Misiones de Tonks Clasificación:
R
2.- Una larga semana La joven auror corría desesperadamente con una mano apoyada en las costillas y sintiendo que el aire le faltaba se detuvo detrás del tronco de un árbol, unos pasos adelante. Para evitar que el jadeo de su respiración se escuchara se tapó la boca con la otra mano y notó que algo de sangre había en ella. Estaba herida internamente y el dolor empezaba a atormentarla. Sus ojos se abrieron desmesuradamente cuando escucho los pasos del troll que aún la perseguía. Estaba asustada, no podía concentrarse y respiraba con dificultad, cada vez que lo hacia sentía una punzada en las costillas bajas. Pero si no utilizaba su vara estaría perdida. La tenia entonces en su mano cuando la gran cara del troll se apareció y aun traía el garrote con el cual la había golpeado hacia unos minutos y lo levantaba contra ella nuevamente. La auror intentó apoyarse en sus piernas y concentrarse en un hechizo para detener a esa bestia. Pero su vista se nublaba e intentaba pensar en algo o no llegaría a ver la noche. Entonces a unos pasos escuchó la descarga de otra vara, seguido por el sonido de un hechizo paralizante, seguido por otro para petrificar. Lo ultimó que vio antes de caer en un largo sueño, fue como el garrote del troll caía de sus manos y la bestia se desplomaba.
Aun no entendía el por que se encontraba ahí, en ese entrenamiento el cual había rechazado participar varias veces. Tenía ya treinta años y un grado en curandero en St. Mungo, que abandonó cuando le ofrecieron ser Auror, por que era eso lo que más quería hacer en su vida. Pero se hizo curandero por que su padre August Mountbatten, siempre quiso que su hijo siguiera sus pasos. Después de una rancia pelea, la reconciliación llegó rápidamente, cuando su padre entendió que de alguna forma podría combinar ambas profesiones. Antón Mountbatten solo vivía para su trabajo. A su edad, su única diversión, cuando la tenia, era conducir un auto muggle que su padre recibiera de regalo y que al no saber como usar se lo cediera. Cuando no estaba en misión, conducir su auto y hacerlo por horas era su mayor diversión o ver los partidos de quiddicht. Y fue ese el motivo por el cual llego ese día al hotel de su madre administraba en Londres y la vio. En realidad no supo que le llamaba la atención de la chica. Era muy joven para ser auror se dijo. Algo insolente pensó, pero tenía una mirada juguetona y se divirtió de lo lindo cuando la llevo de regreso en su auto al Ministerio. Tonks, le dijo, que la llamara así, nada de nombres personales. Después de eso, se vio ofreciéndose para ayudarlos a cubrir una salida de los chicos de Hogwarts a Londres. Su madre notó el interés que la chica le despertó y sin decírselo le envió una canasta de duraznos con flores. Cuando se enterró de eso, fue directamente al Ministerio, pero no sin antes comprar una gran orquídea que le llevó de regalo que era para hacerle patente su interés, para que no quedaran dudas, le dijo. Vio su sonrisa y luego se fue a Escocia, conduciendo, pensando todo el camino, por que había hecho eso. Por que después de tantos años de prometerse no buscar a nadie y no interesarse en esas complicadas relaciones entre 2 personas. Eso era bueno para su trabajo, ya como curandero o como auror. Siempre estaba disponible y nunca tenía compromisos. Se sabía atractivo entre las mujeres, entre las muchas que su madre se encargaba por presentarle. Era un hombre alto, de cabello blanco y ojos ambarinos. Usaba el cabello suelto sobre los hombros y rara vez lo sujetaba. Se mantenía en forma entre el trabajo de auror y los esporádicos servicios al hospital donde cuando tenia vacaciones en el ministerio, seguía ofreciendo sus servicios en emergencia. Los días se hicieron largos hasta que volvió a Londres para el concierto y esperaban el autobús noctámbulo en el hotel de sus padres. La vio bajar junto con los chicos de colegio, las profesoras, los Weasley, Kingsley, Lupin y el viejo auror Moody. Caminaba detrás de ella, mientras vigilaban a los chicos entre los museos y las tiendas de departamentos. Era bonita se dijo y tenia una graciosa manía por arreglarse constantemente el cabello. Eso le pareció simpático. Luego vio que un chiquillo del colegio empezó a decirle piropos y sin pensarlo mucho se acercó a él y le dijo que se fuera a buscar chiquillas y no la molestara. Al pensar en eso, se rió al recordarlo. Pero luego pensó que intentó acercarse un poco más a ella, pero primero la mirada de uno de los jóvenes Weasley lo detuvo. El mas joven de los tres que iba en el viaje, el que parecía bonachón, salvo cuando empezó a verlo a él. Su mirada le dejo bien claro que no debía acercarse a ella y terminó por convencerse cuando después del concierto y la confusión, que Tonks llego junto con el resto de los chicos, el joven llamado Charlie fue hacia ella, le pasó la mano por la espalda y la llevaba a un lado suyo por unos minutos. Después de la cena, notó que Charlie aun lo veía receloso, ante el menor acercamiento aunque fuera trivial hacia ella. Vio también como ella le sonreía a Charlie y su familia. Debían llevarse muy bien con ellos. Sabía que los hijos del Sr. Weasley eran amigos de ella desde el colegio. Quizás solo eran eso, amigos se dijo. Hablaría mas tarde con ella, pensó después de su guardia, pero cuando fue hacerlo la encontró platicando con una de las profesoras y ya no tuvo oportunidad. Al día siguiente se fueron temprano y solo tuvo tiempo para despedirse fugazmente y decirle que la vería para la fiesta de Halloween, cuando su hermano Theodo estuviera en Londres. Lo conoció en Picadelly y sabía que vendría para presentar a su novia a la familia. Seria una buena oportunidad para salir y platicar con ellos. Pero el trabajo, que tanto le gustaba, le impidió ir a Londres en esa fecha y no pudo verla. Lo resintió, parecía una buena oportunidad, pero abría otra, pensó. Y esa oportunidad llego un día después, cuando Fitzgerald se presento en el cuartel de Escocia buscándolo. Había escuchado el rumor de que Fitzgerald dejo su clase en Hogwarts para regresar al Ministerio y estaba a cargo del entrenamiento junto con Sabayes, Ruttherford y Vince. Y lo comprobó cuando el maestro Fitzgerald le solicitó que se inscribiera en el programa, aun había cuatro lugares faltantes de los veinte disponibles. Inicialmente se negó amablemente, pero solicitó ver la lista de los inscritos y cuando vio el nombre de Tonks no lo pensó, tomó su pluma y anexo su nombre. El barco saldría de Gasglow en tres días, así que solo tuvo tiempo de enviar una nota a sus padres, dejar sus asuntos en el Ministerio a cargo de su compañero y empacar para viajar allá. Se mantuvo alejado del grupo de jóvenes que llegaban para el entrenamiento y por uno tiempo lo paso con los entrenadores a quienes conocía. Cuando la vio llegar iba acompañada por Kingsley, quien dejo en el suelo la bolsa de viaje de ella, mientras ambos platicaban. Pensó en bajar y saludarla, pero luego se detuvo cuando vio bajar a un mago en escoba, que rápidamente se acerco a la pareja. Era Charlie. Kingsley se aparto de la pareja para saludar a Sabayes y al resto de Aurores Capacitadores. Vio como Charlie le daba algo y ella lo guardo en la bolsa de la pernera de su pantalón y cuando los gritos de embarque iniciaron, ella tomó su bolsa y Charlie la acomodó en sus hombros, luego la acercó a él mientras le daba un beso apresurado. Ella le gritó algo, subió corriendo por la escalerilla de abordo y aventó su bolsa de viaje, para despedirse de sus amigos que dejaba en tierra. La observó de reojo despedirlos, izando una pañoleta que traía anudada al brazo y cuando la tierra de perdió en el horizonte, se sentó junto con otra chica, con la cual se puso a platicar. Todo ese tiempo, intentó bajar a saludarla, pero cuando no era Sabayes, era Fitzgerald que lo entretenían e iniciaban alguna plática. La isla a donde llegaron, horas después estaba en un lugar inmarcable del océano, protegida de la curiosidad de los muggles, para su propia protección. La isla era un refugio para bestias y seres mágicos, los cuales convivían dentro de una apacible tranquilidad. Aunque algunos, eran algo violentos, les comentaron sin darle mucha importancia. La isla era utilizada como campo de entrenamiento. La tarea era simple, les gritó Sabayes al desembarcar cerca de la playa con solo una mochila ligera, tenían una semana para llegar al campamento. Debían encontrar cuatro tablillas runicas que tanto seres mágicos como bestias podían traer. No deberían matar a ninguno, solo inmovilizarlos. Conseguir o solicitar las cuatro tablillas. Una vez reunida la cuarto y solo en ese momento se convertirían en un trasladador que los llevarían al campamento. Tendrían que ingeniárselas para su alimentación y necesidades en la isla en ese tiempo, pero estaba seguro que se les bastaría con las suficientes frutas silvestres, agua, las reservas que llevaban en sus mochilas y sus conocimientos de hierbas y plantas. Irían en parejas, podían escoger libremente con quien cruzar la primer prueba. En ese momento todos los aurores que participarían en el entrenamiento empezaron a verse unos a otros. Nadie les había contado de qué trataría el entrenamiento y era evidente que aquello no lo esperaban. La confusión fue mayor cuando los cuatro Aurores Capacitadores simplemente se desaparecieron, dejándolos ahí sin ninguna otra información. El murmullo de los jóvenes empezó a subir de tono y vio como Tonks buscaba a gritos a su amiga, quien se encontraba al otro extremo. No lo pensó mas, simplemente fue hacia ella y la tomó de la mano y le grito que empezara a correr, mientras el resto de los otros grupos de aurores hacían lo mismo en todas direcciones. Al inicio de la carrera él la saludo y ella solo alcanzó a verlo de reojo y continuar corriendo hasta que llegaron al final de la línea de costa y adentrarse al bosquecillo. Solo entonces ella se detuvo y le pregunto desde cuando estaba en el barco que no lo había visto, el sonrió y le indico que era mejor empezar a caminar y aprovechar la luz del día para conocer la isla y saber a que se enfrentaban. Una semana les dijo Sabayes. Si tanto tiempo les daban, o una de dos, la isla enorme, o los retos lo eran. Lo cual significaba que estaban en desventaja, ellos no llevaban ni mapa ni sabían a donde iban. Solo ingenio, encontrarse o buscar a bestias o a seres mágicos que pudieran llevar alguna tablilla runica y tomarla. Sonaba fácil, pero si se pensaba fríamente, era una locura. Ubicaron rápidamente una cueva donde se instalarían, consiguieron madera y con el uso de sus varitas consiguieron algo parecido a bolsas para dormir y otros implementos básicos, dejaron sus mochilas mientras sellaban la cueva y empezaban conocer la isla. Encontraron donde se abastecerían de agua y divisaron algunos bestias pequeñas de los bosques. Pero ninguna que pudiera llevar alguna tablilla. La noche llego pronto y se guarecieron en la cueva que sellaron, cerca del fuego, mientras Antón puso en el fuego unas varas con frutas ensartadas que pusieron en el fuego. Tonks hablaba poco y mas bien era él quien le hacia las preguntas y ella las respondía. Supo así que Theodo había regresado de su viaje y presentado a su novia a su familia y que su madre le había parecido encantadora. Supo también que la chiquilla que habían devuelto era su hermana y quien había pasado minutos después por ella era la madre de ambas. Vio cuando se sonrojó al contarle que era un caso ambas. Platicaron sobre algunas otras cosas del viaje y él termino por preguntarle el motivo por el cual ella se encontraba en ese entrenamiento. Tonks le dijo que era por que Sabayes directamente la recomendado junto con Kingsley, que pensaba que era una buena promoción y que le daría experiencia y que viajar le encantaba. Ella pregunto por sus motivos y él no supo que responder de momento. Solo sonrió. Ella no habló más y guardó silencio viendo el fuego y minutos después puso su mochila como almohada. Le dijo que le agradaba que fuera él quien fuera su compañero de entrenamiento y no un auror desconocido, después le dio las buenas noches y se durmió en su bolsa de dormir, mientras él vigilaba en la primera guardia. No comprendía los reales motivos por los cuales estaba en ese entrenamiento, ni siquiera ahora que la tenía enfrente de él. Era bonita, le gustaban sus manías, pero sobre todo, la encontraba muy capaz aun siendo joven. Era alegre y no era remilgosa con el trabajo y mucho menos con las incomodidades que el entrenamiento imponía. No la escuchó quejarse ni por la cueva, ni por los alimentos, ni por dormir en el suelo. Era evidente que ya antes había hecho algún tipo de campamento o la vida libre le sentaba bien. ¿Pero que tenia Tonks que tan poderosamente le atraía? Notó que la luz de la fogata hacia que le brillara la piel de manera muy peculiar. Había algo en ella que le recordaba algo o alguien. Pero no podía encontrar la vinculación. Ni siquiera ahora, cuatros días después. Cuando ella herida respiraba mas tranquila después de que la plasta de hierbas empezaba a funcionar y con suerte en la mañana ya tendría soldada las costillas y podría moverse sin dolor. Habían conseguido las 2 primeras tablillas de forma relativamente fácil. El Auguren que vieron después de que empezó a volar cerca de un Pegaso, traía en su cuello un cordel amarrado. Cuando lo vieron emprender el vuelo, ambos dirigieron sus varas y los hechizos lo desconcertaron y fácilmente le retiraron la tablilla y lo dejaron ir después. El centauro que se encontraron recogiendo hierbas en el bosque, era como todos los raza serio y reservado y fue hasta que Tonks le comentara que conocía la manada de centauros que vivía en el bosque prohibido cercano a Hogwarts, que el centauro se mostró comunicativo, al solicitarles información sobre los integrantes de la manada. Ella platicó un rato con él y cuando pensaban que el centauro no era el ser que les interesaba, se despidieron de él. Los detuvo antes de irse y les preguntó que si les gustaría tomar la tablilla que le habían encargado. Ellos sonrieron y la tomaron. Iban bien. Tenían 2 y solo en dos días. No estaba mal. Pero al cuarto día, no habían podido divisar a ninguna bestia o ser con alguna tablilla. Se alejaban más de la cueva y empezaron a salir del bosque y subir una ladera de la montaña para continuar la búsqueda. Fue en la montaña, donde divisaron que un gran troll llevaba una tablilla en su cuello y que mientras se encontraba comiendo algo que cazara, tenia su garrote en el suelo. El momento ideal pensaron. Ambos llegaron rápidamente con las varas en la mano y entre una serie de encantamiento y un poderoso hechizo que Antón descargara entre la nariz y los ojos del Troll este cayó desplomado. Otro trabajo fácil. Empezaba a atardecer y Antón temía estar en ese lugar a esa hora. Le gritó a Tonks que tomara la tablilla y bajaran rápidamente la montaña, mientras veía como ella sacaba de la bolsa de su pernera una navaja con la cual le vio cortar la cuerda. Entonces empezó a bajar la ladera rápidamente pensando que llevaba a Tonks detrás de él. Entonces se escucho el grito de ella y los gruñidos de troll. Volvió a subir y la escena lo espantó. Tonks estaba tirada metros adelante. Otro troll más pequeño, pero igualmente fuerte, la había golpeado con su garrote y la había arrojado contra unas rocas. Ella corría quitándose de la vista del troll enfurecido. Antón empezó a atacar al troll, pero este se movía lenta pero constantemente y además seguía moviendo torpemente el enorme mazo e iba detrás de Tonks. Cuando logró inmovilizarlo fue cuando llegó cerca de ella. Estaba asustado cuando la vio levantar su vara y desplomarse. No se encontraba nada bien. Convocó una camilla y la bajo lentamente por la montaña hasta que llegaron a la cueva. Veía la tablilla que recogiera y pensaba que ahora tenía tres, pero aún costo alto. Si no se hubiera apurado a bajar hubiera visto llegar al otro troll y Tonks no estaría ahora ahí, sufriendo una fiebre que no podía controlarle, pero que si todo salía bien, mañana estaría de pie. Adolorida quizás, pero viva. Tenía también la navaja que encontrara tirada. Una fina y fuerte navaja de caza plegable de varias hojas, sujeta a una correa de cuerdas de piel. Demasiado para una chica pensó, aún para ella. La revisó y vio un nombre grabado en ella: “Charlie Weasley P.” Era eso lo que vio que ella se guardo antes de subir al barco. Luego, la escuchó murmurar algo y moverse inquieta, Se acercó a ella y la escucho decir entre delirio de fiebre que tenia frió. Pero tenía un gran fuego y estaba cubierta con la capa. Solo se le ocurrió acercarse a ella, acostarse a un lado suyo y friccionarle los brazos para intentar que el frió cediera. Percibió un ligero olor a cítricos en su pelo y su piel. El aroma le agrado y sonrió para si. Ahora veía claro el por que estaba ahí. Había encontrado una forma de combinar a trabajo de curandero y el de auror. Veía valiosa la combinación. Pero además de eso, estaba junto a la joven auror que tanto le intrigaba. Oliendo su cabello. Ella le tocó las manos y escucho su voz entre su fiebre y las alucinaciones: -¡Tengo frió Charlie, mucho frió! Abrázame! Escuchar el nombre de joven Weasley no le hizo particularmente feliz, mucho menos cuando le dijo que no se preocupara, que pronto se sentiría bien y la abrazó. Ella siguió titiritando un buen rato y el sudor resbalaba por su frente, mientras él mojaba un algodón y le pasaba agua por la boca. Lentamente cedió la fiebre y ella entró en un sueño profundo donde por fin pudo descansar. Antón se quedó a un lado de ella, vencido por el cansancio y el aroma de las naranjas dulces.
-------ooo------- Sergei leía en su casa de invierno. La luz del día lo había encontrado sentado placidamente, mientras su hermana Agatha llegaba para servirle un aromático té que él acepto y ella se sentó enfrente, sirviéndose otro. -¿No
me digas que no haz dormido otra vez? Entonces vio aparecer a la sombra junto a Sergei y que le susurraba algo al oído. Sergei sonrió y asintió. La sombra volvió a desaparecer, cruzando la pared, ante la mirada algo interesada de Agatha. -¿Algún
trabajo en particular? Sergei
vio a su hermana llevarse la taza de té a los labios y mantenerla
ahí por un buen rato. Sonrió, tomó su libro y se
acercó a ella mientras le daba un beso en la mejilla. Llego
a la puerta y escuchó un leve Sonrió
de nuevo y salió. |