aceptar que estaba locamente interesado en Bill, que gozaba su cuerpo, su entrega, sus palabras melosas en mi oído. Que yo era importante para él, tanto que había dejado a su novia y estaba decidido completamente a demostrarme su interés. Quizás no supiese mucho sobre el arte de amar a otro hombre, pero tampoco eso lo detuvo.

Lo que no sabia, lo aprendió. Desafortunadamente no en mis brazos, descubrió los trucos para hacerse un buen amante. Tan estúpido era yo en ese punto, tan temeroso de que su madre descubriera nuestras andanzas o que al poseerle completamente le amarraría a mi maldición, a mi andrajosa vida. No tenia nada que ofrecerle, mas que encuentros fortuitos y caricias prohibidas.

Aun cuando en su cuerpo noté que yo no era el único que lo compartía, si era yo el responsable de que mintiera a su familia, enfrentara Sirius y lamiera mi cuello en tal forma que solo buscaba su caderas para pegarlas a las mías.

Por un tiempo ese triangulo amoroso parecía funcionar. Yo mantenía a Sirius tranquilo y a raya, mientras Bill, me daba serenidad, placer y una forma de fugarme de esa casa. Hubiese sido hasta perfecto, una vez que Bill me hizo el amor por primera vez. Lenta, sin prisas, tomando posesión de mi cuerpo y haciéndome sentir vivo y renovado. La ternura se mezclaba con el placer, con la lujuria sin que fuera malsana. Yo debía aceptar su hermoso balance, tomarle como mió, marcarlo como amante y llenar sus entrañas de mi simiente. Pero la poca cordura que tenía me lo impedía. Al hacerlo lo marcaba y lo hacia visible a otros lobos. Mucho se ha dicho que los lobos solo tienen una pareja de por vida y que no podrán estar con ninguna otra. Podría ser, en algunos casos los lobos lo hacen, pero ese axioma no parecía aplicar para mí. Yo era un lobo mal nacido o simplemente, mi parte humana era tan lujuriosa y voluble como otras.

En el caso de Sirius, marcarle había sucedió tiempo atrás. Él lo acepto como una forma de responder a mis entregas, aun cuando se considera el dominante en nuestra relación. Decir que me aceptaba como su guía era pedir demasiado, él siempre debería tener la razón y era él quien iniciaba nuestros encuentros. Pocas veces, podría decirse que yo el dominante. Mi lobo no respondía ante eso.

Como fuera, cuando Bill me lo solicitó, yo no pude hacerle mió. Lo cual inició malos entendidos, recelos y que sintiéndose usado por mi parte, se fuera al extranjero, con pretexto de trabajo y para alejarse de mi.

Su ausencia, de meses, marco completamente mi existencia. Aceptaba a regañadientes las caricias de Sirius, su presencia e intentaba que fuera por lo menos tolerable la relación. Pretendiendo creer que mi aventura con Bill, era eso, una aventura sin más consecuencias.

Me decía, que Bill estaba en una etapa de descubrir sus real sexualidad, que quizás yo le era interesante, pero que había mas hombres que podrían darle lo que yo no me atrevía. No ignoraba que su belleza atraía a otros y que mantenía cierto trato preferencial con un joven empresario francés.

Creí que con la separación, nuestras vidas tomarían cause, Bill encontraría a alguien que le diera lo necesitara y yo , pues tenia a Sirius, con quien buscaba mantener la fiesta en paz.

¿En que momento me volví un descarado? Cuando acepté el regalo que Bill me envió de Italia, ocultando el remitente a Sirius y disfrutando la idea de que esa capa tenia un significado especial para nosotros. Tarde meses en verle y en ese tiempo buscaba escribirle, contarle de mi vida, decirle que le extrañaba, que me agradaría verlo. ¡Besarlo!

Al confesarme eso, detenía la escritura y no terminaba, varias cartas se quemaron sin ser nunca enviadas. De las pocas cosas que escribí en su ausencia y rescate de no quemar terminé entregándoselas cuando volvió. Con un hermoso bronceado, pero su sonrisa igual de cautivadora.

Intentaba mantener mi interés a raya, más cuando supe que era amante oficial del francés, mi alma se desgarró. Pretendía que no me importara demasiado.

Había sido una hermosa aventura y no volvería a pasarme, pero mi cuerpo se rebeló. Me sentía debilitado, cansado, exhausto y en mi ultima revisión médica, me recomendaron ir a Francia a una chequeo completo. Sirius apeló a Dumbledore y éste terminó por encontrar un acompañante para que hiciera el viaje, quien resultó ser Bill.

Lo cual inició una nueva tormenta. Sirius molestó, por que no aceptaba la idea de que fuera Bill mi acompañante por esos días, en que seria mi transformación. Terminó por acepta a regañadientes, cuando le juré, una y otra vez que entre el chico y yo no había nada. Lo cual era técnicamente cierto. Bill tenía un novio y yo a Sirius. Punto. Pero la vida se empeña en ponernos en dilemas. Fastidiado por que antes de salir a Paris, Bill se despedía de su pareja, yo no lo tomé con la cortesía que se merecía.

Llegamos al hotel y unos minutos después ya lo estaba empujando contra la pared, gritándole improperios. Lo cual era, a final de cuentas la forma en la cual un hombre se acerca a otro sin levantar muchas sospechas. Pero en nuestro caso, solo era el detonante para que nuestros cuerpos se unieran y nuestras bocas se encontraran.

¡Le necesitaba tanto, era tan feliz de tenerle cerca! Que gustoso acepte sus reclamos, en cuando lo que él consideraba que Sirius me controlaba y subyugaba. Pretendía explicarle algo de nuestra relación, de cómo poco a poco se desmoronaba, pero que buscaba conservarle y en un futuro llegar a ser buenos amigos. Lo dije en voz alta, confesándomelo. Lo mió con Sirius no funcionaba y era mejor buscar una solución a eso, antes de que termináramos lastimados.

Pero mientras, disfrute los calidos besos de mi petit, como terminé llamando a Bill, por ser menor que yo. Me hubiese gustado quedarme a su lado mas tiempo, pero las cosas se complicaron, con la muerte de una medí maga en el hospital y un ataque por parte Belllatrix, quien buscaba de alguna manera utilizarme para llegar a Sirius. Ella era la responsable de estarme envenenando con la wolfbane que el preparador de Diagon me elaboraba cada mes. Eso lo descubrimos después de un ataque perpetrado por cómplices de Bellatrix, terminamos en un centro de investigación muggle, donde Bill tenia a una amiga, casi bruja, que tenia conocimientos de medí magia y mas de medicina moderna.

La luna llena llegó, reclamándome puntualmente. Refugiados en una vieja sección del edificio, Bill preparó la poción e hizo lo posible por acompañarme, por conocer por completo mi transformación, descubriendo quien soy en realidad y lejos de huir, se quedó a presenciar mi cambio. Después supe que lo hizo de varias maneras.

Esos días, en Paris fueron increíbles. Por primera vez reclamé a Bill como mió ante otro lobo, que conocimos en esos días. Aprendí que Bill era importante para mí, que aceptaría que otro lobo lo tomara como suyo. De haber tenido tiempo y yo no estar tan exhausto por la transformación, le hubiera hecho el amor y lo marcaría por fin. Sin embargo no sucedió. Nos separamos unos días por algunos negocios que tenia que cumplir y yo para terminar de restablecerme. Cuando volvimos a vernos, su novio ya se encontraba en Paris por él.

¡Tuve que tragarme el orgullo, el coraje de tener que compartirlo y no pude soportarlo! Yo no podía competir contra ese joven, prometedor, dueño de una fortuna y además locamente enamorado de Bill, lo cual era evidente.

La vida volvió a separarnos, viéndonos ocasionalmente, distantes, yo sin atreverme, ni permitirle volver a tener roces suyos. ¡No quería gritarle que lo necesitaba en mi vida, para que tuviera cordura! No podía amarrarlo a mi desgracia, a mi maldición, a mi mísera existencia.

Sin embargo, Bill continuó en ella, ya fuera para preparar la poción, para rozar mis manos con cierto disimulo o para dejar el aroma de su tabaco en el aire, donde yo le percibía cuando iba por algún encargo a Grimoulde. Hasta estuvo presente en otra transformación, ahora en mi casa. De alguna forma, yo mismo buscaba marcar espacio entre Sirius y mi persona. Y empecé por pasar el menor tiempo posible en la casa, ya fuera por algún encargo de Dumbledore o por solo vagar un poco para alejarme del bullicio que de pronto se hacia en la casa por las fiestas. Disfrutaba a los chicos y las festividades, pero se sentía de pronto colapsado por las exigencias de aparentar que todo estaba en paz y tranquilo. Sobre todo, por que días antes Arthur había sido atacado y convalecía. Aunque se recuperó, la angustia de los chicos era evidente.

Así que cuando llegó mi transformación, la tomé de pretexto para irme a casa y pasar esos días en soledad. Lo cual no fue del todo cierto, ya que Bill se empeño en estar conmigo.

En esa convalecencia en mi casa, con Bill preparando el baño o la sopa, fue genial. Era de alguna forma tranquilizadora y relajada, sin la presión de tener sexo, solo acariciando mi cabello y leyendo un poco para que lo notara. Llegó navidad y con eso, un extraño regalo, que aun no utilizó. Unos inciensos de convocación. Cuando los vi, en vez de usarlo, evoqué sin mucha necesidad el olor de Bill, su cuerpo ágil y las pecas de su espalda, mientras el cabello rojizo cae sobre ella. Me masturbé intensamente con ese recuerdo. ¡No necesitaba más que desearlo para que su presencia estuviera en mi vida!

Aunque claro, alguien me hizo reflexionar sobre lo tonto que yo era al dejar inconclusa esa relación con Bill. Su hermano Charlie, un día que nos encontramos en Rumania, me lo dijo sin ningún recato. Acepté que lo necesitaba en mi vida, que Bill era importante y sobre todo que buscaría la forma de verlo tan pronto volviera Londres. Ese viaje en particular a Rumania, tuvo otro tinte, el de conocer una lobera y darme cuenta que no todos los lobos son bestias, ni que todos son malvados, deseosos de derramar sangre sin sentido o contagiar a inocentes. Había algunos que solo buscaban proteger su estilo de vida, sus lobeznos, sus hembras. Sentí una extraña nostalgia por no tener lobeznos, ni la oportunidad de tenerlos. Mucho menos con mis preferencias.

Lo mejor de volver a la neblina de Londres, fue saber que Bill se había separado del empresario francés y que vivía ahora solo, en un suburbio. No pude dejar de preguntarle a Kingsley por él y tampoco pude esperar demasiado entre Grimoulde, Sirius y darle el informe a Dumbledore.

Solo estuve el tiempo necesario en Grimoulde para darme cuenta que lo que hubo entre Sirius y yo era cosa del pasado. No podíamos reconciliar nuestra vida. El odiaba demasiado, ese odio se mezclaba con su sangre y le mantenía en estado de constante aprensión, negación y una frustración, que buscaba afanosamente solapar con bebida o con sexo, cuando yo estaba disponible.

¡Simplemente me harte! Descubrí que no era solo un lobo estepario en busca de correrías y satisfacer mi libido. Que mi autoflagelación en una relación de odio y amor no nos llevaría a ningún lado. Quizás, yo no era hombre adecuado para Sirius, o simplemente era tan asustadizo que no podía seguir arriesgándome a vivir una existencia donde el dolor tenia que ser la pauta para seguir.

Salí casi corriendo de Grimoulde, aun ante los gritos de Sirius, por querer saber a donde iba. Solo quería vagar, el olor a encierro de esa casa me resultó peculiarmente chocante después de haber estado en las montañas frías de Rumania, corriendo bajo la nieve, por sus bosques y con la nostalgia de tener un lobezno.

Quizás, podría pensarse que Harry podría cubrir esa función de hijo que nunca tendría, pero aceptémoslo, yo solo era el buen amigo de su padrino. Seria chocante ser de pronto el amante del gran Sirius Black. No estaba dispuesto a ver la cara de sorpresa del chico, ni mucho menos su rechazo. Es cierto, ignoraba como lo tomaría Harry, pero simplemente estaba harto de querer pretender ser lo que no era. Por que ni era tan noble, ni era tan generoso, ni mucho menos eran esplendido, sino que todo lo contrario era completamente egoísta. En ese momento de mi vida, comprendí los variados reclamos que Bill me dijo varias veces, sobre la correa que tenia sobre mi cuello Sirius, que solo tenia que jalar un poco y yo, tarde o temprano regresaba a sus pies, reclamando atención, caricias entre mezclados con arañazos y mordidas.

No pude detenerme, ni quería hacerlo, solo correr a buscar a Bill, quien me recibió con la calida sonrisa de su repertorio, el olor a tabaco en su piel y sabor a clavo en su boca, mezclado con el grog que bebíamos.

Mi pettit había crecido, madurado, se había convertido en un buen amante que quitaba la respiración en un beso húmedo y sin prisa. Me dejó impresionado, un par de meses sin tenerle y esa boca se abrió para mi, gustosa de ser saboreado por mi lengua.

Me mostró cuanto había aprendido y era generoso en enseñármelo. Me hizo gemir con su boca en mi miembro, en solo un par de lengüeteada.

¡Lo amé como nunca antes lo hice! Con la total entrega de los jirones de mi alma, que tanto se había fracturado en el camino. Le amé, consciente ambos de que al marcarlo, lo haría mi cachorro, me convertiría en su alfa y habría una nueva etapa en nuestra relación.

Se dejó poseer, consumir por mi pasión, mi entrega. Cedió su lugar de posesión, para conocer como era yo cuando embestía sobre sus caderas. Gemimos, aullamos sin control por esa aceptación mutua. Le encadenaba a mi vida, a mi maldición, a mis brazos.

Gritó que me amaba y no tuve más que creerle y confesar en voz alta que también yo lo amaba. Que había aprendido hacerlo en el camino, cometiendo errores, lastimando quizás a otros, pero que encontraría la manera de no repetir esas heridas. Con Bill me sentía un jovencito, rejuvenecido, juguetón, que se sorprendía de cosas simples, como el jugar con su cabello o intentar contar las pecas de su espalda o en tomarse fotos en lugar reducidos muggles. ¡No preguntes, ni yo lo creería! Solo sé que salimos de una estrecha cabina, con una tira de fotos del momento en que le lamía las orejas y él se acomodaba sobre mi miembro. Terminamos con unas argollas puestas en los pezones, una para cada uno. Quizás no tuviéramos anillos normales con cuales formalizar nuestra relación, pero esas aros era deliciosamente excitante, mas cuando podías lamerlo junto con su pezón.

Bill, despertaba mi lujuria ya olvidada, mis sueños de ser normal, feliz, apasionado, tierno.

¿Piensan que soy ruin, sórdido, una mala persona, por que me aprovechaba del amor de ese jovencito hacia mi? ¿Qué era miserable, por el hecho de disfrutar su compañía y sus besos? ¿Qué mientras yo me deleitaba con encontrar a un ser que hiciera convocar toda la ternura contenida en mi, otra sufría por mi engañó y mis mentiras?

Quizás, si. Un poco de todo eso soy. Soy egoísta, solo pensando un poco en mi. Pero déjenme decirles, que pase años sufriendo por ese amor a Sirius, que languidecí hasta casi secarme, que no tuve de él ni la más mínima señal de necesitarme, mientras estuvo en Azkaban. Que ahora, nuestra supuesta relación era un fachada de conveniencia y costumbre. Sirius necesita de alguien que realmente le amé. No alguien como yo.

No voy a justificarme mas. Solo diré que lo poco que aun conservaba de la amistad y el aprecio de Sirius, se fue al traste cuando agredió a Bill en Grimould, días después. Lo lastimó, lo crucio y si no estoy muy seguro de lo que hubiera sucedió si no llego a tiempo. Rescate a mi petti, lastimado, sangrando y con visibles contusiones causadas por los hechizos que Sirius utilizó. La excusa de sus actos, fue infantil. Que lo arrojara a la calle a mal morir. Sirius es un Black, con una educación que difícilmente puede olvidar, pudiendo ser tan cruel cuando quería. Lo llamaba despectivamente comadreja.

Saquee a Bill de ahí como pude, alejándolo de esa casa, de Sirius e intentando mitigar el dolor sobre su cuerpo. Me resultó tan doloroso a mí verlo en ese estado, sufriendo por dar la cara y enfrentar a Sirius, como ni yo mismo había hecho anteriormente. Eso fue la gota que derramó el vaso. Podía aceptar que Bill no fuera de su agrado y mucho menos que fueran amigos alguna vez, pero lastimarlo, era agredirme a mi.

Sirius y yo peleamos. Nos gritamos tantos cosas, hartos uno del otro. Fastidiados de estar encadenados a esa casa. Él mas que nada a su situación de prófugo que vivía y a sentir que no le correspondía en la misma medida que lo hacia. También yo grité, harto de ser quien siempre lidiara con sus malos tratos, con sus constantes cambios de humor, con su dolor que lograba mitigar, ni con la rabia que era una gangrena que lo consumía poco a poco.

Le grité que no lo quería mas en mi vida, no como amante, no como pareja. Eso era asunto finiquitado. No mas, nunca mas. Por el bien nuestro, por la salud mental de ambos. Salio a flote nuestras mentiras, nuestros engaños, nuestros silencios y nuestras dudas. No solo del año que vivimos juntos en Grimoulde, sino de asuntos que consideraba hasta olvidados.

Era una necesidad de vaciar nuestra alma de rencores y malos entendidos. Exhausto de gritarnos, lo que suponía era que termináramos abrazados, sollozando al hombro del otro, pero no sucedió. Él se negó a dejar visible esa parte de su alma y yo no quise buscar entre la maraña de odio y desprecio que veía en su mirada.

También él, supongo se harto de mi. De mi enfermedad, de mis dolencias, de mis miserias, de mis inconstancias, de mis engaños.

Después de todo, era humano. Realmente Bill tenía razón, la luna solo me reclamaba un día, me agota un par más, pero el resto del tiempo soy una persona, con las debilidades, miserias y virtudes que pudiera tener.

Nos despedimos como amigos, esperando que el tiempo limara nuestras asperazas y que reconciliáramos nuestra posición algún día. Aunque eso estaba mas que lejos, en un futuro cercano, sobre todo por que días después Bill y él tuvieron otro encuentro, donde ahora, ya no tomaba desprevenido al petti. Kingsley actúa prontamente y las cosas no pasaron a mayores. Pero ese par parecía ser incompatible. Es posible que ambos se admiraran uno al otro. Por que ambos tenían mucho en común, sin contar el color de los ojos claro.

Ambos consideraban las aventuras, el tomar riesgos, el vivir al borde, las travesuras, los retos. Uno admiraba la experiencia y habilidades del otro, mientras que la juventud y la libertad la codiciaba el otro. Y entre ambos, yo era la manzana de la discordia. O mejor dicho, lo era.

Le llamé la atención a ambos por ese proceder, donde se ponían en riesgos innecesarios. Sobre todo a Bill, a quien no quería ver mas lastimado por enfrentarse a Sirius. Reclamé lo más duro posible, para dejarle claro mi posición como alfa y que no quería más demostraciones de su lastimado ego. Le costaba trabajo aceptarlo, pero confiaba que no habría mas disputas de mi persona, ni que ellos harían demostraciones viriles de su interés.

Yo solo quería que entre ellos, reinara una cordial relación. Ambos son integrantes de la Orden y bastante mal seria las fricciones entre nosotros. Lo mejor era mantener la distancia entre ellos y que Sirius dejara de dar esas demostraciones ostentosas de su ego.

Como una mala profecía, esta se cumplió en el lugar menos imaginado.

De los fragmentos que fui armando entre varios que estuvieron ahí, fue que Harry, por una falsa premonición, inducida por Voldemort, creyó que Sirius era atormentado en el Ministerio y el chico se vio en la necesidad de ir en su búsqueda. Todo resulto ser una treta, en la cual hasta el elfo domestico de Grimoulde participó.

El chico en su desesperación por no encontrar a Dumbledore, ni tener asistencia de Snape, y de nadie mas de la Orden con quien comunicarse, se traslado a Londres, al mismo Ministerio, acompañado de otros de sus compañeros y amigos.

Cuando nos enteramos, Dumbledore nos reunió rápidamente y nos dirigimos al lugar. Sirius se veía demacrado, la sola idea de perder al chico le causaba tal angustia. Yo no tenia palabras, ni cara para decirle nada. Aun así, antes de salir me tomó del brazo y me susurró que le alegraba que estuviera ahí, para apoyarlos.

“-Soy tu amigo Sirius y también me preocupa Harry.
-Tu serás siempre mi amor, aunque no lo creas. Aunque yo no te merezca…”

Lo que vino después, arribando al Ministerio fue el caos. Empezamos a defendernos, recién llegando, contra los mortifagos, quienes increíblemente se encontraban en el edificio y que atacaban a Harry y a los chicos. Fue una confusión entre los ataques, los gritos, las maldiciones casi rozándonos. Por segundos parecía que teníamos la victoria y después, súbitamente las cosas volvieron al incoherencia, cuando corríamos por salones oscuros, defendiéndonos al mismo tiempo que atacábamos.

En unos minutos, los primos Black estuvieron frente a frente. Bellatrix siempre tuvo contra Sirius un profundo odio y desprecio. Alimentado por sus ideas extremas, la locura de estar también en Azkaban por años. El Odio entre ambos, no hizo medir adecuadamente los riesgos a Sirius, quien buscaba defender a Harry de los ataque de Bellatrix.

¡En unos segundo, lo mas inverosímil, sucedió! Sirius tropezó, no se si por un ataque frontal o distracción o por que aquella fue mas rápida. ¡Solo sé que en una fracción de segundo, un velo de muerte lo recibió!

¡Fue tan rápido, tan inesperado, tan sorpresivo!, Bellatrix reía como la loca que era. Harry le gritaba a Sirius y se afanaba por que aquel le respondiera. ¡El chico ignoraba, lo que yo entendía cabalmente!

¡Había perdido a Sirius y ninguno de los dos lo podría traer de vuelta!

Aun en esa fracción de momento, la poca lucidez que tenía era tomar a Harry y arrástralo fuera de ahí, para evitar que en su desconcierto cruzara también el velo y con ello perderle.

¡El chico gritaba y sollozaba por su padrino, gritando que mataría a Bellatrix por eso! Diente por diente, era lo que buscaba. Los ataques continuaron y hubo otros heridos, entre ellos algunos de los hermanos de Bill y el chico Neville que estaba también ahí. La pequeña Tonks, también fue herida y Kingsley buscaba protegerla. ¡Todo era un caos, que terminó tan súbitamente como empezó! Dumbledore ataco directamente a Voldemort, quien se había arriesgado a ese allanamiento en el ministerio, por tener una profecía que lo involucraba directamente con Harry. No tuvo, afortunadamente suerte y la pequeña esfera que contenía la profecía se rompió. Su ataque aparente inútil, tuvo bajas por ambos lados. En su caso, fueron mortifagos que le servían lealmente, entre ellos a Malfoy y otros mas cercanos. En nuestro caso, salvo los heridos, la muerte de Sirius era lo mas devastador.

Esto que ahora les cuento, sin aparente dificultad, es algo que he tenido que procesar en estas ultimas horas. En las cuales, así como cuando dicen que uno va a morir y que nuestra vida para rápidamente frente a nuestros ojos, así se ha revelado para mi.

Oigo la voz lejana de Molly, preocupada por sus hijos, por Tonks, por Sirius, a quien después de todo era un pariente lejano suyo y que entre ellos podrían existir fricciones, pero se toleraban mutuamente. Una vez que le han informado que sus hijos están bien, solo queda esperar por Tonks. Lo hacemos en el pasillo, cercano a su habitación. Ninguna de las palabras de aliento de Molly logran sacarme de mi mutismo, de mi desesperación, de la flagelación de culparme por no haber sido mas rápido, mas hábil, mas listo, mas…..cualquier cosa, para haber evitado que Sirius cayera en ese velo.

Me culpó por no haberle dicho cuando le estimaba, por que nuestros últimos encuentros fueron dolorosos y nos gritamos tanto que nadie creería que éramos amigos y amantes.

“”-…..Tu serás siempre mi amor, aunque no lo creas. Aunque yo no te merezca…””

Esas fueron las ultimas palabras que tuvimos antes de salir de Grimoulde. Esas palabras me rondaban miserablemente, por ser tan egoísta, por pensar solo en mi, en mis necesidades, en mi angustias, en mis miedos. Me preguntaba, si realmente me había preocupado por Sirius, como él lo requería.

No tengo respuestas simples. Podría decir que si, que lo intentaba, pero quien me viera desde fuera, pensaría que arrojé la toalla con demasiada rapidez y que no le di tiempo suficiente a Sirius para enmendar, lo que yo creía que estaba mal en nuestra vida.

Sirius me amaba, no había duda. Quizás, no como yo esperaba o necesitaba que me amara, pero no por eso, era menos amor o falto de él.

Guardé silencio, sin poder salir de mi mutismo. Mi dolor me consumía, desgarraba el alma, pero tan acostumbrado estoy a eso, que lo afronte como suelo hacerlo, en soledad. Es un mal habito de ser licántropo. Con nadie puedes compartir el dolor de tus transformaciones y los completamente humanos, no puede entenderlo, por mas que lo expliquemos. Entonces, ¿para que esforzarme, si mi alma ya estaba empapada con mis lágrimas y mi dolor? Sentí que mis lágrimas corrían por mi cara, pero no me interesaba ni retirarlas, ni secarlas, ni mucho menos evitarlas. Solo quería que fluyera el dolor, el veneno, la frustración, el miedo.

Es posible que continúe en ese estado por horas, no lo sé. Solo hasta que el roce de una mano me guió para verle. ¡Bill se encontraba a mi lado, preguntándome como me sentía, murmurando palabras de consuelo por la pérdida, por mi estado, por mi condición de doliente!. Dándome el consuelo de tenerlo a mi lado.

Por primera vez, grité mi dolor, por la muerte de mi amigo. Por mi torpeza, mi ineptitud. Golpee la pared con mis puños, buscando lastimarme y alejar así el dolor del pecho.

Bill evitó que siguiera flagelándome, abrazándose a mi cuerpo. Entonces, me desplomé en su hombro, donde inicia a llorar de nuevo en silencio. Balbuceaba mi torpeza, mi dolor, mi incapacidad para cambiar el tiempo y salvarle.

No hubo reclamos por parte de Bill, solo me dejo ser, me reconfortó acariciando mi cabello, haciéndose presente en mi vida, en el preciso instante en que sentía que caía en un pozo sin fondo.

Su abrazo, era como un largo corte en mi brazo, para extraer algo de veneno e impedir que me invadiera. Sus labios en mis mejillas, fuera el bálsamo con el cual cubrió esa herida, para impedir que se infectara. Sus palabras, era el ungüento para que no hubiera feas cicatrices.

Amé a ese jovencito, por la lujuria, por el gozo a la vida que significaba, por que me aferraba a vivirla en plenitud y ahora le amaba por su ternura para consolarme en los peores momentos de mi vida. Ya fuera en las convalecencias por las transformaciones o en los momentos en que me culpaba por el destino.

Su madre nos encontró en esa posición, abrazados, Bill consolándome, mientras yo me aferraba a su cuerpo para no caer, ni perderme en la oscuridad.

La primera reacción de Molly ha sido de total sorpresa, se quedó sin palabras y se ha sentado a un lado, con la cara consternada, de ver a su hijo mayor en los brazos de otro hombre.

¿Qué vendrá, después de esto? No lo sé. El destino es incierto, no es un papiro para leer, ni una tablilla para descifrar. Es una serie de eventos, buenos, malos, difíciles, dolorosos, dulces. Todos revueltos en el mismo caldero. En ocasiones las proporciones de estos ingredientes varían el resultado final de la poción, sin embargo, todos son ingredientes de la receta y necesarios para preparar esa poción llamada existencia.

Les dije, que mi nombre es Remus John Lupin. Que soy maldecido por la licantropía. Voy a corregir eso. Soy un ser un humano, imperfecto, que en el transcurso de su vida, ha conocido el dolor, el miedo, la frustración, la soledad. Que fue maldecido, pero que la vida se encargó de bendecirme. En ocasiones, no doy gracias por eso. Pero ahora, las daré. He encontrado en la madurez de mi vida, a un joven que me ha tomado de la mano y ha tocado mi alma. No es solo lujuria. Quizás no me crean, pero ya no voy a ocultarme más. Amó a Bill Weasley y no me justificare ante ustedes, solo ante él seré responsable. Soy su alfa, él, mi bendición.