Misiones de Tonks Clasificación:
R
3.- Los percances de la misión. El joven mago escuchó el sonido de las gallinas y las aves de corral en las primeras horas de la mañana. La luz entraba nítidamente por las ventanas y el olor de sabanas almidonadas le hizo recordar donde estaba. La madriguera, nada como la madriguera para descansar de una semana larga de trabajo, donde el silencio y la tranquilidad le permitirían dormir un rato más y necesitaba hacerlo además, ya que un par de días atrás, se había despertado súbitamente en la noche y un sueño se hizo recurrente y el insomnio lo acompaño desde entonces. Cerró los ojos una vez más, decidido a continuar durmiendo, cuando… -Charles Weasley Prewet !Baja inmediatamente, jovencito o subiré yo! Los gritos de la Sra. Molly hicieron que Charlie brincara de la cama, tomará una camiseta, se la pusiera apuradamente y bajara las escaleras de dos en dos. No imaginaba que tipo de emergencia podía haber para que su madre le gritara así. Hacia años que no gritaba su nombre completo. Algo que solo hacia cuando realmente estaba molesta. Gritos que solo utilizaba para los gemelos, quienes en ese momento no se encontraban en la casa. Cuando llegó al final de las escaleras, vio que Bill ya estaba vestido y sentado en la mesa desayunando y a su madre junto a la mesa, tamborileando los dedos en ella. La sra. Molly caminó hacia él y empezó a jalonearle la camiseta y levantársela. Cosa a la cual, tanto Charlie como Bill quedaron sorprendidos. La escena era, la típica cuando una madre intenta quitarle la camiseta sucia para enviarla a lavar, al chiquillo que se ha llenado de lodo. Pero en este caso la escena era graciosa, por que Charlie ya no era un chiquillo, le llevaba un par de palmos a su madre y hacia tiempo que el mismo era responsable del cuidado de su ropa. -Deja
mamá, ¿qué haces? La Sra. Molly levantó por fin la camiseta y vio en la espalda de Charlie, el tatuaje de un dragón Longhorn que le cubría toda la espalda desde un hombro hasta, la parte baja de ella. Su madre empezó a darle golpecillos con la manta de la cocina y Charlie a simular que los evitaba, mientras ella seguía gritándole. -¡No lo puedo creer! ¿Como pudo ocurrírsete semejante cosa? ¿Dónde tenías la cabeza cuando se te ocurrió? Esos extraños amigos tuyos. -Mamá,
es de henna, desperecerá en unas semanas -¡Gracias!
Ahora yo soy el de las manías extrañas. Bill levantó su tostada y dio por terminada su participación, mientras se reía para sus adentros. Pocas veces le tocaba ver que el amonestado fuera Charlie. Generalmente o eran los gemelos o era él, pero Charlie no. -Explícate,
¿cómo hiciste eso? Eso es, es…de marineros, de presidiarios,
de….de lacras. La sra. Molly seguía golpeándolo con la servilleta de la cocina. -¿Además quien te dijo que eso se te ve bien?...-Le decía Bill burlonamente mientras le untaba mermelada a su tostada. -Nhypa, ella lo escogió. La tostada cayó a la mesa. La sra. Molly se quedo de un palmo. Charlie vio como ambos de pronto se congelaba ante ese nombre. Ella dejó la servilleta de la cocina y le dijo que se sentara a desayunar. Bill ni intentaba recoger la tostada, hasta cuando Charlie se sentó a un lado y tomo cereal en un tazón. Su madre se concentro en algo de la cocina y Bill recogía la tostada y limpiaba los restos de la mesa. La sra. Molly salía de la cocina y se dirigía al patio a colgar ropa. Todo esto en fracción de segundos. -¿y
a ti que té pasa?...-le pregunto Charlie a Bill, una vez que su
madre salio…-Últimamente o rompes algo o se te caen de las
manos las tostadas…- Empezó a comer el cereal, esperando
alguna respuesta. Bill empujó el tarro de mermelada, hacia Charlie. -Ponle
toda la que necesites. Siguieron desayunando en silencio por unos segundos. -¿Recogiste
el encargo de Nhypa?...-preguntó por fin Charlie. Bill dejó el tazón en la mesa. -Eso
no es lo que yo sé. Charlie se levantó, pero su madre iba entrando a la cocina y volvió a sentarse, mientras veía que Bill se despedía de su madre, levantaba la mano en señal de terminada la platica y se desaparecía de la madriguera. Charlie se puso la mano en la sien, viendo el contenido del cereal dentro de su tazón y lo dejo a un lado, mientras su madre se sentaba junto a él y llevaba una taza de té y empezaba a platicarle sobre la huerta y que necesitaría sembrar algunas hortalizas. Charlie le dijo que lo haría él, que solo le indicara que quería y tendría todo el día para hacerlo. Ella sonrió y él le dio un beso en la frente. A Bill, el desayuno le dejo un sabor en la boca amargo, aun cuando la mermelada de su madre fuera excelente. Paso medio día en el Banco. No era necesario que estuviese ahí, pero trabajar le mantenía la mente ocupada. Al salir de ahí, se dirigió a la relojería de Archie que aun seguía cerrada. Su propietario volvería hasta las fiestas de navidad. Subió rápidamente y se tiró en la cama. Cuando abrió los ojos, vio el pequeño bonsái que estaba en la mesa de noche y se levanto a regarlo y con unas pequeñas tijeras empezó a cortar algunas hojas, aquí y allá. No sabía que más hacerle y lo dejo, no sin antes aspirar el aroma de las pequeñas flores de naranjo que despedían un delicado aroma. Se sentó a pensar en lo inusitado del hecho. Cuando salio de Gasglow, días atrás, y llegó a Londres, fue directamente a la casa de la familia Tonks. A esas horas, solo encontró a la elfo domestico, quien al reconocerlo le hizo pasar. Le dijo que esperara. Todos esos minutos que tardo en regresar, Bill no sabia que hacer. El recado que le diera Charlie, era que debía recoger flores, o naranjas. Realmente llego a pensar que Nhypa, en un intento de no verle, le devolvía el perfume que él mismo le comprara, semanas atrás. Si eso era lo que venia a recoger, no sabia como actuaría. Cuando lo compró en Egipto, solo pensó en ella y lo mucho que el aroma del perfume le recordaba la piel de Nhypa. Pero cuando la elfina regresó, traía en sus manos el pequeño bonsái. Se lo entregó y le dijo que la señorita le dejaba instrucciones en la carta. La cual también le entregó. Cuando salio de ahí, no sabia a donde ir ni donde llevar tan extraño arreglo. Solo pensó en la casa de Archie. Llego ahí y tomó la recamara de invitados, donde en otras ocasiones se quedara. Donde semanas atrás, también Nhypa estuviera. Dejo el bonsái sobre la mesita y abrió la nota, donde ella le decía, que días antes le vio en una tienda de Londres y le recordó primero el perfume que le regalo y sin mas lo compró. Pero ahora que tenía que irse a su entrenamiento, alguien debía cuidarlo. Y ella pensó en él. Arqueó las cejas, cuando termino de leer el recado. Había cursado herbologia y la sra. Sprout pensaba que realmente era muy bueno en ello, pero este era un árbol modificado por muggles para ser enanos y él no tenia la menor idea de que hacer para cuidarlo. Lo básico, fue ponerlo cerca de la ventana y regarlo ocasionalmente. Ya pensaría en algo, se dijo. Pero mientras, le gustaba verlo mientras la recordaba. Se recostó en la cama y de pronto el cansancio lo invadió. Tenia un par de días con un insomnio y una pesadilla que lo molestaba: Veía caer una navaja y a Nhypa al suelo respirando agitadamente. El sueño se repetía, una y otra vez. Ahora, recostado ahí, sintiendo la brisa de la tarde entrar por la ventana y el aroma de las flores de naranjo, durmió placidamente. Y las pesadillas se esfumaron, aun cruzando el mar. El dolor fue cediendo lentamente y después de horas de descanso y los cuidados del curandero, Nhypa abrió los ojos. Miraba de un lado a otro, lenta y sin prisas. Intentando ubicarse y saber donde se encontraba. Reconoció la cueva e instintivamente llevo una mano a sus costillas. Debajo de su camiseta aun quedaban restos de la pasta que le cubriera las costillas. Tomó algo de ella y la friccionaba contra sus dedos para saber que era. El olor de las hierbas, le hizo recordar a las mazmorras y calderos hirviendo y empezó a sentir algo de nauseas. Intento levantarse, pero la cabeza empezó a darle vueltas y pensó que era mejor seguir recostada. Al hacerlo el mareo cedió. Las imágenes mentales de lo que había pasada en la montaña, llegaron rápidamente y se dio cuenta del peligro en el que estuvo. Nunca lo vio venir. El segundo troll la tomó por sorpresa. La había empujado con su mazo y podía decir ahora que era afortunada. Si la hubiera atacado directamente y hubiera sido algo más rápido, no serian las costillas que le lastimara, sino la cabeza. Recordó el espanto de la sangre en su mano y después correr para protegerse. Era afortunada, se dijo, de que Antón volviese y atacara al troll. Pero además de que pudiera curarla. Pocos hubieran podido preparar una pasta como esa, salvo un curandero.
Recibió una promoción, que le permitiría adquirir experiencia y entrenamiento. Pero además, podría escapar un rato de sí misma y de sus indecisiones. Se despidió rápidamente de todos, incluyendo de su hermana. A quien precisamente, le daba lo mismo, según le pareció cuando se despidió de ella. Kingsley la acompaño a Gasglow en la madrugada. Le dijo que desayunarían ahí. Cosa que habían terminado de hacer y estaban en su segundo café, cuando el sonido en la ventana del cafetín los hizo voltear. Charlie estaba ahí. Ella le había enviado una nota avisándole que tomaría un curso y estaría de vuelta en unas semanas. No le decía donde. Pero era obvio que había conseguido la información y que venia a despedirse. Kingsley le sonrió y ella se levanto a saludarlo. Faltaban un par de horas para el embarco y Charlie le pidió que fueran caminar y conocer algo del puerto. Recordó ir a su lado viendo ventanales de las tiendas y luego detenerse en un lugar de tatuajes. Charlie volteo a verla y la tomo de la mano y entraron. Ella se reía, cuando Charlie pidió el catalogo y le mostró los que había escogido. Todos eran de dragones. Seria de henna, para acostumbrarse y saber si era el adecuado. Ella seguía sonriendo ante la locura e imaginaba la cara de la sra. Molly cuando lo viera. Escógelo, le dijo. Mientras él se quitaba la camisa. Cuando vio que se desnudo el dorso, se ruborizó y puso su vista en el catalogo. Un Longhorn seria y se lo mostró. Él sonrió y le dio un beso en la mejilla y pidió al empleado, que fuera del hombro hasta la espalda baja y se sentó mientras la veía. Ella se sentó también enfrente de él y solo movía la cabeza, se cubría la boca y sonreía. Él le tomo las manos y le guiño el ojo. Platicaron sobre las cosas de la semana, el trabajo, las bromas de Artemisa y que seguía castigada en el colegio. Como era un gran diseño que terminaron poniendo en la espalda, tardaron en hacerlo y cuando casi estaba terminado, ella se levantó a verlo. Le dijo que era muy bello y que realmente estaba muy bien detallado. Cuando lo hizo puso la mano sobre el otro hombro y Charlie inclinó la cabeza sobre su mano. Kingsley llego entonces y les avisó que era hora de irse. Pero el tatuaje aun le hacia falta secarse un poco. Le dijo que lo esperaba en el barco y Charlie asintió. Llego minutos antes de que el barco partiera. Le entregó su navaja y le pidió que la usara bien. Ella la rehusó, pero él dijo que era un préstamo, que debía devolvérsela en su propia mano. La promesa de que regresaría bien. Ella la aceptó y él le dio un beso, fugaz le pareció. Todo parecía fugaz ahora. -¿Cómo
te sientes?...-le pregunto Antón Ella estaba ahora sentada, cerca del fuego. Antón llego hasta ella y le pidió revisarla. Ella volvió a recostarse y él, empezó a palparle las costillas y veía que ella ya no mostraba ni dolor, ni magulladuras. Presionó y busco ubicar con los dedos, la posición y condición de las costillas. Sonrió. Todo estaba bien. -¿Mareada? Antón, le empezó a contar que acabada de asistir a un auror hacia unos minutos. Una serpiente lo mordió y estaba entrando en shock rápidamente. Para su buena fortuna, su compañero había hecho unos cortes profundos en la herida y puesto un polvo azufrado. Pero el veneno solo se detuvo, dándole tiempo para encontrar ayuda. Ahora estaba bien y podría caminar unas horas después. Le contaba eso, para que se diera cuenta que no era la única que tenia percances en el entrenamiento. También otro grupo fue atacado por una “mortaja", pero lograron contraatacarlo a tiempo. Solo tiene quemaduras en todo el cuerpo y pasara la noche recuperándose. -Es
bueno saberlo. Pero, sé que soy afortunada por tenerte aquí.
Pero nos hemos atrasado el día de hoy. Debemos seguir. Le dijo mientras le entregaba la navaja -Pensé que la había perdido. Gracias”…-le dijo y la guardó en el bolsillo de su pernera, se recostó y cerró los ojos.
-¿Duendecillos? Llegaron a la rivera del lago, donde había una gran cantidad de maleza en el agua y caminaron un rato cerca del agua, cuando el ruido de chapoteo les hizo voltear. -¿Lo
vistes?...-le dijo Nhypa indicándole el lago. En la crin del kelpie, se miraba una soga donde se veia la tablilla runica. Antón,
vio a Nhypa, indicándole que él entraría al lago. Antón deja la capa en la orilla y empezó a caminar por el agua, haciendo el ruido suficiente, para que el kelpie se interesara. Cosa que hizo rápidamente, lo cual le indicaba a Antón que estaba hambriento. El kelpie en su forma de caballo se acercó lentamente, con todas las crines llenas de algas y juncos. No reparó en Nhypa que entro al lago caminando protegida con el hechizo desilucionante y llevaba una soga anudada para que le sirviera de brida. Antón se acercaba al kelpie, buscando que tuviera confianza, entonces el ruido en el agua le hizo voltear al ver cerca un hipocampo, lo cual le sorprendió al ver su larga cauda y en un momento de distracción, se atoro entre las algas y hierbas. Con la vara en la mano rompió las ligaduras, pero tenía muy cerca al kelpie que no desaprovecho la oportunidad y nadaba rápidamente. Antón genero con su vara un rápido movimiento del agua y los juncos se amontonaron entre él y el kelpie, que empezaba a dar mordiscos, intentando acercarse a su futura presa. Pero entonces sintió algo a su lado que le pasaba algo por la cabeza y la sacudió violentamente, pero la soga ya estaba pasada la crin. La bestia jalaba la cabeza en ambas direcciones, haciendo que Nhypa tensara la soga. -Haz el hechizo, no lo puedo detener mas…-le grito a Antón. Este corría a ponerse enfrente de la bestia para terminar el encantamiento, levantando su vara. Pero antes de terminarlo, la bestia levanto rápidamente la cabeza, utilizando todo el cuerpo e hizo que Nhypa volara un metro adelante y se hundiera en el agua. Antón corrió a tomar la soga, jalarla y convocar el hechizo de colocación. La bestia jaloneo un poco más y lentamente fue tranquilizándose y detuvo sus ataques. Antón le gritaba a Nhypa, pero no la veía. Ella estaba hundida en el lago y se había atorado entre las algas y los juncos. Cuando intentaba romperlas, las vio. Abrió los ojos y ellas sonreian. ¿Sirenas? Pensó. Pero no, no lo eran. Eran dos nimphas que nadaban placidamente junta a ella. Ambas con los cabellos de colores y unos grandes ojos violetas. Vestidas con algo que imitaba gasa, parecían sus cuerpos flotar placidamente en el lago. Se acercaron mas a ella y entre las 2 jalonearon los juncos que aprisionaban a Nhypa. Ella se quedo unos segundos viéndolas, como se acercaba sonriendo. Una le tocaba el cabello, mientras la otra toma sus manos y luego la soltaba. Ambas de nuevo de juntaron y empezó a reír entre ellas, se tomaron de la mano y nadaron hasta perderse en la oscuridad. Nhypa entonces reaccionó y nado hacia la superficie. Cuando llego a la orilla, se levantó y se quitaba todo el resto de hierbas de la ropa y el cabello. Todo había pasado en segundos. -Pensaba
ir a buscarte. ¿Qué paso?
Pero esa noche no se trasladaron al campamento. Al llegar cerca de su cueva, encontraron a otro compañero del curso. Les pedía ayuda, para su amigo. Habían sido atacados por un dragón y las quemaduras en el brazo eran de cuidado les dijo. Los tres corrieron colina abajo, donde el cuarto compañero los esperara. Antón les indico que hierbas buscar y pasaron parte de la noche preparando un ungüento para las heridas y un narcótico para el dolor que le hacia gritar al herido. La noche fue larga, pero después de los cuidados, dejaron a los compañeros en su refugio y ellos volvieron al suyo. Estaban exhaustos y solo se acostaron sobre el suelo, una vez que sellaron la cueva. No querían sorpresas. La mañana los encontró a ambos recostados en la misma manta, con las espaldas encontradas. Habían terminado por ser buenos amigos. Quizás no confidentes, pero confiaban uno en el otro y eso seria vital para las siguientes pruebas. Cuando Sabayes y Fitzgerald los recibieron, Antón le entregó las 4 tablillas runicas, en señal de haber terminado la prueba. Pero Fitzgerald le dijo que las conservaran, serian el inicio de su próxima prueba. Ahora podían descansar, mientras esperaban al resto. Faltaban 4 parejas. Pero aún hacia falta un día más. La comida caliente y un lecho cómodo les esperaba esa noche, la cual Nhypa durmió placidamente. Agradeció por todo lo que había pasado y en sus sueños las 2 nimphas le sonreían, mientras nadaban graciosamente por las oscuras aguas del lago. La madriguera estaba muy quieta a esa hora, la oscuridad lo rodeaba todo. Bill se aparecía en la entrada de la casa y descubrió que su hermano seguía ahí. -Algo
tarde, para ver las hortalizas. ¿Esperas verlas crecer o esperas
a alguien? Bill arqueó la ceja -¿a
que te refieres? Bill recordó su propio sueño y sabia de quien hablaba. Puso su mano en el hombro de su hermano. -Ella estará bien. Lo está ahora. Vete a dormir…-le dijo. Charlie volteó a verlo. No dijo nada y se levantó para irse directo a su cuarto. Puso la cabeza sobre la almohada. Cerró los ojos y cuando volvió abrirlos, la luz del día entraba por la ventana. No hubo pesadillas. No hubo sueños inquietos. Ella
estaba bien.
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