Misiones de Tonks Clasificación:
R
4.- El retorno a casa -¡Espero que hallan entendido el real valor de este entrenamiento! Muchos de ustedes lo han probado en su propia carne el dolor que se acerca, pero esto ha sido solo una prueba. ¡Una muy pequeña! En la guerra no hay contemplaciones. No hay intervalos ni consideraciones al caído. Quien cae será pisado….. La voz de Sabayes se escuchaba fuertemente en el campamento, cuando se dirigía al grupo de Aurores que estaban frente a él. -Los magos nos hemos vuelto blandos en la paz. Hemos olvidado fácilmente las horas de dolor y confusión que trajo la guerra pasada. Hemos olvidados a nuestros amigos y familiares caídos muy fácilmente. Muchos viven cómodos y tranquilos, ignorando que una nueva amenaza se presenta. Los pocos que han querido ver, han sido ignorados y calumniados. Ellos…los mortifagos han hecho un buen trabajo, porque muchos magos piensan que no existen o son solo rumores. ¡Pero no es así, Aurores! Los mortifagos se han levantado de nuevo, organizándose y distribuyéndose como una enfermedad. Una enfermedad que debemos detener, aunque tengamos que cortar un brazo para erradicarla. Caminaba lentamente entre ellos, viendo sus rostros y estudiando sus reacciones. -Muchos de ustedes vinieron aquí, por que pensaron que seria divertido, que seria un bonito reconocimiento colgado en la pared. ¡Pues no. No lo es! Espero que les haya quedado claro, que no fueran vacaciones. Quienes aun lo piensen, tendré una semana mas para quitarle la sonrisa. Se paró frente a uno de ello y lo veia directamente a la cara, esperando alguna gesto. Al no encontrarlo, siguió caminando. -¡Nosotros, los Aurores, somos la primera línea de defensa entre ellos y nuestras familias! Entre el terror y el tipo de vida que estamos acostumbrados. Somos la primera protección que existirá, si no fomentamos la conciencia de que los mortifagos han empezado su red de terror. No debemos esperar a ver magos o brujas caer para luego preguntarnos por que no hicimos nada antes. Señalaba con los dedos a uno y otro auror en la línea. -Espero que este entrenamiento halla despertado si no sus habilidades, por lo menos su conciencia. Llegaron aquí como magos de vida cómoda, acostumbrados a la tranquilidad de su casa y su trabajo. No se habían preocupado antes por las cosas básicas. Mucho menos por aprender a sobrevivir en carestía. Ignoraban lo es el dolor o la falta de sueño. Habían olvidado lo que es cuidar uno de otro. Algunos ignoraban como cuidarse a si mismos. Si están aquí ahora, es por que algunas de esas cosas han recordado. Dolorosamente quizás, pero no lo olvidaran fácilmente ahora. Su voz seguía igual de grave e inmutable. -Lo que falta de entrenamiento seguirán reforzando las nuevas habilidades que tan dolorosamente les hemos hecho recordar. Es seguro que nos odian ahora, quizás más a mí, que al resto de sus capacitadores. Pero no estoy aquí para caerles bien o irme a tomar un trago. ¡Estoy, para ser su conciencia! Días negros se acercan y nosotros los Aurores seremos los primeros en dar batalla y proteger a nuestras familias, a nuestros amigos, a nuestra comunidad. ¡Para eso nos hicimos Aurores! Se detuvo una vez más. -Quien no lo halla entendido, puede dejar de serlo y meter la cabeza en la tierra como los avestruces y luego esperar lo inevitable. Pero si siguen aquí y terminan esto, serán los primeros en sentirse orgullosos de si mismos. Por que tampoco están aquí para recibir el aplauso o el beneplácito de la comunidad. ¡Están para protegerla simplemente, hasta de ella misma, si es necesario! Tomo un poco de aire. -Ahora pueden irse a descansar. Mañana a primera hora continuaremos. Era su tercera semana de entrenamiento. Estaba llena de polvo y mugre hasta las orejas y además los habían tenido levantados por más de dos horas escuchando las evaluaciones a su desempeño. Pero para todos estar ahí, escuchándolos era una ganancia completa. No había uno solo de ellos, que no tuviera la expresión de haber sido apaleado. Todos querían dormir y olvidar por unas horas, el día que entrenamiento que empezara desde la madrugada. Era ya más de 9 de la noche y aun no habían cenado. Pero después de una semana a nadie le importaba, solo querían encontrar un lugar callado para dormir. Sin embargo Sabayes siempre tenía otra idea al respecto. Después de bañarse, encontró su catre y entro con el firme propósito de dormir. Pero Antón llegó y le dijo que debía cenar, ella solo lo miro, pero cerró los ojos. Sentía que algo pasaban por enfrente de su nariz y ese olor era a panecillos recién horneados con mantequilla y sin pensarlo mucho dio un mordisco y atrapó un pedazo, que empezó a comer sin abrir los ojos. Fue hasta que el pedazo de pan paso por su garganta que tuvo claro que tenia hambre al igual que sueño. Abrió los ojos y vio la sonrisa de Antón y el panecillo, mientras se levantaba. Si, Antón era un gran amigo. No solo era eso, era una extraña combinación de Auror y Curandero. La había ayudado a ella y a otros a curar fracturas y quemaduras, entre otras heridas. Sin contar las alergias y las picaduras de no más de uno. En algunas cosas Sabayes tenía razón. Eran magos de vida blanda, acostumbrados a los lujos y una vida holgada. Al principio dudaba de ese entrenamiento. Parecía algo así como un ejercicio de chicos exploradores. Un campamento de esos a los cuales su padre un día la enviara a ella y a su hermano un verano. Pero ahora era otra cosa. La experiencia de la primera semana le había dejado una herida en las costillas, que gracias a la atención de Antón, sano rápidamente. Habían aprendido a sobrevivir con pocos víveres y concentrarse en la búsqueda. La siguiente semana se volvió otra odisea, las tablillas que habían localizado, era no solo un trasladador al campamento, resultó eran la clave para continuar. Las tablillas encontradas al azar, les daban la dirección a seguir. Para ambos las runas, no eran su especialidad. Pero fue el ingenio de Antón que resolviera el enigma de las tablillas, al considerarla más un lenguaje que una forma de predicción. Si algo podía predecir era problemas. El mensaje los terminó llevando a unas grutas en la parte media de la isla. No sabían que buscaban ahí y cual era el camino a seguir. Los instructores seguían parcos con la información. Seguir los instintos, les dijeron. Tenían 2 días dentro de ella, perdidos entre laberintos y sin saber que buscaban, teniendo solo las 4 tablillas en las manos. La gruta resultó ser, una guarida de goblins, que no eran ni la mitad de encantadores que dicen los libros al respecto. Huir de ellos, para mantener el pellejo fue una tarea que solo en pareja podian realizar. En uno de los últimos ataques, Antón y ella estaban espalda con espalda, rodeados de un grupo de escandalosos goblins, Nhypa cansada de lanzarles hechizos para detenerlos, término por gritarle a Antón que cerrara los ojos. Aquel volteó a verla sorprendido, pero los cerro por unos segundo, cuando escucho el sonido de una vara descargando. Nhypa habia conjurado un hechizo deslumbrante que se prolongara por el suelo, haciendo que el fulgor de los destellos lastimara los ojos de los goblins acostumbrados a la tenue luz. Desvanenciendose entonces ante la sorpresa de los goblins. La gruta parecía interminable, hermosa y llena de maravillas minerales, y sin un propósito definido. Cuando salieron de ahí, después de 5 días de vagabundear entre pasadizos, huir de globlins y otras alimanas buscando una pista que no veian, la luz del sol les lastimaba los ojos. Se sentaron a revisar de nuevo sus tablillas. Habian interpretado mal, era la única respuesta, sin contar que el tiempo perdido adentro era invaluable. Bajaron la ladera cuando se encontraron con Rutherford quien les sonreía. Ambos se vieron, era posible que les dijeran que en realidad habían consumido mas tiempo por que dentro de la gruta no tenían claro el pasar del tiempo. Pero Rutherford los sorprendio al decirles que habian hecho un buen trabajo. Ambos se vieron sin entenderlo. -Siguen juntos con las cuatro tablillas. Esa era la mision. No importaba donde fuera, ni que encontraran. Mantenerse juntos, como equipo era lo importante. Pero llegar al campamento no era, en esta ocasión una liberación. Sabayes, les indicó trabajo extra. Antón tenía varias curaciones esperandolo y a ella le enviaron junto a Vance a mantener la seguridad del campamento, ya que varios hombres lobos se habían visto rondando los alrededores. No podían darles caza, solo mantenerlos a distancia. Los días se acumulaban entre trabajo en el campamento y las capacitaciones. Una vez que todos habían vuelto al campamento, Sabayes y Rutherford iniciaron una capacitación a deshoras de las madrugadas y en condiciones extremas. Nhypa recordaría caer la lluvia torrencialmente manteniéndose parada por horas, en vigila para un simulacro de redada. Imaginaba debajo de la lluvia que su instructor estaría placidamente dormido, mientras ella y otros cinco aurores se encontraban en el simulacro. Cuando regresó a media mañana, mojada hasta los huesos, se tiro sobre el catre, quitándose solo la ropa húmeda. Cuando despertó se encontró dentro de las mantas abrigada y con una taza de té esperándola. Ya fuera Antón o cualquiera de los otros aurores de su grupo que estaba en el campamento, siempre había alguno dispuesto a ayudar y protegerse. Fue entonces cuando sintió que las palabras de Sabayes tenían un significado. Era un pequeño grupo que debían aprender a mantenerse unidos en protección de ellos mismos. En otras cosas también tenía mucha razón, sobre las perdidas. Fue en ese tiempo que trajo a su memoria lo mucho que le dolió la pérdida de Sirius. Cuando despertó en St Mungo y se enterró, no pudo llorar. No pudo, por que tenia mucho coraje, demasiado era que no cedía a la tristeza. Coraje de que su propia tía la lastimara de varias maneras, ignorarla aun cuando que era de su propia sangre, herirla y agredir a Sirius. Los días después de su recuperación fueron difíciles, por que sabía que poco podía hacer. Fueron los cuidados de su madre, su familia y la compañía de Charlie quien hizo más tolerante el dolor, pero no desaparecía. Sentía una deuda con su tía, que pagaría algún día. Ahora se sentía comprometida con ese entrenamiento. Tenia un significado, impedir que alguien mas perdiera a un ser amado en esa guerra que venia. No sabía si eso seria posible, pero se sentía que ahora podía defenderse mejor y ser más útil en la Orden. Fue ahí, entre una actividad y otra que lloró. Lloró tanto que empezó a patear y golpear el saco de dormir, cuando lo doblaba. Lo hizo jirones de la impotencia que sentía que el dolor no salía del cuerpo completamente. Pero se dio cuenta que lentamente iba sacando algo del veneno para dar paso a una idea. Prepares para el día en que tendría a Bellatrix frente a ella de nuevo. Solo entonces la rabio cedió. Tenía una idea lucida. Después de tres semanas, Fitzgerald les indicó que les darían un día libre, que podrían utilizarlo como mejor les pareciera. Todos se vieron entre ellos y más de la mitad regresaron a su catre a dormir. Nhypa estuvo entre ellos. Necesitaba dormir unas horas más. Cuando despertó, Antón no estaba y lo busco por el campamento, para encontrarlo cerca del lago, sentado viendo el paisaje. Hablaron poco, en realidad por que ya se habían contado muchas cosas en las semanas pasadas. Él le había terminado por decir que se sentía atraído por ella, que al principio no sabia porque, pero después se confeso que era porque le recordaba a un viejo amor, de antes de salir del colegio. Le dijo que se llamaba Agatha y que la conoció en Escocia. Que aún la amaba y que le gustaría mucho saber de ella. Antón le confesó que era extraño por que no se parecían ni física ni temperamentalmente. Eran diametralmente diferentes. Pero algo había en su piel, que cuando brillaba en la noche, se la recordaba increíblemente. Al principio a Nhypa le sorprendió oírlo, pero también la liberó. No era el lugar ni el momento para esas aventuras pensó. Además, ya tenía sus propios problemas. Ella terminó por contarle su dilema con Weasley, era su mejor amigo y ahora quería ser algo más. Quería estar segura de que era el hombre indicado y no destruir una amistad. Antón no veia el problema, le había dicho que pensaba que ella amaba a Charlie. Le dijo que varias veces en sueños o en fiebre, le llamaba. Por alguna razón Nhypa no dijo quien era el Weasley del que hablaba. Pero se sorprendió mucho cuando escuchó que en sueños llamaba a Charlie. Esa noche, pensó seriamente en Charlie. Trajo a su memoria el día de la partida, lo mucho que la ruborizo verle quitarse la camisa frente a ella, pero que no podía dejar de admirar su cuerpo, mientras esperaba que le pusieran el tatuaje. Como tomaba sus manos, acariciándolas suavemente. Charlie era realmente atractivo, el trabajo al aire libre le había dejado huellas, incluyendo la cicatriz que le dejara un dragón. Pensó en las pecas de su espalda y de pronto tuvo deseos de ponerse a contarlas lentamente. Estaba segura que si se lo pedía, él aceptaría gustoso que ella pasara sus manos por su espalda y por el resto de su cuerpo, para contarle las pecas, así como todo lo que ella deseara. Y eso le recordó la noche que se quedaron en su casa y que terminaron corriendo a su cuarto. Lo ansiosa que estaba por él. La necesidad de tocarlo y estar a su lado. Abrazo fuertemente a su pecho el suéter de Charlie que ahora tenia con ella. Lo había puesto dentro de su saco de viaje y ahora se cubría con el, recordando el rico aroma de panecillos de canela. A eso olía Charlie, ahora reconocía el aroma en su prenda. Se durmió abrazado al suéter, deseando que fuera Charlie quien compartiera esa noche con ella. Los cumpleaños siempre son algo extraño. Es un evento que por alguna circunstancia nos llena de congoja. Eso les sucede a todos, hasta a los magos. Y Bill Weasley no era la excepción. Cuando abrió los ojos en la madriguera quería pensar que estaba en Egipto, o en algún lugar calido, donde beber una cerveza fuera un pretexto para quitarse la sed. Sin embargo lo que tuvo fue una tasa de cocoa caliente, que su madre le preparo en mañana, antes de recordarle que en la tarde tendría una tarta de cumpleaños, por que ella no había olvidado el evento. Si, era 29 de Noviembre. Y según el calendario era un típico Sagitario. Su madre ya se lo había hecho notar más de una vez. Que esa personalidad aventurera y extravagante se le acentuaba cada vez más con ese largo de su cabello y su extraño pendiente. Trabajo el día completo, intentando olvidar el día y que pasara rápidamente. Pero le sorprendió recibir un presente de Delacour, quien con su amplia y magnética sonrisa le había dicho que le gustaría tomar una copa y recordar viejos tiempos. El le dijo, que le agradecía el detalle, pero que su madre ya le había planeado todo la tarde y le divertid ver el mohín de fastidio que ella hizo. Era una suerte que él hubiera encontrado una forma de hacer que el sutil encanto de la veela no lo embrujara de nuevo. Aunque no podía negar que era tentador lo de la copa. Cuando regresó a la madriguera, sus padres se encontraban ya en la cocina terminando de decorar su pastel escucho los gritos de los gemelos quienes estaban en casa para festejarlo. En verdad se divirtió. Era agradable pasar un día como ese en compañía de la familia. Su familia era muy especial para él, era lo mejor que tenia. Leyó encantado las tarjetas de felicitación de sus padres, de sus hermanos y en especial la de Ginny, que había hecho un dibujo de ambos. También había una pequeña nota, cuya letra reconoció de Percy. Si, todos sus hermanos le habían enviado presentes. Los gemelos lo invitaron a salir a pasear y jugar billar, cosa que le pareció bien. Necesitaba un trago se dijo. Subió a su cuarto y se cambio. Al hacerlo de la capa vio una foto caía y la levantó. Era otra fiesta de cumpleaños, más de un mes atrás. Nhypa estaba en ella, sonriendo tímidamente mientras la abrazaba. Acarició la foto, haciendo pasar sus dedos lentamente por ella, mientras veia como se movía y sonreía. Ahora entendía que era lo que necesitaba. La necesitaba a ella para sentirse completamente feliz ese día. Se preguntaba como estaría y deseaba que pronto regresara. Una semana más y ella estaría de vuelta con su rico aroma a naranjas dulces y especies. Recordó el suave bello de su nuca que subía hasta perderse en ese intenso color de cabello violeta. La necesitaba, se dijo. Ni el sonido de George entrando en la recamara le hizo voltear, sino hasta que empezó hablar diciéndole que bajara, que lo estaban esperando. Al darse cuenta de que no respondía, le pregunto quien era la afortunada que tanto lo distraía y sin darse cuenta, le arrebato la foto de las manos. George veia ahora la foto y su sonrisa se congeló cuando se dio cuenta de quien se trataba. Al escuchar a Fred entrando la escondió detrás de él y le dijo que bajarían, que solo le faltaba la capa a Bill. Luego le entregó la foto y su voz era seria, increíblemente viniendo de un él. -Soy
tu hermano menor, pero esto me huele a problemas, Bill. Terminaron en un pub del centro, donde jugaron más de un par de rondas, bebiendo cerveza oscura. Fue la llegada de Angelina y una amiga, que hizo que Bill los dejara, aun cuando insistieron en que los acompañaran a un concierto. Les dijo que los vería en la madriguera. Se despidieron, pero él no fue a su casa. Se dirigió al departamento de Archie en el callejón Diagon. Subió a la recamara de invitados, donde le embriagó el aroma de naranjo del bonsái que le dejara Nhypa a cuidar. En ese tiempo, el diminuto árbol se había llenado de flores y con la habitación cerrada se había intensificado el aroma, recordándole a su dueña y la noche que la llevo ahí. Olía a eso, pero también a excitada. Lo estaba cuando la besara en el callejón y sintió que esa noche seria suya. Pero sin saber como se había mostrado tímida de pronto y quiso respetar su deseo. Seria donde y como ella quisiera. No le insistió más. Ahora se maldecía por ello y por haberse dado cuenta tarde de que Nhypa había estado interesada en él tiempo atrás. Que no notó a tiempo las señales. Ahora él la buscaba desesperadamente mientras ella se encontraba indecisa entre su hermano y él. Se habían visto en Gales y Charlie le había pedido ser su novia. Increíblemente después de tanto tiempo. Llegó a pensar que Charlie no estaba interesado en ella y que solo la veia como una buena y divertida amiga, con la cual tenía mucho en común, pero no más. Se sorprendió cuando ella se lo dijo. Creía que ella se estaba interesando en el Auror que los acompaño a Londres, que no le quitaba los ojos de encima. Pero no era así. La disputa seria entre Charlie y él. A diferencia de su hermano, evitaba el asunto. No se sentía nada bien a tener que disputarle a Nhypa. Era un gran hermano, el mejor se dijo. Con quien compartía mucha cosas y pocas le había ocultado. Compartían tantas hasta los besos de la misma mujer. Y era evidente que también a él lo tenía embriagado. Compartían hasta el mismo sueño e insomnio pensando que ella estaría en peligro. Charlie era su hermano menor, a quien siempre había cuidado y protegido. Estaba orgulloso de él, por ser un buen hijo, un buen hermano, un excelente jugador, un excelente amigo. Charlie era muchas cosas para él. Pero Nhypa lo embriagaba. No podía pensar claro, recordando su perfume o su boca. O el calor de su cuerpo o el sudor de ella. Si, había lamido su sudor en su piel después del concierto y era embriagador. No entendía exactamente por que ahora Nhypa era tan seductora para él. Quizás fuera por que de pronto había descubierto lo maravillosa que era, o simplemente por que sentía el orgullo herido y no quería reconocerse a si mismo que no podía tenerla y que ahora que su hermano la solicitaba, era el momento de reclamarla para si, como siempre debió ser. Sus ideas eran un lió. Solo sabía que si ella lo aceptaba, desafiara a Charlie. Por una sola vez, no cedería ante la hermanandad y estaba seguro que él tampoco lo haría. En eso, quizás solo en eso, tendrían un punto de conflicto. Se quedo esa noche a dormir ahí. Pensando que Nhypa dormía con él, por el intenso ahora de flores de naranjo. Quería imaginarla ahí, dentro de las sabanas, sonriendo, excitada y sudando. Pensó que sin saberlo, ella le había dado un lindo regalo ese día. Su aroma en ese cuarto, solo para él. Para que se embriagara recordando y deseándola.
Quizás la mayor tensión era emocional después de todo el agotamiento físico de las últimas semanas. Responder ante un ataque y buscar la mejor defensa. Se dio cuenta ahí que tenia vicios al tomar su vara o que reaccionaba lentamente. Vence dedicó horas a verla conjurar y corrigiendo sus posiciones. Le dijo que le encantaban sus hechizos de desvanecimiento. Que era hábil en ello y le recordó que su madre también era muy buena con ese hechizo. Sabayes aun dedicaba tiempo a recordarles el objetivo de su capacitación. Era evidente que se sentía con una gran responsabilidad. Quería que todos los que se capacitaban tomaran conciencia de su papel en la comunidad mágica. No dejaba de hablar de los tiempos que se acercaban. No deberían olvidarlo tampoco ellos. Quizás Nhypa había intentado olvidarlo, pero las lagrimas que por fin derramara por Sirius, le hacia recordar que tenia una obligación desde el momento que se hizo Auror. De pronto recordó algo que Lupin le había dicho sobre Sirius del tiempo que estuvo en Azkaban. Le había contado que para evitar que su mente se perdiera en la presencia de los dementores, que había marcado su piel, con nombres queridos. Que el dolor lo traía de vuelta y le recordaba que tenía seres a los cuales volver. Lupin le dijo que Sirius marcó su piel con su nombre y el de su madre. Las dos Black que mas amaba, le dijo. Esa noche buscó la constelación del Can en la bóveda y la dibujó en un pliego de papel, para no olvidar su forma. Le pidió Antón que la marcara con tinta en su mano entre los pliegues de sus dedos pulgar e índice. Ella no concebía el dolor como una forma de recordarlo, pero si que cada vez que sostuviera su vara, vería el nombre de Sirius en ella y tendría un motivo más para no olvidarlo. Eso no se lo explicó a Antón, solo le dijo que era una linda constelación para ser grabada. Él la complació, usando tinta y una plumilla, delicadamente tatuó la forma de la constelación en el pliegue. Ella se lo agradeció y le dijo que pensara siempre que Nhypa Tonks seria una entrañable amiga para él. Antón fue mas allá, le dijo que si el recuerdo de Agatha no lo persiguiera, ella, Nhypa seria la mujer con la cual le gustaría pasar el resto de su vida. Nhypa sonrió. -¡Magos! Dio la media vuelta y se fue riéndose. Ahora se sentía mejor. Bill salió lo más temprano que pudo a Gasglow. Había conseguido la fecha de llegada de la embarcación de los capacitadores. Una vez que salieron de la isla, enviaron una lechuza al ministerio y Kingsley se lo había comunicado a su padre. Reportaban que el entrenamiento se daba por terminado satisfactoriamente. Todos los Aurores regresaban bien y estarían tocando puerto el día 3. Llegó, cuando el barco arribaba, pero se quedo entre el gentío que se encontraba en el puerto ese día, que esperaba la salida de otro barco pesquero, cuando diviso en el puerto a Kingsley acompañada de Andrómeda Black. Esperaría a que ella bajara para acercarse, no antes para no entrar en conflictos con la Sra. Black. Cuando la vio, Nhypa llevaba su bolsa de viaje y se despedía de sus compañeros. Notó, para su sorpresa que el Auror, el escocés, estaba dentro del grupo que bajaba y que ella se despedía de él muy efusivamente dándose un abrazo. Le susurraba algo al oído y ella movía su cabeza en señal de consentimiento. Él le dio un beso en la mejilla y se despedía. Cuando Nhypa diviso a su madre fue caminando hacia ella. Observó que se veia mas delgada y extremadamente cansada. Dejó su bolsa en el suelo y abrazó a su madre. Kingsley la saludo. Fue en ese lapso de tiempo que empezó a caminar para ir hacia ellos. Vio que Kingsley la abrazaba y ella casi se desploma en sus brazos, pero el Auror la levantó en vilo y empezó a caminar con ella en brazos. Pero no había dado un par de pasos cuando alguien más se ponía enfrente de ellos. Cruzaba su escoba a la espalda y extendía los brazos para que el Auror le entregara a Nhypa. ¡Era Charlie! Extendía sus brazos y sonreía. Nhypa le fue entregada y él camino con ella, seguido de su madre y de Kingsley que llevaba su bolsa. ¡No lo podía creer! Delante de sus ojos, se la habían arrebatado. Cerró los puños en señal de coraje y apretó la mandíbula. La veia irse, alejarse de él, siendo llevada por su hermano y seguida por sus seres queridos. Pero él, no estaba junto a ellos. Por alguna miserable razón, no pudo correr alcanzarlos. Tenia que conformarse con ver que ella estaba bien, en los brazos de otro. Caminó en sentido contrario, entre el gentío. Se detuvo para encender un cigarrillo y aspirar una gran bocanada y notó cerca, al escoses quien tenia enfrente de él a una chica de cabello oscuro, casi azulado. Tenía un lindo vestido y una capa grabada con un emblema, que juraba había visto en alguna parte. La chica se acercó a él y lo besaba. El auror le respondió la caricia y la abrazaba. Escuchó llamarla Ágata varias veces. Como si le resultara increíble que ella estuviera ahí. Ella tenía un extraño acento, entre rumana o rusa. Pero era muy delicado y dulce. Le dijo que lo había extrañado, que le diera una oportunidad para explicarle todo y continuar. Lo amaba, le dijo. Las mismas palabras que él hubiera querido decirle a Nhypa, que la extrañaba, que necesitaba una oportunidad para continuar y amarla. No se detuvo mas, era demasiado por ese día.
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